Capítulo 23: Cuenta atrás

Los calderos emitían un denso humo anaranjado que iluminaba los rostros de los alumnos con una siniestra luz que contrastaba con la oscuridad de la mazmorra. Los estudiantes de séptimo de Gryffindor y Slytherin preparaban un antídoto para venenos poco comunes, en un examen que el profesor Slughorn había propuesto para prepararlos para los ÉXTASIS prácticos de su asignatura.

James observó a Lily concentrada al máximo en cada paso de su poción. Sonrió ante el gesto serio y concentrado de la chica, que repetía en voz baja cada punto y cada ingrediente como si de un extraño mantra se tratase.

A su lado, Estelle lanzaba nerviosas miradas a su caldero, que era el único que en lugar de emitir un humo anaranjado lo hacía de color amarillo. Slughorn varió su paseo en línea recta a lo largo de la clase para dirigirse a la joven pelirroja de pelo rizado y orientarla mientras sus labios dibujaban una mueca de desaprobación nada disimulada. Por fortuna para ella, la extraña luz que reinaba en la sala ocultaba su rubor, aunque James pudo casi imaginar lo coloradas que estaban sus mejillas pecosas.

Detrás de ellas, Yasmine añadía algunos ingredientes después de medirlos con cuidado, pero no parecía especialmente concentrada, como si tuviese la cabeza en un lugar diferente al de aquella agobiante clase de principios de mayo.

Dos jóvenes morenos observaban a la chica castaña, cada uno a su manera. Sirius le lanzaba miradas de soslayo, inquisitivas, con esos ojos grises que parecían querer penetrar en la mente de la chica y averiguar qué estaba pensando. James sabía que ocurría algo con su compañera de casa, él también lo había notado, no era idiota, pero también sabía que hasta que ella no estuviese preparada para compartirlo no habría mucho que hacer. Así se lo había dicho Lily cuando James le confesó sus preocupaciones acerca de Yasmine una noche en la que se quedaron solos en la sala común. Pero también sabía que a Sirius, nadie le ganaba en tozudez cuando se proponía algo. Él quería confiar en que su amigo a sería lo suficientemente hábil para poder ayudar a Yasmine, pero sabía que el orgullo se interponía a menudo entre ambos haciendo la tarea mucho más difícil.

El otro moreno, era Snape, que alternaba las miradas de ¿preocupación? (James arrugó la nariz y el entrecejo de la sorpresa) para Yasmine, y se suavizaban de momento al posar la vista sobre Lily. El joven gryffindor ahogó un bufido. Claro que estaba al tanto de los sentimientos de Snape por Lily, casi desde el primer día que los vio juntos en Expreso de Hogwarts. Y claro que no le había gustado. Estuvo tentado de lanzarle un maleficio en voz baja, para que dejara de mirar así a su pelirroja novia, pero simplemente apretó con rabia los puños y se obligó a dejar su ataque para más tarde.

El último en el que James posó su mirada fue en Remus, que ayudaba a Peter por lo bajini intentando que Slughorn no los viese, aprovechando que el profesor revisaba la de Estelle. De verdad que no entendía que iba a ser de su ratonil amigo cuando no pudiesen copiar en los EXTASIS. James sonrió negando con la cabeza, pensando en que ya se las apañarían para ayudarle, mientras terminaba su propia poción, que le había quedado de diez, modestia aparte. Se repantingó en su silla sonriendo con superioridad y le hizo un gesto a Slughorn para indicarle que ya estaba listo para que pudiese evaluarlo. El rechoncho profesor se limpió el sudor de su frente y se dirigió con pasos cortos hasta el merodeador.

-Bien, señor Potter- observó al contraluz un frasquito del contenido del caldero de James, tras haberlo recolectado con su varita- puede usted abandonar el examen, en un días expondremos los resultados en el panel de notas del vestíbulo.

James se levantó, y tras él, Sirius alzó la mano hacia el profesor elegantemente mientras le lanzaba a su amigo sonrisa de complicidad perruna, a la que James respondió en silencio y alzando el pulgar en señal de aprobación alegremente. Sin embargo, al pasar al lado de Snape, su rostro se volvió duro y le lanzó una fría mirada de advertencia que el slytherin se limitó a ignorar.

James esperó a Lily y sus amigos en el pasillo de las mazmorras. Poco a poco, los alumnos fueron saliendo, con caras más o menos alegres según el resultado de su poción.

-Ha sido un examen horrible- suspiró Estelle tras salir acompañada de Yasmine, que le apretó el brazo cariñosamente para animarla.- ¿Humo amarillo? ¿Cómo pude confundir el antídoto para venenos no comunes con el de comunes?- arrugó su pequeña nariz, aunque no pudo esconder una pequeña sonrisa de incredulidad.- espero que Slughorn no sea muy duro conmigo.- se apoyó en la pared cansada y se apartó un rizo pelirrojo de la cara.

Remus, que la observaba con una medio sonrisa ladeada en el rostro, se aproximó a ella y se apoyó a su lado en el frío muro de piedras gruesas.

-Y si no…- dijo casi en un suspiro ronco- ya me encargaré yo de él- rio entonces con ella, que había soltado una sonora carcajada a la vez que enrojecía hasta las puntas. El resto del grupo se les quedó mirando con expresiones socarronas de diferente grado, haciendo que los jóvenes se separasen y les lanzasen miradas furibundas a sus amigos.

-Vamos a cenar, me muero de hambre- fue Peter quien interrumpió las burlas para encabezar la comitiva hacia el gran comedor. Remus observó a la muchacha pelirroja, que tras dedicarle una sonrisa tímida se adelantó para acompañar a Yasmine, que no sabía decir si el examen le había salido bien y mostraba la misma mirada ausente y confusa que llevaba pintada en el rostro casi las veinticuatro horas del día desde la vuelta a Hogwarts tras las navidades.

Desde su encuentro en la torre Remus y Estelle no habían vuelto a hablar del tema, él más por miedo de que hubiese sido un arranque emocional de la joven y se hubiese arrepentido de su beso inmediatamente, y ahora ambos intentaban no quedarse a solas bajo ningún concepto. Eso era lo que él imaginaba. Lo que no sabía es que Estelle esperaba que el licántropo diese el mismo paso que dio ella, y se torturaba mentalmente pensando en que tal vez se había excedido y su beso había estado fuera de lugar, puesto que no habían hablado de ello y no habían compartido ni un solo momento a solas desde entonces. El grupo fue entrando poco a poco en el gran comedor y tomando asiento en la mesa de gryffindor, y cuando ya casi todos los alumnos de la escuela estaban sentados esperando la cena, repararon en la presencia de su director de pie en el atril que presidía la mesa de los profesores. Normalmente y especialmente durante aquel último año, Dumbledore, salvo en ocasiones especiales, cenaba en su despacho o se encontraba fuera del colegio, pero allí estaba en pie, esperando pacientemente que poco a poco las voces de los alumnos fuesen acallándose.

-Queridos alumnos- alzó los brazos ceremoniosamente y una leve sonrisa se dibujó tras su tupida barba blanca. – me alegra acompañaros esta noche- hizo una breve pausa y miró por encima de sus gafas de media luna- como bien sabéis, queda un mes y medio escaso para la finalización del curso presente- miró con una leve sonrisa a algunos alumnos que estaban en las primeras filas.- el primer curso para algunos, y el último para otros- varios suspiros de tristeza se extendieron por el Gran Comedor, procedente de algunos alumnos de séptimo. Lily observó como James se tensaba y en su rostro se pintaba la determinación. La joven sabía que uno de los mayores deseos del chico era terminar el curso para poder ingresar en la escuela de aurores.- me siento enormemente afortunado, de poder comunicarles a nuestros alumnos de último curso, que tras la realización de los ÉXTASIS, contaremos con una agradable velada de graduación – se oyeron algunas exclamaciones y vítores de alegría- y que además, contaremos con la presencia de los familiares que quieran venir a acompañarnos- esta vez los vítores de alegría fueron aún más evidentes. Estelle aplaudió emocionada pesando en su hermano y su madre, pero pronto paró al ver los rostros serios de James y Sirius, y decidió celebrar su emoción internamente. Remus, sentado en frente, le lanzó una mirada de comprensión a la que ella respondió con una sonrisa de agradecimiento. – por otro lado, tras dicha velada, nuestros alumnos tienen la posibilidad de permanecer en el colegio durante un par de semanas más durante las cuales nos visitaran un gran número de profesionales de distintas áreas del ministerio, para orientaos en la elección de aquello que más os guste de cara a vuestro futuro. Esta vez, James varió su rostro serio a una sonrisa más parecida a la que tenía antes de que Dumbledore nombrara a los familiares, y que no hizo más que inquietar a Lily.- sin entretenernos más, ¡es la hora de llenar nuestros estómagos!- y con una sonora palmada, el banquete apareció frente a todos los hambrientos estudiantes.

-¡Es genial!¿Verdad, Yas?- mientras el bullicio habitual volvía a resonar en el Gran Comedor, Lily desvió la mirada de su novio, que ahora discutía con Sirius sobre las asignaturas que impartían en la escuela de aurores, para centrarla en su amiga, que estaba con la vista fija en algún punto de la mesa de Slytherin y la miró sobresaltada al oír su nombre.

-¿Qué?- Yasmine ni siquiera la había escuchado.

-¡La graduación! Imagino que tus padres vendrán, ¿verdad?- preguntó la pelirroja con emoción.

- Por supuesto- no había ni un ápice de alegría en la voz de la joven castaña, que seguía con la mirada extrañamente fija en un punto de la sala, su voz sonaba como si de repente hubiese encontrado la respuesta a todas sus preguntas. Carraspeó un par de veces, y como si se hubiese dado cuenta de lo extraño de su comportamiento, sonrió ampliamente. - ¡Por supuesto!- esta vez su expresión era de plena felicidad- tengo que volver a la clase de Slughorn, creo que me he dejado mis apuntes allí- y sin probar bocado alguno, se levantó apresuradamente y los dejó allí sentados, Lily con el entrecejo fruncido por su extraño comportamiento, y Sirius, que había visto la escena, mirando con dureza la espalda de la joven que abandonaba corriendo el Gran Comedor.

Ninguno de los dos vio, afortunadamente, como Regulus Black se levantaba y salía tras la joven, ni como Snape, con un suspiro de cansancio, se levantaba tras el chico y lo seguía de cerca.

...

Yasmine no cabía en sí de gozo, corrió por los oscuros pasillos que la iban adentrando cada vez más en las mazmorras del castillo, pero, en lugar de dirigirse a la clase de pociones, tomo un camino distinto y acabó en la mazmorra en la que normalmente quedaba con Regulus y Snape para averiguar como eliminar el tatuaje de su piel. Cerró la puerta y se apoyó en la pared, esperando. Sabía que en pocos segundos sus compañeros de slytherin llegarían allí. Durante el discurso de Dumbledore sobre la fiesta de graduación, sus ojos se encontraron con los de Regulus y pudo hasta adivinar una sonrisa de alivio en las elegantes y frías facciones del chico. Ese sería el momento perfecto para actuar y ambos lo sabían. Con su familia y amigos bajo la protección de Dumbledore en la inexpugnable Hogwarts, tendría el tiempo necesario para deshacerse del tatuaje y correr en busca de ayuda. Como bien adivinó, el joven entró raudo a los pocos segundos en la mazmorra. Presa de la alegría, Yasmine se lanzó hacia él y le dio un abrazo lleno de emoción.

-¡Será el momento perfecto!- chilló ilusionada mientras daba pequeños saltitos de alegría. El chico soltó una pequeña carcajada al oír a la chica tan contenta, pero pronto se contuvo y la separó con suavidad de él.

-¿No tienes miedo?- sus oscuros ojos se detuvieron en los castaños de ella, intentando buscar algún rastro de esa emoción en su mirada. Yasmine se ruborizó un poco por intensidad del chico, pero por suerte, Snape la salvó de responder al entrar en la habitación y pudo desviar su mirada de la de Regulus.

-Siento interrumpir tan tierna escena- la voz grave y socarrona de Snape contrastaba con sus facciones serias- imagino que habréis llegado a la misma conclusión que yo. Yasmine asintió con alegría, algo más contenida que su demostración con Regulus.- tenemos un mes y medio para averiguar como quitarte eso de ahí. – fue su tono helado y poco optimista, el que hizo que a Yasmine le recorriese un largo escalofrío a lo largo de su columna vertebral: era el momento de empezar a elaborar de verdad el plan que salvaría a familia y sus amigos de una muerte segura a manos de Lord Voldemort.

El mes de mayo comenzó a transcurrir a una velocidad inusual. Los alumnos de quinto y séptimo se veían cada vez más abrumados por la cantidad de exámenes de repaso que los profesores les hacían, columnas de apuntes y gruesos tomos de todas las asignaturas que debían repasar hasta la saciedad para poder pasar con la mejor nota posible los temidos EXTASIS en caso de los alumnos de séptimo y los TIMOS de los alumnos de quinto.

-Me piden un extraordinario en encantamientos, herbología y pociones para poder acceder a las prácticas de enfermera auxiliar de medimago en San Mungo - se quejó Estelle una tarde particularmente cálida de mediados de mayo mientras las chicas estudiaban junto a los merodeadores bajo la sombra de un árbol cerca de la orilla del lago. Desde que James y Lily eran pareja, ambos grupos pasaban más tiempo juntos, a pesar de que la relación entre Sirius y Yasmine no era especialmente buena en los últimos meses, ambos estaban de acuerdo en compartir de forma amistosa ciertos momentos en los que parecían aparcar momentáneamente sus rencillas - ni encantamientos ni pociones se me da particularmente bien- suspiró dejando caer la cabeza entre sus brazos abrumada.

Lily levantó la cabeza, que tenía en el regazo de James, y arrugó el entrecejo extrañada.

-¿Enfermera auxiliar? Pensaba que tu idea era llegar a ser medimaga- el resto del grupo dejó de leer sus apuntes interesados en la respuesta de Estelle, que tras verse en el centro de atención, enrojeció instantáneamente.

-Para eso, debo sacar extraordinario en alquimia, transformaciones, y defensa- explicó ella-además de las que ya os he dicho- bajó sus ojos azules avergonzada- no me veo capaz de ello. Yasmine resopló ofendida.

- ¡Llevas desde primero queriendo ser medimaga, como tu hermano!- exclamó la joven castaña sin creerse que su amiga tirase la toalla con tanta facilidad.

-Pero también soy consciente de mis limitaciones-se defendió Estelle- es una de las profesiones que más extraordinarios requieren además de auror, y yo estoy muy lejos conseguirlo.

-Puedes intentarlo- Remus se incluyó cauteloso en la conversación, él si creía a la joven capaz de conseguir lo que se propusiese.

Estelle lo miró un poco dolida. Había sido una elección dolorosa para ella, y no le parecía justo que los demás opinasen que no era buena idea cuando había pasado largo tiempo meditándolo. A eso se añadían las gana tenía de besar al licántropo y la rabia que le daba que él no diese el paso para ello.

- Es mi decisión- dijo secamente, se sentó con las piernas cruzadas y volvió a enfrascarse en la lectura de los apuntes que tenía en la mano, aunque su cabeza bullía de ira y les prestaba más bien poca atención. Remus suspiró sin comprenderla, pero no insistió. Debía hablar con ella a solas lo antes posible, aunque su naturaleza tímida e insegura lo obligaba a intentar posponer ese momento lo máximo posible. Era ridículo, porque por más mágico y único que fue el momento que vivieron en la torre, él no quería limitarse a recordarlo, sin embargo, pensar en el posible rechazo de la joven le hacía perder el aire de los pulmones y quedarse sin aliento.

- Nosotros necesitamos cinco EXTASIS con extraordinario en las troncales más difíciles- dejó de caer de repente Lily, con un tono que intentaba quitarle toda la importancia posible a lo que acababa de decir.

- ¿Nosotros?- James abrió los ojos como platos mientras dejaba de juguetear con el mechón rojo oscuro de su novia, que había tenido entre sus dedos hasta ese momento.

- Sí, nosotros: Sirius, Remus, tú y yo- afirmó ella con una tranquilidad sospechosa posando su verde mirada en cada uno los chicos a medida que iba pronunciando sus nombres.

- NOSOTROS - James hizo hincapié en la palabra nosotros, señalando a sus amigos y a él, sin incluirla a ella- pretendemos ser aurores y entrar en la academia el próximo septiembre- su voz también estaba impregnada de una falsa cordialidad que no hizo más que poner a sus amigos a la defensiva en vista de lo que iba a venir después.

- ¡Anda!- Lily fingió sorpresa, no sin cierta irritación- ¡Como yo!- añadió, terminando de sacar de sus casillas a James.

- Oh, oh- Yasmine miró a Sirius, a Remus, a Peter y Estelle, que a su vez se miraban entre ellos, y sin mediar palabra, y cada uno balbuceando la excusa más inverosímil posible, comenzaron a recoger todo rápidamente para irse de allí a toda velocidad, cosa que no hacía demasiada falta ya que James y Lily estaban tan concentrados en fusilarse con la mirada que no prestaron la mas mínima atención a la huida en masa que sus amigos acababan de protagonizar.

- ¿Estás loca?- ni siquiera pretendía sonar tan hiriente, pero James no pudo evitar que cada una de sus palabras sonaran como cuchillos afilados. Lily acusó el ataque.

- Sabía que no te iba a parecer bien, ¡Es tan propio de ti!- chilló ella cabreada- tú, obsesionado con convertirte en auror, ¿y yo? ¿Qué debo hacer? ¿Quedarme en casa?- la pelirroja bufó, demostrando lo ridícula que le parecía esa opción, y volvió a bufar aún más fuerte cuando vio la expresión de "es obvio que sí" que James tenía dibujada en la cara.

- Te equivocas- le espetó ella.- eso no va conmigo- sin darse cuenta se había levantado y miraba a James, que seguía sentado en el césped, con una expresión serena que la estaba sacando de quicio.

- No voy a permitir que te pongas en peligro, jamás me lo perdonaría.- dijo el animago con una tranquilidad exterior que estaba muy lejos de sentir por dentro.

- Ni siquiera es tu decisión- repuso ella intentando calmarse. Después alzó sus ojos verdes y le preguntó- ¿es un ultimatúm?-se cruzó de brazos y lo contempló, orgullosa y dolida. James guardó silencio.- no voy a permitir que nadie me diga lo que tengo que hacer.- sin más, y con un rabioso golpe de varita, Lily recogió sus cosas y se dirigió al castillo, dejando solo al chico de gafas, que no sabía si gritar, patalear, llorar o maldecir su mala suerte.

Mientras tanto, Remus aprovechó para seguir a Estelle, que se dirigía a la biblioteca para continuar su estudio, seguida de Peter, y Yasmine tomó un camino que descendía hacia la zona del lago donde descansaban los hipogrifos de Ada, dispuesta a tomarse un respiro del estudio. Sirius vaciló. Sabía que Remus y Estelle necesitaban hablar, y pese a la tensa relación que tenía con la joven castaña, decidió en última instancia seguirla, aunque las duras palabras que la joven le había dedicado el día de la salida a Hogsmeade meses atrás aún seguían doliéndole como el mismo momento en que las oyó. Sin embargo, una vaga idea para empezar a acercarse a ella de nuevo llevaba días rondando su mente. Avanzó a grandes pasos bajando la ladera de nomeolvides de los terrenos del castillo, sorprendiéndose de la agilidad y velocidad de la muchacha, a la que tardó unos minutos en alcanzar. Se puso a su lado y le siguió el paso, mientras ella le lanzaba una mirada de soslayo teñida de sorpresa.

-Black...- se paró en seco y lo miró con los ojos grandes castaños abiertos de par en par- ¿Qué haces aquí?- el joven ignoró que lo llamase por su apellido y esbozó una sonrisa que tuvo la decencia de impregnar con un poco de timidez.

- Necesitaba hablar contigo- evaluó la mirada de la joven, entre suspicaz y desconfiada, pero se animó al ver un amago de sonrisa en los carnosos labios de la Gryffindor.

- Cuéntame- le instó ella volviendo a caminar. El chico la siguió y volvió a ponerse a su lado.

- Verás... sé que llego con algo de retraso, pero... no pasó nada con Anaïs el año pasado, al menos, nada que yo recuerde- añadió al final, mesándose nerviosamente el pelo azabache. Volvió a recibir una mirada de sorpresa y desconfianza de la joven castaña, que ahora lo miraba intrigada.- me gustabas de verdad ya por aquel entonces- su voz se volvió seria y solemne.- y me dolió que todo se echara a perder. -se sorprendió así mismo al oírse pronunciar aquellas palabras, casi sin darse cuenta, había vencido la batalla contra su orgullo que casi siempre solía perder.

La joven se mantuvo en silencio unos segundos, evaluando como habrían cambiado las cosas de haber sabido eso el año pasado. Si habría cambiado en algo su situación actual. Tal vez jamás habría llegado a acudir a la cita con el señor tenebroso, o tal vez ahora no se estaría enfrentando tan sola a su destino. Sonrió con tristeza al pensar en el abismo de posibilidades que habría tenido y de como cada una de las decisiones que ambos habían ido tomando los habían llevado a aquel mismo momento, y a aquel mismo lugar. Estaba claro que se habrían ahorrado más de un disgusto, aunque también pensó que tal vez no hubiese funcionado si todo hubiese ido sobre ruedas en aquel momento, ¿quién podría saberlo?

-No pensaba ninguna de las cosas que te dije ese día- le contestó ella, tan seria y solemne como él, mirando al frente. No hizo falta decir que día fue, pues ambos lo tenían grabado a fuego en su mente.

El sol comenzaba a ponerse en el horizonte y ellos estaban llegando al lago, Sirius se perdió en los reflejos rojizos del largo cabello de ella cuando la luz anaranjada del ocaso incidió directamente sobre ellos. Nunca se había fijado en esa variedad de colores rojos, marrones y oscuros que bailaban en torno al rostro de muchacha, que observaba divertida su embelesamiento

- Te acabas de quedar como si hubieses visto una veela- se rio ella pasando su mano frente al rostro de Sirius para sacarlo de su ensoñación. El joven apartó la mirada y sonrió lacónicamente.

-¿Y por qué lo hiciste?- preguntó él, mientras lanzaba una breve mirada a los hipogrifos que reposaban tranquilamente a la orilla del lago. Ella volvió a tomarse su tiempo contestar.

-¿Por qué no me lo dijiste tú el año pasado?- pero se limitó a responderle con una pregunta. Sirius entendió entonces que eso era lo máximo que iba a conseguir... por ahora, pero ya había sido un gran avance escuchar de su boca lo que tanto había ansiado oír en los últimos meses- ¿has montado alguna vez en hipogrifo, Sirius?- preguntó ella con una energía inusitada.

El joven negó con la cabeza, sintiendo un hormigueo de extraño placer al volver a ser "Sirius" en sus labios y siguió a la muchacha hasta el grupo de seres alados que ya habían posado su mirada desconfiada en ambos gryffindor.

Yasmine se dirigió en primer lugar a una joven hipogrifo de pelo cobrizo y ojos grises, que miraba con interés a la muchacha y con cierta curiosidad a Sirius.

-Esta es Aleas- Yasmine dibujó una rápida reverencia en el aire que a juzgar por el lenguaje corporal más que tranquilo de la criatura no hubiese sido ni necesaria. La joven se acercó a ella y le acarició con delicadeza las plumas del cuello, dedicándole una mirada cariñosa y tierna- es la más joven y valiente del grupo... veamos como te acepta- se colocó al lado de la hipogrifo, mirando a Sirius con detenimiento- vamos, inclínate.

Sirius sonrió encantado y realizó una majestuosa y elegante inclinación ante Aleas, que se levantó rápidamente y respondió con una reverencia que igualaba en elegancia a la del merodeador.

-Vaya...- Yasmine sonrió sorprendida, pero intentó que se le notara lo mínimo posible para no crecer aún más el ego del chico.- parece que le has gustado- lanzó una mira comprensión a la hipogrifo que pasó desapercibida al merodeador.- yo montaré a Ileus, es el hipogrifo de Ada, espérame aquí.

Se alejó unos cuantos metros, se inclinó ante un hipogrifo negro de ojos ambarinos, y él respondió igual. La castaña se subió ágilmente a espaldas de Ileus, apoyando sus pies en el nacimiento de las alas, y se aproximó a Sirius y Aleas subida en él. La hipogrifo parecía entender a la perfección las intenciones de Yasmine, facilitando la subida del merodeador con una suave inclinación de su cuerpo, y cuando él ya estuvo perfectamente agarrado a ella, ambos animales emprendieron el vuelo raudos como el viento.

Los dos hipogrifos comenzaron a sobrevolar el lago, muy próximos a la superficie del agua. Yasmine observó la expresión extasiada del joven de ojos grises y lo vio extender la mano y trazar una línea recta en el lago, mojándose la punta de los dedos. Aleas lo imitó con una de sus garras, y pudo ver como ambos compartían ese brillo especial en los parecidos ojos grises. Sacudió la cabeza, intentando disfrutar de su propio vuelo, sintiéndose terriblemente desdichada.

Desde que James y Lily eran pareja, ambos grupos habían empezado a compartir más tiempo juntos. De estudio, de comidas, o de descanso. Al principio, sus sentimientos por Sirius eran meramente pasionales, era consciente de que había algo que los atraía físicamente de forma irremediable, pero después... Sí, era un egocéntrico redomado, a veces algo inmaduro y tenía una fijación enfermiza con Snape y todo aquello relacionado con ir en contra de la pureza de sangre y la casa slytherin (y podía entenderlo teniendo en cuenta la familia de la que procedía), pero también era alegre, valiente, leal, divertido e inteligente. Se encontraba así misma a menudo riéndose interiormente de sus bromas y comentarios y lo enternecía la forma en la que protegía a James, a Remus y Peter. Era como si pasara lo que pasase, para ella fuera imposible mantenerse lejos de él o tener una excusa sólida para odiarle, y ahí es cuando llegaba la maldita serpiente reptando en su piel claramente a su vista, para recordarle que más le valía mantenerse al margen de todo lo relacionado con su mundo, por el bien del propio chico. Y después aparecían de nuevo esos ojos grises y el vuelco que le daba el estómago cada vez que lo pillaba observándola. De repente, notó una brusca sacudida de viento por encima de su cabeza y vio a Sirius mirándola burlón por encima de su cabeza.

-¡Aleas dice que podemos ser más rápidos que vosotros, que os damos mil vueltas!- le vociferó a la joven de pelo castaño. Ella no supo si Ileus había entendido las palabras del chico, o había reaccionado a la leve presión que ella había ejercido sobre los laterales de su cuerpo de forma casi inconsciente, pero de inmediato notó como su velocidad aumentaba de forma considerable, y lo que empezó como un apacible paseo, terminó siendo una emocionante carrera por encima de los bosques y montañas que rodeaban los terrenos de Hogwarts.

Tras dejar atrás a sus amigos, Estelle entró en el castillo en busca de un lugar tranquilo en la biblioteca en el que poder encontrar un mínimo de la concentración que había perdido esa tarde. Se decidió por una mesa pegada a una ventana que estaba más aislada del resto y tomó asiento de espaldas a la sala. A través del reflejo del cristal, vio a Peter entrando en la sala, de modo que corriendo se agachó en su asiento para que no viera su pelo rizado y rojo sobresalir por el respaldo de la silla. El joven le había pedido ayuda porque no entendía la forma correcta de cortar las raíces de las mandrágoras para preparar antídotos de venenos y a ella le apetecía menos mil ponerse a explicarle aquella tarde nada que tuviera que ver con sus futuros EXTASIS. Por suerte para ella, Peter no la vio, y tras echar una breve ojeada a la sala, se dispuso a salir de la misma cuando se chocó con Remus, que acababa de entrar y que le preguntó algo que hizo que Peter se encogiese de hombros antes de salir de allí. Remus pareció suspirar con aire resignado, y se iba a dar media vuelta y seguir los pasos de su amigo, y Estelle se iba a incorporar para avisarle de donde estaba (la presencia de Remus era mucho más agradable que la de Peter), cuando una despampanante Shyne hizo al chico una seña desde otra mesa para que se acercara.

"Lo que faltaba" pensó Estelle, notando otra vez como la rabia la hacía enrojecer. Vio a la joven de pelo negro y largo acariciar con demasiada familiaridad el brazo de Remus mientras él le sonreía y le señalaba algo en un pergamino, aunque la pelirroja pensó que la gryffindor de sexto, por su expresión, estaba más centrada en el contacto con licántropo que en su propia explicación.

No iba a aguantar más, no solo le había cuestionado su decisión con los EXTASIS, sino que no se había dignado a estar a solas ni cinco minutos con ella y ni mucho menos parecía interesado en volver a repetir el beso de la torre, y además ahora tonteaba descaradamente con la que había sido su novia y amante a saber Merlín cuanto tiempo, ¿No estaba Shyne enfadada con Remus por haberla dejado? ¿Qué hacía hablando así con él? Sin darse cuenta había arrugado la hoja del libro que estaba leyendo, pero cuando como la joven mediolicántropo ofrecía una silla a su lado a Remus para sentarse, Estelle decidió que no iba a aguantar más escenas.

Se levantó ruidosamente de la silla, recogió el grueso tomo de herbología que estaba leyendo cerrándolo con un golpe seco (se ganó una desdeñosa mirada de la señorita Pince, que desde el otro extremo de la biblioteca la miró vocalizando en silencio: "diez puntos menos para gryffindor") y se lanzó en picado a la puerta de la salida procurando que tanto el merodeador como Shyne la viesen salir huyendo de ahí.

Remus abrió los ojos dorados como platos, maldijo en silencio a Peter por decirle que Estelle no estaba en la biblioteca, y sin ni si quiera excusarse con Shyne salió corriendo tras la pelirroja.

Le costó tres saltos de alto riesgo en las escaleras cambiantes y algún que otro empujón a algún alumno despistado que se había encontrado a su paso cuando dio con la chica en el pasillo del retrato de la dama gorda.

-¡Estelle!- la llamó jadeando por el esfuerzo de la carrera- ¡espera! Ella se paró en seco, y cuando se dio la vuelta tenía el entrecejo fruncido en un gesto de enfado.

-¿Qué quieres?- le espetó con dureza, aunque inmediatamente después carraspeó y repitió con voz algo más suave- ¿qué quieres?- "eres una blanda", se autoinsultó mentalmente la pelirroja.

-No es lo que parece- Remus quiso explicarse, pero el esfuerzo de haber corrido por todo el castillo detrás de ella lo había dejado exhausto, y mira que era difícil cansarlo, suspiró profundamente y se apoyó en la pared.

-¿Y que es lo que se supone que parece?- ella seguía inflexible, aunque su ceño se había relajado y se había acercado un paso al licántropo, preocupada.-no deberías estar tan cansado- añadió quitándole un mechón de pelo castaño claro de la cara.

-Hace poco fue luna llena- musitó él.- a veces tardo tiempo en recuperar las fuerzas- aunque ver a la pelirroja cediendo lo estaba llenando de una energía renovada.

Ella lo miró ladeando la cabeza y entrecerrando los ojos azules, intentando ver más allá de la mirada dorada del chico… estaba tan guapa, con el pelo recogido en un moño con algunos rizos color calabaza rebeldes escapando de él y enmarcando su rostro níveo y pecoso… ¿cuándo se había vuelto tan terriblemente atractiva? Es decir, siempre lo había sido, pero ahora no podía dejar de pensar ni un minuto en ella.

-Shyne no… ella y yo no somos nada- aclaró él recuperando un poco la compostura. Vio como Estelle se revolvía ligeramente incómoda y se alejaba un par de pasos.

-Eso no es asunto mío- replicó con la boca pequeña.

-¡Claro que lo es!- contestó el joven casi molesto. Ella lo miró con sorpresa.

-Somos amigos, y como amigos debo aceptar cualquier relación que quieras tener- pero ella parecía seguir en sus trece.

-¿Amigos?- Remus la miró alucinando en tricolor.- ¿Por qué me besaste entonces aquella noche?- preguntó entonces a bocajarro.

-Yo… yo, - Estelle enrojeció como nunca antes lo había hecho y solo pudo farfullar cosas sin sentido- está claro que no te gustó de modo que siento mucho haberlo hecho- terminó diciendo avergonzada.

-¿Qué no me gustó?- Remus estaba alucinando aún más que antes.

-¿Es que solo vas a repetir lo que yo diga una y otra vez?- se quejó ella empezando a enfadarse de nuevo- está claro que si te hubiese gustado habrías querido repetir- le soltó entonces ella también directamente.

- Y estaba deseando hacerlo…

Remus avanzó los dos pasos que los separaban, la cogió de la nuca con firmeza con una mano y con la otra rodeó su cintura, contempló sus ojos azules un segundo antes de… que un torbellino pelirrojo y cabreado apareciese entre ellos bruscamente gritando cosas como que era lo que le faltaba por oír y que ella también quería luchar en contra del mal y nadie iba a dejarla encerrada por muy peligroso que fuese. Lily ni siquiera veía lo que arrollaba a su paso, que en este caso eran su amiga y el licántropo, le gritó la contraseña a una alterada Señora Gorda y se perdió tras agujero del retrato. Estelle se separó de Remus no sin cierta reticencia y le lanzó una mirada de disculpa…

-Creo que debería ir a ver como está- Remus asintió suspirando con resignación.

-Yo debería ir a echarle un vistazo a James, no creo que esté de mejor humor que Lily- decidió el chico de ojos dorados. Estelle sonrió tímidamente, levantó una mano a modo de despedida y entró en la sala común de gryffindor mientras Remus se planteaba seriamente darse una ducha fría antes de buscar a su amigo de gafas.

-Y entonces debo sacar un excelente en Cuidado de Criaturas Mágicas, en Herbología, Pociones y Encantamientos para poder acceder a las prácticas en el departamento de Magizoología del Ministerio, aunque ganas puntos extra para entrar de becario si consigues que te incluyan antes en la beca Newt Scamander de investigación, bien en Centroeuropa o en América del Sur, por no hablar de la experiencia y conocimientos con los que volvería de ella- Yasmine explicaba a Sirius detenidamente sus planes de futuro, y el muchacho se la imaginó rodeada de cientos de criaturas mágicas en mitad de una selva ecuatorial. Esa imagen le gustó y le disgustó al mismo tiempo, pero la vio tan sumamente feliz que por un momento no le importó que ella se visualizase a miles de kilómetros de Inglaterra.- Joe ya ha estado en Centroeuropa y dice que es una experiencia increíble- la mención del nombre de un chico desconocido hizo que la imagen de Yasmine desapareciese de su mente para volver a la realidad.

-¿Joe?- preguntó Sirius intrigado- ¿quién es Joe?

-Joe es el becario de Ada- explicó Yasmine- está aquí haciendo prácticas de profesor adjunto porque quiere ser profesor en Ilvermorny- la joven omitió que le había contado todo aquello en aquella extraña cita forzada que tuvieron el día que los mortífagos atacaron Hogsmeade, y que desde entonces no habían vuelto a cruzar más de dos palabras seguidas.

-Entiendo- el chico de ojos grises tuvo un flash momentáneo en el que recordó la cara del chico mientras acompañaba a Yasmine, y cerró los puños automáticamente al recordar los celos que sintió al verlos juntos. Yasmine le lanzó una mirada desconfiada, esperando que saltase con alguna grosería sobre el joven becario, grosería que no llegó a formularse porque en el hall del castillo, al que acababan de llegar, se congregaban James, Remus y Peter, aparentemente discutiendo.

-No pienso dejar que sea auror- James negaba tozudamente con la cabeza mientras Remus intentaba hacerle entender que Lily haría lo que ella quisiese con su vida después de terminar Hogwarts.

-¿Entonces por qué os empeñasteis en entrenar defensa con nosotras?- Yasmine se metió en la conversación con los merodeadores cuando llegaron a su altura.

- Para que estéis preparadas- dijo James- SOLO en caso de que sea necesario- puntualizó alzando un dedo sentenciador.

- No es justo James- le informó la muchacha- y espero que cuando te des cuenta no sea demasiado tarde, porque a Lily de ahí no la vas a mover, me voy a verla- y sin más, sabiendo el incendiario estado de ánimo en el que se encontraría la pelirroja, pasó de largo de los chicos y se encaminó hacia la sala común de Gryffindor.

-Prongs tío. Odio decirlo pero creo que tiene razón- Sirius observó a la chica largarse contoneando las caderas. Dirigió sus ojos a los marrones de su amigo, pero vio una firmeza terca en ellos de la cual iba ser muy difícil moverlo.

Lily daba vueltas en su habitación mientras los doseles, cortinas y cualquier cosa a su vista se arremolinaban en el aire con violencia fruto del poder no controlado que la joven desprendía a cada paso. No entendía a James y su afán proteccionista. ¿Pretendía aislarla del mundo exterior para que nada le ocurriera? Vale que ella sentía lo mismo hacia él, pero jamás se le ocurriría la fantástica idea de encerrarlo a cal y canto para que Voldemort no lo encontrase. Estaba claro que eran dos de los jóvenes más prometedores de su generación y el mago oscuro los querría, o vivos o muertos, pero aún así jamás le pediría que no fuese auror o que hiciese con su vida lo que le diese la real gana.

La joven pelirroja nunca había tenido muy claro lo que le hubiese gustado hacer después de Hogwarts, al contrario que sus amigas que tenían sus preferencias claras desde el principio, pero dados los tiempos que corrían no se le ocurrió mejor idea que la de entrar en el departamento de Aurores del Ministerio, no solo estaría preparada para afrontar cualquier tipo de ataque sino que además podría hacerlo junto a James. En su cabeza la idea era perfecta. Pero no, James tenía que actuar como el típico machito protector que quería dejarla fuera de juego y de la diversión. Volvió a bufar exasperada ante la idea y se lanzó a su cama, tapándose los ojos con las manos con cansancio. Fue en ese momento cuando Estelle entró en la habitación y observó el caos en el que la pelirroja la había sumido. Se sentó a su lado en la cama y le acarició el pelo con suavidad.

-Lily...- la aludida retiró una de las manos de su cara y le lanzó una mirada que hubiese podido ser fácilmente un rayo verde asesino.

-Ni se te ocurra darle la razón- le advirtió ella con un deje de amenaza que invitaba a no contradecirla.

-No iba a hacerlo- se rió Estelle- no lo pagues conmigo.- se acurrucó a su lado, en el espacio que Lily le había dejado después de su respuesta, más relajada.

-Es que no lo entiendo- se lamentó la ojiverde- no puede sencillamente aceptar que es mi decisión. Estelle suspiró.

-Yo si lo entiendo- se ganó mirada de censura de Lily, que se planteó echarla de la cama- no te voy a negar que me da miedo que estés en el ojo del huracán- pero se lo pensó bien tras escuchar el tono lastimero de su amiga- ¿pero quien no lo está hoy en día?- Estelle se encogió de hombros abrumada.- ¿Sabes que están amenazando a los medimagos de San Mungo?- a Lily se le escapó un breve gritito de asombro.

-No tenía ni idea- reconoció.

-Mi hermano Lucas, Patrick, los padres de Yas... y podría seguir. Amenazan con la muerte si siguen curando a los aurores y a las víctimas de los ataques. Pero claro, obviamente no van a dejar de hacer su trabajo- repuso la chica explicando la situación.- ahora hay aurores en las puertas del hospital durante todo el día, además de haber reforzado los hechizo protectores en torno al edificio. Quieren atacar y destruir los lugares claves para que cunda el pánico entre la gente, o se unan a él por miedo a correr la misma suerte. Estoy deseando terminar para ayudar- reconoció Estelle.

-¿Como medimaga o como enfermera auxiliar?- Lily no lo dijo para picarla, simplemente sentía curiosidad de conocer el origen del cambio de decisión de Estelle respecto a su futuro. La joven de ojos azules meditó un rato su respuesta.

- Me da miedo querer abarcar más asignaturas de las que puedo llegar a aprobar con extraordinario y quedarme fuera de ambas opciones, entonces todo sería inútil. Si me centro en los EXTASIS de enfermera, que son menos, tal vez tenga más posibilidades de estar el mismo uno de agosto trabajando en San Mungo.

Lily guardó silencio, la verdad era que poniéndose en la piel de Estelle, parecía una decisión meditada y no arbitraria o por simple miedo al fracaso.

-Entiendo- dijo al fin. Se apoyó sobre su costado, y abrazó a su amiga con cariño.- tienes todo mi apoyo- Estelle rio, para evitar que las lágrimas de emoción se agolparan en sus ojos.

-¡Yo también necesito un poco de cariño!- una centella castaña se les lanzó encima y les dio un abrazo de oso aplastante a las dos pelirrojas. Era Yasmine, que acababa de sigilosamente en la habitación y había visto a sus dos amigas abrazadas en la cama.

-¡Yas! ¡Que nos aplastas!- Estelle rio con más ganas y Lily intentó zafarse del peso de su amiga.

-¡Ataque de abrazo aplastador!- gritó la chica aumentando la presión sobre sus amigas. Las tres fueron presas de un ataque de risa colectiva, y cuando al fin pudieron parar de reír estaban sentadas en la cama limpiándose las lágrimas.

-Te veo contenta como hacía tiempo no te veía- Lily miró a su amiga de ojos marrones sorprendida- ¿que ha pasado?- preguntó curiosa. Yasmine rememoró la tarde con Sirius y suspiró melancólicamente.

-Estoy segura de que tiene que ver con cierto animago de ojos grises- aventuró Estelle con burla- lo vi correr detrás de ti esta tarde.

Yasmine dibujó una enigmática sonrisa en sus labios, pero no dijo nada. Miró a Lily solemnemente, y cogiéndole las manos le dijo:

-Que conste que me da tanto miedo como a James que decidas ser auror, pero quiero que sepas que estoy aquí para apoyar incondicionalmente tu decisión.- Lily le sonrió agradecida.- ahora tenéis que hacer las paces.- esto último lo dijo con una férrea convicción.

Lily bufó como llevaba haciendo desde que se había peleado con James.

-Hasta que no venga a pedirme disculpas de rodillas y a reconocer que se ha equivocado, no hay nada que hacer- y terca como ella sola, Lily les dio la espalda y se cruzó brazos, de modo que no vio la mirada que cruzaron Estelle y Yasmine de preocupación: ahora que todo estaba yendo tan bien entre ellos esos dos cabezotas tenían que echarlo a perder.

Severus se levantó de repente del sofá de la Sala Común de Slytherin, donde estaba repasando uno de los gruesos tomos de encantamientos que debía conocer para los EXTASIS, como si un rayo lo hubiese alcanzado de repente.

-¡Lo tengo!- gritó con alegría. Menos mal que estaba solo, porque si no se habría ganado alguna que otra mirada de desdén de sus compañeros de casa. Corrió a su habitación y sacó de su baúl un grueso tomo de tapa oscura y letras rojas, que rezaban: Pociones de magia oscura y sus usos. Pasó las hojas con avidez buscando lo que quería encontrar, ¿cómo no se le había ocurrido antes que en lugar de un hechizo, podría usar una poción, su especialidad, para eliminar el tatuaje de Yasmine?

La poción en particular no existía pero sí los ingredientes adecuados con los que podría prepararla. No iba a ser tarea fácil. Ya estaba seleccionando una lista con los que servirían para empezar a probar cuando notó un fuerte escozor en su tatuaje de mortífago, señal de que su amo los reclamaba, pero no hizo falta que se apareciese en ningún sitio, en su mente retumbaron claramente las siguientes palabras, dejándolo aturdido y mareado, tumbado en el suelo de su habitación: dile a leona traidora que el momento se acerca... debe conducir a James Potter a la orilla de lago más retirada del castillo… durante la noche de la próxima luna nueva... Y esa frase siseó y siseó en su mente una y otra vez hasta que cada una de las palabras se hubieron grabado a fuego en su memoria. La cuenta atrás había comenzado.