Chispa

El guardia acababa de dejar salir a Miroku de la celda de Nathaniel cuando la voz de Sango fue a la deriva hacia él. ¿Por qué estaba aquí abajo? ¿Algo iba mal? ¿Raum de alguna manera la había encontrado mientras él estaba fuera? Miroku se lanzó por las escaleras hasta el sótano, justo a tiempo para presenciar la risa de Alten. Sango estaba delante de Alten, con la cara roja y las manos detrás de su espalda.

- ¡¿Qué estás haciendo aquí?! - Exigió, agarrándola por los hombros y tomando en una profunda aspiración. No había olor de demonio en su piel.

Algo del rojo desapareció de su visión. La boca de Sango se abrió y sus ojos se ampliaron. Miroku se obligó a soltarla, dando un paso atrás, de modo que no se cerniese sobre ella gruñendo. Mirándola, tan encantadora, era más de lo que Miroku pensó que podía soportar. Las palabras de Koga sonaron en su cabeza con toda la tentación pecaminosa de una serpiente sosteniendo una manzana. Si yo fuera tú, cambiaría a Sango, independientemente de sus objeciones...

Él rompió esa peligrosa línea de pensamiento cuando se dio cuenta que las manos de ella aún estaban detrás de su espalda. No era su posición normal, y sus hombros se torcían como si las estuviera moviendo. Miroku no la agarró de nuevo, se movió detrás de ella más rápido de lo que ella podía girarse. Una maldición se le escapó al ver las garras que salían de sus manos a pesar de que trataba de ocultarlas.

Había cambiado parcialmente de nuevo. Hijo de puta, egoísta, bastardo, se criticó Miroku. Debería haber considerado esta posibilidad. Sí, lo había enloquecido darse cuenta que Sango no tenía la intención de que tuvieran un futuro juntos, pero el debería haberse quedado. Después de todo, sus emociones destrozadas no se manifestaban con una transformación física horrible, como las de ella lo hacían.

- Sango. - Miroku hizo su voz más tranquila de lo que se sentía mientras seguía maldiciéndose a sí mismo.

- Pido disculpas por hablarte así. ¿Para qué has venido aquí abajo? - Alten empezó a alejarse de inmediato. Sango volvió la mirada hacia él como si quisiera seguirlo.

- Quería hablar contigo, pero tal vez deberíamos esperar hasta que hayas conseguido dormir un poco - murmuró ella. No cuando esperar pudiera significar otra transformación completa para ella.

- Dime ahora, ¿Qué era lo que querías hablar conmigo? - A pesar de que estar tan cerca de Sango era como pinchar su corazón con agujas de plata, Miroku no estaba dispuesto a dejar que eso le sucediera de nuevo a ella. Sus ojos comenzaron a brillar y ella parpadeó.

- Todo está pasando tan rápido… - dijo casi en un susurro.

- Quiero decir, hace un mes, yo todavía estaba de duelo por Randy, y ahora me tienes pensando en convertirme en yokai para que podamos tener incontables años juntos, y yo... a veces, no sé si estoy lista para lo que siento por ti. - ¿Ella estaba pensando en convertirse? Miroku no pudo evitar acariciarle el rostro, mientras que todos los nervios dentro de él se tensaban con ansiosa expectación. Por favor, que sea eso. Por Cristo, se disculparía de rodillas por irse antes, si ese era el caso.

- ¿Lista? La vida nunca espera hasta que estás listo. No estaba listo para convertirme en un yokai, pero lo hice. No estaba listo para perder a alguien que amaba hace mucho tiempo, pero sucedió. Tú no estabas lista para que tu marido fuera asesinado, pero lo fue. Y ciertamente, no estabas lista para que un demonio te marcara, pero lo hizo. Y puede que ninguno de nosotros esté listo para lo que sentimos el uno por el otro, pero eso no hace que esos sentimientos desaparezcan. - preguntó él con suavidad, pero también con ironía.

- Aquí estamos, Sango. Listos o no. - Miroku se inclinó más cerca, bajando la voz.

- Tienes razón. No me importa si no estoy lista, te necesito. Y creo que he pensado en un acuerdo que va a funcionar para los dos… - Ella le sostuvo la mirada, sus ojos todavía brillando.

Miroku no pudo contener el hambre y el deseo que se estrelló a través de él al escuchar a Sango decir que lo necesitaba. Sus labios se sellaron sobre los de ella, su lengua reclamando la oscura dulzura y embriagadora de su boca. Su lengua era como el fuego húmedo, sedoso, alimentando más su deseo mientras, después de una pequeña vacilación, ella le acarició la lengua con la suya. Miroku la tomó de las muñecas con una mano, manteniéndolas en la espalda. No por miedo o repulsión por las garras, sino porque hacía que sus pechos se presionaran con más completamente contra él.

Sango gimió cuando su mano libre tomó uno de esos deliciosos pechos, la bata de seda y la camisa de dormir que había dejado para ella no era una verdadera barrera contra su tacto. Atrapó el pezón entre los dedos, ya tan duro, y le dio un pellizco lento, sensual. Sango gimió en su boca. Su aroma se convirtió en una exuberancia adictiva con su deseo. Ella parecía hundirse en sus brazos, incluso mientras se frotaba contra él con un sensual propósito, abandonándose. Había sido un tonto al pensar que podría dejarla ir. Ella había roto las barreras que él había erigido alrededor de su corazón, haciéndolo sentir como nadie más lo había hecho. Incluso si algunas décadas era todo lo que tendría con ella, tendría que ser suficiente.

- Miroku... espera... - Sango agachó la cabeza, interrumpiendo su beso, su respiración golpeándole el cuello en suaves jadeos.

Era cierto, estaban en el sótano con dos humanos sorprendidos frente a todos sus movimientos. Miroku tomó a Sango y se fue rápidamente de la habitación, reclamando su boca con otro beso. Deseo hizo su sabor fuerte y dulce al mismo tiempo, inflamándolo, haciéndolo incapaz de evitar acariciar sus caderas y su pecho mientras la llevaba. Sango hizo sonidos amortiguados en contra de su boca mientras su temperatura parecía dispararse un par grados. Su perfume embriagador se hizo más fuerte, también, hechizándolo. Cuando llegó a la primera planta se apartó de su boca con una fuerza y velocidad que no esperaba de ella. Algo caliente, húmedo e increíblemente rico se arremolinaba por su lengua.

- Miroku, yo… - No pudo evitarlo, tragó.

Su gemido gutural le hizo dejar de hablar en mitad de la frase. Sus ojos color avellana se asentaron en su boca… y se ampliaron. Nada menos que su muerte podría haber impedido a Miroku lamer sus labios, y después los de ella, para tomar las huellas que quedaban de su sangre, por haberse movido demasiado rápido y raspado el labio inferior con su colmillo. Miroku casi podía sentir la ambrosía embriagadora pasar por sus venas. Su corazón no latía, pero había dirigido su sangre al sur en su primer beso, circulando allí para mantenerlo duro para ella. La sangre de Sango parecía correr hacia allí también, convirtiendo su deseo ya a punto de explotar en un hambre completamente sin sentido. Ahora. Toda ella, ahora.

En su última consideración al pudor, se tambaleó a la habitación más cercana, sin molestarse en ver si se las había arreglado para cerrar de una patada la puerta antes de caer al suelo sobre ella. El primer pensamiento de Sango al ver su sangre manchando los labios de Miroku fue, Oh, mierda. Luego, el fuego que llenó su mirada y la manera en que le dominó la boca en su siguiente beso le hizo decidir que la auto-preservación estaba sobrevalorada. Claro, ella debería estar gritando a Inuyasha por ayuda, ya que estaba claro que Miroku no tenía ninguna intención de dejarla ir hasta que los efectos de su sangre siguieran su curso.

Pero a pesar de su sangre, obviamente afectándolo, Miroku no había intentado morderla. Si Sango gritaba a Inuyasha, significaría que Miroku dejaría de hacer lo que estaba haciendo… y ella no quería que se detuviera. Su lengua entró varias veces en su boca, enroscándose y girando con tal intensidad seductora, que Sango pronto sintió que respirar estaba sobrevalorado, también. Una de mano Miroku aún contenía las ella a su espalda, pero la otra... ah, la otra pasaba por encima de su cuerpo en la forma más erótica y despiadada, apretando, acariciando, a fondo su carne en todos sus puntos más sensibles. Él arrancó el camisón y la bata con un sonido de impaciencia, con la boca en sus pechos antes de Sango pudiera incluso tragar aire.

- Tan suave, duro y caliente, todo a la vez - murmuró Miroku con la lengua en su pecho. Una fuerte aspiración repentina en el pezón hizo que arquera la espalda, pero mientras se deleitaba con la sensación de eso, la mano de él aterrizó entre sus piernas, con la palma presionando profundamente contra su clítoris. Sango no pudo detener el grito que salió de su boca. Ella miró la camisa de Miroku en frustración, deseando sentir su piel contra la suya, no la tela. Y sus pantalones... ¿Había aborrecido algo tanto como odiaba sus pantalones en este momento?

- Déjame ir - exclamó Sango, tirando de sus manos. El agarre de Miroku se hizo más fuerte.

- No. - Un gruñido contra su pecho que no era menos sensual por su negativa.

Por supuesto. Sus manos tenían feas uñas y dedos espeluznantes. No es de extrañar que Miroku no quisiera que ella lo tocara con ellas; eran asquerosas y peligrosas. Pensar en sus manos fue un balde de agua fría en su ardor. Sango se echó hacia atrás, tratando de sentarse a pesar de que el cuerpo de Miroku cubría la mitad del de ella.

- Miroku, tal vez no deberíamos… - Un rayo de placer pasó a través de su pecho, tan agudo y rápido, no pudo respirar.

Cuando aspiró en una respiración irregular, terminó en un gemido tan repentino como el bienvenido calor flameando en su pezón. No tuvo tiempo para procesar lo que lo provocó antes de que su otro pezón flameara increíblemente con el mismo calor. ¿Qué le había hecho Miroku?

Sango miró hacia abajo y otro grito fue arrancado de ella. Gotas de sangre perlaban sus pezones al lado de dos marcas de pinchazos distintas. Palpitaban con el placer más sorprendente en concordancia con su pulso. De alguna manera, Miroku frotaba entre sus piernas con exactamente los mismos intervalos con que palpitaban sus pechos, casi llevándola al orgasmo en ese momento. Aun así, una astilla de miedo hizo su camino a través de la neblina de felicidad de Sango. La había mordido. ¿Cuánto más de su sangre podía Miroku beber antes de que lo lanzara en un frenesí que le llevaría a drenarla, posiblemente hasta la muerte? La boca de Miroku estaba manchada de rojo mientras se frotaba entre sus pechos, dejando una mancha de un débil carmesí. Luego se acercó, rozando sus labios sobre los de ella.

- Bésame - le ordenó con una voz gruesa.

Sango vaciló, dividida entre el ansia de hacer precisamente eso y su aversión instintiva a probar su sangre en la boca de él. La mano de Miroku se movió de entre sus piernas para pellizcar su pezón. La explosión de calor que siguió la hizo arquearse hacia atrás tan fuerte que se golpeó la cabeza en el suelo. Cuando lo hizo por segunda vez a su otro pezón, estaba casi llorando del placer. Más. Más. No importa si me mata, sólo más

- Bésame. - Sango sesgó su boca a través de la de Miroku, lamiéndole los labios, saboreando su sabor cobrizo, y luego llevando su lengua dentro de la boca de él enredándola con la suya. Él hizo un ruido áspero de necesidad y se deslizó hacia delante, separándole las caderas con las piernas, su mano libre tirando abajo sus pantalones. El golpe duro en su interior fue tan repentino, profundo y contundente que Sango mordió la lengua de Miroku en un reflejo incontrolable. Él gimió, empujó de nuevo tan poderosamente, enviando un estremecimiento de placer a través de ella.

- Tan caliente... tan bueno. - El gruñido de él en su oído la hizo estremecerse con su vehemencia.

Ella arqueó las caderas a la espera de su nuevo empuje… y sintió su lengua moviéndose rápidamente entre sus piernas en su lugar. Sus ojos se abrieron en estado de shock de que Miroku se había deslizado por su cuerpo antes de que ella siquiera no notara. Ahora sus muslos acunaban su cabeza en lugar de sus caderas, su pelo negro cubría su rostro mientras la lamía con firmes, e imposibles rápidas caricias.

- No sé qué es más adictivo, tu sangre o tu miel de aquí - su áspera voz reflexionó antes de lamer profundamente otra vez haciéndola retorcerse en éxtasis.

Luego, una estocada larga y dura la hizo llorar en el siguiente latido, Miroku llenándola tan profundamente, que ahogó un sollozo. Otro empuje que la hizo arquearse, luego otro, y entonces… Su boca capturó su parte baja de nuevo, la lengua azotando su carne con el mismo frenesí hambriento, dulce. Antes de que pudiera gritar su pasión, su carne dura reemplazó su lengua, lo que la hizo estremecerse por los empujes dentro de ella.

Sango se dio cuenta de Miroku había soltado sus manos sólo cuando se encontró sin saber a partir de un momento a otro si ella estaría tomándole por la cabeza o las caderas. Se movía en un abrir y cerrar de ojos, sin problemas alternando entre tomarla con la boca o con esos empujes de profundidad alucinante. Sus pechos palpitaban mientras sus entrañas se torcían con tantas sensaciones diferentes bombardeándola.

Miroku se irguió sobre sus rodillas, tirando de ella con él, las manos sobre las caderas para mantener su posición vertical mientras empezaba a empujar tan rápido, con tanta fuerza, que las lágrimas se derramaron de sus ojos. Sin embargo, Sango quería más. No se cansaba de la locura en él, cómo tan firmemente la sostenía, o cómo sus gemidos se hacían más fuertes y más urgentes. Sus pechos rebotaban contra su pecho con cada golpe ardiente, rápido, sus pezones ardiendo por la fricción contra su camisa. Estaba tan cerca de llegar. Tan cerca...

Colmillos se hundieron en su cuello en el instante siguiente. Antes de que pudiera tener miedo, calor estalló dentro de sus entrañas como una bomba explotando, meciéndola en ola tras ola de éxtasis. Los espasmos la controlaban, la hizo ajena a todo, menos la sensación de punzante apretar, en cascada desde su centro, llenando su cuerpo con onda tras onda de felicidad. No sabía si todavía Miroku bebía de ella, y no le importaba. Si esto es morir, Sango pensó, realmente lo recomiendo.

No tragues. No tragues. Miroku coreaba en su mente cada vez que mordía a Sango, deteniendo el sangrado de las pocas profundas perforaciones presionando sus dedos en ellas. La presión forzaba el jugo de sus colmillos dentro de Sango, incrementando el calor, hasta que ella ignoraba que el limpiaba la sangre de su boca en vez de tragársela.

Aun así, la primera ingestión cuando ella se cortó el labio le dejó una sensación de embriaguez, lo que le causó tomarla más duro de lo que lo había hecho anteriormente— y la forma en que ella respondió más fuerte destrozó su control. Él nunca había estado tan excitado por una mujer, nunca se perdió tanto como cuando estaba dentro de Sango. Ella se llevó su voluntad y lo reemplazó por un harapo necesitado, pasando de ser un controlado conocedor sexual a un novato febril que apenas podía sostener su semilla. Miroku llegó a su clímax justo después que ella, con un rugido de satisfacción.

Se dio la vuelta para tumbarse sobre su espalda, Sango medio extendida sobre su pecho. Ella jadeaba, su hermoso cuerpo enrojecido, sus dedos casi acariciaban distraídamente su pezón. A mitad de estar haciendo el amor, sus manos habían cambiado de nuevo, la piel suave y uñas mordidas habían sustituido las garras y afiladas pezuñas.

- Ahora dime sobre tu arreglo - dijo él, sabiendo que estaría de acuerdo sin importar lo que fuera.

- Dame un minuto - respondió Sango, aun sin aliento. Miroku dejó salir una pequeña carcajada.

- Tómate tu tiempo. No voy a ir a ningún sitio. - Y no iba. Sin importar cuando doliera más tarde.

- Que… ¡eh! Mis manos han vuelto a la normalidad. Suerte la tuya; Probablemente te hubiera rasgado la espalda de otro modo. - Las blandas y cálidas manos de ella tocaban su pecho.

- Lo hubiera valido. - Él tomó una de sus manos y las besó. Ella sonrió, después su expresión se volvió seria.

- ¿Cuándo te fuiste antes, fue porque nuestra esperanza de vida estará tan fuera de sintonía una vez que me quite estas marcas? ¿No tienes problemas con que sea de una especie diferente a la tuya? - Él podía haberle dado una respuesta, pero Miroku conocía otra manera de hacer que Sango lo comprendiera.

- Estaba enamorado en el siglo dieciocho. Giselle también me amaba, pero no quería convertirse en un yokai. Pensé que con el tiempo, ella cambiaría de idea. Al año de nuestra relación mi Sire me necesitaba y me tuve que ir. Cuando se acercaba mi regreso, Giselle me mandó un mensaje que me encontraría en mi casa. En su camino, se quedó varada con su chofer. Ellos no fueron muy lejos antes de que los desertores vinieran. - Miroku se detuvo, ese viejo dolor y rabia todavía rizándose a través él ante el recuerdo. Sango envolvió sus manos en las suyas.

- Dime el resto, Miroku. - Él la jaló más cerca, calmándose por su cercanía.

- Giselle corrió, tratando de perderlos en el bosque, pero ellos eran más rápidos. Ellos cinco la golpearon, violaron y sodomizaron. A pesar de tal brutal asalto, Giselle mantuvo su ingenio, fingió estar muerta hasta que pensó que ellos habían desaparecido. Luego se arrastró hacia arriba y comenzó a caminar en dirección a mi casa. Pero el ex capitán volvió a recuperar la espada que había olvidado antes en su prisa por quitarse los pantalones. Siguió el rastro de sangre en la nieve, y cuando se encontró con Giselle, cortó su garganta tan profundamente que casi cortó su cabeza. Luego tiró su cuerpo por un barranco. Allí fue donde la encontré. Tan cubierta de sangre, que ni siquiera la reconocí a primera vista. – la última parte corto su voz, tantos siglos y aun le dolía fuertemente…

- Y solo ayer, Web sostenía un cuchillo contra mi garganta. Oh Dios, los recuerdos que eso te debe haber causado… - Sango tomó una respiración lenta.

- Sí - dijo Miroku de modo tirante.

- Estás dejando algo fuera, Giselle no estaba viva para decirte ese tipo de detalles. - Las manos de ella eran bálsamo caliente en sus hombros.

- Lo supimos después, cuando Inuyasha y yo capturamos a esos bastardos y les obligamos a describir todo lo que habían hecho. - La mirada de Miroku no dejo la de ella. Giselle había sido vengada al máximo, pero como Sango sabía muy bien, la venganza no se llevaba el dolor. Miroku tocó su rostro. Si esta era su oportunidad para hacer que Sango comprendiera, no se guardaría nada.

- Me las arreglé para superar la muerte de Giselle, pero no podría hacerlo si tuviera que sufrir la tuya. - Los ojos de ella brillaron con lágrimas.

- Como te dije, yo tampoco quiero perderte. ¿Que si… permanezco humana, pero no envejezco y soy más difícil de matar? - Solo una cosa sería responsable de tal estado, pero él tenía que estar seguro.

- ¿Estarías dispuesta a beber mi sangre? - Su voz era tranquila, desmintiendo sus fuertes emociones. Sango asintió, estirando la mano para tocar su cuello con una suave caricia.

- Si - Miroku no pudo evitarlo… la apretó contra él, el alivio corriendo por sus venas en una sensación casi tangible. Si Sango bebía de él todos los días, incluso una pequeña cantidad, sería suficiente para extender su vida indefinidamente. Todavía podría morir con más facilidad que un yokai, pero con su sangre, también podría ser traída de vuelta como un oni, si ella se encontrara con un inoportuno final…

- ¿Significa eso que estamos bien? - dijo Sango con voz entrecortada.

- Sí. Y estoy increíblemente enamorado de ti. - Él la dejó echarse para atrás, su alivio transformándose en alegría. Ella escuchó esas palabras como si hicieran eco a través de ella. Enamorado de ti. Enamorado de ti. Enamorado de ti. Felicidad como nunca pensó que volvería se vertió a través de ella, haciéndola sonreír incluso mientras el rostro de Miroku se volvía borroso por las lágrimas.

- Yo también te amo - susurró ella. Se quedó sin aliento cuando Miroku la aplastó contra él, levantándola y dándole vueltas en círculos hasta que sus piernas se balanceaban sin control. Sango se echó a reír a pesar de que casi no podía respirar por su posesivo y apretado abrazo.

- Nunca pensé que me sentiría de esta manera otra vez. Oh, querida, me siento como que me has devuelto a la vida. - le susurró al oído.

Sus palabras eran tan acorde a cómo se sentía ella, que hizo que se ahogara un sollozo. Ella sintió ese terrible vacío, por sólo quince meses. ¿Cómo lo había soportado Miroku durante casi ciento cincuenta años? La culpa se hizo camino a través de ella inmediatamente después de ese pensamiento. ¿No le debería haber tomado más tiempo amar a alguien más? Le había tomado más a Miroku. ¿Era una mala persona por sentirse así tan pronto? Miroku la dejó de vuelta en el suelo, apartando gentilmente el cabello de su rostro.

- Tú siempre lo amarás - dijo como si hubiera leído su mente.

- Eso no muere porque él lo haya hecho, o porque ahora me ames a mí. Tu amor por él es parte de quien eres. Es una parte hermosa, Sango. No estés triste por eso, yo nunca estaré celoso por ello. - Los ojos de Sango se desbordaban nuevamente. Miroku tenía razón. Randy y Giselle los habían hecho quienes eran. Ahora ellos podían dejar atrás el horror de sus muertes, seguir adelante, y tomar solamente la mejor parte de ellos en el futuro…

- Quiero que sepas que si fuera posible que yo cambiara a humano de nuevo, si me lo pidieras, lo haría… No habría nada que no hiciera para estar contigo, Sango. Siento no poder darte la vida normal que quieres, pero te prometo que te adoraré cada día del resto de tu nueva vida. - susurró Miroku.

- Te amo - Sango se atragantó, sonriendo cuando él la beso con una pasión y hambre que inclinó su espalda hacia atrás.

- ¡Abre esta puerta! - Tres duros y fuertes golpes, le hicieron saltar asustada al siguiente segundo.

- ¿Qué demonios? - Murmuró Miroku, dejándola ir para ir a abrir la puerta con el ceño fruncido. Koga estaba parado en el otro lado.

- ¿Qué está mal contigo, golpeando de esa manera? - Exigió Miroku. Koga lanzó una mirada malvada a Miroku, quien sólo llevaba su camisa, y luego a Sango que se cerró apresuradamente la bata.

- Venganza - dijo Koga sucintamente. Entonces se alejó, silbando.

Miroku miró a Sango limpiar su plato, cerrando sus ojos mientras raspaba el último bocado de pastel de crema de banana. Ella tenía tal mirada de felicidad en su rostro mientras tragaba, que Miroku hizo una nota mental de llevar una gran porción arriba más tarde. Y luego extendérsela a través de su piel.

- Inuno está aquí. - Inuyasha levantó la vista de su ordenador.

Miroku se levantó, aun no lo sentía, pero confiando en que Inuyasha estaba en lo correcto. Desde que Inuno había compartido sus poderes con Inuyasha casi un año y medio atrás, su amigo podía sentir al otro yokai mucho antes que cualquier otra persona. Después de otro minuto más o menos, Miroku sintió el primer paso de energía en el aire, débil al principio, pero distintivo, cuando el poder de Inuno lo alcanzó. Algo dentro de Miroku chasqueó, una forma de conocimiento que el reconocería en cualquier lugar, incluso si estuviera repleto de miles de yokais. Se hacía más fuerte mientras Inuno se acercaba, hasta que Miroku podía sentir las emociones del otro yokai, así como el aura electrizante y arremolinarte que distinguía a Inuno como uno de los más poderosos yokais en existencia.

Tal era el lazo entre Miroku y Inuno, el yokai que lo creó. Miroku abrió la puerta él mismo. Al siguiente minuto, un Aston Martin plateado giró en la esquina de la carretera. Cuando se paró en frente de la casa, un yokai egipcio con pelo negro salió de él con una gracia que impresionaba incluso al no-muerto.

- Miroku - dijo Inuno, con una sonrisa que hacía que pareciera más joven que Miroku, a pesar de que Inuno tenía unos 4000 más.

- Puedo ver que estás feliz de nuevo. Me alegro - Miroku envolvió a Inuno en un abrazo, acostumbrado a la chisporroteante vibración que su contacto producía. Su sire siempre se sentía como un rayo caminando.

- Estoy muy feliz - dijo Miroku, deseando lo mismo para Inuno. Pero la tristeza emanaba de su sire, oscureciendo sus rasgos con más melancólica de la que cualquiera que luciera como él, a principios de sus veinte, debería cargar. Sango se quedó atrás en la puerta. Ella estaba nerviosa por ver a Inuno de nuevo. La última vez había sido esa fatídica Víspera de Año Nuevo, pero Miroku necesitaba a su sire si quería el cuchillo de huesos de demonio con el menor daño posible.

- Hola - dijo Sango, mirando hacia el exterior tan calmada que si Inuno no pudiera oler su malestar (o leer su mente) él nunca lo sabría.

- Qué agradable volver a verte, Sango - Inuno la saludó con una reverencia.

Inuyasha le dio la bienvenida a su co-gobernante con más frialdad que Miroku. Él todavía no había perdonado del todo a Inuno por su secreto con Kagome el año pasado, pero Inuyasha también sabía lo necesaria que era la presencia de Inuno. Web esperaba un ataque, por lo que estaría preparado, pero incluso las mejores defensas de Web no podían parar los poderes de Inuno. El mega-maestro yokai podría helar a decenas de yokais en una inmovilidad completa con su telekinesis. Con la ayuda de Inuno, Miroku podría ir y tomar el cuchillo de Web sin que el otro yokai fuera capaz siquiera de parpadear para detenerlo. La única razón por la que Miroku no había llevado a Inuno al ataque para conseguir a Nathaniel fue porque no había habido tiempo para que su sire llegara. Sin embargo, una vez los saludos fueron intercambiados y todos ellos estaban sentados en el comedor, a excepción de Fabián, que flotaba, Inuno lo dejó pasmado.

- Recibí una llamada de Web más temprano. Me preguntó si yo sabía que el yokai que yo convertí y mi co-gobernante habían allanado su casa para robar su propiedad. Cuando le sugerí a Web que se quejase a los Guardianes de la Ley si tenía un problema, él me pidió que le diera un mensaje a Miroku. - dijo su sire.

- ¿Y ese mensaje es? - La cara de Sango palideció, pero Miroku no dejó salir ninguna de sus emociones.

- Web dijo, "sé lo que es ella y lo que quieres, así que propongo un trato" - Inuno respondió, su mirada carbón pasó con interés a Sango.

- ¿Cómo demonios lo descubrió? Hundimos el barco de manera que nada de su sangre pudiera ser recuperada. - Miroku soltó una maldición inclusive mientras Inuyasha murmuraba.

Miroku reprodujo ese desagradable momento en su mente cuando Web atacó el barco. Él había sostenido a Sango frente a él, pero ella tenía puestos los guantes, por lo que Web no pudo haber visto las marcas de demonio. Después la apuñaló en el estómago, pero Web no puso su mano ensangrentada en su boca… ¿a menos que lo hubiera hecho después?

- El debió haber visto mis manos. Cambiaron cuando agarre su brazo. - dijo Sango calmadamente.

- Eso es verdad. Después de haber tenido a Nathaniel tanto tiempo, debe saber lo que causó ese cambio en ti. - susurró Miroku recordando las garras a través de sus guantes y los agujeros que hizo en los brazos de Web.

- ¿Me permitirán estar en el secreto? - Inuno levantó una ceja negra de manera inquisitiva

- Aquí no - dijo Miroku, con una sacudida significativa de la cabeza indicando el resto de la casa.

Todo el mundo en esta mesa sabía lo que estaba en la sangre de Sango y todos sus efectos, pero eso era lo más lejos que Miroku quería que la información se difundiera. Aunque ahora lo sabía Web, también. Miroku sofocó otra maldición. ¿A quién se lo había dicho él? ¿Habían otros, incluso ahora, acelerando la posibilidad de arrebatar a Sango lejos para su propio sórdido comercio de Red Dragón? Él solo podía esperar que la codicia de Web lo mantuviera en silencio sobre el tema. Después de todo, Web no quiso compartir las noticias de qué era Nathaniel con los otros. Tal vez aún buscaba acaparar el mercado Dragón Rojo no revelando la otra fuente de la droga.

De cualquier manera, no había manera de que Miroku lo dejara vivir. Incluso después de que Sango no tuviera las marcas, Web todavía podía perseguirla con la esperanza de que su sangre fuera todavía de alguna manera una droga. Y si Web tenía éxito capturando a Sango y después se daba cuenta que su sangre era normal… no tendría razón para dejarle vivir. Un trozo de madera se soltó de la mesa delante de él. Miroku miró hacia abajo, al darse cuenta de que inconscientemente se agarró al borde hasta que lo rompió.

- Pido disculpas. ¿Dejó Web un número para que lo llamara? - dijo, aunque no podía importarle menos la mesa.

- Lo hizo ¿Vas a llamarlo? - respondió Inuno.

- Sí. Ahora mismo. - Inuno levantó sus hombros en un elegante medio encogimiento, a continuación golpeó una serie de números en su teléfono móvil, sosteniéndolo hacia Miroku cuando terminó.

- ¿Le diste mi mensaje a Miroku? - Al segundo repique, la voz de Web fluyó sobre la línea.

- Lo tiene ¿Qué clase de trato propones? - Miroku dijo con fuerza.

- Miroku, debo decir, que me sorprendiste. Matando a mi socio en las Vegas. Asesinando a mis guardias. Robando en mi propiedad, todo para quitarme la fuente de mi negocio… cuando tú ya tienes una fuerte. Si me hubiera dado cuenta que eras tan inescrupuloso, codicioso, y emprendedor, quizás me las habría arreglado para conocerte antes de esto. - Web dejó escapar una falsa risa de placer.

- También soy impaciente. Así que vas a tu oferta de un trato. - indicó Miroku con una voz fría.

- Dame a la chica, y podrás tener el cuchillo. Aun tendrás la mitad del comercio de Dragón Rojo a través de Nathaniel, que debería ser más que suficiente para ti. - Miroku tragó la rabia asesina que le hizo querer enumerar todas las terribles maneras en que él iba a matar Web a la otra línea. En su lugar, obligó a su voz a permanecer fría y calmada.

- Prefiero a la chica. ¿Qué te parece canjear a Nathaniel por el cuchillo? - Web se rio.

- Porque sin el cuchillo, Nathaniel es una carga, como ya debes saber ahora. No sé cómo la chica obtuvo sus marcas, pero cuando el demonio de Nathaniel vuelva, lo buscará con toda la venganza del infierno. Y los dos sabemos que la chica vale más que Nathaniel. Estoy siendo generoso permitiendo que conserves lo que me robaste, pero si no me das algo a cambio… Bien, no tengo nada que perder persiguiéndote por toda la tierra, ¿cierto? - Miroku se mantuvo en silencio por un largo momento, mirando a Sango, quien había escuchado suficiente de su parte de la conversación para que pareciera enferma.

- Bien. ¿Dónde quieres que nos encontremos? - dijo él, tendiéndole una mano cuando Sango jadeó.

- Aquí en Mónaco, por supuesto - contestó Web al instante.

- En el muelle Fontvieille. Estoy seguro que recuerdas donde es. - El muelle estaba bajo la vigilancia de Web. Miroku apretó la mandíbula.

- Bien, entonces. Mañana a la medianoche. - El estaría entrando en una trampa donde Web tenía la ventaja de su propio campo. Su mirada se desvió a Inuno. Pero yo tengo mi propia trampa.

- Estaré esperándolo… Oh, pero debes entender que si escucho que Inuno está en cualquier lugar cerca de Mónaco, voy a asumir que tienes intención de traicionarme y nuestro trato se acaba. Y la caza empieza. - dijo Web a la ligera.

- ¡No puedes esperar que me presente sin protección! Vamos. Soy un hombre de negocios, no un estúpido. - espetó Miroku.

- Muy bien. Trae a tu pequeña amiga encendedor, si te hace sentir mejor, aunque tuvo algunos problemas el otro día, ¿No? Tal vez los cuentos que he oído hablar de sus poderes eran exagerados. - Web hizo un ruido de exagerada paciencia.

- Inuyasha nunca permitirá que su mujer vaya sin él. Debes saber eso, entonces tu oferta de que tenga a Kagome conmigo no es real. En ese caso, asumo que el canjeo de la chica por el cuchillo tampoco es real, así que no hay nada más que decir. Cázame tanto como quieras. - dijo Miroku, su tono endureciéndose.

- ¡Espera! - gritó Web, justo cuando Miroku estaba a punto de cerrar el teléfono de golpe.

- Bien, trae al caza recompensas también - dijo Web sonando molesto.

- Pero solo a ellos dos, y a la chica o pensaré lo peor. - Web debía tener una gran cantidad de fuerza preparada, para aceptar tan rápidamente que Kagome e Inuyasha fueran con él.

- Un conductor y a Nathaniel, también. De otro modo ¿cómo voy a saber que has traído el cuchillo correcto y no algo que recogiste en una caza? - dijo Miroku.

- Inteligente y despiadado. Quizás tengamos una asociación muy beneficiosa delante de nosotros. Ah, y el conductor tiene que ser humano. No puedo permitir que cueles otro yokai fuerte ¿Cierto? - Web soltó otra carcajada baja.

- Hasta mañana por la noche. - Inteligente bastardo. Él cerró el móvil, mirando silenciosamente los rostros alrededor de la mesa. Todos excepto Sango habían escuchado el otro lado de la conversación. Inuno lucía siniestro.

- ¿Por qué aceptaste que yo no fuera, Miroku? Sabes que tiene la intención de matarte, y él sabrá si estoy cerca. Web tiene espías por todo Mónaco. - Miroku miró fijamente a Inuno. Después lentamente, su mirada se balanceó hacia Kagome, la antigua medio yokai quien ahora era el único yokai que se mantenía bebiendo sangre Yokai en vez de humana.

- Porque tu poder estará ahí, Inuno, incluso si tú no estás. -

Continuara…