Capítulo XXI

Irasue no daba crédito a lo que escuchaba.

—Espero y estés contento— Riñó la mujer mientras miraba con furia a ese tipo.

—Ay querida, es lo mejor...—

—¿Mejor? ¿Porqué, Inu No? ¿Porqué odias tanto a esa niña?— Él no respondió, tenía sus razones y no las discutiría con su ex esposa. Se acercó al ventanal mientras observaba como la lluvia por fin había desprendido las últimas hojas secas de las plantas del jardín.

—Debo irme, puedes ver a nuestro hijo cuando gustes...— Dicho esto le dio una tarjeta con la dirección del hospital donde estaba recluido el peliplata. —Pero no te atrevas a abrir la boca o desapareceré a Sesshomaru para que no vuelvas a verlo ¿de acuerdo? Una cosa más, tampoco quiero que se entere Kagome, estás advertida...— Entonces, sin ningún tipo de remordimiento, plasmó un beso en los labios apretados de la mujer para posteriormente desaparecer por la puerta.

—¡Maldito!— Musitó aquella con cólera, no podía aceptar la situación. Kagome estaba próxima a dar a luz a su nieto y le parecía muy injusto que Inu No siguiera con sus absurdas ideas.

Suspiró rememorando las palabras que le dijera el hombre.

Cosas de la vida, a pesar de lo aparatoso del accidente, varias personas habían sobrevivido al impacto del avión, entre ellas, Sesshomaru Taisho. Pero cuando le dieron aviso a su padre, el trató por todos los medios de que no se enterase nadie más de que su hijo aún estaba con vida y mucho menos su prometida, lo que le causó cierta desazón.

Las lágrimas de consuelo y felicidad era algo que en la intimidad de su casa, solo ella podía permitirse. De inmediato camino rumbo a su habitación para cambiarse y salir inmediatamente con rumbo al hospital.

—Bankotsu, ¿estás bien?— Cuestionó la castaña mientras observaba a su hermano un poco descolocado por la noticia que le había dado.

—¿Desde cuando lo sabias?—

—Ella me lo confesó el día en que nos encontramos en aquel restaurante. Te pido hermano, olvídala ya, es seguro que aunque Sesshomaru haya muerto, ella no volverá contigo. Y menos, teniendo un hijo de él— Dejó los cubiertos a un lado y puso los codos sobre la mesa para entrelazar las manos a la altura del pecho para verlo fijamente.

—No entiendes Sango. Aún la amo, desde que la conocí nunca me importó lo que pasó con el asunto de su padrastro. Y ahora mucho menos, no me importa si está embarazada de otro hombre. Yo la quiero...— Cruzado de brazos le devolvió la mirada.

—Hermano, debes pensar bien las cosas. Tu eres un hombre agradable y muy guapo, ten por seguro que conocerás a alguien más, alguien que solo esté para ti...— El moreno cerró los ojos color zafiro y aspiró profundamente. En todo ese tiempo creció en su corazón la esperanza de volver a estar con Kagome, pero simplemente, aquella no contestaba sus llamadas, y cuando le hizo saber el plan a su hermana de ir a buscarla otra vez, le había hecho saber el estado de su querida ex novia.

Sin decir nada, se puso de pie y se alejó por el pasillo, por lo que la joven quedó un poco preocupada.

—Bank, no vayas a cometer una tontería, por favor...— Suplicó en un murmullo.

Se encerró en su habitación y caminó hacia las grandes ventanas. Era un día frío de invierno y el cielo tenía varios días encapotado y la lluvia no se había hecho esperar.

"Si tan solo pudiera comunicarme con ella..."

Desde hacía varios meses sabía del deceso del hermano de su amigo Inuyasha, pero debido a las circunstancias, el haber golpeado a la mujer amada cuando ella rompió el compromiso y el amenazarla, no había ayudado mucho. Se equivocó al hacerlo, pero se excusaba en que había sido por el miedo a perderla, aunque no fuera así realmente.

Se consideraba un tonto que había jugado mal sus cartas.

—Kagome...—

La azabache invadía sus sueños.

Y conforme pasaban los días, no entendía porque ella no había ido a verlo desde que despertara. Solo Rin había permanecido a su lado, cuidándole, aunque no era su obligación.

—Vaya, está comida no tiene tan mala pinta. ¿Verdad?— Dijo la chica de cabellos castaños mientras ajustaba la camilla.

—Hn...— Contestó el ambarino con desgano.

—Sesshomaru, debes comer para que te recuperes muy pronto...—

—Rin...—

—¿Si?— Cuestionó un tanto intrigada.

—¿Puedo pedirte un favor?— Giró el rostro para ver a la joven de grandes ojos chocolate.

—¡Por supuesto! Sabes que haría todo lo que tú me pidieras...—

—Kagome, necesito verla— Un gesto de sorpresa se dibujo en el rostro de la muchacha. Esperaba todo menos eso. La decepción y la ira pronto se apoderaron de su ser pero supo manejar sus sentimientos a la perfección. Debió suponerlo, tal vez si se hubiera negado o puesto algunas condiciones no estaría en ese predicamento.

—¿Kagome? Bien, lo que se es que... Se fue del país, me lo dijo Kikyo hace ya varios días...—

—¿Pero porque?— Preguntó con ansiedad.

—Bueno, tus padres quisieron que no se enterara de que estabas convaleciente, en parte, pero no se la historia completa...— Mintió tan acertadamente que Sesshomaru no preguntó más.

La puerta se abrió de repente y por esta se adentró Irasue, vio a su hijo postrado sobre la cama y se acercó para abrazarlo efusivamente.

—¡Hijo mío!— Beso sus mejillas e inmediatamente su frente. Aún no podía creer que estuviera vivo, después de tanto tiempo. Y agradecía a Dios que le hubiera permitido estar con su hijo una vez más.

—¡Madre!—

—¿Como estas? ¿Como te sientes?—

—Señora Takahashi, él estará bien...— Interrumpió la actriz al ver semejante estampa.

—¿Quien eres?— Cuestionó un tanto intrigada. Puso especial atención en su postura, era muy bonita y parecía una mujer educada. Pero por alguna extraña razón, sentía que la morena no le inspiraba confianza.

—Soy Rin, he estado cuidando de Sesshomaru desde...— Se detuvo pues en este preciso instante el doctor y dos de sus colegas entraron al lugar.

—Buenas tardes, soy el doctor Hatake—

—Doctor ¿cómo está mi hijo? ¿Cuando podrá salir de este lugar?— Cuestiono la mujer al hombre que tenía enfrente.

—Deberá quedarse un poco más, apenas salió del estado de coma y debe estar en revisión. El impacto que sufrió durante el accidente, dañó su espalda. Aunque es una fractura menor, lamentó informarle que no volverá a caminar correctamente. Una operación ahora es demasiado complicada. Tendrá dos opciones, aunque la cirugía puede ayudarle, corre un riesgo del noventa y ocho por ciento de quedar paralitico por lo que hemos decidido, que lo mejor será que lleve terapias...— En completo mutismo las tres personas prestaban especial atención a lo dicho por el médico.

—Dos cafés, por favor—

—¿Con leche y azúcar?— Cuestiono la dependienta con una sonrisa mientras recibía el pago.

—Si por favor— Dicho esto recibió las bebidas y se acercó a la madre de Sesshomaru, quien estaba descansando en la mesa del fondo de la cafetería.

Tenía que ganársela, pero la madre estaba reacia a entablar una plática con ella. Se acercó y se sentó al frente suyo, dejando la bandeja cerca de las dos.

—¿Señora Takahashi?—

—Podemos seguir hablando de ti... ¿Quien eres?—

—Una muy buena amiga de su hijo...— Dijo al fin de unos cuantos minutos, en los que sopesaba la situación.

—Su... ¿Amiga? ¿Desde cuando estás con el? ¿Como es posible que supieras que el estaba aquí?— Cuestionó con frialdad.

—¿Quiere la verdad?— Cruzándose de brazos le lanzó una mirada desafiante.

—¡Si, lo exijo!—

—Soy la mujer de Sesshomaru—

—¿Que?— No creía lo que estaba escuchando de labios de esa chica.

—Lo que acaba de oír. El señor Taisho sabía que él y yo éramos más que solo amigos, desde antes de que regresara Kagome— Le hizo saber.

—No es posible...— Se levantó con molestia y se alejó de allí, tenía que meditar en lo que esa mujer le había confesado. Entonces llegó a su mente la idea de que su hijo era igual que su padre, que había heredado la misma actitud libertina y se sintió mal por Kagome y su nieto.

Deambuló por los jardines y tomó la resolución de no decirle a su nuera que Sesshomaru estaba vivo. Cuando se enterara de la situación, segura estaba de que sufriría mucho pero al menos consideraba que la estaba protegiendo de una terrible decepción.

Regreso a la habitación, y al entreabrir la puerta y pudo ver a Rin junto Sesshomaru, abrazándolo mientras estaba recostada a su lado. Y entonces todo cayó bajo su propio peso, Sesshomaru se sentía obligado a estar con Kagome, ya sea porque se sentía culpable por lo de aquel juicio o por el bebé. ¿Quien pudiera saberlo? Desilusionada y un tanto apenada se fue de allí sin despedirse siquiera. Tenía que pensar las cosas para decidir que hacer con esa situación.

—Irasue—Ella giró sobre sus talones al escuchar que alguien la llamaba y entonces vio a la castaña caminar hacia ella, muy segura de si misma.

—¿Que es lo que necesitas?—

—Sesshomaru, quiere hablar con Kagome. Sabe que está embarazada pero ha decidido hablar con ella en cuanto nazca el bebé...— Le hizo saber.

—¿Porque no me lo pidió a mi?— Interrogó confundida.

—Cree que lo mejor sera que yo me haga cargo— La peliplata frunció el ceño en total desacuerdo.

—No— Respondió tajante.

—Es por su bien, el sólo desea ser honesto con la madre de su hijo. No la va a desamparar, créame, yo hablaré con ella. Y me disculpo por mi actitud hacia usted, tenía miedo de que se opusiera a nuestra relación...— Le hizo saber. Y aunque la mujer de ojos dorados dudo un poco le dio el número de la azabache al fin.