La peliblanca no sabía cómo la había encontrado Hikari, estaba asustada por lo que sea que le pudiese suceder, algo que jamás se había preguntado le surgió de repente…
¿Puede volver a morir?
Pudo ver cómo desde lejos se acercaba Hikari corriendo con un arma de electrochoque en la mano dispuesta a defenderla, pero Nora apenas se giró para ver a la chica cuando salieron las palabras de su boca.
—…Yamada Kanae —completó la errante.
—¿Eh?
—¡Maldita! —gritó la pelinegra y cuando estuvo a punto de atacarla, Nora desapareció —Mierda…
Cuando Hikari se dio cuenta, la shinki estaba en el suelo en posición fetal, abrazando la muñeca mientras murmuraba cosas.
—Huele bien… —fue la única frase que Hikari pudo entender de sus balbuceos.
—¡Ameni! —llamó mientras la sacudía de un hombro.
—Huele… bien… —dijo de nuevo la peliblanca con doble voz, la suya y otra distorsionada.
—¿Qué-…?
Ella miró a Hikari con los ojos abiertos, pero uno de éstos había cambiado, su ojo derecho parecía no tener parpado y alrededor había una mancha maligna de color morado. Para cuando la inspeccionó por segunda vez, la pelinegra se dio cuenta que… Ameni tenía esas manchas en todo el cuerpo.
—Muerte… —repetía una y otra vez la shinki con doble voz.
—Oh no... —dijo Hikari al borde de llorar.
Tomó a Ameni del brazo e inmediatamente se teletransportó a la entrada de la casa de Kofuku.
—¿C-cómo diablos hice eso? —se preguntó soltando del brazo a Ameni para ver sus propias manos, aunque, al hacer eso, se percató de que ella misma de igual manera se estaba manchando… y le ardía.
—¡¿Hikari-chan?! —exclamó Kofuku dejando sus labores de lado y corrió hacia ellas —¡Aléjate! ¡Apártate de ella!
—¡No! —se aferró de nuevo al brazo de su shinki —Ella es Ameni, Iki Ameni ¡es parte de la familia!
—¡Está infectada, Hikari-chan! ¡Te lastimarás! —advirtió jalando a Hikari del brazo haciendo que ella se empezara a infectar también.
—¡No la dejaré, Kofuku!
—¡¿Qué está pasando?! —preguntó angustiadamente Daikoku saliendo de la casa.
—¡Ayúdame, Daikoku! —pidió la diosa mientras Hikari negaba varias veces.
—¡¿Estás loca?! —replicó el shinki yendo hacia las chicas rápidamente.
—¡¿Qué sucede?! —preguntó Hiyori al llegar, la habían alarmados los gritos y corrió hacia ellos.
Detrás de ella, le siguieron Yato, Yukine, Hyakuya y Tomoyo angustiados.
—¡No se queden ahí, ayúdenme a alejar a mi señora y a Hikari de ella! —mandó Daikoku y los demás obedecieron.
—¡Argh! —se quejó la oji-morada y puso sus manos sobre su estómago.
—¿Qué pasa, Hiyori...? —preguntó preocupado el dios.
—A-algo está pasando… —decía Hiyori con una mano en el estómago y la otra recargada en el marco de la puerta mientras tenía una mueca de dolor.
—¡H-Hiyori! —exclamó el ojiazul mientras intentaba ayudarla.
—El bebé… —dijo Hyakuya prestándoles atención —Hiyori-san, tu estómago está… creciendo en minutos, parece como si ya fuese a nacer, un embarazo acelerado.
Antes de que Hiyori dijese otra palabra, gimió de dolor mientras Yato estaba tomándole la mano, en un intento de hacerle saber que estaba con ella, esta vez sí lo estaría.
—No puede ser… —murmuró él —¿Qué haremos ahora?
[...]
—¡Bien, ahora es el momento! —avisó el chico de ojos rojos.
—P-pero Yuuta ¿no crees que tienes otras cosas qué resolver? —preguntó el pelirrojo.
—Basta de reclamos, Andy —respondió Yuuta —Este es un problema que debo resolver, y ahora es el momento.
—Deja de decirle ''Andy'' a Alex… sabes que le molesta —dijo un ojiazul que aparentaba alrededor de veinte años.
—Hikaru, ahora no es el momento de fijarnos en eso, tenemos que aparecer ahora, y con mis hermanas —respondió Yuuta con algo de emoción.
—¿También con Yui-chan? —cuestionó Hikaru.
—Por supuesto que también con ella, necesitamos buenos refuerzos —contestó sonriendo mientras sacaba una daga de un cajón sin mirar a sus compañeros —Tu hermana nos traicionó, Hikaru, debemos tener a alguien más por si ella se resiste o pelea contra nosotros.
—¿Hyakuya Hikari? —preguntó Alex estupefacto.
—Así es, ella y su estúpida amiga Tomoyo se fueron del lado de nuestra peor enemiga hasta ahora, puede acabarnos y si no la eliminamos primero —gruñó el demonio de ojos rojos.
—¿Por qué dices que hasta ahora? —cuestionó el ojiazul.
—Porque está a punto de nacer el peor de todos.
[...]
Daikoku todavía estaba tratando de que Kofuku soltara a la peliblanca y a Hikari con ayuda de Tomoyo aun si eso significaba infectarse también. Ameni comenzaba a convertirse en ayakashi, lo que implicaba un grave peligro para Hikari, pero si ella no quería ni siquiera soltar a su regalía, mucho menos iba a ceder para quitarle el nombre.
Hiyori, por otro lado, estaba junto a Hya, Yato y Yukine, el dios dándole ánimos e intentando calmarla, el shinki sin saber qué hacer y la rubia intentando llamar a una ambulancia, pero no había señal.
Todo era un caos, y cuando las cosas no podían estar peor, tres chicos y tres chicas aparecieron en la escena.
Aquellos muchachos, uno pelinegro de ojos rojos, otro de ojos azules y el último pelirrojo, acompañados por las hermanas del primero.
—Entréguennos a Iki Hikari y al futuro bebé —ordenó Yuuta con una sonrisa mientras sus ojos rojos brillaban.
Pareció que olvidaron qué estaba sucediendo a causa de su presencia, les prestaron atención inmediatamente, aunque Hiyori volvió a quejarse por el dolor de las contracciones y la transformación de Ameni no se detenía.
—N-nii-chan… —tartamudeó Hyakuya abriendo los ojos con sorpresa.
—¿Nii-chan? —preguntó Yukine al ver la reacción por parte de la rubia.
—Sí, aquel muchacho de ojos azules es Hyakuya Hikaru, él y Hya Hikari son hermanos de sangre —explicó con repudio la castaña de ojos grises.
De pronto, la menor de las hermanas de Yuuta, llamada Yui, con una risa demoniaca fue a por los demás con una daga en la mano con la intención de asesinarlos.
—Feliz cumpleaños, Nee-chan —dijo Hikaru con burla hacia su hermana y en ese momento, Yui fue tan veloz que ni siquiera Yato fue tan rápido de evitar que ella…
Apuñalara a Hiyori.
