DAENERYS

Dany jamás podría olvidar el momento en el que Ser Jaime Lannister se arrodilló ante ella y le juró lealtad. Tras él lo hicieron también Jon, Tyrion e incluso Bran. Era algo difícil de creer. Había pasado de ser la niña que se escondía detrás de Ned Stark a la rebelde que se levantaba en armas para reclamar el Trono de Hierro. En los días posteriores a su elección como líder de la rebelión, no dejaron de salir mensajeros en dirección a todas las aldeas, pueblos y castillos de los Siete Reinos. Todo el mundo debía saber que Invernalia se había levantado en armas contra Desembarco del Rey y que Jaime Lannister estaba de su lado. Rápida fue la respuesta de Tywin Lannister, amenazando con su afamado ''cabeza, picas, murallas''. Pero esa no fue la réplica del Valle de Arryn, el cual ya no estaba regentado por Lysa Arryn, recientemente fallecida, sino por su hijo Robyn Arryn, ayudado por Petyr Baelish. Estos acordaron enviar emisarios. Por otro lado, no hubo respuesta alguna de Dorne ni de Bastión de Tormentas, donde ahora gobernaba Stannis Baratheon y que también reclamaba el trono. Pero sin duda lo más emotivo había sido su coronación, no ya como reina en el Norte, como Robb, sino de los Siete Reinos, reina de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres. Una reina sin corona, había dicho Tyrion. Y en efecto, no tenía corona, al menos en ese momento. Pero ese momento llegaría, estaba segura. Sabía que llegaría el día en el que sería coronada reina en el Trono de Hierro, portando la corona de los antiguos reyes Targaryen.

Pero para que ese momento llegase, aún quedaba mucho, y era consciente de que aún tenía mucho que aprender. Con el paso de las semanas, Dany fue ganando confianza. Siempre le había costado mirar fijamente a los desconocidos que se dirigían a ella y acostumbraba a hablar en voz muy baja. Pero en esos días había cambiado. Ya no era una niña asustada, era Daenerys Targaryen, y todo el mundo debía verlo. Recibió muchas visitas, la mayoría de aldeanos que llegaban para verla con sus propios ojos. Llegaron también caballeros a jurar lealtad a la reina Targaryen. Quizá la más destacada visita llegó de Essos. Un mercader llamado Ilyrio Mopatis, que trajo para ella tres enormes huevos llenos de escamas que, según él, eran de dragón.

Lo cierto es que, pese a estar petrificados, aún desprendían calor. Daenerys pasó largas horas observándolos, imaginando las grandes bestias que podían estar descansando ahí dentro. Y más horas aún pasó con Jaime. Sabía que Bran y Jon estaban molestos con ello, ambos desconfiaban del Lannister y trataban de impedir que se viesen mucho durante el día. Pero nadie podía evitar que las noches fuesen solo para ellos dos.

Y así, junto a Jaime, despertó Daenerys en una de las frías mañanas previas al invierno. A su lado descansaba el Lannister, boca abajo, con las mantas enredadas en sus largas piernas y la cara semienterrada en las almohadas. Acarició suavemente el cuerpo del hombre, sus brazos, su torso, su pecho- Es un guerrero- Pensó. Los músculos fuertes y definidos y las manos ásperas por el roce del cuero de la espada lo delataban. Una mujer normal con gusto se pasaría la vida tocando a Jaime, examinando cada centímetro de su cuerpo. Renunciaria a todo si me lo pidiera- pensó Dany. Pero no se lo había pedido, ni se lo pediría nunca. - A él no le importa que ahora sea la reina dragón- Se dijo. Él lo dejó todo por mi cuando solo era una fugitiva, y seguirá conmigo siempre.

Se acercó a él y le besó suavemente.

Dany...- Dijo el Lannister rodando hacia ella con los ojos abiertos. Ese era uno de sus talentos, se despertaba de golpe, como haría un león.

Está amaneciendo- Intervino la joven dulcemente- Hay muchas cosas que hacer-

Jaime no tardó ni dos segundos en saltar ágilmente de la cama para comenzar a vestirse

¿Dónde vas tan rápido?- Preguntó ella.

Tengo que seguir preparando a las tropas. Mi padre es un genio militar, no será fácil vencerle. Tal vez debería pedir ayuda a vuestro Bran, tiene un talento para la guerra sin precedentes-

Dany le tiró una almohada.

¡Deja a Bran en paz!- Exclamó.

Como ordene mi reina- Respondió Jaime en tono burlesco- ¿Qué hará mi noble señora?-

Lo mismo que todas las mañanas. ¿Por qué no vienes conmigo? Será menos aburrido-

Nada haría más feliz a este caballero- Dijo el Lannister sin abandonar su tono divertido.

Daenerys le tiró otra almohada.

¡Deja de reírte de mi!- Exclamó la joven entre risas.

Jaime terminó de vestirse y, tras despedirse de la joven con un tierno beso, salió de la habitación. Dany se quedó entre las sábanas arrugadas, abrazándose las rodillas. Tenía que pasar todo el día siendo reina, así que quería aprovechar los momentos en los que podía comportarse como una más. Desayunó leche, con un pedazo de pan y un poco de queso. Tras esto, se puso uno de sus vestidos largos y bajó a la sala.

La aglomeración de personas resultaba abrumadora. Gran parte de los presentes sólo había acudido para ver a la reina Targaryen, para comprobar que efectivamente aquella chica de ojos violeta era la hija de Aerys. Había también campesinos que acudían a ella para denunciar a su vecino porque les había robado. Otros solicitaban ayuda con el ganado, pedían que se empedrasen caminos o incluso jóvenes valerosos que querían alistarse en el ejército. Dany intentaba ser siempre justa, también flexible, pero sin perder autoridad. Sabía como había sido su padre, por lo que ella no pensaba desviarse ni lo más mínimo del camino de la cordura.

Poco antes del mediodía, Jaime se incorporó a las audiencias. Su presencia allí sin duda amenizaba las interminables entrevistas. Por todos era conocida su facilidad de palabra, habilidad que compartida con su hermano Tyrion, que también les acompañaba. Todo se desarrolló sin sobresaltos hasta que, estando muy avanzada la mañana, un anciano que vestía un abrigo de color oscuro y que ocultaba su cabeza con una capucha llegó a los pies del trono.

Bienvenido mi buen señor- Pronunció Daenerys- ¿A quien tengo el honor de conocer?-

El honor es mío, alteza- Dijo el anciano, que se quitó la capucha.

Debía tener más de sesenta años, a juzgar por el color de su cabello y las arrugas de su rostro. Pese a ello, era alto y gallardo, de hombros anchos pero de delgada figura. Su rostro le resultaba de algún modo familiar. En cuanto lo vio, Jaime dio un paso adelante, nervioso.

¿Qué pasa, Jaime?- Le preguntó en voz baja- ¿Le conoces?-

Alteza, este hombre es Ser Barristan Selmy, Lord Comandante de la Guardia Real de Robert Baratheon... Mi Lord Comandante-

Daenerys se revolvió incómoda en el trono. Sirvió a Robert, el hombre que arrebató el Trono a mi padre... El hombre que sin duda me habría asesinado

¿Qué hacéis aquí?- Preguntó con voz regia- ¿Por qué aceptásteis servir a Robert para después venir hasta mi? Decidme toda la verdad-

Estoy aquí para seviros, si me aceptáis- Respondió el anciano- Acepté el perdón de Robert, serví en su Guardia Real y en su consejo y quizá ahora serviría a Tommen Baratheon si su malvado hermano no me hubiese expulsado. Alteza, cuando me despojaron de mi capa blanca creí que mi destino era marcharme al exilio y esperar que llegase mi hora. Pero cuando llegó a mis oídos que en Invernalia habían coronado a Daenerys Targaryen, supe que mi destino era morir por vos-

¿Y por qué debería confiar en vos?- Volvió a preguntar Daenerys- Esta sería la tercera vez que cambiaríais vuestra capa, ¿quien me dice que no lo haréis una cuarta vez?-

Alteza, conozco bien a Ser Barristan- Intervino Jaime- Es uno de los mejores caballeros que he conocido y fue un honor servir bajo su mando-

Lamento no poder decir lo mismo, Matarreyes-

Los ojos de ser Barristan resplandecieron reflejando un profundo desprecio hacia el Lannister.

El hombre a quien llamáis Matarreyes es mi más leal consejero y amigo- El fuego volvió a arder en el interior de Daenerys.

Si me permitís dar mi opinión- Intervino entonces Tyrion- Os diría que Ser Barristan luchó por vuestro padre hasta el final, pese a su más que evidente locura y aún sabiendo que la guerra estaba perdida no rompió su juramento-

Para después arrodillarse ante Robert ¿Por qué debería aceptarlo?-

Alteza- Dijo Ser Barristan con voz tranquila- Robert era... Un buen caballero, fuerte y valiente. Me perdonó la vida en el Tridente. En cambio, vuestro padre era...

Sé lo que era mi padre- Le interrumpió Daenerys- Seguís sin responder a mi pregunta. ¿Por qué debería aceptaros?-

Porque os serviré fielmente hasta el fin de mis días, daré mi vida por vos si es necesario-

Dany no respondió. El anciano le inspiraba confianza, parecía un hombre honorable. Había escuchado a Ned hablar muy bien de Ser Barristan el Bravo. Pero también era cierto que sirvió a Robert Baratheon. Además, era evidente que despreciaba a Jaime. Y ella no soportaba que alguien despreciase de ese modo a su amado.

Dany- Le susurró Jaime al oído- Debes aceptarle. Confía en mi-

La joven miró al Lannister a los ojos. Y no necesitó nada más.

De acuerdo- Dijo finalmente- Arrodillaros y prestad juramento-

Ser Barristan hincó una rodilla en el suelo, con la espada en la mano y recitó el tradicional juramento. Tras ello, el anciano caballero se retiró de la sala con paso decidido ya honrado con el título de espada juramentada de la reina Targaryen. Daenerys decidió que no otorgaría más audiencias hasta la tarde. Jaime salió del salón para continuar organizando las tropas y ella se retiró a almorzar con Tyrion a una sala más pequeña, más fácil de mantener caliente. En cuanto les vieron entrar, les sirvieron un plato de guiso de ternera y una jarra de vino.

Habladme de Ser Barristan- Dijo en cuanto se hubieron sentado.

¿Qué puedo decir de Ser abuelo que no se haya dicho ya. Un hombre recto y honorable, excelente espadachín y...

Todo eso ya lo sé- Le interrumpió Dany- Contadme cosas de él que no sepa. Vos lo conocéis, ¿No?-

Debo admitir que no he hablado mucho con él. Los caballeros justos y honorables no suelen ofrecer una conversación interesante-

Algo podréis contarme espero...-

Puedo contaros como fue el día que le despojaron de su capa blanca, si os interesa- Dijo Tyrion mirando a Daenerys con sus ojos dispares- Bien, fue hace unos meses, después de la muerte de Robert. Mi hermana decidió que el tiempo de Ser Barristan había pasado y que no podía defender a su hijo tan bien como lo haría un hombre grande y fuerte como Sandor Clegane. Así es ella, siempre tan pragmática. Selmy se enfadó y salió del salón tirando la espada al suelo y Cersei envió dos hombres tras él para arrestarle. Aparecieron muertos a los pocos minutos-

Curioso resumen el vuestro- Rio Dany- ¿Eso es todo? ¿No tenéis nada más que contarme?-

Queréis saber por qué Jaime os ha pedido que lo aceptéis, ¿Verdad?-

Veo que no es posible ocultaros nada-

Daenerys pensaba realmente que era imposible mentir al enano. Cuando miraba con esos ojos saltones y descolocados parecía ser capaz de ver todo lo que una persona ocultaba.

Eso me dice todo el mundo- Tyrion sonrió- Decidme alteza, ¿Que créeis vos?-

¿Yo?- Preguntó la joven sorprendida- No sé, quizá sea porque le admira o porque no se sintió bien sustituyéndole en la Guardia Real. O a lo mejor es solo por su habilidad...-

O quizá sea por todo eso a la vez-

¿Vos que pensáis Tyrion?- Preguntó de nuevo Dany.

Pienso que vuestras sugerencias son muy válidas- El Lannister volvió a sonreir.

Daenerys soltó un bufido y se resignó a no obtener una conclusión satisfactoria. Tyrion era igual que su hermano. Siempre tenían respuesta para todo. Terminaron de comer y, aunque sin muchas ganas, volvieron al salón, donde se reunieron con Jaime, para atender el resto de las audiencias del día. Y no tuvieron que esperar para atender una realmente interesante.

Nada más abrirse las grandes puertas entraron con paso decidido una joven de pelo castaño rojizo muy hermosa y un hombre menudo y delgado, que lucía una barbita puntiaguda, vestido con el azul de la casa Arryn. Un escalofrío le subió por la espalda.

¡Sansa!- Exclamo Dany.

Las dos se tomaron un instante para asimilar la sorpresa hasta que, pasados unos segundos, corrieron a abrazarse. Daenerys notó como la joven temblaba entre sus brazos.

¿Tú...? ¿Cómo...?- No sabía que decir- ¿Estás bien?-

Sí... Ahora sí- Acertó a pronunciar Sansa- Yo... Me equivoqué en todo...-

No te preocupes. Ahora estás a salvo- Respondió abrazándola más fuerte, sorprendiéndose así misma por su madurez.

No, Dany... Tú no sabes lo que hice- Sansa parecía a punto de echarse a llorar- Yo traicioné a mi padre... Fue por mi culpa-

No importa lo que haya pasado. Lo que importa es que estamos todos aqui-

Daenerys se separó un poco para mirar los azules ojos de Sansa, vidriosos por las lágrimas.

Están aquí. Jon y Bran. ¿Por qué no vas a verlos?- Dany buscó con la mirada al maestre Luwin, que estaba escuchándolo todo- ¿Podéis acompañarla?-

El anciano maestre asintió, acercándose a Sansa para abrazarla también y acompañarla hacia las escaleras de la Gran Torre. Tyrion hizo también el intento de saludar a la joven, pero rectificó rápidamente. Dany volvió a sentarse en el Trono, dirigiendo entonces su atención hacia el hombre que aguardaba su turno. No lo conocía, pero a juzgar por el gesto de Jaime y Tyrion, ellos sí que sabían quien era.

Disculpad que no os haya atendido antes- Dijo al fin Daenerys- ¿Podéis decirme vuestro nombre, mi señor?-

Me llamo Petyr Baelish, alteza- Hizo una reverencia- Lord Tyrion, Ser Jaime- Petyr también se inclinó ante ellos.

Lord Jaime- Le corrigió Daenerys.

Disculpad mi torpeza, alteza- Lord Baelish sonrió- La costumbre...-

Os veo muy elegante, mi señor- Dijo Tyrion dando un paso adelante-

Me ofendéis. Procuro estar siempre elegante-

Lo sé- Replicó de nuevo Tyrion- Tan solo es que me ha llamado la atención que luzcáis ya los colores de la Casa Arryn-

Los llevo en honor de mi difunta esposa, Lady Lisa. Aún le guardo el luto-

No sabéis cuanto lo siento- Tyrion hizo una falsa mueca de cortesía-

No era difícil darse cuenta de la evidente desconfianza de Tyrion hacia Lord Baelish.

Contáis con mi gratitud por habernos devuelto sana y salva a Lady Sansa- Intervino Daenerys-

Semejante muestra de honor merece una recompensa sin duda- Dijo Jaime con su habitual sarcasmo, mostrando así también su desconfianza.

Sólo he cumplido con mi deber- Respondió Lord Petyr, mirando al Lannister con un gesto rebosante de astucia- Y debéis saber alteza que podéis contar con mi lealtad y con la de los caballeros del Valle en vuestra lucha-

Sois muy bienvenido en ese caso, mi señor- Dijo Daenerys deseando terminar la convesación- Haré que os preparen alojamiento-

Lord Baelish dio un paso atrás y dedicó a Dany una profunda reverencia antes de marcharse. En cuanto abandonó la sala Tyrion se puso frente a ella.

No podemos confiar en Meñique- Dijo el Lannister- Es la última persona en la que se puede confiar-

Lo sé- Respondió Daenerys- He aprendido a desconfiar de los hombres que parecen astutos-

Él lo es- Intervino Jaime- Cuando hables con él cuenta sus palabras por mentiras-

Tendré cuidado. De todos modos estamos en el mismo bando. No tiene motivos para conspirar contra nosotros. ¿Por qué iba a hacerlo?-

¿Por qué caga un oso en el bosque?- Respondió Tyrion- Porque está en su naturaleza. A Meñique le cuesta lo mismo mentir que respirar-

Tendremos tiempo para ocuparnos de todo eso- La joven se puso en pie- He tenido bastante política por hoy-

Daenerys estaba cansada. Solo tenía ganas de retirarse a sus aposentos para ver a Sansa y, sobre todo, para quedarse a solas con Jaime. Lo tenía muy claro. Puede que los días no pudiesen pasarlos juntos, pero las noches siempre serían para ellos dos...