DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
¡Hooola de nuevo!
¡Feliz año a todas! Espero que hayáis tenido una buena entrada de año y unas felices navidades. Yo las he pasado un poco convulsas, entre salas de espera de hospital y casas de familiares. Es por eso que no he podido actualizar el fic y que ando con tanto retraso. Os pido mil perdones pero como he dicho en varias ocasiones a veces la vida real se impone a este pequeño mundo que es FF.
Os quiero dar las gracias por vuestra paciencia. Sois maravillosas.
Aquí os dejo la primera parte de esa cita tan especial (y esperada) entre Edward y Bella. Os darán respuesta a muchas cosas, algunas de ellas creo que hasta han pasado inadvertidas a vuestros curiosos ojos.
Sin más os dejo con Bella…
.
CONFÚNDEME
BPOV
.
-Hasta hoy. – anunció.
Y supe que estas dos palabras y noche que teníamos por delante volverían a marcar un nuevo inicio en nuestra particular historia.
Esta sería una de esas noches que lo cambiaria todo.
Un escalofrío me recorrió.
-Edward… Me estás confundiendo. – logré decir después que todo mi cuerpo volviera a recuperar su ritmo normal de funcionamiento. La intensidad que emanaba Edward me lo estaba poniendo realmente difícil.
-Lo sé y no quiero más malos entendidos entre nosotros. Creo que llevamos demasiado tiempo jugando a algo que se nos ha escapado de las manos. Ambos lo sabemos. – me dijo suavemente como si no quisiera romper la calma que nos rodeaba.
-Yo… no… - murmuré sin saber qué quería decir. No daba crédito a lo que Edward me estaba diciendo.
¿Lo estaba entendiendo bien o era mi mente que volvía a ver intenciones dónde no las había?
Estaba casi segura que Edward no hablaba ni platónicamente ni mucho menos de la maldita amistad con la que me había atosigado durante tanto tiempo. Sin ser una experta estaba segura que Edward no miraba así a sus amigas. O eso esperaba…
-Shhhh- cortó mi tartamudeo posando un dedo sobre mis labios aprovechando el gesto para acariciarlos tan delicadamente que parecía que se fueran a romper. – Regálanos esta noche y después si tienes fuerzas para seguir negando lo evidente te dejaré hacerlo. – prometió con tanta seguridad en él mismo que si no fuera tan irresistible le hubiese tirado algo a la cabeza para noquear a su ego.
Asentí con la cabeza.
Estaba tan nerviosa por el giro que había dado, no sólo el día de hoy, sino mi vida en cuestión de unos minutos que no estaba segura de poder articular una frase con la misma dignidad con la que lo estaba haciendo Edward.
-¿No vas a decir nada? – preguntó con una sonrisa de lado que no ayudaba a poner en marcha mis capacidades lingüísticas. Edward obviamente sabía de ese poder. El condenado lo llevaba usando como arma de seducción desde que le quitaron la ortodoncia.
Tomé una respiración profunda obligándome a ser una adulta de veintinueve años y no una adolescente en su primera cita.
-Me has dicho que te dé una oportunidad, eso estoy haciendo… - comencé a decir haciendo que de los ojos verdes de Edward saltaran chispas. Le encantaba un desafío. –Pero pienso ser muy crítica con lo que sea que tengas en mente. No te lo voy a poner fácil, Cullen– acabé arrugando mis hombros como si no estuviera más emocionada que un niño en vísperas de navidad.
-Me sirve. – sentenció dejando un beso en la comisura de mis labios.
Negaría ante cualquier jurado que mi cuerpo se estiró un poco más de lo necesario intentando alargar el momento pero Edward fue más rápido y se apartó.
Tenía una sonrisa pretenciosa en el rostro.
¡Se había dado cuenta el muy maldito!
-Vamos – dijo tendiéndome su mano para que la cogiera.
Lo hice sin dudar.
Fuera lo que fuera que Edward tuviera en mente no se lo iba a tirar por tierra. Me había pedido una oportunidad y era lo que iba a darle.
Había soñado toda mi vida con este momento y después de todo lo que había sentido hoy no se lo iba a negar.
-¡Un momento! – exclamé entendiendo todo de golpe. Tiré de su mano para que no continuara caminando. –
Edward se giró observándome atentamente.
-¿Tu actitud durante todo el día tiene algo que ver con esto? – le pregunté encajando todas las piezas del puzle en mi mente.
Edward nunca, jamás se había comportado conmigo así en la empresa. Con tanta distancia y desinterés hacia mí.
-No sé de qué me hablas. – negó mientras volvía a darse la vuelta para tirar de mí para salir del apartamento.
-Sé que todo ese rollo de ignorarme durante todo el día era parte de tu plan… - le dije mientras le seguía hasta el ascensor.
-¿Yo te he ignorado? – preguntó haciéndose el desentendido.
Conocía ese tono. Estaba jugando conmigo.
-Sí y he de añadir que en algunos momentos de manera bastante desagradable. – enfaticé mientras su mano me empujaba ligeramente para que entrara al ascensor. Al parecer Edward tenía un plan que pensaba cumplir aunque tuviera que arrastrarme mientras me quejaba.
- Vaya… Lo siento. – contestó sin mucho arrepentimiento mientras me aprisionaba con su cuerpo. - ¿Cuándo ha sido eso exactamente? – preguntó acercándose a mi lentamente. Parecía un león que acababa de apresar a un cervatillo.
-Podría elegir cualquier momento desde que te has marchado del apartamento sin decir nada hasta que hemos acabado la reunión con Walker o pasando por el momento en el que me has desautorizado delante de todo el equipo… - dije liberando un poco de la rabia que había sentido hervir durante todo el día dentro de mí.
-Me he marchado porque nos han llamado urgentemente y quería que descansaras un poco más… - me contestó acercándose peligrosamente a mí. Cogí aire mientras asentí ordenando a mis piernas que fueran fuertes y se aguantaran. – No te he dicho nada durante la reunión porque créeme, también tengo mi orgullo, y estaba digiriendo lo que me provocó verte en brazos de Aro anoche… - continuó mientras me acariciaba mi cuello con su dedo. Me dieron ganas de olvidarme de todo y saltar encima de él.
-¿Qué te provocó? – pregunté centrándome en lo importante. Estaba dando a entender tantas cosas pero no decía nada claramente.
-Y lo de desautorizarte no fue mi intención. Me di cuenta de cómo sonó una vez mis palabras ya estaban fuera de mi boca. – ignoró mi pregunta justo antes que llegáramos a nuestro destino y las puertas del ascensor se abrieran.
Edward se apartó lentamente, como si no quisiera hacerlo, dejándome pasar.
-Si las puertas se abren automáticamente no te puedes anotar el tanto. – repliqué recuperando la normalidad aludiendo a nuestra particular broma.
-Lo que tú digas, Bella… lo que tú digas. – contestó divertido siguiéndome.
Cuando llegamos a la calle me paré en seco.
-¿Dónde vamos? – le pregunté esperando que esta vez no me ignorara.
-¿Qué gracia tendría si te lo dijera? – me retó mientras volvía a coger mi mano haciéndome temblar.
Me asusté.
No sabía a qué estaba jugando Edward pero tenía miedo que para él fuera simplemente eso. Un juego. Yo estaba arriesgando mucho más que él.
Aprovechando nuestra unión tiré de él parando su marcha.
-No juegues conmigo Edward. Por favor. – le pedí negándome a fingir ser fuerte por más tiempo.
Edward pareció sorprendido por mis palabras.
-Bella nunca jugaría contigo. – declaró sincero mirándome tan profundamente que casi pude ver en su interior. – Déjame explicarme. Déjame demostrarte que eres importante para mí… Que siempre lo has sido pero nunca he sabido llegar a ti. – acabó con una sonrisa nerviosa que lo hacía irresistiblemente encantador.
Asentí intentando convencerme de todo lo que me estaba pasando. Que después de tantos años Edward finalmente reparaba en que existía.
A lo mejor solo tenía que pellizcarme fuerte para saber si esto era realidad u otro de mis sueños.
-Esta noche… Te prometo que responderé a todos esos interrogantes que corren por tu cabeza ahora mismo. – insistió apoyando su cabeza en la mía, sujetándome de la cintura cerca de él. – Déjate llevar, prometo que siempre cuidaré de ti…- me dijo antes de besar en mi mejilla ansiando por más.
-No te atrevas a romper tu palabra. – le amenacé arrancándole una sonrisa.
-Vamos. No te arrepentirás. – dijo tirando de mi hasta un taxi.
-¿Dónde vamos? – volví a preguntar una vez estuvimos sentados.
Edward ya había contratado el servicio así que no le dijo nada que me permitiera deducir dónde narices íbamos.
-Eres muy impaciente señorita Swan. – me contestó pasando un brazo por detrás de mi acomodándose para mirarme de nueva de esa manera tan suya. Tan nuestra.
Me volvía a mirar como si fuera lo más interesante que se había cruzado en su camino.
-¡Es tu culpa! – le acusé volviendo a recuperar la cordura. – Podrías estar secuestrándome y yo siguiéndote como si no pasara nada. – quizás estaba pasándome de dramática pero no me gustaban las sorpresas.
El factor sorpresa estaba sobrevalorado. Era de las que prefería saber a qué me enfrentaba en vez de dejar nada en manos de los demás. Aunque esas manos fueran las de Edward.
-¿Confías en mí, Bella? – preguntó mientras su mano dejaba caricias distraídas en mi hombro.
Sus ojos verdes estaban clavados en mí y aunque podía parecer una pregunta simple e inocente sabía que escondía mucho más detrás.
-Yo…Yo… - boqueé intentando ganar tiempo.
-Es una pregunta sencilla. – insistió clavando su mirada en mí.
Era mi criptonita y tenía la ligera sospecha que Edward comenzaba a ser conocedor de ese poder.
-No es una respuesta sencilla. – contesté sincera. – No para mí. – me revolví incomoda. Me acerqué un poco más a Edwardpara que me pudiera sentir aunque susurrara. No pretendía que nuestro discreto taxista fuera consciente de mis miedos. – No me he permitido confiar en mucha gente… - admití.
Edward asintió agradecido. Sabía que estaba contento porque me atreviera a compartir con él igual que lo había hecho en las otras ocasiones en las que había confiado en él. Siempre había estado a mi lado. Sosteniéndome.
-No te arrepentirás. – me dijo seguro. – ¡Hemos llegado! – anunció animado bajando del taxi para abrir mi puerta y sostener, de nuevo, mi mano.
Comenzaba a temer que nunca me la devolviera.
-Edward… ¿De veras? – pregunté al ver dónde nos encontrábamos. Todo tuvo sentido de repente.
Estábamos en el muelle de dónde zarpaba en famoso y concurrido ferry hasta Staten Island.
-Soy un hombre de palabra. – se defendió divertido mientras volvía a tirar de mi para que camináramos juntos.
Solté una carcajada y fue un instante casi mágico porque todos mis nervios se fueron con ella.
-¿Eres un romántico Edward? – pregunté divertida justo antes que él me atrajera a sus brazos y nos dejara abrazados en medio de la multitud que se agolpaba para subirse al turístico ferry.
Si cualquiera me hubiera explicado el plan de Edward hace un año le hubiera tildado de loco. Edward Cullen no era de esas personas que se limitaban a seguir multitudes. Quizás si el plan incluyera una lancha privada, me hubiera costado menos creerlo. Era divertido y sorprendente y a la vez un gran aliciente descubrir qué más escondía este desconocido tan familiar que me tenía cobijada en sus brazos.
-Te dejaré descubrirlo por ti misma… - me contestó suavemente destilando seguridad.
-Por supuesto… al fin y al cabo siempre estamos haciendo lo que tú quieres… - dije un poco impaciente.
Edward me estaba haciendo esperar demasiado para regalarme algo que llevaba casi toda mi vida esperando. Ahora que lo tenía entre mis manos no podía esperar.
-Ohhh…. – una sonrisa de medio lado se instaló en la cara de Edward. ¡Maldito! – Podría discutirte eso durante toda la noche… pero digamos que te dejo ganar… ¿Eso es un problema? – continuó divertido moviendo nuestros cuerpos más cerca.
- Lo es cuando lo que haces es confundirme…. – gruñí sin mucho aplomo… Su esencia y su mirada hacían trizas mis resoluciones.
-¿Te confundo? – repreguntó interesado.
Rodeé los ojos.
-Quizás debería hacer yo lo mismo para que tomes de tu propia medicina. – rebatí sabiendo que conseguiría darle la vuelta a mis palabras. Edward tenía ganado este partido antes de que comenzara y yo solo intentaba salir lo más victoriosa posible.
-Confúndeme entonces Bella… - me retó con tanta intensidad me avergoncé de estar en público.
Quería besarlo.
Era una tontería negarlo más.
Necesitaba besar a Edward casi tanto como respirar.
-¿Vamos? – le dije intentando salir de este estado en el que me estaba envolviendo.
-Vamos, pequeña escapista. –acordó con una sonrisa dirigiéndonos al muelle.
Subimos entre todos los turistas que nos miraban extraño por nuestros atuendos. Supongo que los tacones y vestidos no era lo más cómodo para ir a hacer turismo.
Me senté en un sitio para que me diera la brisa, cualquier vehículo que flotara en el agua no era mi amigo.
-¿Estás bien? – me preguntó Edward algo preocupado.
-Mientras siga dándome el aire estará todo controlado. – le tranquilicé. – ¿Me explicas algo así me olvido de las náuseas? – le pedí aprovechando su asentimiento para colarme entre sus brazos y apoyarme en ese rincón tan especial de su pecho.
-¿Algo que te interese en particular? – me preguntó dejando caricias distraídas en mis brazos.
En esos instantes aguantándome las ganas de levantar mi cabeza y besarle me acordé de algo que ni tan siquiera estaba segura si era realidad o un sueño.
-Anoche… - comencé a decir infundiéndome valor respirando hondo. Escuché a Edward soplar. – Quiero decir… No sé hasta qué punto son fiables mis recuerdos… pero… yo… bueno, tú dijiste que no volvería a olvidar un beso tuyo. – logré decir sin ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
-Aja. – murmuró sin añadir nada más.
-Y... ¿No tienes nada más que decir? – pregunté levantándome de su pecho para mirarle fijamente y que supiera que estaba esperando una respuesta.
-Eres realmente curiosa. – Apuntó divertido. –
-¡Edward! – le reclamé harta de que volviera a jugar conmigo. Los turistas estaban agolpados mirando las vistas de la estatua de la libertad dándonos toda la intimidad a la que podíamos aspirar en este ferry.
-Me besaste, sí. Un verano. Tenías diecisiete años y volvías de una fiesta en la Push. Habías bebido y yo estaba más enfadado de lo normal con el gilipollas de Jacob Black por dejarte beber tanto. Te reclamé y tú a mí… no era algo nuevo, desde luego, pero de repente tu mirada cambió y me besaste. – me explicó.
Intenté buscar entre mis recuerdos pero no encontré nada de lo que me estaba contando Edward.
-¿No lo recuerdas verdad? – añadió sin resentimiento. Simplemente estaba relatando un hecho del que no tenía ninguna duda.
-No. – admití riendo con él.
No podía creer cómo podía haber borrado semejante recuerdo. Seguramente había sido uno de los momentos culminantes de mi vida amorosa, ¡Y mi mente lo había borrado! Era tan injusto que recordara cada una de las veces que me había dado de bruces contra el suelo pero en cambio no pudiera recuperar en el único instante en el que fui lo suficientemente valiente como para besar a Edward.
-Veo que me va a tocar ser el romántico de los dos. – dijo dramáticamente.
Y aunque seguramente sus palabras no eran tan trascendentes como a mí me habían sonado tenía la sensación que Edward anhelaba esto casi tanto como yo.
Un nuevo Edward de Bella.
Un nuevo nosotros.
-También sigo esperando que me expliques lo de Jessica. – me aventuré aprovechando su buen humor.
Me sonrió de medio lado acercándonos más aún, si es que era posible.
-Podría decirte que dejé a Jessica porque no era quien yo creía, pero la realidad es que desde que te tuve en mis brazos el día de la tormenta has vuelto mi mundo al revés, Isabella Swan. – declaró emocionándome. No podía creerme que esto estuviera pasándome a mí. –
Esta vez no lo dudé y alcé mi cabeza para observarle.
Necesitaba ver dentro de mi particular criptonita para saber que no me estaba engañando.
-Me dijiste que te habías tomado un tiempo…. – puntualicé nerviosa por el giro que había dado este inocente viaje.
En otra ocasión me habría dispuesto a darle algún que otro codazo a algún turista deseoso de quitarme el sitio para hacerse la mejor foto con ciudad de fondo pero ahora solo deseaba estar a solas con Edward.
-A Jessica le está costando asimilar nuestra ruptura… - explicó frunciendo su gesto. – Me pidió un tiempo para pensarlo… Fui sincero con ella y le dije que para mí era una decisión firme, pero pensé que si las vacaciones le servían para digerirlo mejor no me costaba mucho hacer el gesto… - me explicó serio. Sabía que no me estaba engañando. Conocía demasiado bien a Edward para saber que no le gustaban las mentiras pero, además, su semblante no dejaba lugar a dudas. – Ni todo el tiempo del mundo va a hacer cambiar mi decisión. – reafirmó tirando de mí para acortar la distancia que había puesto entre nosotros.
-Dudo que ella piense lo mismo. – murmuré anotando mentalmente que a partir de nuestra vuelta a la empresa lo mejor sería coger siempre el ascensor privado para evitar sobresaltos o encuentros no deseados.
-No volverá a reclamarte nada. – aseguró Edward. Esta vez fue él quien me separó para mirarme a los ojos. – Cuando me enteré de lo que te hizo ese día en el ascensor fue la primera vez que discutimos…
-No te sientas obligado a contarme nada… - le interrumpí.
-Quiero hacerlo. No más secretos. – me dijo seguro acariciando mi cara. – Discutimos. Fue el primer aviso de que algo estaba realmente mal con ella. Que había cambiado, que los celos la habían transformado en otra persona. Le dije que no le veía sentido a continuar la relación pero ella me convenció para continuar juntos, dijo que era algo puntual que no se volvería a repetir. – me explicó sorprendiéndome. – En resumen, no solo se continuó repitiendo sino que fue más intenso y frecuente. -
Suspiré sabiendo que Jessica iba a ser un problema. Unas semanas de vacaciones no eran suficientes para olvidar a Edward y mucho menos después de la manera en la que se había aferrado en cuanto notó que su relación hacía aguas. Pero debía confiar en la seguridad que destilaban las palabras de Edward, al fin y al cabo era su relación y era él quien debía acabarla como quisiera.
Fuimos tranquilos hasta Staten Isand, disfrutando de la paz que daba saber que algo que tanto has deseado finalmente está a punto de cumplirse.
Seguía abrazada a Edward. No me había querido marchar de mi pequeño sitio en su pecho y él no me había soltado así que me aproveché. De vez en cuando escuchaba la leve risa de Edward que miraba entretenido como la gente se hacía fotos en poses imposibles con la Estatua de la Libertad de fondo.
-¿Dónde vamos? – pregunté cuando al bajar del ferry conseguimos apartarnos del gentío.
Edward no había soltado mi mano. La apretaba firme como si temiera que me fuera a escurrir de su lado si bajaba la guardia.
-Sigue siendo una sorpresa por mucho que insistas. – me contestó divertido por hacerme esperar aún más.
-Algún día tomaré la revancha. – le amenacé.
-Ya te he dicho que puedes confundirme todo lo que quieras. – me dijo en una clara invitación a todos menos a hacer bondad.
-Haré que te arrepientas de tus palabras, Señor Pretencioso. – le advertí acercándome a su cara para quedar tan cerca que nuestros alientos se entremezclaban. – Acabarás rogando, Edward Cullen. – añadí armándome de valor para rozar sus labios sin llegar a besarlos. Con una fuerza de voluntad que no sabía que tenía desvié mi trayectoria hasta posar un suave y largo beso en la comisura de sus labios.
Por primera vez en mi vida noté como Edward tomaba aire nervioso a causa de mi efecto.
-Aprovechando que parece que estamos en un momento de confesión, tengo una duda. – dije algo divertida esperando que el efecto sorpresa jugara de mi parte.
-Pregunta. – me apremió confiado.
-Alice dijo… - comencé alargando mis palabras mientras volvíamos a caminar dirección a no sé dónde.
-Desde el día que mi hermana comenzó a hablar esas palabras nunca me han augurado nada bueno. – bromeó aprovechando el clima distendido para pasar su brazo alrededor de mis hombros y acercarme a su lado.
Era definitivamente diferente.
Era definitivamente maravilloso.
-Idiota. – defendí a mi amiga aprovechando nuestra cercanía para darle un manotazo en su pecho que solo provocó una estrambótica risotada en Edward.
-Sabes que no miento, pero continúa. – respondió besando el tope de mi cabeza.
-Alice dijo…- volví a comenzar intentando parecer molesta por la interrupción pero Edward no le dio ni la menor importancia. – dijo que no se explicaba cómo había sido capaz de creerme lo del apartamento. – acabé.
-¿Eso dijo? – volvió a preguntar, obviamente evadiendo la mía.
-Creo que usó la palabra patraña, pero sí, esa era la esencia. – añadí advirtiéndole que no iba a salirse con la suya.
Era como si, igual que las verdades de nuestra relación comenzaban a aparecer después de llevar escondidas durante años, mi mente comenzara a despertar, trayendo a mi mente recuerdos pasados clamando ser interpretados nuevamente.
¿Tan ciega había llegado a ser? Yo que siempre había culpado a Edward de no darse cuenta de mis sentimientos.
-Sabía que no se iba a quedar callada. – gruñó devolviéndome a la realidad.
-Edward…- llamé su atención urgiéndole una respuesta. – Mi pregunta. – insistí.
-Digamos que lo del apartamento fue una pequeña mentira piadosa. – admitió finalmente.
-¿¡Cómo?! – respondí separándome de él y parándome de golpe, obligando a Edward a hacer lo mismo.
-Llevabas semanas ignorándome. – comenzó a explicarse sin rastro de arrepentimiento en su cara. – Aprovechaste tus vacaciones para intentar eliminar todo lo que habíamos construido – explicó dejándome claro que había sido consciente de mis intenciones desde el principio. - Sabía que si reservaba en un hotel te esconderías en tu habitación y volverías a evitarme, así que forcé un poco la situación.
-¡Eres un caradura! – exclamé sorprendida sin estar segura si era por su capacidad para mentir o por mi incredibilidad.
-Déjame apuntar que yo sólo quería compartir espacio, fuiste tú quien lo llevó al siguiente nivel metiéndose en mi cama. – añadió Edward.
¡Encima se burlaba de mí!
-Manipulas la información. ¡Yo no me metí en tu cama! Tú fuiste un egoísta incapaz de renunciar a una habitación que habías escogido injustamente aprovechando que llegaste antes. – respondí apuntándolo con el dedo.
-Alguno de los dos tenía que tomar cartas en el asunto y decidí ser yo. – me cortó cogiendo mi dedo índice para acercarme a él hasta que me tubo firmemente abrazada.
Nos miramos en silencio haciéndome olvidar hasta mi nombre. Mi cuerpo estaba en llamas. Ardía de ganas de besar a Edward de probar esos labios que una vez fueron míos y era incapaz de recordar.
Edward se acercó a mí lentamente.
Acariciando la línea de mi mandíbula con sus labios hasta llegar a mis labios, posando los suyos suavemente contra los míos.
Cerré los ojos intentando soportar todo lo que sentía.
-No puedo resistirlo más. – confesó Edward soltando un suspiro.
De repente sentí sus suaves labios sobre los míos, haciendo que todas las terminaciones de mi cuerpo despertaran por la descarga eléctrica que me traspasó de pies a cabeza dejándome casi al borde de la conmoción. Sentía la sangre de mi cuerpo correr a toda velocidad impulsada por los latidos acelerados de mi loco corazón que palpitaba tan rápido que estaba segura Edward podría sentirlo a través de nuestra ropa.
Las manos de Edward se movieron a ambos lados de mi cara para mantenerme cerca. Poco a poco la presión de los labios de Edward fue haciéndose más demandante y, sin dudarlo ni un segundo, abrí mi boca para permitirle profundizar nuestro beso. En cuanto nuestras lenguas comenzaron una danza al unísono tuve que agárrame fuertemente a la espalda de Edward. Temía que mis piernas dejaran de aguantarme.
No quería separarme pero necesitaba respirar. Edward lo hizo por mí, no sin antes dejar pequeños besos cual mariposa por todo mi rostro para finalmente apoyar su frente en la mía.
-No sabes el tiempo que llevaba esperando esto. – declaró haciendo que mi cuerpo temblara, no solo por su beso sino por algo mucho más poderoso. Sus sentimientos hacia mí.
-Créeme que no eres el único. – confesé cerrando los ojos recreando nuestro beso en mi mente.
En su cara bailaba la misma sonrisa que había en la mía.
-No digas nada, Bella. – me pidió Edward acariciando mis labios con delicadeza después de un cómodo silencio. – Solo sígueme, creo que estamos llegando. – dijo entrelazando nuestras manos para continuar nuestra marcha.
-¿Por qué? – pregunté ignorando sus palabras. Si en algo era experta era en desobedecer a Edward.
-¿Porqué qué? – repreguntó mientras miraba brevemente su teléfono para comprobar que íbamos por el camino correcto.
-Porque, de repente, ese interés en mí. –aclare con miedo a su respuesta.
-¿Te has propuesto boicotear nuestra noche? – preguntó algo ofuscado. Estás empeñada en tener conversaciones importantes en lugares completamente intrascendentes. – se quejó como un niño pequeño al que le arruinan su fin de semana en Disneyland.
-Estoy más interesada en tu respuesta que en el lugar. – insistí con mi mejor sonrisa.
-Está bien. – sorpresivamente Edward cedió. – Pero después iremos a cenar y no volverás a preguntar nada importante hasta que tengamos, como mínimo, el primer plato delante. ¿Trato? – negoció conmigo como lo haría con nuestros mayores competidores.
Debería tomármelo enserio.
-Trato. – prometí.
-No creo que sea cierto que mi interés haya sido repentino, siempre he estado pendiente de ti, aunque fuera en la distancia. – comenzó a explicar. – Pero quizás fue el día de mi cumpleaños cuando entendí que lo que sentía por ti no era amistad. Fue ese día el que decidí no engañarme durante más tiempo. – dijo acariciando mi brazo distraído en sus pensamientos.
-¿Qué fue lo que hizo darte cuenta? – pregunté sin poder evitarlo. Necesitaba saber todo de él.
-Supongo que el terror que sentí al ver cómo te desmayabas o que fuera Emmet quien te cuidara mientras yo me sentía retenido en mi propia fiesta de cumpleaños o, quizás, que todo me daba absolutamente igual porque la noche anterior ya había celebrado mi día cómo y con quién deseaba. – declaró Edward estremeciéndome con su declaración.
No podía creer que todo esto estuviera sucediendo.
A penas me estaba recuperando de su beso cuando volvía a desarmarme con sus palabras. Unas palabras que había deseado escuchar durante toda mi vida y ahora, finalmente, se hacía realidad.
Tenía ganas de pellizcarme para asegurarme que no estaba soñando.
-Guau… - murmuré incapaz de formar nada con sentido.
-Exacto, Bella. Guau. Eso es lo más suave que pienso cada vez que te veo. – admitió susurrando en mi oído. – Y ahora te toca cumplir tu promesa. Vamos pequeña. – me dijo cariñosamente justo antes de besarme rápida pero suavemente.
Me estremecí.
Aproveché para caminar en silencio. Si comenzaba a hablar seguramente le acribillaría con las cientos de preguntas que se acoplaban en mis labios dispuestos a salir en cuanto tuvieran la oportunidad de ser respondidas.
Caminamos juntos, acostumbrándome a ir de la mano con Edward por la calle. A que me besara o me acariciara distraídamente con la normalidad que envuelve a cualquier pareja.
Por mi cabeza pasaban a toda velocidad todos los momentos que había malinterpretado cualquier reacción de Edward. Durante años.
¿Cuántas veces habría confundido la actitud de Edward?
¿Tan ciega había sido?
¿Le habría pasado a él lo mismo que a mí?
Sentí una ligera presión en mi mano.
Era Edward llamando mi atención.
Alcé mi vista para ver una pequeña y antigua casa con preciosas flores adornando el porche delantero y en sus ventanas.
Era preciosa. Más parecido a una descripción de una novela de ensueño que no a la realidad.
Miré a Edward expectante pero él, con su característica confianza, solo me guiñó un ojo.
-Vamos. – me animó tirando de mi mano.
Entramos dentro y hasta que no estuvimos en el interior no descubrí que se trataba de un pequeño, pero extremadamente acogedor y bellísimo, restaurante.
El restaurante, que más que un negocio parecía una pequeña y hogareña casa. Estaba iluminado con cálidas luces y velas que le daban un toque romántico e íntimo.
-Edward, es precioso. – admiré la sencillez y elegancia del lugar, preguntándome cómo lo habría encontrado.
-He podido notar tu peculiar gusto a la hora de escoger restaurantes y éste es extremadamente famoso por su comida casera y su pastel de manzana. –me explicó Edward haciendo que algo en mi interior se encendiera por ese gesto tan considerado.
Se había dado cuenta sin que yo le dijera nada.
Aunque Charlie me había dado todo, siempre me he sentido fuera de lugar en los locales más elitistas de Seattle. Sabía que muchas personas que se movían en los más altos círculos de la sociedad no me creían digna de esos lugares, así que prefería moverme en otros. Me sentía mejor entre gente que no me miraba por encima del hombro.
Edward volvió a captar mi atención con una suave caricia en mi mano.
-Pareces distraída. –dijo con algo de preocupación en sus ojos.
-Intento encontrar algo que no me sorprenda o me guste de esta noche… y no me lo pones fácil, Cullen. Todo apunta a que has planeado una gran velada. – le concedí intentando que toda preocupación le abandonara.
Una sonrisa de lado apareció en su perfecto rostro devolviéndome la paz en mi interior.
-No lo encontraras. – aseguró acercándose lo suficiente para volver a posar un rápido beso en mis labios.
Era la segunda vez que lo hacía y seguía sorprendiéndome cada vez que lo sentía cerca de mí.
-Espero que te acostumbres porque ni puedo ni pienso dejar de besarte. – me advirtió pagadamente Edward como si fuera capaz de leer mi mente.
- Cuanta confianza Cullen… - bromeé con él a la vez que escuchaba a alguien aclararse la garganta haciéndose notar con una vergonzosa tos.
Un hombre de unos sesenta años nos esperaba sonriente. Tenía canas en su pelo y arrugas en su rostro que denotaban el paso del tiempo pero estaba segura eran testigos de mil historias.
Había algo en él que me recordaba a mi padre.
Y como llevaba pasando desde hace un tiempo, el recuerdo de Charlie no me puso triste. Quizás estaba sanando. Había conseguido colocar el recuerdo de mi padre en un lugar en mi corazón que me diera fuerza y no lágrimas y tristeza.
-Buenas noches. Bienvenidos a Lily's heart. Mi nombre es Daniel y junto a mi esposa Lilian les atendremos durante su estancia. - se presentó.
Por sus palabras deducía que el plan de Edward involucraba algo más que una cena.
-Mi nombre es Edward Cullen y ella es Isabella Swan. - contestó Edward posando un brazo en mi cintura.
-Hacen una linda pareja. - añadió Daniel haciéndonos sonreír tanto a Edward y a mí. - Acompáñeme. – nos indicó amablemente.
No había muchos comensales, aunque el lugar tampoco era excesivamente grande como para albergar a una gran multitud. Era un lugar realmente íntimo.
Lo seguimos hasta una mesa impecablemente servida. Teníamos un lugar muy privado. Supongo que Edward no había dejado nada al azar. Me preguntaba cuando había sacado el tiempo para hacerlo.
-Es realmente precioso. - admiré después que Daniel se alejara tras dejarnos nuestros menús en el que se podían leer platos típicos de la cocina inglesa y americana. Esos platos que están en todas las casas.
-Es un lugar muy especial. –concluyó. - Podremos hablar tranquilamente de todo lo que aún no hemos hecho. - me dijo Edward tomando mi mano entre la suya para dejar un beso en ella.
-Creo que he preguntado bastante por el momento... - le dije intentando disfrutar de este momento un poco más aparentando ser una pareja normal en su primera cita. Sin toda la historia que arrastrábamos.
-Como quieras... Por ahora.- me respondió con una sonrisa de medio lado. Siempre había tenido la curiosidad por saber qué pasaba por su mente cuando ese gesto adornaba su cara.
Pedimos nuestra comida dejándonos aconsejar por Daniel.
-¿Cómo has encontrado este lugar? - pregunté rompiendo mi propia regla.
-Anoche tuve mucho tiempo libre. - Edward había mudado ligeramente el gesto pero seguía de buen humor.
Tragué en silencio mi trozo de pescado al horno. No estaba muy segura de añadir nada y cambiar su humor a peor.
- Cuando te vi llegar en los brazos de Aro supe que no podía continuar así. No quiero que mi silencio nos lleve a un lugar del que no podamos salir. Quiero ser sincero contigo y darnos una oportunidad. Dar una oportunidad a todo lo que me haces sentir. - declaró Edward dejándome sin palabras.
Mi mano tembló ligeramente obligándome a dejar mis cubiertos antes de que acabaran en el suelo.
-Deberías dejar de hablar así o tendrás que llevarme al hospital. – bromeé con él dándole un trago a la copa de mi vino blanco.
-Así que no te soy tan indiferente, señorita Swan, ¿eh? – preguntó y aunque parecía confiado noté un tamborileo de sus dedos sobre la mesa, signo que había algo que escapaba de su control.
-Como si alguna vez le hubieras sido indiferente a alguien. – coincidí haciéndolo sufrir un poco más.
-Veo que me va a costar obtener alguna declaración por tu parte… Está bien, tengo paciencia y tú no tienes tanta fuerza de voluntad. – dijo pagado de él mismo.
Quizás era por la seguridad que emanaban sus palabras que habían despertado mi espíritu rebelde o quizás esta burbuja de verdad que nos envolvía que impulsaron mis palabras.
-No sé si es el mejor momento para decirte esto… pero Aro ayer me ofreció un trabajo en su editorial. – dije cogiendo aire.
El gesto de Edward se contrajo arrepintiéndome al instante de mi arrebato.
-Explícame ahora mismo por qué ese imbécil va a ofrecer trabajo a la directora general de Swan's… - gruñó apretando sus puños.
-Relájate o no te contaré nada. – le pedí antes de continuar. –
-Estoy muy relajado. – me interrumpió.
Alcé mis cejas dejando claro que no me creía sus palabras.
-Lo estaré cuando me expliques qué narices pasó para que ese snob pensara que ibas a dejar la empresa. – murmuró. –
Daniel volvió a interrumpirnos para traer nuestro segundo plato dejándole a Edward unos preciosos segundos para tomar aire.
-No sé lo que pasa por la mente de la gente… - intenté enfriar el tema que yo misma había empezado.
-Bella…- me advirtió.
-Quizás estuve hablando con él sobre algunas cosillas y lo ofreció como vía de escape. – dije como excusa.
-¿Algunas cosas? – preguntó de repente interesado. Al parecer su enfado se había esfumado.
Tan volátil como siempre.
-Ya sabes… de aquí de allí… - dije sin saber cómo escapar de mi propia trampa.
-Teniendo en cuenta que saliste huyendo esa noche puedo imaginar cuales fueron esas cosas. – añadió confiado. –
-¿Entonces por qué preguntas? – le dije enfadada conmigo misma. Conocía lo suficiente a Edward para haber caído tan fácilmente.
-Porque me parece curioso que hables de mí con un idiota que quiere meterse en tus pantalones y, en cambio, yo tenga que arrancarte las palabras una a una. – se quejó caprichosamente con un mohín que lo hacía parecerse extrañamente a Alice.
-¿Y qué es eso que tanto quieres saber? Te concedo ese deseo. – dije nerviosa pero decidida a ser yo quien le confesara algo finalmente.
-Está bien…- contestó de nuevo avispado por el nuevo reto que se acababa de abrir delante de sus propios ojos. Sabía que jugaba con fuego, Edward no desaprovechaba nunca una oportunidad. – Si es así, dime cuanto tengo que esperar. – dijo finalmente.
-¿Esperar? – pregunté confundida.
-Sí – afirmó acercándose un poco más a mí cogiendo mi mano de nuevo. – Para escuchar de tus dulces labios que te estás enamorando de mí tanto como yo de ti. – acabó dejándome sin respiración.
Si no supiera que era físicamente imposible, hubiera jurado que estaba a punto de explotar de felicidad.
.
[**]
.
NA:
Finalmente aquí tenemos la primera parte de la cita. CON BESO INCLUIDO. En mi mente y en el esquema de la historia era mucho más larga pero temía que acabara siendo un capitulo demasiado largo así que lo he dividido en dos partes.
La primera parte de explicaciones y confesiones entre Edward y Bella y como veis ambos tiene muchas ganas de hablar…. Y de besarse….
Espero que os haya gustado mucho. Ha sido un capitulo muy difícil para mí debido a mis circunstancias personales, y no descarto que sufra alguna modificación pero no quería haceros esperar mucho más de lo que ya lo habéis hecho.
NO OS PUEDO DECIR EXACTAMENTE CUANDO SERÁ LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN porque estoy escribiendo semana a semana (no tengo capítulos extra guardados) y además como os he dicho todo anda un poco loco a nivel familiar. Os aseguro que no dejaré el Fic, iré actualizando en cuanto tenga los capítulos listos. Es lo único que os puedo asegurar ahora mismo.
Mil perdones por el retraso.
Nos leemos en el próximo,
Muchos saludos ;)
