Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree solo me adjudico la traducción.
Disfrútenlo.
Día 22
Decir que había dormido mal sería quedarse corto.
Apenas Edward me dio la noticia de que todos sabían sobre nuestra relación, no supe cómo reaccionar. Creí que solo podía estar bromeando y quería molestarme, como era su costumbre; solo que no, esta vez era en serio.
Le pregunté sobre qué es lo que podíamos hacer: ¿Negarlo todo o simplemente ignorarlo? Edward solo me respondió que deberíamos dormir y dejarlo para mañana, que pensar en eso hoy no traería ninguna buena solución. Con eso, él se enroscó a mi cuerpo y se durmió en solo unos segundos.
Quisiera dormir con esa facilidad, pero mi mente no parecía dejar que mi cuerpo se relajara, cada vez que miraba a Edward, recordaba que ahora todos sabían de nuestra relación. ¿Qué estarían diciendo las personas? ¿Será que aún estaban con la maldita idea de que fui yo quien separó a Edward y Tanya? ¿O quizá creen que estoy en busca de estatus social? ¿De fama? ¿De dinero? Ah, si supieran que, para mí, esas son las cosas más difíciles de aceptar.
A Jessica, por el modo que Edward había reaccionado a su llamada de anoche, no le había gustado ni un poco saber que los dos estábamos juntos y, mucho menos, de la repercusión que eso iba a tener. ¿Ella tenía envidia o simplemente no le gustaba ver a los otros felices? ¿Realmente existían las personas así?
Dejé por último el pensar en algo que me preocupaba más que todo lo anterior: mi trabajo. Sabía que el hecho de estar de novia con Edward sería considerado altamente no profesional, ¿pero era motivo suficiente para que me despidieran? En el caso que ellos lo hicieran, ¿qué haría de mi vida? Siempre me enorgullecí de haber conseguido todas mis cosas con mi dinero, de tener un buen espacio en la revista… ¿encontrar el amor significaba perder todas las otras cosas?
—¿Dormiste? —Edward preguntó a mi lado, con la voz ronca de sueño.
—Casi nada —admití.
—No te preocupes —dijo, atrayéndome más cerca de su cuerpo y enterrando su nariz en mi cabello.
—No puedo no preocuparme, las cosas no parecen buenas y aún no me dices qué piensas de todo esto. No puedo simplemente ignorar el hecho de que todos están juzgándome en este momento.
—Bienvenida a Hollywood.
—Estoy hablando en serio, Edward.
—Lo sé —dijo, levantando la cabeza y mirándome a los ojos—. Sé también que estás preocupándote demasiado sin al menos saber lo que está pasando allá afuera. Si quieres saber lo que pienso, te digo, pero no te va a gustar.
—¿Cómo sabes que no me va a gustar?
—Porque anoche, cuando me preguntaste lo que deberíamos hacer, me diste dos opciones: negarlo o ignorarlo. Lo que yo quiero es asumirlo. Ya es suficiente de escondernos, no tenemos por qué escondernos si todo el mundo ya sabe.
—¿Y mi empleo?
—¿Hay algo en tu contrato diciendo que no puedes relacionarte con los famosos?
—No, pero no necesitas ser un genio y tampoco leerlo en una hoja de papel para saber que eso está totalmente fuera de ser profesional.
—Bella, todo es imprevisible. El artículo que estás escribiendo tendrá, ahora, una repercusión mucho mayor que antes. ¿No crees que después de todo esto van a querer saber por tu propia boca o por la mía lo que pasó de verdad en estos días que estuvimos juntos? Esta va a ser su oportunidad. ¿Quién sabe si incluso te ascienden?
—Es muy fácil para ti ver las cosas por ese lado, no es como si tuvieses algo que perder.
—Disculpa, ¿qué?
—Lo escuchaste. No me digas que crees que estoy equivocada.
—Lo estás, Bella, buena parte de mi éxito, queriendo admitirlo o no, es por causa de mi imagen. ¿Crees que, si de repente ellos tergiversan mi imagen de manera negativa, las cosas permanecerán las mismas? Estoy con un CD en el horno, listo para ser juzgado por las críticas, fans que tienen esperanza de que esté relacionándome con su cantante pop favorita. Las cosas pueden ser difíciles para ti, estoy de acuerdo, pero tampoco pienses que será fácil para mí —dijo él, exhalando fuerte y girándose en la cama—. Y aún con todo eso, quiero aceptar que estamos juntos. ¿Estás con miedo de solo perder el empleo? Porque, sinceramente, a veces me parece que no quieres aceptarlo solo para no tener que pertenecer a mi mundo.
—Obvio que no es eso.
—¿Estás segura? —indagó, levantándose de la cama y caminando hacia el baño, dejándome sola.
Eso solo me dejó más frustrada. Era obvio que no quería posponer el anuncio de nuestra relación para ganar más tiempo como anónima. Ya ni siquiera lo era, pues últimamente parecía que a todas las revistas les gustaba citar mi nombre.
Escuché el ruido de la ducha siendo encendida y el agua cayendo en el azulejo. Edward estaba bañándose. Salí del cuarto y entré al baño, irritada porque él creyera que podía desconfiar de mí y haber cerrado nuestra conversación sin al menos escuchar lo que tenía para decir.
—Solo tengo miedo de lo que va a pasar de aquí en adelante. No puedo perder mi empleo y no quiero perderte tampoco —hablé, sintiendo a mi corazón apretado, la angustia invadiéndome.
—Ven aquí —habló, abriendo la puerta de la regadera.
Me saqué la camiseta que cubría mi cuerpo y la puse encima del lavamanos, en seguida entrando bajo el chorro caliente de agua que caía dentro de la ducha. Edward puso los brazos alrededor de mí y me abrazó con fuerza.
—Disculpa —dijo él.
—Discúlpame también —hablé—. Lo aceptaremos, si es lo que quieres. No tengo miedo de lo que dirán de mí, aceptándolo o no, ya están chismoseando de todas maneras.
—Quiero aceptarlo si lo quieres también, no solo porque quieras agradarme después de una discusión.
—Me siento insegura con todo esto, Edward, creo que lo mejor sería no hablar sobre eso por ahora.
—¿Qué tal si nos informamos primero de qué es lo que están hablando? Después veremos qué es lo mejor que debemos hacer.
—Ok.
Bajamos a desayunar, Zaza ya estaba en casa, y apenas nos vio, estaba segura que había leído, por lo menos, una noticia sobre nosotros dos.
—¿Están hablando muy mal de mí? —indagué con una risa nerviosa.
—Ellos no saben de lo que hablan, niña —dijo Zaza—. ¿Qué pasó realmente? ¿Qué fotos son esas?
—¿Fotos? —pregunté.
No tenía idea de lo que ella estaba hablando. Entonces, de repente, me di cuenta de que todo ese tiempo que estábamos lidiando con el hecho de que el mundo entero sabía de mi romance con Edward, jamás pasó por mi mente el cómo habían descubierto sobre nosotros.
—Hay fotos de ustedes en todas las revistas, abrazados e intercambiando miradas. Creí que estaban intentando ser discretos con todo esto —dijo ella.
—¿Tienes alguna ahí? —pregunté.
—Garrapata, ¿para qué vas a ver eso? Toma ese consejo de mí, es mejor no saberlo.
—Quiero ver lo que están especulando. Zaza, ¿la tienes?
—Un momento —dijo reacia, pero regresando en seguida con una revista en manos.
—"La traición de Edward Cullen" —leí en voz alta la portada de "Gossip"
—Mierdas, como siempre —dijo Edward, sentándose a la mesa—. No leas eso, Garrapata. Vamos a comer en paz.
—Son las fotos de anoche, cuando estábamos en la pista de baile. Llegaste y pusiste los brazos alrededor de mi cintura y yo giré el rostro para hablar contigo. Parece que nos vamos a besar. Fue de ahí que sacaron esa conclusión —hablé, mostrándole las fotos a Edward.
—Me imaginé algo del tipo cuando Jessica me llamó anoche, pero no necesitas leer esas porquerías. Todo lo que escriben ahí es probablemente algo amarillista para vender revistas.
—"Edward Cullen realmente es un boom entre las mujeres. El cantante de 23 años no consigue contenerse en la fiesta del lanzamiento del CD "Joey Daddy In Da House" de Joey Gee, 22 años; y cuando estaba en la pista de baile puso sus brazos posesivamente alrededor de la periodista Isabella Swan, 26 años. Hace algunos días ya corrían rumores de que el astro había terminado su relación con la cantante Tanya Denali, 18 años, para estar con la morena, pero todo solo fue confirmado después de estas fotos. ¿Será que Edward no aguantó el hecho que Tanya quisiera permanecer virgen hasta el matrimonio? ¿O será que Edward Cullen quería, de verdad, una mujer más madura?"
—Garrapata, de verdad, tira eso —dijo él, quitándome la revista de las manos.
—¿Por qué tienen que inventar algo totalmente fuera de la realidad? —Cuestioné, perpleja con todo lo que estaba escrito.
—Porque eso es lo que vende. Vamos a desayunar y después conversamos sobre eso, ¿ok?
Cediendo a su petición, me senté en la silla y coloqué un plato con solo una tostada, no tenía apetito alguno. Edward me observaba a cada mordida que daba, probablemente dándose cuenta de toda la tensión que irradiaba de mi cuerpo.
Zaza también estaba quieta, pero sentía que ella quería decir algo, solo era cuestión de tener oportunidad de estar a solas conmigo.
Cuando terminé mi comida, pedí permiso de la mesa y subí a mi cuarto, con el intento de agarrar mi notebook. No sé lo que pasaba conmigo, pero era como si quisiera leer cada palabra que estaban diciendo de mí.
En un día cualquiera, la primer cosa que haría sería entrar a mi e-mail, pero hoy, me atrapé digitando mi nombre y el de Edward en Google. Las noticias eran tantas que no sabía que cliquear primero.
Los headlines eran tan ficticios que por un momento me cuestioné si esos periodistas creían que estaban escribiendo un guion de una novela mexicana adicionando, siempre que podían, una pisca de drama.
"Dividido entre dos mujeres", "Isabella Swan: la periodista que acabó con un cuento de hadas" y "¿El nuevo Drangeline?" eran algunas de las noticias que aparecían. Cliqueé en la última y leí el cuerpo del artículo.
Hace algunos años, los fans de Drad Pytt y Rachel Aniston, fueron tomados por sorpresa al leer que sus artistas favoritos habían acordado el divorcio y que el bello astro Hollywoodense ya estaba con otra. Angeline Belle, con quien había coincidido en la película Sr. & Sra. Jones, era la nueva mujer de su vida.
Hoy, la historia pasa una vez más en Hollywood. Edward Cullen, uno de los mayores fenómenos musicales de los últimos años, mantenía una relación con la cantante pop querida de América, Tanya Denali, pero con la llegada de la periodista Bella Swan a su casa para escribir el artículo Celebridad del Mes, perteneciente a la revista "Crepúsculo", todo se fue por el caño. Anoche, en le fiesta de lanzamiento del CD de Joey Gee, "Joey Daddy in Da House", la pareja no pudo esconder su fuego y fueron atrapados por los fotógrafos, intercambiando abrazos y palabras de amor.
"No podían parar de tocarse e intercambiar besos. Todo el mundo puede ver cuán enamorados están. Tanya definitivamente no tiene más oportunidades con el cantante." Contó una de las meseras que estaban en la fiesta.
¿Cómo van a resolverse las cosas? Nosotros no sabemos. El escándalo Drangeline fue grande, pero con el pasar del tiempo la pareja logró ganar simpatía del público. ¿Será que Beward logra lo mismo?
Manténganse pendientes de nuestro sitio. Estamos siempre con alguna noticia fresquísima para ustedes.
Perfecto. Ahora, aparentemente, nos llamábamos Beward y estábamos siendo comparados con Drangeline.
En seguida entré en un foro de un sitio de fans de Edward —al cual me había registrado antes incluso de comenzar a vivir con él. El tema que estaba en lo más alto, con varias publicaciones y visualizaciones, contenía mi nombre.
Publicado por EdwardIsMine a las 02:04 am
¿Miraron los chismes de que Edward traicionó a Tanya con la periodista que está con él? Sinceramente nunca me gustó Tanya y debo admitir que estuve hasta feliz con las noticias de que la relación de los dos no funcionó, ¿pero ahora se consigue otra? Ese sinceramente no es el Edward que conozco. Espero que sea todo mentira.
…
Publicado por TanyaRocks a las 02:06 am
Hola, EdwardIsMine, ¿cómo puedes estar feliz con el término de una relación de alguien? Tanya y Edward eran P-E-R-F-E-C-T-O-S juntos. Solo siendo ciega no puedes ver eso. ¿Y quién crees que es la mejor novia para él? ¿Tú? ¡Despierta! Edward hizo una estupidez. Apuesto que todo eso es porque Tanya quiere mantenerse pura hasta el día de su matrimonio. La periodista debe haber sido una fácil y dormido con él la primera noche.
…
Publicado por Iamazing a las 02:07 am
Ay, chicas, déjenlo hacer lo que él quiera con su vida. Ni siquiera debe haber traicionado a Tanya, siempre negó la relación.
…
Publicado por MaryCullen a las 02:07 am
No me importa que él esté de novio con otra persona, pero esa mujer no parece ser la mejor para él. Además, ella tiene VEINTISEIS AÑOS, es mucho mayor que él, ¡de verdad! Deberían acusarla de pedofilia jaja
…
Publicado por EdwardIsMine a las 02:08 am
TanyaRocks, eres quien debe despertar. ¿Crees que Tanya aún es virgen? ¡Idiota!
Leyendo lo que esas chicas hablaban me daba ganas de reír y al mismo tiempo llorar. Hablaban como si estuvieran seguras de lo que pasaba con Edward, cuando la verdad no tenían ni idea.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Edward.
—Nada —hablé, cerrando el notebook inmediatamente.
—Si fuera cualquier día, bromearía preguntándote si estabas viendo pornografía, pero sospecho muy bien lo que estabas haciendo —dijo él, sentándose a mi lado y abriendo la pantalla del computador.
—No puedo controlarme.
—¿Estás en un sitio de fans? Garrapata…
—Ellas me odian —hablé, sosteniendo el llanto.
—Para de tonterías, Garrapata, no tienen idea de lo que están hablando. Infelizmente, todo lo que ellas escuchan sobre esto viene de las revistas. Mira esta de aquí, ella dice que eres muy bonita y que parecíamos felices en las fotos que salieron —dijo él, apuntando para una publicación.
—Una en un millón —refunfuñé.
—Cuando aclaremos esto, estoy seguro que las cosas van a cambiar.
—Quisiera tener un cachito de tu optimismo.
Edward se quedó todo el tiempo intentando asegurarme que las cosas mejorarían, pero infelizmente sus palabras no parecían ser suficientes para cesar la angustia que crecía a cada momento en mi pecho.
Sugirió entonces que llamara a mi jefe de la revista y buscara saber cómo estaba la situación por mi lado, antes que comenzara a crecer mi paranoia. Seguí su consejo, pero apenas encendí mi celular, diversos mensajes aparecieron en la pantalla.
¿Qué fotos son esas? ~ Ang
…
Las fotos ya se filtraron. ¿Cuándo sale la sextape? ~ Jake.
…
Broma. ¿Está todo bien? Sé que están inventándose muchos chismes. Llámame. ~ Jake.
…
Isabella, Alec desea tener una reunión contigo apenas termine el artículo de Edward. ~ Jeff
…
Como sé que eres un poco paranoica, no te preocupes antes de tiempo. ~ Jeff
…
Juro que es el último mensaje. ¿Es verdad? ¿Están juntos? ~ Jeff
—¡Él va a despedirme! —hablé, mostrándole el mensaje a Edward en el que Jeff, mi superior, me contaba que Alec quería conversar conmigo.
—¡Para de sufrir anticipadamente, Garrapata! Además, la idea de ese artículo es tuya, no pueden despedirte y continuar haciendo algo que fue creado por ti.
—Pueden parar por completo con el artículo y tirarme a la calle.
—¿Por qué siempre piensas en la peor hipótesis?
—Porque si eso pasa, ya estoy más preparada —dije suspirando.
—Va a estar todo bien, Garrapata —habló, dándome un beso en la frente—. No vamos a crear problema donde no lo hay.
—No puedo evitarlo.
—Podrás, sí, vamos a quedarnos abrazaditos.
—No puedo distraerme.
—Claro que podrás. Vamos, cuéntame la historia de esa serie que tanto te gusta.
—¿Friends?
—Eso. Cuéntame, ¿quién es ese Chandler? —indagó.
—Es el marido de Mónica, pero calma, solo estuvieron juntos hasta la quinta temporada.
La táctica de Edward para distraerme había surtido efecto. Me emocioné tanto contándole cada temporada de la serie que cuando estaba llegando al final, Zafrina golpeó la puerta llamándonos para almorzar.
Me sentía más tranquila, pero cuando el interfono sonó después del almuerzo, toda mi calma se fue río abajo. Jessica entró a la casa con una mirada que, si matara, yo estaría hasta enterrada.
La asesora le pidió a Edward conversar y siguieron a la sala. En ningún momento hizo ganas de tenerme en cuenta verbalmente o incluso a Zafrina.
—Va a llenar la cabeza de mi niño —bufó Zafrina a mi lado, cuando terminamos de llevar todos los platos a la cocina—. No me gusta esa mujer, ya me cansé de decirle.
—Es capaz que ni ella se gusta a sí misma.
—¿Cómo estás, niña? —preguntó Zaza, pasando la mano por la mía.
—Tengo miedo de la repercusión que todo eso pueda tener. Y hay un lado mío que quisiera que a las personas les agradara. Nunca hice nada malo, ¿por qué tienen que juzgarme por algo que ni siquiera es verdad?
—Eso pasa no solo en ese mundo de la fama, Bella. ¿Cuántas veces una persona cualquiera no es juzgada de manera errada? O incluso, ¿cuánta gente no habla mal de un amigo a sus espaldas? La diferencia es que puedes leer todo lo que erróneamente piensan de ti en las portadas de las revistas. Pero eso pasa.
—Solo tengo un mal presentimiento, Zaza, sé que pueden ser cosas de mi cabeza, a veces tengo la tendencia de ser un poco paranoica y hasta exagerada, ¿pero sabes cuando sientes que todo estaba demasiado bien? Parece que algo malo está solo esperando por suceder.
—Yo llamaría a eso pesimismo —dijo ella, carcajeándose—. No dejes que esas cosas malas llenen tu mente. Sigue mi consejo, ya vi más que tú, niña.
—Edward quiere aceptar que estamos juntos —le conté.
—¿Es necesario?
—Aparentemente sí. Creo que quiere contar la verdad y cómo pasó todo —dije suspirando.
—¿Y cuál es el problema, niña? ¿No es eso lo que toda mujer sueña? ¿Un hombre que esté orgulloso de estar con ella?
—Quería que fuese solo nuestro. Tengo miedo de la repercusión de todo eso.
—Nena, se sincera contigo misma. Todo ya está teniendo una repercusión inmensa y ellos no han escuchado tu versión, que es la verdad. Alguna otra cosa debe estarte preocupando —habló, pasando las manos por mi espalda y en ese exacto momento me sentí como una niña temerosa, recibiendo apoyo de su abuela.
—¿Y si él cree que no vale la pena?
—Niña, no te preocupes por eso. ¿Por qué no le dices que tienes miedo de eso?
—No sirve, Zaza. Edward va a decir que estoy loca o cualquier cosa así. ¿Y si no les sigo agradando a la gente aún después de que contemos la verdad? ¿Si la carrera de Edward decae? ¿Será que me va a culpar por todo eso?
—Mi amor, escucha lo que te digo. No te preocupes por cosas que no pasarán. ¿Por qué los jóvenes tienen esas manías, por Dios? Cuando tenía tu edad también era así, a todo le sacaba problema. A veces tenemos que aceptar que las cosas funcionan y permanecerán así.
—Me siento tan insegura.
—¿Por qué?
—No lo sé. Creo que estoy un poco emocional porque cada día que me despierto pienso "solo tengo X días más con Edward"
—¿Y crees que Edward va a dejarte en paz cuando no estés viviendo aquí? Conozco a ese niño hace más de veinte años y puedo garantizarte que más insistente que él, no hay. Recuerdo que llegaba la noche, tenía solo cuatro años, Esme le había dicho que se cepillara los dientes y él venía después a la cocina a pedirme pastel. Se lo negaba y negaba, pero era en vano. El loco siempre salía de la cocina con un pastel en la mano.
—Anoche vi el video de su cumpleaños de 3 años. Era el niño más lindo del mundo.
—Era un niño hermoso. Hoy es un hombre hermoso. Apuesto que un día hará hermosos bebés —dijo, guiñándome un ojo.
—No tan pronto. Los bebés solo de aquí en mucho tiempo.
—¿Viste cómo quieres o tienes un lado optimista que imagina un futuro con él? En ningún momento dije que haría bebés contigo, pero tu mente automáticamente pensó en eso. Cuando tiene que funcionar, niña, no hay quién lo separe.
—¡Mírate, viniendo llena de trucos conmigo! —hablé, fingiendo estar perpleja, pero al ver la sonrisa que me dio, no pude dejar de retribuirle—. Gracias, Zaza.
—De nada, niña.
—Voy arriba a hacer unas llamadas, mis amigos están un poco curiosos con todo esto que está pasando y voy a explicarles lo que pasó. aprovechando que Edward está ocupado.
—Ve.
Caminé hacia el segundo piso y, distraída, sin querer me golpeé el pie en una silla del comedor.
—¡Mierda! —exclamé, agachándome para agarrarme el dedito e inspeccionar que daño había causado.
Agachada en el suelo, escuché la voz de Jessica y Edward viniendo de la sala.
—Escucha lo que te estoy diciendo, Edward, eso que quieres hacer es suicidio, a nadie le gusta esa niña. Además, estás tirando por el retrete una carrera perfecta. Quieres aceptar una relación que tiene fecha de vencimiento.
—Jessica, basta de decir eso…
—Solo piénsalo un poco mejor. Aplacé los dos programas que tenías que ir mañana y pasado. Seguro van a preguntarte si eso es verdad, y todo lo que te pido es que lo niegues.
—No voy a negar algo que es verdad.
—¡Dios mío, Edward! ¿No ves que todo eso va a acabar en ocho días? ¿Viste que esa mujer pasa un mes viviendo de casa en casa? Qué vas a hacer, ¿vivir junto a ella en la casa de otras personas? O mejor, ¿vas a decirle que deje el trabajo y venga a vivir contigo? Porque si es eso lo que pretendes hacer, puedes estar seguro que van a llamar a Isabella de puta para abajo.
—Ten respeto al hablar de ella —dijo Edward de manera furiosa.
—Solo estoy siendo sincera. Sabes que no es desde hoy que trabajo en este medio, tengo experiencia. Edward, lo que tienes que hacer ahora es decir que todo esto fue un error, que no tienes nada con Isabella y decir que estás con Tanya.
—Jessica…
—Escúchame, es la mejor cosa que puedes hacer en tu carrera. ¿Llegar aquí no es lo que siempre soñaste? No dejes que el éxito se escape de tus manos, Edward. Tanya es la mejor salida. No necesitas ser novio de ella, solo ilusionar a los otros con eso.
—Jessica, eso no es algo que yo haría.
—Pero en una situación riesgosa como esta, Edward, es lo que tienes que hacer si quieres realmente pertenecer a este mundo. Eso no es nada al lado de lo que mucha gente ya ha hecho por sobrevivir aquí. Piensa en eso, es todo lo que te pido. Si tu…
—Ok —lo escuché decir. Mi cuerpo se estremeció súbitamente, no podía creer que Edward había aceptado pensar en una propuesta de esas.
—¿Vas a pensarlo? Es lo mejor que puede pasar, Edward. Escucha lo que te digo, siempre quiero tu bien.
—¿Podemos cerrar esta reunión?
—Sí. Los programas fueron re marcados, tienes estos dos días para pensar. Recuerda eso.
—No lo olvidaré —dijo él.
Sabiendo que su conversación había terminado, me levanté del suelo y fui corriendo para el piso de arriba. Cuando entré en nuestro cuarto, mi corazón estaba disparado y mis piernas débiles. Edward no sería capaz de aceptar una cosa de esas. Quería mucho creer eso. Mi Edward no haría eso, no se vendería.
Como si el tiempo se hubiese detenido y me hubiera quedado perdida en mis pensamientos, fui súbitamente despertada de mis desvaríos por Edward, quien entro en el cuarto con una mirada curiosa.
—Te estaba buscando —dijo él—. Zaza me dijo que ibas a llamar a tus amigos. ¿Ya llamaste?
—No, lo olvidé. ¿Qué quería Jessica? —cuestioné.
—Remarcó unos programas de televisión que tenía que hacer. Tenemos unos días libres solo para nosotros —habló, colocando los brazos a mi alrededor y dándome un beso en el cuello.
—¿Solo eso? ¿Necesitaba venir hasta aquí si era eso lo que quería?
—Ah, también quería saber cuál era el origen de las fotos y todo lo demás.
—¿Y qué le dijiste?
—Que estamos juntos.
—¡Edward!
—¿Qué querías que hiciera, Bella? —preguntó, exhalando con fuerza—. Además, ni siquiera pareció sorprendida con que se lo dijera. Jessica ya sabía que estábamos juntos, estoy seguro.
—Podía saberlo, pero nunca lo escuchó de nuestra boca. No le gusto, Edward.
—Pero a mí me gustas.
—¿Fue solo eso lo que dijo? —indagué una vez más.
—Sí —dijo con firmeza.
¿Por qué diablos no quería contarme que Jessica le había sugerido que desmintiera todo y se juntara a Tanya? Estaba ahí y lo escuché, no podían ser locuras de mi cabeza.
—Tu frente se va a congelar de esa manera —habló, pasando la mano por mi ceño fruncido—. ¿Qué te preocupa tanto, Garrapata?
—Boberías. Al menos es lo que espero —dije, colocando mis brazos alrededor de él y rogando para que todo no pasara de ser una inseguridad boba mía.
—¿Qué tal si comemos fuera? —cuestionó.
—Por mi todo bien, ¿pero no crees que todo lo que menos necesitamos en el momento es llamar más la atención?
—Tengo una amiga que es chef y dueña de un restaurante no muy lejos de aquí. Estoy seguro que si le pido que nos prepare algo discreto para nosotros ahí, no vamos a llamar la atención de ningún paparazzi.
—No sé.
—Vamos, Garrapata.
—Si crees que vamos a pasar desapercibidos, está bien.
—Perfecto —dijo, dándome un beso en los labios.
Me haló a la cama y dejé que mi cuerpo se amoldara al de él, no queriendo que nada nos separara. Apretó unos botones en el control y la pantalla de proyección bajó del techo. El canal que estaba, coincidencialmente, pasaba un reportaje sobre nosotros.
—¡Polémica en los Ángeles! ¿Será que el famoso cantante Edward Cullen traicionó a Tanya Denali con la bella periodista Isabella Swan? ¡Más detalles sobre este triángulo amoroso después de comerciales! —decía el presentador.
Edward rápidamente cambió de canal, bufando a mi lado y prácticamente fusilándome con la mirada cuando le quité el control de la mano y regresé al canal que estaban chismeando sobre nosotros.
—¡Devuélveme el control, Garrapata! —dijo, intentando quitarme el control de la mano.
—No, quiero ver.
—¿Ver qué? Sabes tan bien como yo que todo lo que dirán es mentira. Acepta que van a estar creando rumores y vendiendo esas mentiras hasta que la gente se canse y busque algo nuevo, Garrapata. Trabajas en una revista, sabes cómo funcionan esas cosas.
—Saber cómo funcionan es totalmente diferente a sentirlo en la piel —hablé, aun negándome a devolverle el control.
—Dame el control, Garrapata, eso es masoquismo.
—Tal vez sea masoquista —hablé, y en lugar de hacer una broma, Edward se levantó de la cama y fue directo al baño.
No sé si su intención era hacer que me sintiera mal y apagara el proyector, pero fue exactamente lo que hice. Me quedé sentada esperando que regresara, pero nada que aparecía, no sabía si debía dejarlo solo o si quería que corriera tras el, entonces esperé tres minutos más. Con una uña completamente roída y el corazón apretado de miedo sobre lo que pudiera estar re pensando sobre nuestra relación, salí del cuarto y entré al baño.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté, viendo que estaba encendiendo una vela y colocándola al lado de la bañera que estaba llena de espuma.
—Si no te relajas, voy a enloquecer —dijo—. Estar de este lado del juego es nuevo para ti, pero he hecho de todo para no dejar que esto te consuma, y parece que todo lo que quieres es volver la situación peor de lo que ya está.
—Disculpa —fue la única cosa que logré decir antes de girarme y salir del baño.
—¿A dónde vas? —cuestionó.
—A mi cuarto —hablé, mirándolo.
—Esto es para ti —habló, apuntando a la bañera.
—¿Para mí?
—Sí. Alice dice que tomar un baño en la bañera relaja, y sé que se suponía que eran de esas velas aromáticas que desprenden olor a lavanda o cualquier porquería que sea, pero fue la única vela que encontré. Parece vela que encienden para los muertos en la iglesia, ¿cierto? Mierda, puedes apagarla —habló, soplando la llama de la vela.
—¿Preparaste un baño para mí? —pregunté, un poco sentimental con el gesto.
—Sí, no vas a llorar, ¿cierto? —preguntó asustado—. Solo le puse un poco de eso y encendí la llave, ni siquiera fue mucho.
—Gracias —hablé, poniendo mis brazos a su alrededor.
—De nada. ¿Qué tal si tomas un baño mientras llamo a esa conocida mía y ella puede reservar una mesa para nosotros dos?
—No —protesté, aun abrazándolo.
—¿Ya no quieres comer fuera?
—No es eso. Quiero que tomes el baño conmigo.
Se quedó conmigo en sus brazos hasta que el agua a nuestro alrededor arrugó nuestros cuerpos y se volviera demasiado congelante para que aguantásemos permanecer ahí por más tiempo.
Después del baño estaba sintiéndome más relajada e intentaba crearme menos problemas en la mente. Edward debía realmente estar sintiendo mi inseguridad con lo que estaba pasando en las últimas horas, ya que no se despegó de mi lado para nada.
Nos acostamos en la cama, mirando un canal que eligió él, y solo permanecimos hasta la hora que Edward había reservado la cena en el restaurante de su amiga.
—Félix ya está esperándonos abajo —habló, llevando un pantalón jean oscuro y una camisa verde musgo.
—Estamos combinando —hablé, sonriendo y viendo que estábamos con colores semejantes.
—Tu blusa es más verde que la mía. Mi verde es como popo de bebé y la tuya verde hierba.
—Esto se llama verde musgo —hablé, tocando su camisa.
—Verde musgo, verde popo, verde vómito de niña del exorcista… me entendiste lo que quise decir.
—Entendí —dije, soltando una risita.
Cuando bajamos al garaje, la expresión en la cara de Félix dejaba claro que alguna cosa iba mal.
—¿Qué pasó? —cuestionó Edward.
—Paparazis. Están afuera —dijo Félix.
—¿De verdad? —cuestionó Edward, estupefacto.
—Sí, son como mínimo cinco. Uno de ellos está en un carro. Si salimos van a intentar seguirnos.
—Mierda —dijo Edward, pasándose las manos por el rostro en señal de frustración—. Vamos igual.
—No es la mejor cosa para hacer, Edward —hablé, encontrando que eso realmente no era una buena idea.
—Los vidrios del caro son oscuros, no van a conseguir vernos bien y estoy seguro que apenas lleguemos al restaurante, tendremos total privacidad. No quiero que ellos me impidan vivir mi vida.
Como Félix había previsto, uno de los paparazzi que estaba en carro, realmente vino detrás de nosotros. Si ya no bastara todas las preguntas idiotas que hicieron cuando estábamos dejando la casa, aún teníamos que aguantar eso. No eran idiotas y sabían muy bien que Edward y yo estábamos dentro del carro, no teníamos ni como despistarlos. Eso no me gustaba ni un poco.
—¿Quieres regresar a casa? —preguntó Edward cuando estábamos casi llegando al restaurante.
—¿Me preguntas eso ahora? Ya estamos llegando, ¿verdad?
—Sí, pero puedo pedir la comida y llevarla a casa. Pareces paniqueada, no quiero forzarte a quedarte sentada en un lugar en el que probablemente vas a estar mirando a la ventana, viendo si alguien está detrás de nosotros, como estás haciéndolo ahora.
—Estoy mirando porque, de hecho, tenemos a alguien persiguiéndonos.
—Lo sé. ¿Quieres regresar a casa?
—Quiero —admití.
—Ok. Félix, ¿tienes cómo llegar ahí y decirle a Leah que quiero lo de siempre para llevar? Sabe lo que es. Pide una porción para dos y puedes elegir lo que quieras para ti.
Félix estacionó el carro en una calle que estaba cerca para los funcionarios del restaurante, donde los paparazzi no tenían acceso, Edward y yo permanecimos en el carro y mis ojos curiosos no se apartaban del retrovisor, siempre atentos y con miedo de que alguien pudiese acercarse.
Félix se tardó un poco más de treinta minutos para regresar con nuestra comida, y apenas puso nuestras comidas en el asiento del copiloto, ya estábamos fuera del lugar y de camino a casa.
Apenas fue posible avistar el portón de la casa, también logramos ver los flashes de las cámaras de los paparazzi viniendo en nuestra dirección.
—¿Entonces es verdad? ¿Realmente están juntos?
—¿Cómo queda Tanya en toda esta historia?
—¿Siempre te gustaron las mujeres mayores, Edward?
—¿Pretendes hablar públicamente sobre la relación?
El carro ya estaba parado dentro del garaje, pero era como si las voces de los paparazzi aún se hicieran eco en mi cabeza. Ahora mismo no nos darían tregua.
Edward paró en la cocina, solamente para agarrar unos cubiertos y en seguidas fuimos a nuestro cuarto.
—¿Prefieres comer en la cama o en el balcón?
—¡En la cama! —hablé, sentándome en el colchón.
Abrió el tarrito de icopor y mi boca automáticamente se llenó de saliva al sentir el olorcito a comida.
—Es macarrón con cuatro quesos. Parece de verdad simple, pero es el mejor macarrón que he comido en mi vida; y mira que he comido muchas pastas en esta vida. Leah no solo prepara la pasta, también los quesos.
—Siendo bueno o no, solo por el olor estoy salivando. Tengo altas expectativas.
—¿Comamos? —preguntó, dándome un tenedor.
—¿Vamos a compartir un plato? ¿No pediste dos? ¿Quieres replicar la escena de la dama y el vagabundo?
—Eran dos perros, ¿correcto? —indagó y asentí, indicándole que si—. Entonces podemos hacer la alteración del nombre por "la Garrapata y el Cachorro", pero no me incomoda que, así como ellos, me gane un beso por accidente.
Cuando el último macarrón estaba en el plato, Edward puso a un lado el espagueti, se lo metió en la boca y puso el otro extremo en la mía, pero infelizmente el juego no funcionaba porque comenzaba a reírme y el espagueti se caía de mi boca. En el segundo intento se rindió, comiéndose la pasta y después me atacó con besos.
—¿Con sueño? —cuestionó, después de bostezar por milésima vez.
—Aham, dormí mal.
—Vamos a cambiarnos de ropa y cepillarnos los dientes entonces.
Listos para dormir, nos acostamos en la cama, cara a cara. Mi pierna fue encima de su cadera y sus brazos protectoramente a mi alrededor.
—Buenas noches, Garrapata —dijo, dándome un beso en los labios y respondí con una urgencia mayor de la que él esperaba.
Mis manos fueron a su cabello y mi lengua hizo contacto con la suya, sintiendo su sabor. Mis labios no contentos besaron también su cuello, chupando su piel, lamiendo cada centímetro que podían alcanzar.
—Creí que tenías sueño —habló con un tono de risa—. No que esté reclamando.
—Te quiero a ti más que dormir —dije, colocando la mano dentro de su calzoncillo y acariciando su aún flácido miembro.
Me respondió asegurando mi rostro en sus manos y besándome suavemente. Empujé su ropa interior y él levantó su cadera, facilitando mi trabajo.
—Quítate la camisa —pidió y atendí pronto.
Edward besó mi cuello y en seguida tomó uno de mis pezones en su boca. Mi mano continuaba acariciando su miembro hasta el momento que lo sentí rígido en mi palma.
No queriendo aguantar un segundo más, lo llevé en dirección a mi sexo, para que me penetrara. Cuando estaba dentro de mí y nuestras miradas se cruzaron, aparentemente pensamos la misma cosa.
—Condón —hablamos al mismo tiempo y me levanté de encima de él.
—Mieeeerda —dijo él—. Tan bueno.
—Lo olvidé completamente —hablé, abriendo una gaveta de la mesita de noche. Cuando miré a Edward tenía los ojos cerrados—. ¿Está todo bien?
—Nunca había entrado sin condón. Nunca. Todo es más mojado, más caliente… mejor.
—En poco —hablé, dándole un beso en los labios y abriendo el condón para colocarlo enseguida en su miembro—. Por ahora tiene que ser así.
—Lo sé —dijo, pasando la mano por mi cara—. Acuéstate en la cama.
Apenas me acosté, Edward se puso entre mis piernas, penetrándome lentamente. Sus movimientos eran calmados, una contradicción a la prisa que demostré antes.
Besó mi frente, las mejillas de mi rostro y por fin mis labios. Mi nombre salía de su boca y la cercanía de nuestros cuerpos no parecía ser suficiente para mí. Mis brazos abrazaron su toroso y enterré mi rostro en el espacio entre su hombro y su cuello, sintiendo su aroma.
—No te preocupes —dijo, atrayendo mi rostro frente al de él y besando mis labios dulcemente—. Soy solo tuyo.
Aumentó el ritmo de sus envestidas y mis ojos no lograron dejar los de él. Yo gemía involuntariamente por el placer que me proporcionaba y, cuando no aguanté más, un orgasmo recorrió mi cuerpo. Palabras de las que no tenía control eran emitidas por mi boca.
Si él no hubiera silenciado mi grito con sus labios, solamente una frase estaría haciéndose eco por el cuarto: te amo.
