Hola, hola mis amados lectores.Lo sé, lo sé. Ya ha pasado tiempo. Como he dicho antes ahora estoy envuelta en algunos proyectos muy importantes que ocupan la mayor parte de mi tiempo así que a fin de dar calidad a los capítulos me estoy tomando más tiempo para hacerlos. Este por ejemplo estaba casi listo cuando publiqué el otro pero es tan transcendental que lo edité una y otra vez hasta conseguir capturar la esencia que faltaba. Espero que la información y las escenas contenidas en él disculpen mi ausencia y que en serio lo disfruten.

Deseo de todo corazón terminar esta historia así que si aún estoy con vida y salud pretendo seguir publicando capítulos esporádicamente. En fin, mil gracias a aquellos que siempre dejan su comentario y perdonen por no responder los últimos. Estos meses han sido una locura y siempre que pienso hacerlo algo se me presenta. En fin no los aburro más, disfruten.

Los Amamiya

Capítulo 21: Panacea

Yukito caminó con premura hasta el cuarto de baño de aquella inmensa habitación viendo para su alivio desde la puerta a Nakuru recostada en la bañera con los ojos cerrados. El agua caliente cubría su cuerpo hasta sus hombros y su piel completamente desnuda se veía ligeramente enrojecida por la temperatura del líquido en el que se hallaba sumergida, pero en líneas generales parecía estar bien, bastante relajada en realidad.

Se adentró con sigilo en el cuarto y una vez a su lado tomó asiento en el borde de la bañera y por varios segundos solo la miró, mientras pensaba con algo de remordimiento en la manera en que había salido aquella tarde de el despacho de abogados en el que trabajaba con Eriol a pesar de que Kaho le había asegurado que ella estaba bien. Sabía que no le mentiría al respecto pero simplemente no podía soportar la idea de que Nakuru estuviera en agonía de parto y que él no estuviera presente para confortarla e infundirle ánimos. No iba a estar tranquilo hasta que no la viera con sus propios ojos y comprobara su bienestar, por ello no se lo había pensado dos veces cuando Eriol le había dicho que podía retirarse si así lo deseaba, seguramente por que él mismo sabía el nerviosismo y ansiedad que implicaba ser padre primerizo.

Padre.

Aquella palabra que siempre le pareció tan desconocida, que hasta ocho meses jamás pensó que le aplicaría alguna vez, y entorno a la cual giraba su vida ahora, en lo único que era capaz de pensar a cada segundo.

Era cierto que todo fue bastante repentino y que al principio estaba aterrado con la idea, pero cada día que pasaba y convivía con Nakuru, cada centímetro que veía crecer su vientre y tenía la dicha de sentir el movimiento de aquel par de bendiciones que ella cargaba dentro de si con tanto amor, sentía que algo en él cambiaba, que su corazón y su mente cambiaban.

Todo había cambiado, todo era diferente, y contrario a aterrarle aquello le emocionaba. Le emocionaba pensar en cómo sus sentimientos por Nakuru habían cambiado de manera tan drástica antes de que siquiera se diera cuenta, como, de verla como una simple conocida que compartía su origen y propósito, se había convertido en aquella mujer que no sólo había puesto su mundo de cabeza de un día para otro, sino que le había dado una razón para vivir y esperar con ansias el futuro. Todo era gracias a ella, a haber irrumpido en su vida dándole un nuevo color, enseñándole una manera más simple y significativa de ver la vida, haciéndole ver lo errada que era su forma de pensar y vivir e invitándolo a buscar aquello que en serio era su anhelo, aquello que su corazón de verás deseaba, aquello que en verdad era su felicidad. Ahora eso tenía nombre, y una larga cabellera chocolate con mechones rosas.

-¡¿Que crees que haces Yuki?! Se que es difícil resistirte a espiar este hermoso cuerpo, pero por Dios que casi me matas del susto. - La escuchó gritar de repente y al mirarla notó que se había sumergido aún más en el agua mientras cubría de manera inútil sus pechos con sus brazos en una reacción no sólo infantil sino ilógica pues, ya la había visto miles de veces desnuda, a veces incluso en contra de su voluntad. No pudo evitar sonreír al escuchar su tono usual de voz, al notar como ella no dejaba de sorprenderlo con su ánimo eufórico e imperturbable y llevando sus manos alrededor de su cuerpo, la abrazó con dulzura mojando su ropa en el proceso mientras el vapor del agua continuaba llenando la habitación y el corazón de ella latía con tanta fuerza que casi explotaba sus oídos.

-¿Cómo te sientes?

-Estoy mucho mejor, ya casi ha desaparecido el dolor. Es cierto eso de que el agua caliente ayuda. – Contestó ella mientras caía presa de aquella sensación de paz y seguridad que sentía con solo oír la voz de él, mientras cerraba sus ojos y apoyaba su cabeza en su pecho en respuesta a su cercanía. Yukito pudo sentir como ella estaba a punto de quedarse dormida en aquella posición presa de la fatiga que debía tener, así que intentando que se mantuviera despierta unos segundos más, la separó con cuidado de su pecho y tomó sus manos mientras la invitaba a mirarlo a los ojos y pensaba en que tal vez aquel era el momento adecuado para contarle aquello que había estado pensando en aquellos días. De hecho estaba ansioso porque ella conociera su deseo.

-Sabes Nakuru… cuando regresemos a Tomoeda después de que los niños nazcan y ya te recuperes, quiero que nos casemos de verdad. Quiero que seas mi esposa. ¿Te gustaría?

Ella no pudo evitar abrir los ojos con confusión ante su repentina propuesta. Como si una parte de ella no fuera capaz de asimilar lo que acababa de oír y estuviera en shock.

Es decir, era obvio que eran una pareja en ese entonces, lo eran desde el momento en que él había viajado hasta Inglaterra para apoyarla durante el embarazo, pero jamás habían hablado en serio del tipo de relación que tenían. Y hasta el momento aquello no parecía ser importante. Sin embargo por más que lo pensaba algo dentro de él no se sentía conforme con aquello, en serio deseaba ponerle un nombre a lo que eran, quería que ahora que iban a ser una familia lo fueran en todo el sentido de la palabra, que estuvieran completamente unidos. Que jamás se separaran. ¿Y que mejor forma de dejar claro aquel compromiso suyo que adoptar la costumbre humana de unir su vida en matrimonio?

Su sonrisa gentil y llena de ilusión, cambió de repente a una repleta de angustia al notar que contrario a lanzarse a su cuello alegremente mientras daba una respuesta afirmativa como esperaba que ocurriera, Nakuru se quedaba petrificada mientras las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas de manera profusa y algunos sollozos sordos empezaban a salir de su garganta. Quería decirle que sí, que nada le haría más feliz que ser su esposa, que deseaba estar para siempre a su lado, pero ahora después de lo vivido hacía unas horas estaba absolutamente segura de que eso no sería posible. Y es que en el momento en que sus nervios empezaron a retorcerse, en que aquel intenso dolor llenaba su vientre y espalda de manera constante. Sintió que su vida se esfumaba, estuvo a punto de perder el conocimiento. Si eso había pasado con una falsa alarma ¿Qué ocurriría cuando tuviera las contracciones reales, cuando tuviese que sentir ese dolor de manera ininterrumpida mientras intentaba ayudar a sus hijos a nacer? No sabía si podría resistirlo. No tenía las energías para hacerlo.

-¿Qué ocurre? ¿Pasa algo malo?- Lo escuchó murmurar mientras tomaba su rostro entre sus manos y la miraba lleno de angustia. Su rostro sonriente y gentil había desaparecido por completo y sus manos temblaban como si presintiera que le estaba ocultando algo en serio malo. Y es que era la primera vez que la veía llorar así, que la escuchaba ser negativa con respecto a algo.

¿Pero como hacerle eso?¿Cómo decirle que todos sus planes eran inútiles? Qué no importaba cuanto lo desearan ambos, la persona con la que regresaría a Tomoeda, con la que vería crecer a sus hijos, con la que pasaría el resto de sus días, no era ella, jamás sería ella. No podía hacerlo, no podía decírselo, no podía romperle el corazón de esa manera.

-Bueno es que… soy una mujer libre Yukito. Así que el que tengamos dos hijos en común no quiere decir que dejaré que robes mi libertad. No seas tonto. - Aseguró mientras deslizaba con torpeza sus puños por sus ojos y procuraba ordenar a sus lágrimas que dejaran de salir, haciendo que él, acostumbrado como estaba a sus extraños comentarios y sus reacciones contradictorias sonriera algo más aliviado. De cualquier manera había escuchado que las mujeres se ponían muy hormonales en esas circunstancias así que tal vez le daba algo de vergüenza reconocer que estaba tan feliz que no podía dejar de llorar. Si era así, entonces él se sentía en serio satisfecho.

-Si quieres, podemos discutir lo de tu libertad luego. Pero por ahora vamos a sacarte del agua, has estado mucho tiempo allí.- Explicó él más tranquilo a la vez que se ponía de pie dispuesto a buscar una toalla para cubrir a Nakuru y ayudarla a salir de la bañera.

Dio unos pasos en dirección a la pared cuando de repente comenzó a sentir un agudo dolor de cabeza que lo obligó a apoyarse de la misma para no desplomarse mientras llevaba su mano hasta su frente y presionaba sus facciones en evidencia de un agudo malestar que no pasó desapercibido a Nakuru.

-¡¿Estás bien Yuki?!- Gritó ella preocupada mientras intentaba ponerse de pie para ir hacía él, deteniéndose al ver a Yukito extendiendo la mano para indicarle que no se preocupara, mientras procuraba sonreírle a la vez que su cabeza se ponía en orden y el malestar se disipaba.

-Estoy bien, solo fue una pequeña jaqueca. No es nada. – Le aseguró mientras se acercaba de nuevo a ella, la ayudaba a envolverse en una toalla y colocaba sus manos alrededor de su cintura y pantorrillas cargándola en brazos para sacarla del agua. Nakuru levantó la mirada hacia él y paseando su vista por su rostro observó sus ojos avellanas siempre gentiles y claros que de repente se veían sombríos y llenos de angustia, como si sintiera en su corazón una mezcla de terror e impotencia. Tanta como jamás lo había visto mostrar. ¿Acaso se trataba de algo provocado por su negativa de hace unos segundos o había algo más atormentándolo?

Abrió la boca para preguntarle al respecto pero sus ojos comenzaron a cerrarse involuntariamente a la vez que sus fuerzas se desvanecían, haciéndola incapaz de formular alguna idea en su mente, sumiéndola finalmente en un profundo sueño. Un profundo sueño del que deseaba encarecidamente ser capaz de despertar.


- Me alegra escucharlo. Gracias Shaoran. – Comentó Fujitaka con alivio mientras escuchaba al castaño asegurarle por teléfono que al final Sonomi había accedido a descansar junto a Sakura. Con el problema que constituyó sacarla del hospital y traerla hasta su casa, pensaba que haría un poco más de rabietas antes de ser razonable y ceder, pero como siempre ella era incapaz de negarse a una petición de Tomoyo o Sakura y usando eso a su favor consiguieron convencerla de que con los síntomas del resfriado que aún tenía, si seguía exponiéndose a aquel ambiente de la clínica terminaría sufriendo una pulmonía o algo peor. De hecho dejar a Tomoyo en la clínica y a Sakura en la casa para asegurarse de que no incumpliera su promesa de dejar a Masaki bajo su cuidado, había sido la única solución que habían podido formular de manera exitosa. No la culpaba por estar tan preocupada, pero con lo delicado que estaba Masaki, tenerla a ella haciendo preguntas por cada medicamento que le administraban no era precisamente lo mejor para mantener la confidencialidad de su real condición médica.

-Confías demasiado en ese mocoso. Dejarlo a solas en una misma casa con Sakura no es una buena idea como quiera que lo vea.- Protestó el moreno interrumpiendo su meditación mientras se mantenía apoyado de la pared con los brazos cruzados y el ceño fruncido mientras hacía su enésima rabieta por aquel asunto desde que habían regresado de la clínica.

-No están solos hijo. Allí también están Sonomi y una decena de sirvientes. Además Shaoran sería incapaz de hacer algo que irrespetara la casa de Sonomi. Es un chico muy comprometido y lo sabes. - Señaló mientras caminaba hacía la cocina dispuesto a hacer unos sándwiches para los dos. Siendo seguido de cerca por su hijo que de inmediato lanzó un bufido al escuchar aquella afirmación.

-Puede ser todo lo comprometido que sea, pero no deja de ser un chico enamorado y estúpido. Deberías saber ya lo que pasa en esas circunstancias.

Fujitaka entendió al instante lo que su hijo había intentado insinuar pero contrario a ofenderse o sentirse incómodo por ello, continuó sacando ingredientes de la nevera sin prestarle demasiada atención, convencido de que su pésimo estado de humor no se debía únicamente a ese asunto. De hecho si la experiencia no le fallaba estaba seguro de que aquella incomodidad tenía nombre, apellido y una larga cabellera azabache y que haberla dejado a solas en el hospital con el joven Ou era lo que en realidad le molestaba, aunque jamás lo admitiría.

-Hablando de eso… ¿Cómo han ido las cosas con Tomoyo? ¿Tú también hiciste algo estúpido mientras estaban en la misma casa?

-¡¿Qué rayos significa esa pregunta?! Obvio que no pasó nada.- Replicó él al instante mientras su padre reía por lo bajo al levantar la mirada hacía él y notar un ligero carmín en su rostro que solo él que era su progenitor sería capaz de percibir. Tal vez se le había pasado la mano con la insinuación, pero era lo único que se le había ocurrido para quitarle aquella expresión del rostro.

-Es un alivio entonces. Aunque… ambos llegaron bastante extraños a la clínica esta tarde, así que imagino que en la oficina si ocurrió algo. De hecho, debió ser algo en serio incómodo lo que pasó con el chico que los acompañó a la clínica para que tuvieras esa cara. – Murmuró Fujitaka mientras comenzaba a cortar algunas rodajas de tomate sin mirarlo, mientras Touya desconcertado lo observaba intentando descubrir si en realidad podía leer su mente. Realmente no tenía esa capacidad pero si algo había aprendido a lo largo de los años era a leer las expresiones y gestos de la gente y después de un exhaustivo análisis esa era la conclusión a la que había llegado. El moreno cubrió su rostro con su mano seguro de que debía estar más rojo que el vegetal en cuestión y después de dejar salir un hondo suspiro decidió aclarar las cosas lo mejor que pudiera para evitar malinterpretaciones.

-En síntesis, Tomoyo le dijo que no me gustaban las chicas y resulta que él… desarrolló sentimientos hacía mi.

-Ya veo. Fue una gran sorpresa para ti.- Comentó su padre mientras percibía el gran esfuerzo que estaba haciendo su hijo para explicarle la situación sin dar demasiados detalles, afortunadamente no los necesitaba para imaginarse el gran desorden que implicó aquella situación para que su hijo sintiera tanta pena al respecto, y la reacción tan emocional que seguramente debió haber tenido al descubrirlo, al fin y al cabo descubrir que la chica que le gustaba lo veía de esa manera y al mismo tiempo llevarse aquella tremenda sorpresa con aquel jovencito debió ser en serio perturbador.

-Pero ¿aclararon las cosas al final?- Preguntó intentando sacar un poco más de información a su hijo, preocupado porque tal vez las cosas no hubieran salido bien desde entonces, sintiéndose más tranquilo al verlo descruzar los brazos mientras su expresión se suavizaba ligeramente.

-Si, lo hicimos.- Respondió mientras se acercaba al desayunador de la cocina y se acomodaba en uno de los banquillos frente a él, apoyando sus codos en la alargada isla mientras recordaba todo lo ocurrido después de aquel suceso. - Yo y Tomoyo hablamos sobre ello calmadamente y pusimos claras algunas cosas. De hecho salió mejor de lo que esperaba. Digamos que no somos tan diferentes como imaginaba.

Fujitaka observó como por primera vez en mucho tiempo los ojos de su hijo dejaron de parecer oscuros e inexpresivos para verse llenos de sosiego y alegría. Como si aquello que había descubierto le hubiera quitado un gran peso de encima, como si la carga de sus hombros se hubiera hecho más ligera. Sonrió aliviado. Así que aquella situación extrema había terminado en algo bueno después de todo.

-Ya veo. Te contó sobre eso…

-¿Eso? ¿A que te refieres?- Indagó el moreno tan pronto lo escuchó murmurar aquello que claramente había pensado en voz alta. Su padre solo sonrió y continuó con su labor, alertando los sentidos de Touya para quien era obvio lo que implicaba.

-¡Lo sabías!- Exclamó levantándose del banquillo mientras lo miraba anonadado, quedándose aun mas desconcertado al verlo asentir calmadamente. Entonces en serio el sabía que ella… - Pero … pero… jamás dijiste nada. Tu jamás…

-Jamás vi la necesidad de intervenir.- Reconoció el amable señor mientras le extendía un pequeño plato a su hijo con el aperitivo ya terminado y recordaba a la Tomoyo de ese entonces, a la pequeña niña de ojos amatistas que siempre tenía los dedos llenos de pinchazos de aguja y que en ocasiones llevaba diminutas ojeras debajo de los párpados debido a pasarse largas noches cosiendo. Su sonriente e inocente hija quien aceptaba todos sus regalos con agradecimiento parecía totalmente ajena a todo lo que aquello realmente implicaba, pero contrario a sentirse frustrada por ello ella realmente parecía estar satisfecha con lo que hacía aunque no fuese correspondida de la misma manera. De hecho más que simplemente mantenerse al margen y dejarla ser feliz, Tomoyo había formado parte intrínseca de lo que era hoy la relación de su hija. De hecho Shaoran le había contado una vez que ella era quien le había animado a hablar de sus sentimientos a la castaña. Su amor era tan desprendido y desinteresado que había antepuesto la felicidad de Sakura a la de ella misma y eso… eso le había ganado un lugar muy especial en su corazón.

-Ella manejó las cosas de manera muy madura y respetuosa así que no había necesidad de que interviniera. De hecho creo que sí no fuera porque la observaba con detenimiento jamás me hubiera dado cuenta de ello, tal y como te pasó a ti. – El moreno bajó la mirada algo avergonzado por su falta de discernimiento al respecto y volviendo a su lugar comenzó a comer mientras su padre observaba que ahora sus facciones volvían a mostrar un gran pesar, el mismo pesar que reflejaban tanto él como la amatista durante el resto de aquella tarde, aquel pesar que le indicaba que aún había detalles que no le estaba contando y que cambiaron drásticamente la situación, que convirtieron aquel sentimiento de complicidad en una honda angustia que no era capaz de ocultar. Apretó los labios y empujando un poco el plato de sí mientras colocaba sus manos en su rostro dejó de comer. Después de todo, solo pensar en aquello le revolvía el estómago y hacía que su apetito se esfumara.

-Yukito me llamó para decirme que Nakuru tuvo las primeras contracciones.- Reveló mientras recordaba con frustración lo que pasó después de aquella llamada. No había podido disimular su angustia y Tomoyo inevitablemente le había preguntado al respecto, pero como siempre se había quedado callado y de hecho se había inventado una excusa para salir de la oficina y ya no estar en su presencia. Tomoyo tampoco insistió en saber más detalles, pero cada vez que lo miraba podía ver la preocupación y la duda que carcomía su alma. Si tan sólo aquella llamada no hubiera sido en ese instante, si lo hubiera ignorado tal y como deseaba. Seguramente se hubiera animado a confesarle sus sentimientos, tal vez hubiera podido sacar todo eso que tenía en su pecho y que solo ella le hacía sentir. Pero ¿qué sentido tenía decírselo a esas alturas, cuando su tiempo se había acortado?

Lo mejor era mantener distancias con ella, olvidar aquel sentimiento, resignarse de una vez por todas, pero… ¿como rayos podría conseguirlo si ese día cuando la dejó en la clínica, cuando se quedó allí a solas con aquel sujeto, juraba que sintió como si la mitad de su alma se quedara allí con ella, como si su corazón no fuese capaz de lidiar con la distancia? Aun ahora no dejaba de mirar el reloj y preguntarse si sería tan malo ir hasta allá y no dejarla sola. ¿Cómo rayos podría dejarla partir? ¿Cómo podía fingir que no sentía nada?

Pensaba que sería fácil, que podría manejarlo. Pero cada vez que la tenía cerca, que hablaba con ella, era como si sus almas se ligaran aún mas, como si de repente la afinidad entre ellos fuera innegable y necesitaran uno del otro para estar completos. Sabía que era lo mejor, que debía olvidarse de ella, pero… no podía hacerlo.

-"Vive cada día sin arrepentirte de nada". Eso es lo que te diría Nadeshiko en estos momentos ¿no crees hijo?- Escuchó señalar a su padre de repente y al levantar la vista lo vio tocar su hombro con una sonrisa llena de nostalgia mientras ponía delante de él una pequeña foto, que algo confuso él se dispuso a tomar en su mano.

-¿De donde la sacaste?- Indagó algo sorprendido mientras recorría la imagen con la mirada y constataba los detalles que aunque antiguos y algo opacos, eran lo suficientemente claros y precisos como para reconocer a su fenecida madre en su niñez.

-Le pedí una copia a Masaki. Pensé que sería buena idea agregarla a alguno de los álbumes como las demás.

El moreno deslizó su dedo en la imagen mientras examinaba aquel atuendo que llevaba su madre en aquella foto donde apenas debía tener unos siete años. Llevaba un kimono floral hasta las rodillas y una máscara de un gato níveo que cubría su rostro dejando solo al descubierto una dulce sonrisa y sus intensos ojos. Sintió un agudo dolor en su cien al observar los detalles, mientras por alguna razón imágenes de una niña con pelo más oscuro y una vestimenta similar volvían a su mente de manera difusa. La había visto en algún lugar, pero no era capaz de recordar dónde ni cuando, solo sabía que su corazón sentía una profunda tristeza en ese instante, la tristeza de haber dejado algo importante sin concluir.

-Touya, ¿estás bien?- Escuchó preguntar a su padre al verlo actuar de manera tan extraña y al levantar la cabeza pudo notar su mirada llena de preocupación. Era la segunda vez que sentía algo como eso, pero no tenía caso hablarle sobre algo que ni siquiera era capaz de entender o explicar.

-Necesito descansar. Eso es todo.- Soltó mientras se ponía de pie y su padre lo seguía con la mirada, volviendo su vista a la mesa después de verlo desaparecer en las escaleras. Había dejado el plato a medio comer otra vez.

Fujitaka dejó salir un suspiro al no saber que más hacer para ayudar a su hijo y entonces fijó su mirada en la foto que segundos antes este había estado observando. Estaba seguro de que si Nadeshiko estuviera con ellos aún, solo le bastarían unos minutos para aliviar a su hijo.

Su oído comprensivo y su empatía siempre conseguían que las cosas parecieran menos complicadas, menos engorrosas, pero aunque él procuraba demostrar esas cualidades para solventar su ausencia, reconocía que jamás consiguió igualarla. Nadie había podido jamás hacerlo, nadie había conseguido llenar aquel vacío en aquella casa. Al menos… no de manera plena.

A decir verdad sólo existía una persona a la que, cuando la veía interactuar con sus hijos, de alguna forma sentía como si llenara parcialmente aquel vacío de alguna manera, como si la esencia de su maravillosa esposa estuviera contenida en ella, en aquella amable y empática jovencita. Tal vez por ello había demostrado sin querer aquella preferencia por Tomoyo, por ello su corazón no terminaba de resignarse del todo a la decisión de su hijo.

Arrepentirse. Creía que eso era lo que pasaría si hacía las cosas tal y como las estaba pensando. Si Tomoyo conociera lo que en verdad ocurría, la guerra de lealtades que llevaba su hijo en su interior, tal vez las cosas tuvieran un desenlace distinto, tal vez hallarían juntos la manera de buscar una solución menos drástica. De hecho…

-Tal vez ella debería saberlo.- Susurró mientras para sus adentros pedía perdón a su hijo por meterse en sus decisiones, pero como padre… también se arrepentiría si se quedaba con los brazos cruzados.


Deslizó con lentitud la puerta que servía como acceso a aquella habitación privada, para evitar despertar a los ocupantes de la misma y una vez dentro se acercó con sigilo a la joven que yacía con la cabeza recostada en el borde de aquella camilla, fijando su atención en la manera en como la piel de sus brazos yacía erizada consecuencia de no estar lo suficientemente abrigada para la temperatura a la que la exponía el aire acondicionado. Sin perder tiempo retiró el abrigo de su cuerpo y en cambio lo colocó sobre sus hombros para darle algo más de calor, dando un leve respingo al verla levantar la cabeza con lentitud y mirarlo con una dulce sonrisa al comprobar su identidad. Una sonrisa tan sincera y llena de ternura que casi consiguió robarle el aliento como en el pasado, como si los años que habían estado separados uno del otro hubieran desaparecido por completo durante esos instantes.

-Gracias Kurorin. Estaba a punto de congelarme. – Reconoció ella mientras se incorporaba en aquella silla y afianzaba aun más el abrigo a su cuerpo sosteniéndolo con sus manos para que no se resbalara de sus hombros. Sus mejillas y nariz yacían enrojecidas y sus dedos habían adquirido una leve tonalidad azul debido al frío que sentía, y es que siempre había sido bastante susceptible a las bajas temperaturas. De hecho, aun no se explicaba como había tolerado aquello durante toda una noche con aquella escasa vestimenta.

-Solo a ti se te ocurre quedarte a dormir en un hospital sin estar preparada. Al final terminarás siendo tú la que te enfermes. – Replicó el joven intentando ocultar su rostro de ella para conseguir mantener su fachada impenitente, intentando dejar de pensar en lo adorable que se veía envuelta en aquella pieza de ropa que le quedaba terriblemente enorme. ¿Cuántas veces la había visto con aquellos mismos rasgos cuando era invierno en Inglaterra y ella se olvidaba de abrigarse lo suficiente en su afán de jugar con la nieve?

-Si, es cierto. Te prometo que la próxima vez me aseguraré de preparar todo de antemano. Pero bueno las cosas pasaron algo rápido y… no me sentía de humor para volver a casa y luego regresar aquí. – Murmuró a la vez que sus amatistas se ensombrecían y llenaban de tristeza, de una tristeza que él había intentado descifrar desde que ella había regresado aquella tarde al hospital.

Era cierto que desde la noticia de Masaki su humor no había sido el mejor, pero sin lugar a dudas este había empeorado después de llegar de la oficina así que era obvio que allí había pasado algo más. Sentía la tentación de preguntarle de que se trataba pero a la vez sabía que no tenía derecho a meterse en su vida, después de todo, había estado ausente por años, no podía seguir actuando como su guardián ni esperar que le tuviera la misma franqueza que entonces cuando era su confidente.

-Kurogane… ¿Aún recuerdas por qué te regalé esa gema?- La escuchó preguntar de repente y al llevar su mirada hacía ella pudo ver como la sonrisa volvía a sus labios y un atisbo de ilusión llenaba de brillo sus ojos mientras observaba el alargado objeto que colgaba de su cuello y el cual inconscientemente había apretado con su mano. – Te pedí que la conservaras como símbolo de nuestra amistad, para que esta durara para siempre. Pero a decir verdad jamás imaginé que en serio la traerías aún contigo. Por eso me sentí muy feliz cuando noté que la llevabas del cuello a pesar de que ya han pasado más de una década de ello. Me alegra mucho que aún nuestra amistad siga intacta.

Aseguró ella ensanchando aún más su sonrisa provocando que para su desconcierto ahora fuera el rostro de él el que se llenaba de pesar. Más que un símbolo de amistad aquello para él había implicado una sentencia, una maldición. Era como si tenerlo en el cuello le recordara que jamás sería nada más para ella, que debía conformarse con su amistad porque aquello era lo único que ella tenía para ofrecerle. De todas formas aquello siempre había sido imposible. Ella pertenecía a una familia de gran renombre y había crecido rodeada de riquezas y lujos, mientras él solo era el niño huérfano a quien su familia había acogido en su casa por agradecimiento al servicio de su padre y que por capricho de la vida había tenido la bienaventuranza de conocerla. Si bien Masaki había intentado que se viera así mismo como un Amamiya, parte de aquella familia, la verdad es que siempre fue un simple sirviente más, un chico que había tenido mucha suerte y que se había beneficiado de la bondad de aquella familia. Pensar que algún día estarían al mismo nivel era una gran tontería.

-¿Estás bien Kurogane?- Indagó ella y solo entonces se dio cuenta de que ahora posaba su mano en su rostro intentando examinar su expresión y así descubrir el porque de su cambio de humor y en serio se veía en serio preocupada por él. Ella siempre había sido tan compasiva, tan cariñosa, solo tenía que verla a los ojos para darse cuenta de lo maravillosa que era, y eso no hacía más que hacerlo sentir aún más indigno de su trato, de que lo considerara siquiera su amigo. De llevar aquel regalo suyo del cuello.

-Creo que lo mejor es que te lo devuelva. De todas formas es un adorno para chicas.- Señaló mientras llevaba sus dedos hacía la parte posterior de su cuello dispuesto a quitar el broche, interrumpiendo su labor al sentir como ella intentaba detener sus manos mientras lo miraba con desilusión y tristeza, como si lo que había intentado hacer fuera un terrible desaire hacía ella.

- ¿Acaso ya no significo nada para ti? ¿Ya no quieres ser mi amigo Kurogane?

¿No significar nada para él? El problema era justo que ella significaba para él más de lo que debería, más de lo que podía permitirse. Lo significaba todo, era todo para él. Había estado atado a aquel estúpido enamoramiento por tantos años que ni siquiera era capaz de olvidarla, de dejar de pensar en ella cada día. A la mañana siguiente volvería a Inglaterra, volvería a intentar mantener distancias con ella, intentaría vivir sin su presencia como lo había hecho hasta entonces, pero sabía que sería inútil, que aquel reencuentro, comprobar que era la misma de siempre, que seguía siendo aquella Tomoyo a quien juró cuidar con su vida, aquello le haría imposible dejar de pensarla. Y estaba cansado de eso. Estaba cansado de que aquel muro de confianza lo separara de ella.

Antes de siquiera poder reaccionar, sus manos se trasladaron hasta los hombros de Tomoyo subiendo con lentitud desde su cuello hasta ambos lados de su barbilla y entonces, impulsado por sus sentimientos y agonía, acercó su rostro al de ella inclinándose ligeramente para poder estar a su nivel y reducir las casi dos cabezas que le llevaba de altura. Tomoyo abrió los ojos con sorpresa desconcertada por lo que aquello parecía implicar y por simple reflejo cerró los ojos con fuerza incapaz de saber cómo reaccionar. ¿Acaso Kurogane estaba a punto de besarla?

-¿Puedo pasar?- Escucharon preguntar a detrás de la puerta después de un par de toques y al instante ambos reconocieron aquella voz. Pero ¿no se suponía que Fujitaka no iría a la clínica hasta la tarde? ¿Qué hacía allí tan temprano?

-Estás ardiendo en fiebre. Es mejor medicarte cuanto antes.- Señaló el hombre de ojos carmesí mientras la amatista aún no salía de su estupor, y entre aturdida y desconcertada lo vio caminar hacia la puerta, saludar al señor y luego salir de la habitación dejándolos solos allí.

-¿Podríamos hablar afuera un momento?- Escuchó preguntar a Fujitaka mientras se ponía de pie frente a ella y por primera vez desde que lo conocía no pudo hallar a aquel hombre gentil y apacible en aquellas facciones, se veía tan serio y preocupado que no parecía el mismo.

Incapaz de adivinar que era lo que pasaba por la cabeza de él o decir siquiera alguna palabra, se limitó a asentir y seguirlo para salir de la habitación mientras abrazaba a su cuerpo el abrigo que aún llevaba sobre ella y sentía ganas de llorar. Ojalá y todo lo anterior solo hubiera sido su imaginación.


Shaoran caminó hacía la puerta de su departamento mientras escuchaba repetidos e insistentes toques afuera. Se suponía que el encargado no pasaría hasta las ocho, así que no podía adivinar quien podía estar allí tan temprano. Retiró el seguro y abrió la puerta, quedándose petrificado al sentir a alguien aferrándose a su cuello mientras fundía sus labios con los de él embriagándolo con aquella agradable sensación que solo una persona en el mundo podía dispensarle. Acarició su rostro al sentir como ella separaba sus labios de los de él y recuperándose de la sorpresa apoyó su frente contra la de ella sintiendo un profundo alivio al tenerla tan cerca. Dado que Fujitaka le había llamado la noche anterior para avisarle que iba a ir a la clínica antes de ir por él, había decidido salir más temprano al apartamento dónde se hospedaba para así tener todo organizado cuando fuera a recogerlo. Aquello había significado salir antes de que Sakura despertara así que desde que la había dejado en la habitación de la Señora Sonomi no había podido verla.

-¿Por qué viniste aquí tan temprano? Pensé que vendrías junto a tu padre.

-Es que si lo esperaba jamás íbamos a poder… - La castaña detuvo sus palabras antes de terminar la oración incapaz de saber como formular aquello. No quería parecer una depravada pero tampoco quería que él dudara de su deseo. En serio quería llevar a cabo aquella unión entre ellos pero no podía dejar de sentir que él se espantaría al escuchar su solicitud. Y eso hacía que toda la valentía que había acumulado y que la había llevado a ir sola hasta aquel lugar se fueran por el retrete. Tal vez si era un error aquello, tal vez no debió ir allí en un principio. Es decir… Shaoran jamás le había dicho que quería llegar tan lejos, de hecho si su padre llegaba de repente ambos estarían en problemas, ni hablar de si su hermano se antojaba de ser un buen cuñado y ayudar a Shaoran con el equipaje. Si. Era una mala idea. Claro que era una mala idea.

-¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que no has podido hacer?- Indagó él más que confundido provocando que ella se tiñera de rosa de pies a cabeza. Con la cara tan relajada que tenía el castaño estaba segura de que ni siquiera tenía la más mínima idea de que era a lo que se refería. Claro quien pensaría que alguien como ella iría a la casa de su novio a algo como eso. Si hasta la chica de la farmacia la miró como si le hubiera crecido otra cabeza cuando pasó a comprar eso…

¡Oh no! ¿Que demonios estaba haciendo?

-Ol… olvídalo, es una tontería. Mejor regresaré. -Comenzó a balbucear nerviosamente mientras se daba la vuelta y salía corriendo de allí antes de que la pena la matara, sintiendo como él extendía el brazo e intentaba detenerla, consiguiendo apenas alcanzar su bolso del que sin querer dejó caer un diminuto papel.

Shaoran se puso de cuclillas aún sin entender nada y levantando la delgada hoja del piso, se dio cuenta de que se trataba de una factura.

-1 Caja de Preser… -Su cara se puso tan roja que debía estar saliendo humo de sus orejas mientras su voz desaparecía de su garganta. ¿Acaso su inocente y dulce prometida quería…?


El moreno dejó salir un nuevo suspiro de su garganta mientras avistaba a lo lejos aquel pequeño paraje al que se dirigía en su afán de aclarar su mente, y así conseguir la iluminación que no había alcanzado a pesar de haberse pasado todo un día prácticamente a solas.

Su padre le había dejado una nota sobre la mesa en la que le avisaba que había salido temprano a resolver algunas cosas antes de llevar a Shaoran al aeropuerto y cuando lo había llamado antes de salir del trabajo se había enterado de que tanto él como Sakura aún se hallaban en la clínica junto a Masaki, por lo que su casa estaba totalmente sola. En un inicio había pensado acompañarlos allí pero a decir verdad no se sentía de humor para ver a la amatista y al doctorcito ese con su derroche de nostalgia y fraternidad. No importaba que en realidad no tuviera ningún derecho a sentirse de esa manera, su subconsciente no era capaz de evitar que su sangre borboteara con solo imaginárselos juntos, y es que por muy hermanitos que fueran en el pasado, la manera en como ese sujeto la miraba no le parecía para nada la de alguien que tuviera sentimientos fraternales hacía otra persona. De cualquier modo sabía mejor que nadie que los lazos familiares no era necesariamente un impedimento cuando se trataba del desarrollo de sentimientos románticos, después de todo él y Tomoyo si compartían lazos sanguíneos reales y sin embargo allí estaba él siendo incapaz de controlar sus celos hacía alguien que acababa de conocer.

Detuvo su moto mientras agitaba la cabeza intentando dejar de pensar en ello y sintiendo que estaba a punto de asfixiarse retiró el casco de la cabeza dispuesto a seguir el resto del camino a pie. No tenía idea de como lidiaría con la cercanía de Tomoyo al día siguiente, o de cómo conseguiría sacársela de la cabeza en tan poco tiempo pero debía idear algo pronto o terminaría enloqueciendo. Por ello necesitaba tanto tener aquel momento a solas en aquel lugar en donde siempre conseguía sentirse más tranquilo.

Hacía tanto que no recorría esa parte del camino a pie que en serio había olvidado lo hermoso de aquel paisaje. Cuando pasaba por allí durante sus últimos años de preparatoria los estudiantes abarrotaban aquellas calzadas mientras iban y venían a sus respectivos centros de estudios, de hecho, aun después de ir a la universidad recordaba que de vez en cuando recorría aquel camino solo para vigilar a su hermana y al molesto de su noviecito. En verano las hojas de los árboles a su alrededor eran totalmente verdes pero en primavera, especialmente a inicios de abril, hermosas flores de cerezo llenaban todo el paisaje, dándole la apariencia de un paraíso pintado de rosa que no hacía más que recordarle a su madre y a su hermana, las dos mujeres por las que había decidido vivir y luchar, aquellas cuya sonrisa lo valían todo para él, aquellas por las que se había atrevido a morir de ser necesario. Su madre había dejado la vida hacía más de quince años pero aún así trataba de vivir cada día como si fuera a su lado, algo que a su edad aún creía que ella hacía. Tal vez no la podía ver, pero algo dentro de él en serio la sentía.

Cerró los ojos al pensar en aquello mientras detenía sus pasos y sintió una suave brisa soplando en la dirección en la que iba caminando, y como si intentara dejarse guiar por ella comenzó a caminar a ciegas lentamente aprovechando que a aquellas horas el lugar era prácticamente desierto. Podía sentir las hojas que se desprendían de los árboles cercanos y que rosaban su piel junto a aquella brisa que más bien parecía acariciar su rostro.

"Por aquí Touya", "Date prisa pequeño".

Podía oír su dulce voz en su cabeza, como si su madre fuera delante de él indicándole el camino. No importaba cuantas veces cruzara por allí jamás dejaría de escuchar aquella agradable voz en su cabeza. Aquellos paseos y agradables charlas que había tenido con ella en aquel entonces estaban grabadas a fuego en su memoria y de vez en cuando volvían a su cabeza llenándolo de nostalgia.

"Sabes... Un día encontrarás a alguien que querrás aún más que a mi y a tu hermanita juntas. Alguien que te hará sentir seguro y vulnerable a la vez. Hombre y niño al mismo tiempo. Su sonrisa será lo más valioso para ti y con tal de conservarla harás todo lo que sea necesario. Y más que todo conseguirá que todo el dolor de tu corazón desaparezca. Cuando sientas eso, asegúrate de quedarte al lado de esa persona. Si lo haces serás muy feliz."- Recordaba que le había dicho la última vez que fueron juntos a aquel lugar. Él la había mirado más que confundido sin entender por qué le decía aquello en esos momentos mientras ambos observaban a Sakura que estaba empecinada en alcanzar una pequeña mariposa que revoloteaba en los arbustos cercanos.

"Madre apenas tengo nueve. No me interesan las niñas". – Había protestado mientras entornaba los ojos pensando en que no comprendía aún porque podrían alguna vez gustarles. Eran ñoñas, débiles y habladoras, así que aparte de su madre y su hermanita no sentía simpatía por ninguna otra chica.

"Lo harán algún día, pequeño. Así que quiero que lo sepas mucho antes de que ocurra. Así podrás tener los ojos bien abiertos y los oídos totalmente atentos. Y entonces… la reconocerás. Nadie tendrá que decírtelo, solo lo sabrás."

"¿Lo sabré? Eso no tiene sentido. ¿Como puedo saber algo que jamás he experimentado?". – A cada segundo las palabras de su madre le parecía más ilógicas y ella solo sonreía ante su ingenuidad mientras acariciaba su pelo.

"No tiene que tener sentido. Cuando lo sientas, lo entenderás…".

Abrió los ojos al sentir como el camino empedrado era sustituido por la hierba junto al estanque y no pudo evitar quedarse helado ante lo que sus ojos veían.

El ambiente en ese paraje seguía siendo tan tenue y fresco como lo recordaba, la hierba lucía tan verde y abundante como siempre y las aguas tranquilas del estanque se veían tan cristalinas y puras como desde que tenía memoria. Todo seguía siendo exactamente igual que siempre, que hace dos días cuando estuvo en aquel mismo lugar. Excepto…

Excepto por ella.

Su corazón latía con tanta fuerza que casi explotaba sus oídos, la respiración le faltaba y sus manos sudaban de manera anormal mientras su garganta se cerraba incapaz de decir algo. Se sentía tan nervioso que no sabía si salir corriendo o quedarse allí estático sin hacer nada y aun así, a pesar de todos esos síntomas inusuales y la falta de control en su cuerpo, se sentía feliz, tan feliz que creía que su pecho explotarían en cualquier instante. ¿Acaso aquello era de lo que su madre hablaba? ¿Acaso aquello era lo que debía sentir?

Impulsado por una fuerza más allá de su subconsciente comenzó a caminar en su dirección mientras no dejaba de mirarla. Y entonces la vio ponerse de pie tan pronto sintió sus pasos acercándose y una tenue e involuntaria sonrisa llena de alivio dibujándose en sus delgados labios. No sabía si sonreír en cambio por el sosiego que implicaba para él el que no tuviese que pasarse todo un día sin verla, sin escuchar su voz o sentirse frustrado por que aquello solo dejaba en evidencia lo dependiente que se había hecho a su compañía. ¿En qué era lo que estaba pensando al no haberse marchado tan pronto la reconoció? ¿Cómo rayos podría asumir su promesa y echar a un lado sus sentimientos si apenas era capaz de contener aquellas ganas locas que tenía de abrazarla y no dejarla ir nunca más de su lado?

Pensó en preguntarle que hacía allí o excusarse diciendo que tenía algo que hacer para poder marcharse, pero entonces la vio intentar moverse hacía él deteniéndose de repente mientras llevaba sus manos a su frente y comenzaba a caer inconsciente a uno de sus costados. Avanzó hacía ella extendiendo sus brazos de inmediato al verla desfallecer consiguiendo detener a tiempo su inminente desplome, no tardando en darse cuenta de la razón de su falta de energía.

- ¡Por Dios! ¡Estás hirviendo Tomoyo!- Señaló angustiado mientras la rodeaba con sus brazos y la acomodaba en su pecho mientras ella volvía en sí con cierta dificultad e intentaba sostenerse sobre sus piernas para disimular lo mal que se sentía. Su cabeza aún daba vuelta y sus piernas temblaban, pero aun así sentía tanto alivio de estar cerca de él, pensaba que ya no vendría, que ya no podría verlo. Volvió a sentirse mareada y perder el equilibrio al intentar incorporarse haciendo que él volviera a sostenerla y ahora la tomara en brazos, acomodándola en la hierba al ver que en realidad no era capaz de mantenerse en pie. Su respiración era agitada y su frente se veía perlada por pequeñas gotas de sudor evidencia de que la fiebre estaba cediendo, pero por los síntomas parecía aún ser bastante alta. ¿Qué hacía ella al aire libre en esas condiciones?

Abrió la boca para reclamarle su falta de juicio pero fue interrumpido por ella que al instante lo rodeó con sus brazos y comenzó a sollozar en su cuello de manera lastimera, llenándolo de confusión. ¿Qué era lo que le ocurría? ¿Acaso le había pasado algo malo a Amamiya?

-Hoy, mientras estaba en la clínica su padre me contó todo, me habló acerca de la promesa que le hizo a la señorita Nakuru. Por eso decidí esperarlo aquí. Yo necesitaba hablar con usted… – Explicó ella entre sollozos mientras se mantenía con la barbilla apoyada en su cuello y afianzaba aun más su agarre alrededor de él al sentir como se tensaba por la sorpresa. ¿En que estaba pensando su padre? ¿Por qué le había hablado de ello?

-Cada vez que pienso en que usted ha estado lidiando con todo eso solo… yo… no puedo evitar pensar en lo duro que debe haber sido para usted. Ver como Yukito se enamoraba de alguien más frente a sus ojos, como poco a poco iba perdiendo su cariño y no podía hacer nada para evitarlo, como terminó prefiriendo a esa persona y hasta llegó a formar una familia con ella y ahora cargar con el peso de verlo teniendo una pérdida tan enorme, verse ante la posibilidad de que se repita la misma historia que con su madre… debe ser tan difícil, debe sentirse tan impotente. Es alguien muy fuerte Touya.

Ella no dejaba de sollozar con cada oración y él no podía evitar sentir que una parte de su fuerza se esfumaba. No sabía si era por lo mucho que le dolía escucharla llorar de esa forma o por la manera en como esas antiguas heridas en su corazón volvían a punzar su pecho. Pero por primera vez en mucho tiempo se sentía realmente vulnerable, atemorizado. ¿En que había estado pensando? ¿Cómo pudo haberse involucrado en algo tan enorme?

-En realidad no lo soy… yo… no soy fuerte... – Tomoyo se alejó un poco de él para mirar su rostro mientras notaba como él bajaba la mirada intentando evitar que lo hiciera mientras apoyaba sus puños de la hierba y permanecía de rodillas. - Yo se lo que es perder una madre, he visto lo difícil que ha sido salir adelante para mi padre sin una compañera que lo ayude y en serio no quiero que él pase por lo mismo. Yuki fue una parte importante de mi vida, estuvimos juntos por muchísimo tiempo y salvo el hecho de enamorarse de otra persona, él jamás me hizo nada malo y aún eso no fue su culpa. Así que ¿cómo puedo simplemente ignorarlo en un momento tan difícil? ¿Cómo puedo pretender que no es mi asunto y dejarlo solo? Si Nakuru se muere no se si el será capaz de resistirlo y yo no sé si tenga las fuerzas para ayudarlo a salir adelante. Fui tan estúpido al prometerle eso a Nakuru, pensaba que era tan fuerte como para poder con ello, para afrontar esa situación, pero en realidad no puedo. Yo… no puedo hacerlo.

La amatista lo escuchó en silencio mientras decía todo aquello y una vez lo escuchó parar volvió a acercarse a él y poniéndose de rodillas y abrazó su cabeza colocándola entre su pecho y su hombro mientras la acariciaba con lentitud percibiendo su intenso estado de angustia. Él no era una persona de muchas palabras, no era alguien de estar hablando de sus sentimientos con tanta sinceridad, si le revelaba aquello era porque en serio aquello en lo estaba ahogando, por que no sabía que hacer. Por que no era capaz de ver alguna luz entre tanta oscuridad.

-Nakuru no va a morir, estoy segura de eso. Pero aún si lo hace, se que tiene el suficiente amor para cumplir su promesa si es necesario. Pase lo que pase, todo va a estar bien Touya. Pero, el que se sienta así no quiere decir que no sea fuerte. Usted también tiene derecho a sentir debilidad de vez en cuando, el mundo no se va a acabar porque deje de ser fuerte por una vez, nadie lo juzgará por eso. No tiene que contenerse siempre, nadie le ha pedido que lo haga. - Le Garantizó y a los pocos segundos sintió como diminutas gotas caían sobre sus piernas mientras la respiración de él comenzaba a entrecortarse. Acarició con aún más devoción su pelo y bajando un poco su mano la colocó en su espalda intentando transmitirle un poco más de seguridad. Lo sintió llevar sus manos a su espalda en cambio y aferrarse a ella mientras su cuerpo empezaba a sacudirse levemente y su llanto aunque silencioso se hacía más abundante, humedeciendo la falda de su vestido, haciéndola sentir profundamente conmovida. ¿Durante cuantos meses había estado conteniendo toda esa frustración, todo ese desconcierto? Estaba segura de que ni siquiera ella que estaba acostumbrada a fingir frente a los demás sería capaz de aguantar por tanto tiempo algo como eso. Solo pensarlo le hacía un agujero en el pecho y no podía evitar sentir el impulso de unirse a su llanto en una clara demostración de su podría debilidad y es que ella tampoco era capaz de fingir que no le dolía ver como él se estaba desmoronando por dentro. Claro que era una persona fuerte, más fuerte de lo que ella jamás podría llegar a ser.

Intentó alejarse un poco de él para intentar mirar su rostro ahora que de repente no lo escuchaba sollozar, pero sintió como él la abrazaba aún más e impedía que se separaran.

-Quédate así otro poco más. – Lo escuchó solicitar y obedeciendo de inmediato volvió a acariciar su cabeza a la vez que depositaba un beso en su coronilla haciéndolo evocar su lejana niñez, cuando sus problemas no eran tan complicados y las cosas parecían mucho más sencillas de resolver, cuando aún su madre estaba a su lado y podía permitirse ser débil junto a ella. Cuando un abrazo y un beso era lo único que necesitaba para que las nubes grises de su mente desaparecieran.


Touya levantó la mirada mientras veía a Tomoyo tumbada junto al tronco de aquel árbol con la cabeza inclinada hacía su derecha mientras dormía profundamente. Hacía un buen rato que él había dejado de llorar y una vez lo hizo e intentó alejarse ella lo había animado a recostarse sobre su regazo como una forma de que se sintiera más cómodo. Ella había seguido acariciando su pelo en el proceso percibiendo que aquello lo relajaba, pero de repente su mano había dejado de moverse y al abrir los ojos y mirarla, ella ya estaba rendida en aquella posición.

Estiró la mano y tocó su frente para asegurarse de que ya no tuviera fiebre, suspirando aliviado al sentir su piel ligeramente fría debido a estar al aire libre tanto tiempo. En todo ese proceso había olvidado por completo la condición en la que ella estaba, así que no se hubiera perdonado el que por su culpa hubiera empeorado. Había estado durante unos ocho años con Yukito y no recordaba ni una vez en que hubiera dejado caer una sola lágrima en su presencia y sin embargo había estado llorando como no lo hacía desde hace años, en brazos de Tomoyo. Era obvio que esa niña era más especial para él de lo que había pensado, tanto como para que se sintiera tan cómodo con ella que no sólo le contara cosas que no le había dicho a nadie más, sino que desahogara su frustración con tanta efusividad.

La observó unos segundos más mientras respiraba y se dio cuenta de que unos intentos de ronquidos empezaban a hacerse audibles en ella sacándole una sonrisa al pensar en lo cómico que era que aquellos ruidos salieran de una chica tan delicada y femenina. La primera vez que la vio dormir estaba seguro de que jamás la escuchó roncar así que era obvio que no lo hacía a menudo. Aunque eso no impediría que se burlara de ello.

-Tomoyo…- Murmuró varias veces mientras picaba su mejilla con el objetivo de despertarla, pero ella no se movía ni un ápice, parecía estar tan cansada que ni siquiera un terremoto conseguiría despertarla. -Si estabas tan agotada no tenías porque venir a mi encuentro, de todas formas nos íbamos a ver mañana en la oficina tonta.- Señaló mientras colocaba un mechón rebelde detrás de su oreja, aunque siendo sincero con el mismo agradecía que lo hubiera hecho. Aun tenía el mismo problema pero de alguna forma se sentía mucho más ligero, más libre, como si hubiera compartido parte de la carga con ella y el resto se hubieran hecho parte del paisaje cuando sus lágrimas se fundieron con césped. Sin lugar a dudas el que su padre hubiera hablado con ella y ella hubiera ido a su encuentro era lo mejor que hubiera podido pasarle.

-He cometido muchos errores a lo largo de mi vida pequeña, pero… no me arrepiento de nada de lo que ha pasado en estos días. Solo hubiera cambiado el momento, desearía que hubiera sido mucho antes, tal vez antes de complicarme tanto la vida -Reconoció mientras posaba su mano en su rostro y le hacía suaves caricias con los dedos. -Sabes… tenía años que no me sentía así como me siento contigo, yo… en serio no sabía que podía sentirme así otra vez. Se que sonará extraño por que te he visto crecer pero de alguna extraña manera siento como si apenas acabara de conocerte, como si fueras alguien distinta a la Tomoyo que iba a todos lados con Sakura, y eso, creo que eso es lo que hace que me gustes tanto.

-Pero no se ni para que te lo digo si no estás escuchando. Creo que ya terminé de volverme loco.- Replicó mientras retiraba la mano de su rostro y posaba su muñeca sobre su frente intentando de alguna manera no sentirse tan extraño. No sólo se hallaba allí en su regazo contemplándola dormida sino que estaba declarándole sus sentimientos como si ella fuera a recordarlo. Definitivamente ella había conseguido destruir sus últimas neuronas.

Volvió a retirar su mano de su rostro para mirarla una vez más. Se veía tan adorable, tan tranquila, tan hermosa. Su piel nívea desprendía pequeños destellos alumbrados por la luna llena, pues llevaban tanto tiempo allí que había terminado anocheciendo, su pelo caía sobre su silueta entrelazándose al final con los retoños de hierva que crecían en el suelo, sus mejillas yacían teñidas de un rubor natural por el frío que hacía en aquel lugar a aquellas horas y sus labios… sus labios rosáceos y delgados tan extrañamente atractivos, tan tentadores ahora que ya sabía exactamente que se sentían tan maravillosos como se veían, que lo invitaban… invitaban a probar su sabor una vez más ahora que sabía que había una gran posibilidad de que no tuviera otra oportunidad de hacerlo.

Apretó los puños, se incorporó y sin pensarlo demasiado hizo contacto con su boca mientras sentía la brisa fría golpeando su cara, agitando su flequillo mientras su paladar lo embriagaba con su dulzura.

Su idea era que solo fuera un roce, pero al contemplar la posibilidad de separarse no pudo contenerse y colocando sus manos en ambos lados de su rostro la besó con aún más ansiedad, más deseo perdiendo la cordura por aquellos momentos, sin pensar… sin pensar en que pasaría si ella despertaba. Sintió como ella movía los labios levemente correspondiendo su beso y se dejó llevar por aquel ritmo a pesar de que en el fondo sentía miedo de ver en sus ojos algún tipo de reclamo por su manera de actuar, que tal vez pensara que la estaba usando como una forma de liberar su frustración por que al fin y al cabo sus acciones y palabras estaban totalmente contrarias una de otras. ¿Para que la besaba si estaba tan resuelto a cumplir su promesa? ¿Si sabía que aquello no podía ser por mil y una razones?

"Por que me gusta. En serio me gusta mucho". – Se respondió a sí mismo a la vez que se alejaba con lentitud de ella esperando encontrarla mirándolo con sus grandes amatistas y aquella expresión de sorpresa de aquella primera vez.

Abrió los ojos tan pronto soltó el borde de sus labios y entonces notó que aún estaba dormida, tan dormida como al principio. ¿El que correspondiera su beso solo fue un reflejo involuntario de su cuerpo o tal vez estaba soñando con alguien más?

Aquella idea martilló su corazón trayéndole un profundo desconsuelo.

¿Y si soñaba con aquel sujeto? ¿Con aquel con que se pasó toda la noche en el hospital? ¿Y si él la había besado aquel día? ¿Y si ella se había sentido tan feliz por ello que se hallaba soñando con aquel momento? Bajó la mirada mientras retiraba sus manos de su rostro comprendiendo su gran insensatez, lo mucho que se estaba dejando llevar por sus sentimientos. Habían estado cerca por años, años en los que no hizo más que demostrarle indiferencia. ¿Qué le hacia pensar que ella podía tener sentimientos hacía él, que podía enamorarse de alguien a quien hasta hace unas semanas apenas había tratado? Eso era imposible, era claramente improbable.

-Me gustas… me gustas mucho Touya. – La escuchó musitar entre sueños mientras se dibujaba una dulce sonrisa en sus labios e incapaz de lidiar con aquella mezcla de emociones que sintió al escucharla decirle aquello la estrechó entre sus brazos mientras ahogaba un sollozo en su garganta. Era demasiado maravillosa, demasiado perfecta.

-Voy a resolver todo esto de alguna manera pequeña. Y entonces… quiero escuchar eso de nuevo.- Solicitó mientras colocaba su frente contra la de ella y pensaba en que si la dejaba ir así por así, se arrepentiría, se arrepentiría el resto de su vida. Tenía que buscar una solución a todo aquello, debía al menos intentarlo.


Y ahí está.

¿Cuántos esperaban que a la hora de la verdad Sakura iba a retractarte? Pues yo me divertí de lo lindo escribiendo esa escena. Creo que me acordó un poco a mi hace unos años que era mucha espuma y poco chocolate. XD.

Nuestro suegrito favorito puso las cosas en mejor camino al hablar con Tomoyo, aunque, por si se lo están preguntando no le dijo acerca de lo Touya en realidad sentía por ella. Esa es una parte que le corresponde a su hijo decir y respeta profundamente eso.

Nakuru y Yukito están en una situación delicada, pero ¿por que rayos Yukito y Touya tuvieron los mismos síntomas al mismo tiempo? ¿Qué está pasando? ¿Qué relación tiene esto con su falla en la memoria? No es porque soy la escritora pero aquí me huele a gato encerrado. XD.

Kurogane es otro que ya está despertando y lo de la clínica no parece ir a ser un evento aislado. ¿Acaso traerá problemas a Touya sobretodo ahora que piensa hacer algo para poder estar con Tomoyo?

Los próximos capítulos prometen ser intensos, de hecho viene una escena especialmente intensa que escribí desde que publique la historia esperando el momento adecuado para publicarla. Así que ahora es que esto se pone bueno.

En fin, dejaré de spoilearlos más y los dejaré con ansias del próximo capítulo. Les mando un enorme beso y abrazo.

Att: Brie97