Albus

Las nueve y treinta y cinco. Lily observó cómo Dumbledore hablaba brevemente con McGonagall, sentada a su izquierda, y después se levantaba y se inclinaba para susurrar al oído de Slughorn. "Le está pidiendo que vaya a su despacho para que los maléficos Sly puedan marcharse cuanto antes. Los echamos." Mientras tanto llegó el terceto con sus otras dos compañeras de año.

-¿Qué ha pasado? – preguntó Potter a Remus – El Comedor está medio vacío.

-Será porque es sábado – respondió Remus.

-Hay mucha menos gente que un sábado a estas horas – dijo Black, y girándose a mirar la mesa Sly – Y en Slytherin hay menos de la mitad de gente. Han desaparecido todos los maléficos.

"Pronto os enteraréis." Pensaron los tres, con una enigmática sonrisa.

-Vosotros ya habéis terminado de desayunar – dijo Potter.

-Sí, hemos bajado puntuales – le respondió Remus.

-Venga, cuéntanos qué ha pasado – ése fue Colagusano, excitado.

-Cuando acabéis de desayunar salís fuera y lo veis vosotros mismos.

El terceto comió a toda prisa. A los diez minutos de que saliera Dumbledore, Lily dijo a Remus y Cecile.

-¿Me acompañáis a casa un momento?

-Claro que sí, cariño – respondió su amiga.

-¿Quedamos fuera cuándo bajéis? – preguntó Potter.

-Bueno, quizá nos quedemos en casa o estudiando, esperadnos allí por si acaso – le respondió Remus - Vamos, chicas.

Los tres se levantaron de la mesa, mientras salían del Comedor, Lily les dijo.

-Directos al despacho de Dumbledore. Me ha proyectado con la mente que me acompañarais hasta allí.

"Los dos saben ya lo que es la Proyección, por la Magia Roja."

-Perfecto – dijo Cecile.

-Y creo que también a Sev, porque se han reído a la vez.

-Claro – dijo Remus.

-Y Dumbledore ha hablado con Slughorn antes de irse, para que los malos puedan huir.

-Los hemos echado, Lily. Ha valido la pena el esfuerzo - dijo Cecile.

Remus quedó callado, pensando en los cinco maléficos camuflados que todavía quedaban en el colegio, dos de ellos en su propia casa, y que debía ser él mismo quien lo comunicara a Dumbledore y también la existencia del Mapa y cómo confeccionarlo.

Por las escaleras se cruzaron con algunos Gryff y Rave que bajaban a desayunar. Llegaron al tercero y se dirigieron al despacho del director. Allí no se encontraron con nadie. "Bien, si alguno de los que nos hemos cruzado era un Rave maléfico, no se ha dado cuenta de que venimos a ver a Dumbledore." Ante la gárgola Lily dijo en voz alta.

-Mermelada de naranja amarga.

-¿Y eso? – le preguntó Cecile.

-La única que le gusta a Sev.

-Entonces sí lo leyó – rio.

-Claro, pero seguro que fue para hacerle una broma, por eso se han reído cuando le ha proyectado.

-Qué bueno, se van a llevar genial.

La gárgola se desplazó dejando a la vista la escalera de caracol. Subieron al primer peldaño y dejaron que girara hasta conducirlos a la puerta del despacho. Lily llamó y la puerta se abrió inmediatamente. Pasaron, Dumbledore los esperaba de pie con una sonrisa tierna y conmovida.

-Buenos días, muchachos. Señorita Evans, señorita Harb, señor Lupin. Comprenderán que no es conveniente, al menos por el momento, a la espera de lo que pase, que nadie más sospeche que estamos en contacto. Por lo tanto, vamos a usar un giratiempo entre los cuatro.

("Lauren es un portento, se lo conoce al dedillo.")

Remus pensó como un rayo. ("Pero yo debo hablar a solas con él. Se lo tengo que decir ante las chicas.")

-Profesor, yo debo hablar también a solas con usted. ¿Es posible usarlo primero sólo conmigo y volver atrás de nuevo con los tres?

-Buf… Complicado. No contaba con eso. ¿Puede resumirme de qué trata el tema rápidamente para que yo valore si deben saberlo los tres? Pasaremos a una estancia privada.

-Sí, puedo hacerlo, y no será necesario. Conocemos un hechizo con el que no se escuchará lo que hablamos.

-Vaya… Interesante…

-Invención de Snape.

-Debí haberlo imaginado. De acuerdo, acérquese a mí y convóquelo.

Se retiraron a una esquina del despacho. Remus hizo el Muffliato verbal en torno a ellos.

-Verá profesor, dos temas. Hay cinco maléficos más en el colegio aparte de los Slytherin, camuflados, dos de ellos de séptimo de Gryffindor y tres Ravenclaw, dos de séptimo y uno de sexto. Conozco los nombres de todos ellos.

-Era de esperar. Supongo que el señor Snape no ha querido preocupar a las chicas con ese tema, pero es conveniente que también ellas lo sepan. ¿Siguiente tema?

-Estoy en posesión de un Mapa del castillo y sus alrededores, creado por exploración del mismo y mediante Aritmancia, en el que aparece dónde se sitúan en cada momento todas y cada una de las personas que estamos en su interior. Pensaba enseñarle cómo confeccionar otro para usted.

-¡Vaya! ¿También Snape?

-No. Yo y los otros tres. Yo me encargué de la parte aritmántica.

-Vaya, Lupin. Es un auténtico portento.

-Bueno, debí dedicarle mucho tiempo. Por eso he andado retrasado en los estudios los últimos años.

-Vaya, qué pena. Y supongo que los otros lo querían para poder atrapar al señor Snape en cualquier momento y usted se lo ha quedado para precisamente lo contrario, para protegerlo. ¿Él lo sabe?

-Sí, lo dedujo. Y también la señorita Evans conoce su existencia.

-Entonces no veo qué problema puede haber en que lo conozca también su novia.

-Verá, me avergüenza un poco haberlo hecho, pues fue en la época en que yo también lo acosaba.

-Bueno, Lupin… Pero desde entonces lo ha usado para todo lo contrario, su novia también lo entenderá y estará orgullosa de usted. Ahora va a resultar esencial para la protección de la señorita Evans y el señor Snape. Confíe en mí, no hay ningún problema. ¿Cuánto tiempo calcula que le llevará explicarme la parte aritmántica?

-Un par de horas, quizá.

-Está bien. Yo calculo otras dos para comunicarles los conocimientos necesarios para su protección. Por si acaso nos llevara más tiempo, usaremos el giratiempo al máximo de su capacidad, cinco horas, y si nos sobra, seguiremos charlando un rato. Deshaga el hechizo si es tan amable.

-No es necesario, nos basta con salir del rincón.

-Vale.

Lo hicieron.

-Señoritas, podemos comunicarles los secretos, así que usaremos el giratiempo todos juntos – dijo el director - Déjenme buscar un momento algo de material que necesitaré.

Se dirigió a una estantería y tomó una carpeta. ("Mapas del castillo")

-Ya está. Pasemos los cuatro a esta sala adyacente.

("Para no cruzarnos cuando venga Sev por la tarde")

Entraron en una amplia estancia preparada para practicar Duelo, en una esquina, otra puerta. El director cerró la puerta a su espalda.

-Muy bien. Conseguí del Ministerio dos giratiempos. Uno para el señor Snape y otro para ustedes. Me costó lo mío, porque lo normal es pedirlos a principio de curso, cuando los alumnos se matriculan de demasiadas optativas a las que no pueden acudir. Tuve que poner la excusa de que había alumnos dispuestos a preparar varios TIMOS, como de hecho están haciendo ustedes. Por suerte, coló. A éste he tenido que ampliarle la cadena para poder usarlo entre los cuatro.

-Muchas gracias, profesor – dijo Lily.

-No me las dé, señorita Evans, es lo poco que he podido hacer por ustedes hasta ahora. Usémoslo ya y así podremos hablar con mayor tranquilidad.

Los cuatro se aproximaron entre sí y Dumbledore pasó la cadena dorada en torno a sus cuellos. Consultó su reloj.

-Las diez en punto. ¿Tienen ustedes la misma hora?

Los tres consultaron y ajustaron sus relojes.

-Muy bien, cuando retrocedamos cinco horas, serán las cinco de la madrugada. Les espera un largo día por delante.

("Y a él todavía más, porque por la tarde ha de ver a Sev.")

El director giró el mecanismo de la esfera dorada cinco veces, al tiempo que se hacía de noche tras las ventanas y se encendían las antorchas.

("Vaya, ahora mismo estamos durmiendo en casa y Sev todavía en la enfermería.")

-Pasemos a esta otra estancia, para conversar un rato tranquilamente.

Se dirigió a la esquina donde estaba la puerta, que se abrió al acercarse él, sin necesidad de que sacara la varita.

("Todo con la mente, como las Magias Ancestrales.")

-Pasen, si son tan amables.

Había una amplia mesa con cuatro cómodas butacas para sentarse alrededor. ("Todas iguales. Esto ya lo ha preparado de antemano, quizá desde que Sev le dejó caer que tenía poco tiempo, debe haber descansado muy poco estos días y vaya día le espera. Y nos va a tratar como iguales.")

-Tomen asiento, por favor. Señorita Evans, usted a mi lado.

Habló Cecile.

-Profesor, déjese de formalidades. Llámenos por nuestros nombres y tutéenos, todos estamos en el mismo barco y somos colaboradores.

Los tres notaron a Albus Dumbledore profundamente conmovido.

-Gracias, Harb, perdóname, no recuerdo tu nombre.

-Cecile, profesor.

-No me tratéis vosotros tampoco formalmente. Soy Albus, sin más, podéis tutearme también.

Se volvió hacia Lily.

-¿Lily o Lillian?

-Todos me llaman Lily, excepto mi padre cuando se pone serio conmigo.

-Vale, yo también lo haré, aunque espero que no será necesario, hija.

("Buah… Está a punto de llorar de emoción.")

-Primera cuestión y más urgente, porque debo coordinar el uso de los giratiempos. ¿Sabéis a qué hora terminará el entrenamiento?

-Sí. A la hora del almuerzo – respondió Lily.

-¿Piensan repetir por la tarde? Ya he proyectado a Severus que debe venir a verme en cuanto acabe.

-No, Albus, sólo por la mañana – respondió Remus – Contando con que los nuevos no resistirán tanto tiempo y deben poder estudiar, estamos a un mes de los exámenes. Piensan repetir mañana por la mañana.

-Muy bien, entonces sobre la una y pico estará listo. Pongamos una y cuarto. ¿Tenéis idea de cuánto tiempo necesitaremos?

("Muchísimo, porque seguro que Lauren y Sev no me han contado ni la mitad de las cosas que saben, con todo lo que deben haber leído.")

-Él te dirá, Albus, pero cuenta con otras cinco horas – respondió Lily.

El director apoyó el codo sobre la mesa y dejó caer la frente en la mano.

("Pobre, tiene más de noventa años, pero que hubiera movido ficha mucho antes. Pasó cuatro años permitiendo el acoso del cuarteto, tres conociendo la historia de Sev y su hermano, el año pasado se enteró de lo que sufre en casa con su padre y poco después no le hizo ni caso cuando Remus casi lo mata por culpa de Black. Y ya vio a Sev entrar en contacto con Ariel en Navidades. Que se fastidie, no me da ninguna pena.")

-Bueno, yo me lo he buscado. Lleváis meses haciendo entre muchos un trabajo ingente sin apenas ayuda y hoy me va a tocar enterarme de todo de golpe por no haberme preocupado con antelación. Ya tuve señales claras en Navidades, incluso antes, cuando Slughorn me contó lo que pasó entre Severus y la señorita Parkinson en Pociones.

("Bien… No sospecha nada de Lauren.")

-Debí haberme puesto en contacto con él entonces, con el castillo vacío era mucho más seguro y no hubiera necesitado peleárselo como ha debido hacer – continuó Albus - Carezco de iniciativa.

("Ya te digo.")

-¿Conocéis el secreto del pequeño Beamy?

Los tres asintieron muy serios.

-Pero Severus no sabe nada, ¿verdad?

Los tres negaron.

-Supongo que ya entendéis que es mejor que no se entere de nada hasta el verano, cuando puedan estar los tres juntos.

-Sí, Albus – dijo Lily - Eso hemos decidido entre todos.

-Otro gravísimo error mío. Lo sé desde primer año del chico, cuando Eileen Snape comenzó a visitarlo en el despacho de Slughorn. Ella se hizo llamar de otra manera, pero él la conocía de cuando era joven y enseguida dedujo, por su parecido, que era la madre de Severus. Me lo contó todo y como él andaba con Malfoy y los maléficos decidí dejar las cosas como estaban, para que no fuera una mala influencia para el pequeño. Pero ahora pienso que si hubiera sabido la verdad desde el principio, hubiera sido todo lo contrario, se hubiera apartado de ellos por cuidar de su hermano - Albus lloró, derrotado - Me siento tan avergonzado. Un chico de trece años ha tenido la astucia y tesón necesarios para no herir en absoluto a su madre y su hermano al tiempo que lo rescataba del abismo. Ambos son excepcionales, seguramente por la difícil vida que han llevado.

Los tres permanecieron callados, esperando a que el director se recuperara.

-Eileen ha dejado de venir desde Semana Santa, supongo que porque el propio Severus le contó secretos que entendía no debía conocer yo y le advirtió que la leería.

Ninguno respondió. ("Quien calla, otorga.")

-No lo hubiera hecho, por supuesto, pero ahora es un poco tarde para echar marcha atrás. Si le decís a Severus que puede librar a su madre de esa carga, puede olerse todo.

("No me fío un pelo de su palabra y aunque ya no importe que sepa que estamos al tanto de las Magias Ancestrales, pues ya debe haber descubierto que han desaparecido los libros retirados de la S.P., no sé si Sev llegaría a contarle también algo sobre Lauren, seguramente sí, porque por entonces todavía no podía confiar en mí para eso y debía estar hecho un lío, sólo podía confiar en su madre. Así que debe seguir sin verla bajo ningún concepto.")

-Yo podría ponerme en contacto con ella, Albus – dijo Lily - Es como mi segunda madre, pero desvelarle por carta que conozco un secreto que ha guardado durante más de catorce años y que la avergonzaría muchísimo no me parece adecuado. Mis padres han quedado a cargo de ella durante estos meses para que no vuelva a dejar entrar a su marido en casa y por el momento no lo ha hecho.

-Vaya responsabilidad estáis cargando sobre vuestros hombros, chicos, intentando solucionar los desaguisados que organizamos los adultos. Está bien, queda sólo mes y medio para que acabéis el curso. Es mejor que esperéis y podáis apoyarlos entre todos. Dejad de preocuparos por el tema, tenéis los TIMOS a un mes de distancia. Vale, entonces cinco horas atrás desde la una y cuarto, ocho y cuarto de la mañana. Debía estar todavía en la enfermería o bajando a las mazmorras.

("Besando a Lauren.")

-Vaya día largo me espera.

("Te fastidias.")

-Descansa hasta el almuerzo cuando acabes con nosotros – dijo Cecile.

-Ni hablar. No quiero perderme el entrenamiento y debo protegerlo también mientras está allí, estar presente. De hecho, saldré del despacho de modo que me dé tiempo a llegar casi al principio del mismo, aunque me cruce conmigo mismo por los corredores, tras asegurarme con tu mapa, Remus, que no se ha infiltrado en él ningún maléfico.

("Buaaah… Remus le ha contado lo del mapa. Va a poder controlar a Lauren. Pero seguro que lo ha hecho porque Sev le dio permiso, ya deben haber buscado ellos alguna solución. Durante el entrenamiento hablaré con ella. Y además ha hablado de que quedan más maléficos, seguramente de las otras casas.")

-Claro, aunque no creo que se atreviera a hacer nada entre la masa, se pondrían todos contra él – respondió Remus.

-Tienes razón, pero debemos evitar cualquier conflicto grave. Podría resultar gente herida, intervendría el Ministerio y echaría todo al traste. De hecho, ya me espero que intenten tomar medidas con el lío que se ha montado esta mañana. Muchos enviarán lechuzas contando lo ocurrido a sus familias, se va a correr la voz por todo el mundo mágico y esta misma noche podemos tener aquí a reporteros de El Profeta, para publicar mañana mismo la noticia. Domingo, máxima tirada. Y ya debéis saber lo sensacionalistas que son. Debéis encerraros en casa y no conceder entrevistas, mínimo protagonismo, cualquier cosa que digáis la van a tergiversar. Y tú menos que nadie, Lily, si llegan a enterarse de lo vuestro en plena vorágine, vendrán también los de Corazón de Bruja, por el cotilleo, dos amantes de casas enemigas. De cualquier modo, va a llegar a oídos de Voldemort. Severus se está poniendo en grave peligro incluso en casa. ¿Cuánta gente conoce su dirección?

("Ya sabemos con seguridad que la ocluimos, por Lauren, pero evidentemente, eso no se lo puedo decir.")

-Sólo dos personas y ambos la ocluimos – respondió Lily.

-¿Me dejas comprobar que lo haces bien, Lily?

-Por supuesto, Albus.

La miró a los ojos durante unos segundos.

-Correcto. ¿Quién es el segundo?

-Jack Steed.

-Muy bien. Pediré a Severus en el almuerzo que suba con él un momento a mi despacho para hacerlo. ¿Cuánta gente sabe que sois vecinos?

-Bastante, y no lo ocluyen.

-Vaya… Ha necesitado contar vuestra historia para ganárselos.

-Claro.

-Qué mal he hecho las cosas. Y tu dirección, ¿cuánta gente la sabe?

-Sólo él, Remus y Cecile.

-Perfecto. ¿Puedo leeros también a vosotros?

-Claro, Albus – dijo Cecile.

-Por supuesto – dijo Remus.

Lo hizo, unos breves segundos con cada uno.

-Muy bien, aunque se corra la voz de que vivís cerca, nadie descubrirá dónde lo hacéis. Vaya trabajo habéis hecho, chicos, el libro de Oclumancia desapareció de la Sección Prohibida a principios de marzo, debéis haber pasado horas y horas dedicándoos a ello quitándoos de estudiar… Y yo sin hacer nada…

("Ya te digo. Nunca lo hubiéramos logrado si Sev y yo no hubiéramos aprendido ya gracias a Lauren. Y no sospecha nada de ella por el momento.")

-Vamos Albus, no te apures – Cecile le tocó el brazo.

-Al menos me encargaré de enseñar al pequeño Beamy, para que pueda ir a su casa en verano.

-No hace falta, Albus – dijo Lily – Severus y Steed ya le han enseñado.

-¿También? – sorprendido.

-Sí, aprendió el primer día que lo intentaron.

-Claro. Tiene cualidades de sobra, mantener un secreto así durante toda su vida. Bueno, lo comprobaré también esta tarde, así nos quitamos un problema, pero no informéis a nadie que no sepa ocluir de dónde vivís, ni siquiera cuando os encontréis todos en verano.

-Claro, Albus – respondió Lily - Ya sabemos de sobra que no podemos hacerlo.

-Al ser una ciudad muggle, dudo que a Voldemort se le ocurra buscaros allí. Bueno, pongámonos al trabajo. Imagino que Severus os habrá dado clases de Duelo también.

-Sí, Albus – respondió Cecile – Participamos en los entrenamientos de La Guardia durante mes y medio antes de Semana Santa y después lo hemos seguido haciendo nosotros tres.

-¿La Guardia?

-Sí, La Guardia Mestiza, así es como se llamaba el comando inicial que formaron, porque todos lo eran.

-Muy buen nombre.

-Y a él lo llaman Prince, el Príncipe Mestizo, por el apellido de su madre.

-Vaya, qué rabia debe haberle dado cuando esta mañana todo el colegio se ha puesto a murmurar su primer apellido.

-Seguro que sí.

-En lugar de disfrutarlo, como debiera haber sido.

-Seguro que los que están entrenando ya lo llaman Prince – dijo Remus.

-Sí, pronto se correrá la voz. Perfecto, un cambio de nombre al tiempo que el cambio de bando, nacer de nuevo. Estoy seguro que hoy ha sido uno de los mejores días de su vida.

-Seguro, Albus – respondió Cecile.

-Bueno, que me voy por las ramas, ¿qué nivel habéis alcanzado?

-Todos los hechizos legales, no verbales, nos falta sólo agilidad y reflejos – respondió Cecile.

-¿No os ha enseñado maleficios?

-No, Albus – respondió Cecile.

-Qué cuidadoso, demasiado.

-A mí, sí – dijo Remus.

-A mí también – dijo Lily.

-¿También los Imperdonables?

-No – dijo Lily.

Remus no respondió.

-¿Y a ti, Remus? Puedes contármelo. Hagrid ya me habló de la escabechina que montasteis en el nido de las acromántulas.

-Prefiero que sea él quien lo haga si lo cree conveniente – dijo Remus.

-De acuerdo, pero debo advertiros. Si os veis en un apuro serio, no matéis. Utilizad hechizos defensivos y maldiciones sólo como último recurso. Y de las Imperdonables sólo Imperius y Cruciatus, nunca Avada. Si se diera el caso y os llevaran a juicio, yo me encargaría de defenderos, pero por un asesinato en el colegio sería imposible libraros de Azkabán. Sólo debéis matar si os veis en riesgo de muerte ante un ataque real de mortífagos y a poder ser, nunca con un Avada. Ni siquiera a los aurores les está permitido usar las Imperdonables.

-Gracias por advertirnos, Albus.