El príncipe cabalgaba hacia donde lo mandaba la brújula de su corazón, al llegar a la colina de Pony sintió felicidad por que podría volver a ver a su pequeña hada, más sin embargo al bajarse de su caballo César se percató de que en el paisaje faltaba alguien para que fuera el momento perfecto, el lugar tenía silencio y tranquilidad, faltaba la alegría que impregnaba Candy con su sola presencia, a pesar del inconveniente el príncipe se dirigió hacia un árbol para atar al corcel, mientras amarraba al caballo escuchó el movimiento de las ramas y una risa conocida casi imperceptible, Will fingió no oír el ruido pero estaba atentó a la actividad traviesa de la pequeña rubia, que en el preciso instante en el que Candy se preparaba para lanzarle una bellota al príncipe en su pecho él le dijo con voz calmada pero al mismo tiempo con autoridad:
—ni se te ocurra hacerme una broma pequeña rubia
La niña al saberse descubierta de su fechoría solo sonrió ampliamente, pensando que aparté de ser bonito su príncipe también era perspicaz, y dijo: — príncipe... Que bueno que estás aquí
Will al ver la sonrisa encantadora de la pecosa su día agradable se convirtió en uno aún mejor —ya lo puedo ver...— el pequeño le ofreció la mano a su hada para ayudarla a bajar del árbol aunque sabía muy bien que su hermosa criatura no necesitaba de ninguna ayuda para bajar y dijo con ternura —ven niña que quiero ver de cerca tu linda cara
Candy viendo tanta amabilidad por parte de su príncipe no tubo más opción que aceptar su ayuda para bajar del árbol, ya en el suelo vió al purasangre y mencionó — que caballo tan bonito
—con que te gusta el corcel — Will se acercó a César para acariciarlo por el costado y continuó hablando — Candy te presento a César, César te presento a mi amiga Candy
La rubia al ver la manera tan juguetona que se llevaban César y Will, decidió acercarse a ellos y empezar a acariciar la cara de César mientras que el caballo relinchaba al ser el centro de atención de dos niños que de sus almas emanaban bondad.
Pasado un tiempo Will pregunto — quieres dar un paseo
—si, claro que sí
El niño tomó la mano de la pequeña rubia para ayudarla a subir al caballo, después él soltó las riendas del corcel para enseguida sentarse detrás de Candy para protegerla de un posible accidente, pasados unos instantes emprendieron juntos un paseó a la orilla del río, los pequeños amantes sentían la adrenalina de galopar juntos mientras sentían en el rostro el golpeteo del viento, más tarde Will decidió que era hora de que César descansará por eso los dos se bajaron del animal mientras que el cuadrúpedo tomaba agua del río para refrescarse al mismo tiempo Candy admiraba los lupinos, en cambió Will cortó una flor azul que le entrego a su hada, la pequeña rubia estaba tan agradecida que se acercó cautelosamente hacia su príncipe y le depósito rápidamente un beso en la mejilla, el joven Andrew estába tan complacido con el beso que pensó que sería buena idea regalarle flores más seguido a su hada. El tiempo que compartían los pequeños era tan alegré que pasaba muy rápido por esa razón Will llevó de regreso a su ángel a su hogar que es la colina de Pony.
De regreso a la cabaña el príncipe se sentía tan dichoso que decidió pasar a saludar a la mofeta que días antes había perseguido, al llegar a la guarida del pequeño animal Will empezó a jugar con los zorrillitos mientras que el patriarca Andrew observaba a lo lejos a su hijo sintiendo alivió de haber encontrado a su desentiende sano y salvo.
En la tarde a Luisa le avisaron que tenía la visita de una persona grata para ella por eso sonreía y dijo a su madre:
—que felicidad madre, es George
La mamá de Luisa le pregunto a su empleada —muchachita... El joven Andrew a dicho a que debemos su visita
—no, solo dijo que quería hablar con el señor Grey
—ya se puede retirar, llévale al joven té y galletas
—si señora, compermiso
Luisa habló —¿de qué querrá hablar con mi papá?
— quizás quiere formalizar una relación, pero como no está tu padre...
—lo vas a atender tú mamá
—me siento un poco indispuesta, será mejor que lo atiendas tú sola, me voy a mi recámara... Suerte hija con George, tan buen mozo que es
—si madre... Ya voy
La señorita caminaba de prisa para poder estar junto al hombre que tanto le gusta, al estar cerca del salón se acomodó su vestido fino y acomodó el escote para mostrar unos pechos llamativos ante los ojos masculinos, al entrar vio a George parado con el rostro serio y un tanto nervioso, Luisa sentía tantas ansías de que esos brazos la rodearán por la cintura, que sin perder más el tiempo decidió acercarse al joven para darle un beso tierno en los labios que instantes más tarde se volvió un beso intenso, pero George rompió el beso argumentando:
— Luisa ten cuidado que nos podría ver tu padre
La dama se sentó en el sofá junto con George y le pregunto —¿a qué se debe tan grata visita?
—quiero pedirle permiso a tu padre para tener el honor de cortejarte
La señorita no podía con la alegría de lo que estaba escuchando que con sus ojos brillantes y una sonrisa contesto
—¡oh! George... No sabes lo feliz que me haces
—hermosa Luisa, eso significa que me aceptás como tú pretendiente
—claro que sí, por ti siento algo muy fuerte y muy especial...
—tengo tantas ganas de besarte pero tu padre no a de tardar en llegar
Luisa se acercó tentadoramente hacia el joven mostrando con coquetería su busto para después besarlo con cierto descaro pero no contaba con la necesidad que su propio cuerpo tenia, sintiendo un fuego internó que la quemaba y que le exigía cada vez más y más de los placeres que a ella le habían inculcado como prohibidos, ella tenía la respiración entrecortada y la mente nublada a tal punto que dejó de razonar entre lo correcto y lo incorrecto, mientras que la voz de George solo la estimulaba cada vez más, pero con tanta insistencia del joven logro decirle : — George mi padre salió de viaje de último momento, creo va llegar en diez días, mi madre está en su habitación... Tiene jaqueca. Estamos solos así que bésame amor mío que te necesito
George pudo haber optado por hacer la retirada pero en realidad no podía por que esa mujer lo doblegaba con sus encantos femeninos y tenerla como la tenía encima de él a horcajadas sintiendo con sus manos la suave piel de las piernas de Luisa era simplemente un sueño erótico hecho realidad.
En la colina de Pony se encontraba la niña rubia viendo el broche de su príncipe hasta que Annie habló —¿ qué tienes Candy?¿por qué no duermes?
—hay Annie... Estoy viendo el broche de mi príncipe
—es muy bonito... Pero ¿ qué te preocupa?
—lo volví a ver y no le devolví su broche, no se lo quiero regresar... Soy mala, verdad
—¡oh! Candy... Que cosa tan fea hiciste, si lo vuelves a ver le tienes que dar su broche por que no es tuyo... Entendido
—si Annie ... Prometo regresarlo
—muy bien, es lo mejor. Con está decisión ya podrás dormir sin remordimientos
—si Annie... Hasta mañana, descansa
Las niñas durmieron tranquilamente mientras que en la cabaña Will le daba las buenas noches a su mamá
— mamá te falta darme el beso de la buenas noches
Con una sonrisa dulce Pauna se dirigió a su hijo —ven mi amor para darte un abrazo que hoy te perdiste por la mañana, ¿dónde fuiste a jugar?
—estaba cerca del río
—tienes que tener más cuidado
—si mamá, descansa
—pero que guapo estás , eres todo un príncipe. Acuéstate a mi lado, no te dejaré ir, está noche vas a dormir con mamá como lo hacías cuando eras un bebé
Will hizo caso a su madre y entre caricias de las suaves manos de su madre se quedó dormido, más tarde apareció el patriarca observando la forma en que su esposa velaba los sueños de Will y dijo: —querida nuestro hijo ya está muy grande como para dormir con nosotros
—siempre será mi bebé... a crecido tanto, cada vez se parece más a ti
—es nuestro orgullo... Lo queremos demasiado
—ven a abrazarlo como lo hago yo
—claro, pero no crees que tanto amor pueda empalagarlo
—esta dormido, ni cuenta se va a dar
Los tres miembros de la familia Andrew pasaron un momento agradable en el ceno familiar hasta que se durmieron.
En la mansión Andrew Flammy estaba en su habitación compartida con su compañera Lili quien no podía dejar de sonreír hasta que Flammy pregunto —¿ qué te traes entre manos, ¿por qué tan sonriente?
—no es nada
—segura
—no se si deba decirte
—dime ¿ qué pasó?
—no es nada de importancia... Solo me topé con el joven George y me dijo "buenas noches señorita"
—por un simple saludo no puedes dejar de sonreír
—no es un simple saludo, fue el joven Andrew quien lo hizo y él es muy buen mozo... y amable
— pero Lili él es de otra clase social, él jamás se fijaría en...
—si si si, George jamás se fijaría en una simple mucama como nosotras, pero soñar no cuesta nada
Flammy se acostó en su cama mientras decía —es mejor que no sueñes por que la realidad es otra
Lili se quitó su uniforme para ponerse su pijama y después se acostó al lado de su amiga utilizando la cintura de Flammy como almohada y está se quejó — ¡Lili! ¿ Qué haces, mañana tendré mucho trabajo, deja dormir quieres
— Flammy déjame dormir contigo, como cuando éramos niñas y teníamos pijamadas en mi casa
—mi niñez es algo que quiero olvidar y no eran pijamadas, lo sabes muy bien, mis padres se enojaban sin razón y me sacaban afuera de mi propia casa por las noches sin importarles si pasaba frío o hambre
—pero nos divertiamos mucho
—gracias a tu familia no la pasé tan mal pero no deja de dolerme que haya sido despreciada por mis propios padres... Todavía no lo puedo superar Lili por eso no quiero recordar
Lili al ver como unas lágrimas brotaban de los ojos de Flammy la abrazo con fuerza y guardo silencio para dormir al lado de su amiga, para ella eran recuerdos lindos pero para Flammy eran momentos tristes.
Continuará...
