El alborotado shinigami pelirrojo se calmaba al notar la seriedad del sensual demonio a quien no había visto en semanas, algo le intrigaba de su aparente fría actitud porque un destello de extraña tristeza parecía apreciarse en su mirada.

-¿Estás bien? -Le cuestionó con curiosidad aunque lo más seguro era que no hubiera una respuesta.

-¿Sabes quien lo hizo?

A pesar de que no respondió con claridad a su preguntó por lo menos le seguía el hilo de la conversación, eso le emocionaba en su peculiar manera de expresarla, retorciéndose coqueto frente suyo.

-No... No lo sé querido Sebastian...

El demonio al oírlo se disponía a revisar el
lugar para hallar una pista al menos algo mínimo que pudiera resolver su duda, Grell lo seguía al interior de los escombros de lo que fue un día la imponente mansión Phantomhive.

-Pero podría averiguarlo si quieres. -Le insinuaba el shinigami.

-¿Harías eso por mi?

-Paro que si! -Más emocionado le hablaba- Nada más conveniente que tener información a la que un demonio quisiera obtener de forma especial, eres libre de sacarme la información que quieras.

-Ya no hago eso... Ahora no obtengo información de esa manera, así que lo siento.

-¿Por qué no? -Con un puchero refutaba entre molesto y resentido el pelirrojo ante tal aclaración.

-Porque soy un demonio comprometido ahora debo ser fiel ahora.

-¿Eh? ¿Comprometido? ¿Con quién? -Se remordía de enojo y celos al escuchar tan inesperada confesión- ¿Tienes un nuevo contratista? ¿Ya no jugarás al mayordomo sino al esposo?

-Aunque sé que tu última pregunta fue lanzada con burla e ironía tiene algo de razón, me casaré pronto con quien he estado jugando a ser mayordomo en estos últimos años.

-¿Qué? ¿Con el mocoso del parche? ¿Ese niño?

Escandalizado le gritaba más indignado que antes, de todas las personas que hubiera imaginado de rival, Ciel era a quien menos posibilidad veía como pareja de Sebastian. En vano habrían sido los celos a las mujeres bien dotadas que consideraba rivales para un demonio tan galante y atractivo para que al final este cayera en los brazos de un mocoso, era su pensamiento lleno de enojo al imaginarlos juntos.

Quizás solo estaba diciéndolo para fastidiarlo y bien lo había logrado, aunque ciertamente los rumores no eran claros tampoco con respecto al destino de amo y mayrodomo cuando un día simplemente desaparecieron, Grell dio por sentado que Sebastian había devorado el alma de su contratista, no que se lo había llevado al infierno para vivir como pareja.

-Pero... El es un niño... Ni siquiera sabía atarse los cordones de los zapatos ¿Cómo se convertirá en tu esposo? Ni siquiera sabrá como sastifacerte.

-Hay mucho más que sexo en una relación, si quisiera a alguien que me haga estremecer el cuerpo solo en placer hubiera elegido a cualquiera, el me satisface de muchas formas, sólo tengo claro que el placer que experimento a su lado tiene otro significado, tan profundo tan hermoso.

-Vaya... Ese niño te tiene delirando como un idiota enamorado -Murmuraba con mala intención sonando a burla sus palabras aunque era claro que era su ego herido el que hablaba.

-Como sea... ¿Me ayudarás a averiguar que sucedió aquí? Y me confirmes si realmente murieron todos...

Grell se quedó pensativo ante su petición a pesar de estar enojado con él no negaba lo lindo que se veía al pedirle ayuda. ¿Cómo negarse?

-Lo averiguaré pero a cambio me ayudarás a averiguar quien es ese demonio que anda entorpeciendo nuestra labor de shinigami.

Sebastian asentía aceptando el precio a pagar, era mejor que pagarle con el cuerpo además no tenía que averiguar nada, no le diría que el mismo era el demonio que andaba buscando asile daría vueltas al asunto.

El demonio llegaba a la cocina destruida por el fuego, ahora no había sido Bard el causante del desastre no tenía su sello característico, albergaba muchos recuerdos de esa cocina porque era el sitio donde usualmente todos se reunían. El no verlos o escuchar sus tonterias nunca más le hacia sentir mal se llenaba un poco de culpa porque si el tan solo hubiera insistido en que se marcharan no habrían muerto y lo más triste de todo era que su muerte no tuvo un propósito.

-Quizás hayan sobrevivido. -En un murmullo trataba de animarlo al verlo melancólico- No soy un genio para resolver estos asuntos pero ese alguien que cometió este hecho seguramente sabe que tu "futuro esposo" sigue vivo y trata de hacerlo sufrir quemando su mansión ¿No crees? Yo la hubiera quemado también si hubiera sabido de su compromiso contigo días antes solo para hacerlo sufrir.

Sebastian suspiraba ante tal suposición que no sonaba descabellada y menos si había alguien que encajara con lo que dijo, el demonio que figuraba como esposo pero ya no lo era tenía más que motivos suficientes para hacer una cobardía de esta magnitud.

-Debo irme... -En un nuevo suspiro Sebastian murmuraba pretendiendo marcharse ya que tenía otro pequeño encargo al que no podía llegar tarde-Vendré mañana a esta hora espero hayas conseguido algo de información para mi

-¿Ni un pequeño aliciente para apresurar mi investigación?

-Mañana te prepararé un té no salado si consigues información. -Con una fingida sonrisa ofrecía su único e inocente precio a pagar por lo que obtendría, desviaba la mirada a su gesto coqueto pues este levantaba sus labios esperando un beso que no le daría- Nos vemos mañana...
Se alejaba con prisa el demonio escapando de ese sutil acoso intuía que le ayudaría solo para seguir en contacto ahora lo que le preocupaba era como decirle a Ciel la triste noticia aunque todavía no le diría, no
sin confirmar si realmente habían muerto quizás habían huido del fuego pensaba esperanzado.

Después de resolver unos asuntos pendientes llegaba al infierno, sin confirmar lo sucedido tampoco podía confrontar a su esposo, necesitaba pruebas para hacerlo, así que fue directo a visitar a Ciel que en su cuarto leía un libro un poco aburrido pero al ver a Sebastian colarse por su ventana su carita enamorada se iluminaba con una hermosa sonrisa.

-Mi joven amo tan hermoso siempre... -El demonio corría a su lado impulsado por esa sonrisa que sin decir palabra alguna le daba la bienvenida, aferrándose a su cuerpo en un fuerte abrazo lo llenaba de dulces besos al recostarse sobre su delgado cuerpo en esa cama.

-Tranquilo demonio... Yo también te extrañé... -Con una fingida timidez le susurraba sintiendo esos labios rozar su piel pero ese abrazo sintiendo como ese abrazo era más fuerte de lo usual en un saludo-¿Sucede algo?

-Como lo dijiste te extrañaba... El mundo es tan horrible sin ti.

Aunque sonara a un cursi halago en parte lo decía como un desahogo de su frustración y la incertidumbre actual, el mundo oscuro, siniestro y perverso se transformaba a uno más hermoso estando a su lado, realmente estaba enamorado al sentirse abrumado de estos dulces sentimientos.

Embriagado en la dulzura de su sonrisa no dejaba de besarlo tratando de callar sus propios labios para ocultar aquel hecho aún no confirmado, lo hacia por el bienestar emocional de su pequeño demonio quien dudoso lo miraba no creyendo del todo su respuesta por su pensativa actitud cuando lo besaba al parecer lo conocía tan bien que era difícil el engañarlo.

-Di que me amas... -Le pedía entre besos el joven demonio mientras enredaba sus piernas a la cintura de su demonio haciendo que sus cuerpos se presionaran entre si con fuerza sobre todo sus entrepiernas en esa deliciosa fricción que satisfacía a ambos.

-Te amo... -Como negarse a aquella petición sus sentidos tampoco podían callarse más, aún sino le pedía expresarlo el lo hubiera hecho en esa casi noche infernal, Ciel estaba más hermoso y seductor que de costumbre o ¿solo lo percibía así por qué estaba hipnotizado con su belleza?

Los amantes no pudieron resistirse más, dando rienda suelta a sus bajos instintos se unían en la danza prohibida de amor y placer que experimentaban al estar juntos, Ciel sospechaba que su querido demonio no estaba muy bien y no solo ese día con su extraña actitud sino los demás días también al regresar, suponía que era por el castigo a pagar por su causa así que no lo atormentaría con preguntas sino solo lo reconfortaría con su amor.

-Ngh... Sebastian... Cállate... -El joven le regañaba entre jadeos al estar sentado sobre él se movía en un erótico vaivén autopenetrándose tomaba el control de esa entrega en ese movimiento que estremecía a su demonio que debajo suyo contemplaba su bello rostro sonrojado mientras sus manitos sobre su pecho le sostenían y le impulsaban a seguir.

-Eres hermoso... Esos gestos que haces me la ponen más dura y lo sabes... Por eso los haces a propósito. ¿No?

Ciel con fingida timidez negaba con la cabeza, moviéndose más rápido y con fuerza ya no quería discutir solo sentir esa dureza que arremetía en su interior, golpeando su próstata haciéndolo delirar de placer aproximandose al orgasmo, sin prisa alguna Sebastian embelesado y extasiado lo contemplaba también sonrojado.

-Papá... Ciel... -Se escuchaba el llamado de Noah al otro lado de la puerta, la pareja que era interrumpida de su idilica entrega de placer chasqueaba la lengua a la vez.

-¿Qué sucede? -Con dificultad Sebastian le hablaba- Estamos algo ocupados ahora...

-Me voy a casa... -Le respondía en un tono apagado, algo raro en el siempre vivaz demonio, eso preocupó a la pareja.

-Termina de una vez... -Ordenaba en un susurro el ex conde para acabar y atender al joven.

-Pero tu estabas al mando... Termina tú.

-Tsk... Que odioso. -Murmuraba Ciel moviéndose con mas fuerza se embestía así mismo al punto que lo hicieron correrse casi al instante salpicando a Sebastian con su eyaculación en medio de leves gemidos-Listo terminé... Ahhh
Estremecido el joven se levantaba de su demonio acomodándose a su lado se cubría con la sabana.

-¿Y yo? -Un poco insatisfecho murmuraba, con sus dedos tomaba los restos de eyaculación de su propia cara para saborearla, en un suspiro se acomodaba también bajo las sabanas- Me la debes... Cuando se vaya Noah te haré gritar.

-Banales promesas... -Se le burlaba Ciel en un tono coqueto miraba le miraba de reojo-Pasa Noah...

La silueta silenciosa del joven demonio aparecía al abrirse la puerta, con la cara un poco ensangrentada y la mirada llorosa se acercaba a ellos, quienes sorprendidos le preguntaban que había sucedido sin escuchar respuesta alguna solo lo veían
llorar más.