CAPITULO 22
Sasuke salió de la floresta de pinos del este, pero detuvo su caballo en el borde cuando vio el jinete que cruzaba el campo abierto de altas hierbas y con gruesos parches de nieve. Pudo ver claramente al jinete porque el cielo crepuscular tenía un suave color azul que daba luz suficiente sin los rayos del sol.
Sasuke se irguió y admiró la gracia del caballo gris plateado que corría raudamente por el campo, pero no reconoció al animal como uno de los suyos o de sus vecinos. Sin embargo, recordó haber visto un caballo así en el establo de su padre.
El jinete era pequeño. Seguramente no era su padre, ni Shisui. ¿Su madre, quizá?
Sasuke sintió que su curiosidad aumentaba hasta que vio que el sombrero de pieles del jinete caía volando al suelo y una melena rosa caía sobre los hombros del desconocido. Entonces se enfureció.
Sakura había robado el caballo de su padre.
No había otra respuesta posible: Sakura estaba huyendo.
Su primer impulso fue perseguirla y demostrarle inmediatamente que había fracasado. Pero los movimientos de su propio caballo le recordaron que su semental estaba cansado y que no se encontraba en condiciones de lanzarse a la carrera.
Antes que Sasuke pudiera tomar una decisión, Sakura frenó su caballo y se volvió hacia el sombrero caído, pero no se detuvo para levantarlo. En cambio, cabalgando audazmente, se inclinó e intentó levantar el sombrero, sin conseguirlo.
Sasuke se puso rígido.
¡La muchacha podido quebrarse su tonto pescuezo si hubiese soltado las riendas del animal!
Con renovada cólera, vio que ella se volvía y lo intentaba otra vez. Ahora tuvo éxito, detuvo el caballo, lanzó el sombrero al aire y volvió a tomarlo, como una criatura que hubiese ganado un codiciado premio. Aun a la gran distancia que los separaba, él oyó la risa de ella, inconfundible y desinhibida, como le había oído una sola vez.
Antes que Sasuke pudiera recobrarse de sus confusas emociones, Sakura lo sorprendió aún más galopando en la dirección desde donde había venido, Sasuke se relajó y su furia disminuyó. Su preocupación porque la muchacha cabalgaba en un animal de su padre fue olvidada. En su mente predominó el hecho de que ella no estaba tratando de escapar, como él creyó al principio.
Ahora no tendría que aplicarle el castigo destinado a un esclavo fugitivo. Eso lo dejó complacido porque no deseaba tener que castigar a Sakura. Ahora ya no podía verla porque ella había descendido la ladera que llevaba hasta la casa. El sonido de la risa de ella seguía resonando en sus oídos, lo mismo que el día cuando la vio que le ofrecía a Kiba llevarlo hasta la casa. Todavía lo fastidiaba pensar que ella había disfrutado de la compañía de un esclavo más que de la de él.
En muchos sentidos, Sakura era todavía una criatura. Sus berrinches y sus actitudes desafiantes eran pruebas de ello, lo mismo que las tontas cabriolas que acababa de presenciar en el prado. Y ella seguía aferrándose tercamente al pasado, a sus días de infancia cuando la dejaban en libertad de vivir como el hijo de lord Kizashi, no como la hija. Tsunade le había contado muchas cosas acerca de Sakura, cosas que contradecían la mayoría de las afirmaciones de Karin. No sabía a cuál de las dos mujeres creer. Se inclinaba a tomar por cierta la descripción de Karin porque confirmaba su propia opinión de las mujeres en general. Pero había visto la prueba de las palabras de la tía en el sentido de que Sakura todavía no había madurado por completo.
¡Por los dioses, estaba hechizado!
No podía sacarse de la cabeza a esa pequeña zorra por más que lo intentaba.
Había esperado que su larga ausencia de la casa ayudaría, pero aun cuando estaba rastreando a sus presas, Sakura y sus caprichos ocupaban sus pensamientos. Era un pobre consuelo que Sakura hubiera desplazado a Mei, porque ahora sus pensamientos eran igualmente sombríos. De la perra peli roja a la pequeña arpía de pelo rosado... ambas eran lo mismo, porque no se podía confiar en ellas.
Sasuke espoleó su caballo en dirección a la casa. Regresaba con una variedad de pieles que estarían curtidas y preparadas para la primavera, cuando él zarpara nuevamente hacia los mercados comerciales del Oriente. Había sorprendido a dos osos negros, a los que despertó de su sueño invernal y había derribado a uno.
Esta era una excusa perfecta para llamar a su vecinos y ofrecer un festín para todos. A Sakura eso no le gustaría, pero que Loki se la llevara. La piel de oso sería vendida en la primavera, y quizá también Sakura. Esta sería una forma de sacarse de la cabeza a la muchacha celta. ¿O no?
Sakura se detuvo frente al fuego en el área de cocinar, con una abrigada manta sobre los hombros, y se frotó las manos para desentumecerlas y calentarlas. Era dudoso que se habituara a un clima frío, pero la próxima vez que saliera al exterior estaría mejor preparada.
Unos suaves golpes llamaron su atención y lentamente se apartó del hogar para abrir la puerta trasera. Se puso detrás de la puerta para protegerse de la súbita ráfaga de viento helado y cerró rápidamente, si bien entraron Hinata, Maudya y Rayna.
La anciana chasqueó la lengua, se quitó la capa y la colgó junto a la puerta.
— ¿Por qué atrancáis las entradas de esta casa, muchacha? Al amo no le gustará.
— ¿No habéis sabido del perro muerto que apareció en los escalones de la puerta? — replicó Sakura.
— Todas hemos oído hablar de ese animal, pero eso no es razón para atrancar la puerta — repuso Rayna, y se acercó al fogón para añadir leña al fuego— Sí, fue otra del clan Akatsuki, sin duda — continuó— . La guerra entre ellos y los Uchiha todavía no ha vuelto a alcanzar el punto en que se producen derramamientos de sangre. Se limitan a matarse mutuamente los animales.
— ¿Qué guerra? — preguntó Sakura.
— Ahora no hay tiempo para esas historias — interrumpió Hinata, quitándose su capa— El amo Sasuke ha regresado y ordenó que preparemos un festín.
El pulso de Sakura se aceleró al saber que Sasuke estaba nuevamente en casa, pero al mismo tiempo el recuerdo del último festín la hizo estremecer.
— ¿Dónde está él?
— Fue a reunir a los vecinos para traer el oso que cazó — respondió Maudya con alegría, obviamente ansiosa de tener otra vez una gran reunión de hombres— Hiruzen nos envió aquí para poner las ollas a hervir y preparar el hall. Kiba traerá barriles de cerveza del depósito.
— ¿Y cuánto durará el festín?
— No se puede saber aún. Como es invierno, no hay otra cosa que hacer. Podría durar semanas.
¿Cómo actuaría Sasuke después de estar ausente tres semanas? ¿Se alegraría de verla?, se preguntó Sakura. Se reprochó sus tontos pensamientos y empezó a limpiar con energía el hall.
Debía recordar que había jurado odiar a Sasuke.
No podía concederle nada, ni siquiera una sonrisa de bienvenida. De modo que cuando Sasuke entró en el hall, Sakura se había puesto de mal humor. Sin embargo, al verlo de pie donde terminaba el tabique que separaba el área de cocinar del frío hall, sintió que su corazón latía, más a prisa y que su cólera quedaba por el momento olvidada. Sasuke estaba tomado del brazo de Naruto y reía de algún comentario que había hecho el otro. Entonces la vio y sus ojos la tocaron como una tierna caricia.
Ella se perdió en esos ojos oscuros que todavía brillaban de hilaridad, pero no por mucho tiempo. Una perversa vocecilla interior la hizo volver a la realidad y arrepentida apartó la vista.
Pocos segundos después sintió la presencia de Sasuke a sus espaldas. Sasuke la tomó de un codo y sin decir palabra la condujo fuera del hall. Pasaron junto a Naruto, quien sonrió, pero nada dijo, y vieron que otros dos entraban en ese momento por la puerta trasera. Sasuke los ignoró y la llevó arrastrándola casi escaleras arriba.
Cuando llegaron arriba, ella se apartó de él.
— ¿Adónde me lleváis, vikingo? — preguntó en un ronco susurro.
— A la cama — replicó él, y la alcanzó con un rápido movimiento antes de que ella pudiera escapársele.
— ¡Pero tenéis huéspedes abajo! — protestó ella.
Sasuke rió abiertamente, un sonido que Sakura había oído raras veces.
— Ellos pueden esperar, yo no — dijo.
Mientras él la llevaba en brazos a su habitación, Sakura sintióse abrumada por el deseo que inundó sus sentidos. Cerró con fuerza los ojos y luchó contra el impulso de sucumbir a las insinuaciones de Sasuke.
— ¡Dejadme en el suelo!
— Como gustéis.
La dejó caer sobre la cama y enseguida la siguió y le sujetó los muslos con sus rodillas. Ella se incorporó con todas sus fuerzas y lo empujó con ambos brazos, pero no consiguió ni siquiera hacerlo tambalear.
— ¿Puede ser que no me hayáis echado de menos, mujer? — dijo él en tono burlón mientras se quitaba el cinturón y lo arrojaba a un lado.
Ella se apoyó en los codos y lo miró con altanería.
— ¿Por qué debo echaros de menos? No sois el único hombre de por aquí, vikingo.
La frialdad que asomó instantáneamente a los ojos de él la sorprendió.
— No retozaréis con ningún hombre que no sea yo.
Ahora la cólera se inflamó dentro de Sakura y sus ojos se ensombrecieron.
— ¿Y qué hay de vuestros amigos? ¡Me dijeron que vos permitís que se acuesten con cualquiera de vuestras esclavas!
Sasuke sonrió.
— ¿Por fin habéis aceptado que sois mía, Sakura?
— ¡No, pero vuestros odiosos amigos creen que lo soy! — replicó ella con furia.
— Bueno, por ese lado no debéis temer, mujer. Ellos no os molestarán.
— ¿Entonces les diréis que me dejen tranquila? — preguntó sorprendida.
— Sí.
— ¿Por qué haréis eso? — preguntó ella, con escepticismo— . Ciertamente, no lo haréis por mí.
— Es suficiente decir que todavía no haya decidido compartiros — admitió él en tono despreocupado.
Los ojos de Sakura se ensombrecieron aún más.
— ¡Todavía... todavía! ¡Sois despreciable! Cuando os canséis de mí me arrojaréis a los lobos, ¿verdad? Bien, dejad que os diga una cosa. Me habéis advertido que no retoce con hombres. Ahora yo os advierto lo siguiente: si encuentro un hombre de mi agrado lo tendré, sea esclavo o libre. ¡Vos no me detendréis!
— Os haré azotar, mujer — dijo él con frialdad.
— ¡Entonces hacedlo ahora, maldito vikingo! — exclamó Sakura— . ¡No me dejaré amenazar!
— Eso os gustaría ¿verdad? — él la tomó de las muñecas y la obligó a extender los brazos sobre la cama, al tiempo que se inclinaba sobre ella— . Tenéis formas muy astutas de distraerme para hacerme olvidar mis propósitos.
— ¡No fue ésa mi intención! — gritó ella, llena de frustración, y retorciéndose debajo de él.
— Estaos quieta, entonces.
Sakura sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas cuando él le soltó una mano para levantarle la falda y bajarse los pantalones. Se sintió como una ramera. Se sintió sucia, pero él no podía entenderla.
— ¡Os odio, Sasuke! — siseó, tratando con desesperación de contener las lágrimas de debilidad.
Él nada dijo, le separó las rodillas y metió la mano entre ellas. Pero cuando por fin volvió a mirarla a la cara y vio las lágrimas quedó inmóvil.
— ¿Por qué lloráis?— preguntó en una voz sorprendentemente suave— ¿Os hago daño?
— No. Soy capaz de soportar todo el dolor que podáis infligirme.
— ¿Por qué lloráis, entonces?
— ¡Yo nunca lloro! — exclamó ella.
— ¿Negáis las lágrimas que caen de vuestros ojos, Sakura?— meneó la cabeza— ¿Es porque trato de haceros otra vez el amor?
— Vos no hacéis el amor, vikingo. Os imponéis por la fuerza a una víctima involuntaria.
— ¿No queréis dejar que os haga el amor?
— No..., no quiero.
Él se inclinó y besó las lágrimas que caían por las sienes de ella.
— ¿Por qué lo mencionáis, entonces? — preguntó con suavidad.
— Vos no comprenderíais.
— Ah, pero comprendo — dijo él. Le tomó la cara entre sus manos y la besó tiernamente— . Preferís que os haga el amor con gentileza a que os obligue — la besó en el cuello— Pero más que eso, preferiríais que no os toque — volvió a besarla en los labios, esta vez con pasión, y le rodeó el cuello con los brazos sin que ella lo notase— . ¿No es así, Sakura?
Ella se sintió como una marioneta en manos de él y respondió mecánicamente: — Sí, es así.
— Iros, entonces.
Sakura abrió muy grandes los ojos, roto ahora el hechizo sensual.
— ¿Qué?
Él rodó a un costado y se abrochó los pantalones.
— Podéis marcharos. ¿No es eso lo que queréis?
— Pero no comprendo — replicó ella, evidentemente sorprendida, y salió enseguida de la cama— . ¿Ya no me deseáis más?
Él rió.
— Me decís que me odiáis, que no deseáis mis atenciones, y cuando accedo a vuestros deseos, discutís conmigo. Decidíos, Sakura. ¿Habéis cambiado de forma de sentir?
Los ojos jades de ella se dilataron aún más.
— ¡Oh! — exclamó, y salió furiosa de la habitación.
Sakura bajó la escalera corriendo y encontró a Hinata que se dirigía al hall con las manos llenas de jarros vacíos. Al oír que Sasuke salía de la habitación, detuvo a Hinata.
— Yo llevaré estos jarros — se ofreció. Rápidamente tomó los jarros antes que Hinata pudiera negarse.
Cuando entró en el hall, gimió interiormente al ver para quiénes eran los jarros. Fugaku y Shisui habían llegado, junto con Hidan y otros dos hombres. Sakura apretó los dientes y se acercó a la larga mesa donde estaban reunidos los hombres.
Cuando pasó junto a Naruto él le hizo un guiño que la hizo sonreír pese a sí misma. Entregó los jarros a los dos hombres que no conocía. Ellos los hundieron en el enorme caldero lleno de espumoso hidromiel que estaba sobre la mesa. Después dejó uno delante de Hidan, quien afortunadamente estaba absorto en una discusión con otro tipo y no notó su presencia. Cuando por fin llegó junto a Fugaku y Shisui, su expresión estaba llena de odio. Dejó los jarros ante ellos y en ese momento su expresión cambió rápidamente por una sonrisa apretada cuando encontró la mirada de Sasuke, que estaba sentándose a la mesa.
En el instante siguiente, Sakura ahogó una exclamación cuando Shisui la tomó de la cintura y la hizo sentarse sobre su regazo.
— De modo que, después de todo, habéis domado a la zorra, hermano — dijo Shisui dirigiéndose a Sasuke y riendo por lo bajo— . Yo no lo hubiera creído posible.
— ¿Acaso no dije que lo haría? — replicó Sasuke.
Sakura se obligó a quedarse quieta. Si hubiera sido otro quien la sujetaba y no Shisui, habría pensado en coquetear con él.
Pero no con Shisui, a quien despreciaba.
— Ya hace tres meses que la tenéis y raras veces estáis en casa para hacer uso de ella. ¿Por qué no me la vendéis? — ofreció Shisui— . Os daré tres de mis mejores caballos... cuatro, si insistís.
Sakura observó atentamente a Sasuke, esperando su respuesta. Sasuke tenía el entrecejo fruncido, como si estuviera pensando. Cuando no respondió inmediatamente, Sakura sintió que el pánico crecía en su interior. No había pensado que él pudiera venderla. Comprendió, con pavor, que él era realmente su dueño. Tenía el derecho a venderla y ella nada podría decir.
Sakura estaba a punto de revelar su secreto, de dejar que todos supieran que había entendido las palabras de Shisui y rogarle a Sasuke que se negase. Pero la voz impaciente de Shisui la detuvo.
— ¿Y bien? ¿Qué decís, hermano?
— Hubierais podido tener a la muchacha por nada, pero en cambio elegisteis a la hermana — le recordó Sasuke a su hermano.
— En realidad, no pensé que fuera posible domesticarla. Yo quería una mujer de carácter, pero ésta casi me arranca la lengua con los dientes cuando la probé. Sin embargo, parece que vos la habéis domado.
— ¿De modo que habéis cambiado de parecer? Creo que os gustaría iniciar un harén como tienen esos califas de Oriente. Sois afortunado al tener una esposa tímida a quien no le importan vuestros retozos, Shisui.
Alrededor de la mesa sonaron las risotadas de todos los que estaban escuchando y hasta Fugaku se les unió. Todos excepto Shisui rieron y Sakura se estremeció cuando él le apretó la cintura con más fuerza.
— No habéis respondido, Sasuke — dijo Shisui con voz fría.
— ¿Por qué queréis a la muchacha? — preguntó Sasuke con seriedad— . No es tan complaciente ni agradable como creéis. Su lengua es tan filosa como la hoja de vuestra espada, pero, por supuesto, vos no la entenderíais. Es obstinada, desafiante, terca y decididamente de mal carácter. Su única virtud es la belleza.
— Por la razón que acabáis de dar es que la deseo. Admiro su carácter.
— La dejaríais baldada, Shisui, porque no tendríais paciencia con su terquedad — dijo Sasuke en tono cortante, pero enseguida suavizó su tono y añadió— : sin embargo, no importa, todavía no tengo deseos de venderla.
— Entonces, disfrutaré ahora de la zorrita — dijo Shisui, y se levantó de la mesa, sin soltar la delgada cintura de Sakura que sujetaba con su enorme brazo.
Sasuke también se puso de pie con una expresión sombría y amenazadora en el rostro.
— No, hermano, no quiero venderla ni compartirla.
Shisui vaciló un momento. Después rió nerviosamente, soltó a Sakura y volvió a sentarse. Sakura quedó inmóvil y sintió la tensión en la habitación como un peso alrededor de su cuello.
Fugaku había guardado silencio mientras sus hijos discutían, pero ahora se aclaró la garganta y se dirigió a Shisui en tono severo.
— Contentaos con la mujer de pelo llameante que tenéis en casa y olvidaros de ésta. Ella pertenece a Sasuke por mi palabra y si él decide venderla alguna vez, me la venderá a mí porque yo puedo ofrecerle más de lo que vos estaríais dispuesto a pagar.
Los dos hijos miraron al padre con incredulidad.
— Habéis dicho que no confiabais en ella para tenerla en vuestra casa por temor a que tratara de mataros — le recordó Sasuke a su padre— . ¿Por qué querríais volver a comprarla?
— Os la di a vos en la esperanza de que querríais conservarla, pero si no la queréis, entonces prefiero verla libre antes que en posesión de algún otro.
— ¿Pagaríais la fortuna que yo exigiría sólo para dejarla en libertad? — preguntó Sasuke.
— Sí.
— ¡Esto es inaudito, padre! — protestó Shisui.
— No obstante, lo haría.
Sakura miró atónita a Fugaku. Nuevamente debió agradecerle, ¡Maldito vikingo! ¿Cómo podría matarlo, ahora que sabía esto?
— ¡Id a ocuparos de la comida, mujer! — ordenó Sasuke en un tono irrazonablemente cortante.
Sakura se volvió y vio que él la miraba ceñudo, de lo que dedujo que no estaba satisfecho con las palabras de su padre.
— No es necesario que gritéis, vikingo. No soy sorda — amonestó con altanería y se volvió para retirarse. Se detuvo al pasar junto a Naruto y se inclinó para susurrarle al oído— . Parece que tendréis que esperar para siempre para encontrarlo de buen humor. Pobre Hinata.
— Pobre de mí — respondió él también en un susurro y con una expresión llena de preocupación. Después sonrió— . Las cosas serían más fáciles si vos le sonrierais.
Sakura se irguió y rió en voz alta.
— Es una vergüenza que me hayáis sugerido semejante cosa, Naruto.
Enseguida se dirigió al área de cocinar, sin advertir que Sasuke la seguía con sus ojos que ahora tenían el color oscuro de las aguas turbulentas de lo más profundo del mar.
