Buenas chiquies, espero les guste este capitulo. Espero sus comentarios, siento que cambia un poco la onda, pero ya era tiempo. Los quiero y los estare leyendo. Recuerden que falta poco pare el final


La pesadilla parecía repetirse en mi cabeza de manera intermitente. Quería darle pause, pero no podía. Mi cerebro se encontraba acerelado. Como si hubiera ingerido droga. No lo entendia. No lograba entender. Que podía impulsarme a rechazarme. Todo parecía tan bien. Todo parecía entontrarse en el lugar correcto.

Puede que fuera ello. Que yo jamas hacia nada malo. A todos le gustaba la mala de la película. Todos eran masoquista. Hasta yo misma. Amaba a alguien que no me amaba. El cuerpo se me sentía pesado. La respiración agitada. Fue un flash, donde todo se puso negro. Luego solo logre ver mi cuerpo caer al suelo. Sin que mis manos respondieran.

Shizuru

El silencio se quebró, con un golpe en seco. Ideas catastróficas rondaban mi cabeza. Al verle inerte en el suelo sentía lo peor. Como si me acercara al borde de un abismo. Pero hice el intento, con los ojos aguados en lagrimas. Coloque mi mano debajo de su nariz. El tibio vaho me alegro tanto. Intente despejar la cabeza, diciéndome de seguir el protocolo. Pero no era tan fácil cuando es alguien que amas. Todo se encontraba en orden. Se había desmayado.

Hacerle volver a la conciencia fue mas sencillo. Mientras mi mano temblaba sosteniendo un perfume debajo de sus fosas nasales. Observe sus parpados abrirse. Ella comenzó a volver en si. Algo mareada. Algo aturdida. pero callada, demasiado cabisbaja. Tenia deseos de cargarle y llevarle a la clínica. Pero seria una lucha.

Natsuki

Su cara de susto, fue lo primero que observe al abrir los ojos. Tenia rastros de llanto. No tuve demasiados deseos de hablar. Era similar a un juguete quebrado. Mi salud no era la mejor de todas, pero ¿desmayarme?. Podía suceder. Solo con emociones fuertes. Que colapsaran.

Ella me hablaba de cuidados. Sobre tener que ir al medico. Hablaba rápido. No lograba entender sus ideas, eran frases largas y rapidas. Casi podía preguntarme de que manera lograba hablar con esa rapidez. Era su mismo miedo. Estaba nerviosa y por ello hablaba como si pudiera detener el tiempo con sus palabras. Tome la caja de cigarros.

Abri la puerta entrando en el jardín. Cada paso me alejaba del sonido de su voz, pronto fueron como un crepitar de cascos de caballo a lo lejos. Un ruido sin demasiado sentido, de fondo. Encendí el cigarro dándole una bocanada profunda. Mire cada a lo lejos la vista, como si observara aque barrio por primera vez. Observe los balcones, las casas, los jardines, arboles y mascotas. Era una hora poco transitada, laborable, por lo que las personas no estaban. Me quite la chamarra atándola a mi cintura. El sol me daba de frente. Lo mire. Una fracción de segundos. Dando esa sensación rara de no ver nada. De que te deslumbre la vista.

Shizuru era asi, te deslumbraba haciéndote olvidar todo lo demás. Dejando de lado todo lo demás. Incluido las personas. La naturaleza. La gente. Los parques. Las playas.

Yo amaba aquello. mirar al mundo como si fueran ojos de niño. Como si recién te levantaras de una siesta y todo te pareciera interesante. Amaba la naturaleza, los paseos, las vacaciones, los lugares nuevos.

Había entregado muchas cosas, por la mujer que se encontraba dentro. No podía culparle, porque fue una decisión propia. Pero si podía recuperar, lo que era mio. Debía recuperarme.

Me quede allí, hasta la ultima bocanada de nicotina. Entonces suavemente respire. La cerilla la arroje al piso, la pise. Casi en un acto profetico. Entonces con manos en el bolsillo, camine a la salida. En el trayecto me llegan sonidos metálicos, seguramente la castaña cocinaba algo riquísimo. Seguramente se había calmado. Entonces me hablaría suave, me cuidaría como una niña pequeña que te sientes mal por castigarle. Me explicaría sus motivos con esa voz calmada. Ante lo cual le perdonaría. Le diría que esta bien, o lloraría.

Esa noche no tenia antojos de Shizuru. Ni de su comida, ni de su terraza sin gente. Ni de las flores artificiales. Ni de ver el sol que te deslumbre.

En ese momento quería soledad. Cerre la puerta tras de mi con suavidad. Me marche sin un rumbo fijo. Solo quería caminar. Ver gente, comer un chocolate, ver gente. Bailar, tomar una cerveza. Ese dia fue el primero que camine hacia una florería. Compre una flor. Era increíble. Su color era azul pero desprendia un perfume envolvente.

Fue un acto lindo. Siempre había comprado flores para shizuru. y antes para alguna novia. Antes para llevar al cementerio. Y todas parecían haber disfrutado de ello. Era fácil una flor para demostrar el amor, la vida. La acerque a mi nariz y aspire su perfume lentamente.

A la gente que pasaba podía parecerle extraño. O puede que no. Pero yo me encotraba demasiado atenta a mi misma. Estaba cansada de sentir esto. De sentir que todos eran injustos conmigo. Que no me entregaban suficiente amor. Llamales padres, amigos, o incluso novia. No se detenían a ver si me encontraba bien, sino ponían sus cartas sobre la mesa y debía aceptarles.

Pero me había cansado. Necesitaba que alguien realmente me amara. Pero iba a ser difícil si no era capaz de hacerlo.

Esa noche no tendría una noche de desamor barato a manos de una prostituta, o de una chica que conociera en el bar. Ni de desparramarme en la barra de un bar. Sino que fui al restauran mas caro y pedi mi comida preferida. Una copa de buen vino. La música que me encanta de fondo. Comería un chocolate que se deshiciera en mi boca lentamente. Acabe la noche mirando el cielo estrellado desde la ventana de un prestigioso hotel. Entonces en la cama de dos plazas, pude extenderme y descansar. Las sabanas me abrazaron con un presagio de buena vibra. Dormí tranquila, como hacia tiempo que no lo lograba. Sabia que tenia demasiado por delante, era un camino nuevo. Diferente a todo lo que iba a abordar. Era la flecha inversa, de dentro hacia afuera. Tiene muchos nombres. Pero todo se resumen en amor a uno mismo. El amor mas difícil. Amar a tu propio verdugo.