Las semanas después de la boda de Phichit y Seung pasaron sin mayor contratiempo, el azabache y el rubio habían avanzado en su relación bastante desde ese día. Parecían una pareja cualquiera, pero solo era apariencia, porque en el fondo ambos sabían que uno era una máquina, pero preferían no tocar ese tema.

Yuuri trataba al rubio como un humano, le preguntaba si quería algo o sobre cómo se sentía, poco a poco comenzaba a ignorar voluntariamente el hecho de que Yuri fuera un robot. Por otro lado los "sueños" de Yuri se hacían cada vez más recurrentes, imágenes de un él más joven y la espalda de un hombre anciano a quien quería alcanzar, pero no podía lo hacía tener una sensación extraña en su pecho, a pesar de no tener corazón esa parte de él apretaba. No quería preocupar a su novio, así que no le decía nada e intentaba actuar como él mismo todo el tiempo posible.

Una de las tantas noches donde Yuri pudo ver aquellas imágenes, logró alcanzar por fin a la persona frente a él. El hombre de edad algo avanzada se volteó dejando ver la cara de Nikolai quien estiraba su mano hacia él, diciéndole "Yuratchka". Aquel nombre le provocó un revoltijo de emociones que hacían doler su cabeza un poco.

Yuri despertó agitado, por suerte el azabache permanecía dormido a su lado sin darse cuenta de nada. El rubio supo de inmediato que debía hablar con el creador nuevamente, necesitaba respuestas ¿Por qué esas imágenes aparecían en su cabeza? ¿Por qué dolía tanto verlas?

Nikolai se encontraba revisando unos papeles cuando le avisaron que un tal "Yuri" insistía en verlo sin una cita, el hombre pidió inmediatamente que lo dejaran pasar a su oficina y que nadie los molestara mientras conversaban. El rubio entró intentando calmar el torbellino de sentimientos creciendo en él al ver a aquel hombre. Tomó asiento frente a Nikolai quien de inmediato dejó todos los papeles de lado para prestarle toda su atención al humanoide. A su nieto.

¿Qué te trae por aquí, Yuri? ¿Va todo bien en casa? —preguntó con voz calmada. Estaba consciente de que el hecho de que se pareciera lo más posible a su nieto no lo hacía humano, pero no podía evitar que su imaginación vagara un poco, pensando en un presente distinto donde su Yuratchka se encontrara con vida.

Es… complicado —hizo una pausa, su avasalladora personalidad siendo aplacada por la confusión dentro de él— he tenido sueños…

¿Sueños?

Sí, donde soy más bajo. Como un adolescente —se quedó en silencio un momento, percatándose que el anciano no se mostraba sorprendido, más bien se veía satisfecho de algún modo— tú estabas ahí, me llamabas "Yuratchka".

Yuri, te diré la verdad, pero antes déjame contarte una historia —Yuri simplemente asintió con la cabeza, esperando a que el relato comenzara.

Bien, hasta hace unos años yo tenía un nieto…

Entonces Nikolai le contó al rubio sobre como creció su pequeño y adorado descendiente, como se interesó por el patinaje y el hecho de que siempre había sido un poco huraño con la gente. Le contó sobre su primer y único enamoramiento a primera vista de un chico en la pista de hielo, y como poco a poco fue perdiendo el interés al ver que el joven era mayor que él y que además ya tenía su propia felicidad junto a alguien más, aunque como era terco seguía yendo a la misma pista de hielo donde los veía divertirse los fines de semana. Le contó sobre la comida favorita de aquel muchacho y lo que le gustaba hacer. Por último le habló sobre su trágica muerte y el dolor que provocó en el anciano la pérdida de su amado nieto.

Yuri cerraba los ojos mientras escuchaba anécdota tras anécdota, recuerdo tras recuerdo, reproduciéndolos en su mente como si de una película se tratase. Como si los recuerdos fueran suyos.

Por eso inventé un robot igual a él —Yuri abrió los ojos al instante, comprendiendo de inmediato lo que esas palabras significaban aunque no dijo nada— con la tecnología en la que estuve trabajando pude insertar los recuerdos de Yuratchka en ti.

Entonces ¿Fui creado para ser un reemplazo? —las palabras salieron neutras, sin sentimientos cargados en ellas.

Nikolai asintió sin decir nada más, esperando a que Yuri pudiese asimilar toda la información otorgada en aquel instante.

La cabeza del rubio trabajaba rápidamente. Desde que despertó y pensó que Yuuri lo había adquirido como reemplazo de su amor fallido, se dijo a si mismo que él era único y que no era igual a nadie, se negaba a ser el recuerdo de alguien más, él era Yuri y no viviría bajo la sombra de nadie; pero ahora estaba aquí, frente a quien lo había creado, descubriendo que su único propósito era ser el reemplazo de el nieto de aquel anciano— yo no soy él —dijo la frase que se repetía constantemente en casa, cada vez que Yuuri mencionaba a ese tal "Vitya".

Sé que no eres él, si bien tienes sus recuerdos y personalidad… tus vivencias te hacen ser distinto —respondió Nikolai— aún así, te pareces tanto a él que es increíble ¿Te imaginas cuanta gente podríamos traer de vuelta de esta manera?

Después de aquella conversación el rubio se devolvió a casa. No quería seguir viendo a Nikolai por el momento, dentro de él se alegraba de ver a su "abuelo", pero sabía que ese era un sentimiento impuesto, aunque ¿No que todo él había sido creado? Entonces ¿Qué hacía diferente sus sentimientos por el anciano que por Yuuri? ¿Todo era una farsa?

Yuuri al ver que el rubio no llegaba, decidió realizar una limpieza en la habitación. Comenzó por su armario, sacando ropa que ya no utilizaba, entonces el álbum de fotos que mantenía escondido cayó dejando ver imágenes de un joven Víctor, haciendo que los recuerdos del azabache fluyeran por si solos. Hacía algunos meses que no se ponía a pensar en Vitya detenidamente, hacía tiempo que no se sentaba a sumergirse en su miseria de no poder tenerlo.

Entonces sucedió de nuevo, el sentimiento de querer llorar. Se agachó a levantar una de las fotografías donde estaban ellos dos en la pista de hielo, solían ir casi todos los fines de semana a divertirse ahí. El recuerdo hizo que las lágrimas comenzaran a caer solas. Yuri entró en la habitación, viendo al japonés llorar nuevamente por aquel tipejo. Le arrebató la foto de las manos de inmediato— él te abandonó, pero yo estoy aquí y no me iré —le dijo ofuscado ¿Acaso no era suficiente que él estuviera cerca?

El llanto de Yuuri creció con aquella frase— sé que estas aquí, sé que él no volverá —sollozó un poco más fuerte.

Entonces, ¿Por qué sigues hiriéndote de esa manera? —con cada lagrima derramada por el japonés, el enojo del rubio crecía más. No hacia su novio, sino que hacia el imbécil que lo dejó.

¿Qué más quieres que haga? —Respondió bajito, tomando otra fotografía del piso— ahora solo puedo recordarlo, llorarlo ¿No puedes simplemente abrazarme y entenderme?

Pues entonces búscalo y abrázalo a él —la mezcla de celos y molestia se hacían presentes.

Yuuri se sorprendió por la respuesta, la tristeza mezclándose con enojo— si pudiera buscarlo… —el azabache se levantó encarando al rubio— si pudiera tenerlo a mi lado aunque sea una vez más… no estarías aquí.

Tras decir lo último Yuuri salió de la habitación dando un portazo, para luego agarrar su abrigo y salir del departamento. Debía salir de ese lugar, se sentía ahogado, necesitaba a alguien que lo apoyara, "Phichit" fue lo primero que se le vino a la mente. Entonces tomó un taxi en dirección al hogar de su mejor amigo. En el trayecto Yuuri reflexionaba, no entendía como todo se había salido de control, habían estado tan bien en el último tiempo.

El japonés toco la puerta y Phichit abrió de inmediato, casi como si lo estuviera esperando. Y es que Yuri lo llamo al instante cuando sintió al azabache salir, sabía que si se refugiaba en alguien seria el moreno.

Yuuri no se movió del marco de la puerta hasta que Phichit lo abrazó con fuerza y lo hizo entrar. Lo guió hasta el sofá, se sentaron y Yuuri prefirió recostarse en las piernas del moreno mientras este acariciaba su cabello. El japonés comenzó a hablar, le dijo todo lo sucedido a su mejor amigo sin omitir detalle alguno. El moreno entendió que tendría que mediar, sabía que su mejor amigo había progresado bastante, que se había enamorado del rubio y esto le hacía bien, pero tampoco podían borrar su pasado con Víctor y pretender que nunca paso. Si bien ya no creía a Yuri un reemplazo del platinado, era inevitable que lo recordara de vez en cuando y la tristeza se apoderara de él por momentos.

Phichit tendría que hablar con Yuri, explicarle que en esos momentos el azabache necesitaba su apoyo y no un ataque de celos. No sabía como lo haría, pero debía hacerlo entrar en razón, de eso dependía la felicidad de su mejor amigo.

Una vez Yuuri se quedó dormido entre sus brazos, el moreno llamó al humanoide explicándole el porqué el azabache aun no volvía al departamento. El rubio le agradeció por cuidarlo y ambos quedaron de acuerdo en que fuera a buscarlo en la mañana cuando todo se hubiese calmado un poco. Seung ayudó a su esposo a acomodar al japonés en la habitación de invitados, él no se metería en esto ya que no se le daban esas cosas, pero si apoyaría a su pareja si este quería dar apoyo a su "hermano".

A la mañana siguiente Yuri partió donde el tailandés. Phichit lo dejó entrar comentándole que el azabache seguía dormido, así que tendría que esperar un poco, así que ambos se dirigieron a la sala. Antes de que Yuri pudiese sentarse, el moreno lo encaró.

Escucha, sé que es difícil para ti que Yuuri llore seguido o que piense en otro cuando tú estas aquí —Yuri puso cara de pocos amigos, no le gustaba que alguien se metiera en sus discusiones, pero a Phichit le dio igual y prosiguió— tienes que entender que él pasó por un momento bastante difícil antes de que llegaras, extraña a Víctor y eso no puede evitarse. Entiendo que estés celoso, pero Víctor ya está muerto, no es como si pudiese revivir y quitarte a Yuuri.

La palabra "muerto" resonó en la mente del rubio, logrando entender a la perfección lo idiota que había sido. Víctor jamás abandonó a Yuuri, el había muerto y por eso el azabache lloraba y mantenía todas las fotografías que le recordaran a él. El japonés sufría con justa razón y él se había comportado como un cretino.

Entonces ¿Él no fue malo con Yuuri? —el moreno se asombró por eso, pero entendió que al parecer hubo una confusión.

Phichit negó con la cabeza— para nada, él fue una de las personas que más amó a Yuuri mientras vivía.

Yuri se sentó un momento, reflexionando sobre lo sucedido. En su mente un fugaz recuerdo de dos jóvenes en la pista de hielo, el sentimiento de tristeza al darse cuenta de que eran felices juntos y las ganas de que aquel azabache fuera feliz, aunque no fuera junto a él se hicieron presentes. Entonces dos frases aparecieron automáticamente en su mente causándole un gran dolor y miedo. Primero la voz de Nikolai con su idea "¿Te imaginas cuanta gente podríamos traer de vuelta de esta manera?" y segundo la voz de Yuuri sintiéndose como un cuchillo que lo atravesaba, "Si pudiera tenerlo a mi lado aunque sea una vez más… no estarías aquí."

Si él era el reemplazo del nieto de Nikolai ¿Se podría crear uno con los recuerdos de Víctor? ¿Yuuri sería más feliz de esa manera?

Continuará…