-Chapitre vingt et un-
En alguna parte del Bosque del Rey Hada.
Estaba un hada de cabello verdoso recostado sobre una rama de un árbol. Los brazos los tenía detrás de su cabeza. Mientras tanto una pareja lo miraba con aire ansioso.
— ¿Y, bien? ¿Qué nos tenías que decir? —Habló una voz femenina frente a él. Y a su lado estaba sentado Ban, a la expectativa.
—Pues verán… Iba pasando por la Gran Sala, en busca de Harlequin para hablar de mejor amigo a mejor amigo. Porque estaba muy enojado conmigo al no decirle bien las cosas. Así que, con algo de culpa, fui hasta su habitación. Pero, dentro escuché algo…
— ¿Y, que era? ¡No nos dejes así! ¡Quiero ver cómo le hago más bromas a mi cuñado! —La sonrisa burlona de Ban no parecía tener compasión, ya se estaba imaginando cómo podría molestar de nuevo a King. Sería interesante…
—Ya, ya. Tranquilízate. Ush, no tienes nada de paciencia, no sé cómo Elaine te soporta—Esto último lo dijo entre dientes, pero Elaine si lo alcanzó a escuchar.
"Como le encanta molestar a Ban"
— ¡Solo suéltalo!
— ¡Aquella humana estaba junto con King en su habitación! Gerheade y yo los escuchamos. Me la encontré en el pasillo y, antes de que pudiera tocar escuchamos "ciertas" voces provenir de ahí. Y caímos en la cuenta de que Harlequin estaba con la chica que trajiste, Elaine. Ya, fin ¿Satisfechos? —Se notaba exasperado por tanta presión de parte de Ban, pero al fin lo soltó.
— ¡Oh por Dios! Esa sí que no me la esperaba. Y ¿No supiste de qué estaban hablando? —Exclamó Elaine.
—Casi no se escuchaba nada de lo que hablaban. Pero alcancé a oír que King le contó parte de su pasado. Vaya… Y, eso que antes no le gustaba recordarlo. Sí que aquella humana lo está cambiando, eh, y no lleva mucho aquí.
—Interesante información…—La sonrisa burlona de Ban no se iba de su rostro.
—Amor, ya se cuáles son tus intenciones. Pero antes de que vayas para allá, primero hay que darles un tiempo a solas, ¿entiendes? Cero interrupciones por el momento.
—Pff, que aburrido—Dijo el albino cruzándose de brazos.
—Luego lo haces si quieres. Ahora, por el momento, es mejor dejar a esos dos tortolitos solos. Que se conozcan lo suficiente.
"Ya estoy imaginando como sería su boda. Simplemente perfecta…"
Helbram y Ban solo veían a Elaine raro. La rubia tenía una mirada soñadora y sus ojos parecían brillar con estrellitas en ellos.
El albino y el hada solo intercambiaron una mirada, para después, suspirar cansados. Ya se imaginaban lo que estaría pensando Elaine.
"Mujeres"
Regresando a la habitación de Harlequin…
Se contemplaba a una pareja platicar animadamente. Ambos, sentados en la cama del rey hada. Harlequin le había pedido a Diane que se sentara junto a él. Y, la castaña, con un sonrojo, así lo hizo.
La cercanía en ambos les provocaba un enorme nerviosismo. Y no se sabe con certeza si King o Diane tenían el mayor sonrojo en sus restos. Iban empatando.
Se miraban a los ojos, platicando. Aun conversaban sobre sus vidas, sobre sus pasatiempos, sobre todo.
Se veía que disfrutaban de aquella conversación. Al parecer, nunca les aburriría la presencia del otro.
Compartían sonrisas y risitas alegres. No les molestaba la compañía del otro. Se sentían muy cómodos.
De un momento a otro, en una de sus conversaciones sobre sus hobbies. Diane le había preguntado a King si el leía. A lo cual, el castaño respondió con un sí. Por supuesto que lo hacía, o bueno, cundo tenia oportunidad. Así que, Diane le pidió, amable y emocionada, si podía enseñarle uno de sus libros.
Ella se ofreció a ir por él. King le había dicho que estaba en un escritorio, junto a una gran puerta –la cual era su clóset-. Así que fue por él. Diane decidió hacer eso, ya que le encantaba poder sentir la portada de algún libro –su textura y olor-. Pero también lo hizo para tomarse un respiro de su acelerado corazón, ya que no dejaba de latir desbocado.
Al regresar, ya más calmada, Diane tenía una pequeña sonrisa adornando sus labios. Extrañamente al rey hada, ante aquel gesto, no pudo evitar que sus ojos se posaran en la boca de Diane.
"¿Cómo se sentirá probarlos?"
Y tras ese pensamiento, en el rostro del hada, emergió un sonrojo monumental. Fue inconsciente, pero no evitó que ese pensamiento surgiera de su mente.
"No pienses en eso King ¡Y ya no mires sus labios!"
Así que, el hada volteó su rostro apenado y con una mano en su boca, para ya no ver a Diane y que otro pensamiento impuro se cruzara por su cabeza.
Pero nadie estaba preparado para lo que se vendría después:
Diane solo lo vio confundida cuando volteó su rostro de lado y se tapaba la boca. Se veía sumamente rojo y no sabía el porqué de ello.
— ¿Harlequin, estas bi…—Y a un paso de llegar a él, no se fijó que había un pequeño borde en el piso. Entonces, se tropezó, mientras el libro salía volando a alguna parte de la habitación. Y Diane solamente cerró los ojos, a causa del susto.
King la tenía bien sujeta por la cintura. Al voltear su rostro vio como ella se tropezaba y cerraba los ojos. Así que, por instinto la atrapó para que no diera contra el piso.
Al abrir los ojos, lo primero que pensó era que no estaba en el suelo. Era algo cómodo. Vio un traje negro con una camisa blanca debajo. Diane casi empieza a hiperventilar cuando se dio cuenta de a donde cayó. Alzó su cara hacia la mirada miel que la observaba tímido. No pudo evitar pensar que se veía perfectamente hermoso así.
King la miraba embelesado, la fragancia a canela de Diane le pegó directo en sus fosas nasales. Inconscientemente la atrajo más a ella, quería grabarse aquel delicioso aroma de memoria.
Ambos no sabían que hacer y simplemente se quedaban mirando el uno al otro.
De repente, Diane comienza a acercar su rostro. King igualmente.
Precian imanes, poco a poco se iban acercando hasta casi rozar sus labios.
Pero, y para sorpresa de la oji violeta, los labios de King se posaron sobre su frente. Estaba tan nervioso que simplemente no pudo evitar hacer eso. Pero, sentía que no era el momento, no quería asustarla, a pesar de haber sido ella la que dio el primer movimiento.
"¿O quizá si debí besarla?"
"Rayos. Por poco. Me hubiese gustado probarlos"
Aquellos pensamientos rondaban por las mentes de ambos. Y, sonrojados a más no poder, decidieron incorporarse nuevamente.
—P-perdón por eso. Iba distraída y no vi por donde pisé—Diane estaba muy colorada y con la cabeza baja. A un lado de ella, King agradecía internamente por aquello.
—N-no te preocupes. F-fue un accidente. No pasa nada. Y perdón por lo de hace un momento, no supe qué hacía. Perdona si te incomodé — King parecía realmente apenado.
— ¡No me incomodó en lo absoluto! —No se había percatado de lo que dijo. Hasta que vio la cara toda roja hasta el cuello, de King. —Oh, no, no quise decir eso, bueno si, digo ¡No!
Diane solo se tapaba su cara con una de sus trenzas. Totalmente avergonzada.
Los ojos del rey no dejaban de mirarla. Se le hacía tan tierna así toda avergonzada.
Y, cuando menos se dio cuenta, sus labios fueron a parar a la comisura de la boca de Diane.
King simplemente no pudo detenerse, y la besó.
Fue un beso pequeño, inocente y tierno. No quería asustarla, pero, inconscientemente se había acercado tanto a ella que lo hizo.
Finalmente, había besado a Diane. Aunque no fuera un beso como tal.
Al separarse, ambos no tenían la confianza necesaria para verse a los ojos. Aunque a Diane le había gustado aquello y King no se quedaba atrás.
¿T-te asusté?
—No.
—¿No vas a golpearme?
—No.
—¿Te…Te gustó?
—Si.
A este punto Diane no sabía lo que decía. Estaba muy lejos en su mente volando entre las nubes. Y ahí mismo se había dado cuenta de que si, si estaba enamorada de aquel Rey Hada.
Enormemente enamorada.
