Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

XXIII

Fragmentos iridiscentes

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"El mundo en el que tú también estás, es muy brillante."

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Sentía muchas ganas de gritar.

Pensó que no sería capaz de aguantar hasta el final así que presionó con fuerza los párpados mientras sus dedos se aferraban desesperadamente a la tela húmeda que vestía su querido gato. Sentía que no tenía la fuerza suficiente para aferrarse a él, y aun así no podía concebir la idea de soltarlo de nuevo, por lo tanto, simplemente permaneció pegada a él, rodeándolo con sus brazos, sintiendo su calor y escuchando el latido de su corazón, tal como si fuera una melodía única que colmaba su interior de paz y felicidad. Pasó sus manos por el contorno de su espalda y con los hombros temblándole se apartó ligeramente de él para poder ver su rostro. Él permaneció callado mientras ella delineaba sus cejas y apartaba los mechones que le cubrían los ojos. Sus pequeños dedos tocaron temblorosamente las cortadas de su rostro, analizándolo a profundidad, necesitaba grabar sus expresiones de nuevo, y las lágrimas no se detuvieron en ningún momento al reparar en su mirada concienzudamente.

Pensó que no podría sostener su mano nunca más.

Esa posibilidad la había estado atormentando todo el camino hacia el hospital. Ni siquiera recordaba cómo es que había podido permanecer cuerda mientras caminaba por las calles cercanas al complejo. La llamada de Kakashi-sensei, lejos de tranquilizarla, sólo la había puesto más ansiosa y era casi absurda la angustia con la que había seguido a la amiga del profesor cuando ésta le recibió en la entrada del Hospital.

El miedo de perderlo era demasiado grande.

—Gracias a Dios…

Sintió que una ola de alivio le debilitaba las piernas y sus fuerzas flaquearon haciéndola caer de rodillas frente al morocho.

—Hinata-chan…

—Hyuuga…

Tanto Naruto como Kakashi dieron un paso al frente al verla derrumbarse.

—Gracias a Dios—repitió cogiendo al Uchiha de las orillas del pantalón—, gracias a Dios—sus hombros se sacudieron—, gracias a Dios…

Sasuke quiso tocarla, sin embargo, no fue capaz de hacerlo.

La observó detenidamente desde arriba y simplemente apretó las manos con fuerza al notar lo rojas que estaban sus mejillas por el llanto. Las puntadas le ardieron y pensó para sí mismo que merecía sentir ese dolor un poco más.

Después de todo, no podía compararse en nada al sufrimiento que le había provocado. Era más que consciente de cuán egoísta y cruel había sido hasta el momento. Siempre la estaba lastimando, nunca hizo nada por ella y sólo pretendió ignorar lo importante que se había vuelto para él.

No tenía derecho a tomarla entre sus brazos.

Al menos no después de toda la mierda que había dicho.

—¿Puedes tomarla contigo?— preguntó clavando sus penetrantes ojos en los de Kakashi.

Había una súplica silenciosa en ellos.

Como si le dijera que mantenerla alejada de él era el más grande favor que pudiera hacerle. El peligris apretó los dientes y sintió un hormigueo en la basa de su pecho. Sabía muy bien qué había dicho que la haría establecer distancias con el Uchiha hacia no menos de cinco minutos. Pero, viéndola ahora, lucia como una tarea completamente imposible.

Ya no tenía confianza en hacer eso.

¿Cómo podría hacer que ella se alejara de lo que más amaba?

Incluso siendo un adulto podía afirmar con certeza que esa niña frágil era mucho más fuerte que cualquier persona que jamás hubiera conocido en su vida.

Desde un inicio, había perdido completamente.

—¿Estás seguro?

El silencio reinó por un minuto consumado. Sólo era rasgado por los mormullos que había a su alrededor, y no era para menos, seguían estando en la sala de urgencias después de todo. El Hatake esperó la respuesta del moreno con paciencia, aunque sabía muy bien que al final de cuentas la que tendría la última palabra sería solamente Hinata.

Ella también tenía derecho a elegir.

Naruto simplemente se mantuvo absorto en una inexplicable impotencia, con los ojos azules clavados firmemente en los movimientos de Sasuke, sopesó la posibilidad de romper la distancia él mismo y tomar a la muchacha para llevarla consigo a cualquier lugar. Sin embargo, sus pies parecían estar cubierto de plomo, y por algún motivo no pudo encontrar esa clase de audacia a pesar de desearlo.

Él nunca podría tomar esa mano.

—Teme…

—No—su voz sonó un poco trémula, pero al mismo tiempo, bastante llena de convicción.

Agachó la mirada y desvió el rostro.

No quería eso.

No quería entregársela a alguien más, no quería renunciar a ella, no quería herirla, no quería alejarla, no quería decir que ella no le importaba, no quería seguir mintiendo. Torció una especie de sonrisa diminuta y adolorida mientras volvía a levantar la cara hacia el mayor. Era casi como si estuviera pidiendo permiso para aferrarse a ella. Siendo honestos, era consciente de que, si lo hacía, contradeciría sus propias palabras y estaría siendo bastante egoísta por todo lo que había hecho hasta el momento.

¿Estaba realmente bien que él quisiera ser feliz?

—Sólo hazlo—concedió por lo bajo el Hatake.

Realmente no había algo llamado egoísmo dentro de la felicidad. Los niños no tendrían que retener sus sentimientos por algo tan banal como eso.

Sasuke cerró los ojos, y respiró profundamente.

El ruido innecesario de pronto desapareció y sus ojos sólo pudieron concentrarse en la mujer frente a él. Su cuerpo congelado despertó y se inclinó hacia la destrozada muchacha postrada a sus pies. Hinata respingó al sentir el movimiento del pelinegro y automáticamente elevó el rostro. Sus ojos se encontraron, y por primera vez él se vio honestamente a través de ellos. Memorizó hasta el más pequeño detalle de su rostro; la forma de sus labios, el largo de sus pestañas, el arco de su nariz e incluso el color de sus mejillas. Grabo todos y cada uno de ellos dentro de su cabeza, pues no recordaba la última vez que lo hubiera hecho con tanta escrupulosidad. Lucia hermosa y rompible. Como una dulce pieza de cristal que en cualquier momento caería de sus manos para convertirse en un puñado de fragmentos. Seguramente, volvería a lastimarla, y las lágrimas que derramaba ahora no serían las últimas que él provocaría, incluso podía apostar que le causaría un par de cicatrices más en el camino.

Él nunca sería adecuado para ella.

Pero eso ya no importaba.

Incluso si no merecía la felicidad por los pecados que había cometido, ya no se aferraría a ellos. Por primera vez, intentaría atrapar a la esperanza que ella representaba en su vida. Tal vez no podían estar juntos para siempre, tal vez ella se desvanecería un día, sin embargo, estaba dispuesto a ser lastimado por eso.

Quería estar a su lado.

Ya no quería estar asustado.

La abrazó.

—Lo siento—murmuró tan bajo que quizás nadie había sido capaz de escuchar su voz.

Pasó sus manos por los hombros de la muchacha y escondió el rostro contra la piel de su cuello. Ninguna ilusión podría jamás compararse a la verdadera. El olor que sólo ella poseía, el calor que sólo ella desprendía, los latidos que su pequeño corazón moribundo emitía. Nada de eso podía ser completamente dibujado con la imaginación de alguien.

Ah, siempre había querido aferrarse a ella.

—"Lo siento, Nii-san"—pensó apretando un poco más su agarre.

Si ser feliz en esa vida significaba ser odiado por su hermano, estaba dispuesto a vivir con esa clase de peso por el resto de su existencia.

Sus pecados no tenían que ser perdonados.


La entrada del hospital volvió a pintarse de blanco. En algún punto de la noche la nieve había comenzado a caer nuevamente. Por lo cual, las calles no tardaron en ser cubiertas por el manto blanquecino que parecía estar limpiando las huellas del dolor en toda la ciudad. En un mundo tan grande como ese, era imposible que las cosas se quedaran estáticas. Siempre estaban cambiando, y nunca dejarían de hacerlo. Los humanos estaban obligados a seguir avanzando, a superar el pasado y mirar el futuro en espera de las cosas que el destino deparaba para su camino. Quizás nadie podía afirmar que los tropiezos, las heridas y cicatrices no venían incluidas, pero al menos si podían elegir tomar todo lo bueno y sobreponerse al dolor que las decisiones a veces producían.

Esa era la ley de la vida.

Las puertas automáticas se abrieron de par a par.

—¿Estás segura de no llamar a tus padres?—cuestionó Kakashi mientras posaba sus ojos en la muchacha pelirosa.

—Está bien, hoy no están en casa porque fueron a una fiesta de la compañía de mi papá—respondió acomodándose una crin rosada tras la oreja.

Después de todo el alboroto sucedido, tanto Sasuke como Naruto habían terminado sus tratamientos correspondientes. El Uchiha se había apresurado en salir del hospital en cuanto recibió el alta y ni siquiera esperó un segundo antes de marcharse junto a Hinata. No obstante, nadie hizo amago por detenerlos.

Seguramente había muchas cosas de las que tenían que hablar.

Ya habría tiempo para seguir cualquier otro procedimiento.

—Entiendo—asintió—, asegúrate de que llegue a salvo—desvió su mirada hacia el Uzumaki, quien había estado en completo silencio desde lo sucedido con Sasuke.

Tenía tantos pensamientos en su cabeza, que era inusual la tranquilidad y docilidad con la que se había estado comportando luego de prácticamente perder los estribos. Pero simplemente lo dejaron ser, honestamente, nadie se sentía con el ánimo de perturbar la reflexión del otro.

—El taxi está aquí—Hanare levantó la mano para apuntar el coche que arribaba a la entrada.

—Vayan con cuidado—pidió el mayor mientras le extendía un par de billetes al adolescente.

—Está bien, nosotros podemos pagarlo Sensei—la Haruno sacudió su cabeza ligeramente para declinar el ofrecimiento de forma educada.

Giró la cintura un tercio y cogió a Naruto del brazo sano para empujarlo levemente hacia la parte trasera del coche.

—Sakura—llamó al verla preparase para seguirlo.

—¿Huh?

—Gracias… de nuevo—sus ojos se estrecharon un poco, y la joven lo imitó.

Desvió su rostro un segundo y luego esbozó una sonrisa sutil.

—No creo que deba agradecerme—y es que no sentía que hubiera hecho algo que lo merezca en realidad.

Simplemente ya no había podido sólo observar.

Se inclinó en una reverencia superficial para despedirse. Seguidamente entró en el coche y cerró la puerta. Miró de soslayo la silueta del blondo recargado contra la ventana contraria y no necesitó verle la cara para saber que la tristeza se había abierto paso en su corazón.

Probablemente sería un viaje largo a casa esa noche.

El taxi se marchó.

Kakashi siguió el automóvil por el camino adoquinado del nosocomio hasta que se perdió en la avenida principal que transitaba frente al gran edificio. Echó la cabeza hacia atrás y observó silente las figuras de los copos al caer. Sentía el cuerpo pesado y una sensación fría le acariciaba el cuello, sumado a eso, su cabeza comenzaba a doler. Notó un roce tibio en su mano izquierda y parpadeó despabilándose para volver su mirada hacia la responsable. Hanare le lanzó una mirada comprensiva y la comisura de sus labios se torcieron en una sonrisa fantasmal.

—Gracias por ayudarme con esto—musitó tocando el reloj de su diestra—, incluso fuiste a recoger a Hyuuga, lamento haberte causado molestias con los problemas de mis estudiantes.

—Que va—restó—. Si no lo hubiera hecho, me habría sentido demasiado nerviosa para dormir esta noche—se cruzó de brazos y disimuladamente cambió el peso de un pie a otro.

No era el momento adecuado para quejarse de la ampolla en su pie. Además, no quería que él lo notara. No había sido muy buena idea usar tacones esa noche después de todo.

Sin embargo, nunca lo admitiría en voz alta.

—…

—¿Quieres beber un poco?—cuestionó mirando en la misma dirección que él había estado observando.

Las blancuzcas pelusas heladas bailaron a su alrededor.

—Suena bien…

—Mi casa queda cerca de este sector—informó sin mirarlo.

—Hmm.

—Ah, tal vez no sea bueno si regresas a casa hoy, ¿verdad?

Entrelazó las manos por detrás de su espalda y viró el rostro hacia el peliplata.

—¿Qué?

—Está bien si pasas la noche ahí—sonrió ladeando el rostro.

El hombre enarcó una ceja.

—¿Realmente puedes proponer algo así a la ligera?

—¿A la ligera? Hmm, ciertamente parece de esa manera—soltó llevándose la mano a la barbilla en un ademán pensativo. El silencio fue y vino por alrededor de dos minutos en los que solamente permanecieron viéndose el uno al otro—. Realmente tienes un gusto extraño por los amores imposibles, ¿huh?

Kakashi abrió los ojos de par a par.

—¿Qué estás…?

—Tranquilo, no te estoy juzgando—se apresuró en aclarar—. Sólo intento confortar a mi amigo.

Kakashi abrió la boca, pero acto seguido volvió a cerrarla y desvió sus orbes hacia el concreto helado y húmedo. Claro, ella era demasiado astuta al final de cuentas, algo así no podía haber sido ignorado, ni siquiera cuando había sido bastante bueno ocultándolo hasta el momento, no obstante, se preguntó, ¿qué lo había delatado?

Suspiró sonoramente y despeinó sus cabellos ligeramente mientras se llevaba la otra mano a la cintura.

—Me pregunto si realmente podrías llamarlo amor…

—Si no lo era… se parecía mucho.

Un copo de nieve se estrelló en su pecho y lentamente se derritió.

—Soy realmente patético, ¿no?

No tenía muchas ganas de darle tantas vueltas.

—Sólo un poco—bromeó agitando la mano.

Kakashi la miró fijamente por un par de segundos, luego sacudió la cabeza y profirió un sonido amortiguado que asemejó a una risa.

—Vale, tú ganas.

—Entonces vamos—le cogió el brazo izquierdo—, no es muy lejos, así que podemos caminar bajo esta bonita nieve.

—Pero antes de eso—interrumpió deteniendo sus pasos, Hanare lo observó un poco confundida—, ¿no deberíamos primero comprar algo en la farmacia? — cuestionó apuntando sus pies y ella sintió sus pupilas achicarse por la sorpresa.

—¿Eh? ¿De qué ha…?

Kakashi apartó gentilmente su mano y ante la mirada atónita de su interlocutora se inclinó para cogerle el tobillo izquierdo. La hizo levantar el pie para retirarle el zapato y examinar la ampolla que ya comenzaba a pelarse.

—Lo siento… incluso te lastimaste—musitó mirando la herida.

—Está bien, no me molesta realmente—exclamó y él entrecerró los ojos, incapaz de creerse semejante mentira.

—Eres bastante testaruda—estiró las manos para tomarla de las muñecas, giró sobre la parte redonda de sus pies y tiró firmemente de ella para hacerla "caer" sobre su espalda.

Hanare sintió sus mejillas arder.

—¡Hey!

—No necesitas esforzarte hasta el punto de herirte a ti misma—interrumpió acomodándola en una inesperada posición de caballito.

—¡Yo…!

—Gracias.

Ella siempre estaba ahí cuando más lo necesitaba.

—…

—No volveré a ser un hombre tan patético—prometió avanzando por el camino adoquinado.

La nieve los cubrió solemnemente.

Hanare observó la espalda de Kakashi, no necesitaba mirarlo a la cara para saber que hablaba en serio. Río por lo bajo. Cerró los ojos y dejó escapar una exhalación que se evaporo en una estela de humo blanco.

—Vale, pero tienes que convertirte en un hombre genial— pasó sus brazos por el cuello del ojinegro y recargó su cabeza contra la de él.

—¿No es eso un poco exigente?

—Para nada.

Ser amigos les sentaba más que cualquier otro estatus.

Siempre lo pensaba y cuanto más tiempo pasaba a su lado, más se afirmaba. Si había personas prescritas a ser los amantes más apasionados del mundo, había quienes, como ellos, estaban destinados a ser almas gemelas, aunque tal vez no de forma romántica.

No obstante, a veces y sólo a veces, le gustaba pensar que, cierto o no, ese tipo de relación era otra forma de amor.

Un amor que tardaba un poco más que otros en realizarse.


El movimiento del coche era bastante tranquilo y monótono. Las luces de la ciudad se mezclaron con el danzar de la nieve y las siluetas borrosas del paisaje embriagaron la escena que se observaba a través del cristal. El conductor tenía puesta una estación de radio al azar y claramente escuchó una melodía de piano, aunque bastante más baja que una octava. Disimuladamente desvió su atención hacia la persona junto a ella y no pudo evitar sentirse algo ansiosa por el silencio que los rodeaba. Más no sabía que decir, no sentía que pudiera ser capaz de encontrar las palabras correctas. Esas mismas que podían llegar a él sin romper nada y al mismo tiempo, permitir que su esperanza continuara.

Ah, era muy difícil.

Bajó la mirada y observó su mano entrelazada hábilmente con la de su querido gato. No la había soltado ni un solo segundo luego de salir del hospital, y aunque por una parte estaba feliz, por otro lado, no entendía del todo las acciones del Uchiha.

¿Por qué estaba actuando de ese modo?

Mas antes de continuar con ese hilo de pensamientos, se vio interrumpida por el sonido del coche al detenerse. Ante sus pupilas se dibujó la fachada del complejo y automáticamente volvió los ojos hacia Sasuke. Él simplemente abrió la puerta y tiró de ella para hacerla seguir sus pasos. Hinata atinó a hacerlo, no sin antes pagar la tarifa del conductor. Sin dar pie a que la nieve se cumulara sobre sus cabezas, el morocho la remolcó hasta el interior del edificio.

Las puntas de sus dedos ardieron un poco.

Los latidos de su corazón eran bastante impasibles, y pidió al cielo continuar con el control que había estado teniendo toda lo noche. Después de todo, sabía muy bien que podría haber sido peor la reacción de su cuerpo antes todo el estrés al que había sido sometida.

Seguramente estaba haciendo uso de toda la suerte que le quedaba en esa vida.

Subieron las escaleras y ella recordó casi de forma astral todo el frenesí que había pasado horas atrás. Sus ojos se posaron en la entrada del apartamento del moreno y una sensación de añoranza le rascó las corneas.

Una parte de ella había creído que no podría volver a ese lugar nunca más.

La luz de la entrada se encendió cuando ambos se pararon bajo el sensor, dejando entrever los rastros de todo el desastre que había en el interior. El gato soltó a la ojiperla para poder encender la luminaria y apreciar plenamente la obra trágica. No pasó por desapercibo las señales de que la muchacha había estado ahí más temprano. Sin embargo, no pronunció ni siquiera una sola silaba.

Tenían que hablar, pero no sabía por dónde comenzar.

—Deberíamos… limpiar un poco—ella se armó de valor para soltar esa frase tan entrecortada. Le lanzó una pequeña mirada y luego se dirigió hacia la barra para dejar su bolso y abrigo sobre ella—. Primero, creo que debes tomar un baño y cambiar tu ropa—susurró acercándose al armario para coger algunas cosas.

Al menos esa parte no estaba desorganizada.

—…

—Encenderé el calefactor, así que entra—anunció mientras le entregaba las prendas.

Miró sus ojos y luego llevó dubitativamente una de sus manos hacia el rostro del muchacho.

Lucía un poco pálido y las costras parecían demasiado dolorosas. Sin querer, volvió a rozar con las yemas de sus dedos la epidermis ajena. Era una caricia que anhelaba el calor de su querido gato. Siendo sincera, lo único que quería en ese momento era abrazarlo con todas sus fuerzas, pero no podía hacerlo. No tenía el valor de acortar la distancia que los separaba más allá de eso. Temía que, si lo hacía, rompería algo realmente valioso, y aun sabiendo que esa era una posibilidad, su corazón deseaba terriblemente ignorar todo eso y acurrucarse entre los brazos de Sasuke.

Su rostro reflejó claramente el dilema que enfrentaba internamente.

Sus cejas se arquearon hacia el centro en una mueca de zozobra y la comisura de sus labios tembló en un pequeño tic nervioso. El muchacho levantó su mano sana para atrapar la de ella y de este modo detener los movimientos furtivos sobre su rostro.

Ah, era tan pequeña.

Se preguntó cómo es que nunca había reparado en lo delgados que eran sus dedos, tan frágiles y al mismo tiempo tan cálidos. Una calidez que, honestamente, no creía merecer. Ni siquiera sabía por qué motivo ella había elegido permanecer a su lado después de todas las cosas que habían sucedido. Él no había hecho nada más que herirla desde el primer momento. Incluso había estado a punto de dejarla atrás con la justificación de que, a final de cuentas, ella moriría y lo abandonaría también. Pero eso sólo era una patética excusa de su parte para no admitir que le aterraba la posibilidad de ser feliz en una vida que él mismo había condenado como injusta. Después de todo, ¿Cómo podía permitirse tal acto egoísta cuando sus errores habían arrebatado la misma oportunidad a su propio hermano?, ¿Cómo podía intentar aferrase a alguien que también se desvanecería? Definitivamente el suyo había sido un encuentro fatal e inevitable y, sin embargo, no se arrepentía para nada.

Esa era su ironía.

Chasqueó la lengua y estrujó ligeramente la mano de la ojiperla antes de apartarla.

Mierda.

Era muy difícil olvidar su mal hábito de pensar demasiado las cosas.

Giró sobre su eje y en completo silencio se dirigió hacia el baño, no sin antes lanzarle una mirada por el rabillo del ojo.

¿De qué forma debía enfrentarla?

No estaba muy seguro de cómo tratarla. Pero sabía que debía apresurarse en solucionarlo, después de todo, el tiempo que tenían, no era demasiado.

No podía darse el lujo de desperdiciarlo.

Debía resolver sus propios sentimientos y pensamientos lo más rápido posible. Pero era algo bastante difícil, había estado tan acostumbrado a huir que ni siquiera podía asegurar el ser capaz de permanecer fiel a sus nuevas convicciones. Su orgullo no lo dejaría admitirlo nunca, sin embargo, estaba aterrado de las posibilidades. Esas malditas posibilidades. Así como podía apostar todo y ganar la felicidad, también corría el peligro de perder el mundo entero si fallaba en su jugada.

Ya no quería seguir perdiendo lo que más le importaba.

Recargó la espalda contra la madera de la puerta y echó la cabeza hacia atrás mientras clavaba la mirada en el techo de la habitación. Llevó su mano sana hasta la base de su pelo y lo despeinó bruscamente, acto seguido dejó caer la palma de su mano sobre su boca.

Maldición, estaba comportándose como un patético mocoso lleno de dudas.

Tan vergonzoso.

—Esto es una verdadera mierda—rezongó frunciendo el ceño.

Lo gracioso más de todo, es que, en realidad, no poseía nada que pudiera perder.

Ni siquiera a Hinata.

Habían transcurrido alrededor de treinta minutos cuando el Uchiha ya estaba de vuelta en la habitación. Se había apresurado en terminar su ducha tan pronto como le fue posible con las curaciones de su mano. Lo cual había sido más difícil de lo esperado. No obstante, no tardó demasiado en unirse a la muchacha que poco a poco recogía los restos del tifón que había provocado él mismo dentro del apartamento. Ya había avanzado bastante, por lo cual sólo quedaban pendientes el living y la zona de la cama. El moreno cogió una bolsa de basura de la caja sobre la mesa para acercarse a donde solía estar el espejo que había hecho añicos.

Su comportamiento definitivamente había sido excesivamente penoso.

Por su parte Hinata estaba arrodillada en el suelo del cuarto mientras levantaba los papeles regados por el piso. Sintió una pequeña molestia en su ingle y notó que algo se le clavaba por dentro del bolsillo de su suéter. Metió la mano y se topó con algo que había olvidado que tenía.

Un recuerdo tan precioso, ahora estaba casi hecho un jirón de papel.

Sus ojos se humedecieron.

Las manos le comenzaron a temblar y de un momento se hizo completamente consciente de lo mal que estaban las cosas.

Sasuke casi había muerto.

Y él había escogido hacerlo.

Quizás, sólo había sido por una fracción de segundo, tan diminuta y fútil que ni siquiera debía considerarse como una decisión plena, sin embargo, existía.

Existía un momento dentro de su vida en la que había desechado toda esperanza y había optado por dejar todo atrás para abrazar la desesperación que lo había estado atormentando por tanto tiempo.

Existía un instante en que, sin importar cuán desenfrenadamente hubiera luchado, él rechazó la idea de aferrarse a su mano.

Él eligió abandonar el mundo donde ambos existían.

Y eso era tan descorazonador.

—Lo siento—susurró de pronto con un nudo en la garganta.

Sasuke se detuvo en su labor de recoger las piezas de cristal reflejante y casi automáticamente se giró hacia la muchacha que permanecía acuclillada en medio de la sala.

Hinata apretó la fotografía entre sus manos, aunque cuidó no estropearla en el proceso. Un sollozo ronco emergió de su pecho mientras trataba de contener las lágrimas que escapaban de sus ojos.

No tenía derecho a llorar de esa manera.

Pero era muy difícil respirar con un corazón que se caía a pedazos en su interior.

¿En verdad nunca podría alcanzarlo?

—¿Qué estás…?

—Lo siento—repitió interrumpiéndolo, sus hombros se sacudieron—, como pensé… no debí aferrarme a ti.

El Uchiha sintió que sus pupilas se contraían.

—…

—En serio lo siento, siempre actuó de forma egoísta a tu alrededor, creí que podía demostrarte la felicidad si sólo permanecíamos juntos hasta que el tiempo se agotase—no necesitaba verle el rostro para saber que las lágrimas lo habían inundado—, como yo era feliz, pensé que tú también lo serías… fui bastante ingenua.

No había forma de que alguien pudiera ser plenamente feliz en una relación tan unilateral como esa.

Ella siempre vertía sus sentimientos sobre él y se aferraba desesperadamente a la idea de que con el simple hecho de estar juntos era suficiente. No quiso entender que estar constantemente hiriéndose el uno al otro era prueba de cuan ruinoso había sido su encuentro para ambos. Naturalmente lo amaba, y era algo de lo que no tenía duda, pero no era suficiente y muy en el fondo sabía que jamás lo sería. Para que el gato pudiera realmente ser feliz, ella tenía que dejar se forzar su amor en él. Después de todo, había fallado en su desgastada promesa de protegerlo.

Ni siquiera había visto las señales que seguramente, él, había enviado antes de colapsar.

Era tan cruel.

Una larga pausa se estableció entre los dos.

Una pausa que era rasgada por los amortiguados gimoteos de la ojiperla. El silencio fue y vino, como una promesa sutil para no herirse el uno al otro durante ese lapso de tiempo. Pero eventualmente tendrían que romperlo, uno de ellos tendría que hablar y despertar del letargo.

No podían continuar así.

No podían seguir ignorando la fragilidad con la que sus corazones, cuerpos y mentes estaban viviendo desde hacía tiempo.

No podían seguir huyendo.

El pelinegro se puso de pie y acortó la distancia que los separaba en cuatro zancadas perfectas. Permaneció por dos largos minutos detrás de la pequeña chica que todavía seguía en el suelo hecha un ovillo. Sabía que tenía que ser el primero en cruzar la línea que los dividía; ella ya había hecho suficiente hasta el momento.

Siempre fue Hinata quien dio el primer paso para acortar la distancia, fue ella y sólo ella quien sin vacilación tomó su mano todo el tiempo. Hinata siempre caminó por la vereda llena de espinas totalmente descalza. Dispuesta a lastimarse si ello significaba atravesar los muros que él había construido para protegerse de las cosas que podían herirlo. El miedo nunca fue una barrera y, por lo tanto, era obvio que ahora le correspondía a él hacer lo mismo.

Tenía que alcanzarla.

—Estúpida.

Su corazón punzó.

—…

—Si vas a decir toda esa mierda…—chasqueó la lengua y bruscamente la cogió del brazo para hacerla levantarse de suelo y encararlo.

Perla contra ónix.

—…

—¡Al menos mírame!— exclamó furioso.

Su núcleo se estrujó.

Hinata sentía sus mejillas arder, y las lágrimas seguían cayendo sin cesar hasta perderse en el filo de su barbilla. Abrió la boca, y sus labios temblorosos pretendieron esbozar una que otra palabra perdida. Sin embargo, la voz se le extinguió apenas cruzó el portal de su garganta y el llanto le anidó en los pulmones haciendo de la respiración, una tarea sumamente espinosa.

La besó.

No de forma dulce ni gentil, sino todo lo contrario. Sus labios fueron bruscos y demandantes. Se movieron voraces de un lado a otro mientras llevaba su mano sana a la nuca de la muchacha para evitar que se apartara por la impresión de sus acciones, aunque esa no parecía ser la primera reacción de ella. Mordió ligeramente su labio inferior y ella lanzó una réplica que fue silenciada casi de inmediato por una profanación de su boca. Hinata abrió los ojos de par a par y las lágrimas botaron de sus globos al tiempo que obedecía las demandas de su querido gato. Sasuke emitió un gruñido desde lo profundo de su pecho y con sus dedos hábilmente le apartó las gotas saladas. Repartió pequeños besos intermitentes por sus mejillas, nariz y labios en un intento desesperado por detener su llanto. Detestó profundamente la inutilidad de su mano izquierda cuando hizo un doloroso intento de cogerle la cintura para pegarla a él. No obstante, hizo amago de un soberano esfuerzo y enroscó el brazo en torno a la cintura de la Hyuuga.

Levantando ligeramente el peso casi inexistente de la joven, el moreno la remolcó hacia la cama que había sido previamente ordenada.

—Tú de verdad sabes cómo sacar a alguien de quicio—pronunció contra la piel de su cuello y sin utilizar mucha fuerza, la tumbó sobre el edredón.

—Sasu…

—Realmente te odio—exclamó acorralándola contra el colchón.

El vendaje de su mano ardió.

—Yo…—otro beso voraz—, espera…—más no parecía tener intención de abandonar sus ataques—. ¡Sasuke…!

—¡Cállate! —ordenó mordiendo su cuello.

Hinata respingó.

¿Por qué estaba actuando de esa forma? ¿Qué significaban esas caricias y besos? ¿Podía mantener una esperanza viva o simplemente estaba a enviándola al infierno de manera dulce?

La verdad es que no tenía una respuesta coherente en su cabeza.

Sasuke continuó un camino distorsionado por el resto de su cuello y paró sólo cuando la ropa se convirtió en un impedimento para la sesión de caricias, besos y mordidas que distribuía por toda la parte superior de ese cuerpo cálido que se removía inquieto bajo su peso. Ágilmente llevó su diestra a recorrer la piel que se escondía por debajo su blusa, no estaba dispuesto a permitirse el lujo de parar. Rozó con la punta de sus dedos el contorno de su ombligo, y dibujó líneas que se superponían con las curvas de su cuerpo. Su mente comenzaba a nublarse y una fragancia dulce lo embriagó.

Su raciocinio pendía de un hilo.

—Espera…—profirió la muchacha con las mejillas salpicadas de sangre caliente y lágrimas desdibujadas—, por favor—suplicó.

¿Su corazón sería capaz de seguir aguantando?

—No quiero— exclamó alejándose de ella apenas unos cuentos centímetros.

Sus orbes la escrudiñaron.

Su mano herida acarició el contorno de su rostro y luego lo acunó.

—Sasuke…

—¡No quiero!—gritó escondiendo la mirada tras su alborotado flequillo. Su respiración se tornó más pesada y podía sentir como algunos pequeños espasmos le recorrían la espalda.

—…

—Siempre eres así—acusó—, siempre metes tus narices donde no te importa y actúas por tu propia cuenta luego de saltar a conclusiones descabelladas. Siempre pretendes ser una buena persona, pero sólo te comportas como una idiota que termina lastimándose e hiriendo a otros.

—Lo siento.

—¡Eso también lo odio! —apretó la quijada—, la forma en que asumes responsabilidad de cosas que ni siquiera te corresponden es tan frustrante. Si vas a ser egoísta, tienes que serlo hasta el final. Si luego te disculpas, haces que la gente a tu alrededor quede como estúpida. Deja de hacerlo, no te disculpes, no digas que vas a detenerte, no te arrepientas.

Era la primera vez que escuchaba ese tono en su voz.

—¿Entonces… que debería hacer?—susurró rota.

Una corriente eléctrica lo recorrió de pies a cabeza.

—Quédate—articuló volviendo a mostrar sus ojos.

Ah, esa mirada lucía un poco desamparada.

—¿Dónde?

—Junto a mí—contestó—, quédate donde pueda verte.

Su corazón se detuvo por un segundo.

—¿Yo… realmente puedo hacer eso?—lo observó a través de sus mojadas pestañas.

Nuevamente, la besó.

Probablemente nunca podría encontrar las palabras adecuadas para decirle o quizás, siempre supo cuáles tenía que pronunciar para disipar las dudas y acortar la distancia que los volvía tan débiles y adoloridos.

—Ya deberías saber eso, tonta.

Limpió las comisuras de sus ojos y besó cada uno de sus parpados. Al menos por una vez, tenía que ser honesto y dejar de lado el orgullo.

—…—sus pupilas se dilataron un poco cuando el volvió a fijar su mirada en la de ella.

¿Por qué parecía estar mirando el más grande tesoro de su vida justo ahora?

—Yo… voy a desaparecer.

—Lo sé.

—Moriré.

—Lo sé.

—Te heriré.

—Lo sé.

Mutismo.

—¿Qué debería hacer?—sus cejas se contrajeron y el escozor se hizo presente. Hinata llevó sus pequeñas manos hacia la mejilla de Sasuke, y su labio inferior tembló con un llanto contenido—, yo… no quiero despedirme de ti.

Jamás deseó tanto luchar contra su destino como en ese momento.

Ya sea que fuera uno, cinco o incluso diez años más, realmente deseaba poder obtener más tiempo del que ahora tenía.

No era suficiente.

Nunca sería suficiente para amarlo plenamente.

—Yo…—se acercó a ella lentamente—, no voy a decirte adiós.

Jamás se despediría de ella.

—Te amo…

—Lo sé—murmuró contra sus labios.

Hinata rodeó con sus brazos el cuello del morocho. Correspondió la caricia de sus belfos y cerró los ojos fuertemente mientras las últimas lágrimas caían por el costado de su cara. Siempre anhelaría el calor que sus brazos le brindaban, aun y cuando a veces se volvían fríos y la alejaban, siempre añoraría la sensación de ser sostenida por la persona que más amaba.

Era un recuerdo que guardaría eternamente en su corazón.

Sasuke deslizó sus manos por la cintura de la joven, ignorando el dolor de los puntos en su izquierda y abrazándola por debajo de su espalda con tanta fuerza que parecía querer fundir sus cuerpos en uno solo. Aspiró el aroma y el calor que su cuerpo producía. Mordió ligeramente la línea de su clavícula y su mano sana deshizo el nudo superior de su atuendo.

Se detuvo un segundo.

La miró, como si preguntara silenciosamente si estaba bien continuar o no.

Después de todo, dudaba mucho poder conformarse con sólo besos y caricias e incluso dormir uno junto al otro no sería suficiente en esa ocasión. Nunca había cruzado la línea que él mismo había dibujado, pese a que ambos habían jugueteado en el límite varias veces jamás tuvo la suficiente osadía de corromperla más allá de lo aceptable. Sin embargo, no sería capaz de contenerse esta vez. Ni siquiera estaba seguro si lo que planeaba hacer sería contraproducente para su cuerpo o no, es decir, era la primera vez que lo intentaría y honestamente no quería lastimarla.

La Hyuuga sonrió tímidamente, adivinando los pensamientos dubitativos del gato, y asintió.

Originalmente, ya tenía preparado el corazón.

Ese día, que se había desviado abismalmente de sus ensoñaciones, era el mismo en que ella le entregaría todo lo que era al Uchiha.

Lo amaría profundamente en su pequeña eternidad.

—Está bien.

Con esa sutil respuesta, él lentamente desnudó tanto su cuerpo, como su alma.

Probablemente nunca podría encontrar las palabras adecuadas para decirle o quizás, siempre supo cuáles tenía que pronunciar, aún era un poco difícil hacer que sus verdaderos sentimientos traspasaran esa última barrera que recubría su corazón. Sin embargo, sus movimientos suaves al recorrerla de pies a cabeza, los besos que nunca serían suficiente caricia para atesorarla y los latidos desordenados que seguramente ella era capaz de escuchar entre respiraciones agitadas; todos ellos se encargaron de transmitir lo más valioso que pudiera existir en su vida tan ruinosa.

Por primera vez Hinata comprendió lo mucho que Sasuke la amaba. Aun si no había palabras de por medio, no había ninguna duda de ello.

Él la amaba.


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Incluso si algún día llego a olvidarte, aún seguiré amándote en lo profundo de mi corazón.

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Continuara

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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia, en serio.

Sé que ha pasado mucho tiempo, no tengo mucha justificación, sólo diré que odio profundamente la vida de un adulto y que desearía poder regresar a mis años de instituto, cuando claramente era mucho más activa en el fandom y podía terminar los proyectos en el mismo año (inserte risas y llanto).

Sin más, reafirmo mi promesa de terminar todos mis fanfics vigentes, con excepción de Cuando Madures, ese ya es un hiatus permanente.

Ahora, me despido, hasta el próximo capítulo.

Yanne.