EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XIX

Nadie en el hospital sabía que Anthony estaba casado, pues los documentos que había ingresado tenían su estado civil marcado como soltero y así era cuando él llegó ahí, cambiando repentinamente todo en tan poco tiempo, ya era un hombre casado y próximo a ser padre. Por políticas del hospital todo tipo de joyas y pertenencias de valor tenía que ser dejadas en los casilleros de los estudiantes resguardadas bajo llave, es por eso que nadie se había percatado del anillo de casado del joven rubio, y aunque empezaba a hacer amistad con varios de sus compañeros aún no llegaban a ese nivel de confianza, o simplemente no le habían preguntado y los demás asumían que era soltero igual que la mayoría.

Anthony era ajeno al rumor que se esparció como pólvora el cual decía que era novio de la antigua enfermera del hospital, aunque eso a él no le molestaba al contario de haber sabido el nuevo chisme les hubiera sacado de su error al informarles que no era su novia, sino su esposa y futura la madre de sus hijos.

Florencia ya no se acercó en toda la tarde al rubio pero aún tenía el mal sabor de boca de su indiferencia ella que siempre era acosada por los hombres y pensaba que el rubio no sería la excepción ya se aburriría de esa simple enfermera que aunque bonita no tenía una profesión como la de ella y eso le daba una gran ventaja, él se enfadaría de ella y ella estaría ahí presente todo el tiempo. Florencia no sabía que el amor de esos dos era mucho más grande que cualquiera pudiera imaginar y que estaba unido desde hacía años atrás, que ni el tiempo ni la muerte los había podido separar mucho menos personas tan pequeñas como lo era ella para el guapo joven.

David había pasado toda la semana estudiando por las tardes junto a su padre, después de trabajar en el jardín de los Andrew tomaba camino para encontrarse con Harold y adentrarse a su inmensa biblioteca para sumergirse al mundo de los libros, estaba muy emocionado por estar cumpliendo uno de sus mayores sueños. La semana para él había sido bastante corta y mentiría si dijera que no la había disfrutado.

-David. – Dijo su padre poniendo una mirada seria al voltear a verlo.

-¿Sucede algo? – Preguntó confundido.

-¿Crees que ya podría hablar con Dorothy? – David lo observó estudiando sus facciones, las cuales reflejaban miedo e incertidumbre.

-¿Estás preparado para hacerlo?

-Aquí la pregunta no es si yo estoy preparado, sino si ella está preparada.

-Dorothy es una gran mujer papá, es como mi madre y tiene el carácter fuerte y explosivo también, pero para que eso suceda tiene que pasar algo exageradamente grande, es más fuerte de lo que cualquiera pueda pensar. ¿Ya has hablado con el señor William?

-Con William no hay ningún problema es solo que no sé si por el embarazo de tu hermana ella vaya a tener complicaciones.

-Eso tendría que verse y hablarse con un médico, además ella sabe de ti, no es como si fueras a decirle las cosas de golpe.

Albert ingresaba al cuarto de Dorothy para saber cómo había amanecido.

-Muy buenos días amor. –Dijo tímidamente.

-Buenos días. – Contestó completamente ruborizada.

-¿Cómo te sientes?

-Muy bien, el médico dice que pronto podré levantarme y hacer mi vida normal.

-Te equivocas. – Dijo Albert muy serio.

-¿Por qué? – Preguntó sorprendida.

-Porque me gustaría que tu vida fuera ahora a mi lado, siendo mi compañera de vida, mi esposa, la dueña de esta casa. –Dijo enamorado. -¿Qué dices? ¿Quieres casarte conmigo lo más pronto posible?- Preguntaba esperanzado de escuchar un sí por respuesta.

-¿Estás seguro? – Preguntó ilusionada. -¿No te arrepentirás el día de mañana? Yo no soy nadie importante.

-Estoy seguro, te amo y para mi eres la mujer más importante del mundo al igual que nuestro hijo.

-Está bien. – Dijo Dorothy. Albert emocionado besó dulcemente sus labios disfrutando el dulce sabor de sus besos que hacía tiempo no disfrutaban. El beso se fue haciendo más intenso y a medida que pasaba más tiempo se hacía más necesitado. Albert comenzó a detenerse poco a poco porque sabía que no podía seguir adelante, tenía que esperar un poco más antes de entrar nuevamente en la vida de Dorothy.

-Amor, Harold me ha preguntado si sería posible hablar contigo.

-¿Harold? – preguntó ansiosa, Albert asintió.

-Verás, como ya sabes ya habló con David y ellos al parecer están conviviendo todas las tardes, pero…

-Está bien… -Dijo Dorothy sin dejarlo continuar, ella también ansiaba conocer a la persona que la había concebido.

-¿Estás segura amor? No es que tengas que sentirte obligada a hacerlo.

-No te preocupes Albert, también yo ansío conocerlo, además ya me siento bien. –Albert asintió más tranquilo.

-Entonces hablaré con el doctor para que venga a verte.- Dorothy asintió y se quedó sumida en sus pensamientos, no se sentía nerviosa sabía que era primero la salud de su hijo y eso hacía que lo antepusiera a todo, inclusive antes que el mismísimo Albert.

El doctor entraba a su habitación y Rosie se quedaba junto a ella, ahora era su dama de compañía aunque a Dorothy no le agradaba mucho tener a una, sabía bien que era el trabajo de ella y tenía que aceptarlo o la despedirían y ella no quería eso, recordó el día que ella le había pedido a Candy que la llamara cuando la necesitara, sin importar la hora que fuera.

-Sra. Andrew.- Le dijo el doctor amablemente sorprendiendo nuevamente a Dorothy. – Usted está perfectamente bien, ya puede levantarse de esta cama, claro está sin hacer ningún esfuerzo y procure no bajar y subir escaleras salvo lo necesario. – Dijo el médico dirigiéndose tanto a Dorothy y corroborándolo con Rosie, para que no hubiera algún mal entendido.

Albert entró un rato después cuando le fue indicado que podía pasar.

-¿Cómo la encuentra doctor?

-Su esposa se encuentra en perfectas condiciones Sr. William. - Dijo el médico, Dorothy estaba atenta a las palabras del médico, le gustaba que la llamara "su esposa" y observaba que Albert estaba igual de complacido.

-Muchas gracias Doctor ¿Cree que pueda recibir visitas?

-No veo por qué no, simplemente tiene que tomar las cosas con calma, no altearse y evitar lo más posible las escaleras. – Dijo el viejo matasanos.

Albert lo acompañó a la puerta indicándole a Rosie que lo llevara abajo donde Miles le pagaría por sus servicios.

-¿Ves que ya estoy mejor? – Albert asintió.

-Lo cual me alegra mucho. – Dijo sonriendo, pero después su rostro se tornó serio.

-¿Qué sucede? – Preguntó confusa.

-Amor, Harold ha estado preguntando si puede hablar contigo. – Dorothy se quedó un rato en silencio. -No te preocupes, si no quieres hacerlo podemos decirle y dejarlo para después.

-No te preocupes amor, si quieres puedo recibirlo mañana. – Albert se quedó muy serio acercándose más a Dorothy.

-¿Cómo me dijiste? – Dorothy lo miró con picardía imaginando a que se refería, hasta a ella se le había hecho extraño llamarlo así, pero se sentía cómodo con ello.

-Que si quieres puedo recibirlo mañana… - Dijo mirándolo por el rabillo del ojo, mientras él se acercaba peligrosamente a su rostro besando suavemente la comisura de sus labios.

-Eso no… - Le dijo mientras rozaba sus labios lentamente con su pulgar y Dorothy cerraba sus ojos esperando impaciente ese contacto.

-Amor… - dijo apenas en un susurro.

-Dilo otra vez por favor… - Dijo Albert con una voz apenas audible, pero al estar tan cerca de su rostro ella lo escuchaba perfectamente.

-Amor… - Volvió a decir Dorothy de la misma manera que Albert y este atrapó sus labios con suma pasión, besándolos con desespero y ternura a la vez haciendo de ese beso uno cálido y húmedo, en el cual ambos se entregaban la vida uno al otro.

-Te amo Dorothy. – Le decía entre besos cortos para jalar aire y evitar separarse aún. Ambos se amaban, pero sabían que aún no podían hacer nada aunque lo desearan desesperadamente, así que solo se refugiaban en sus bocas y en las caricias que podían hacerse mientras se mantenían en contacto, acariciando Albert la anatomía femenina deleitándose con su firmeza.

Tocaron a la puerta interrumpiendo ese momento apasionado que se había formado, pero que ambos agradecieron ya que estaban a punto de desobedecer al médico y comenzarían la danza que sus cuerpos comenzaban a demandar.

-¿Diga? – Preguntó Albert con poco aire, controlando su respiración y tratando de serenarse.

-Sr. William, la tía abuela lo espera en el despacho.

-En seguida voy… - Contestó más tranquilo, pero su rostro seguía sonrojado y sus manos seguían en un lugar poco apropiado. Se levantó sin mucho ánimo para despedirse de su amada, la cual le dirigió una sonrisa traviesa, la cual el interpretó muy bien.

-Vuelvo un rato más amor…

-Aquí te espero… amor… - Volvió a decir y Albert la besó de nuevo.

Salió de la habitación lentamente, no quería irse, quería decirle que ya estaba casi todo listo para la boda, que solo faltaba arreglar lo de la boda civil y era porque la tía abuela y el Sr. Simmons le advertían que tenía que casarse como Dorothy Simmons, no como Dorothy Jones, cosa que a él no le importaba era la misma persona, pero diferente apellido y a él eso no le incomodaba en lo más mínimo, aunque sí le incomodaba que fuera aquel hombre quien había tratado de mancillar a su futura esposa el portador de aquel apellido.

Entró al despacho tranquilamente y una Elroy muy sonriente lo esperaba en el enorme sillón frente al escritorio.

-¿Qué sucede tía?

-Ya está todo listo William.

-¿A qué te refieres?

-A los papeles de la boda civil. – Dijo animada.

-Tía aún no he podido hablarlo con Dorothy.

-¿Y qué estás esperando? – Albert no podía decir que se había "distraído" un poco en la charla, así que solo pudo decir.

-Tengo miedo que crea que no es suficiente para mí.

-¿De qué estás hablando? Dorothy tiene derecho al apellido de su padre.

-Tía no me vengas con eso, sabes bien que lo haces por el apellido, así no me casaré con cualquiera.

-Tienes algo de razón Albert, para mi es importante los nombres y apellidos y no niego que prefiero que ella sea una Simmons y no una Jones, pero también es algo a lo que ella tiene derecho y no puede rechazarlo.

-A ella no le importa el dinero.

-No hablo del dinero Albert, hablo del apellido el llevarlo no implica que aceptará el dinero de Harold.

-¿Y no es eso lo que busca tía?

-Por favor Albert, a mi edad el dinero no es tan importante, sin embargo tengo que admitir que el apellido si lo es. – Albert la miró inconforme. – Pero quiero que sepas que están listos los papeles como Dorothy Simmons y como Dorothy Jones. – Dijo señalando ambas carpetas que tenía sobre el escritorio. - ahora es cuestión de que Dorothy decida. – Albert sonrió un poco más tranquilo, así Dorothy no pensaría que la estaban obligando, lo que Albert ignoraba es que la vieja Elroy había decidido hablar con Dorothy acerca de este asunto y convencerla que era lo más apropiado aceptar el apellido Simmons, ya que con eso beneficiaría a William Albert Andrew.

Candy y Anthony viajaban en compañía de los Cornwell, quienes muy animadamente habían ido a recogerlos, estaban tan entusiasmados de ir a Lakewood ya que sus actividades en el corporativo eran exhaustivas y casi no tenían tiempo de nada, ni de ver a sus novias, ni a sus primos, eso les frustraba, pero al saber que tanto Annie como Patty viajarían a Lakewood al ponerse de acuerdo los hacía enfocarse al fin de semana relajado junto a cada una de sus damiselas, la vida de adulto era dura definitivamente, era mejor cuando los cuatro eran unos críos que se la pasaban haciendo travesuras y montando a caballo, conforme crecían la vida se complicaba, pero aun así lo disfrutaban porque ahora tenían a sus novias junto a ellos, ya no solo Anthony tenía a su lado a Candy, sino que ellos también tenían a su lado a su compañera de vida, aunque ambas eran más miedosas y tímidas que la pecosa que siempre los animó a descubrir más su lado intrépido y de aventura.

Ambos chicos Cornwell iban perdidos en sus memorias pensando en lo diferente que era su vida ahora, con más responsabilidades y problemas, pero el pensar llegar a su hogar tranquilo y amoroso los llenaba de ilusión era algo que deseaban y más desde que sus primos se habían casado y veían como Candy recibía a Anthony todos los días, con ese inmenso amor que se profesaban, lo mimaba y atendía con infinita devoción y por las mañanas lo despedía de la misma forma ¿Quién no querría estar casado? Ese par les hacía ver lo fácil y maravilloso que era y para más recompensa pasar toda la noche abrazado al tibio cuerpo de su esposa, vaya si eran felices ese par, y ellos, ellos deseaban ser mínimo la mitad de felices que eran ellos.

Candy se había dormido en el regazo de Anthony, quien la miraba con ternura y peinaba sus rizos con delicadeza para no despertarla.

-Veo que alguien no durmió bien. –Dijo Archie.

-Creo que no la dejas dormir Anthony. – Dijo Stear al momento que ambos soltaban las risas sin ser muy escandalosos para no despertar a la rubia, aunque pensándola bien, no era tan fácil despertarla.

-Candy y yo nos desvelamos arreglando lo necesario para el viaje, pero con el embarazo ella está más dormilona que de costumbre, así que la dejo dormir porque ella se rehúsa a hacerlo estando en casa. –Decía con amor y admiración hacía aquella joven que ahora era su responsabilidad, la amaba infinitamente y quería lo mejor para ella.

-Anthony ¿Y los antojos? –Preguntaron ambos.

-Aún no se han presentado, por lo menos no me ha dicho que algo se le antoje. – Pensó el rubio recordando que el día de ayer había llegado con más dulces de lo normal para el postre lo que le hizo suponer que tal vez pronto empezaría con esa fase del embarazo. – Pero no importa, ella tiene a su príncipe que será capaz de cumplir cada capricho que se le ocurra. – Dijo seguro de sus palabras.

-¿Sabes Anthony? – Dijo Stear. – Me alegra mucho verlos así, tan felices se merecen esta felicidad. – Dijo con una sincera sonrisa adornando sus labios mientras Archie asentía estando de acuerdo con ello, igual de feliz que Stear.

-Gracias hermanos, la verdad es que estar con Candy es lo mejor que me pudo haber pasado, no podremos recuperar los años perdidos, pero sabremos aprovechar juntos todos los que vienen.

-Lo sabemos Anthony, igual nosotros no podemos recuperar tu ausencia en nuestras vidas, sin embargo aquí nos tienes hermano. – Dijo Archie muy seguro de sus palabras.

El resto del camino hablaron de sus recuerdos de la niñez así como de anécdotas que vivieron juntos y que amaban recordar, los años que pasaron juntos de niños habían sido de los mejores y amaban recordar eso, pero los tres llegaron a la misma conclusión los mejores años fueron cuando Candy había llegado a sus vidas, sobre todo para Anthony quien se había enamorado perdidamente de ella y a diferencia de sus primos nunca pudo sacarla de su corazón.

El viaje pareció demasiado corto para Candy quien la pasó dormida casi todo el camino, al despertar se encontró en los brazos fuertes de su príncipe y con la mirada azulada que la observaba detenidamente, ocasionándole un fuerte sonrojo, pensando en la mala posición que tenía al dormir.

-¡Anthony! – Dijo entre apenada y asombrada.

-Hola mi amor, ¿Pudiste descansar?

-Sí. – Contestó aún sonrojada.

-¿Qué sucede princesa?

-Nada, es solo que yo me he dormido todo el camino, lo siento. – Dijo sinceramente avergonzada y bajando la voz al decirlo.

-No tienes por qué sentirlo, necesitan descansar los dos Candy. – Dijo Stear.

-Así es amor, necesito que estés fuerte para nuestro hijo. –Candy asintió más tranquila observando el camino ya conocido por ella cerca de lago.

-Stear. – Volvió a decir Candy.

-Dime Candy.

-Ten cuidado con el lago. –Dijo risueña, no podía evitarlo era un lugar que le traía viejos recuerdos y era uno de sus favoritos.

-¡Oh vamos Candy! ¡Sólo pasó una vez! – Repitió Stear de nueva cuenta. – Los demás chicos estallaban entre risas, mientras que Stear se quejaba cual niño pequeño por la burla de su hermano y sus primos.

Cuando llegaron al portal y las puertas fueron abiertas, Candy recordó la primera vez que había entrado por ese sendero "cuantos años han pasado… y ahora estoy con mi príncipe y pronto seremos padres…" pensaba Candy emocionada. Se abrazó con fuerza al cuerpo de Anthony quien la recibió gustoso y se deleitó con la calidez de su cuerpo, era reconfortante tenerla junto a él.

El coche por fin se detuvo y los hermanos bajaron del mismo para estirar sus piernas y descansar de tanto brincoteo que habían dado por ese camino pedregoso. Anthony ayudó a Candy quien agradecía que estuviera dormida y así no haber sentido tanto movimiento en las posaderas como lo habían sentido los tres caballeros. Anthony se estiró un poco después de ayudar a Candy y la tomó de la mano para ingresar a la mansión, la cual estaba bastante solitaria, lo que daba a entender que nadie esperaba su llegada. Miles abrió el enorme portón de madera de cedro que adornaba la mansión al escuchar la campana de la entrada, le habían avisado los mozos de la entrada que habían llegado los señoritos de la casa, junto con el señor y la señora Brower.

-Jóvenes, Sr. Y Sra. Brower, sean bienvenidos. – Dijo el viejo mayordomo con solemnidad.

-Muchas gracias, Miles – Dijeron los jóvenes Cornwell y el matrimonio Brower reaccionó con una amable y cálida sonrisa hacia el fiel mayordomo de los Andrew, quien ya los reconocía no como los jóvenes Andrew, sino como el señor y la señora Brower, así que ya todos estaban avisados que ellos estaban casados. Un poco perceptible llamado de estómago de Candy alertó al mayordomo que posiblemente la joven señora tendría hambre, cosa que avergonzó a Candy, pero el mayordomo hizo como si nada hubiera pasado y los dirigió al comedor.

-El viaje debió se agotador ¿Gustan pasar al comedor? En un momento se les servirá el desayuno. –Candy agradeció con la mirada al mayordomo, quien le sonrió amablemente dispuesto a retirarse para alimentar a los jóvenes.

-Miles. – Preguntó Anthony. - ¿Dónde están todos?

-El señor William está con la señora Dorothy y la señora Andrew se encuentra en el despacho con el señor Simmons.

-Muchas gracias, Miles. – Miles había considerado más importante alimentar a sus jóvenes patrones y mandar avisar a Albert y a la tía abuela con las mucamas, pero al ver que preguntaban por los demás preguntó si era otra la orden.

-¿Gusta que avise primero a los señores?

-No, Miles, no te preocupes, te agradeceríamos primero el desayuno, mi esposa tiene que alimentarse bien. – El mayordomo se retiró sutilmente, Candy había desayunado muy temprano porque sabía que no podía mal pasarse, pero no se imaginó que le daría tanta hambre al llegar, así que como nota mental, debía viajar con algo de fruta a la mano para el regreso.

Una vez que terminaron de desayunar se dirigieron nuevamente al salón, Albert seguía con Dorothy y la tía abuela salía del despacho junto a un señor alto ya entrado en años quien le tomaba la mano muy galantemente a la matriarca de los Andrew, cosa que los sorprendió bastante, al notar como el caballero descrito besaba la vieja mano de su tía abuela.

-Elroy un placer verte, como siempre, te veré después. – Dijo amablemente mientras la tía Elroy sonreía correspondiendo al galanteo del caballero sin percatarse aún que era observada por cuatro pares de ojos que veían la escena de lo más sorprendidos, no atreviéndose a interrumpir dicho ambiente que se había formado entre el par de adultos.

-¡Niños! – Elroy fue la primera en percatarse de que estaban siendo observados, rompiendo así la burbuja que se había formado entre ellos al ser sorprendidos infraganti.

-¡Tía abuela!- Dijeron los cuatro al unísono, que al mismo tiempo se sorprendieron por haber sido sorprendidos.

-Harold. – Dijo un poco nerviosa pero aun sin olvidar sus buenas costumbres. –Quiero que conozcas a mis sobrinos, Anthony Brower hijo de mi querida Rosemary y su esposa Candis Brower, hija de William, los jóvenes Alistear y Archivald Cornwell, hijos de mi sobrina Samantha Andrew.

-Así que Anthony es el hijo de la bella Rosemary ¡Qué curioso!

-¿Qué? – Preguntó Elroy, mientras los chicos saludaban cortésmente al señor Simmons. – Niños, él es el señor Harold Simmons, un viejo amigo de su abuelo William y de la familia. ¿Qué es lo que te parece curioso Harold?

-Anthony es el vivo retrato de William y su abuelo y Candy se parece mucho a Rosemary "salvo por las pecas" –Pensó Harold.

-Efectivamente Anthony es muy parecido físicamente a Albert, pero Candy… - No atreviéndose a decir la verdad.

-Yo soy adoptada por el Sr. William Albert Andrew, Sr. Simmons. – Dijo Candy sin sentir pena o vergüenza por lo dicho.

-¿Adoptada? ¡Vaya! Que gran corazón el de William, ya decía yo que era muy joven para ser tu padre. – Candy y Anthony sonrieron junto con los demás.

-¿Y ustedes son hijos de la pequeña Sammy? Tiene sentido esos ojos no pueden ser más que de esa pequeña aventurera ¿Qué ha sido de ella? – Preguntó inocentemente.

-Viajando. –Comentaron ambos jóvenes.

-Cómo lo imaginé. –Comentó Harold. – Siempre fue una muchachita muy inquieta y yo le decía a su abuelo que sería una mujer que difícilmente se quedaría en un solo lugar.

-Si, al igual nuestro padre. – Dijo Archie quien era el que más le afectaba todavía esos eternos viajes.

-Espero tener pronto el honor de saludarla personalmente.

-Eso esperamos todos. – Dijo ahora Stear, carraspeando rápidamente la tía abuela para cambiar la plática.

-Por cierto niños, Harold ha venido a conocer a su hija.

-¿Hija? – Dijeron todos mirándose confundidos.

-Así es, Harold es el padre biológico de Dorothy y David.

-¡Su padre! – Casi gritó Candy sorprendida y emocionada de lo que escuchaba, mientras los tres chicos observaban al elegante caballero, preguntándose ¿Cómo era eso posible? Si tanto Dorothy como David eran dos personas humildes y sencillas y saltaba a la vista que el caballero no lo era.

-Disculpe Sr. Simmons. – Dijo Anthony. – Disculpe mi asombro, pero ¿Cómo es eso posible?

-Muchacho, los jóvenes de antes también nos equivocábamos y yo tuve un error muy grave al no reconocer a mis hijos ante la sociedad y hoy… hoy estoy pagando mis errores. David ya me ha aceptado como padre, más sin embargo no acepta mi apellido, solo me falta hablar con Dorothy, pero en su estado no es muy conveniente.

-¿Su estado? ¿Dorothy sigue mal? – Preguntó Anthony, quien pensaba que ya se encontraría mucho mejor.

-No Anthony, Candy tranquilícense, el médico vino a verla y ya la autorizó a levantarse, solo que tendrá que evitar las escaleras. ¿Sabes Harold? Anthony está estudiando para médico y fue el primero que advirtió sobre la condición de Dorothy.

-¿De verdad?- Preguntó el mayor esperanzado, Anthony asintió con una sonrisa. - ¿Crees que pueda hablar con ella muchacho?

-Tengo que valorarla Sr. Simmons para poder dar un diagnóstico, Candy mi esposa es enfermera y ella me podría asistir en caso de ser necesario.

-¿Enfermera? ¡Vaya! Los Andrew han cambiado mucho. – Dijo Harold indescriptiblemente Elroy sintió orgullo ante sus palabras.- ¿Cuándo puedes valorarla muchacho? – Preguntó emocionado.

-¿Si gusta puedo hacerlo ahora mismo? – La tía abuela sonrió agradecida, ella era la más interesada en que hablaran para que Dorothy aceptara llevar el apellido Simmons.

-Por favor. – Dijo con tono de súplica.

-Tía abuela ¿Cree que Albert se oponga? – Preguntó Candy temerosa, aún no lo veían a él ni arreglaban el asunto que los había llevado a Lakewood, no sabía si era apropiado hacerlo.

-No te preocupes Candy, William también espera que Dorothy se recupere pronto para que hable con Harold.

-Nosotros esperaremos aquí Anthony. – Dijo Stear al ver que Anthony los veía como si no estuviera seguro de dejarlos, Anthony asintió y tomando de la mano a Candy se dirigieron a las escaleras con mucho cuidado.

Candy y Anthony avanzaban seguros por el corredor, pero Candy tenía cierto temor de encontrarse con Albert, a pesar de no arrepentirse de haberse casado con Anthony, si le causaba pena la situación en la que se habían presentado las cosas. Anthony vio la indecisión de Candy en los ojos.

-¿Estás bien preciosa?

-Me siento nerviosa, Anthony.

-No te preocupes, yo estoy contigo, además no creo que Albert se oponga a que revisemos a Dorothy. – Candy asintió más tranquila, llamaron a la puerta delicadamente.

-Adelante. – Contestó Albert.

-Buenos días. – Dijo Anthony seguro de sí mismo.

-Buenos días.- Dijo Candy un poco avergonzada.

-¡Candy! ¡Joven Anthony! – Dijo Dorothy emocionada y feliz de ver a ambos rubios. Ya le habían dicho que se habían casado y estaba feliz de verlos así, juntos y felices, fijando rápidamente sus ojos en las manos entrelazadas de ambos.

-Buenos días – Contestó Albert un poco serio y no atreviéndose a ver directamente a Anthony a los ojos, cosa que él notó inmediatamente acercándose a Albert para extenderle la mano afectuosamente y darle a entender que todo estaba olvidado, al ver que Albert se sentía apenado. Albert extendió su mano de forma de saludo y Anthony lo atrajo hacía él para abrazarlo.

-Buenos días tío. – Le dijo mientras se abrazaba cálidamente a ese hombre que de niño había admirado bastante, Albert al escuchar que nuevamente lo llamaba tío sentía que la opresión en su pecho disminuía. Candy y Dorothy veían ambas la escena con lágrimas en los ojos al ver que tanto tío y sobrino hacían las paces, aún tenían que hablar pero sabían que su amor y afecto era más fuerte.

Continuara…

Bueno hoy lo dejaremos hasta aquí, muchas gracias por seguir hasta aquí y seguir acompañándome en esta historia ya vamos muy avanzados y pronto llegaremos al final, para continuar con una nueva historia… bueno si quieren, es más si ponen un comentario de cada país que leen les pongo el primer y segundo capítulo,… jejejeje vamos a ver si se puede jajajaja.

Como saben los personajes de Candy no me pertenecen, solo los tomé prestados para hacer mi propia historia con final feliz. Espero la disfruten, no es apta para menores de edad.

Me adelanto para desearles un muy feliz año 2020, espero que el año que viene sea mucho mejor que el que está por terminar y que en nuestros hogares las cosas sean mucho mejor, que tengan salud sobre todo y lo necesario para salir adelante junto a los suyos, que las escritoras de Anthonyfic aumenten su imaginación y nos regales más maravillosas historias de este hermoso personaje tan perfecto y bondadoso, para deleitar nuestra imaginación al recrear en nuestra mente situaciones entre los rubios jejeje Les mando un afectuoso abrazo a cada una de ustedes desde la distancia que les llegue a cada rincón del país del cual estén leyendo.

Un fuerte abrazo a cada una de ustedes!