- ¡También puedes quedarte en mi casa Valerie!
- Gracias Harry, pero primero iré donde Draco – le respondió la vampira y el mago de ojos bajó la mirada apenado. – Pero de todas formas me quedaré los últimos dos días contigo ¿te parece?
Harry sonrió con alegría y aceptó feliz. Casi todos los alumnos estaban preparando sus bolsos para pasar una semana y media fuera del castillo. Pese a que no lo hubieran comunicado, todos sabían que la razón de la sospechosa semana de vacaciones que les estaban entregando tenía que ver con el nombramiento de la nueva directora y la extraña desaparición del señor Yaxley.
La vampira supo, gracias a Snape, que Yaxley no volvería en un par de días al castillo. Parecía que el castigo que le había dado Voldemort no era da sencilla recuperación. Ante eso, ella comprendió que el mago oscuro ya debería estar al tanto de la existencia de la supuesta nieta de Dumbledore, por lo que ahora quedaba esperar a ver cuál sería su próximo movimiento. Al mismo tiempo, Snape le explicó que Yaxley había sido enviado a buscar información del escondite de la piedra filosofal en el despacho de Dumbledore, pero que había convencido a Voldemort de que claramente Albus jamás dejaría información botada en alguna parte que permitiera encontrar la piedra. Lo cual, le dejo la vía libre a la vampira para poder abandonar el castillo con tranquilidad por unos días. Motivada también por el mismo Severus que le aseguró que él vigilaría las cosas en el castillo.
Valerie estaba bastante contenta con poder ver nuevamente a sus viejos amigos, pese a que le causara cierta incomodidad tener que encontrarse con Abraxas, ya que, no todos los días debías enfrentarte a la idea de que uno de tus mejores amigos estaba enamorado de ti. Aun así, tenía claro que, si las cosas entre ellos no habían cambiado, ella no sería causante de que su amistad se dañase, el cariño que le tenía a su viejo amigo era demasiado importante para ella como para perderlo tan fácilmente.
- ¡Bienvenido de vuelta amo y señorita Dumbledore! – dijo Dobby con una reverencia al recibir a ambos en la mansión Malfoy.
- Gusto verte de nuevo, Dobby – le respondió Valerie con una sonrisa y el elfo abrió los ojos sorprendido, agitó sus pequeñas manitos con entusiasmo y saltó de alegría.
- Dobby es feliz de tenerla de nuevo aquí, señorita Dumbledore. Dobby la atenderá con orgullo – la vampira rio y le guiñó el ojo al elfo mientras ingresaba a la mansión siguiendo a su amigo que reía por lo bajo.
- ¿Dónde se encuentra mi abuelo, Dobby? – preguntó Draco.
- En el salón principal junto con la señora Black, joven amo. ¡Los están esperando!
Draco asintió mientras sonreía y tomó de la mano a su amiga para llevarla al salón. La vampira no pudo ocultar su entusiasmo por ver a sus amigos. Si bien no había podido comunicarse con ellos durante su estancia en Hogwarts debido a la vigilancia de la correspondencia por parte de Umbridge, tenía claro que ambos la estarían esperando apenas pusiera un pie fuera del castillo.
Al llegar al salón, Walburga Black y Abraxas Malfoy tuvieron que controlar su comportamiento para no saludar de manera tan efusiva a su vieja amiga frente al joven Malfoy. Aun así, entre los tres se regalaron sonrisas cómplices al poder estar reunidos nuevamente.
- Ahh, Draco y señorita Dumbledore que maravilloso que por fin hayan llegado sin problemas – exclamó Walburga manteniendo su perfecta imagen cuando ambos se acercaron a saludar.
- Bienvenidos, bienvenidos, por favor tomen asiento y compartan con nosotros – señaló Abraxas con una radiante sonrisa.
- Un gusto ser recibida nuevamente en su hogar, señor Malfoy – respondió Valerie con un dejo irónico que solo sus viejos amigos pudieron notar.
- Oh, tonterías – exclamó Abraxas guiñándole el ojo. – Siempre es bienvenida su presencia, joven Dumbledore. Aprecio la buena compañía que le hace a mi nieto y siéntase como en casa.
Draco no pudo evitar sentarse derecho y orgulloso en uno de los sillones del salón; que su amiga fuera recibida de aquella forma solo lo hacía sentir mejor y más cómodo. Era todo cuanto deseaba, pues le era demasiado importante que Valerie pudiera sentir que siempre contaría con un espacio en su hogar.
El resto de la velada constó de una amigable conversación sobre los últimos acontecimientos en el castillo. No era tema menor el hecho de que Dumbledore no estuviera a cargo de Hogwarts y de cómo eso afectaría a los estudiantes teniendo a Umbridge al mando.
A medida que pasaban los minutos, Walburga no pudo pasar por alto el actuar de Draco Malfoy frente a Valerie. La manera en que le hablaba, en como la miraba, como sus ojos brillaban cuando ella le dedicaba una sonrisa, la forma en que su cuerpo se inclinaba hacia adelante con una intención inconsciente de querer estar más cerca. No le cupo duda alguna: el joven Draco tenía sentimientos por Valerie que iban más allá de una mera amistad. ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto antes?
Walburga aguantó el largo suspiro que quiso escapar de sus labios. Estaba claro que los Malfoy tenían una enorme debilidad por Valerie Deanoff. Solo esperaba que la historia no se repitiese, ya que sabía que el corazón de su amiga por más dañado que estuviese seguía perteneciéndole a otra persona.
Tras un par de horas, Draco se disculpó anunciando que deseaba ir a descansar.
- ¿Nos retiramos, Valerie? – le preguntó con educación el rubio.
Antes de que la vampira pudiera responder Walburga señaló – Deja que se quede acompañándonos unos minutos más Draco, te aseguro que no somos una compañía tan aburrida para que tengas que escoltarla a su habitación.
- No, no, yo no me refería a eso, señora Black – exclamó el joven mago avergonzado.
Abraxas rio – No te preocupes Draco, sabes que te están molestando. Puedes retirarte con calma, si la señorita Dumbledore – inclinó la cabeza hacia ella – desea quedarse puede hacerlo.
Valerie le sonrió a Draco con timidez y el rubio asintió tranquilo. Se despidió de todos y dejó el salón con su característico caminar aristocrático.
El ambiente cambió drásticamente apenas la puerta se cerró y los presentes se vieron solos. Todos relajaron sus facciones, se sonrieron con complicidad y tomaron asiento de forma más cómoda y confiada.
- Que gusto me da volver a verlos – les dijo Valerie con una amplia sonrisa.
- Estoy segura de que nos extrañabas – le comentó Walburga con ironía. – He de decir que me molesta profundamente que no podamos comunicarnos tranquilamente por carta. Maldita sea esa vieja de Umbridge que anda metiendo sus narices en lo que no le acontece.
- Me imagino que con el escape de Dumbledore te tiene en la mira – señaló Abraxas.
- Ni lo digas… Ya me citó a su despacho para cuestionarme por la ubicación de Albus, pero realmente no sé dónde está y es mejor dejarlo así.
- ¿Te ha dado problemas la presencia de Yaxley ahora que Dumbledore no está? – le preguntó Abraxas preocupado.
- Oh, lo intento… Pero de seguro que no hará nada después de la paliza que le di – la vampira se encogió de hombros y sonrió con maldad.
- ¿Cuál fue el contexto en el cual tuviste que pelear con él? – preguntó extrañada Walburga.
- Quiso o mejor dicho intentó ingresar al despacho de Albus… - explicó la vampira.
- ¿Y por qué querría entrar al despacho de Dumbledore? – preguntó extrañado Abraxas.
- Según la información que me entregó Severus, Yaxley le fue encomendada la misión de obtener información sobre la ubicación de la piedra filosofal.
- ¿¡La piedra filosofal?! ¿La que creó el mismo Nicolas Flamel? – preguntó anonadada Walburga, Valerie asintió. – ¿Qué hace Dumbledore con semejante objeto en sus manos?
- Escondiéndolo – replicó Valerie cruzando los brazos. – Voldemort está en busca de ella.
- ¿Acaso Dumbledore está poniendo en riesgo a los alumnos escondiendo la piedra en el castillo? ¡Es cuestión de tiempo que Voldemort decida atacar para obtenerla! - señaló molesto Abraxas.
- No está en el castillo… - respondió Valerie con calma. – Pero de seguro pensó que podía obtener información de su paradero revisando el despacho de Albus.
- Tú sabes dónde está escondida – dijo Walburga con seriedad y sin dudas en sus palabras.
- Si, esta…
- ¡No! – le cortó Walburga con rapidez – No nos digas, es preferible que no sepamos esa información. Entre menos estemos al tanto, mejor.
- Pero, yo confío en ustedes… - respondió la vampira anonadada.
- No cuestiono eso, querida, pero bajo las circunstancias que uno puede verse expuesta es mejor prevenir que lamentar. No contamos, en especial yo, con la misma juventud que alguna vez tuvimos, por lo que no deseo exponer información crucial en caso de verme en la mitad de la batalla.
- Jamás dejaría que algo les ocurriera – aseveró Valerie.
- Entre menos preocupaciones tengas, mejor – le respondió Walburga.
- A demás, no siempre podrás proteger a todos Valerie… - señaló Abraxas con calma y la vampira desvió la mirada incomoda ante la verdad de sus palabras. – Entonces, por lo que nos estas revelando… Voldemort está en busca de la inmortalidad… No debemos dejar que eso ocurra, si logra su cometido será invencible – agregó el mago.
- Créeme Abraxas, aquello que vive supuestamente por siempre de algún modo u otro puede morir – le respondió Valerie con una peligrosa calma. No fue necesario agregar más palabras, pues los dos sabían que su amiga jamás dejaría que Tom Riddle obtuviera la inmortalidad.
- A estas alturas con todo lo ocurrido, Voldemort ya debe de saber sobre la existencia de la "nieta de Dumbledore" – señaló Walburga cruzándose de brazos.
- Cuento con ello – respondió la vampira.
- ¿Y qué harás ahora? – preguntó Abraxas.
- Nada. Mantendré un perfil correspondiente a una alumna dentro de Hogwarts, pero con Albus sabemos que ya se debe haber esparcido también el rumor sobre un mortifago que está traicionado a los suyos. A su vez, estoy segura de que Voldemort no pasará por alto la existencia de "Valerie Dumbledore".
- Ten cuidado Valerie, tarde o temprano tendrás que hacerle frente a Tom. De seguro no dudará en usar a la nieta de Dumbledore en contra del mismo Albus. Espero por Merlín que estés preparada para cuando eso ocurra – le dijo Walburga preocupada.
- Nunca estaré preparada… - respondió la vampira bajando la mirada. – Pero no puedo dejar que continúe por ese camino, ya no hay forma de redimirlo y si debo hacerle daño para detenerlo, que así sea…
- Y estaremos para apoyarte en todo momento – le respondió Abraxas acercándose a ella y tomándole las manos con suavidad. – No nos apartes…
- Estaremos contigo Valerie – dijo también Walburga poniéndose de pie con lentitud y uniendo sus manos con las de sus amigos.
Valerie miro a ambos y sonrió emocionada. Por más que tuviera claro que debía, más pronto de lo que deseaba, enfrentarse a Tom Riddle, nunca estaría preparada para ello. Cada día asumía que no podía escapar de ese inminente encuentro, pero la presencia de sus amigos le haría levantarse, le daría la fortaleza que necesitaba, porque el poder y la oscuridad para lograrlo ya lo tenía.
Valerie miró el cielo desde el enorme balcón que había en el segundo piso de la mansión. No quiso encerrarse en su habitación tras la conversación con sus amigos, sino más bien dejar fluir sus pensamientos a la luz de las estrellas.
Sonrió al sentir una presencia detrás de ella. – Pensé que te habías retirado a dormir, Abraxas. –
- Era mi plan, pero pensé que tras una intensa conversación te vendría bien un poco de compañía – la vampira se giró para ver que su amigo traía una botella de wishky de fuego y dos vasos. – Estoy suponiendo que el alcohol es algo que los vampiros pueden consumir con normalidad…
- Estás en lo correcto – le respondió Valerie con una enorme sonrisa. – La comida normal no tiene sentido, simplemente no tiene efecto alguno en nuestro sistema, también así el alcohol, pero podemos sentir su sabor y disfrutarlo de igual manera.
- Maravilloso entonces – Abraxas dejó la botella y los vasos en el suelo, sacó su varita y moviéndola con rapidez hizo aparecer una pequeña mesa, dos sillas, la botella se abrió sola sirviendo su contenido en ambos vasos, listos para consumirse.
- A tu salud, querido – le dijo Valerie con una sonrisa levantando el vaso.
- Salud – respondió Abraxas, ambos bebieron un sorbo y tomaron asiento en silencio cada uno mirando las estrellas y absorto en sus propios pensamientos.
- Gracias, lo necesitaba – dijo de pronto la vampira.
- ¿Ahogar tus pensamientos en alcohol con la presencia de un atractivo mago? – preguntó con sarcasmo Abraxas.
La vampira rio y puso los ojos en blanco - ¿Era tan obvio?
- Parece que sigo teniendo la capacidad de subirte el ánimo – le dijo el mago mirándola con ternura.
- Así es, aunque tu sentido del humor sigue siendo el mismo por lo que veo…
- Tomare eso como un cumplido – refunfuñó Abraxas tomando un largo sorbo.
Valerie volvió a reír, tapándose la boca con la mano. Movió su silla más cerca a la de su amigo, levantó el vaso y mirándolo intensamente a los ojos le dijo – Salud entonces, por la buena compañía y los buenos recuerdos.
Abraxas no pudo quitarle los ojos de encima a la vampira. Aquella sonrisa que tantos años extraño, su simpleza al hablar, su manera tranquila de actuar frente a él y sobre todo su presencia. ¿Cómo podría olvidarla, si cada poro de su ser la había anhelado tanto?
- Salud – respondió él con la voz seca. Vio como los ojos de ella se llenaron de cariño y se llevó el vaso a sus labios. ¿Cuántas veces había fantaseado con probar esos labios? Tuvo que tomar con fuerza el vaso y tragar nuevamente un largo sorbo.
¿Debía decirle algo? Ahora que ella sabía sobre sus sentimientos ¿cómo debía tratarla? ¿Habría cambiado en algo la forma en que ella iba a comportarse con él? Por ahora parecía que no… ¿Se alejaría, guardaría distancia para no dañarlo, actuaría de forma incomoda, le diría algo? Un torbellino de preguntas llenó su mente, ahogándolo en la desesperación. Cuando de pronto, sin que lo hubiera esperado, Valerie apoyó su cabeza en su hombro, dejó el vaso de lado y suspiró con tranquilidad. – Extrañaba nuestras conversaciones… Eres el único que logra apaciguar mis pensamientos y dejarme tranquila, aunque sea por unos momentos – Abraxas tragó saliva sorprendido, sin poder dar crédito a lo que oía.
La vampira cerró los ojos, descansando un poco la mente, cuando el mago la rodeó con uno de sus brazos para abrazarla, haciendo que su cabeza quedara apoyada en su pecho. Ella esperó escuchar un corazón acelerado al estar tan juntos, pero para su sorpresa, los latidos del mago eran tranquilos y pausados, entregándole aquella calma que tanto le agradaba.
No fue necesario decir nada y ambos lo sabían. Abraxas disfrutó teniendo a su amiga pegado a él y dejando fluir sus emociones con calma, donde ambos se sumieron en la tranquilidad que sus cuerpos le entregaban el uno al otro.
La enorme chimenea de mármol blanco se encontraba nuevamente prendida y frente a ella, en aquel fino sillón de cuero se encontraba Lord Voldemort, mirando las enorme llamas que iluminaban el lugar.
Su mente vagaba nuevamente ante la información que había obtenido hace unos días, todavía procesándola con lentitud. ¿Realmente no se había enterado de que Albus Dumbledore tenía una nieta? Se movió en el sillón y entrelazo los dedos de sus largas manos, mientras sonreía con maldad. Al final, de igual forma se había enterado de la noticia y tenía mayor claridad de lo que aquella joven era capaz tras los relatos de Yaxley. ¿ Dumbledore creía que podía mantenerla oculta de él por mucho tiempo? ¿Acaso le estaba jugando una mala broma al ponerle dicho nombre? Oh, que ella se llamara Valerie había sido una muy mala elección y lo dejaría claro. Pese a eso, no dejó que su mente retrocediera en recuerdos poco valiosos, un nombre era, al fin y al cabo, una coincidencia que podía ocurrir, pero aquella coincidencia no replicaría el espíritu de aquella persona con la que compartía la similitud. Nunca habría nadie como ella y lo sabía. Y se aseguraría de hacerle entender a Dumbledore el error de haber usado aquel nombre.
De la nada, se puso de pie y se acercó más la chimenea, todavía con sus pensamientos revueltos, pue había algo que todavía no calzaba en todo esto. ¿La nieta de Dumbledore estaba en slytherin? Debía de haber algo en ella que no sabía, que el mismo Severus no estaba al tanto o no había podido ver, y eso le hacía relamer los labios de interés. ¿Qué podía esconder la nieta de ese viejo? Algo grande, de seguro.
Y es que lord Voldemort sabía que más temprano que tarde, tendría el placer de conocer a aquella joven y esperaba que cuando ocurriera pudiera conocer aquel lado oscuro que un Dumbledore podía tener.
Lo que no sabía, es que cuando la viera, se cuestionaría realmente que tan poderosa podía ser la magia en realidad.
- ¡Valerie, bienvenida! – dijo Harry con alegría al abrir la puerta.
- Te dije que vendría cuatro ojos, créeme que los Malfoy no están contentos contigo por esto.
- Oh vamos, solo es por dos días – resopló riendo el mago de la cicatriz, tomando la pequeña maleta que traía su amiga y haciéndole señas para que entrara. – Hermione, Remus y los Weasley te están esperando, la señora Weasley está preparando un delicioso almuerzo.
- ¡Oh, están todos! ¡Maravilloso! – respondió con sincera alegría la vampira.
Harry la llevó al salón, donde se encontró con todos los Weasley y Hermione quienes la saludaron con alegría. Si bien entre Hermione y Valerie las cosas no habían mejorado, la bruja apreció que la vampira jamás perdía la educación con ella, saludándola con respeto.
- Llevaré tus cosas a tu habitación – le dijo Harry de pronto.
- Tranquilo Harry, necesito cambiarme y así aprovecho de ordenar mis cosas – le respondió la vampira guiñándole un ojo.
- Oh, claro, claro, te diré cuál es tu habitación entonces – respondió el mago riendo. La verdad es que está muy feliz de poder tener a sus amigos en su hogar. Si bien había extendido la invitación a Malfoy, este se había excusado con que debía pasar tiempo con su abuelo, lo cual comprendía.
- Te sigo – respondió Valerie.
Ambos caminaron por el pasillo hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones superiores.
- ¿Sirius no está? – preguntó Valerie mientras llegaba a la puerta de la que sería su habitación.
- Si, es probable que esté en su despacho…
- ¿Extrañando mi presencia por lo que escucho? – dijo una voz por detrás de ellos.
Ambos se giraron para encontrarse con Sirius Black sonriendo con picardía.
- Oh, ahí estas, padrino – rio Harry. – Bueno, Valerie, esta será tu habitación. Espero no te moleste dormir sola, ya teníamos al resto repartidos y justo sobró esta– le explicó el mago.
- Gracias Harry, estaré bien – le respondió ella con una pequeña sonrisa.
- Bien, no te demores mucho, de seguro la señora Weasley querrá ayuda con la comida.
- Bajaré de inmediato – le respondió Valerie.
Harry asintió, le sonrió a su padrino que todavía estaba en el pasillo y bajó las escaleras con rapidez.
- Un gusto tenerla de vuelta por aquí, señorita Dumbledore – le dijo Sirius apenas ambos estuvieron solos.
- Gracias por recibirme nuevamente, señor Black.
- Pensé que habíamos dejado los formalismos de lado – señaló el mago levantando una ceja.
- Pensaba lo mismo, pero veo que todavía soy la señorita Dumbledore – le respondió con sarcasmo la vampira.
Durante unos segundos en silencio ambos se miraron con complicidad.
Valerie sabía que Sirius Black le coqueteaba, era algo indiscutible. ¿Entonces por qué le seguía el juego? ¿Por qué no actuaba acorde a lo que haría una supuesta joven estudiante? ¡Era el hijo de su amiga, por Merlín! Pero no podía evitarlo… Tal vez era el hecho de que todos la veían como una amiga o alguien diferente por ser la nieta de Albus. O tal vez fuera porque hace tiempo que no sentía que alguien la mirara con otros ojos que no fueran de curiosidad o quizá fuera el simple hecho de que hace tiempo que alguien no la seducía porque quería.
Ella sabía que su belleza no pasaba desapercibida, no de manera egocéntrica, era un hecho que una de las características de su especie era que poseían un físico atractivo para sus presas. Pese a ese hecho, no recordaba la última vez que alguien la hubiera buscado para coquetearle porque sí. A su vez, no se podía negar el hecho de que Sirius Black era bastante atractivo. Lástima fuera el caso que ella se estaba haciendo pasar por una joven alumna… Ya que a veces, uno podía dejarse llevar, pero claramente en aquel momento las prioridades eran otras. Y ella sabía que, aunque algo pasara con Black, sus sentimientos no se verían alterados, pues seguía sintiendo algo por ese maldito mago…
- Mis disculpas – señaló Sirius rompiendo el silencio. – Son las buenas costumbres que no puedo evitar tener ante tan hermosa invitada.
- Es un gran halago viniendo de tan buen anfitrión ¿o debería agregar también atractivo? Ahora, si me lo permites, Sirius, quisiera cambiarme y estoy segura de que no podrás seguir escapando de la señora Weasley, de seguro quiere que ayudes con el almuerzo.
Sirius tragó en seco ante la respuesta de Valerie ¿acaba de decirle que era atractivo? ¿Cómo no se le movía ningún musculo por la vergüenza? Aquella niña era una caja de sorpresa cada vez que interactuaba con ella. - ¿Tan obvio soy? Pensé que mis planes por pasar desapercibido serían más efectivos – respondió Sirius con una sonrisa coqueta y levantando las manos fingiendo inocencia.
- De seguro estas pasando desapercibido, pero no para quienes tienen buen olfato – le respondió Valerie guiñándole un ojo e ingresó a su habitación sin decir más. Al cerrar la puerta pudo escuchar la risa de Black y luego sus pasos alejarse. Sonrió, el padrino de Potter era realmente atractivo y entretenido… Se tuvo que tapar la boca con fuerza para evitar las carcajadas que quisieron salir al pensar en la cara que pondría Walburga si la hubiera visto.
El almuerzo en Grimmauld Place se desarrolló con alegría y tranquilidad. Hermione todavía estaba nerviosa por la forma en que Valerie fuera a tratarla, pero se sorprendió cuando ella la saludó educadamente, para después ignorarla mientras comía con el resto. En caso de que la bruja le hablara, la vampira le respondía amablemente, pero con respuestas sencillas. Era claro solo para Hermione que las cosas todavía seguían siendo tensas con ella, pero ante el resto, Valerie no mostraba signos de desprecio, aunque dudaba que fuera a hacerlo, después de todo como buena slytherin, supuso Hermione, la perfecta imagen que le entregaba al resto debía ser mantenida a toda costa. Aun así, agradeció ese actuar pues no sabía como iba a poder lidiar con el hecho de que todos notaran que la nieta de Dumbledore estaba molesta con ella.
Por otro lado, durante el almuerzo Sirius no logró quitarle los ojos de encima a la joven Dumbledore, cosa que no pasó desapercibida por su viejo amigo Remus Lupin, a lo que decidió tener una seria platica con su amigo apenas todos se levantaran de la mesa. Conocía muy bien a Sirius como para no reconocer cuando algo captaba su interés y estaba claro cuál era.
Cuando el almuerzo hubo terminado, los jóvenes decidieron hacer planes para ir a la pieza de los gemelos y jugar cola explosiva y ajedrez, ante lo cual Remus no perdió la oportunidad – Sirius ¿qué te parece un trago en tu despacho?
El padrino de Harry vio sus pensamientos interrumpidos por la pregunta de su amigo - ¡Oh, por supuesto Remus! ¡Adelante! – maldijo en voz baja a su amigo, pues tenía la leve esperanza que los jóvenes lo invitaran a una partida de ajedrez. "Patrañas, buscas cualquier excusa con total de pasar un tiempo con la joven Dumbledore". Sirius sacudió la cabeza con elegancia tratando de ahogar aquellas ideas en su mente.
Vio que Remus lo estaba esperando en la entrada del comedor por lo que, con su mejor sonrisa y postura relajada se dirigió hacia las escaleras, no sin antes lanzar un vistazo hacia Valerie, la cual justo levantó la mirada y cuando ambos conectaron ella le dedicó una pequeña sonrisa y le guiñó el ojo. "¡Morgana, que esta niña va a ser mi perdición!".
Cuando Sirius llegó a su despacho abrió la puerta y dejó escapar un largo suspiro. Se dirigió al estante de la esquina y sacó dos vasos para servir urgente algo que tomar.
- ¿Se puede saber qué demonios pasa contigo? – le preguntó vorazmente Remus apenas cerró la puerta al entrar.
Sirius se dio vuelta extrañado, con ambos vasos llenos y le tendió uno a su amigo. - ¿Qué me ocurre con qué?
- ¡No te hagas el idiota Black, que de verdad no te queda!
El aludido se encogió de hombros pues realmente no entendía a que venía ese mal humor de parte de Lupin – De verdad no se a qué te refieres… - y tomó un largo sorbo.
- ¡Del hecho de que no le has quitado el ojo a Valerie Dumbledore desde que llegó a tu casa! – Sirius se atragantó y comenzó a toser con violencia al verse descubierto.
- Yo… yo… - las palabras no lograban salir de boca debido a la fuerte tos.
- ¡Ni siquiera intentes excusarte! ¿Se puede saber en que estás pensando? Te conozco lo suficiente para saber que tienes en la mira a la amiga de Harry. ¡Es menor de edad por Merlín!
- ¡Hombre, que solo la estaba mirando! No hay pecado en eso… - respondió con rapidez el mago.
Lupin furioso tiró el vaso, se acercó y tomo de la camisa a su amigo – No me vengas con esa mierda de excusa. Cuando una mujer te llama la atención es notorio y en este caso no es el hecho de que la miraras, es COMO la mirabas. – soltó con rabia a Sirius y se rascó la cabeza, ofuscado. – Nadie te va a negar que es una joven atractiva Black – siseó Remus masajeándose la cara – Pero aparte de la edad que tiene es la amiga de tu ahijado y del joven Malfoy…
- Suenas como mi madre… – refunfuñó Sirius dejándose caer en uno de los sillones derrotado, no tenía como seguir escondiendo su interés por la joven Dumbledore cuando su viejo amigo lo había pillado con las manos en la masa.
- Pues tu madre sería peor que yo y de seguro que tampoco le pasaba inadvertido tu comportamiento – le respondió mordaz Remus.
- ¡NO METAS A MI MADRE EN ESTO! – siseó Sirius muy molesto.
- ¡SABES QUE ELLA OPINARÍA LO MISMO QUE YO! ¡QUE ESTAS ACTUANDO COMO UN PERFECTO PEDÓFILO Y…!
- ¡YA! ¡YA ENTENDI REMUS! – le gritó furioso Sirius interrumpiéndolo.
- ¡PUES NO ME QUEDA CLARO QUE HAYAS COMPRENDIDO LA MAGNITUD DE TUS ACCIONES!
- ¡HOMBRE QUE NISIQUIERA HE HECHO ALGO, SOLAMENTE LA MIRE!
De pronto la puerta se abrió con fuerza para sorpresa de ambos y Valerie se asomó seguida de Harry y Ron.
- Este… Disculpen la interrupción, pero… - comenzó a decir Harry incómodo. Durante unos segundos nadie fue capaz de decir nada.
- Lo que Harry quiere decir es que si desean seguir gritándose por cual sea la razón, sería mejor que realizaran un hechizo silenciador al lugar – se limitó a agregar Valerie con el semblante tranquilo. – Y sentimos la intromisión – agregó, para luego tomar de los brazos a Harry y Ron y dejar solo a los adultos.
Remus se quedó como piedra cuando los jóvenes se retiraron, en cambio Sirius furioso cerró de un portazo, sacó su varita y realizó el encantamiento con rapidez.
- ¿Estarás contento ahora? – le gruño Sirius a su amigo.
- No era mi plan que nos viéramos interrumpidos…
- ¡Deben de haber escuchado todo! – le gritó Sirius fuera de sí.
- Lo dudo, Valerie no se habría asomado si fuera así – replicó Remus.
- Pues claramente no la conoces…
- ¿Acaso tu sí? – le preguntó enojado Remus.
- ¡Merlín! ¡Ya entendí Remus! Ya sé que no pase inadvertido, pero créeme que no tengo intenciones de hacer nada con Valerie. ¡Es una de las mejores amigas de Harry, no haría algo así! – su amigo estaba por replicar, pero Sirius continuó – No soy un maldito pedófilo y lo sabes. Si, no puedo negar que ella me llama poderosamente la atención, pero es que no es como las demás. Por lo menos Hermione o Ginny suelen comportarse como niñas de su edad, pero Valerie… Te juro que si vieras cómo se comporta frente a mi… ¡Esto me va a volver loco!
Remus Lupin respiró hondo varias veces y observó el rostro de su amigo en sin decir nada. Vio como Sirius se rasco la cabeza, frustrado, se sentó con fuerza en un sillón y tomó un largo trago de su vaso. Vio la confusión en su rostro y también la frustración. Tal vez, solo tal vez, había reaccionado de sobre manera con él.
- Está bien Sirius, te creo… Puede que haya sobre exagerado, pero debes entender que hace tiempo que no te había visto mostrar tanto interés por alguien y menos que fuera una amiga de Harry…
- Lo entiendo, no hay rencores, solo evita gritarme de forma innecesaria – gruño Black, pero le sonrió.
- ¿Y qué harás entonces?
- ¿Cómo que qué hare? Está claro que nada, te recuerdo que es menor de edad, no tengo intenciones de volverme pedófilo.
Remus rio – Lo sé, no va contigo… Pero no puedes seguir mirándola de aquella forma.
- Controlare mis acciones y será tratada igual como lo hago con las otras amigas de Harry… Aun así, si lograras ver como ella actúa frente a mi te sorprenderías…
- Me quedo más tranquilo entonces – Remus se levantó y con cariño le sacudió el hombro a su amigo en señal de apoyo. – Y si te sirve de consuelo, no eres el único que piensa que la joven Dumbledore no aparenta ser una joven de 15 años… Es un hecho que se ve mucho mayor… - dio unos pasos para abandonar el despacho, pero al último minuto se giró para agregar – Estaré atento a sus interacciones, veremos qué tanta razón tienes en lo que dices – y le sonrió con malicia para luego dejar a su amigo solo.
Sirius Black rio por lo bajo y asintió bebiendo otro largo sorbo de su vaso y para luego lanzar un cansado suspiro.
Al caer la noche y cuando todos se hubieron retirado a dormir Sirius decidió sentarse en el cuarto de estar frente a la chimenea y beber un poco de wiski de fuego para calmar su ansiedad. Había logrado comportarse durante el resto del día y en especial en la comida, pero le había costado más de lo que le hubiera gustado. Aquella joven iba a acabar con sus nervios, de eso estaba seguro.
De pronto, escucho unos pasos del pasillo, pero sin ánimos de ver quién podía estar todavía dando vueltas por ahí, se sumió en sus pensamientos mientras miraba el fuego crepitar en la chimenea.
- ¿Sirius, está todo bien? – el aludido tensó el cuerpo y maldijo en voz baja, de todos los presentes tenía justo que ser Valerie Dumbledore la que anduviera dando vueltas por la noche. Respiró y puso un semblante serio pero tranquilo, pero luego girar el rostro y ver que la joven lo miraba extrañada. Tenía puesto unos pantalones largos negros y una polera de quidditch holgada y, aun así, se veía realmente atractiva con su pelo suelto y desarreglado.
- Todo bien – sonrió falsamente Sirius y se encogió de hombros.
- ¿Seguro? Por qué tu cara hace unos segundos decía lo contrario – señaló la vampira preocupada.
Sirius negó con la cabeza y le dedicó una pequeña sonrisa – Me quede pensando, es solo eso… -
- Eso no puede ser algo bueno, de seguro estabas pensando en algo peligroso – rio Valerie.
"Pensar en ti puede que sea peligroso" Sirius carraspeo y también rio, ocultando su incomodidad.
- Si no es mucha la intromisión – agregó la vampira - ¿Se puede saber qué es lo que te tiene tan pensativo?
Sirius la miró unos segundos, sopesando su respuesta. "¡Qué más da! Que se vaya todo a la mierda, algo debo responder". - ¿Puedo hablar con franqueza?
Valerie le dedicó una mirada sorprendida pues no esperaba aquella pregunta como respuesta. – Pues claro… -
- Ocurre que no sé cómo tratarte – le señaló Black.
- ¿A qué te refieres?
- Eres una gran amiga Harry y estoy muy contento de que tenga personas como tú a su lado, pero te ves tan mayor que ellos… Es fácil confundirte con alguien mayor al verte con los demás, como si no calzaras completamente.
- ¿Y eso te complica por…? – le dijo Valerie incitándolo a continuar.
- Solo pienso en lo mucho que puede llegar a crecer Harry a tu lado. No sé si estoy listo para dejar de verlo como el pequeño hijo que ha sido para mí…
- Todos debemos crecer en algún momento – señaló la vampira con lentitud.
- Lo sé, solo espera que no fuera algo tan brusco…
- El estará bien, yo lo cuidaré – le dijo Valerie con una pequeña sonrisa de apoyo.
- Lo sé, no dudo de ello…
Ambos se quedaron en silencio unos segundos mirándose con tranquilidad. De pronto Valerie se le acercó y le tomó el hombro con suavidad – Venga Sirius, anímate. Todo estará bien, no estoy acostumbrada a ver esa cara tan seria y si sigues así te volverás un amargado – pero en el fondo la vampira solo quería asegurarse que tras la discusión con Remus él estuviera bien. Claramente había escuchado todo, pero no esperaba que el padrino de Harry mostrara más interés que el simple juego de palabras que habían compartido. Tal vez podía hacer algo para dejar más tranquila la situación y no generar problemas, pero al ver la silueta de Remus Lupin oculta entre las sombras decidió que tal vez no era necesario y sonrió con malicia para sus adentros.
Sirius observó el semblante preocupado de aquella mujer. "No, no, no… JOVEN, JOVEN. Merlín que ella tiene la misma edad que Harry, contrólate". Era tan difícil recordase ese gran detalle cuando ella le sonreía con tanta facilidad y la tenía tan cerca. Temía lo que pudiera salir de su boca, cualquier cosa de la que después se arrepentiría, pero también tenía claro que ella no era tonta. Sabía que las interacciones que habían tenido, su interés por ella no pasaba desapercibido y aun así ella no lo miraba con incomodidad o desagrado.
- No estoy acostumbrado a que me sonrían tanto, menos una joven como tu – no pudo evitar decir.
- No te acostumbres, es un privilegio que pocos tienen.
- Vaya mi suerte… Quien diría que la nieta de Albus Dumbledore le regalaría sonrisas tan atractivas al modesto Sirius Black.
Valerie rio y acarició el hombro de Sirius – Creo, señor Black, que no estas acostumbrado a que no se sonrojen por ti – le dijo en tono sarcástico.
- ¿Qué quieres decir?
- Eres un hombre atractivo, eso no está en duda, y de seguro debes tener un gran éxito con las mujeres, pero tal vez… - acercó su rostro al de él – No te ha tocado quedarte sin palabras – llevó su boca cerca de su oreja - ¿o me equivoco?
- Este yo… yo…
Valerie se alejó de él con una sonrisa coqueta – Buenas noches, Sirius – y sin mirar atrás abandono la habitación.
Sirius maldijo en voz baja y comenzó a reír. Definitivamente aquella niña iba a volverlo loco. No podía creer que no hubiera podido contra sus palabras y acciones, se quedó mudo como si fuera un pequeño niño que le estuvieran entregando un delicioso dulce y no supiera que hacer con él. Pese a que se repitiera mil veces que ella era menor de edad, tenerla así de cerca le hacía olvidar ese detalle.
De pronto Remus apareció entre las sombras, le quitó el vaso a Sirius de la mano con brutalidad y se tomó al seco todo el wiski que quedaba – Que mierda acaba de ocurrir – se dijo a sí mismo y luego miró a Black – No esperaba esto… Realmente estas jodido Sirius, ella sí que sabe jugar contigo.
Hemos vuelto! Espero con entusiasmo sus reviews! Los quiere, Florence!
