Capítulo 19
Siempre
Temas: Auto-complacencia de la autora con temas clichés de cosas que hacer en la playa.
Primer beso
El camino era largo. Durante una parte del trayecto, la lluvia y el sofocante calor de verano habían empañado las ventanas y Takao se había quedado profundamente dormido a causa de ello, esperando a que el autobús detuviera su marcha. Fue el aroma salino lo que lo trajo de vuelta a la realidad, así como una ola de calor que se propagó en el vehículo cuando alguno de sus compañeros abrió la puerta. Algunos bajaron para estirar las piernas, pero el estupor hizo que Takao permaneciera en su lugar. Midorima seguía profundamente dormido.
Aún no estaban en la central de autobuses que estaba a unas calles del hotel, pero el chofer se había detenido para cargar gasolina en una estación de autoservicio perdida a la mitad de la carretera. Desde su lugar, ya podía verse el mar a la distancia. Takao ya quería lanzarse a la aventura, ponerse sus bermudas y correr hacia el agua. Shintaro gruñó por lo bajo al sentir que su almohada humana se movía hacia la ventana con entusiasmo, pero no se despertó del todo. Entreabrió los ojos y sonrió. Volvió a acurrucarse y acomodó a Takao a su complacencia una vez que sus compañeros volvieron a abordar el bus.
Takao rió por lo bajo, dejándose acomodar y compartió con él una sonrisa cómplice mientras sus compañeros de primero regresaron a sus asientos, quejándose del calor y del cansancio. El motor volvió a ponerse en marcha. Los dos mayores sabían bien que el entrenamiento no sería sencillo, pero preferían guardar silencio ante la expectativa de sus compañeros menores. Era de conocimiento público en la preparatoria Shuutoku que el entrenamiento del profesor Nakatani era brutal. Este año prometía ser peor, ahora que tenían que sobrevivir el plan de alto rendimiento que Takao había planeado con el entrenador interino.
Tanto Shintaro como Kazunari ya habían vivido dos de esas experiencias mortales, por lo que sabían que el campamento estaba lleno de dolores musculares, esguinces, huesos adoloridos, y uno que otro desmayo y vómitos en los basureros del parque. Las recompensas eran amplias, a pesar de todo: un equipo más unido, nuevas estrategias para el torneo, amistades para toda la vida, y por encima de todas las cosas, un fin de semana entero para nadar, divertirse en la arena, pasar la noche en las aguas termales, comer sandías, y ver los fuegos artificiales durante el festival de Tanabata en las calles empedradas del pequeño pueblo. No habría distracciones como los exámenes, la familia o los amigos rivales de otras escuelas, el campamento espartano los obligaba a concentrarse en su totalidad en no morirse del cansancio, todo a cambio de una larga noche de sueño.
Al llegar a la estación, los muchachos tomaron su equipaje y siguieron al profesor titular hacia la calle que llevaba al hotel. La rústica posada estaba a sólo unas cuadras de la estación, así que con las mochilas al hombro, caminaron en grupo hacia su hospedaje. Una vez allí, Takao y la manager se acercaron al lobby, con la intención de hacer check-in y dirigir a cada alumno a su respectiva litera. Ya que la reservación había quedado a nombre de Takao, él debía recibir las llaves y firmar los depósitos de seguridad de cada habitación. Kazunari revisaba los documentos con rapidez y hacía cuentas mentales para acomodar a los 16 muchachos que venían con ellos, al entrenador, al profesor titular y a Tae en diferentes habitaciones, por lo que tenía que lograr combinar a 21 personas en 6 habitaciones.
Pero algo parecía no cuadrar. Tae y Nakajima parecieron darse cuenta del error desde tiempo atrás y ambos rieron por lo bajo. Confundido, Takao volvió a leer los papeles con la nariz pegada a la hoja. Había dos habitaciones con literas y cuatro habitaciones individuales. En las habitaciones con literas cabían perfectamente los 16 compañeros, ya que eran cuatro literas por habitación. Tae, el profesor y Nakajima quedarían en una individual cada uno, pero...
-Oh, dios, Shin-chan va a matarme…
-¿Ahora qué hiciste?- Preguntó después de acercarse sin que Takao se diera cuenta. El menor ahogó un grito y volteó despacio con una tarjeta en la mano.
-Pues… resulta que no hay habitaciones dobles disponibles.
-Ajá… procede.
-Había pedido una habitación doble para ti y para mi. Pero nos dieron individual.
Midorima no podía ignorar que Takao tenía una tarjeta roja en la mano, con el logo del hotel grabado en el reverso y… ¿corazones también?
-Takao, ¿a dónde nos mandaste?
Takao rodó los ojos y le hizo señas para que lo siguiera. Midorima tomó su maleta y lo siguió, confundido. Pasaron los cuartos compartidos del hostal, donde sus otros compañeros se estaban instalando. Todos los miraron con ojos curiosos, algunos inclusive con unas sonrisas algo burlonas.
-¿No sobra ninguna litera?
-No… por primera vez tuvimos record perfecto de asistencia.
-Felicidades, supongo…- Midorima dijo con una sonrisa sarcástica, en vista de que eso le daba mucho orgullo a Takao. Los cuartos compartidos eran para ocho personas, por lo cual estaban todos cubiertos.
-No se como logramos hacer que todos los que no son titulares vinieran… pero me alegra que lo hicieran.-Dijo con una sonrisa alegre, pero pronto se transformó en una mueca nerviosa. -Bueno, nos quedaremos con la suite especial.
-¿Cual es el problema?
-No hay más cuartos dobles disponibles así que no quisieron darme otra habitación. Además Nakajima insiste en que no quiere esta habitación. Tendremos que compartir cama.
-¿Eso es todo?
-Bueno… eso y que usualmente es la habitación que reservan para recién casados que vienen de turistas al pueblo.
-¿Por qué pediste algo así para el entrenador?
-Es la habitación más espaciosa, tiene un pequeño jardín y tiene vista al mar. Pensé que Nakajima-san iba a venir acompañado y le pedí la Suite como agradecimiento.
Takao abrió la puerta y encendió la luz con la misma, dejando que el peliverde pasara frente a él.
-No está tan mal.-Respondió, revisando las sábanas frescas y las toallas dobladas en forma de cisne sobre ellas. Por las raras reacciones de Takao, había esperado un cuarto con imágenes pornográficas, pétalos de rosa y muebles estrafalarios. Lo más que pudo encontrar fue un par de canales para adultos en la TV, que quitó de inmediato. -No es como si fuera la primera vez que me acuesto contigo.
-¡Ah, Shin-chan, no lo digas así! - Takao contestó molesto y con la cara roja como un tomate. Dejó caer su bolsa sobre la cama y acompañó a Midorima al pequeño jardín del lado derecho. Quizá no era buena idea decirle que Nakajima no quería la Suite porque Tae lo convenció de ello. La cama era lo suficientemente grande como para que cupiera media habitación de basquetbolistas cansados y sudados sin estorbarse. Pero Tae sabía, y ahora Nakajima lo sabía también. En efecto, era mejor no decirle nada.
Como era de esperarse, el entrenamiento había sido brutal tan solo en los primeros días. Jugar sobre la arena era muy diferente, pero correr y nadar les traía mucho más cansancio del que jamás habían podido sentir. Ni siquiera con el promedio de diez horas para dormir que tenían se sentían satisfechos y renovados al día siguiente. Todas las tardes, los miembros del equipo terminaban muy hambrientos. El hotel tenía una cocineta que el equipo podía rentar, por lo cual tenían la tarea de preparar sus propios almuerzos y cenas todos los días. Tae y Nakajima solían hacerse cargo de asegurarse de que no murieran de hambre, pero Midorima estaba vetado de acercarse siquiera a la cocineta.
Después de comer, solían ir a los baños del hotel, y de ahí, con nada de energía, se arrastraban a sus cuartos a las diez de la noche. No les quedaban ni fuerzas para ver una película, así que sólo se quedaban viendo el techo mientras platicaban por unos minutos antes de quedarse dormidos: hablaban de sus familias, del entrenamiento, del torneo, y, en el caso de los dos muchachos de tercero, de todo lo que les esperaba para después de la preparatoria. Había muchas cosas que necesitaban platicar, pero en solo unos minutos, alguno de los dos se quedaba profundamente dormido y el otro tenía que esperar más tiempo. Casi siempre era Takao el que caía primero.
-Han sido días muy buenos, Shin-chan. Definitivamente nos tenemos que llevar ese trofeo este año.- Takao dijo con voz adormilada, tomando los dedos de Shintaro con los suyos. Midorima agradecía el cansancio, porque Takao no tenía energías de sobra para insinuársele.
-Tenemos que hacerlo. Pronto estaremos jugando nuestro último partido juntos.
-Haces que suene tan mal…-Takao rió por lo bajo, clavando su nariz en la almohada. -No será el último… quizá oficialmente, pero no será nuestro último juego.
-Suenas muy seguro, pero…- Midorima dudó, quitándole un mechón de los ojos. Estaba muy preocupado, Takao podía notarlo, y le parecía un gesto muy tierno de su parte. Negó con la cabeza y se quedó callado unos segundos.
-No puedo jurarte nada, pero haré un esfuerzo enorme. No puedo dejar al idiota de mi compañero solo.
-¡Oye!-Se quejó el otro, picándole las costillas por debajo de las sábanas. Takao soltó un alarido de dolor, pero atrapó la mano de Midorima con las suyas y se quedó así durante unos minutos.
-Estoy preocupado por otras cosas…- Takao cambió de tema abruptamente. -Hemos podido mantener esto en privado, pero tengo miedo de que empiece a salir a la luz.
-Eventualmente lo notarán.- Midorima rodó los ojos, -personalmente no me importa lo que piensen los demás. Siempre han dicho que soy raro, si quieren añadir otro insulto a la lista no será problema.
-Espero que estés consciente de las consecuencias que hacerlo público puede causar. No toda la gente es tolerante. Podría volverse un infierno.
-Por lo que a mi me importa, no es asunto de nadie lo que hago con mi compañero cuando no mira nadie.
-Pero… ¿qué hay de… tú sabes, allá afuera?
-No soy de los que demuestra afecto en público, creo que lo sabes. -Midorima dijo ácidamente con una ceja levantada. Takao asintió. -Por dios, Kazu, a veces te preocupas demasiado.
Takao cerró los ojos y se acomodó contra la almohada.
-Hablas como si estuviéramos juntos, o algo… tonto.
-No es mi culpa que sobreactúes y seas tan dramático, Bakao.
-Ya duérmete… mañana te toca despertar a los niños...
Durante la segunda semana de entrenamiento, algo inesperado sucedió. Nakajima indicó que podían tomarse la tarde libre en vez de correr cinco kilómetros. Takao empezaba a sospechar desde horas antes que el entrenador interino y su manager habían planeado algo, porque aunque Midorima nunca dijera nada de su vida personal más que a su querido amigo, era poco probable que la razón de las horas libres fuera la celebración de Tanabata.
Esa noche, Shintaro cumpliría 19 años y no le había dicho a nadie más que a Takao que su cumpleaños era el 7 de julio. Takao lo sabía, pero había aprendido bien su lección tras el primer año y prefería no poner a su compañero bajo las luces si podía evitarlo. Midorima parecía evitar la conversación a toda costa, pero no podía pasar por alto que Takao estaba por gritar "¡Feliz Cumpleaños!" y empezaría a cantar en frente de todo mundo desde hace un par de horas.
-Sus amigos van a estar muy molestos si no van al festival, muchachos.- El entrenador dijo cuando todos los otros miembros del equipo habían salido del gimnasio y sólo ellos dos quedaban practicando sus tiros. -¿Otra vez cumpliendo los caprichos del día de Midorima, Kazunari? Lo estás malcriando.
-Lo sé, entrenador, pero es un idiota del basket, no puedo dejarlo solo.
-¡Mira quién habla! Midorima gruñó y lanzó otro triple perfecto. Nakajima no pudo evitar dejar salir un chiflido de admiración mientras el amplio arco se dibujaba en el aire y el balón entraba a la perfección sin tocar el aro.
-Bueno, basta los dos. Váyanse de aquí. Sé que no eres un tipo muy festivo, pero es bueno que te diviertas de vez en cuando. Ve y pasa un buen cumpleaños, Midorima, tus compañeros insistieron mucho. Baja el balón y desaparezcan de una vez antes de que me arrepienta. -Dijo con una sonrisa amable. Si bien podía ser un poco amenazante, Nakajima tenía un buen corazón. Los empujó fuera del gimnasio y cerró la puerta de golpe después de que Kazunari corriera para recoger sus cosas.
En lo que Takao terminaba de recoger, Midorima fue a comprar un par de bebidas a la máquina expendedora, sabiendo que su amigo querría tomar la vía larga para llegar al pequeño pueblo. El cielo estaba cubierto de estrellas y lo único que podía escucharse era el sonido del mar y el tarareo incesante de Takao. Mientras más se acercaban al pequeño pueblo portuario, más fuerte era la música y las voces de la gente. Midorima no se veía demasiado feliz.
-Sé honesto conmigo… ¿organizaste algo? -Midorima preguntó ansioso. Trataba de sonar tranquilo, pero no podía disimular su enojo.
-No… sé que no te gusta mucho celebrarlo. No sé si Tae-chan sabe algo, no me dijo nada. Probablemente no sabe que no te gusta tu cumpleaños, pero no creo que haya organizado una enorme fiesta. Te conoce bien. Asumo que sólo reunió al equipo para cenar algo y ver los fuegos artificiales sobre la colina.
El pueblo se hizo visible gracias a sus ventanas iluminadas y a la fuerte música de festival, pero antes de que entraran a la calle principal, Takao tiró de Midorima hacia un árbol de bambú que se encontraba más cerca de la playa que de la gente. El bambú estaba cubierto de tiras coloridas de papel, con cortas frases escritas a lo largo. La gente del pueblo parecía haber cubierto las ramas de deseos desde el día anterior. Kazunari abrió su maleta del gimnasio, en el compartimento donde guardaba las cosas de valor, y sacó un sobre con dos largos trozos de papel color azul brillante en su interior, cada uno con un lazo dorado en la parte superior.
-Compré unos tanzaku esta mañana, en caso de que tuviéramos tiempo para celebrar. Recordé que dijiste que el papel azul era el objeto de la suerte del día de hoy, así que tuve que buscarlo con más cuidado. ¿Colgarías estos conmigo?
-Será un placer.- Midorima sonrió con cariño y tomó el marcador que Takao le estaba ofreciendo. No dejó que su amigo viera lo que estaba escribiendo, y con aún mayor crueldad, colgó el papel en la rama más alta del bambú, donde Kazunari no podría leerlo. Takao lo miró con desprecio, pero no habían escrito cosas muy distintas el uno del otro.
Cuando Takao también colgó el suyo se dirigió al camino principal, oculto detrás de los bambúes, para reunirse con sus compañeros, pero Midorima lo detuvo. Lo tomó de la muñeca y jaló de él hacia abajo, provocando que ambos cayeran suavemente sobre la arena. Sus compañeros y la fiesta improvisada podrían esperar. Ese bonito momento de alegría pura no.
-Es bueno cuando no te pones pesado. Recuerdo la fiesta del primer año y cómo me tuve que escapar por la ventana del baño del segundo piso para que me dejaras en paz.
-Quizá me he vuelto blando contigo. - Takao contestó con una sonrisa burlona y se dejó caer de espaldas. -Pero es mejor así, ¿sabes? … Solos tú y yo.
-Si…
-Feliz cumpleaños, Shin-chan.
Takao soltó un gemido pronunciado, mientras sentía el calor subirse a sus mejillas. Relajó su espalda y dejó que la dulce y cálida sensación el recorriera desde el cuello hasta las caderas.
-¡Ah… ah, que bien se siente, Shin-chan!
-No hagas tanto ruido.- Gruñó Midorima, recargando su nariz sobre el cuello de su compañero. -Van a saber que estamos aquí.
-¿Y qué? ¿Te da pena que te vean desnudo, acaso?
-Ya cállate… - la voz del peliverde se sofocó en un gemido placentero. El baño caliente estaba ardiendo, pero el ardor de los músculos de ambos parecía desaparecer conforme la temperatura aumentaba.
-Ahhh, ya, ya, cierra el agua caliente, nos vamos a hervir.-Takao dijo, quitando a Midorima de su hombro y moviéndose a cerrar la llave.
Midorima gruñó, aparentemente disgustado de que Kazunari hubiera detenido el chorro de agua hirviendo que estaba pegándoles a ambos en la espalda.
-Al fin, un minuto de reposo… sin balones ni adolescentes que se quejan de todos.
-Hablas como un verdadero adulto.
-Cállate y déjame disfrutar este momento, Shin-chan. Soy como la mamá de estos 16 adolescentes, necesito mis cinco minutos de descanso.
Midorima rió y se sumergió en el agua caliente hasta la nariz, dejando que todo su cuerpo se relajara.
-Hey… ¿crees que lo logremos? Ganar la copa. Me tiene preocupado, todos tus compañeros clasificaron y Akashi está de regreso.
-Siento que ya hemos tenido esta conversación antes. - Midorima dijo, regresando a la superficie. Afortunadamente, habían conseguido entrar al baño público sin que nadie más estuviera ocupando la tina principal. Era un alivio y a la vez un milagro, debido a la temporada vacacional. Afortunadamente, los baños tenían un horario nocturno muy amplio y ellos se habían escapado a las tres de la mañana para no toparse con nadie.
-Confío plenamente en nuestro equipo, y en ti, como nuestro capitán. Te has ganado tu título. No temas de algo que todavía es incierto, es mejor esforzaros al máximo e inevitablemente ganaremos. Así es el Destino.
-Ah, allí está el mismo Shin-chan de siempre.-Takao se rió, sumergiéndose hasta rebosar un poco del agua de la tina. -No puedo creer que de esta copa puede depender la beca para tu universidad.
-Hablando de la Universidad… ¿ya has pensado en algo?
-Si, y creo que te gustará mi idea. -Takao sonrió ampliamente, ganándose una caricia en el cabello, tal como hacía Midorima cada vez que no sabía cómo expresarle su afecto. A Takao le parecía adorable ese gesto, pues parecía que Shin-chan tenía una ligera fijación con su cabello. -Voy a estudiar Artes Visuales y me especializaré en Fotografía. Revisé las mismas universidades que tú, y aunque son otras facultades y otros campus. En la Universidad de Tokio podríamos entrar los dos. Tienen un programa de intercambio con América y Europa, en caso de que consigas un reclutamiento.
-Interesante, pero… he estado considerando la Universidad de Kioto. El problema es la mudanza.
-En KyoUni tienen un programa similar que quiero.- Dijo Takao entusiasmado, su rostro iluminado con una sonrisa. - Podemos buscar algún lugar barato para rentar al principio… pero ambos necesitamos una beca, sea cual sea el caso. No sé si tengan equipo deportivo en Kioto, pero sé que si se trata de una beca deportiva, tú la tienes asegurada.
-Entonces conseguiremos la tuya también. No te pienso dejar atrás.
Takao mantuvo el aliento un segundo con rostro anonadado y luego volvió a sonreír de oreja a oreja. De la emoción, se puso de pie sobre la tina.
-También estás entusiasmado por esto, ¡¿verdad?!
Takao se sonrojó cuando la toalla que tenía alrededor de la cintura se soltó y cayó con un ligero "plop" sobre el agua. Midorima también enrojeció y volteó la cara para no mirar a Takao, aunque no pudo evitar soltar una pequeña risa.
Después de eso, Takao volvió a sentarse, recuperó su toalla con la dignidad que le quedaba, y ambos estallaron a risas nerviosas.
El tormento acabó un viernes a las seis de la tarde. Takao estaba muy orgulloso de su equipo, y sabía que de todos sus años de preparatoria, este era el que mejor preparados estaban para ganar la Copa de Invierno.
Todos los miembros del equipo parecían haber caído en un alegre delirio después de que Nakajima los hubiera dejado libres al acabar la última práctica. Takao intentó calmarlos y reunirlos para darles instrucciones sobre el regreso el lunes por la mañana, pero los muchachos apenas escucharon a su capitán mientras corrían hacia las regaderas.
De los 18 miembros del equipo, por supuesto, sólo Midorima seguía a pesar de que se le había dado la instrucción de detenerse. Takao le quitó el balón de las manos e insistió en que si quería seguir, mejor fueran a correr una vuelta por la playa. A regañadientes, Midorima guardó sus cosas y caminó fuera de la cancha, siguiendo a Takao por la orilla del mar, quien no corrió en ningún momento. Había sido una trampa para obligarlo a descansar.
Ligeramente agradecido de no tener que correr, Midorima se quitó las zapatillas de basket y siguió a Takao sobre la playa, persiguiendo sus huellas antes de que las olas las borraran. Takao se había descalzado y había enrollado sus pantalones hasta arriba de su rodilla, caminando tranquilamente sobre el agua. Midorima notó que una pulsera tejida de color verde esmeralda estaba amarrada a su tobillo izquierdo, la cual no había notado antes.
-Toma, las compré hoy en la mañana. -Le ofreció una pulsera igual a la suya, de color anaranjado, el color favorito de Kazunari.
-Hacemos par.
-Siempre.
Takao le guiñó un ojo y le hizo una seña para que se sentara sobre la arena. Midorima asintió y se dejó caer; acto seguido, Kazunari lo imitó. Con delicadeza, Takao amarró la pulsera alrededor del tobillo derecho de su compañero.
-¿Las compraste por algún motivo en particular?
-No. Solo para celebrar que sobrevivimos a la tormenta a pesar de todo… vaya, es raro de ver, pero te notas cansado. Quien diría que el imparable Midorima lograría agotarse alguna vez.
Midorima rió por lo bajo y corrió sus dedos por el cabello de Takao. Antes de que pudiera dejarlo ir, Takao lo tomó de la mano.
-Tonto. - Gruñó, pero no soltó su mano.
-¿Por qué te gusta tanto mi cabello, Shin-chan?- Takao se burló, cerrando ligeramente el espacio entre ellos. No estaba mirando a Midorima, sino al amplio cielo estrellado sobre sus cabezas.
El peliverde no contestó de inmediato, pero imitó a su amigo y miró hacia el cielo. Se sonrojó ligeramente, pareciendo concentrado por un momento como si pensara cuidadosamente en qué contestar.
-Me gusta… me gusta acariciarte, ¿te molesta?
-No, en lo absoluto… - Takao sentía que la cara le ardía de vergüenza. Evidentemente no esperaba ese tipo de respuesta.
El menor estiró las piernas y sintió la suave espuma del mar besándole los pies descalzos. Permanecieron en silencio durante un tiempo, Takao perdió la noción de cuánto había pasado desde que se habían sentado sobre la arena, pero no parecía importarle. Sintió, en más de una ocasión, los dedos vendados de Midorima rozar contra los suyos, como si el mayor estuviese intentando encontrar las fuerzas para asirlas. Kazunari sonrió, pero permaneció inmóvil.
La marea debía de estar elevándose, pues en cuestión de unos segundos otra ola le llegó hasta las rodillas, lo que causó que ambos se pusieran de pie de inmediato. Distraído, escuchó a Midorima preguntarle algo, a lo que solo asintió sin pensar. Bien podría haberle ofrecido regresar, pero parecía que Shin-chan quería continuar con su paseo nocturno. Takao lo acompañó, dando fuertes pisadas sobre la arena que las olas borraban con brío.
Una ola particularmente larga golpeó la orilla. Shintaro sintió el brusco movimiento golpear contra sus piernas, pero gracias a su altura, no perdió el equilibrio. Takao no corrió con la misma suerte, ya que la ola le dio directo en las rodillas. Midorima lo atrapó antes de que cayera de cara contra el agua, pero no detuvo que la mitad de Takao se sumergiera en el mar. Algo asustado, Takao parpadeó un par de veces para quitarse el agua de los ojos, pero luego sonrió pícaramente y jaló a Midorima hacia el agua. Al mayor no le pareció tan gracioso, ya que entrar al mar cuando subía la marea podía ser muy peligroso, así que forcejeó contra él.
Takao se rió, sabiendo que no debía jugar pesado con Midorima, porque además de encontrarse en una situación medianamente peligrosa, sabía que saldría perdiendo gracias al peso y altura que el otro le llevaba de ventaja. Sin embargo, después de oponer algo de resistencia, Shintaro también sonrió traviesamente y se dejó llevar por la fuerza de Kazunari. Evidentemente el menor terminó aplastado y bajo el agua por un par de segundos, arrastrado por las olas hacia adentro del mar y luego aventado hacia la orilla con arena en todas partes.
Los dos se rieron, alejándose de las olas a rastras para no ser arrastrados otra vez. La risa de Midorima era algo nuevo para su amigo, pero ninguno de los dos podía parar. En ese breve momento de adrenalina y gloria, Takao se dejó llevar. Midorima aún tenía sus brazos alrededor de él y lo tenía bien asido de la empapada camiseta, así que estaban realmente cerca el uno del otro. Sin pensarlo dos veces, tomó a Midorima del cuello de la camisa y lo besó.
Shin-chan se congeló. Si fuera una película antigua, el filme se habría cortado y tendrían que esperar veinte minutos para volverla a echar a andar. No entendía, o no quería entender, mientras tenía los labios de Takao sobre los suyos, lo que acababa de pasar, y por más que intentara racionalizarlo, no parecía haber una explicación. Lo que en realidad pasó en un segundo, parecía que había transcurrido en una hora. En ese tiempo de perpleja indecisión, todas esas pequeñas voces dentro de la cabeza del peliverde parecían estar gritándole al mismo tiempo rogándole que hiciera algo, ya fuese correr de ahí al hotel o brincar al mar y no volver de las profundidades.
Por el amor del cielo, Shintaro, no seas el mismo idiota de siempre… lo reprimió esa parte de sí mismo que era apasionada y llena de adrenalina, la que siempre surgía en el momento de tener el balón en las manos sobre la cancha. A veces, esa voz era tan molesta que llegaba a resonar a Takao.
Kazu es lo mejor que te ha pasado y sigues siendo un maldito cobarde. Sabes que no te mereces a alguien como él, encontrará a alguien menos molesto, menos demandante, alguien que lo ame y lo haga brillar como el maldito pedazo de cielo que es… Dijo la voz que encarnaba sus peores ansiedades e inseguridades, la que lo hacía aislarse cuando los rumores se hacían demasiado obstruyentes y molestos.
Deberías seguir guardándote estos sentimientos. No te dejes ir. Sabes que poner tu amistad con él en juego afectará al equipo, a tus compañeros, tus ideales, incluso la dinámica que tienen juntos. ¿Sacrificarías todo eso por él?... dijo cruel y fríamente esa voz que solía despersonalizar todo, la que lo alejaba de las cosas que amaba. Habló su egoísmo y su vanidad, con una sonrisa desagradable, pero insegura. Quizá… solo quizá sabía que por primera vez no tenía razón.
No seas idiota. Haría lo que fuera por él… cambiaría todo de mí por él si lo quisiera.
Midorima volvió a la realidad. Al parecer habían pasado un par de segundos en los que había permanecido en sepulcral silencio mirando a Takao anonadado, que el menor lo miraba con un poco de miedo y precaución, como si fueran ambos un ciervo ante las luces.
-Shin-chan…
-Kazu, yo…- Parpadeó nervioso, regresando a la vida y tratando de acallar las voces. Estaban gritando cada vez más fuerte que la cabeza empezaba a dolerle.
-Lo siento, no debí de…- parecía que estaba a punto de llorar. Eso bastó para hacer que todo cayera de nuevo en silencio.
-Agh, a la mierda con esto…- Midorima gruñó, tomando a su compañero del cuello y volvió a besarlo.
No fue un beso tierno y tímido como Takao se había imaginado que sería, por el contrario era un gesto lleno de temor, enojo y ansiedad, pero así era perfecto. Podía sentir en los labios que se presionaban contra los suyos todo el cariño, pasión y el amor que Shin-chan sentía. Después de un par de segundos, se separó de él y Takao lo miró sorprendido.
-Ya estoy cansado de esperar.
-¿Qué te puedo decir? dos años y seis meses esperando por esto no suenan demasiado, ¿no crees? Y sin embargo…
Takao no iba a perder la oportunidad. Lo volvió a besar, pero esta vez fue suave, cariñoso, acompañado de un abrazo empapado de agua de mar y lágrimas de felicidad. Una vez que separaron sus labios, Midorima no lo dejó ir y siguió abrazándolo, reposando su nariz contra su cuello durante un par de minutos.
... y sin embargo no podrías haber escogido un mejor momento, ¿verdad, Shin-chan?
Notas: Estoy segura de que ya nadie lee este fic. Sigo actualizando poco a poco la versión en inglés en AO3, pero no se si tiene caso terminar de actualizar aquí también. Bueno, no lo se. Por si a alguien le interesa, no me he muerto, pero si he pasado por un par de años muy, muy difíciles. Creo que lo último que comenté fue lo de mi casa tras el sismo de 2017. Mi mamá falleció en agosto del año siguiente, y en junio de 2019, yo me volví mamá. Hace un mes renuncié a mi trabajo porque me estaba destrozando emocionalmente. La terapia me ha ayudado a sobrellevar todo y eso mismo me ha hecho intentar volver a escribir después de año y medio de casi no hacerlo. No todo ha sido miel sobre hojuelas, pero no ha estado tan mal últimamente.
Pues hasta aquí la actualización sobre la autora. Lo dejo breve. Si alguien anda por allí, diga hola para que me de algo de esperanza jajaja.
En el próximo capítulo: Un breve viaje a Kioto saca lo peor de los celos de Takao. Akashi es un pan de Dios.
