No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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El silencio de la biblioteca se envolvía alrededor de Edward como una pesada manta, interrumpida solamente por el cambiar de páginas mientras leía extensas cartas genealógicas, registros e historias de su familia. Él no podía ser el único, si realmente tenía magia, entonces ¿Qué pasaba con Anthony? Le había tomado hasta ahora para manifestarse, por lo que quizás no se revelara en Anthony por otros nueve años. Esperaba que para entonces hubiera hallado la forma de suprimir y enseñarle a su Anthony a hacer lo mismo. Puede que no estuviera muy apegado a su hermano, pero no deseaba al niño muerto, especialmente no la clase de muerte que tendría si su padre supiese lo que moraba en su sangre.
Decapitación. Desmembramiento, luego quemarlo. Aniquilación completa.
No era de extrañar que las hadas hubieran huido del continente. Habían sido poderosas y sabias, pero Adarlan tenía poderío militar y un frenético público que buscaba cualquier solución al hambre y pobreza que habían afectado al reino durante décadas. No habían sido sólo los ejércitos los que habían hecho huir a las hadas, no, fue también la gente que había vivido en una incómoda tregua con ellas, así como los mortales dotados con magia, dura generaciones.
¿Cómo reaccionaría la gente si supiera que el heredero al trono estaba plagado con los mismos poderes?
Edward recorrió un dedo por el árbol familiar de su madre. Lleno de Cullen en el camino, una mezcla cercana de sus dos familias durante los últimos siglos que había dado lugar a numerosos reyes.
Pero había estado aquí durante tres horas ya y ninguno de los podridos libros antiguos tuvo ninguna mención de portadores de magia. De hecho, había habido una sequía en la línea durante siglos.
Varias personas dotadas se habían casado entrando en la línea de sangre, pero sus hijos no habían nacido con el poder, sin importar que clase de dones sus padres poseían.
¿Era coincidencia o voluntad divina?
Edward cerró el libro y anduvo con paso majestuoso de vuelta hacia las estanterías. Llegó a la sección a lo largo de la pared posterior que llevaba todos los registros genealógicos y sacó el libro más antiguo que pudo encontrar, uno que contenía registros que se remontaba hasta la fundación del propio Adarlan.
Allí, en la parte superior del árbol genealógico, estaba Carlisle Cullen, el príncipe mortal que había tomado su banda de Guerra hacia las profundidades de las montañas Rhunn para desafiar al Señor Oscuro Erawan. La Guerra había sido larga y brutal, y al final solo un tercio de los hombres que habían cabalgado con Carlisle salieron de esas montañas. Pero Carlisle también emergió de la Guerra con su novia, La princesa Elizabeth, la hija mitad-hada de Brannon, primer rey de Terrasen. Fue él quien dio el territorio de Adarlan a Carlisle como regalo de bodas, y recompensa por los sacrificios del príncipe y la princesa durante la guerra.
Y desde entonces, no había sangre de hada en su linaje. Los ojos de Edward siguieron el árbol hacia abajo y hacia abajo. Solo familias olvidadas hace mucho tiempo cuyas tierras ahora eran llamadas por diferentes nombres.
Edward suspiró, puso abajo el libro y exploró a través de los estantes. Si Elizabeth había dotado la línea con su poder, entonces quizás las respuestas podrían encontrarse en otra parte…
Se sorprendió de ver el libro situado allí, dado que su padre había destruido esa noble casa hace diez años. Pero allí estaba, una historia de la línea Masen, comenzando con el propio rey hada Brannon. Edward hojeó las páginas, con las cejas en alto. Él había sabido que la línea estaba bendecida con magia, pero esto…
Fue una casa poderosa. Un linaje tan poderoso que los otros reinos habían vivido temiendo el día que los señores de Terrasen viniera a reclamar sus tierras.
Pero nunca lo hicieron.
Si bien habían sido dotados, no habían empujado ni una sola vez sus fronteras, incluso cuando las guerras llegaron a su puerta. Cuando reyes extranjeros los habían amenazado, el castigo había sido rápido y brutal. Pero siempre, no importaba que, mantuvieran sus fronteras. Mantuvieron la paz.
Como mi padre debería haber hecho.
Sin embargo, a pesar de todo su poder, la familia Masen había caído, y sus nobles señores con ella. En el libro que sostenía, nadie se había molestado en marcar las casas que su padre había exterminado, o los sobrevivientes enviados al exilio. Sin el corazón o el conocimiento para hacerlo él mismo, Edward cerró el libro, gesticulando mientras todos esos nombres quemaban su visión.
¿Qué clase de trono heredaría él algún día?
Si la heredera de Terrasen, Krystal Masen, hubiera vivido, ¿Se habría convertido en su amiga? ¿Una aliada? ¿Su novia, quizás?
Él la había conocido una vez, en los días antes de que su reino se convirtiera en un osario. La memoria era confusa, pero ella había sido una chica precoz, salvaje, y ella le había echado a su brutal y repugnante primo mayor encima con el fin de darle a Edward una lección por derramar té en su vestido. Edward se frotó la nuca. Por supuesto, como cosa del destino, su primo terminó convirtiéndose en Aedion Ashryver, prodigio general de su padre y el guerrero más fiero en el norte. Se había encontrado a Aedion un par de veces a través de los años, y en cada encuentro con el altivo joven general, había tenido la clara impresión de que Aedion quería matarlo.
Y con Buena razón.
Estremeciéndose, Edward reemplazó el libro y contempló la estantería, como si le fuse a dar alguna respuesta. Pero él ya sabía que no había nada allí que pudiera ayudarlo.
Cuando llegue el momento, te ayudaré.
¿Sabía Rosalie lo que habitaba dentro de él? Ella había actuado tan extrañamente ese día en el duelo, dibujando símbolos en el aire y luego desmayándose. Y luego había estado el momento en el que aquella marca había sido quemada en la frente de Bella…
Un reloj sonó en algún lugar de la biblioteca, y echó un vistazo hacia el pasillo. Debería irse. Era el cumpleaños de Jacob, y debería al menos saludar a su amigo antes de que Bella se lo llevara fuera. Por supuesto él no había sido invitado. Y Jacob no había tratado de sugerir que Edward era bienvenido, tampoco. ¿Qué había planeado hacer ella, exactamente?
La temperatura en la biblioteca bajó, alguna helada brisa soplando desde un corredor distante.
No le importaba. Lo había querido decir cuando juró a Rosalie que había terminado con Bella. Y tal vez debería haberle dicho a Jacob que podía tenerla. No es que alguna vez le haya pertenecido a él, o que ella haya siquiera sugerido que él pertenecía a ella.
Él podía dejarla ir. Él la había dejado ir. La dejó ir. Dejó ir. Dejó-
Libros volaban de sus estantes, decenas y decenas estallaron en vuelo, y esta vez, se estrellaban contra él mientras se tambaleaba atrás al final de la estantería. Protegió su rostro, y cuando el sonido de cuero y papel se detuvo, Edward tensó una mano sobre el muro de piedra detrás de él y miró boquiabierto.
La mitad de los libros en la estantería habían sido arrojados y dispersados, como si hubiesen sido lanzados por una fuerza invisible. Corrió hacia ellos, empujando los volúmenes en sus estanterías sin orden alguno, trabajando tan rápido como pudo antes de que uno de los cascarrabias bibliotecarios reales llegara a ver de qué era todo ese ruido. Le tomó unos minutos recuperarlos todos, su corazón latiendo tan fuerte que pensó que estaba enfermo otra vez.
Sus manos temblaban, y no solo por el miedo. No, había alguna fuerza corriendo a través de él, suplicándole que la liberara una vez más, a abrirse…
Edward metió el último libro en la estantería y salió en una carrera. Él no podía decirle a nadie. No confiar en nadie
Cuando llegó a la sala principal de la biblioteca, redujo el paso a una marcha, simulando un descuido perezoso. Incluso se las arregló para sonreírle al viejo y marchito bibliotecario que lo saludó mientras pasaba. Edward le dio un gesto amistoso antes de andar a zancadas fuera de las imponentes puertas de roble.
No podía confiar en nadie.
La bruja de la feria, ella no lo había reconocido como el príncipe. De todos modos, su don había sonado verdadero, al menos hablando con Jacob. Por lo tanto, era un riesgo, pero tal vez Baba Yellowlegs tenía las respuestas que necesitaba.
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Bella no estaba nerviosa. No tenía nada, absolutamente nada, de lo qué preocuparse. Era solo una cena. Una cena que había pasado semanas arreglando cuando tenía un rato libre mientras espiaba a los hombres en Rifthold. Una cena en la que estaría sola. Con Jacob. Y después de la noche pasada…
Bella tomó un sorprendentemente débil respiro y se chequeó en el espejo una última vez. El vestido era azul pálido, casi blanco, y con incrustaciones de cuentas de cristal que hacían que la tela se viera como la brillante superficie del mar. Quizás era demasiado, pero le había dicho a Jacob que se vistiera bien, así que esperaba que él llevara algo lo suficientemente bueno como para hacerla sentir menos consciente de sí misma.
Bella bufó. Por los dioses del cielo, ella se estaba sintiendo cohibida. Era ridículo, realmente. Era solo una cena. Ligera estaría con Rosalie por la noche, y… y si no se iba ahora, llegaría tarde.
Rehusándose a dejarse sudar un segundo más, Bella tomó su capa de armiño de donde Sue la había dejado fuera en los otomanos en el centro de su vestuario.
Cuando llegaba a la sala de la entrada, Jacob ya estaba esperando por ella en las puertas. Incluso desde el otro lado del enorme espacio, podía decir que sus ojos estaban sobre ella mientras bajaba las escaleras hacia la sala. No era de extrañar que él vistiera de negro, pero al menos, no era su uniforme. No, su túnica y pantalones parecían bien hechos, y parecía que incluso había pasado un peine por su cabello corto.
Él miraba cada paso que ella daba, su rostro ilegible.
Finalmente, se detuvo frente a él, el aire frío de las puertas abiertas en el rostro. No había ido a correr esta mañana y él no había venido a arrastrarla fuera.
—Feliz cumpleaños— dijo antes de que se pudiera oponer a su ropa.
Sus ojos se elevaron a su cara, y le dio una media sonrisa, con esa ilegible expresión desapareciendo.
— ¿Puedo siquiera saber a dónde me estás llevando?
Ella sonrió, con los nervios derritiéndose.
—A algún lugar totalmente inapropiado para que el capitán de la guardia sea visto—. Ella inclinó su cabeza hacia las puertas del castillo. Bien. Ella había amenazado con desollar vivos al conductor y lacayos si llegaban tarde. — ¿Vamos?
Mientras avanzaban a través de la ciudad, sentados en lados opuestos del carro, hablaron de cualquier cosa excepto de anoche, el carnaval, Ligera, las rabietas diarias de Anthony. Incluso debatieron si la primavera iba finalmente a mostrarse. Cuando llegaron al edificio, un viejo boticario, Jacob alzó sus cejas.
—Sólo espera, — dijo ella, y lo llevó hacia la cálidamente iluminada tienda.
Los propietarios le sonrieron, haciéndoles señas por la estrecha escalera de piedra. Jacob no dijo nada mientras subían y subían las escaleras, pasaron el segundo nivel, y el tercero, hasta que llegaron a una puerta en el rellano superior. El lugar era lo suficientemente pequeño para que él rozara las faldas de su vestido, y cuando se volvió hacia él, una mano en el pomo de la puerta, ella le dio una pequeña sonrisa.
—Puede que no sea un Asterión, pero…
Abrió la puerta, caminando a un lado para que él pudiera pasar.
Sin palabras, entró.
Ella había pasado horas arreglando todo, y a la luz del día había parecido encantador, pero por la noche…
Era exactamente como lo había imaginado. La azotea del boticario era un invernadero de vidrio cerrado, lleno de flores y plantas en macetas y árboles frutales en los que habían sido colgadas pequeñas brillantes luces. Todo el lugar se había transformado en el jardín de una Antigua leyenda. El aire cálido era dulce, y por las ventanas con vistas a la extensión del río Avery, estaba la pequeña mesa puesta para dos.
Jacob contempló la habitación, girando en su lugar.
—Es el jardín del hada, de la canción de Renee Goldsmith, — dijo suavemente. Sus ojos dorados estaban brillantes.
Ella tragó duro.
—Sé que no es mucho-
—Nadie ha hecho jamás algo como esto para mí. — El sacudió la cabeza con admiración, mirando de nuevo hacia el invernadero. —Nadie.
—Es solo una cena, — dijo, frotando su cuello y caminando hacia la mesa, aunque solo porque el impulso de ir hacia él era tan fuerte que necesitaba una mesa entre ellos.
Él la siguió, y un instante después, dos sirvientes aparecieron para empujar sus sillas para ellos. Ella sonrió poco cuando la mano de Jacob se disparó a su espada, pero al ver que no estaban siendo emboscados, le dio una mirada avergonzada y se sentó.
Los sirvientes vertieron dos vasos de vino espumoso, luego se apresuraron por la comida que habían pasado todo el día preparando en la cocina del boticario. Ella había logrado contratar a la cocinera de Los Sauces, por un pago que le había hecho considerar perforar la garganta de la mujer. Valía la pena, sin embargo. Alzó su copa de vino espumoso.
—Muchas felicidades, — dijo.
Ella había preparado un pequeño discurso, pero ahora que estaban aquí, ahora que sus ojos estaban tan brillantes, y que la estaba mirando de esa manera como anoche… Todas las palabras directamente se fueron de su cabeza.
Jacob levantó su copa y bebió.
—Antes que me olvide de decirlo: gracias. Esto es…— Examinó el brillante invernadero otra vez, luego miró al río más allá de las paredes de vidrio. —Esto es…— El sacudió la cabeza una vez más, bajó su copa, mientras ella capturaba un brillo de plata en sus ojos que hizo que su corazón se encogiera. Él lo parpadeó a lo lejos y la miró de vuelta con una pequeña sonrisa. —Nadie me ha hecho una fiesta de cumpleaños de que era un niño.
Ella se mofó, luchando contra la opresión en su pecho.
—Difícilmente llamaría a esto una fiesta.
—Deja de intentar minimizarlo. Es el mejor regalo que he recibido en mucho tiempo.
Ella cruzó los brazos, recostándose en la silla mientras los sirvientes llegaban, trayendo su primer plato, estofado de jabalí asado.
—Edward te consiguió un semental de Asterión.
Jacob estaba mirando hacia abajo a su sopa, con las cejas elevadas.
—Pero Edward no sabe cuál es mi estofado favorito, ¿O sí? — La miró, y ella mordió su labio. — ¿Cuánto tiempo has estado prestando atención?
Ella se puso muy interesada en su plato.
—No te hagas ilusiones. Sólo intimidé al cocinero principal del Castillo para decirme que platos prefieres.
Él resopló.
—Puede que seas la asesina de Adarlan, pero incluso tú no podrías intimidar a Meghra. Si lo intentaras, creo que estarías sentada ahí con dos ojos negros y una nariz rota.
Ella sonrió, tomando un bocado de estofado.
—Bueno, tú tal vez creas que eres misterioso y melancólico y sigiloso, capitán, pero una vez que sabes dónde mirar, eres un libro bastante fácil de leer. Cada vez que tenemos estofado de jabalí asado, apenas puedo tener una cucharada antes de que te hayas comido la sopera entera.
El incline su cabeza hacia atrás y se rió, y el sonido envió calor fluyendo a través de cada parte de ella.
—Y aquí estaba yo, creyendo que había conseguido ocultar mis debilidades tan bien.
Le dio una sonrisa malvada.
—Sólo espera a ver los otros platos.
Cuando hubieron comido la última migaja del pastel de chocolate y avellanas y bebido el último de los vinos espumosos, y cuando los sirvientes habían quitado todo y habían ofrecido sus despedidas, Bella se encontró a sí misma estando de pie en el pequeño balcón en el borde lejano del tejado, las plantas de verano sepultadas bajo un manto de nieve. Sostuvo su capa cerca de ella mientras miraba hacia el lejano lugar donde el río Avery se reunía con el océano, Jacob a su lado, apoyado en la barandilla de hierro.
—Hay un toque de primavera en el aire, — él dijo mientras un suave viento azotaba pasándolos.
—Gracias a los dioses. Más nieve y me volveré loca.
En el resplandor de las luces del invernadero, su perfil estaba iluminado. Ella había querido que la cena significase una agradable sorpresa, pero su reacción... ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se había sentido querido? Aparte de esa chica que lo había tratado tan vilmente, estaba también la cuestión de la familia que lo había rechazado sólo porque él quería ser un guardia, y ellos eran muy orgullosos como para tener un hijo que sirviera a la corona de esa manera. ¿Sus padres tenían alguna idea de que, en todo el castillo, en todo el reino, no había nadie más noble y leal que él? ¿Que el niño que habían echado de su vida se había convertido en el tipo de hombre que reyes y reinas sólo podían soñar con en sus cortes? El tipo de hombre que no creía que existía, no después de Sam, no después de todo lo que había sucedido.
El rey había amenazado con matar a Jacob si ella no cumplía sus órdenes.
Y, teniendo en cuenta en cuánto peligro lo estaba poniendo en este momento, y cuánto ella quería ganar, no sólo por sí misma, sino por ellos...
—Tengo que decirte algo, —dijo suavemente. Su sangre rugió a través de sus oídos, especialmente cuando se volvió hacia ella con una sonrisa. —Y antes de que te diga, tienes que prometer no enloquecer.
La sonrisa se desvaneció.
— ¿Por qué tengo un mal presentimiento sobre esto?
—Sólo promételo. —Ella apretó la barandilla, el metal frío penetrando en sus manos desnudas.
Él la estudió cuidadosamente, entonces dijo:
—Trataré. Suficientemente justo.
Como una maldita cobarde, se volvió lejos de él, centrándose en el océano lejano en su lugar.
—No he matado a ninguna de las personas que el rey me ordenó asesinar.
Silencio. Ella no se atrevía a mirarlo.
—He estado fingiendo sus muertes y los he contrabandeado fuera de sus hogares. Sus efectos personales son dados a mí después de que me les acerco con mi oferta, y las partes de cuerpos provienen de casas de enfermos. La única persona que realmente he matado hasta el momento es Vladimir, y ni siquiera era una meta oficial. Al final del mes, una vez que Garrett tenga sus asuntos en orden, voy a fingir su muerte, y Garrett se irá en la próxima embarcación que parta de Rifthold.
Su pecho estaba tan apretado que dolía, y deslizó sus ojos hacia él.
La cara de Jacob estaba blanca hueso. Él retrocedió, sacudiendo su cabeza.
—Has enloquecido.
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¡Hola, hola! ¿Cómo estuvieron sus festivos? ¿Celebraron navidad?
Aquí les dejo este interesante cap jeje en un rato más subiré otro cap
¡Nos leemos pronto!
