Contexto: El fin

Beth estudia en la universidad con Harper. Luke y Ale siguen creciendo unidos con muchas travesuras de por medio.

Advertencia: este es el final de esta historia

El fin

Era ya pasada la tarde, iniciada la noche, Quinn vestía con un short corto y una polera suelta, recostada sobre la cama leyendo un libro de su autoría, ese que escribió y Rachel corrigió, ese mismo que contaba su historia de amor, todos sus anécdotas más divertidos, todos aquellos que le dan sabor a la vida.

Rachell llegaba tarde, se suponía que iba a venir a las 2pm, pero se hizo tarde, con la producción de uno de sus álbumes que desde ya se iba promocionando sólo y muy bien.

Sus hijos, la adoración de sus ojos, estaban pasando la media tarde y ese día con la Tía Tana, el plan, ir al zoo por el día, una pijamada en la noche, Beth estaba con Harper en la uni.

¿Hummm?

Rachel se dio cuenta que tenía la casa sola, una oportunidad de aquellas, una única, para engreír a su Quinn con todas las ganas del mundo, y con todo el ruido hermoso que ambas podrían crear juntas.

Es así que Rachel que tenía que llegar a las 2pm, llegó pasadas las 8pm, y aprovechando que llegaba muy tarde pasó a comprar un gran ramo de rosas rojas, junto a una pizza mitad vegetariano, mitad mucho tocino, lo suficiente para engreír a su amor. Del cual por más que hubieran pasado más de una década, seguía perdidamente enamorada, tal cual primer día.

Es así que Rachel queriendo engreír y sorprender a su amor, entró lo más silenciosamente que pudo a su casa, notando lo primero que era imposible de obviar, su música, una canción en particular que tanto amaba Quinn, ya que hablaba del amor de sus ojos y sus amorcitos, sus hijos, y cómo ellos eran el motor de su vida.

Rachel se permitió sonreír muy grande al escuchar su canción puesta en modo de repetición única, es decir, acababa la canción y se reiniciaba la misma, canción que se escuchaba en toda la casa según Rachel, quién fue a la cocina a guardar la pizza y a poner las rosas en un gran jarrón.

Lo siguiente que escuchó, la descolocó y mucho, y eso que es una forma bonita de decirlo.

Ella escuchó a su amor gemir, gimotear y pedir – más, por favor, más, no pares… - con esa voz que tanto la enloquecía

Rachel se congeló. Ella estaba en el primer piso, su amor en el segundo y estaba gimiendo, "estaba teniendo sexo" no haciendo el amor, porque sólo hacía el amor con ella.

Ella, que seguía parada congelada al oírla gemir en voz muy alta, y ella que estaba ahí en la sala de estar y no con su esposa, a quien adoraba con mucha devoción.

- Más, por favor, por favor – rogaba Quinn

Rachel muy congelada, helada desde la columna hasta el último dedo del pie, decidió averiguar qué carajos estaba pasando, repitiendo en su mente que su amor, jamás la engañaría, y que definitivamente no era uno de sus videos que habían gravado juntas, ya que Rachel nunca hacía rogar por mucho tiempo a su amor, por algo era su amor.

Ella parada en la base de la escalera, empezó a subirla, escalón por escalón, todo bajo los grititos y gemidos de su esposa.

- Cariño, más., no te detengas – gritaba Quinn+

- ¿Cariño? Ese es mi apodo, yo soy "cariño, ¿qué perra está con mi Quinn, a quién le dice cariño? – preguntó Rachel y quería hacerlo con enojo, rabia, ira, pero no podía, se trataba de su esposa, jamás habría nada de eso con ella, más si un intenso amor, pero bajo estas circunstancias, ella estaba helada, casi ida, moviéndose sólo por inercia, paso a paso en su camino al cuarto principal que compartían juntas.

Más subía, más oía, más fuerte gemía su Quinn.

Rachel subió y subió, pareciéndole años, ella llegó al final de la escalera oyéndola mucho más fuerte.

Rachel llegó a la puerta de su cuarto, el de ambas deteniéndose afuera de este, incapaz de entrar, temblando levemente pensando en tan sólo la insignificante probabilidad de que Quinn estuviera con alguien más.

Rachel ponía la mano al fuego y todo su cuerpo por Quinn, Quinn no le haría eso, ellas se amaban.

¿Pero entonces por qué se congeló?

Bueno, ella era el amor de su vida, su única hasta el final, por eso se congeló, por la intensidad con la que sentía todo.

Rachel seguía mirando la puerta muy congelada todavía, pensado talvez que debería irse, que se estaba inventando todo.

Sí, debía ser eso, el exceso de trabajo, la falta de sueño que te hace imaginar. Más no estaba dispuesta a comprobarlo. Ella estaba a punto de irse, cuándo volvió a escuchar a su esposa y no sólo gimoteos o balbuceos cómo antes si no un grito muy reconocible.

- Rachel, más mi amor ¡ - gritó ella.

- La perra se llama Rachel – susurró ella – igual que yo

¿El nervio?¡

- S%%$&%$W… - muchos improperios en su mente de por medio.

Y así con ese tremendo empuje en su cuerpo, ella cogió el picaporte con fuerza y abrió la puerta de sopetón.

Rachel se quedó impávida, congelada, no por el susto, no por la ira, no por la desilusión, sí por la absolutamente hermosa imagen de su esposa con polera suelta y short corto, masturbándose, con la mano derecha dentro de su short haciendo movimientos rítmicos, gimiendo con los ojos cerrados, con la espalda arqueada, con la otra mano agarrando la sábana cómo si su vida dependiera de ello, gritando su nombre una y otra vez.

Su esposa, tocándose, pensando en ella.

Rachel se alegró de saber que ella era la perra, su perra.

Incluso pensó en matarse de risa, ya que ella sí era la perra de su esposa y todo lo que ella quisiera que fuera, ella la amaba después de todo, tanto que si se ponía a pensar se asustaba o se pondría a llorar, ya que era un "amor compartido demasiado bonito".

Quinn no había llegado, por lo que supo Rachel al conocer el gritito tan hermoso que hacía su amor al hacerlo, y al conocer todos sus gestos.

Quinn estaba frustrada, intentando llegar a clímax, con los ojos cerrados

Y Rachel siendo Rachel esposa de Quinn, no le gustaba para nada ver a su esposa frustrada, ella la amaba, la adoraba.

Rachel con una gran sonrisa en su rostro, con mucho amor en su corazón y demasiada excitada cómo debió de estar al ver una de sus más grandes fantasías, que era Quinn tocándose, se acercó a ella silenciosamente.

Se subió al colchón aún con Quinn maldiciendo y moviéndose debajo de ella, Rachel se sentó encima de ella, cogiendo ambas de sus manos al asustarse tanto Quinn por el despertar abrupto.

- Soy yo mi amor, soy yo – le susurró Rachel dándole muchos besos a la carita de su esposa debajo de ella quién estaba muy agotada por lo que estaba haciendo y muy asustada al verla así, de sopetón.

- Mierda Rachel, ufff – soltó ella una gran exhalación – me va a dar un infarto – concluyó con un lindo puchero.

Rachel aprovechó para besar ese puchero que tanto le ponía, que tanto amaba, un beso muy apasionado, y ya para cuando su amor estaba más calmada, poniendo un dulce beso sobre su corazón, sobre su polera dijo suavemente – naa mi amor, tu corazón me adora – le susurró haciendo reír mucho a su Quinn.

Después Rachel se sentó sobre su amor, a horcadas, tomó su mano, misma que Quinn estaba usando antes para adorar a su cuerpo, y lo besó, lo lamió, dedo por dedo – hummm delicioso – le dijo con un guiño, haciendo que su esposa se sonroje y mucho – estuviste ocupada mi amor – añadió echándose a reír cuándo su esposa se volvió aún más roja que antes haciendo pese gesto tan lindo, pero tan lindo, que la derretía.

- Awww eres un tomatito – le dijo repartiendo risas y besos por toda su carita

- Rachh – se quejó ella adorablemente entrelazando una mano con al de su esposa – demorabas mucho y no pude contenerme, eres muy sexy – soltó con una sonrisa coqueta mirando a ella y al libro cómo diciendo que estaba pensando en ella en todo momento.

- No, no me la voltearás – pensó Rachel – esta noche se trata de ti.

Rachel besó a su esposa apasionadamente haciéndola gemir y perderse en sus besos, mientras sus manos trabajaban sobre su polera, quitándosela al final.

- Rach – dijo muy excitada viendo a su esposa a horcadas de ella.

Rachel no dijo nada, más bien empezó a morder el lóbulo de su amor, haciéndola balbucear, gimotear, para después seguir por la línea de su mandíbula.

Y oh vaya, Rachel amaba la fuerte mandíbula de su bebé.

Rachel siguió bajando por su cuerpo, esparciendo besos sobre su clavícula, y luego por cada seno. Besaba y mordía uno, todo ante la intensa mirada de su bebé, sus gimoteos, sus grititos mientras se retorcía.

Rachel estaba alucinada, con el ego inmenso al ser capaz de producir eso en su Quinn. Mientras ella besaba un pezón, y acariciaba su seno, con la otra mano hacía lo propio con el otro pezón de su amada, jugando con él y alternando lamidas entre uno y otro.

- Te amo – le había susurrado su Rach

Quinn era un lío, se retorcía, se engreía y cada vez se agitaba más, se excitaba más – te amo de vuelta – logró contestarle entre una de sus gemidos, entre cada que volvía a la realidad.

Rachel reía con mucha adoración por su amor, disfrutando enormemente poder lograr eso con su Quinn, hacerla perder su conciencia, eso era enorme.

Quinn hizo un ademán de querer quitarse el short y sus bragas que ya estaban de por sí, muy arruinadas, y si la gran mancha de humedad no era ya suficientemente visible para Rachel, sí lo era su aroma embriagador, muy dulce , a almizcle.

- No bebé – dijo Rachel – quiero tomarte así, semidesnuda y con tu short y bragas puestas, como si estuviera abusando de ti – le dijo con mucho amor.

- Ya lo estás haciendo – le contestó Quinn, moviéndose más ante el toque de su esposa.

Rachel ascendió por el cuerpo de su amada, se recostó sobre la cama y puso a Quinn por encima de ella – mírame o paro – ordenó y Quinn incapaz de hablar por tantos gemidos que emitía, asintió a lo dicho por su esposa.

No uno, no dos, sino tres dedos y de un solo tirón, metió Rachel al calor de su esposa – Ahhhh ¡ – gritó ella ante la intensidad.

- Móntame – le ordenó y Quinn así lo hizo, colocando ambas manos a cada lado de la cabeza de Rachel mirándola todo el tiempo, la montó ante cada nada, Rachel con la otra mano le daba nalgadas a su bebé.

- Mierda Rach ¡ - gritó ella moviéndose rítmicamente sobre su bebé.

- Mírame Quinn, mírame amor, no pares – le rogó y Quinn así lo hizo incapaz de negarle nada al amor de su vida.

Un suave y rítmico ruido del colchón empezó a escucharse, muchas maldiciones, gemidos de ambas, besos descuidados…

- Yo te ayudo – le había dicho Rachel antes de usar sus tres dedos dentro de su amor como si fuera martillo automático, abuso de la intimidad de su esposa, todo lo que deseo.

Quinn empezó a gritar cada vez más, con mucho gusto, muy excitada, nunca le pidió que pare, más bien le pidió que siga y más rápido o más duro.

- Mírame, mírame – seguía pidiendo Rachel ante la inmensa llegada de Quinn al orgasmo – te amo, te amo – le susurraba en la mirando a su esposa con demasiada adoración, demasiado amor, hacia ella.

- Rachhhhhhh ¡ - llegó ella con un gran grito, Rachel la contuvo, la abrazó todo el tiempo que Quinn estuvo fuera, con leves espasmos propios de su orgasmo.

Rachel desnudó a su amor, recostándola sobre la cama y teniéndola muy desnuda y aún sumida en su clímax, repartió muchos besos ricos por todo su cuerpo, por esos abdominales que tanto amaba, y sobre todo y muy importante para ella, por el calor de su amada, besando y lamiendo cada pedacito de piel al que podía acceder.

Quinn la veía desde arriba sin poder creer que su Rach fuera igual o más candente desde el primer día que la conoció.

- Te amo, te amo, te amo – decía ella aún en la nube 9. Rachel sonrió coquetamente desde una de sus piernas, Quinn no supo porque n un inicio, pero si lo supo después

Cuando Quinn llegó y se recuperó de su orgasmo, Rachel empezó a besar su intimidad, a lamerla, a morderla, entrelazando una mano con ella, cogiendo con la otra su muslo pidió – mírame amor – desde su intimidad, Quinn asintió otra vez y así Rachel inició otra batalla de voluntades, ella le hizo el amor a su bebé otra vez. El segundo orgasmo de la noche.

Quinn siguió gritando su nombre, Rachel esta vez estaba feliz de escucharlo, muy feliz, de ser la perra de Quinn.

Ya entrada la media noche Quinn yacía desnuda junto a su esposa también desnuda, cinco orgasmos habían contado cada cual, le dolía cada pedacito de su cuerpo, pero no de la manera dolorosa sino de una deliciosa.

- Gee, gracias por los orgasmos múltiples – susurró admirando el cuerpo de su Rachel no queriendo despertarla.

- Te amo – le susurró Rachel muy despierta, acurrucándose en uno de sus lugares favoritos, el espacio entre la cabeza y el esternón de su bebé, su cuellito. En el otro, ya había disfrutado demasiado para esa noche.

Quinn se acomodó mejor, mirando a su esposa, apoyando su frente una con la otra.

Rachel aprovechó para contarle sobre qué había pasado al llegar a la casa, Quinn rió mucho, y se sonrojó mucho también, tanto que Rachel lo notó incluso con la luz tenue que entraba por la ventana.

- Woahhh – dijo riendo – me habría asustado, y no sé, no sé – dijo moviendo sus hombros arriba y abajo – cómo hubiera reaccionado.

- Me asuste si, mucho – contó Rachel con un lindo y muy adorable puchero que su esposa aprovechó para besar y suavizar – pero luego me dije, mi Quinn no me haría eso jamás…

- No te haría jamás eso bebé – replicó Quinn con una mano entrelazada con la de Rachel.

- Y así seguí subiendo, y cuándo gemiste "Rachel" – en esta parte Quinn se sonrojó mucho – creí que la perra se llamaba Rachel

- ¿Rachel "mi perra"? – preguntó Quinn con broma en su voz y un gesto demasiado adorable.

- Yeahhh y bueno, al final sí…

- ¿Osea cómo? – intervino Quinn con un gesto muy adorable.

- Pues que sí, soy tu perra amor, soy tu todo – añadió Rachel con una sonrisa muy coqueta

- Es verdad – le susurró Quinn mirándola – eres mi todo y te amo – soltó.

Ambas volvieron a hacer el amor después de eso, demasiada excitadas cómo para parar, y a la par demasiado adoloridas en ciertas áreas cómo para seguir.

Hummm

Menos mal, había mil y una forma de hacerle el amor a una mujer y Rachel lo sabía.

Ya en su último esfuerzo, cerca de las 6am ambas se vistieron con una polera y un short. Rachel abrió las ventanas hacia el jardín trasero y así se echaron a dormir…

Al menos una hora, hasta que sus hijos regresaron, al menos Luke y Ale que entraron corriendo a la casa de sopetón, Beth regresaría por la tarde con su novia Harper a cenar con ellas.

Y esta vez, Quinn ya no la perseguiría con un bate, exigiendo saber "Así que Harper, ¿qué más haces, aparte de comerte a mi hija? "

Ella ya lo sabía y eso no le quitaba la tranquilidad. Harper era adorable y muy buena con su hija, la cuidaba y se querían mucho, eso era lo importante.

Ella no tenía que cazarla. Ya que tampoco podría hacerlo ese día, estaba exhausta, cómo si hubiera corrido un triatlón.

- Mami, mamá, arriba – pedía la peque Ale subiéndose a la cama con ayuda de Luke

- Sí arriba ya inició el día – decía Santana riendo con los brazos cruzados, desde la puerta del cuarto, mirándolas muy agotadas, obviamente ya sabiendo el porqué.

Ellas también reían desde la cama al hacerle cosquillas a sus hijos. Muy esperanzadas por cenar más tarde con su otra hija, amigos y familia.

- ¿Quién diría que iba a tener tanta felicidad? – esa pregunta se hizo Quinn, ella no lo supo en un inicio más Rachel sí, ella era su piedra angular, la de todos en la casa.

Y Quinn al final si supo algo, mientras estuvieran todos juntos, todo estaría más que bien, habría mucho amor para dar y repartir. Su felicidad estaba en ciernes y tal cual su amor sólo seguirá creciendo más y más sin límites, con sus niños que después se volverían padres y ella abuelas o bisabuelas.

¿Quién sabe?

Ellas seguirían dando y recibiendo amor hasta el final y después de ello. Tal cómo el compromiso de ambas. Por toda la eternidad y lo que haya después.

...

Nota:

- Me divertí mucho escribiendo esta historia, sigue leyendo, sigue creyendo, sigue inventando y creciendo. Este fandom es hermoso y jamás me cansaré de decirlo... #Always Faberry

- El final, muchas gracias, muy agradecida por compartir esta historia contigo, hasta la próxima.