DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Bienvenidas otra vez! Les traigo la traducción de un nuevo capítulo. Y QUÉ CAPÍTULO. Disfruten mucho!

Nota Autora: ¡Felices fiestas a todos! Gracias a todos que dejan review, especialmente a aquellos Invitados y aquellos con mensajes deshabilitados a quienes no puedo agradecer personalmente.

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Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 22

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Hermione nunca había tenido tanto miedo de abrir el periódico como en los días posteriores a la noche de bar con Marcus Flint. No fue hasta el Lunes que finalmente dejó de buscar fotos de Draco aprisionándola contra la pared.

Pensó en Lucius Malfoy y en la herencia de Draco, y rezó.

Harry la ayudó a presentar un informe al Departamento de Aurores sobre el incidente. O, más exactamente, Harry la obligó a presentar un informe al Departamento de Aurores sobre el incidente. Le dijo que si ella no presentaba el informe, iría él mismo tras Flint.

Hermione presentó el informe anónimamente, para consternación de Harry. Harry le dijo que los informes anónimos eran más difíciles de fundamentar y más difíciles de investigar.

—Realmente no me importa Flint, Harry, —dijo Hermione el Lunes por la mañana. Harry había ido a su departamento para llevarle la documentación—. Sólo quiero que ésta poción capte la atención de los Aurores. No quiero que le pase lo mismo a nadie más.

A mí me importa Flint. —Harry la observó y Hermione miró hacia otro lado—. Quiero ser yo quien lo atrape y lo envíe a Azkaban.

—No tengo pruebas de que haya sido él; sólo tengo la palabra de Draco. Y si lo metemos en esto y somos interrogados, y si el asunto llega a los oídos de Skeeter... —Hermione negó con la cabeza—. No puedo... ya no puedo hacer esto. Temo el día en que Lucius Malfoy se entere de lo que pasó.

—¡Esto no se trata de Lucius Malfoy! ¡Se trata de hacer justicia! —Harry extendió los brazos hacia los lados, en un gesto amplio e interrogativo.

Hermione se apartó de su amigo, frunciendo el ceño hacia la ventana. Estaba lloviendo. —Todo se trata de Lucius Malfoy, Harry.

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Para el Martes, apenas podía distinguir los chupetones en el cuello y la muñeca de Draco.

Para el Jueves, Hermione había olvidado su sabor.

Y al Lunes siguiente, el susurro "Granger" en su oído finalmente se había evaporado con el viento.

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El Martes por la noche, Hermione se encontraba en la Madriguera. Bill y Fleur estaban de visita antes de que salieran de la ciudad por todo el mes de diciembre; y Molly no estaba de humor, quejándose porque tendrían que organizarse en una sola noche en lugar de todo el fin de semana. Hermione estaba exhausta después del trabajo y deseaba poder excusarse de la velada, pero Ginny la amenazó, prácticamente a punta de varita.

—Oh, no, Granger. —Ginny arrojó un suéter sobre su cama, buscando el atuendo perfecto—. Te necesito ahí para que mi madre insista en tu relación con Ron. Así no insistirá sobre cuándo nos casaremos Harry y yo.

Ginny comenzó a cambiarse de ropa abruptamente, y Hermione miró hacia otro lado, crispándose ante la idea de Ginny y Harry casándose. ¿Qué no tenían todavía trece años, sentados en la mesa de Gryffindor, viendo a Seamus quemarse las cejas?

Hermione no había estado en la Madriguera ni cinco minutos cuando Molly comenzó a preguntarle por Ron. Aparentemente volvería a casa para la víspera de Navidad, pero tendría un juego el día de Navidad.

—¿Pero claro que Ron ya te lo había dicho, cierto? —preguntó Molly, lamiendo una cuchara en la cocina.

—Hum, no. Ambos hemos estado terriblemente ocupados.

—Bueno, por supuesto, estás invitada esa noche. ¡Así podrán verse ustedes dos!

Hermione observó cómo Molly se limpiaba las manos en el vestido y usaba su varita para sazonar el guiso.

Fue una tarde tranquila después de eso. Fleur se sentó en la sala entre ella y Ginny, cosa que Ginny encontró bastante irritante. Ginny encontró cualquier excusa para levantarse, dejando a Hermione sola con Fleur.

Charlaron un buen rato sobre libros y elfos domésticos, aparentemente los únicos temas que alguien podría discutir con ella. Observó a Fleur mientras se movía, mientras hablaba, y se preguntó si también poseía habilidades para el baile, diseño de interiores y equilibrio financiero.

—Fleur, —preguntó Hermione, después de una pausa—, ¿conoces a Madame Michelle?

El rostro luminoso de Fleur se ensombreció. —Oh sí. —Fleur levantó una ceja con disgusto—. La conozco bastante bien.

—Oh, tú... ¿Tomaste clases de modales con ella? —Hermione bebió un sorbo de su chocolate.

—La visité dos veces pog semana dugante diez años, —dijo Fleur—. Es una mujeg hogenda.

—Escuché que es la mejor maestra de modales y gracia para los de sangre pura.

¡Oh sí! —Fleur se giró hacia ella con gracia. —¡Es la mejog! ¡Pego eso no quiege decir que me ag'ade! —Fleur rió—. ¿Pog qué la pgegunta?

Afortunadamente, Molly Weasley anunció la cena en ese momento. Hermione se sentó junto a Harry y observó a Fleur en silencio al otro lado de la mesa durante la comida. Fleur sostenía su cuchara como lo hacía Narcissa. Metía el utensilio en el estofado, tomando pequeños bocados, y teniendo cuidado de no derramar. Hermione la observó y se encontró imitando su comportamiento. Cada tres cucharadas, Fleur se llevaba la servilleta a la boca. Era hipnótico. Aunque no tuviera húmedos los labios, los acariciaría para limpiarlos de todos modos. Cada vez que Fleur comentaba algo en una conversación, encontraba el momento exacto de hacerlo para que su voz se escuchara. Nunca tenía problemas para seguir la conversación con otra persona. Hermione trató de encontrar el truco para hacerlo, pero parecía ser un rasgo innato.

Hermione se preguntó cuánto de eso era por su ascendencia Veela y cuánto por dominar los modales y la gracia.

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Ese Viernes Harry tendría su turno en la Oficina de Servicios Administrativos de Wizengamot. En cuarenta y ocho horas, Hermione podría resolver el enigma que era Draco Malfoy.

Tal vez.

Estaba empezando a dudar de sí misma. Quizás irrumpir en la mente de Draco no era la mejor manera de hacerlo. Se estremeció ante la idea de que Draco descubriera lo que ella y Harry estaban a punto de hacer.

¿Se estaba convirtiendo en una Slytherin?

Hermione compartió ascensor con Draco el Miércoles. Draco le deseó un buen día. Tenía tanto cuidado con ella ahora, no la miraba, ni la tocaba.

Hermione lo observó mientras otros empleados se unían a ellos en el elevador, y Draco apretó la mandíbula, moviéndose para hacerles espacio, pero aún encontrando la forma de no tocarla.

—Sólo te queda una semana más, ¿cierto?

La mujer frente a Hermione logró girarse para mirarlo, pero Draco aún no lo hacía.

—Sí. El próximo viernes es mi último día.

El ascensor se detuvo para que varias personas bajaran.

—Qué emocionante, —dijo la mujer—. ¿Cómo va todo? ¿Con tu Firma de Consultoría?

Draco tragó saliva, mirando fijamente la parte posterior de la cabeza de un hombre calvo. —Todo bien, hasta ahora. Estamos planeando lanzar la Firma el 1º de Enero.

—Eso es maravilloso. Felicitaciones.

El elevador se detuvo en el Nivel 4. La mujer se giró sobre su hombro al salir. —Que tengas un gran día. —la mujer lo observó mientras Draco la miraba fijamente, con cautela y curiosidad. Draco asintió. Y las puertas se cerraron.

Oh sí. Claro que iba a hacerlo.

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Harry trazó un plan perfectamente detallado. Hermione estaba sorprendida.

Hermione subiría al Piso 2 después del almuerzo. Se aseguraría de ser vista por varias personas, como Katie Bell y Anthony Goldstein, para que si algo sucedía, pudiera explicar su presencia. Esperaría a Harry en la pequeña sala vacía a la izquierda de los ascensores.

Cuando Harry tomara su descanso de quince minutos a las 2:15 p.m., él vendría a encontrarse con ella. Hermione se pondría la capa de invisibilidad y volverían juntos a su puesto. A las 3 p.m., Rudolf Montgomery, el compañero asignado de Harry ese día, tomaría su descanso vespertino para fumar.

El plan salió a la perfección. Sin embargo, Hermione tuvo un leve ataque cardíaco al salir de la pequeña sala frente a los ascensores y recorrer oculta el camino hacia la Oficina de Administración. Harry se topó con Draco en su camino de regreso, y Hermione tuvo que aplastarse contra la pared.

Ambos intercambiaron bromas, y Draco preguntó por un archivo en el que Harry estaba trabajando. A Hermione le parecía bastante extraña la forma en que ambos se comunicaban ahora. Cuando Draco se alejó, Harry se giró hacia donde supuso que ella estaría.

—¿Todo bien?

—Sí, susurró Hermione.

Harry la condujo a una gran puerta al final del pasillo principal de cubículos. Sostuvo la puerta de par en par para que ella pudiera escabullirse primero. Harry se aseguró de que la puerta se cerrara detrás de él y la condujo por un pasillo al que no habían dado mucho mantenimiento. Pasaron por algunas oficinas vacías, las velas se espaciaban cada vez más; había menos luz.

—Justo como en los viejos tiempos, ¿verdad, Mione?

Dieron vuelta en una esquina y al final del pasillo junto a una linterna se encontraba Montgomery. Detrás de Montgomery había una puerta negra etiquetada: Sala de Archivo. Oficina de Servicios Administrativos del Wizengamot.

Montgomery era un chico con acné de veinticinco años. Harry lo saludó y Montgomery le preguntó cómo le había ido en su descanso. Comenzaron a charlar sobre Quidditch, y Hermione se apoyó contra la pared, tratando de no golpearse los dedos de los pies.

Montgomery finalmente se tomó un descanso a las 3:04 p.m. Según Harry, su descanso para fumar duraba entre quince y veinte minutos; pero estaba intentando dejarlo. No se sabía cuánto tiempo duraría su descanso si decidía no fumar. Y estaba lloviendo afuera.

Harry esperó que los zapatos de Montgomery dejaran de hacer eco en el pasillo de piedra. Hermione estaba segura de haber escuchado la puerta de madera abrirse y cerrarse, pero Harry esperó diez segundos más.

Harry se giró hacia la puerta negra y comenzó a recitar varios hechizos de desbloqueo. Después de decir la contraseña, la puerta se abrió.

El corazón de Hermione se aceleró. Harry la condujo al interior, dejando la puerta abierta.

Era una pequeña habitación oscura, decorada igual que el Departamento de Misterios. Azulejos negros y poca iluminación. Harry le señaló un armario en la esquina de la habitación, y agitó su varita. Un Pensadero apareció en el estante inferior.

Hermione se quitó la capa de invisibilidad.

—Tienes diez minutos. Quince como máximo, —le advirtió Harry, antes de cerrar la puerta.

Hermione volteó hacia el gabinete que contenía los recuerdos que actualmente estaban bajo revisión. Abrió la puerta y descubrió que el gabinete estaba encantado, expandido para almacenar miles de viales. ¡Perdería sus diez minutos sólo buscando!

—Draco Malfoy. —Hermione esperó. Y muy lentamente, unos diez viales salieron de las profundidades del gabinete y se proyectaron hacia el frente.

Hermione recorrió las etiquetas con los dedos.

Antonin Dolohov

6 de julio de 1997

Mansión Malfoy

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Severus Snape y Lord Voldemort

Re: Alecto Carrow y Amycus Carrow

12 de agosto de 1997

Mansión Malfoy

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Bellatrix Lestrange

23 de diciembre de 1997

Mansión Malfoy

Sus dedos estaban ansiosos por verter cada recuerdo en el cuenco y profundizar en la mente de Draco Malfoy, pero sabía que estaba allí con un propósito. Sus dedos trastabillaron sobre uno de los viales centrales.

Yaxley, Dolohov, Greyback

24 de diciembre de 1997

Residencia Granger

Hermione se giró hacia el Pensadero, asegurándose de que no tenía otros recuerdos dentro. Abrió el frasco, vertió el recuerdo y bajó la cabeza a la superficie sin pensarlo dos veces.

Aterrizó frente a su casa, al atardecer. Podía escuchar a su derecha los aspersores de los Walters. A su izquierda, había cuatro Mortífagos enmascarados, todos mirando la fachada de la casa.

Hermione bajó la mirada. Junto a ella, una mano pálida sostenía una varita de espino.

A pesar de que sabía que los cuatro hombres no encontrarían a sus padres, a pesar de que sabía cómo terminaría esa historia, a pesar de que sabía que ellos no podían lastimarla, Hermione sintió el terror fluir a por sus venas.

En un gesto silencioso que Hermione no entendió, los cuatro hombres comenzaron a andar. Draco avanzó al último, tal vez debido a su estatus o a su edad. Hermione supuso que Fenrir Greyback era el tercero en la fila, debido al gruñido que pudo escuchar. Distinguió a Dolohov y Yaxley por su altura. Yaxley era el primero, seguido por Dolohov.

Yaxley abrió la puerta con su varita. Hermione pensó que harían algo más estrepitoso para entrar, pero fue un simple Alohomora; nada de volar la puerta de sus bisagras. La puerta se abrió y Yaxley atravesó el umbral lentamente.

Hermione no entendía. Estaban ahí para matar a dos muggles. Había cuatro Mortífagos, y todos estaban listos para pelear. La etiqueta en el recuerdo decía 24 de diciembre. ¿Esperaban encontrarla allí, de visita por Navidad? Harry y ella habían estado ese día en el Valle de Godric…

Hermione cruzó el umbral tras Draco, escuchando su respiración. El lugar estaba tal y como lo había encontrado cuando regresó -vacío.

—¡Mierda! —Dolohov rompió el silencio y se quitó la máscara. Y después entraron en acción. Yaxley tomó el camino hacia la cocina, y Dolohov lo siguió a regañadientes. Greyback olfateaba el aire en la entrada, pero Draco se giró hacia la izquierda, hacia la sala de estar y corrió rumbo a las escaleras.

Hermione quería esperar, quería saber qué había sucedido en la pared sobre la chimenea, pero sabía que tenía que seguir a Draco. Seguir la sangre.

Draco se quitó la máscara mientras corría por las escaleras, -de dos en dos, como solía hacer Ron. Sus cortas piernas la hicieron subir hasta la mitad cuando Draco ya había llegado al segundo piso. Hermione podía escuchar a Greyback detrás de ella, siguiendo a Draco.

Draco se movió hacia la izquierda, inhalando profundamente; después dio un giro abrupto al tiempo que Hermione llegaba al segundo piso y casi se tropieza para quitarse del camino de Draco cuando él se giró hacia la derecha. Muy bien; hacia la habitación de su infancia.

Hermione siguió a Draco y miró por encima de su hombro cuando Greyback llegó a la cima de las escaleras y giró a la izquierda, hacia la habitación de sus padres y el baño.

Hermione respiraba con dificultad, temerosa de lo que descubriría, a pesar de saber que ellos no encontrarían nada.

Draco se precipitó por la puerta. Y Hermione lo siguió dentro. Él entró, sus pasos resonando en la habitación vacía. Podía escuchar a Greyback a través del pasillo entrando en la habitación de sus padres, y a Dolohov y Yaxley abriendo alacenas y armarios abajo.

Draco se giró y, sin darse cuenta, la encaró. Tenía los ojos muy abiertos mientras observaba los libreros empotrados al armario -la razón por la que ésta había sido su habitación. Su pecho jadeaba en busca de aire.

Y de pronto sus ojos se cerraron, sus cejas se juntaron, y se inclinó hacia delante, apoyando sus manos sobre las rodillas, para recuperar el aliento.

Hermione lo miró. Draco apenas era capaz de ponerse de pie en su antigua habitación vacía, y se tomaba un tiempo para recuperarse, sin ser conciente de que estaba siendo observado.

Draco se irguió, llevándose las palmas de sus manos a los ojos, presionándolos mientras respiraba. Hermione nunca lo había visto así; y se preguntó si así era como Harry lo había encontrado en el baño de Myrtle la Llorona.

Draco alejó las manos de su cara, con los ojos aún cerrados. Inhaló lentamente. Exhaló, abriendo los ojos y se había transformado. Hermione descubrió el mismo rostro con el que la había mirado sobre el mostrador de Cornerstone, preguntándole por qué trabajaba ahí y no en Flourish y Blotts. El rostro con el que le dio una cerveza de mantequilla, se sentó a su lado y casi le explicó por qué la llamaban la Chica Dorada. El rostro con el que le preguntó sobre su cita con Rolf Scamander, el que vio a Aiden escoltarla fuera de los ascensores en su primer día, el que la examinó mientras gritaba en un ascensor lleno de gente que no estaba comprometida con Ron Weasley. El rostro que Hermione no podía descifrar.

—Todo despejado aquí. —Su voz sonó tranquila mientras habló con los de abajo. Draco se giró para salir de la habitación y Fenrir Greyback estaba en la puerta. Hermione jadeó ante la intrusión.

—Ésta era de ella, ¿verdad? —La sonrisa en el rostro de Greyback le heló la sangre.

—Tal vez. —Respondió Draco, tratando de pasar empujando a Greyback.

—Qué lástima que su aroma ya no esté aquí. —Grayback olfateó el aire—. Estoy seguro que ella es dulce. Y jugosa.

Hermione sintió lágrimas de horror en sus ojos, y tuvo que recordarse a sí misma que Greyback estaba muerto. Observó el ojo izquierdo de Draco crisparse, y luego continuó avanzando para pasar a Greyback y bajar las escaleras.

Mientras Greyback lo seguía, Hermione se apresuró a rodearlo y alcanzar a Draco. Yaxley y Dolohov estaban en la sala.

—Nada aquí abajo.

—No hay ningún olor de ellos. Deben haber pasado varios meses desde que se fueron. —Dijo la voz de Greyback desde atrás.

—Malfoy, —dijo Yaxley, y Draco lo miró—. Dame tu brazo.

Draco parecía confundido, pero avanzó un paso y se subió la manga del brazo izquierdo. La Marca Tenebrosa. Hermione nunca la había visto en el brazo de Draco. Yaxley se rió.

—Ese no. —Yaxley tomó el antebrazo derecho de Draco y lo cortó. Draco gruñó de dolor.

—¿Qué carajos? —Draco jaló de su brazo—. ¿Te atreves a derramar sangre Malfoy? —Ahí estaba el Draco que reconocía de la escuela.

Yaxley se burló de él. —Escuché que ya no significa tanto como antes. —Yaxley apuntó con su varita al brazo de Draco, luego volteó hacia la pared sobre la chimenea. Hermione observó cómo aparecían las palabras. Cuando Yaxley terminó, Dolohov se echó a reír.

—Vámonos, —ordenó Yaxley. Fenrir lo siguió afuera.

Dolohov se detuvo al lado de Draco mientras usaba su varita para curar el corte de Yaxley.

—Eso es lo que obtienes por ofrecerte como voluntario, mocoso. —Dolohov escupió en la alfombra a los pies de Draco. Draco se mantuvo quieto y lo miró fijamente. Dolohov salió, y Hermione vio a Draco echar un último vistazo a la pared, goteando su sangre. Draco se giró y Hermione lo siguió.

Los otros tres ya habían Desparecido. El señor Walters estaba moviendo su aspersor. Le dirigió a Draco una mirada extraña antes de entrar a su casa. Draco miró hacia ambos lados de la calle, luego volteó hacia su casa, convocando un hechizo Repelente de Muggles.

Draco Desapareció, y Hermione se proyectó fuera del recuerdo, de vuelta al pequeño almacén.

Consultó su reloj, temblando. Sólo había estado dentro del recuerdo durante ocho minutos. Hermione suspiró, aliviada de no haber consumido demasiado tiempo.

Recuperó rápidamente el recuerdo de Draco, lo vertió de vuelta en el vial y lo tapó de nuevo. Con dedos temblorosos, lo volvió a colocar en el gabinete, y antes de que pudiera cerrar la puerta, sus ojos se encontraron con otro vial.

Mansión Malfoy

30 de marzo de 1998

Sus manos se detuvieron. La noche en que fueron capturados. La noche en que Bellatrix la torturó. La noche en que Draco se negó a identificarlos.

Hermione miró hacia la puerta. Tenía siete minutos. Tal vez.

Tomó el frasco, depositó el recuerdo en el cuenco y estuvo dentro de la Mansión Malfoy en un instante.

Draco estaba sentado en un sillón en la sala de estar, leyendo un libro. Se veía más delgado, demacrado bajo los ojos. Lucius se sentaba frente a él en otro sillón.

Se escuchó una pelea en el pasillo. El pasillo que Hermione acababa de recorrer unas semanas atrás. Narcissa entró, guiando a Greyback y Scabior, una partida de prisioneros moviéndose lentamente tras ellos.

Sí. Éste era el momento.

—¿Qué significa esto? —Lucius se puso en pie.

Hermione vio como Narcissa avanzaba hacia Draco, pidiéndole que los identificara. Narcissa también estaba muy delgada. Se movía rápidamente y con menos gracia de la que Hermione sabía que poseía. Su voz era menos sedosa, y sus manos se retorcieron en cuanto se detuvo. Quizás la lista de cualidades de Lucius Malfoy no aplicaba durante la Guerra.

—No puedo- no puedo asegurarlo. —La voz de Draco sonaba contenida. Hermione se vio a sí misma luchando contra las ataduras, su cabello salvaje. Y los ojos de Draco se posaron en la parte posterior de su cabeza, y apartó la vista rápidamente.

Observó cómo Lucius y Greyback discutían sobre quién obtendría la gloria por encontrar a Harry Potter, y luego Lucius llamó de nuevo a Draco para examinar el rostro de Harry.

—No lo sé. —Draco se alejó de los prisioneros y se dirigió hacia Narcissa junto a la chimenea.

Narcissa estaba hablando de la varita que le encontraron a Harry, y luego Greyback gruñó, —¿Qué pasa con la Sangre Sucia, entonces?

Los rapiñadores rodearon al grupo de prisioneros, y ella se volvió el centro de atención. Hermione vio el miedo en su propio rostro y tuvo que mirar hacia otro lado.

Narcissa dio un paso al frente, anticipándose, identificando a Hermione en el periódico. Hermione se sintió de alguna forma traicionada, a pesar de que sabía que eso había ocurrido. Vio a Narcissa girarse hacia Draco.

—Mira, Draco, ¿no es esa chica Granger?

Draco encaró la chimenea. De espaldas a la habitación. Murmuró —Yo... tal vez... sí.

Hermione dio un paso hacia Draco, tratando de ver su rostro. Era neutral, mirando el fuego. Levantó la vista y Narcissa lo estaba mirando, con el periódico en la mano aún extendida, haciendo un gesto hacia los prisioneros. Hermione vio como los ojos de Narcissa escanearon a su hijo, y bajó la mano. Narcissa se acercó a él y Hermione finalmente la reconoció. La madre de Draco estaba de vuelta.

—…Draco, míralo, —gritaba Lucius—. ¿No es el hijo de Arthur Weasley, cómo es que se llama?

—Sí. Podría ser. —Hermione miró a Draco. Narcissa se acercó a él y volvió la vista hacia los prisioneros. Narcissa abrió los labios para hablar con Draco, y antes de que pudiera hacerlo, una voz convirtió las venas de Hermione en hielo.

—¿Qué es esto? ¿Qué pasó, Cissy?

Esto era un error. Debería salir ahora mismo del recuerdo. Había visto lo que quería ver. Su tiempo seguramente se había acabado.

Bellatrix Lestrange se deslizó en la sala. Hermione se quedó congelada mientras ella y Lucius discutían sobre quién iba a llamar a Voldemort. Draco aún estaba a su lado mirando hacia el fuego.

Bellatrix acababa de notar la espada y estaba aturdiendo a los rapiñadores. Hermione sabía lo que vendría después. Se dio vuelta, a punto de salir, para regresar a la habitación del Pensadero, cuando notó que Draco estaba temblando. Narcissa puso una mano sobre su hombro y él se estremeció.

—Draco, saca de aquí ésta escoria, —dijo Bellatrix, señalando los cuerpos inmovilizados de los rapiñadores—. Si no tienes las agallas para terminar con ellos, déjalos en el patio para mí.

Draco iba a obedecer, pero Narcissa lo detuvo. —No te atrevas a hablarle a Draco como...

—¡Silencio! —gritó Bellatrix—. ¡La situación es más grave de lo que puedas imaginar, Cissy! ¡Tenemos un problema muy serio!

Draco se había dado vuelta cuando su tía lo convocó. Seguía de pie junto al fuego, pero ahora miraba hacia la habitación. La historia ahora estaba llegando a una parte que realmente no le interesaba revivir, pero no podía apartar los ojos de Draco. Sus ojos revolotearon por la habitación, sin aterrizar en nada en particular.

Oyó que Bellatrix ordenaba a Greyback llevar a los chicos abajo. Volteó para verse a sí misma de pie en el centro de la sala, con Bellatrix rodeándola. Había algo un poco satisfactorio en ver la situación desde fuera de su cuerpo, como si pudiera fingir que se trataba de otra persona. Lucius se paró junto a Narcissa cerca de la chimenea, como si le estuviera dando espacio a Bellatrix. Hermione se acercó a los tres Malfoy junto la chimenea, pensando en lo extraño que debía verse.

¡Crucio!

Hermione vio a Narcissa saltar y casi llevarse las manos al pecho, antes de volver a su posición original. Lucius frunció los labios. Los ojos de Draco se crisparon, pero no hizo nada.

Ella estaba gritando. No se miró a sí misma, pero sabía que se había arrodillado.

Bellatrix le gruñó, preguntando por la espada. Oyó su propia voz rogando. Luego, la electricidad de la Maldición Cruciatus nuevamente y su voz gritando.

Narcissa tragó saliva. La maldición duró más ésta vez. Lucius miró hacia abajo, disgustado. Ella continuó gritando.

Escuchó un jadeo a su derecha, y Hermione se giró para encontrar a Draco dándose la vuelta, de frente a la chimenea otra vez. Draco acercó su mano a la cornisa para mantenerse en pie. Sus ojos se cerraron, sin aliento. Le temblaban los hombros cuando se llevó la otra mano al estómago. Ojos cerrados, como antes.

Hermione vio a Narcissa acercarse a Draco. Se movía lentamente, temerosa de ser descubierta, y susurró —¿Qué diría Severus? —Su voz era suave, y su mano estaba sobre el hombro de su hijo, apretándolo.

Hermione vio a Draco inhalar profundamente, exhalar y abrir los ojos. Hermione vio construirse su muro, y ésta vez lo reconoció como Oclumancia. Draco se dio la vuelta y se enfrentó a su cuerpo laxo sobre el piso, mientras su tía se arrodillaba, sacando un cuchillo.

Hermione observó a Draco permanecer inmóvil mientras ella gritaba nuevamente, ésta vez debido al cuchillo que le cortaba el brazo.

Hermione miró a Narcissa, que había bajado la vista, luego vio a Lucius, observando a Draco. Lucius examinó a su hijo, alternando entre Draco y su cuerpo en el piso. Había visto a Draco romperse unos segundos atrás. Lucius suspiró y se llevó una mano a la frente, como si de todas las personas en la habitación, sus problemas fueran los más graves.

La sala comenzó a girar. La estaban jalando hacia afuera.

El armario de la Oficina de Administración nadaba frente a ella. Harry estaba ahí.

—Hermione. ¡Se acabó el tiempo! —Harry reunía con rapidez el recuerdo plateado, dejándolo caer dentro del vial. Hermione lo miró mientras se enderezaba, respirando con dificultad. Todavía podía escuchar su voz gritando y el eco de un jadeo a su derecha. Harry la miró de nuevo.

—¿Funcionó? ¿Obtuviste tu respuesta?

Hermione se giró hacia Harry, mirando sus ojos verdes. Sacudió la cabeza, intentando poner en orden sus ideas.

—Draco me habría salvado.