Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
«17»
Una vez superado el contratiempo con los salteadores de caminos, Naruto volvió a inquietarse por su madre mientras galopaban hacia Londres. Previó que llegarían a la ciudad al día siguiente por la noche; al parecer, lo creía porque antes de la aventura con los salteadores habían navegado una gran distancia costa abajo. Como cambiaron los caballos por otros frescos en varias de las ciudades que atravesaron, pudieron seguir el viaje al galope. Pasaron la noche en un mesón y volvieron a emprender camino de madrugada. Hinata estaba de acuerdo: la velocidad era más importante que su confort, pero no se molestó en decirlo y tampoco se quejó ni una sola vez.
Pero por más que le gustara cabalgar, cuando cayó la noche estaba bastante fatigada. Aun así, podría haber entrado por su propio pie en la residencia de los Uzumaki; no era necesario que Naruto remontara los peldaños y entrara con ella en brazos, pero así lo hizo.
El mayordomo les abrió la puerta, un hombre corpulento de cabello gris envuelto en una bata. ¿Es que era tan tarde? Hinata estaba tan exhausta que creyó que tal vez sí.
—Agua caliente para el baño y comida caliente; y despierta a quienquiera que hayas de despertar, Willis —ordenó Naruto—. Pero primero indícame una habitación limpia para lady Hyuga.
—Bastará con la comida —protestó Hinata, todavía en brazos—. Temo que me quedaré dormida en la bañera.
—¿La dama se ha hecho daño? —preguntó Willis mientras se apresuraba a seguir a Naruto hasta la primera planta.
—No, solo está cansada. Tal vez me apresuré demasiado tratando de llegar. ¿Cómo se encuentra mi madre?
—Peor que cuando le escribí, milord. Gracias por acudir tan rápidamente.
Naruto no depositó a Hinata en el suelo hasta que Willis le abrió la puerta de la habitación. Ella descubrió la cama y se dirigió directamente hacia allí, decidiendo que la comida también podía esperar. Se volvió para decírselo a Naruto, pero él ya había cerrado la puerta a sus espaldas. Suspiró, se apartó de la tentadora cama y buscó un espejo para comprobar su aspecto, pero como no encontró ninguno se acercó a una de las dos ventanas; daban a la calle y a una única farola, todo era muy pacífico, a esas horas no había tráfico. ¡Londres! Incluso habían galopado a lo largo de las calles y ella no tuvo oportunidad de ver gran cosa. A lo mejor mañana...
Volvía a contemplar la cama cuando Naruto llamó a la puerta y entró sin pedir permiso. Sostenía una jarra de agua y un plato de comida recalentada.
Estaba demasiado cansada para agradecerle, pero su consideración la hizo sonreír.
—Mi madre está durmiendo —dijo—. Incluso su doncella está durmiendo. No sabré cómo se encuentra realmente hasta mañana por la mañana.
—Tonterías, ve a despertar a la doncella. No estuviste a punto de matarnos cabalgando hasta aquí como para no obtener noticias.
—Su frente aún está caliente.
Hinata quería abrazarlo; parecía tan indefenso... y de hecho él no podía hacer nada para ayudar a su madre aparte de asegurarse que la atendieran los mejores médicos disponibles.
—Llama a su médico por la mañana y escucha qué dice antes de ponerte en lo peor, y no olvides que de noche la fiebre siempre aumenta.
Todavía con expresión preocupada, Naruto asintió y abandonó la habitación. Ella se limitó a lavarse la cara y las manos, comer la mitad de lo que había en el plato y desplomarse en el cubrecamas. Quitarse la ropa suponía un esfuerzo demasiado grande y el cuerpo le dolía tras cabalgar todo el día. Ya estaba medio dormida cuando se le ocurrió que debería haber invitado a Naruto a pasar la noche con ella; podría haberle ofrecido más consuelo que el escaso que le había proporcionado.
Por la mañana la despertó una doncella con agua limpia, toallas limpias y una actitud alegre; dijo que un huésped suponía una noticia excitante para el personal porque, a excepción del hijo de su señoría, rara vez había huéspedes que se quedaran a dormir.
Por lo visto el agua caliente para el baño y el desayuno no tardarían en llegar. La habitación que le habían adjudicado era bastante utilitaria, contenía menos muebles que algunos de los mesones en los que había pernoctado camino de Konoha.
La cama era blanda, pero a un lado solo había una mesilla de noche con una lámpara. También había un estrecho armario ropero, y un lavabo, consistente en una pequeña tina de latón apenas rodeada por un biombo y una única silla. Pero no había mesa ni tocador, por no hablar de un escritorio, y cuando volvió a mirar en derredor siguió sin encontrar un espejo. Al parecer, la dueña de casa no quería huéspedes que pernoctaran y se aseguraba de que, si hubiese alguno, no permanecería allí mucho tiempo.
Sin embargo, entre los criados que aparecieron cargando cubos de agua había un lacayo que sostenía una silla de respaldo duro en una mano y una mesa redonda en la otra; depositó ambas cerca de las ventanas, y Hinata rio. Al menos a los criados no les molestaban los huéspedes.
Mientras Hinata se servía uno de los bizcochos con salchicha, una de las doncellas le prometió un desayuno más sustancioso en cuanto bajara... «Si es que hoy logro bajar la escalera», pensó. ¡Dios mío, estaba muy dolorida tras la interminable galopada! La noche anterior el dolor no era tan fuerte, y mientras se metía en la tina confió en que el agua caliente aliviara sus piernas. Podría haberlo hecho si se bañara en una bañera normal, pero en la pequeña tina redonda apenas lograba sentarse y tuvo que encoger las rodillas. Más bien servía para permanecer de pie, enjabonarse, enjuagarse y salir, pero no disponía de una doncella que la ayudara y Kurenai no llegaría hasta dentro de un par de días con...
Soltó un grito ahogado al darse cuenta de que aún no habían llevado su maleta a su habitación, y se resistía a ponerse el mismo vestido antes de que lo lavaran.
Entonces Naruto entró en la habitación sin pedir permiso por segunda vez, solo llamando una vez a la puerta para anunciar que entraba. Hinata chilló y trató de sumergirse un poco más en la tina, pero era imposible, así que se aferró al borde y lo usó como escudo.
—Temo que anoche olvidé esto y el lacayo que se ocupó de los caballos la había llevado al vestíbulo —dijo Naruto antes de dejar la maleta en la cama. Se acercó a la tina y le acarició la mejilla—. Buenos días.
Ella se quedó muda, confundida y ruborizada; él debía de saber que su actitud era sumamente inadecuada. Todavía no estaban casados... ¿O es que finalmente había aceptado que se casarían? Su actitud había cambiado desde que hicieron el amor, no abiertamente, pero sí a través de pequeños gestos. Ya no dudaba en tocarla, le ayudó a montar y desmontar del caballo durante los dos últimos días, y ahora esa suave caricia... y tampoco le había lanzado ninguna mirada sombría ni feroz desde que abandonaron el campamento de los salteadores de caminos. No debería darle demasiada importancia, realmente no debería hacerlo, no mientras él aún estaba tan angustiado por su madre; sin embargo, Hinata no pudo resistirse a la idea de que hacer el amor con él a lo mejor lo había cambiado todo.
—Date prisa, por favor —prosiguió él—. Mi madre está despierta y me gustaría tu opinión sobre su dolencia.
Se marchó y cerró la puerta detrás de él. Ella suspiró. Tal vez solo se mostraba agradable y solícito porque quería su ayuda.
Acabó de bañarse e incluso logró lavarse el cabello, pues los criados le habían dejado dos cubos de agua extra, pero no estaba segura de haber eliminado todo el jabón.
Tenía presentes sus palabras: «Date prisa, por favor.» Así que se secó el pelo con rapidez agitándolo para simular una brisa, pero casi rio cuando se dio cuenta de que no tenía un cepillo. Kurenai había estado tan preocupada pensando en veleros diminutos y en que Hinata se dormiría montada a caballo que se olvidó de añadir uno. Ese día Hinata iría de compras para hacerse con algunos artículos de tocador, y por suerte no
tendría que pedirle dinero a Naruto. Había llevado consigo una cuarta parte de su dinero, y había dejado el resto con Kurenai, pero lo había guardado en su bolsillo y no en la maleta donde los salteadores de caminos podían haberlo encontrado.
Con el pelo sujetado por una cinta para que no se notara que no se lo había cepillado, y envuelta en un vestido color albaricoque pálido, salió al pasillo y ni siquiera tuvo que preguntar dónde se encontraba la habitación de lady Kushina, era la única de la planta superior cuya puerta estaba abierta.
Se acercó a la cama junto a la que Naruto permanecía de pie sosteniendo la mano de su madre, aunque esta parecía estar durmiendo. Un único vistazo le bastó para saber que la mujer podía estar agonizando, sin necesidad de ver la expresión de Naruto.
Kushina Uzumaki tenía un aspecto tan demacrado y enfermo que resultaba difícil imaginar qué aspecto tendría cuando no estaba enferma. Los cabellos pelirrojos bajo el gorro de dormir estaban apelmazados, estaba tan pálida como el pergamino blanco e incluso la piel de sus labios estaba agrietada. Ni siquiera tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos, y parecía tener dificultad para respirar.
Inmediatamente, Hinata vertió agua en el vaso sobre la mesilla, y le dijo a Naruto que incorporara a su madre para obligarla a beber. Con gesto tierno él así lo hizo, pero su madre apenas bebió unos sorbos y casi no abrió los ojos antes de volver a tenderse.
Naruto arrastró a Hinata al pasillo.
—El médico acaba de marcharse —susurró—. Dijo que tenía neumonía. Suele ser fatal, y mi madre está disgustada por haberte traído aquí. Nuestra conversación la debilitó aún más.
—¿Así que se lo contaste?
—Ya lo sabía. Le envié una misiva desde Konoha en cuanto se marchó el emisario del regente. Hace unos días el médico le dio la enhorabuena por nuestra próxima boda.
Hinata pegó un respingo.
—¿Así que todo el mundo lo sabe?
—No cabe duda de que la noticia está circulando si incluso se ha enterado el médico.
Por lo visto Prinny,(el apodo popular del príncipe) no consideró que fuese un secreto, pero ahora lo que preocupa a madre es que se convierta en algo más que un cotilleo y una especulación. No queremos que nadie se entere de lo de Ino.
—No, por supuesto que no.
—¿Puedes... puedes curarla como me curaste a mí?
Hinata temió que esa fuera la única razón por la cual él había insistido en que lo acompañara a Londres. Antes de que abandonaran Konoha Park, él solo dijo que Kushina tenía mucha fiebre, así que Kurenai le había dado hierbas para curar un resfriado normal.
Pero la neumonía era una enfermedad grave.
Con el entrecejo fruncido, Hinata dijo:
—Kurenai me dio dos hierbas que quizás ayuden a tu madre, pero necesitaré una cantidad mucho mayor de ambas, así que he de acudir a una botica hoy mismo. También debo hablar con tu cocinera, para comprobar si dispone de los ingredientes que necesito para preparar un caldo que tu madre debe beber una vez al día.
—Hay un coche de alquiler esperando —dijo Naruto. La cogió de la mano, la condujo a la planta baja y al exterior de la casa.
¿Había tratado de anticiparse a ella, o solo había tenido en cuenta cualquier eventualidad? Estaba impresionada.
Logró encontrar exactamente lo que necesitaba para preparar las infusiones: vencetósigo y semillas de alholva. Si Naruto no hubiese tenido tanta prisa ella también se habría detenido en otra tienda para comprar un cepillo.
Lo mencionó cuando regresaron a la casa y antes de dirigirse a la cocina, así que confió en que un cepillo la aguardaría en su habitación antes de que cayera la noche... si es que él mantenía esa nueva y considerada actitud; supuso que quizá solo estaba compensándola por el angustioso viaje. O sobornándola con gentilezas para que ayudara a su madre. Antes de su aventura en el campamento de los salteadores de caminos, ella no había visto ese aspecto de su carácter como para saber si Naruto
solía ser así cuando no estaba luchando contra un matrimonio no deseado. Pero el tiempo lo diría...
—¿Qué demonios has puesto en mi vaso de agua?
Hinata pegó un respingo al oír el tono de voz de Kushina Uzumaki. Naruto se acercó con aire nervioso, cogió el vaso de la mano de su madre y le lanzó una mirada interrogativa a Hinata.
¿De verdad había creído que ese asunto sería sencillo? Era evidente que la madre resultaría ser una paciente quejosa, al igual que su hijo.
Suspirando, dijo:
—Un poco de cayena y de limón. La ayudará a respirar con mayor facilidad... si lo bebe. La infusión que acabo de servirle eliminará la congestión de sus pulmones y, sinceramente, la hará sudar.
—Yo no sudo.
Era la respuesta habitual de las damas.
—Hoy sudará y alégrese cuando suceda. Sudar es la manera más rápida de eliminar elementos dañinos de su cuerpo y ello también hará que se encuentre mejor con mayor rapidez. —Como Naruto no se había molestado en presentarla y Kushina ya sabía que se encontraba allí para ayudar, dijo—: Soy Hinata, por si se lo preguntaba.
—Sé exactamente quién eres —comentó Kushina en tono de desaprobación y, acentuando la primera palabra, añadió—: Su familiar.
Hinata se puso tensa y miró a Naruto, que la llevó aparte un momento.
—Ella sabe lo que tu primo hermano hizo —le dijo—, y que eso provocó la muerte de Ino. Era algo que no podía ocultarle. Te pido disculpas por adelantado: tratar a mi madre puede resultar desagradable para ti.
¿Puede? Hinata tuvo que reprimir una risita histérica. ¿Había pensado que se negaría a ayudar si sabía que su madre la detestaba tanto como él?... Pero ya no la detestaba: no podía, no cuando confiaba en que podía ayudar a su madre.
Hinata asintió con la cabeza y volvió a acercarse a la cama. De tal palo, tal astilla.
¡Ambos incluso lanzaban las mismas miradas furibundas! Suspirando, dijo:
—Lamento lo de mi primo, pero no me parezco a él en absoluto, así seamos familia, así me haya criado con él
—Tal vez, pero sigues sin ser bienvenida en mi casa —indicó la mujer desde la cama.
—Madre... —empezó Naruto.
—No lo es, y jamás lo será. Te dije que no trajeras a esa víbora a esta casa.
Puede que la mujer dejara muy claro lo que sentía, pero pronunciaba las palabras con lentitud, incluso resollando. La habían ayudado a incorporarse un poco en la cama y en ese momento tenía los ojos muy abiertos, ojos gris violeta.
Hinata consideró que debería marcharse, su presencia estaba trastornando a lady Kushina. Se dispuso a abandonar la habitación, pero antes de dirigirse a su madre Naruto le apoyó una mano en el brazo para evitarlo.
—Ella está aquí para ayudarte por petición mía. Ya te lo he dicho y también cuán rápidamente fue capaz de curarme, gracias a sus conocimientos sobre los remedios de hierbas. Puede que su primo hermano sea despreciable, pero ella es de confianza. Sin embargo, cuando te hayas curado ambos nos marcharemos si eso es lo que deseas.
—¡Puso pimienta en mi vaso de agua! —exclamó Kushina en tono acusatorio—. ¿O acaso ignoras lo que es la cayena?
—Es verdad que parece extraño, pero a lo mejor debieras ver si tiene el efecto que ella afirma que tiene antes de rechazarla —dijo, y le tendió el vaso a su madre con una mirada conciliadora.
Ella lo cogió, pero no se lo llevó a los labios; Hinata esperó que lo hiciera cuando dejara de protestar, pero Kushina todavía no había acabado. En tono medio suplicante y medio autoritario, dijo:
—No puedes casarte con ella, Naruto. Es un recuerdo flagrante de lo que hemos perdido.
—Tú ya no decides por mí, madre. Soy yo quien carga con eso. Y según tu médico has empeorado, no mejorado. Él se ha dado por vencido, yo no lo haré. Así que obedecerás las instrucciones de Hinata y dejarás de protestar. ¿O acaso no quieres sobrevivir a esta dolencia?
—¿Para verte encadenado a ella? Prefiero no vivir para verlo.
Naruto soltó unas cuantas palabrotas y abandonó la habitación tras decirle a Hinata que lo siguiera; pero ella no obedeció de inmediato: acababa de notar que los ojos de lady Kushina se llenaban de lágrimas cuando su hijo se dirigió a la puerta. Comprendía el punto de vista de Kushina, la mujer quería lo mejor para su hijo y, según ella, Hinata era lo peor.
Naruto la aguardaba junto a la puerta. En cuanto la cerró, ella dijo:
—Mi presencia la perturba demasiado, cuando lo que necesita para recuperarse es paz y tranquilidad. No las obtendrá si vuelvo a entrar allí.
—¿Entonces no la ayudarás?
—Desde luego que sí. Lo bueno del régimen para combatir su neumonía es que mi presencia no es necesaria, solo he de preparar las mezclas y las infusiones. Tú puedes asegurar que beba cada gota, o también su doncella.
—Gracias. Entonces dejaré que prosigas con tus tareas y regresaré dentro de unos momentos. Debo enviarles ese dinero a esos bribones con los que pasamos la noche.
La mirada que le lanzó era muy elocuente; era evidente que recordaba lo que habían hecho esa noche. Hinata se sonrojó.
—¿Y ni siquiera una nota avisando de que has vuelto a Londres?
Sorprendido al ver a sus dos amigos más íntimos y delante del banco, también estaba Kiba Inuzuka un amigo de la universidad, Naruto se volvió, pero se le escapó una risita al ver la expresión ofendida de Shikamaru.
—Llegué a caballo ayer noche, muy tarde. ¿Has regresado a casa desde anoche para ver si te envié una esta mañana?
—¡Oh! —exclamó Shikamaru en tono contrito.
Antes de dirigirse a Naruto, Kiba le pegó un codazo a Shikamaru.
—Encantado de verte, viejo amigo. Tengo noticias maravillosas, pero nos han dicho que tú también. Eso merece una celebración.
Naruto arqueó una ceja.
—¿Es eso lo que han estado haciendo, celebrando?
—Él, no sé —aseguró Shikamaru, devolviéndole el codazo a Kiba—, pero ahora yo estoy sobrio.
—Solo porque ambos dormimos con la cabeza apoyada en la mesa —insistió Kiba.
—¡Jamás haría eso! —aseguró Shikamaru, horrorizado—, pero te observé mientras tú dormías. Muy aburrido. No cabe duda de que te habría dejado allí roncando si la camarera no se hubiese encargado de entretenerme. Pero esto hay que celebrarlo con otra ronda. ¿Vamos?
Cada uno cogió un brazo de Naruto y lo condujeron al otro lado de la calle, hasta una de sus tabernas favoritas. Sai iba tras ellos. Por experiencia, Naruto sabía que protestar no tenía sentido; además, había echado de menos a sus amigos, hacía años que los conocía puesto que los tres habían asistido a la misma escuela y en la universidad Kiba se les unió.
Kiba era el más alto de los cuatro; su familia era muy acaudalada. Cabello marron y de ojos negro, las mujeres lo adoraban, lo consideraban el soltero más atractivo y deseable de la alta sociedad y ocupaba el primer puesto en la lista de invitados de todas las anfitrionas.
Aunque Shikamaru y Sai son tan apuestos como él tenían cierta fama de jugadores, así que no recibían tantas invitaciones, pero eran igual un grupo bastante solicitado cuando estaban juntos, Shikamaru estaba cortejando a la hija de un marqués, Sai aún no había dado muestras de estar interesado en alguien, aunque estuvo en Konoha Park con intenciones de cortejar a Ino, pero ella no le dio mucha atención. Que no se vieran con mayor frecuencia era una pena. Kiba había estado en el oeste del reino, cortejando a la hija de un duque, y al parecer había comenzado a cortejarla antes de que fuera mayor de edad con el fin de meter un pie en la puerta. «Cortejar a una mujer durante tanto tiempo... eso sí que es dedicación», pensó Naruto; no había visto a Kiba con la frecuencia necesaria como para saber si había tenido éxito, pero supuso que eso era lo que estaban celebrando. Shikamaru y Sai solían visitar Konoha Park de vez en cuando y por eso Naruto los veía más a menudo.
Se sentaron a una mesa. Shikamaru pidió bebidas y Naruto no pudo dejar de comentar:
—Pareces cansado.
—Lo estoy. ¿Acaso no mencioné que he estado en pie toda la noche, asegurándome de que nadie les robara a esos dos mientras dormían?
—Deberías habernos llevado a casa —dijo Kiba—. Hubiera apreciado una cama en vez de una mesa.
—Pero dónde está la gracia de eso, ¿eh? —Entonces Shikamaru se dirigió a Naruto—.Bien, dinos, ¿al menos es bonita esa muchachita con la que Prinny quiere que te cases?
—¿Quiere? ¿Qué es lo que has oído, exactamente?
—Todo el mundo comenta que te casarás con la prima hermana de Uchiha —repuso Sai—. Sabrás que él ha estado alardeando de ello, afirmando que el mismísimo regente te quitó de en medio, y que por eso ya no tendrá que librar más duelos ridículos contigo. ¿Es que él y Prinny realmente son tan amiguetes?.
—Incluso dudo que conozca a George, pero nuestro príncipe descubrió que el último duelo no era el primero y ahora piensa quitármelo todo si no me vínculo con los Uchiha a través del matrimonio, para poner fin a mi vendetta.
—¿Qué diablos hizo Uchiha como para justificar más de un duelo? —preguntó Sai, enfadado en nombre de Naruto.
—Prefiero no manifestar mi ira en esta estupenda taberna —contestó Naruto—. Olvídalo.
—¿De verdad? —protestó Shikamaru—. ¿No lo confesarás? Hemos de interrogarlo, Sai, Kiba.
Naruto puso los ojos en blanco. A lo mejor podía decirles lo que Sasuke había hecho, al fin y al cabo eran sus mejores amigos, pero su madre jamás le perdonaría si la verdad saliera a la luz. Por otra parte, él tampoco se lo perdonaría a sí mismo, así que cambió de tema y se dirigió a Kiba:
—Puesto que has estado celebrando, ¿significa que tu dama ha dicho que sí?
—Nos casaremos el mes que viene —dijo Kiba, y una sonrisa le iluminó la cara—. Los tres están invitados, desde luego.
—Entonces he de darte la enhorabuena, pero le das un nuevo significado a la palabra «perseverancia». ¿De verdad tardaste dos años en conquistarla?.
Kiba le lanzó una sonrisa pícara.
—No, ella se enamoró de mí en menos de un mes. ¡Me llevó dos años conquistar a su padre!
Los cuatro rieron y Naruto pidió otra ronda, pero cuando Shikamaru empezó a quedarse dormido Naruto les dijo:
—Parece que realmente estuvo velando toda la noche. Llévenlo a casa; los veré más adelante en la semana.
Tras despedirse de sus amigos Naruto cogió un coche de alquiler hasta Bond Street para comprar un cepillo y un peine para Hinata, algo bonito y especial, una muestra de agradecimiento por haber emprendido ese viaje con él casi sin protestar. Había esperado que protestara, todas las damas que conocía no hubiesen dejado de hacerle recriminaciones durante todo el trayecto, pero no Hinata. Era una mujer indescriptible, se había enfrentado a su hostilidad con sonrisas y una determinación tozuda. Era demasiado lógica, demasiado pragmática... demasiado receptiva. ¿Y demasiado esperanzada? ¿De verdad deseaba ese matrimonio? ¿O simplemente tenía más miedo de lo que ocurriría si se negaba a casarse? Quizás un poco de ambas cosas.
Pensó en todo lo que había ocurrido desde que ella apareció ante su puerta, y se sorprendió al comprobar cuántos recuerdos de ella albergaba... y que los recordara todos e incluso con una sonrisa. Era una mujer asombrosa, audaz, inteligente y bella. Y valiente, o al menos casi siempre. Se había encontrado con una loba en el páramo y no había huido. ¿O es que solo era diestra ocultando sus temores? Y también era capaz de montar en cólera, pero no una cólera excesiva ni una que durara mucho tiempo. Una cólera interesante.
Además, pese a que era virgen también era sensual y atrevida. Y lo deseaba.
Encontró el juego de peine y cepillo en una de las primeras tiendas que visitó y entonces recordó que el cumpleaños de estaba muy proximo. Se detuvo en unas cuantas tiendas más que ofrecían sobre todo joyas, pero nada llamó su atención hasta que vio un camafeo grabado en oro rodeado de diminutas perlas color gris claro, casi del mismo color que sus ojos. Lo compró, solo para descubrir que era un relicario. Regalarle un relicario vacío era como ofrecerle medio regalo, así que fue en busca de una galería de arte en Old Bond Street.
Una vez finalizadas las compras, volvió a dirigirse al norte y buscó un carruaje que lo llevara a casa lo más rápidamente; no prestó atención a la hilera de tiendas junto a las que pasaba y tampoco vio al hombre que acababa de salir de una de ellas. Tampoco oyó que lo llamaba, pero no pudo esquivar a Sasuke Uchiha cuando este se interpuso en su camino. Y tampoco dejó de notar el familiar parecido entre ambos primos, el mismo cabello oscuro en especial.
—Vaya, vaya, pero si es mi futuro primo —dijo Sasuke con expresión desdeñosa.
—¿Aún callejeando por Londres seduciendo y desvirgando jovencitas, Uchiha?. Porque esa es tu especialidad, ¿no? Me sorprende que a estas alturas otro no me haya ahorrado la tarea de acabar contigo.
—Y a mí me sorprende que mi querida prima todavía no te haya envenenado. Prometió hacerlo... ah, ya comprendo, supongo que está esperando hasta después de la boda.
Fue como si le hubiera pegado un puñetazo en el estómago, y durante un momento Naruto no logró tomar aire. Pero era evidente que Sasuke solo le escupía ponzoña para provocarlo.
—Ella no se parece a ti en absoluto —le espetó.
Sasuke soltó una carcajada burlona.
—Te ha seducido, ¿verdad? ¿Realmente caíste en esa trampa? Resultó ser más bonita y más lista de lo que esperaba.
Lo invadió un intenso impulso de matarlo con sus propias manos, pese a la presencia de varias docenas de transeúntes que pasaban por al lado. Pero la sensatez prevaleció, a duras penas. Naruto le pegó un fuerte puñetazo en la mejilla y Sasuke retrocedió varios pasos, trastabillando.
La mirada de sorpresa de su enemigo no lo apaciguó en absoluto, y enseguida se volvió una mirada asesina; Naruto dio un paso hacia él y Sasuke retrocedió aún más.
No era un luchador, era un cobarde, un seductor de mujeres inocentes, un canalla inmoral de la peor calaña.
—Aún no estamos emparentados, Uchiha —dijo Naruto, escupiendo las
palabras—. Una vez que lo estemos te espera más de lo mismo.
.
.
Continuará...
