Capítulo 21: De arrepentimientos indeseables a finales imprevistos (Parte III)
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—Me ha secuestrado… Me ha chantajeado… Mi otra yo…
Kyoko se sobó por tercera vez los brazos. Todavía sentía escalofríos. El recuerdo de él secuestrando con facilidad a una de sus Rencores, le hacía sentir. Lo hizo en un pestañeo, en un momento de vacilación, ante la cínica visualización de sus labios curvarse lentamente con malicia... Ugh ¡Y los escalofríos volvían! No entendía que es lo que veía de adorable a su otra yo, pero no soportaría que…que ¡la adorase desde el fondo de su corazón!
Pasó saliva por su garganta, y miró enojada hacia sus manos sobre su regazo.
¿Pero para qué quería saber adónde iría? De tan solo pensar en que él fuese ahí le ocasionaba una severa inquietud. No quería verlo de nuevo. Estar a solas en su auto ya fue un martirio hace unos minutos. Su piel se erizaba con tan solo un suspiro salido de sus labios. Y con una mirada suya hacía demasiado calor. No podía olvidar lo sucedido en el motel; su mente tenía ese recuerdo demasiado fresco que su cuerpo reaccionaba cuando él estaba cerca. Traicionaba a sus principios y a su moral. No entendía la razón de la frustración que sentía y, aunque tratase de ocultarlo, sabía que él conocía lo que sentía. Le irritaba que lo supiera, y le mirase con maligno deleite. Y temía. Aun no podía imaginar quedarse en su casa. Peligraría la castidad que le quedaba: Era un perro en celo que haría lo que fuera para saciar su deseo carnal con ella.
Debía proteger lo poco que quedaba de su pureza, si así podía llamarlo. Porque su castidad lo guardaba para...¿alguien más?
Se le tensó cada musculo del cuerpo al pensarlo con más detenimiento. Aborrecía el amor, no quería jamás volver a caer por un hombre. Sus infantiles fantasías eran un engaño. No existían los cuentos de hadas, ni el príncipe en un corcel blanco llevándola al altar para jurarle amor eterno.
Sus cejas se fruncieron de repente.
¿Huh? Pero sí existían las hadas… Corn era…era…
Tsuruga-san
Sus ojos se ensancharon, cuando en un giro brusco su cuerpo se deslizó hacia la puerta izquierda del auto. Su cabeza volvió al frente para mirar a su manager, el cual aceleraba más la velocidad.
—¿Yashiro-san? —preguntó extrañada.
—Lo siento… Parece que alguien nos está siguiendo —respondió él serio pero dudoso—. Seguiré otro camino.
Kyoko giró la cabeza queriendo ver el auto al que se refería, pero no logró identificarlo, ya que enseguida volvieron a girar y a esquivar increíblemente algunos autos de delante. En cuanto la velocidad disminuyó y lo oyó soltar un gran suspiro, comprendió que lo había perdido.
—No sabía que sabías conducir...de ese modo, Yashiro-san —expresó sorprendida. Era su primera vez yendo en auto a esa velocidad. Su corazón todavía seguía bombeando con fuerza contra su pecho.
Yashiro empujó sus lentes arriba de su nariz. Un gesto que lo hizo como alarde y fingimiento de que lo que hizo era cosa de todos los días.
—No puedes ser un chofer ordinario cuando llevas a una súper estrella— anunció presuntuoso, aunque en realidad sus manos sudaban en el volante, y sus pies acabaron acalambrados por la tensión del momento. Que lo siguiesen era extraño, y le alarmaba que no era la primera vez que ocurría. Muchos estaban enterados del "descanso" de Tsuruga Ren frente a las cámaras, y la actriz en ascenso, estaba a salvo mientras el chisme que resultaría jugoso para la prensa, todavía andaba oculto.
Si no era la prensa, ¿quién más pudo haber sido?
Quedó pensativo, pero no comentó nada sobre ello para no preocuparla.
Luego de una breve pausa, Yashiro le habló sobre la cena que se llevaría a cabo en unos minutos, y sobre la persona que también estaría con ellos: Risa Ito, la guionista, productora, y hermana mayor del director. Aunque hasta para él mismo le era extraño, le explicó que la invitación no trataría de negocios, y que en cambio ellos parecían solo querer conocerla.
Kyoko asintió a todo lo que informaba. Exhaló, inquieta, al notar el visible nerviosismo de su manager: Él quería decirle algo más, y temía lo que escucharía, ya que sospechaba de que trataba sobre la llamada de hace unas horas. Desde que se encontraron estuvo preocupada por si comentase algo sobre eso, y en ese momento, su conducta, parecía dar indicios a lo que no sabría responder.
— Kyoko-chan —La actriz irguió su espalda al oírle hablar después de un largo silencio. Respiró profundo, preparándose para inventar cualquier excusa— ¿Sales con…el vocalista de Vie Ghoul?
Directo, sin nada de preámbulos, con un tono que parecía más una afirmación que una pregunta. Eso nunca fue lo esperado.
Sus ojos se abrieron desorbitados.
— ¿Q-Qué? —pronunció apenas boquiabierta.
— Yo… —Él pausó, tratando de buscar las palabras adecuadas y concisas— Les he visto en el estacionamiento de Lme, abrazados, él estaba… —silenció. Y el rostro de Kyoko expresó una extrema estupefacción—. Sé que estuviste con él cuando te llamé hace unas horas, pude oír…su voz—continuó Yashiro con las mejillas algo ruborizadas—. Y hace unos minutos —añadió inseguro—, el auto en el que salías era de él, ¿no…no es así?
Kyoko ahogó un grito lleno de vergüenza. Recuerdos de un ruido después de que el Beagle apretara una de sus nalgas se evocaba en su revuelta cabeza; luego venían los ladridos en la llamada, y entonces su salida de un auto desconocido. Todo se unía y gritaba caos con un coro simultáneo de Rencores trastocadas.
— Él solo me llamó para que nos encontráramos, entré en su auto, y resultó ser una tontería —lanzó de inmediata, sombría. Se había puesto el interruptor automático, y de su boca salían palabras que no eran deliberadas y resultaban un embuste sin sentido— Sus ladridos en la llamada eran una broma para molestarme —adujó con voz robótica, que no garantizaban su veracidad del caso— Y la del estacionamiento, no era yo, te habrás confundido con otra persona.
Yashiro tenía los ojos como platos ante la absurda mentira con la que ella se escudaba.
— Pe-Pero él la ha llamado Kyoko —replicó casi en un aullido por la incredulidad.
— Es un nombre común, muchas tienen ese nombre—respondió ladeando la cabeza a un costado.
— Pero su cabello era como el tuyo, tenía la misma estatura, y...y... —desconcertado, miró el espejo retrovisor, y entonces descubrió la cara cada vez más ruborizada de la joven— ¡Eras tú! —vociferó ante la prueba infalible de su rostro.
Kyoko abrió grande los ojos. Su boca tembló cuando de ella ninguna excusa podía ser arrojada.
— ¡Sí, era yo, lo siento! ¡Soy una pecadora sin redención! ¡Pero no se lo digas a nadie, por favor! —lloriqueó bajando su rostro hasta sus rodillas para hacer algún tipo de doggeza, pero el cinturón la retuvo a medio camino, y la llevó bruscamente arriba.
Su pecho dolió, y ella calló entonces, sin querer alzar la mirada de sus zapatos. Yashiro había quedado también en silencio, y ella no se atrevía a dar un vistazo a la expresión que tenía su cara.
El auto entró al estacionamiento, y Kyoko percató que habían llegado al susodicho lugar.
Cuando el motor se apagó, sintió que el ambiente se hacía más pesado con el total silencio.
Alzó despacio la cabeza al oírle decir su nombre, más eludió encontrarse con sus ojos a través del retrovisor.
El manager exhaló un suspiro.
— Como manager es mi deber aconsejarte en lo que concierne al trabajo —dijo con seriedad—. Y tal vez tus decisiones no me competen cuando se trate de tu vida privada, pero eres alguien especial para mí. Y no quiero que tomes las decisiones equivocadas, porque me preocupas y quiero lo mejor para ti.
Kyoko parpadeó sorprendida y guardó silencio.
— Acerca de él... —prosiguió Yashiro entre pausas— Tal vez no lo conozca mucho, pero... Reino-kun, no parece una buena persona. Sé que él te acosó en Karuizawa, y no creo que sus intenciones contigo sean serias. No sé que fue lo que llegó a gustarte de él, pero creo que deberías pensar...un poco más en la relación que tienes con él.
La actriz quedó hecha piedra. Él lo había malentendido todo.
Tragó en seco.
— Ehm... eso —dijo ella rascándose la nuca con nerviosismo—. En realidad...a mí no me gusta él de esa manera... Nosotros no tenemos nada serio —concluyó riendo débilmente, pero al ver la cara de confusión de su manager reflejada en el espejo, calló y bajó la vista, avergonzada.
— ¿Qué...? —pronunció él perplejo—. Entonces de verdad tú...por Fuwa-kun fuiste...
— ¿Qué? —Fue ahora Kyoko la que quedó perpleja al escuchar ese nombre. Algunos Rencores salieron por reflejo al oír el nombre tabú.
Yashiro cerró los ojos, y se masajeó con los dedos la sien.
— Kyoko-chan, esto... Será mejor que lo dejemos por ahora. Tenemos que salir.
Él abrió su puerta, y Kyoko, alterada, por lo que parecía éste pensar, salió tras él; cerró su puerta, y lo llamó cuando lo vio avanzar unos pasos sin ella. Dio un paso adelante, y de repente sintió tropezarse con una piedra, al parecer incrustada en el suelo.
Lanzó un grito agudo, y cayó.
— ¡Kyoko-chan! —exclamó Yashiro al verla tirada. La ayudó a levantarse, y una vez parada, ella rozó con sus dedos el raspón sangrante que se hizo en la rodilla. Reprimió un gemido de dolor, y miró atrás, maldiciendo mentalmente a la piedra negruzca que le causó su accidente, pero de improviso encontró la cartera abierta en el piso y, abriendo los ojos como un par de platos, observó la caja negra de gamuza, abierta, sin Corn adentro.
— La maldición... —susurró despavorida— ¡Cooorn! —lloriqueó bajando directo al piso, y buscándolo bajo el auto. Aunque Yashiro la llamara, y le preguntase que ocurría, ella no le oía, concentrada en encontrar la piedra azul violácea. Metió la cabeza bajo el auto y recibió de golpe el calor del motor. Igual siguió buscando, y de repente lo halló. No estaba cerca, estaba lejos: a unos metros, donde un par de zapatos masculinos y otro par de tacones muy elegantes se acercaba.
Sacó la cabeza, se levantó, y fue para allá, pero a medio camino, se paralizó.
Unos ojos azules claros la examinaban de pies a cabeza, hasta dar con sus ojos, y entrecerrar los suyos con frialdad. Kyoko eludió esa mirada, cuando vio a la alta y hermosa mujer, agacharse para coger su piedra. Su asombro fue grande, cuando ella la observó igual que el hombre que estaba a su lado, y después se rió suavemente.
—Lo siento —dijo ésta adelantándose, y poniendo la piedra en las manos de la actriz—. Es solo que me recordaste tanto a mi hija—Buscó en su cartera, y luego se puso de rodillas frente a ella.
Kyoko se alteró al verla en esa posición, pero no pudo decir nada, ya que la mujer atendió rápidamente su herida con una tirita infantil; se levantó y sonrió. Una sonrisa que le recordó mucho al de Takuma Ito, después de ello, en su apariencia no se parecían en casi nada. Ella era una mujer con una exótica apariencia japonesa. Tenía una larga cabellera negra, la nariz puntiaguda, y los labios delgados y seductores cuando sonreía; a diferencia de Takuma, ella tenía un solo hoyuelo en la mejilla izquierda.
A continuación se saludaron con las correspondientes formalidades.
Kyoko pudo notar como su manager quedó embelesado con la belleza de Risa. Podía comprenderlo. Ella era como la princesa del mundo de las hadas. Sus ojos brillaban antes esas expectativas, pero luego recordaba al altamente guapo y atractivo de su hermano, y dejaba de lado esas fantasías.
Con disimulo, le miró a éste de reojo. Sus miradas chocaron, y la pequeña sonrisa que él había esbozado cuando terminó de hablar con Yashiro, desapareció para mostrar la última expresión que había visto de él en Lme: severidad y antipatía.
Los Rencores emergieron, concordando todas con el mismo punto. Takuma Ito no la invitó para disculparse.
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No había entendido cuando Risa Ito le indicó el camino de la sala en dónde estarían, pero cuando fue a buscarlo, lo comprendió. Antes se había desviado hacia el tocador al ver sus manos sucias, y en ese momento, se hallaba impresionada de la suntuosidad del lugar. "Un restaurante", sí, debía recordar que solo era un muy suntuoso restaurante, pero al ver el pasillo que se extendía para dar con las salas privadas que hacían de comedor, se olvidaba. Estuvo casi por perderse antes de dar con la habitación correcta. Apenas entró, oyó unas voces; Yashiro estaba hablando con Risa y al parecer rebatía la idea de que ella pagase por la cena de ambos. Lo entendía, ella también lo haría si tan solo no hubiese perdido su dinero, y no estuviese a rebosar de deudas. Pensar en su situación económica, era un gran peso que recaía sobre su cabeza.
— ¡Kyoko-chan!—exclamó Risa, en cuanto la vio acercarse a la mesa— Ven, aquí a mi lado —dijo señalándole la silla.
Kyoko tragó en seco, cuando vio quien quedaba enfrente al sentarse. Takuma Ito solo la miró por accidente, y luego no parecía siquiera querer intercambiar una palabra con ella. La cordialidad y la innata coquetería que recordaba, se esfumaron como si nunca hubiese existido. En cambio Risa era muy locuaz. Ella era una mujer muy social, abierta y atrevida; igual al comportamiento que una vez conoció de su hermano. Conversaba de cosas triviales con ella y con Yashiro, y trataba de unir a la conversación a su hermano, pero éste quedaba la mayor parte del tiempo en silencio y pensativo, tomando de sorbo a sorbo su vaso de agua.
Risa al parecer dio en el clavo, cuando mencionó a Kyoko sobre las rosas. Miraba desafiante a su hermano, molesta de que éste estuviese ausente aunque estuviera ahí con ellos. Le comentó en detalle el suceso a Yashiro, dando a malinterpretarse con facilidad.
Takuma habló enseguida para explicarse.
—Fue solo un poco de cordialidad, Yashiro-san —dijo él—. Me ofrecí a llevarla a su casa dado que llovía, y no tenía un paraguas.
—Nadie dice lo contrario, Takuma —se interpuso Risa antes de que el manager diga una palabra—. No es que tengas segundas intenciones, ¿no?
Él entornó los ojos.
—Para nada —concordó—. Kyouko-san me interesa bastante como actriz. Ha sido interesante conocerla un poco, pero supongo que queremos conocerla mucho más, y es por eso que surgió esta cena.
Risa le lanzó una mirada de enojo, y éste la evitó, tomando la gota de agua que quedaba en su vaso.
Kyoko sintió un tonillo malicioso en esas palabras que parecían inofensivas. Enseguida Risa se disculpó por la incomodidad que crearon, diciendo que la riña que tuvieron no era una riña como se veía; Takuma también argumentó lo mismo y silenció.
La comida llegó a tiempo. Una botella de vino blanco y otra de jugo de uvas verdes sin alcohol se complementó a la mesa.
Fue a mitad de la cena que Kyoko lo oyó. Un susurro, o más bien una voz que llegaba a ella en un tono muy bajo. Parecía que decía su nombre, una, dos veces, y alzó la cabeza para ver si por si acaso era Yashiro-san quien la estaba llamando, pero no era él, ni nadie de ahí. Lo escuchó una vez más, y un escalofrío recorrió su espalda. Observó por si alguien también lo estuviese oyendo, y entonces entendió que ella era la única que lo hacía.
Lo oyó dentro de su cabeza. Como si se tratará de algo sobrenatural. Y, al tener la palabra clave, fue que lo comprendió. El Beagle estaba en alguna parte de ahí.
Intranquila, levantó la mirada de su comida, y se encontró con el rostro de Takuma que la observaba. Con rapidez lo desvió, y tomó un bocado más de su plato. Desde que se habían encontrado en el estacionamiento, solo intentó ignorar lo sucedido hace poco en Lme. De hecho, lo trató como si fuera algo de menor importancia, y mientras él la ignoraba le era mucho mejor. Pero en ese momento aún podía sentir su mirada, y el nerviosismo le hacía difícil seguir con la deliciosa comida. Aunque su manager y Risa estuviesen a sus lados, ellos estaban apartados, y no hacían caso a nada mientras tenían una conversación amena con una copa de vino blanco sostenido en una mano.
Con la visión periférica percibió que él hizo a un lado su plato y adelantó el torso sobre la mesa para hablarle.
—No creo que sea apropiado discutir temas de negocios en esta cena, Kyoko-san —lo dijo casi en un susurro, y Kyoko se obligó a mirar arriba, a sus ojos—, pero como lo sabes, tenemos gran interés en tu representación de Akiko. Es un personaje que discrepa bastante de los personajes que hasta ahora has personificado. Si desempeñas el papel, estarías protagonizando, lo cual significa muchas más responsabilidades antes y durante la película.
Sus perfectas cejas se fruncían un poco al decir lo último. Los ojos azules examinaban el rostro de la joven, buscando la reacción a sus palabras.
Kyoko bajó y subió la vista de nuevo a su rostro. Igualó la seriedad con la que éste la miraba, y a la vez, trató de entender si lo que decía tenía un mensaje oculto que no lograba descifrar.
—Cualquier papel que esté desempeñando —contestó ella con seguridad—, las cumplo y las cumpliré con responsabilidad, Ito-san. Sé que mi historial en el mundo del espectáculo es corta, y que este nuevo papel exige una faceta completamente diferente a lo que alguna vez he representado, pero si se me da la oportunidad de considerarme, quisiera que me evalúen y dicten su criterio por la Akiko que creé.
Los ojos de Takuma se abrieron un poco más, antes de asentir.
A Kyoko el corazón le latía con fuerza. No sabía de dónde vino esa confianza que manó en sus palabras. Antes la seguridad de actuar a Akiko era bastante baja, pero inconscientemente en un momento su postura en lo relacionado a esa mujer que exudaba feromonas, llegó a recrearse en un chasquido de dedos en su cabeza. De repente, nació una desconocida confianza en vivir en carne y hueso a Akiko. Debía admitirlo. El Beagle la ayudó enormemente a desarrollar a Akiko. Él tenía una presencia que gritaba a voces sensualidad. Casi como si se tratase de un vil demonio que atrajera como un imán a las mujeres. Solo que por alguna extraña razón, éste se convirtió en un perro en celo, colmado de lujuria por ella. Un cable se le habrá soltado en la cabeza. Eso debía ser.
Su cuerpo se estremecía apenas pensaba en él.
—No quiero que me malinterpretes —dijo adusto Takuma, haciendo que despertase del ensimismamiento—. Por ahora estoy en contra de que protagonices. Y no es por dudar de tu capacidad de actuación. Tú sabes la razón.
Kyoko casi quedó muda por la conmoción. Los Rencores se manifestaron en un parpadeo y le rodearon a él, a punto de ir al ataque en cuanto otra palabra semejante sea soltada.
—E-Eso... —ella respiró hondo y trató de calmarse. Después de todo él era el director, y estaban manteniendo una conversación casi pacífica—. Sé que aunque siga negando, usted no me va a creer —dijo—. Lo siento, pero aquello de lo que habla de verdad me parece una suposición muy absurda, y no lo puedo aceptar.
—Tal vez —replicó—. Pero he vivido las situaciones más absurdas que jamás imaginé —dijo infalible.
La joven quedó atónita por su sentencia, pero antes de que pueda deliberar, él habló de nuevo.
—Otra situación se me ha presentado —dijo llevando una mano en su bolsillo para quitar su celular—. Es una situación alarmante. Llegando a tal punto..., deberías cuidarte más.
Kyoko le miró escéptica buscar algo en su celular. ¿Fue aquello una amenaza?
Él le extendió el celular a ella, pero luego lo volvió de nuevo hacia él, y la miró, fijo y dudoso.
—Dime, ¿tienes un novio?
Los ojos ambarinos se agrandaron, y entonces, otra persona que desatendía antes, intervino.
—¿Escuché novio por aquí? —dijo Risa con una sonrisa socarrona, dejando la copa de vino en la mesa—. Estoy curiosa, ¿a qué se debe esa palabra en tu boca, Takuma?
Él suspiró.
—Oíste mal. No dije nada de eso —mintió, bajando el celular de la mesa.
Risa resopló, pero luego miró a Yashiro y le sonrió, haciendo que él se sonroje.
—Manager-san, concédeme el permiso de hacerle esta pregunta a Kyouko-chan, por favooor —pidió con fingida ingenuidad—. Esto no saldrá de aquí, te lo prometo.
Kyoko entró en pánico cuando todas las miradas apuntaron a ella. Uno la miraba con recelo y severidad, como si de esa respuesta dependiese algo, algo de lo que todavía no estaba enterada; mientras que el siguiente estaba dudoso, y hacía un gesto que sabía era por la decepción que sentía hacia ella; y entonces, estaba la última, una mirada sonriente y llena de curiosidad.
No supo que fue lo que respondió su manager, porque el nerviosismo hizo que su voz se oyese como un murmullo lejano. Giró un poco la cabeza, y vio a Risa. Sus labios se movieron, formulando la tan temida pregunta: ¿Tienes novio?
Por diversas razones el Beagle apareció en su cabeza. ¿Amante? Si explicaba algo así, sería su perdición.
Sudó frío.
—Yo te-tengo un-uno —tartamudeó precipitada— Un...Un beagle.
Un completo silencio, y luego Risa se rió con gracia. Las mejillas de Kyoko se ruborizaron, y bajó la vista, avergonzada.
—Yo tengo dos bulldogs —comentó Risa, limpiándose una pequeña lágrima—. Ellos son los hombres de la casa, desde que somos solo mi hija y yo.
La cena siguió sin más contratiempo, hasta que Kyoko se excusó para ir al tocador. Agarró la cartera en la mano y se retiró.
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Sus pies la guiaron hacia una dirección una vez estuvo afuera. Podía sentir su presencia. Siempre cuando lo hacía buscaba escapar, pero por alguna razón en ese momento hacía lo contrario. Esta vez sentía que podía hallarlo. Estaba cerca.
Se detuvo en la puerta de una sala privada y, entre titubeos, abrió la puerta, muy sigilosa.
—Funcionó —le oyó susurrar, y entonces lo vio sentado en la cabecera de una mesa rectangular.
Los labios de él se curvaron lentamente en una sonrisa sensual. Kyoko tragó en seco, y se acercó.
—¿Qué haces aqu... —Se congeló al ver en su mano al Rencor que trataba de ir hacia ella.
—Esperando a que termines la cena para que nos vayamos juntos —respondió aunque ella no haya concluido la pregunta—. No es para alterarte, pero hoy te ocurrirá algo. Es un presagio. Debes tener mucho cuidado. Espera a que pase por ti.
—Ocurrirá algo si me quedo contigo en tu casa —gruñó desconfiada.
—No se puede evitar que ocurra. Tenemos más química sexual de lo que jamás imaginé, Kyoko —dijo, acariciando con el dedo indice la cabeza del Rencor—. No te preocupes, no me resistiré cuando te lances a mí.
—¡No me refiero a eso! ¡N-Nunca lo haría!—exclamó colorada— Dá-Dámela ya —dijo señalándole a su otra yo.
Reino la miró durante unos segundos con seriedad, y entonces la soltó, sin alejar la vista de sus ojos. El Rencor se reincorporó de nuevo a Kyoko, juntándose con las demás que andaban escondidas.
Kyoko desvió esa mirada que la ponía nerviosa, dio media vuelta y marchó hacia la puerta.
—¿Nunca lo harías? —Su voz la detuvo. Titubeante, giró despacio hacia él, y lo vio levantarse de la silla, saliendo de detrás de la mesa—. Pienso que es lo contrario. Sé cuánto te prendió verme excitado por ti.
A la joven se le agrandaron los ojos. La sangre le zumbó en los oídos, mientras su corazón palpitaba desenfrenado. Quiso negar lo que éste decía, pero de su boca entreabierta no salió nada.
Se mordió el labio, y sacudió su cabeza. Sus ojos, sin embargo, descendieron a su cuerpo hasta detenerse en su entrepierna. No pudo evitar que el recuerdo de su erección, y de las increíbles sensaciones que le hacía a su cuerpo viniese a su memoria. Una humedad entre sus piernas la hizo soltar un jadeo. Y entonces, la pregunta que solo podía responderse con una afirmación, se planteó en su cabeza: ¿Él se excitaba sexualmente por ella?
El rubor se extendió en sus mejillas, percibiendo que la frustración que tenía antes volvía. Frunció el ceño, y se volvió con rapidez hacia la puerta. Lista para hacer caso omiso de sus palabras y escapar de las extrañas sensaciones que la hacía tener él.
Las cuatro grandes zancadas que dio Reino fueron más rápido que los pies de Kyoko tratando de huir. Con las manos tomando la cintura de ella, la empujó hacia atrás, haciendo que sus pies retrocediesen hasta dar con la mesa.
Kyoko apenas pudo contener una exclamación, cuando tuvo su rostro cerca a la de ella. Extendió los brazos a sus hombros, y trató de distanciarlo, pero por alguna razón, sus manos no ejercieron la fuerza que debía.
—¿Q-Q-Qué haces? —gimió ella, tragando en seco. Aquel no era el Beagle que conocía. Sí, podía ser un acosador que la insinuaba sexualmente cada que tenía la oportunidad, pero él siempre actuó como un felino. Siempre calmo, sigiloso, y lento en sus movimientos como un experto depredador. Pero entonces estaba él ahí, con esa mirada abrumadora, de desesperación y tal vez de aturdimiento. Sus manos la apretaban con firmeza la cintura, y hacían quemar su piel bajo la tela.
—Ya me has utilizado como practica para tu actuación —dijo él con un tono pasivo que no coincidía con su rostro. Agarró de sus muñecas y las bajó fácilmente sobre la mesa antes de continuar—. No me importa que me utilices, mientras pueda recibir el placer de devorarte la boca en cambio —combinó, haciendo que a Kyoko se le entrecortara la respiración—, pero me has engañado con tener sexo, y me has azotado. Me has atestado de chupetones y mordidas en todo el cuerpo como castigo… Me hiciste rogar por placer, y no me lo diste. Me has fotografiado desnudo, y me has chantajeado para que te ayudase, en lo que te ocasionó un maleficio que querías lanzármelo… También, los golpes que me has dado son tantos que no consigo contarlas.
—S-Sí lo pones así...—tartamudeó ladeando la cabeza a un costado. Ahora consciente de lo que sucedida en la cabeza de Reino mientras estaban en el automóvil—. E-Eso es... —se detuvo, y no supo qué añadir. Oyéndolo de ese modo se veía...algo grave.
Se puso tensa, al sentir que su cara se posó en su cuello. Sintió que respiró hondo, y que sus labios rozaron su piel estremecida.
—¿Dime que me has hecho, Kyoko? —le susurró él con voz ronca. Ella apretó con fuerza las manos en el borde de la mesa y cerró los ojos—. Haces que mi cabeza sea un lío, y a pesar de que me humillas de esa manera, solo quiero hacerte mía —alejó su rostro de su cuello, y cogió su barbilla entre sus dedos para alzarla a su altura—. Me estás enloqueciendo, caperucita. Ya no puedo quedarme sentado después de lo que sucedió entre nosotros, quiero que...
Kyoko no oyó más lo que decía, ¿qué es lo que estaba sucediendo? Su boca estaba tan cerca, y veía sus labios moverse lentos con cada palabra; como si le estuviesen seduciendo, y le invitasen a sus labios a unirse a ellos. Era seguro que ellos se movían con tanto erotismo en su boca, así como lo hacía ahora mientras hablaba. ¿Y qué de ese aroma? Lo estaba embriagando; de nuevo él olía tan jodidamente bien como lo hacía antes.
¿Era así como se sentía Akiko cuando Jacob la acorralaba?
Su mente se ofuscaba, y sucumbía a lo que no debía. Pecar era malo, pero era demasiado tentador. Y demonios, ¿por qué él se mostraba tan devoto a ella? Siquiera un hombre alguna vez se le había confesado. Y entonces aparecía él, deseoso y muy hambriento por ella. La hacía confundirse, y olvidarse de la chica ordinaria, plana y sin atractivo sexual que era. Con él se volvía una mujer capaz de satisfacer los deseos de un hombre. En especial los de él.
Cuando vio que sus labios dejaron de moverse, su cuerpo reaccionó por sí solo. Levantó la cabeza hasta alcanzar sus labios y apretarlos con los suyos. Y cuando los sintió, el hechizo en el que parecía haberse envuelto, se rompió. Sus ojos se abrieron desorbitados, perpleja de lo que había hecho. Se separó enseguida de él, y miró su cara, también estaba sorprendido de lo que ella hizo.
Esta vez intentó de verdad apartarlo para escapar. Era eso lo único que quería, y más al ver la sonrisa sexy que se formó en sus labios. Él estaba más que satisfecho porque ella lo haya besado.
—Creí escucharte decir que no te lanzarías a mí —dijo él malicioso. Atajó uno de sus brazos para que dejara de empujarlo, mientras que con la otra mano tiró de la cartera que colgaba en su hombro. Tomó de su cintura y la atrajo a su cuerpo— ¿Entonces por qué me has besado, Kyoko? —preguntó acercando su cara hasta quedarse a solo milímetros de su boca.
—E-Estaba...—Kyoko se embarulló y echó la cabeza a un lado para evadir sus ojos cargados de deseo, y su boca que tenía la intención de besarla.
Ella siquiera sabía lo que había hecho. No quería nada con él— E-Estaba dándote un premio...—tartamudeó desesperada, y aunque supiese que aquello era una tonta excusa, siguió— H-H-Has sido un buen perro, Beagle. M-Me estás ayudando mucho. P-Pero eso no significa que quiera algo contigo...No pasará nada entre nosotros. Lo que pasó antes no fue n...nada.
—¿Nada? —sonrió engreído, y sacó de nuevo provecho del delicado cuello que ella le facilitaba. Hundió el rostro en él, y la oyó soltar un chillido. Amaba respirar su aroma y sentirla estremecerse—. Tus gemidos seguían demostrándome lo mucho que te has excitado por mí. Estabas tan empapada, tan lista para mí —le lamió y le mordió la piel del cuello.
Kyoko llevó débilmente las palmas de las manos a su pecho. Sus párpados se cerraron con fuerza. La respiración se le dificultaba, y sentía que un gemido quería escaparse de lo más profundo de su garganta.
—Y ahora también estás muy excitada —dijo él, y ella dejó salir un gemido más alto de lo que antes reprimió.
Reino tenía una mano en uno de sus senos, y había pasado su pulgar por un duro pezón. Kyoko se retorció, y llevó las manos a sus hombros, mientras el sabor metálico de su sangre inundaba su boca al morderse con fuerza su labio. El movimiento suave y tortuoso de su dedo en torno a su pezón, le hacían temblar las piernas, y el roce ocasional en ella era un cosquilleo de calor más intenso en su sexo.
—No...—dijo ella en un gemido entrecortado. Alcanzó con una mano la suya, intentando pararlo— B...Beagle...No.
—¿No pares? —dijo contra su cuello al mismo tiempo que capturaba un pezón y empezaba a frotarlo lentamente por encima de su ropa.
Kyoko emitió unos sonidos guturales de placer. Sus piernas flaquearon, y Reino la sostuvo de la cintura, evitando que cayera. La alzó y la sentó en el borde de la mesa, para luego separar sus piernas y acomodarse entre sus muslos. Con una mano sujetando su cintura y con la otra deslizándose de su rodilla hacia su muslo, besó con la boca abierta su cuello, yendo en dirección a su escote. Kyoko dejó caer la cabeza hacia atrás, mientras sus frágiles manos estrujaban de los hombros de la chaqueta.
—De-Detente —gimoteó sintiendo que todo su cuerpo ardía en llamas, y con cada caricia suya se quedaba sin aliento.
—Kyoko —gruñó él contra su piel. Su mano serpenteó bajo su falda, y tomó una de sus nalgas, tirando y apretando la dureza de su erección contra ella.
Elevó su rostro y vio el de ella sollozar de placer. Se aproximó a sus labios para besarla, pero la palma de una mano se pegó a su boca.
—Basta—dijo ella con trémula voz—. Aléjate... —empujó su rostro, pero él no movió ni un ápice su cuerpo.
—¿Por qué? —movió sus caderas, y la hizo jadear ruidosamente—. Tú también me deseas —murmuró con la boca pegada aun en su mano, sin comprenderlo.
—Te dije...que te alejes —dijo jadeante—. Aléjate...de una maldita vez...
—Kyo—
—¡Aléjate!
Su grito le dejó inmóvil. Kyoko se arrastró hacia atrás, y él dejó que se fuera de sus manos. La observó echar por accidente el centro de mesa, el cual rodó y estuvo a punto de caer al piso. Los pies de ella apenas podían sostener su cuerpo tembloroso cuando bajó al suelo, pero igualmente siguió caminando despacio sin dejar de sentir como le clavaba la mirada.
Con el rabillo del ojo, percató que él daba un paso hacia ella.
—Mantente alejado —exclamó volviéndose a él—. No me vayas a obligar a utilizar las fotos —amenazó.
—¿Qué diablos te pasa? —frunció el ceño, muy molesto.
—Te dije que no —respondió enfadada. Por su culpa sentía de nuevo una frustración al no poder calmar lo que él ocasionaba a su cuerpo.
—Me decías que no, pero estabas tan excitada que no podías parar de gemir del placer que sentías.
Kyoko se convirtió en piedra. Sus labios se abrieron temblorosos, mientras que su tez se tornó aun más rojiza de lo que estaba.
—¡N-No fue así, tú, perro calenturiento! ¡No quiero irme a tu casa! ¡Y no me iré, ni aunque eso signifique mi muerte!
—¿Qué?
Kyoko alcanzó con agilidad su cartera, y huyó de ahí como si su vida dependiese de ello.
Reino quiso seguirla, pero la erección que tenía en medio de sus pantalones se lo impuso.
Gruñó y maldijo para sus adentros.
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No podía controlar su agitada respiración. Los pechos se sentían extrañamente pesados, así que bajó a verlos, y se horrorizó de lo que vio. Sus pezones estaban tan duros que podía verlos a través de la tela. Cogió con rapidez un trozo de papel higiénico, lo pasó encima de uno de sus senos, pero cuando apenas éste le rozó, ahogó un gemido. En reprimenda, se pegó la boca, sintiéndose mucho más furiosa de lo que estaba.
Aún no quería creer lo que sucedió. ¿Por qué no le dio unas buenas bofetadas apenas se atrevió a tocar su pecho?
El cubículo del sanitario estaba repleto de Rencores que revoloteaban a su alrededor con furia, pero ellas no eran las únicas; aunque no coincidían en número, allí también se hallaban algunas que representaban a la Lujuria y la Rebeldía. La discusión se la estaban guardando para más tarde. Kyoko entonces estaba apurada por salir de ahí, y regresar al salón el cual debía haber estado hace ya varios minutos.
En cuanto salió por la puerta, un escalofrío recorrió su espalda al sentir que alguien jaló de la correa de la cartera. Kyoko tragó en seco, persistió en su avance, pero al sentir el segundo estirón, se volvió rabiosa para reñir a quien pensó era el Beagle. Pero no era él. Y se ruborizó al ver que la correa solo se había atorado con el picaporte de la puerta.
Miró de un lado a otro y fingió después naturalidad. Fue caminando con pasos rápidos, hasta que de repente, lo sintió. Esta vez de verdad era él. El peligro le acechaba.
De inmediato echó a correr al pasar delante de la sala en el que él estaba. Dio la vuelta la cabeza para mirar atrás, pero al volverse chocó contra el sólido torso de un hombre.
Unas manos grandes la sujetaron de los brazos, y Kyoko abriendo los ojos como platos, levantó la cabeza hasta encontrarse con unos impactados ojos azules.
Observó como con lentitud arrugaba el entrecejo, en una expresión que parecía enojo.
—¿Te ocurre algo? —le dijo éste con voz grave y profunda.
Kyoko solo entonces percató lo pegado que estaba todo su cuerpo al de él. Lanzó un grito y empujándolo con ambas manos el pecho, retrocedió hasta dar con la puerta y caer dentro del salón al suelo.
—¡¿Kyouko-chan?! —oyó unas exclamaciones tras de ella.
Su cara se tornó más roja que el tomate, y solo quería que le tragase la tierra. En frente de ella, en el umbral de la puerta, Takuma se quedó parado, mirándola, sin hacer nada.
—¿Pero qué haces, Takuma? —chistó Risa a su hermano— ¿Por qué te quedas ahí?
Ella y Yashiro la ayudaron a levantarse. Kyoko dándose cuenta de que la mirada seria del director la seguía, se alteró pero a la vez se molestó al pensar lo que de seguro él creía.
—No lo hice a propósito —le dijo ella con tono seco, aunque hubiese tratado lo contrario—. De verdad no sabía que usted iba a aparecer de repente.
Él no contestó nada.
—Takuma, di algo —le bisbisó Risa, nerviosa.
—Lo entiendo —dijo éste mirando hacia un costado.
El tiempo que duró el resto de la cena fue menos ameno de lo que antes era.
Todos juntos fueron hacia el estacionamiento, y una vez fuera de las puertas del restaurante, Risa agarró con sutileza el brazo de Yashiro, y lo guió más hacia adelante.
—Nos vemos en el auto, Takuma—le vociferó ella antes de desaparecer con el confundido y ruborizado manager.
Kyoko no entendió lo que sucedía, y se inquietó al quedar a solas con el director.
—Lo siento.
—¿Eh? —aulló ella perpleja, dando media vuelta para mirarlo a la cara.
—Es lo que Risa quería que te dijese —dijo él, buscando su celular en el bolsillo—. Ella piensa que mi conducta contigo en Lme fue un horrendo agravio, así que organizó esta cena.
La actriz gruñó para sus adentros, entendiendo que esa palabra nunca sería mencionada con sinceridad hacia ella.
—Sin embargo, Kyouko-san —continuó él, mientras deslizaba un dedo sobre la pantalla táctil de su móvil—, quiero informarte de algo. Las consecuencias a tus descuidos pueden resultar bastante grave para tu carrera. Pero en este caso no quiero prejuzgar, porque la persona que me notificó de ésto, tiene una clara intención de arruinarte. Sabe que aborrezco ésto o...está esperando que ocurra algo más.
Kyoko se quedó atónita por lo que oía. Él le extendió el celular a ella. Y la sangre corrió por sus venas tan pronto reconoció la foto que veía.
Era de ella, disfrazada, entrando al motel. El mensaje de texto que seguía aducía que se prostituía para obtener buenos papeles.
—Tu vida no me incumbe, lo sé —Takuma suspiró y llevó el celular a su bolsillo—. No sé si te prostituyes, siendo que...tienes talento para la actuación. Es por eso que esperó que renuncies al papel de Akiko, y busques otro usando ese talento. Kyouko-san, a mí... —pasó una mano por su cabello, y miró con el ceño fruncido hacia otro lado— A mí no me convendrá tenerte en la película —culminó con tono seco.
Kyoko sintió que se le cerraba la garganta. Su cuerpo comenzó a temblar; su cara estaba muy pálida, y de su boca no podía salir nada. Cuando lo vio irse, no movió ni un dedo para detenerlo, explicar o excusarse por la foto. Quedó unos minutos estática hasta que apretó los puños y dio un paso hacia el pavimento. Las ruedas de un auto chirriaron al frenar, y a Kyoko casi le da un paro cardíaco del susto. Saltó hacia atrás, e hizo unas reverencias de disculpas al conductor. En medio de la oscuridad del interior del coche, vio que una mano hacía un gesto impaciente para que pase.
—¡Kyouko-san!
Alzó el rostro y, con sorpresa, vio que Takuma estaba a algunos metros, viniendo a ella, preocupado por el sonido del automóvil que había escuchado.
Su sorpresa fue tanta que quedó paralizada durante unos segundos. Dio un brinco al darse cuenta que el auto aun esperaba, y entonces se apresuró. Uno, dos, tres pasos, y sintió estremecerse. La cartera se había caído atrás. La cadena de pronto se soltó.
Dio media vuelta y volvió; se agachó para agarrarlo. Otro estremecimiento. En solo segundo su corazón se saltó un latido, y bombeó muy fuerte contra su caja torácica.
Algunos podrían llamarlo una trágica desgracia, pero ella supo que no era así. El mal no solo tenía una, sino varias oportunidades que le concedía al mal para hacer de su existencia un calvario.
No tuvo oportunidad de reaccionar. El coche impactó contra ella, y no se detuvo hasta pasarle encima. Su cuerpo rodó casi inconsciente cuando el coche retrocedió lo que podía; preparándose así para el segundo impacto.
Sus ojos pestañearon con pesadez.
Nunca creyó que su vida correría peligro. Nunca creyó que hubiese un imprevisto final.
Fue un inmenso terror lo que sintió antes de desmayar.
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FIN
N/A: De hechizos, maleficios, a látigos culmina aquí. Nos veremos nuevamente en la segunda parte, el cual tendrá un nuevo título :p
