Capítulo 22: La decisión de una hermana dolida

Oscuridad… Era lo único que veía Stellar después del ataque traicionero de Celestia… Parecía que no se iba a despertarse pronto, pero en eso, sentía una caricia en su cabeza haciendo que se sintiera algo bien y sus ojos empezaban a abrirse lentamente.

—Por fin despiertas, dormilona— decía una voz maternal. La potra al tener sus ojos completamente abiertos, miraba confundida a la dueña de la voz que era nada menos que su madre.

— ¿M-Mami?— estaba confusa, pero a la vez, temerosa al ver a Aurora sentada en la orilla de la cama en donde se encontraba acostada y como le acariciaba su cabecita.

—Tranquila. Todo ya pasó… Todo ya pasó. Así que no debes tenerme miedo— decía la adulta con una sonrisa maternal sin dejar de acariciarla, sin embargo, su hija se separaba rápidamente de ella, quería alejarse, pero cayó de la cama de espalda —Hija ¿estás bien?— preguntaba asomando su cabeza preocupada.

—…— no respondió. Simplemente se levantaba para alejarse de la cama o de su madre mejor dicho, pero en eso, sintió algo en una de sus patas traseras. Giraba su cabeza para mirar lo que pisó y se quedó aún más confundida al mirar una fénix de peluche — ¿Qué?... Pero yo creí que…— en eso, empezó a observar alrededor para saber en dónde estaba dejándola sorprendida — ¿Estoy… en mi cuarto?— no se lo podía creer, era su habitación. Todo se encontraba igual antes de que Clara irrumpiera a su casa, como si nunca hubiera pasado la pelea ni nada de eso.

—Pues, claro, mi vida… Estás en tu cuarto. Todo lo que pasaste, fue solo una pesadilla— decía la yegua bajándose de la cama y se acercaba a la potra con un meneo de cadera. Stellar notaba eso.

—… ¿Pesadilla? Aun la estoy viviendo si estas con ella— comentaba retrocediendo temerosa.

—Hija, ya todo terminó y nuestra ama, ya consiguió lo que quería. Así que ya no hace falta huir más— decía acercándose más y la pequeña chocaba sus flancos contra la pared.

— ¿C-Consiguió lo que q-quería?— en eso, se le venía en la mente, algo que pasó por alto — Mi hermanito… ¿¡Dónde está mi hermanito!?— exclamaba mirando enojada a su madre intentando ser valiente, pero sus patas temblaban de temor.

—No te preocupes por él. Estará en un mejor lugar junto con la ama— respondía con una sonrisa alegre estando frente de ella —Además, así prestaré más atención a ti, mi linda hija— le acariciaba su cabeza, pero Stellar le apartaba su pezuña.

—N-No. Q-Quiero a mi hermanito devuelta— exigía temerosa.

—Yo no puedo hacerlo, hija. La única que puede hacerlo, es nuestra ama, la cual, está esperando en la sala para verte— al escuchar eso, casi le daba algo a la potra.

—C-Clara ¿está aquí?— preguntaba temblorosa.

—Sí, así es. Quiere hablar contigo, antes de marcharse. Así que ven y no la hagas esperar más— respondió su madre poniendo una pezuña en su retaguardia para empujarla un poco para que caminara.

Stellar no quería caminar, pero Aurora la obligaba empujándola por detrás, o sea la arrastraba fuera de la habitación.

—Vamos, hija. No seas mala y camina ¿quieres?— la potra la miraba por un momento y suspiraba resignada y empezaba a caminar por su cuenta en dirección a la sala, aunque a pasos lentos ya que se encontraba nerviosa en ver a la que era antes su "amiga".

Su corazón palpitaba por el temor que sentía, pero ya nada podía hacer. El camino a la sala era corto, aunque parecía que pasó una eternidad caminando por el pasillo hasta que llegó bajando por las escaleras.

Observaba alrededor y notó que en un costado de un sofá, estaba su tía Cely acostada de panza con una bandeja encima de sus flancos que tenía una tetera. La princesa tomaba una taza de té hasta que notaba a su sobrina y la saludaba con una pezuña, pero sin cambiarse de lugar. Stellar alzaba su pequeña pezuña para devolverle el saludo confundida, pero en eso, notó también a una yegua que estaba en el sofá de espalda.

La potra tragaba saliva al saber quién era y sentía como su madre le daba un empujón en su retaguardia para que siguiera caminando. Sin oponerse, reanudó su caminata lentamente rodeando un costado del sofá hasta que pudo ver completamente a la pegaso amarillo que le daba un sorbo a su té y miraba de reojo a la potrilla roja con una sonrisa infantil.

—Hola, amiguita. Hace tiempo que no nos veíamos ¿no lo crees? Ji, ji, ji— daba una risita Clara al dejar la taza en la mesa. Stellar estaba temerosa al observarla, pero notaba también que a su lado, se encontraba sentadas Rainbow Dash y Fluttershy.

—Hola, Stellar— saludaban las dos al mismo tiempo con una sonrisa. La verdad, era algo perturbador haciendo que la hija de Aurora retrocediera un poco.

—Niñas ¿podrían sentarse en el suelo?— preguntaba la yegua amarilla con una sonrisa acariciando a las dos potras que estaban a su lado.

—Claro, ama— decían las dos y se bajaban del sofá para luego sentarse al otro lado de la mesita que se encontraba frente a su ama.

—Ven, Stellar y siéntate conmigo— habló Clara dando palmaditas con su pezuña a su lado. La aludida insegura, hacía caso y se sentaba a su lado, pero al hacerlo, recibió un abrazo de Clara —Ay, amiguita. No sabes cuánto te extrañé— decía contenta abrazándola contra su pecho y la ponía incomoda —Cuando supe que estabas perdida por Equestria con tu adorable hermanito, me preocupé mucho muchísimo— la movía de un lado a otro sin dejar de abrazarla.

Si, como no— pensaba Stellar fastidiada de estar abrazada a la loca esa.

—Me preocupé de que fueran secuestrados por ponis malos y degenerados— la adulta rompía el abrazo para ponerla en su asiento —Pero ahora, estamos aquí, juntos como debió ser— sonreía con alegría acariciándole la cabeza. La potra rojiza se apenaba por ese contacto con ella y apartaba su pezuña de la cabeza para verla con algo de valentía.

—… ¿D-Donde está mi h-hermanito?— preguntaba sintiendo nervios en su interior.

—Awwwww. Te preocupas por tu hermanito, que tierno. Ji, ji, ji. Bueno, el pequeñito está durmiendo en un lugar súper secreto y místico— respondía Clara con una voz misteriosa mientras se veía a Aurora acercándose a su ama con su hija y les daba la espalda para mostrar que cargaba una bandeja encima de sus flancos con dos vasos de jugo. La pegaso amarillo agarraba uno de los vasos con una pezuña sin mirarlo —Así que no te preocupes por él. Estará en buenas garras digo cascos. Ji, ji, ji, ji— daba una risita despreocupada y le daba un sorbo a su jugo.

—…— Stellar estaba dudosa con esa respuesta, aunque su mirada se desvió a su madre que la miraba fijamente.

—Toma, hija. Después de todo lo que pasó, debes refrescarte con un buen vaso de jugo— decía Aurora con esa sonrisa que la perturbaba hasta la adulta retrocedía para que su hija agarrara mejor el vaso.

—… Gracias, supongo— agarraba el vaso con sus pezuñitas, aunque le incomodaba que esté así —Vaya, Clara hizo que mi madre fuera mesa igual que la tía Cely… Pero ¿Por qué me miran tanto?— pensaba con nerviosismo poniendo sus labios al vaso para dar un pequeño sorbo mientras observaba como las dos adultas hipnotizadas la miraban con esa sonrisa perturbadora igual que las pequeñas potras.

—… Bueno amiguita, yo sé que tienes preguntas que hacerme, o sea los potrillos siempre con su curiosidad ¿no creen que eso es adorable, chicas?— preguntaba dirigiéndose a las demás. Aurora y Celestia estaban de acuerdo con su ama que le daba ternura eso. Rainbow Dash y Fluttershy se miraban un momento para luego poner una mirada de cachorrito haciendo que les diera ternura a las adultas.

—…— la potrilla rojiza tenía una gota de sudor en la nuca por la extraña escena que estaba presenciando. Intentaba ignorarlas dando pequeños sorbos al jugo.

— ¿Ves, Stellar? Mejor ponte linda y tierna que huir, y verte menos linda. Ji, ji, ji— daba una risita Clara.

—…— Stellar se incomodaba mucho por como la veían de nuevo con esa sonrisa, aunque su madre y tía la observaban estando de espalda sosteniendo esa bandeja con sus flancos.

—Así que dime, pregunta, tenemos toooodo el día— decía la yegua amarillo con una sonrisa infantil.

—…— no sabía que decir, solo ponía el vaso de nuevo en la bandeja que cargaba su madre y la susodicha, ponía la bandeja en la mesita de la sala.

—Mmmmmm— se quedaba pensativa Clara hasta que se le ocurrió algo y en un santiamén, volvió a ser potrilla, como había conocido hacía tiempo a la potra rojiza — ¿Y así te sientes agusto?— preguntaba con su típica sonrisa.

—…— Stellar asentía con la cabeza lentamente para después ser recibida con un abrazo de la loca potrilla que pegaba su mejilla con la de ella.

—Genial, amiga. Pregunta lo que te pase por tu mentecita— decía con emoción poniéndola incomoda y nerviosa. La potra roja rompía el abrazo apartando a Clara de ella haciendo que diera una risita por la actitud de su "amiga".

—… Emmmm… Esto… … ¿Cualquier pregunta?— preguntaba insegura.

—Sipi y esa fue tu primera pregunta. Ji, ji— daba una risita infantil.

—… …— la pequeña observaba un momento a su madre que seguía de espalda frente al sofá —… ¿Dónde… e-e-e-está mi p-papá?— preguntó con dificultad.

—… ¿Quieres que te responda a eso? Aunque no hace falta si ya sabes la respuesta con solo ver a tu sexy madre sola ¿verdad, señora Galaxy?— preguntaba Clara dándole una nalgada en su flanco derecho haciendo que diera un leve gemido.

—Sí, ama— respondió la pegaso roja sin moverse en absoluto.

— ¿Ves? Hasta la nalgona roja está de acuerdo que mejor pregunta otra cosa— decía la potra loca con una sonrisa perturbadora.

—…O-Ok— Stellar se deprimía un poco al saber lo que temía. La susodicha lo sabía. No quería creerlo, pero esa era su realidad, una triste realidad hasta pensaba que ver a su madre así, era lo mejor —…

—…— Clara miraba un momento a su "amiga" para ver que su vista estaba sobre Aurora —… La verdad, es mejor que tu sexy madre esté así y así no llora por él igual que tu tía inútil que también lloraba por él. Es mejor que vivan así, sonriendo sin preocupaciones, ni tristezas. Así se evita los lloriqueos ¿no crees? Ji, ji, ji— comentaba con una risita.

—…— la potra rojiza estaba pensativa a lo que dijo. Pensaba que tenía razón. Así no vería a su madre triste, aunque la pequeña se entristecía ya que también pensó que estuviera igual que ella… En eso, sacudió su cabeza al pensar en eso. Sin embargo, no se daba cuenta como la potrilla loquita sonreía maliciosa —… Emmmm… ¿P-Por qué mi hermano? … ¿Por qué él?— preguntaba curiosa del porque eligió a su hermanito.

—Pueeeees, porque él fue el elegido por las estrellas— respondía de forma dramática.

—… ¿Qué?— estaba confundida.

—Ok, ok. Te explicaré un poco lo que he estado haciendo— se aclaraba su garganta —Buscaba un juguete en Equestria. El mejor juguete de todos los tiempos. En otras palabras, buscaba un subordinado, un compinche, un compadre, una pareja, un novio, de todo en uno, pero a ese debe sobrevivir a mi poder o que aguante el dolor… Que sería un poquito que le pongo dentro, pero se mueren… ¡Todos se mueren!— exclamaba haciendo que la potra se sobresaltara por su repentino grito —La verdad, no sé lo que buscaba ya que no solo buscaba a sementales, también yeguas o quien sea, a mí me daba igual hasta que encontré a tu hermanito… Él es especial, no sé cómo, pero con verlo, vi lo especial que es y él sería mi juguete. Ahorita no, sería más bien el potrillo de mamá, o sea yo sería la mamá. Ji, ji. Pero cuando sea adulto, ahí si será mi semental. Es como criarlo desde potrillo hasta adulto y a ver si le doy síndrome de Estocolmo. Ji, ji, ji— se reía traviesa.

—… Estás loca— fue lo único que dijo Stellar a todo eso.

—Sí, verdad. Todos me dicen que estoy loquita, pero me importa poco lo que piensen los demás— alzaba sus hombros para luego abrazar a la potra rojiza con un casco —Así que bueno, ya sabes un poco de lo que estaba haciendo, aunque he recortado tantas cosas para que no te traumes, en serio. No quiero traumar tu mentecita— decía con su típica sonrisa acariciando su cabeza, sin embargo, la aludida le apartaba su casco para que no siguiera desordenando su melena.

—… Entonces ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué no me matas como lo hiciste con papi? O ¿Por qué no me llevas? Ya que escuché que yo soy opcional o algo así— preguntaba confundida de todo eso.

—Son muchas preguntas seguidas. Ji, ji, ji. Bueno, solo te diré esto… Me interesa solo tu hermanito. No es que no me intereses también, solo que te cumplo tu deseo más anhelado ¿No es eso lo que querías? ¿Ser hija única? ¿Y no ver nunca más a tu dolor de cabeza? Así que cumplo mi palabra y además, pensé en darte algunos regalos. Ji, ji.

— ¿Regalos? ¿Qué clase de regalos?— preguntaba Stellar curiosa.

—Pues… mis esclavas— Clara señalaba a las dos yeguas y a las dos potras que obedecían a la potrilla loca.

— ¿Qué?

—Lo que escuchaste. Como estarás solita si me voy con tu hermanito, quiero que te quedes con mis esclavas para que te hagan compañía y obedezcan todo lo que tú le ordenes ¿no es maravilloso?— la potra loca miraba a la rojiza con una gran sonrisa poniéndola nerviosa —Puedes hacer lo que quieras. Con tu sexy madre, puedes ordenarle lo que sea, esta vez, estará para ti, te prestará atención siempre y puedes hacer todo lo que te plazca, y ella no te restringirá nada— decía dándole una nalgada a Aurora haciendo que diera un leve gemido — ¿Ves lo que te digo? Ji, ji, ji— daba una risita.

—…

—También podrás tener a una poderosa princesa y tía a tus órdenes. Puedes tener mucho más que tu nalgona madre. Puedes ser poderosa, puedes tener todo el chocolate que quieras. Solo piénsalo. Esta princesa podrá hacer algo útil en su vida que es sirviéndote y ser como tu princesa títere por así decirlo. Ji, ji, ji— decía con su sonrisa infantil y le daba también una nalgada a Celestia que daba un leve gemido —También, no nos olvidemos de las pequeñas Rainbow y Fluttershy. Ellas serían tus amigas y podrán jugar todo lo que tú quieras ¿verdad, niñas?— preguntaba mirando a las dos aludidas que se encontraban sentadas en el suelo.

—Sí, ama— respondían con un gesto adorable al tener sus pezuñitas en sus mejillas.

— ¿Ves, amiguita? No soy tan mala como crees. Te estoy dejando al cuidado de estas esclavas o mejor dicho, tu estarás divirtiéndote mucho con estas chicas haciendo lo que tú quieras. Solo piénsalo. Si le diera ésta oferta a alguien más, lo aceptaría con gusto— decía Clara mirando a Stellar sin dejar de sonreír.

—… ¿Podré hacer lo que quiera?— pensaba dudosa. Esa oferta que le hizo, lo estaba reconsiderando, porque una de las cosas que siempre quiso, era que su madre le hiciera más caso que a su hermanito igual que con su tía Cely o también tener dos amigas, aunque eran menores que ella.

—… Así que ¿Qué dices? ¿Las quieres?— preguntaba con curiosidad, aunque la potra roja no respondía, porque estaba indecisa y además, a Stellar pensaba del por qué seguir luchando o del por qué recuperar a su hermanito. Era mejor tirar la toalla y ya para no seguir tratando de hacer lo imposible, porque con Clara, no se podía —Las quieres ¿verdad? Ji, ji, ji. La verdad, tú y yo si somos las mejores amigas. Ji, ji, ji, ji. Ok. Me tengo que ir, amiguita— decía Clara volviendo a ser adulta para luego acariciarle la cabeza a la potra rojiza.

—…— no decía nada, solo la veía con un poco de melena tapándole un ojo mientras se dejaba acariciar por la loca yegua.

—Si no tienes una respuesta, entonces, te lo haré más fácil. Yo me voy con tu hermanito que está en el castillo abandonado del bosque Everfree. Me iré en la noche, pasada las siete, supongo y les di la orden a mis nalgonas y potrillas que te sirvan como su nueva ama. Que te obedezcan cuando me vaya y así no tienes que decidir— comentaba Clara levantándose del sofá y caminaba moviendo sus flancos de un lado a otro pasando frente a Aurora y a las dos potrillas que no se fijaban en su ama, si no en Stellar —Solo espera a las siete ahí sentada y después, estas son todas tuyas. Ji, ji, ji. Así que no me sigas, no vayas detrás de mí y no intentes rescatar a tu hermanito. Tú sabes lo que pasa ¿verdad? No intentes ser una heroína. No tienes que demostrárselo a alguien. Solo eres una potrilla que necesita que la mimen mucho. Ji, ji, ji, ji, ji— se reía burlona abriendo la puerta de la casa —Así que adiós, amiga. Que te vaya bien como ama e hija única— se despedía y emprendía vuelo para salir de la casa para luego cerrarla detrás de ella dejando a la potra roja sola con las ponis hipnotizadas que seguían en la misma posición mirando a Stellar.

—…— la potrilla rojiza observaba a las aludidas con una expresión de tristeza, pero más al ver a su madre —Lo siento, mami... No pude cuidarlo… No pude hacer nada… Lo siento por decepcionarte…— empezaba a sollozar con la vista baja estando sentada en el sofá.

—Oh, hija. Tú no me decepcionaste. La verdad, estoy orgullosa de ti. Hiciste lo que pudiste, pero la oferta que te dio mi ama, es mejor aceptarlo y seguir con tu vida, y yo estaré feliz obedeciéndote, hija— decía la yegua roja con esa misma sonrisa mientras le secaba las lágrimas de su hija con su cola para seguir en la misma posición.

—… Supongo que tienes razón… Solo dejo que se lo lleven y… seguir con mi vida como si… todo esto fuera una pesadilla y… que Comet nunca hubiera existido en mi vida… — mencionaba Stellar mirando a la nada, inexpresiva.

En la sala, solo había un profundo silencio y lo único que se escuchaba, era el reloj. La potra roja dirigía su mirada al reloj que estaba en la sala y veía que solo falta media hora para las siete. Se sorprendía un poco por cuanto había dormido y lo bien descansada que se encontraba…

Su mirada estaba fijamente en el reloj, precisamente, en el segundero que pareciera que iba lentamente, pero mientras observaba eso, se le venía recuerdos de antaño en su mente.

En ese momento, apenas se daba cuenta lo mucho que significaba para ella, su pequeño hermano. Recordaba cuando jugaba con él al ser un bebé, lo mucho que se emocionó al tener un hermanito. Como construían juntos edificios con lego, jugaban con los peluches y siempre Comet era el fénix malvado, como también jugaban sus padres con ellos, cuando Stellar compartió su helado de chocolate cuando a su hermanito se le cayó el que tenía, como pasaban una pelotita los dos juntos. Había pasado tantos bellos momentos en su mente que apenas se daba cuenta que su hermano menor era más que un hermano… Era también un amigo… Hermano y amigo algo que siempre había querido. A veces, era fastidioso, pero a veces, era ella la fastidiosa… No importa cuánto hayan discutido, no importa cuánto hayan peleado… Después de todo, se seguirán queriendo sin importar que… Aunque piensa que estaba sola, solitaria… no lo estaba. Su hermanito siempre se encontraba con ella… dándole un dolor de cabeza, pero eso siempre era para recordarle que él siempre estaría para ella… por siempre…

—… Soy una tonta…— se decía así misma Stellar con lágrimas en sus ojos, lloraba desconsolada con sus pezuñas en su rostro. Se arrepentía completamente de lo que había hecho, de lo que pensó también acerca de su hermano.

—… Linda ¿pasa algo?— preguntaba su madre que seguía en la misma posición mirándola con esa sonrisa. La aludida se quitaba sus cascos de la cara para verla con sus ojos llorosos.

—… Mami… Lo siento, mami. De verdad, lo siento. Te decepcioné. Soy la peor hija y hermana de Equestria… Lo siento, mamá… Perdóname…— se disculpaba con lágrimas que no paraban de salir y rodaban por sus mejillas.

—… Hija, no te disculpes. Lo que pasó, pasó. Ahora ya no tienes que preocuparte de nada y no tener esa carga encima de ti. Déjalo ir— comentaba Aurora con la misma actitud.

— ¿Dejarlo ir?...— la potra se negaba —… No, no, no ¡No pienso dejarlo ir!— observaba ahora a la yegua roja con enojo —Tú eres mi mamá, tú eres la mamá de Comet, eres nuestra mamá. Por favor, mami. Despierta. Te necesito… Por favor… No puedo hacer nada sola…— bajaba la vista llorosa y se veía lágrimas caer de su rostro.

—… … Claro que si puedes. Recuerda que huías con tu hermanito de mí por toda Equestria. Tú duraste más que yo antes de servir a mi ama… Tu puedes hacer cualquier cosa que te propongas, si lo haces de corazón. Si de verdad lo amas, recupéralo con convicción… Eres mi hija, tienes mi carácter… por lo que noté… pero también la determinación de tu padre de no rendirte…— Aurora daba media vuelta para estar frente a frente con su hija —… Eres la mejor hija que pude haber tenido…— le sonreía por primera vez, no era nada perturbadora, era una maternal. Esa sonrisa que siempre le daba a sus hijos cuando estaban tristes. La potra rojiza la miraba con sus ojos llorosos.

—... ¿E-Eso te lo ordenó para que me diga cualquier cosa para no sentirme mal?— preguntaba con un sollozo.

—… No… Solo que una orden es ser una buena madre… Además, todo lo que te dije… siempre estaba en mi mente. Te lo quería decir cuando regresara con ustedes, pero nunca llegó el momento… Estaba en mi mente rodando, si algún día te lo digo o no, o depende si mi hija y casi ama, me pide que le dé palabras de apoyo y eso fue lo que salió… de mi corazón…— se ponía una pezuña en su pecho —… … ¿Fui una buena madre?— preguntó con la misma sonrisa teniendo la cabeza inclinada a un lado.

—…— Stellar sonreía un poco y se secaba sus lágrimas con una pezuña para luego levantarse en el sofá —Si, eres una buena madre y siempre lo serás para mí…— se acercaba a ella y le daba un abrazo poniendo su cabeza en su pecho. Su madre no hacía nada por un momento hasta que le correspondía el abrazo con una pezuña. La potrilla rompía el abrazo para mirarla con una sonrisa —Mami, me tengo que ir. Te prometo que rescataré a mi hermanito cueste lo que cueste…— mencionaba con una mirada determinada bajándose del sofá para dirigirse a la puerta y lo abría —No sé cómo lo haré, pero no dejaré que se lo lleve… No pienso permitir que nos aparte otro ser querido… Te lo prometo, mami…— dirigió por última vez, una mirada a Aurora que le sonreía para luego salir de la casa con sus alas extendidas y saltaba aleteando para planear en una dirección en concreto.

—…— la pegaso roja salía por la puerta seguida de Celestia y de las potrillas para observar como Stellar se alejaba planeando de la casa.

—… Por lo visto, tenemos que avisarle a nuestra ama ¿verdad? Nos dijo que si se iba antes de la siete, significa que no acepta la oferta de nuestra ama…— comentaba la princesa con esa sonrisa que no se va de su rostro.

—… Si, vamos a avisarle…— decía Aurora sin apartar la vista de su hija hasta que la perdió por unas nubes y sentía algo en uno de sus ojos para luego pasar una pezuña en su mejilla derecha —… ¿Por qué estoy llorando?— pensaba al ver su casco. Efectivamente, le había salido una lágrima de uno de sus ojos. La alicornio blanca brillaba su cuerno con intensidad hasta que las cuatro desaparecían del lugar con una tele transportación.

Un pequeño rato después

Se observaba a la pequeña poni roja aterrizando al suelo y guardaba sus alas para observar que se encontraba frente al bosque Everfree. Stellar miraba alrededor para ver que no había nadie que la viera y su vista paraba al bosque, temerosa.

Tenía algo de miedo de ese bosque y no sabía lo que le esperaría cuando entrara, pero respiraba profundamente al tener en su mente, un objetivo claro.

Tranquilo, hermanito. Tu hermana mayor te salvará— pensaba con una mirada determinada, aunque por dentro, estaba insegura de cumplirlo, pero sin más dudas, entraba al bosque galopando para llegar lo más rápido posible al castillo abandonado.

En el castillo abandonado de las hermanas nobles

En lo que era el salón del trono, se encontraba la supuesta Clara sentada en el trono que no se podía ver bien su cuerpo ya que era de noche, porque Celestia bajó temprano el sol y al frente suyo, estaban sus cuatro esclavas.

—… Pero bueno ¿¡Qué es lo que quiere esa niña!? ¿¡Quiere mi alma también!? ¿¡Quiere unos flancos para que sean sus almohadas!? ¿¡Qué carajo quiere de mí!?— exclamaba dramática alzando sus cascos arriba para luego bajarlos. Había escuchado lo que dijo la pegaso roja —Te hubiera ordenado que te quedaras como tonta y ya— decía mirando a Aurora molesta que estaba de espalda esperando su castigo por haber hecho algo malo. La loca suspiraba frustrada pasando un casco en su frente —Yo estoy cumpliendo el deseo de llevarme a su hermanito— con una pezuña, acariciaba la cabeza de un potro azul dormido en su regazo que se podía notar un poco a pesar de estar oscuro —Le doy a mis esclavas para que no esté solita y pueda divertirse mucho, pero aun así ¡viene a reclamarme!...— se enojaba por eso y sus ojos amarillos, se dirigían al hermano menor de Stellar que no paraba de acariciar su cabeza —… Mmmmm. Ji, ji, ji— daba una risita maniática —La verdad, sería divertido ver hasta dónde llega su determinación. Ji, ji— agregaba con una sonrisa mostrando sus dientes y sus ojos brillaban con intensidad.

Continuará.


Éste sería el final del penúltimo arco y el siguiente capítulo, ya vendría el último arco de la historia. La más complicada por hacer por obvios motivos.

Creo que los siguientes capítulos, podrían salir largos, porque puede haber que no haya una "pausa" por así decirlo.

Bueno, eso es todo.

Nos leemos.