Capítulo 24: El Laberinto de la Sala de los Menesteres.
-No me gusta ninguna- Lily se dejó caer abatida en uno de los sofás de cuero de la salita de probadores de la tienda de moda "Tiros Largos" de Hogsmeade, donde las chicas habían ido a buscar una túnica para la noche de graduación en su última mañana libre de sábado que se habían permitido el lujo de darse antes de los EXTASIS.
"Y solo por necesidad" les había recalcado mil veces Lily a Estelle y Yasmine cuando la habían arrastrado literalmente fuera de la habitación para que fuese con ellas.
No se había probado ningún vestido, ni su estado de ánimo le permitía apreciar nada tan trivial en ese momento como el color, el corte o el tejido de una túnica de gala. Desde que había discutido con James había entrado en un irritante estado de "nomegustanielairequerespiro" que traía a sus amigas de cabeza, pero había acabado por acompañarlas con tal de dejar escucharlas.
-Ni te gusta la comida que comes- señaló Estelle con un deje de impaciencia.
- Ni la decoración del castillo, que por cierto no ha cambiado en los últimos mil años- exageró Yasmine desde dentro del probador, recordando como Lily se quejaba esa misma mañana de lo feas que eran las armaduras que había en el pasillo de la entrada. La pelirroja se ganó un obsceno gesto por parte de algunas de las ofendidas armaduras que tan solo sus amigas llegaron a ver, ya que la pelirroja ya se estaba ocupada de nuevo cebándose con el atuendo de Filch de aquel día y lo sucia que estaba su gata.
- Ni el color de las flores que nos hemos encontrado de camino a Hogsmeade- Estelle puso los ojos en blanco ante la mirada de reproche de Lily.
-No te va a gustar nada hasta que no arregles tus problemas con James y os dejéis de tonterías- esta vez Yasmine sacó la cabeza entre las cortinas verdes que cubrían el pequeño cubículo para que la pelirroja oyera claramente sus palabras y no pudiera ignorarlas como había estado haciendo los últimos días. Sin embargo a Lily no le hacía falta no oír los consejos de sus amigas altos y claros para poder pasar olímpicamente de ellos.
-Vosotras no lo entendéis- dijo levantándose de nuevo y fingiendo interés en una túnica verde lima. Acarició el tejido sin prestarle demasiada atención- no puedo ceder.
-Nadie te ha dicho que cedas- replicó Estelle con dureza-simplemente te pedimos que hables con él y lo hagas entrar en razón.
-Él debería entrar en razón solo, que me prohíba presentarme a Auror es sencillamente absurdo. Y humillante- razonó Lily dolida.
- En ese punto estamos de acuerdo contigo- suspiró la chica castaña quitándose la última túnica que se había probado y descartándola encima del montón que ya había desechado.-Lily- el tono serio de Yasmine hizo que la pelirroja de ojos verdes se concentrara en ella de verdad por primera vez desde que tres días antes había discutido con el merodeador de gafas.- James perdió a sus padres hace casi seis meses- hizo una pausa para suspirar con impotencia y tristeza, mientras empezaba a ponerse los vaqueros ajustados con los que se había vestido por la mañana- creo que el hecho de imaginar si quiera que eso pueda pasarte a ti, hace que no quiera ceder ni un poco en ese aspecto… aunque no sea decisión suya- añadió al ver que su amiga abría la boca para replicar. Se apartó un largo mechón castaño de la cara y tras pasarse por el cuello su sencilla camiseta blanca de manga larga y escote en pico fijó sus ojos marrones en los verde esmeralda de Lily, como si intentara hipnotizarla para que viese los hechos como ella misma los veía.
-Yas tiene razón.- la apoyó Estelle. – si hablaseis tal vez podríais entenderos el uno al otro.
-Y más vale que habléis pronto- Yasmine la señaló con un dedo tras terminar de abrochar los cordones de sus botas negras de tacón ancho y sonrió con malicia ante la mirada interrogante de Lily - porque hoy hemos quedado con ellos para practicar defensa y no quiero heridos graves.- y sin más, salió de la sala de probadores antes de que Lily pudiera replicar nada y antes de que la primera herida de gravedad fuera ella misma.- ¡nos vemos a la hora de comer!- gritó la castaña saliendo a toda velocidad de la tienda.
Lily miró a Estelle con los ojos abiertos como platos y se encontró a la misma luchando contra una sonrisa de satisfacción que sus labios no podían evitar formar. Se encogió de hombros y sin añadir nada más tomó del brazo a Lily y se dirigieron al mostrador de la tienda, donde un hombre con monóculo y un gracioso bigote había observado ofendido como Yasmine salía a toda prisa de su magnífica tienda sin llevarse nada, ¡después de estar toda la mañana probándose cosas!
-A mi me ha gustado este- dijo Estelle tendiendo al dependiente una túnica azul celeste. El hombre le lanzó una mirada evaluándola y luego dijo con voz un poco aguda, que contrastaba bastante con su aspecto:
-Le quedará muy bien con el color de sus ojos señorita.- ella sonrió satisfecha preguntándose qué le parecería a cierto merodeador de ojos dorados la elección de su vestido de gala para la noche de graduación.
...
Yasmine, a pesar de haberse probado mil túnicas aquella mañana, al igual que Lily tampoco había podido concentrarse ni un mínimo en ninguna de ellas. En su cabeza solo aparecía una y otra vez la imagen de la elocuente mirada de Snape durante el desayuno y del sutil susurro que Regulus le había dedicado mientras todos los alumnos salían en tropel del Gran Comedor aquella mañana.
-A medio día donde siempre. Es urgente- ni siquiera ella sabía como había podido oírlo entre el bullicio de los alumnos emocionados ante la perspectiva de la última salida Hogsmeade antes de los exámenes. Había sido muy discreto.
De modo que la gryffindor tenía un par de horas escasas para disimular con Lily y Estelle su interés en las túnicas de gala antes de acudir al encuentro, algo realmente difícil cuando desde que oyó las palabras del joven slytherin sus pulmones se habían negado a retener el aire el tiempo suficiente para que ella pudiera respirar con normalidad, tal era el grado de ansiedad que sufría. La expresión de Snape y la urgencia de Regulus no auguraban nada bueno. El camino al castillo lo hizo de forma autómata. No reparó en ninguna de las personas que se fue cruzando en su camino, ni siquiera en Kate o Iona que la saludaron con efusividad desde la puerta de las Tres Escobas ni en Ada y Joe que paseaban camino de Cabeza de Puerco. Casi sin darse cuenta ya estaba de vuelta en el castillo y tomando el ya conocido camino a las mazmorras con la suerte extrema de no cruzarse con nadie que sospechase de su conducta. Y nadie, para ella, quería decir ninguno de merodeadores en general y un merodeador de ojos grises en particular.
-¿Qué ocurre?- la joven entró como un rayo en la mazmorra vacía donde había estado quedando con Snape y Regulus, sobresaltando al último que estaba de espaldas. Snape la miró largo y gravemente con aquellos pequeños ojos negros penetrantes. A Yasmine se le pareció a un profesor a punto de explicarle que iba a suspender su asignatura sin remedio alguno.
-Tengo una mala y una buena noticia- dijo al final, con su voz grave y pausada. Yasmine lo miró con urgencia, instándolo a hablar.- El señor oscuro tiene fecha para que entregues la cabeza de Potter- se estremeció, al escuchar el tono de voz tan carente de emociones que Snape había empleado para decir aquella frase fulminante referida a James- será durante la próxima noche de luna nueva.
La joven gryffindor no tenía ni idea de cual era el estado actual del calendario lunar, pero fuese la fecha que fuese le parecía demasiado pronto.
-La buena noticia, es que esa noche, es justo la que se celebra la velada de graduación con vuestros familiares.- intervino Regulus. ¿Era su imaginación o él, al contrario que Snape, pretendía hacerla sentir algo mejor dadas las circunstancias? Yasmine estaba intentando procesar toda la información. Iban muy justos de tiempo entonces, pero agradeció que la luna nueva no fuese antes de la velada de graduación, o todos sus planes se habrían ido al traste.
-¿Cuál es la mala?- su voz tembló a pesar del esfuerzo que hizo por controlarse.
-Necesitamos sangre de unicornio para elaborar el ungüento que podrá eliminar el tatuaje que te hizo Malfoy.- y por el tono que Snape usó, Yasmine entendió que le hacía tan poca gracia como a ella aquello que acababa de decir. Regulus evitó mirarla a los ojos y ella se sintió desfallecer: "solo aquel que no tiene nada que perder, y mucho que ganar, sería capaz de cometer un crimen como ese".
…
Tras pagar la túnica de Estelle, ambas gryffindor se dirigieron a las Tres Escobas a por la que sería también su última cerveza de mantequilla antes de los exámenes. Lily había cedido ante la presión de su amiga pelirroja que aseguraba que hacía años que no se tomaba una de esas bebidas y consiguió hacer reír un poco a Lily, quien le hizo notar que se le estaba pegando la exageración suprema de Yasmine.
Como siempre, el local estaba abarrotado, saludaron a Iona y Kate que estaban en la puerta discutiendo sobre los hechizos reductores y sus usos y que ya se disponían a regresar al castillo para seguir con los estudios de los EXTASIS. Las dos amigas sortearon como pudieron a los estudiantes que se aglomeraban en el poco espacio que había en el local, y sin saber como si quiera consiguieron encontrar una mesa vacía cerca de una ventana.
-Voy a pedir, es imposible que la señorita Rosmerta nos vea con todo esta gente- Estelle se levantó y no sin cierta dificultad se abrió paso hacia la barra.
Lily la vio perderse entre un grupo de estudiantes de Hufflepuff de tercero (¿es que cada vez crecían más altos y más deprisa?) y después apoyó su barbilla en la mano, mientras contemplaba con tristeza el bullicio que reinaba en las calles de Hogsmeade. Se sorprendió pensando cuánto le hubiese gustado estar allí con James, disfrutando de su último fin de semana de libertad, y de repente se sintió muy desdichada.
Claro que había pensado en los padres asesinados del joven, y claro que sabía que James no cedería por ella, por evitar ponerla en peligro, pero ella también se sentía así con él. Sabía que no iba a ser fácil. Estaban a tan solo tres semanas de los EXTASIS, a tres semanas de salir del cascarón, de debajo del ala de Dumbledore.
A tres semanas de enfrentarse al mundo real que era aún más cruento de lo normal gracias a un loco psicópata que intentaba imponer su verdad de forma violenta e injusta. Y claro que tenía miedo, no era estúpida. La visita de Voldemort a la mansión de Godric en fin de año había conseguido sacarla de la ensoñación en la que vivía hasta ese momento. Voldemort quería a James, sino a su lado, muerto, al igual que a Sirius, y a todos los poderosos magos de sangre pura de la comunidad, y por supuesto a todos los que no entrasen en sus cánones idílicos de la pureza genealógica mágica. Eso ponía en riesgo, siendo objetivos, a todas y cada una de las personas a las que quería, y a ella misma, por eso había tomado al decisión de formarse como Auror, ¿qué mejor forma de estar preparada para aquella locura que pertenecer al cuerpo de seguridad de élite del mundo mágico?
-Aquí tienes- Estelle la sacó bruscamente de sus cavilaciones y le plantó un botellín de cerveza en las narices, salpicando un poco del contenido en la mesa. Abrió la suya propia con una sonrisa de oreja a oreja bailando en su pecoso rostro- mmmmm- saboreó la bebida y cerró los ojos, concentrándose en el momento.- sabe a gloria. Lily sonrió ante la extasiada expresión de Estelle, y por un segundo se decidió a barrer de su cabeza todos los pensamientos negativos e imitarla, dejándose evadir al menos durante un rato de todas sus preocupaciones.
…
Había sido una larga tarde de sábado de entrenamiento de quidditch. Tras el complicado año vivido en Hogwarts, el torneo entre casas había quedado relegado a segundo plano, sobre todo tras los ataques de los mortífagos en Hogsmeade, pero Dumbledore se había empeñado en normalizar la situación, de modo que poco después del incidente reanudó la competición con las consiguientes quejas de algunos padres, algún que otro profesor y ciertos trabajadores del ministerio que pensaban que era una temeridad reunir a todo el alumnado y personal del castillo en un campo de quidditch, fácilmente atacable.
El anciano director aseguró que las medidas de seguridad serían las pertinentes y que privar a los alumnos de tal diversión no haría más que ennegrecer los ya de por sí pesimistas ánimos. De este modo, Gryffindor consiguió una facilísima victoria frente a Slytherin, en el primer partido que jugaron aquel año después de navidades, y Ravenclaw hizo lo propio con Hufflepuff un par de semanas después.
En esta ocasión, durante el desayuno de ese mismo sábado coincidente con la salida a Hogsmeade, la profesora McGonagall les anunció que el último partido de la temporada se celebraría en una semana, y enfrentaría a Hufflepuff contra Gryffindor. Aquel era el único cruce que quedaba entre equipos para poder decidir al ganador de la copa.
Hufflepuff era el último clasificado de las cuatro casas, pero Gryffindor debía sacar una ventaja de al menos cien puntos en el partido para poder desbancar a Ravenclaw de su primer puesto. James los fustigó a todos sin descanso, repitiendo una y otra vez que irse de Hogwarts sin ganar la copa en su último año sería algo parecido a estar muerto en vida y que si perdían todos pagarían las consecuencias.
-Y ya me encargaré de Yasmine cuando la vea- el chico de gafas apretó los puños enfadado refiriéndose a la ausencia de la muchacha en el entrenamiento de ese mismo sábado por la tarde.- como falle un solo golpe de bludger la pondré a dar vueltas al campo… ¡pero corriendo!
-Le habrá surgido algo Prongs- dijo Sirius con el semblante más serio de lo normal. Tanto James como Remus miraron sorprendidos a su amigo, no estaban acostumbrados a oírle defendiendo a la chica, y desde el día en que Lily y James discutieron, ambos parecían haber suavizado su relación a pasos agigantados.
Sirius ignoró las miradas de incredulidad de sus amigos y se subió a la escoba, ninguno de los dos lo vio fruncir el ceño con preocupación. A él, más que enfadarle, le inquietaba la ausencia de la gryffindor. La sensación de que algo no iba bien, que tenía desde que Yasmine había desaparecido de la cabaña de su tío la mañana de Navidad, no había hecho más que aumentar con el paso de los meses. Le iba a costar mantener la calma, pero intentaría hablar con ella durante la sesión de defensa de aquella noche cuando tuviera su oportunidad.
-¡A vuestros puestos!- James gritó con fuerza a sus jugadores- ¡Tenemos una semana para hacer que los huffies prefieran no presentarse al último partido!- y con un patada llena de determinación, se unió en el aire a sus compañeros y comenzó a dar órdenes guiando el entrenamiento.
…
Dieron las nueve de la noche en el reloj de pulsera de Remus cuando los cuatro merodeadores cruzaron la puerta de la sala de los menesteres. Lily y Estelle ya estaban allí. Una especie de bola semitransparente azulada rodeaba a Estelle por completo, de modo que parecía un hámster dentro de una bola de plástico enorme. Lily mantenía en alto la varita con gesto de concentración mientras mantenía vivo el escudo, y desde dentro, Estelle lanzaba hechizos para debilitarlos, con bastante poco éxito.
-No podrás negar, amigo, que tu pelirroja es poderosa- se admiró Sirius observando la escena boquiabierto. James no respondió pero no pudo más que darle la razón internamente. Se sintió aliviado de verla allí. Una parte de él pensaba que la chica no acudiría aquella noche a la cita de cada sábado, y su corazón le dio un vuelco cuando la encontró allí dentro realizando ese tipo de magia tan avanzada… la echaba tanto de menos.
Echaron a andar hacia ellas, y cuando Estelle reparó en el grupo dejó de intentar debilitar el escudo de Lily y los saludó con una mano alegremente. Lily se volvió hacia ellos y sus ojos se cruzaron fugazmente con los de James, pero desvió la mirada inmediatamente.
-¡Hola chicos!- Estelle sonrió a los cuatro merodeadores y señaló a Lily- es imposible tumbarle su maldito escudo- y se limpió unas gotitas de sudor que perlaban su frente.
Lily carraspeó incómoda y murmuró algo de que solo era porque ella no ponía el suficiente empeño pero que cualquiera podría deshacer su escudo, algo que nadie pensaba que fuera posible realmente. Remus echó un vistazo a su alrededor:
- ¿Dónde os habéis dejado a Yasmine?- preguntó al no encontrarla en la sala.
- No ha comido con nosotras- la voz de Lily trataba de sonar calmada pero le tembló ligeramente- pensábamos que habría ido directamente a entrenar para el partido- pero ante la negativa respuesta de los chicos, añadió- de todas formas la esperamos porque fue ella quien nos informó de que habría sesión esta noche.
En ese mismo instante la puerta de la sala de los menesteres se abrió de golpe y la nombrada hizo aparición en ella. Estaba más pálida de lo normal y aunque se había maquillado a conciencia, tenía los ojos rojos y cansados, como si hubiese estado llorando durante largo tiempo.
-¡Yas! ¿Dónde has estado? ¡Nos tenías preocupada!- le regañó Estelle con la frente arrugada y un mohín de enfado. Yasmine sonrió débilmente.
-He tenido un ataque de pánico con los EXTASIS- reconoció con la voz apagada- me he agobiado- tembló ligeramente y parecía que iba a ponerse a llorar de nuevo- no sé me pasa.- hizo un gesto con la mano para que le dieran un segundo, después, suspiró profundamente y alzó las palmas de las manos- ya está- parpadeó varias veces haciendo desaparecer la humedad de sus ojos- ¡¿qué vamos a entrenar hoy?!- preguntó con la voz inusualmente chillona.
Los merodeadores, Lily y Estelle, tardaron varios segundos en reaccionar. Nunca habían visto a Yasmine agobiada por los exámenes, de hecho siempre había tenido la facilidad pasmosa de la que también gozaban James y Sirius para memorizar las cosas, y aquello los había pillado completamente de sorpresa. Sin embargo, nadie podía atribuir su estado a un motivo diferente al que alegaba la chica.
-Pero no nos has dicho nada, llevamos sin verte desde esta mañana, te habríamos ayudado- Lily se acercó a ella entre suspicaz y dolida.
-Necesitaba estar sola chicas, lo siento- Yasmine bajó la mirada azorada- ha sido un agobio tonto- ¿cómo iba a explicarles a sus amigas que se había dedicado toda la tarde a pensar en la manera más fácil de hacerse con sangre de unicornio para eliminar el tatuaje chivato que le había hecho uno de los seguidores del señor tenebroso para seguir utilizándola de chivo expiatorio? ¿Cómo podía decirles que el mismo quería asesinar a James para fortalecerse y que ella debía ser quien lo entregase (y que por supuesto no pensaba hacerlo)? ¿Qué sabía todo eso y que no podía buscar la ayuda que necesitaba para salvarlos a ellos, sin que fuese un suicidio para ella? Sacudió la cabeza porque cada vez que aquellas preguntas empezaban a tomar forma en su mente las lágrimas empezaban a brotar solas, de modo que intentó guardarlo todo en un pequeño cajón de su cerebro para poder centrarse en lo que tenía delante de sus narices, que eran precisamente sus amigos con diferentes expresiones de incredulidad.
-Y bien- esta vez su voz sonó firme y algo más alegre- ¿Qué vamos a hacer hoy?- se dirigió a James directamente, lanzó una breve mirada a Sirius, que no se había tragado una palabra acerca de lo de su agobio y se puso al lado de Remus. Éste le dio un medio abrazo para animarla.
-Pues… hoy vamos a superar el laberinto de obstáculos- James sonrió enigmático ante la mirada de las chicas, que ahogaron un grito de asombro cuando, tras las palabras James, la habitación se amplió mágicamente y ante ellos se alzaron líneas y líneas de setos verdes que dibujaron intrincados dibujos y pasadizos hasta donde su vista lograba alcanzar.
-¿Estás seguro?- Remus lo miró dubitativo y James asintió.
-¿Qué es eso?- preguntó Lily hoscamente contemplando el muro cubierto de hiedra con una amplia entrada que tenían delante de ellos.
-Es un laberinto de obstáculos- dijo James sin mirarla.
-Eso lo he oído, ¿pero que es?- la pelirroja no parecía estar por la labor de suavizar su tono.
-Está basado en una de las pruebas que se hacen en el torneo de los tres magos, al menos una de las que más se repite.- pero James no entró al trapo. Lily pasó la mirada de James al laberinto y recordó que había leído en Historia de Hogwarts acerca de aquel peligroso torneo.- Nosotros cuatro lo hemos hecho alguna vez, por separado, el primero que llega al final tiene el derecho de exigir que el resto haga lo que él quiera durante una semana-siguió James- aunque alguna vez hemos tenido empates- recordó la vez que Sirius y Remus llegaron juntos al final durante su quinto curso y se aliaron para confiscarle la snitch con la que alardeaba en el castillo durante una semana seguida. Sonrió con nostalgia-pero hoy haremos por grupos, o tardaremos demasiado.
-¿Merodeadores versus las mejores del mundo mundial?- Yasmine recuperó momentáneamente su estado normal impregnando de provocación cada una de sus palabras.
-Yo pensaba hacer grupos al azar, pero si así lo queréis- James se encogió de hombros aceptando el reto.
-Vosotros sois uno más- señaló Lily sin dar tregua al chico de gafas.
-¿Peter? Nah, no es para tanto- Yasmine se acordó de su noche de Halloween y prefirió tenerlo en el otro bando, sabiendo que sería un obstáculo más para avanzar en el laberinto que una ayuda. El chico la miró dolido.
-Está bien- Remus se puso en medio del grupo para intentar mediar la situación- haremos dos parejas y un trío. Y será al azar- convocó un pergamino y una pluma y escribió los siete nombres de los presentes. Después el pergamino se fue rasgando e individualizando cada nombre, y arrugándose hasta dejar las letras en la parte interna del papel. El licántropo realizó un suave movimiento de varita y los trocitos arrugados de pergamino empezaron a dar vueltas como si estuviesen dentro de un pequeño huracán de aire invisible, tras mezclarse entre ellos de forma evidente, hasta no saber a quien pertenecía cada trocito, quedaron suspendidos y quietos en el aire y se agruparon en tres grupos: dos parejas y un trío de papeles.
Remus volvió a agitar la varita y los papelitos se abrieron dando lugar a los equipos formados: Remus y Estelle; Sirius y Yasmine; y James, Lily y Peter.
Estelle enrojeció y Yasmine alzó una ceja desconfiada.
-¿Azar?- murmuró Sirius escéptico mirando a su amigo con una mueca parecida a la de Yasmine, aunque acompañándola con una medio sonrisa divertida. Remus se encogió de hombros, él también había demudado la expresión, no había pensado en la posibilidad de que Estelle y él pudieran formar pareja y ahora tendría que quedarse al fin a solas con ella. Eso le gustaba y lo asustaba al mismo tiempo.
- Bien, vamos a ello- James se frotó las manos ansioso. Para sorpresa de todos, ni James ni Lily se habían opuesto a la formación de su propia pareja, aunque por diferentes motivos. James estaba deseando pasar aunque fuesen cinco minutos con su pelirroja favorita, ya que cada célula de su cuerpo ansiaba estar cerca de ella y aquellos días sin apenas verla habían sido una verdadera tortura. Ella sin embargo quería demostrarle lo capaz que era de enfrentarse a los mismos retos que él y que era una tontería que se opusiera a su idea de ser auror.
Peter suspiró aliviado, se sentía muy a salvo estando en el mismo equipo de Lily tras haber visto los escudos que la pelirroja era capaz de convocar.
Yasmine sin embargo no dijo nada, miró a Sirius, que no había dejado de mirarla a su vez con intensidad desde que había llegado, y ambos se colocaron en frente de la entrada del muro cubierto de hiedra.
El resto de los gryffindor hizo lo mismo, y tras observarse entre todos brevemente con ligera aprensión, entraron al laberinto que los recibía en la más absoluta oscuridad.
…
-Suéltalo ya.- Yasmine y Sirius llevaban un rato andando por uno de los pasillos del laberinto, y por el momento no habían vislumbrado nada más que una densa neblina que les impedía ver más alla de un par de metros delante suya. Solo se oía lo que parecía el ulular de algún ave nocturna.
-¿El qué?- Sirius se fingió sorprendido por la pregunta de la castaña, aunque llevaba un rato pensando como abordar el tema del comportamiento de la chica sin que ésta se enfadase.
-Llevas desde que he llegado con ganas de regañarme por algo, o al menos eso parece por como me miras- Yasmine desvió su mirada del frente buscando los ojos grises del animago pero Sirius solo observaba lo que tenía por delante con suma concentración y la varita en alto, esperando que apareciese ante ellos algún peligro inminente.
-Llevas muy rara mucho tiempo- dijo tras unos segundos que a Yasmine se le hicieron eternos.- ausente, triste, preocupada.- la joven sintió su corazón galopar en el pecho como si quisiera ascender y salir a toda velocidad por su boca. Contuvo la respiración un segundo para calmarse y poder contestarle con cierta normalidad.
-Han pasado muchas cosas- se justificó ella.- la nochevieja en casa de James, la maldición a Lily en Hogsmeade, el ambiente que hay fuera de Hogwarts…- rezó internamente para que Sirius se creyese que su estado de ánimo se debía a todos aquellos sucesos, pero el chico no parecía más aliviado, seguía con la misma mirada fija en el camino por el que iban avanzando.- me da miedo lo que nos espera después- añadió al fin, y aquello si era sincero, aunque Sirius desconociese el verdadero motivo de su temor.
El chico desvió por fin la mirada para encontrarla con la de Yasmine y detuvo el paso. Ella hizo lo mismo. De repente la vio muy seria, con dos finas lágrimas cayendo por sus mejillas y se preguntó si no estaba siendo demasiado duro con ella.
Claro que tenía miedo, había demasiadas vidas inocentes en peligro como para no sentir un mínimo de terror. Él también lo sentía, pero solo por sus amigos. Por lo demás: su familia, por ese loco demente que se hacía llamar lord Voldemort y sus seguidores… solo sentía rabia y ganas de luchar, sentimiento que era mucho más poderoso e insistente que el miedo.
Le secó las mejillas con un dedo mientras sus miradas seguían conectadas como si entre ellas hubiera un campo magnético imposible de romper, y justo y cuando la poca distancia que los separaba empezaba a desaparecer, sucedió.
Fue un destello dorado repentino y una fuerte explosión a un par de metros de ambos, cuya onda magnética los lanzó hacia atrás de un salto. Los dos cayeron de pie en el suelo cubierto de hierba y alzaron la mirada hacia el ser que acababa de aparecer delante de ellos: tenía el cuerpo de un león, y una cabeza humana con una boca en la que se superponían tres filas de dientes. La cola, de escorpión, se movía sobre su cabeza de forma amenazadora y los dos jóvenes sabían que ese vaivén se debía a que la bestia aún no sabía a cual de los dos atacaría primero con sus dardos venenosos, y es que uno u otro, a aquella mantícora ambos le parecían igual de apetitosos.
…
La tensión inicial de Remus y Estelle era parecida a la de Sirius y Yasmine, con la única diferencia de que la chica pelirroja no había parado de hablar desde que habían abandonado a sus amigos en una de las primeras bifurcaciones del laberinto.
Remus sonrió divertido ante la perorata de la joven sobre lo injusto que le parecían algunas de las cosas que tenían que estudiar para los exámenes sabiendo que ella, como él, temía el momento en el que tuvieran que hablar de su situación, o mejor dicho, de la situación que Lily había interrumpido días atrás.
Estelle se oía hablar y hablar por los codos, pero las náuseas que le daban cuando se quedaba en silencio y esperaba que el merodeador hablara de ellos dos la impulsaban empezar a hablar de nuevo sin medida ninguna. Nunca se había sentido así de turbada con ningún chico, siempre había sido divertido. Fácil. Sin preocupaciones. Remus, y todo lo que él implicaba y la hacía sentir, provocaba en ella un escalofrío de miedo y placer combinados. ¡Sí estaba más nerviosa por estar a solas con él que por lo que le esperase dentro del laberinto! Tan preocupada iba parloteando de mil cosas sin sentido que no se dio cuenta de que algo había cogido a Remus de su lado y lo había levantado por encima de su cabeza. Si se fijó en la especie de baba pegajosa y caliente que de repente le cayó por el cuello mojándole el pelo y la cara y la hizo mirar hacia arriba instintivamente. Una acromántula de tamaño considerable había atrapado a Remus y había empezado a envolverlo rápidamente en una red de seda sin que a este le hubiese dado tiempo si quiera a sacar la varita. Ver al chico allí arriba sujeto por aquella criatura, la hizo sacar de sus profundidades el verdadero valor por el que fue escogida para la casa Gryffindor siete años atrás.
-¡Diffindo!- gritó sin pensarlo dirigiendo el hechizo hacia la cuerda con la que la araña mantenía al chico unido a ella. La tela se rasgó con un suave sonido seco y el cuerpo parcialmente envuelto de Remus cayó al suelo rodando. La telaraña había frenado el golpe y Estelle le liberó los brazos de modo que pudo zafarse rápidamente de la red que lo apresaba.- ¿estás bien? –preguntó temblorosa. Remus asintió rápidamente y empujó a la chica apartándola de la trayectoria de una de las pinzas de la araña, que, enfadada por haber perdido a su presa, no dudó un segundo en vengarse de la causante de dicha pérdida.
-Hoy quiero cenar carne humana- dijo una voz grave y femenina que procedía de las fauces de la criatura. Y sin más, volvió a fijar sus ocho pequeños ojos en sus dos presas lanzándose de nuevo al ataque.
…
Lily no hablaba, estaba demasiado concentrada en el camino, intentando que nada la pillara desprevenida. James la observaba unos pasos por detrás con una sonrisa cariñosa bailando en su rostro y Peter emitía pequeños quejidos de miedo de vez en cuando, bien fuese por algún ruido de un extraño animal o por el crujido que hacían al romperse las pequeñas ramitas que pisaban en el camino. En realidad Peter, cuando había accedido a hacer el laberinto, siempre había acompañado a alguno de sus amigos, curiosamente, el que acababa llegando el último, por lo que Yasmine no iba demasiado desencaminada al no quererlo en su equipo.
Al cabo de un rato, los tres jóvenes se toparon con lo que parecía el inicio de una especie de charca poco profunda. La orilla dibujaba pequeñas ondas de movimiento y después se perdía en el interior, adivinándose un suelo oscuro y fangoso. La neblina se había acentuado y entre las dos paredes del pasillo habían empezado a crecer una suerte de vegetación de largas hojas, dándole al ambiente un aspecto un tanto exótico. Parecía que se habían adentrado de golpe en una selva asiática. Lily se detuvo antes de tocar el agua y miró a James con el ceño fruncido. Aquello no le gustaba demasiado. El joven de gafas analizó unos segundos el riachuelo que se había formado ante ellos y se encogió de hombros.
-Está claro que es una trampa- dijo simplemente- pero no podemos volver sobre nuestros pasos y no tenemos medio alguno de sortear esta charca sin tocar el agua-añadió mirando a Lily y esperando su aprobación. Peter se mantuvo detrás de ellos temblando como una hoja.
-No parece muy profundo- la pelirroja dibujó con su varita una especie de regla de medir transparente en el aire, y la hizo levitar hasta el centro de la charca, sumergiéndola en ella. Así descubrieron que apenas les cubriría hasta la cintura (a Peter tal vez un poco más).- estad atentos ante cualquier movimiento.- les alertó ella, poniendo un pie en el agua.
James la imitó y Peter, a regañadientes, hizo lo mismo, situándose entre ambos de modo que quedaba protegido por los cuerpos de sus amigos tanto por delante como por detrás. James suspiró resignado, aunque estaba acostumbrado a que Peter fuese así no dejaba de irritarlo su comportamiento. Tras unos segundos andando dentro del agua, notaron que no estaban solos, a su alrededor, a diversas alturas, se iban formando remolinos pequeños y ondas ligeras en la superficie, como si algo o alguien se estuviese moviendo bajo el agua a gran velocidad, y apenas habían llegado a la mitad de su camino cuando tras emitir un chillido de miedo, Peter desapareció sin previo aviso. Lily y James se miraron asustados, y de repente, alrededor de ambos, empezaron a emerger pequeños cuerpos de lo que parecían una especie de monos cubiertos de escamas de escamas de pez con bocas enormes llenas de afilados dientes y unos ojos pequeños y verdosos que los miraban sedientos de sangre. Las manos eran más bien membranas y los pequeños dedos acababan en puntiagudas uñas negras. En la parte superior de sus cabezas, en lugar de un cráneo redondo, tenían una depresión llena de agua.
-¡Son Kappas, James!- Lily retrocedió hasta ponerse a la altura del chico, que estaba intentando sacar a Peter de debajo del agua, y alzó la varita ante las criaturas, que cada vez más numerosas, estrechaban el cerco en el que los habían atrapado.
…
Yasmine volvió a saltar con presteza hacia un lado para evitar el dardo venenoso que la mantícora al fin se había decidido a lanzar, optando por la que pensó que sería la presa más fácil, aunque al ver la rapidez con la que la chica había respondido, dirigió su cola en menos de una centésima de segundo hacia su otra víctima. Sin embargo Sirius ya esta preparado para esquivarlo y crear un hechizo escudo entre ellos y el nuevo dardo lanzado. La chica aprovechó que la mantícora atacaba al merodeador para lanzarle una maldición explosiva con toda la potencia que pudo, pero el hechizo simplemente rebotó en el cuerpo de la criatura y desapareció en el aire.
-Su piel repele los hechizos- le dijo Sirius saltando de un lado a otro mientras esquivaba los ataques del aguijón.
-Tendremos que hacerlo por el método tradicional entonces- Yasmine empezó a pensar en como podían deshacerse de la molesta y peligrosa cola de la bestia, y se fijó entonces en las lianas de hiedra que colgaban a ambos lados del pasillo.- ¡necesito unos segundos!- le gritó al merodoeador, que estaba empezando a cansarse pero asintió rápidamente sin desviar la vista de la mantícora.
Yasmine empezó a trepar por las lianas, sintiendo un alivio extremo al ver que aguantaban su peso. Ascendió de forma lateral por el muro, acercándose peligrosamente a la bestia, que aunque estaba centrada en Sirius no se perdía ningún movimiento de Yasmine, que comenzó a hechizar las largas lianas. Éstas cobraron vida propia y empezaron a enredarse alrededor del cuerpo de la criatura, tal y como la acromántula hacía en esos mismos momentos con Remus. La bestia gritó y rugió encolerizada y de un zarpazo intentó liberar sus extremidades, pero ese despiste momentáneo le valió a Sirius para imitar rápidamente la acción de su compañera. El aguijón apuntó a Yasmine y, lanzándolo contra ella sin piedad, le rozó el rostro y cortó de raíz la liana desde donde ella se sostenía, haciéndola caer al suelo con un golpe seco. Por suerte se recuperó pronto de la caída y rodó ágilmente sobre su propio cuerpo en la hierba, dejando el aguijón de la mantícora clavado en el mismo sitio donde segundos antes estaba su corazón.
-¡Déjala en paz! – valiéndose de una de las lianas que ahora colgaban en mitad del pasillo, Sirius saltó sobre el cuerpo de la criatura, que se retorcía y saltaba sobre sus patas traseras para expulsar de su lomo al molesto mago. Sirius agarró con fuerza la base de la cola para evitar que se moviera, pero era mucho más fuerte que él. Sin embargo Yasmine ya se había incorporado, con un feo corte en la mejilla que no paraba de sangrar. Hizo un gran acopio de fuerza, y consiguió que un gran número de lianas se enredase en torno a la cola de la mantícora, inmovilizándola. Entonces Sirius, sacó del bolsillo de sus vaqueros su navaja mágica y eligió una de sus hojas, que de forma espontánea agrandó hasta parecer una katana. Sin pensárselo demasiado, asestó un golpe maestro que cercenó el aguijón de la mantícora, dejándola desprovista de su arma letal, y haciéndola caer con estrépito al suelo retorciéndose de dolor. Sirius saltó del lomo del animal antes de que éste lo aplastase y cayó elegantemente al lado de Yasmine. Ambos contemplaron con una mezcla de terror y fascinación como la bestia desaparecía delante de sus narices, explotando en miles de partículas que se fueron evaporando en el aire neblinoso del laberinto.
Tras superar la impresión inicial, Sirius intentó cerrar la herida de la mejilla de Yasmine con un hechizo sanador, pero el arañazo seguía intacto por más que lo intentaba.
-Teniendo en cuenta que el veneno de esa cosa produce una muerte instantánea, no me puedo quejar- sonrió la joven intentando tranquilizarlo- tenemos que seguir-y sin añadir nada más, cogió al merodeador de la mano y tiró de él, pasando por encima del lugar donde segundos antes había desaparecido la mantícora.
…
-¡DIFFINDO!- gritaron ambos jóvenes a la vez mientras esquivaban a duras penas las telarañas que la acromántula no paraba de tejer en torno a ellos. Estelle tenía una de sus piernas completamente cubierta de la pegajosa sustancia blanca y Remus trataba con gran dificultad de evitar que siguiera envolviéndolos, pero la araña tejía y tejía a una velocidad mucho mayor de la que ellos poseían para rasgar la tela que producía. Oían el crepitar de las pinzas, denotando la alegría de la bestia que veía cada vez más y más cansados a los jóvenes. Remus intentó pensar a toda velocidad, solo necesitaba un poco de tiempo y un radio de acción suficiente grande para poder emplear el hechizo que tal vez los sacara de aquel lío.
-¡Estelle!- gritó a la pelirroja, que asintió para que supiese que lo estaba escuchando pero que no quitaba de encima la vista a la araña gigante.-Estelle necesito que la levantes, tenemos que ganar tiempo, necesito que la levites. – por suerte la araña estaba tan entusiasmada envolviéndolos que no lo escuchó. La pelirroja aumentó la velocidad de hechizos hasta que pudo quedarse prácticamente libre, y ayudada por Remus, y se retiró unos pasos del animal.
-¡Alarte ascendare!- gritó ella con todas sus fuerzas apuntando a la acromántula. No fue un hechizo muy potente, dado el cansancio de la chica, pero elevó a la araña lo suficiente para que contasen con unos segundos preciosos de factor sorpresa. Segundos en los que la araña dejó de tejer al verse suspendida en el aire en contra de su voluntad.
Remus aprovechó el momento, y cogió a la pelirroja de la mano, mirándola para instarla a hacer el hechizo juntos. Estelle, agotada, asintió y su cara adquirió una mueca de profunda concentración.
-¡ARANIA EXUMAI!- gritaron a la vez. La acromántula, chilló y pataleó en el aire, y de repente el tejido que elaboraba desapareció, pero no así su cuerpo. Se lanzó hacia ellos furiosa, chasqueando las pinzas esta vez con enfado, pero segundos antes de que alcanzara a Estelle con sus colmillos, Remus se interpuso y gritó:
-¡REDUCTO!- y un potente haz de luz azulada alcanzó en plena cara a la acromántula, que pareció quedarse inmóvil suspendida en el aire, para después caer al suelo transformada en una diminuta araña que salió corriendo ocultándose entre la hiedra que cubría las paredes del laberinto.
Estelle suspiró aliviada, quitándose una hebra de telaraña que había quedado enganchada en su pelo rizado, y agradeció a Remus con una sonrisa el haberla salvado a última hora.
-Ha faltado poco- dijo con la voz entrecortada. El licántropo la cogió suavemente de la mano y juntos siguieron avanzando rápido por el laberinto, como si dejaran atrás una insidiosa pesadilla.
…
-Hay veces en los que uno encuentra cierta utilidad a llevar un pepino en el bolsillo- comentó James despreocupadamente teniendo en cuenta las circunstancias. Lily le lanzó una furibunda mirada mientras el hechizo escudo que había convocado empezaba a debilitarse tras los golpes de los Kappas.
-Necesitaríamos muchos pepinos- dijo ella estrujándose el cerebro para recordar la otra manera de acabar con aquellas criaturas. Las observó unos instantes y vio los recipientes llenos de agua que tenían donde debería estar la curva del cráneo. Sonrió aliviada al fin- tendremos que ser educados con ellos.
-¡¿Qué?!- chilló Peter-¡Está loca!- farfulló agarrándose aún más fuerte a la túnica de James, que asintió mirando a la pelirroja. Él también había conseguido recordar como deshacerse de aquellas criaturas, aparte claro está de la más llamativa, que era el tema de los pepinos y que tantas risas había proporcionado al grupo de merodeadores cuando lo habían estudiado en defensa contra las artes oscuras.
-A la de tres- ordenó Lily. James asintió con gesto decidido- Peter, inclínate ante ellos- "sin ahogarte", quiso añadir, pero se mordió la lengua. El chico bajito y regordete miró a James en busca de ayuda, pero él solo le hizo un gesto para que obedeciese a la pelirroja.- una, dos… ¡Tres!
Lily bajó la varita y el escudo despareció. Desde luego la escena era grotesca y ella misma titubeó pensando en que sería de ellos si aquello no daba resultado, pero aún así, inclinó la cabeza y bajó el torso, mojándose aún más la túnica que ya estaba empapada. James la imitó majestuosamente y Peter simplemente bajó la cabeza del susto, pero inmediatamente los kappas que los rodeaban, muy a pesar de ellos mismos, no pudieron hacer más que responder con educación las reverencias de los jóvenes gryffindor. Al bajar las cabezas, los cuencos llenos de agua que tenían por cerebro se vaciaban, desmayándolos casi de forma instantánea, y así, reverencia tras reverencia, los tres fueron abriéndose paso en la charca hasta llegar hasta a la otra orilla. Salieron corriendo del agua y volvieron la vista. Un reguero de Kappas desmayados marcaban su camino hasta la arena, pero tan rápido como había aparecido el riachuelo, este mismo desapareció, a la vez que sus ropas quedaban tan secas como lo habían estado antes de entrar a la charca.
-No ha estado mal- James se revolvió el pelo y sonrió a Lily, quien, levantando a Peter con poca delicadeza del suelo, los instó a seguir el camino sin devolverle la sonrisa.
…
Por otro lado, tras superar a la mantícora, Sirius y Yasmine habían ido sorteando diversos obstáculos que habían ido apareciendo por el camino: flechas encantadas que aparecían de la nada, grupo de espíritus que trataron de confundirlos de camino, y diferentes seres incorpóreos que iban apareciendo tras cada recoveco lanzando maldiciones sin ton ni son. Cuando los chicos se protegían del hechizo en cuestión y respondían con otra maldición, si acertaban en los seres estos desaparecían. Yasmine sacó en más de una ocasión a Sirius de lo que parecían extrañas arenas movedizas que sin previo aviso aparecían bajo sus pies y el joven le devolvió con creces el favor cuando la chica se vio envuelta en una bandada particularmente molesta de murciélagos vampiros que se cebaron con ella. Al final, exhaustos, llenos de arañazos y moretones, llegaron a lo que parecía la orilla de un oscuro lago.
-Debemos estar cerca del final- indicó Sirius, señalando al frente. En la orilla opuesta, que podían vislumbrar desde allí, se veía una superficie de terreno lisa, cubierta de musgo, sobre la que reposaba un pedestal donde había una brillante copa dorada. – cuando coges la copa, te trasladas directamente a la salida de laberinto.- el chico de ojos grises buscó con avidez alguna manera de cruzar el lago.
-Ha sido divertido- dijo Yasmine mientras recuperaba el resuello y buscaba también con la mirada algo que pudiese servirles de ayuda.-mira ahí- dijo antes de que Sirius pudiera responder a su comentario.
En la superficie del lago, habían aparecido, emergiendo de las profundidades, numerosas plantas similares a nenúfares pero con hojas circulares que podían alcanzar hasta un metro de diámetro. Las hojas quedaban flotando en el agua, describiendo lo que parecía un sinuoso camino que atravesaba el lago de lado a lado. El agua era oscura y el fondo insondable, y poco a poco pudieron apreciar como el ambiente se iba llenando de unos mágicos y suaves cánticos que llenaban la estancia inundando sus oídos, abotargando los sentidos de los dos gryffindor. Curiosamente, a Sirius le afectaba más el sonido de la música y los cánticos que a su compañera, pues había ido caminando como un zombi, con la boca semiabierta, hasta la orilla del lago, y lo habría cruzado a nado si hubiese podido de no ser porque Yasmine lo asió con fuerza de la manga de la túnica y lo obligó a retroceder.
-¡Sirius!- gritó ella asustada-¿qué haces? El joven parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de que había andado varios metros sin ser consciente de ello.
-¿Cómo demonios?- se tocó la coronilla incómodo mientras miraba el lugar donde había estado segundos antes de perder el dominio de si mismo y el lago alternativamente.
- Han sido esos cantos- dedujo Yasmine- a mi también me han dejado algo idiota, pero no tanto como a ti por lo que veo- Sirius acusó el golpe en silencio, se sentía estúpido por haber caído en un juego de niños.
-¿Sirenas?- dijo para intentar dejar atrás su pequeño desliz.
- Es lo único que se me ocurre- confirmó Yasmine, convocando unos tapones de la nada y tendiéndoselos a Sirius. Él la miró con cara de rechazar la ofrenda, pero la dura mirada de ella lo contuvo de replicar- no podemos arriesgarnos, yo me pondré otros. Un paso en falso en esas victoria regias y podemos darnos por ahogados.
-¿Cómo las has llamado?- preguntó Sirius asombrado.
-Son victorias regias o amazónicas, vamos, un lirio o nenúfar de agua pero gigantes. Pueden aguantar hasta 40 kg, por lo que deduzco que deberemos ser rápidos y apoyar nuestro peso en dos plantas distintas a medida que avancemos- Yasmine ya lanzaba calculadoras miradas a la planta que quedaba más cerca de la orilla.- ¡Si tocamos el agua las sirenas nos alcanzarán!- gritó la gryffindor, que ya llevaba puestos los tapones al igual que Sirius. El chico alzó un pulgar en señal de entendimiento y se situó detrás de ella, de modo que en cuanto Yasmine saltó ágilmente al primer nenúfar, la siguió de inmediato. Ambos jóvenes corrieron sobre las plantas acuáticas de salto en salto, tocando apenas unos segundos la superficie de cada hoja, que se tambaleaba ligeramente a cada paso, pero consiguieron atravesar gran parte del lago en relativo poco tiempo. Apenas quedaban un par de nenúfares cuando todo se estropeó con una facilidad asombrosa. Sin previo aviso, justo delante de Yasmine aparecieron volando con gracilidad y rapidez una bandada de colibrís de cola mágica: decenas de pajaritos de color aguamarina y verde, con largas colas que dejaban una estela dorada tras de sí, embriagando el ambiente con un aroma a melocotón y anís cuya finalidad, al igual que el canto de las sirenas, era provocar la distracción necesaria para que los chicos cometieran alguna imprudencia.
-¡No! ¡Yasmine!- y ante la debilidad de la muchacha por cualquier ser vivo de naturaleza tan bella como la que estaban presenciando, esta vez fue ella la que, perpleja, se paró en seco contemplando boquiabierta a los pajarillos, haciendo que Sirius chocara con la fuerza del impulso que llevaba contra su cuerpo y la arrojara de cabeza al agua oscura, estando a apenas un par de metros de la orilla. Sirius rugió enfurecido, vio el cuerpo de Yasmine impactar con la superficie negra del agua y apenas unos segundos después como decenas de manos azuladas y llenas de escamas la cogían llevándosela hacia las profundidades. No le hizo falta titubear demasiado para convocar un hechizo casco-burbuja y lanzarse en un elegante movimiento tras Yasmine mientras los colibrís se difuminaban en el exterior y tan solo quedaba el suave canto de las sirenas que, ya bajo el agua, se oían con una nitidez clara a pesar de llevar los tapones protectores. Esta vez a Sirius no le pilló desprevenido, ignorando los seductores cánticos, buceó con rapidez atisbando la figura de Yasmine rodeada de aquellos seres mitad humano, mitad pez, que la arrastraban hacia las profundidades mientras la chica se defendía con uñas y dientes. Sirius sacó su varita y empezó a lanzar desmaius, que se transformaban en potentes chorros de agua caliente que al chocar contra las sirenas, les quemaban como si estuviera hirviendo. Ante el ataque del joven, las sirenas dejaron momentáneamente sola a Yasmine, que no tardó en imitar a Sirius, lanzando chorros de agua caliente a diestro y siniestro. El joven desmayó a varios seres y nadando a gran velocidad consiguió llegar al lado de la chica, a la que agarró fuertemente de la nuca, y uniendo sus bocas de forma un tanto brusca durante un momento, la burbuja que cubría las fosas nasales y la boca de Sirius sufrió una bipartición, quedando adherida al rostro de su compañera, que parpadeó confusa unos segundos y después alzó un pulgar para darle las gracias como antes había hecho él. La lucha fue encarnizada, parecía que por cada sirena que conseguían dejar fuera de combate aparecían diez más, pero entre los dos, nadando a todo lo que daban sus brazos y piernas mientras seguían hechizando a las criaturas acuáticas, consiguieron dejarlos atrás, de modo que en cuestión de unos quince minutos consiguieron llegar a la orilla y salir a rastras del agua.
-No… vuelvas… ¡a hacer eso!- Sirius tosía restos de agua y jadeaba del esfuerzo que acababan de realizar, y miró ceñudo a una Yasmine que tuvo el detalle de enrojecer levemente.
-Lo siento- bajó la cabeza mientras ella misma recuperaba el resuello, avergonzada de haber sido ella esta vez quien había caído en una trampa tan tonta.
-Estamos empate- dijo entonces Sirius, tendiéndole una mano para ayudarle a levantarse. Ella sonrió agradecida, aceptó la ayuda, y por fin quedaron de pie, a escasos metros de la copa dorada que refulgía en la oscuridad de la estancia.
- Y por fin…- Sirius alzó una mano, e instó a Yasmine a imitarlo para cogerla a la vez, cuando de repente…
…
El camino de Estelle y Remus no difirió demasiado del de Sirius y Yasmine tras reducir la acromántula a dimensiones microscópicas, solo que esta vez, Estelle permaneció inusualmente callada. Ya no le preocupaba tanto estar a solas con Remus como el hecho de que si no se concentraba o se asustaba en exceso, sus hechizos perdían intensidad. Tras lo que fue una verdadera carrera de obstáculos que nada tuvo que envidiar a la de sus amigos, y en la que la pelirroja demostró su dominio en la invocación de potentes escudos protectores que los sacaron a ambos de más de un apuro, llegaron a un claro amplio con un camino de piedra, y justo al final de ese camino se alzaba un altar con una copa dorada, idéntica a la que habían encontrado sus amigos.
Remus sonrió aliviado, habían llegado casi al final del laberinto, aunque aquel camino de piedra aparentemente inofensivo levantaba cierto recelo en su instinto de supervivencia.
-Lo has hecho genial- murmuró Remus con voz queda como si le estuviese leyendo el pensamiento desde hacía rato. Estelle bufó algo triste.
-Me ha salido un hechizo de levitación penoso- reconoció ella acordándose de la acromántula. Remus la miró asombrado, después de la última media hora llena de retos en el laberinto no esperaba que ella hubiese retenido tan solo eso.
-Era justo lo que yo quería, ¡distraerla!, ¿y que me dices de nuestro hechizo conjunto?- el tono animado de Remus la hizo sonreír. – eres una bruja excepcional, no seas tan dura contigo- añadió con suavidad, rozándole con un dedo la mano sin llegar a cogérsela. El gesto hizo que el corazón de Estelle se desbocase y su vello se pusiese de punta, y de nuevo se asombró de todo lo que el chico la hacía sentir con un detalle que podía ser tan insignificante si hubiese sido cualquier otro chico el que lo hubiese hecho.
-Tú sí eres un mago excepcional… y una persona maravillosa Remus- dijo con la voz tomada por la emoción. Remus se giró y la contempló. Una luz blanquecina bañaba el rostro pecoso de Estelle, haciéndola parecer una criatura celestial. Tenía los ojos azul cielo algo húmedos, y lo miraba con los finos labios rectos en un gesto solemne. Le pareció que hacía siglos que ella lo rechazó por su condición de licántropo, y se acercó lentamente pasando uno de sus dedos por una de las mejillas de la chica. Estelle cerró los ojos con un suspiro y pensó que debía dar gracias de no haber sido víctima de un infarto hacía ya un rato. Tal vez hubiesen completado el beso que tanto ansiaban, si de repente un frío glacial no hubiese invadido el espacio que los rodeaba, dejándolos momentáneamente sin aire en lo pulmones.
-¿Qué…?- Estelle trató de hablar pero una densa oscuridad los envolvió junto al frío, y de momento toda esa felicidad que su corazón estaba experimentando se vio colapsada sin remedio alguno. Se sintió desdichada y tan triste que lo único que pudo hacer fue bajar la cabeza y dejar que dos enormes lagrimones escaparan de sus ojos. Remus supo de inmediato que ocurría, pues sintió lo mismo que la chica, e intentó por todos los medios que su mente no divagara entre sus más terribles recuerdos. Ante ellos, media docena de dementores se les acercaban, levitando en la oscuridad, con las putrefactas manos alzadas por delante de sus cuerpos, absorbiendo el más mínimo ápice de felicidad que podía quedar en los dos chicos a aquellas alturas.
-¡No!¡Nooo! ¡NOO!- Estelle se tapó los oídos y cayó de rodillas, llorando convulsivamente-¡Papá no te vayas!- su grito devastador rasgó el aire además del corazón de Remus, que pudo imaginar que recuerdos oscuros estaban invadiendo la mente de la chica. Hizo un acopio de fuerza y la cogió por los hombros, obligándola a mirarlo. Estelle tenía los ojos desorbitados y una mueca de terror cruzó sus facciones al ver a Remus, que tuvo que hacer de tripas corazón por intentar no recordar justo lo que ella había recordado al mirarlo… la noche en que casi la mata convertido en licántropo.
-¡NO ESTELLE! ¡TIENES QUE SER FUERTE!- gritó, intentando hacerse oír por encima de los gritos de la chica: los de aquella fatídica noche que retumbaban en su mente y los que estaba presenciando en ese mismo momento. Los dementores estaban a un metro escaso de ambos, y Remus supo que no le quedaba más remedio que reaccionar.
-¡EXPECTO PATRONUM!- gritó, aunque oyó su voz muy lejana-¡EXPECTO PATRONUM!- oía a Estelle llorando sumida en la más absoluta desesperación, a su propia madre llorando también en su cabeza, casi pudo sentir de nuevo el dolor de su primera transformación siendo niño, el miedo al rechazo al llegar al expreso de Hogwarts con once años… "¡NO!" Gritó otra voz, más fuerte y potente, que se abría paso a duras penas ante aquellas desagradables imágenes. -¡EXPECTO PATRONUM!- una débil neblina hizo un vago intento de salir de su varita. James, Sirius, Peter, sonriéndole el día que le confesaron que sabían su secreto y que eso no cambiaría nada en su relación- ¡EXPECTO PATRONUM!- la risa cantarina y el olor a mandarina de una Estelle risueña en uno de los pasillos del castillo- ¡EXPECTO PATRONUM!- un enorme y precioso lobo, que nada tenía que ver con el de su transformación mensual, se formó corpóreo y blanco delante de los dementores, gruñéndoles con agresividad. Estos vacilaron unos segundos, pero el patronus de Remus no era lo suficientemente fuerte aún para ahuyentarlos del todo. El licántropo cerró los ojos concentrándose al máximo. Rememoró el día que conoció a Shyne y supo que ella entendía como se sentía, siendo la primera chica en saber su secreto: el lobo comenzó a correr alrededor de Estelle, que estaba ya casi postrada en el suelo. Vio a James, Peter y Sirius transformados en animagos para ir de aventuras con él y acompañarlo durante las duras noches de luna llena: el lobo embistió a uno de los dementores lanzándolo lejos de allí. Quedaban cinco. Casi sintió de nuevo a Estelle besándolo en la torre: el patronus lobuno se encaró a otro dementor, que se retiró sin pensarlo antes de sufrir la misma suerte que su compañero. Y de repente sucedió. Una loba cachorra pequeña y grácil se unió a su patronus. Remus se giró asombrado y vio a Estelle de pie con el rostro desencajado de la concentración y los ojos muy abiertos, con las mejillas blancas surcadas de lágrimas y con la varita alzada firmemente.
-¡EXPECTO PATRONUM!- la oyó gritar como si estuviese muy lejos. Sin embargo, ese fue el empuje que necesitaba para que su propio patronus brillase en la oscuridad, y junto a la pequeña loba, se llevaran por delante a todos los dementores que quedaban.
De repente todo se quedó en silencio, la oscuridad se hizo menos intensa y el frío desapareció. Estelle resollaba con dificultad, postrada de rodillas en el camino de piedra, y temblaba de forma escandalosa. Remus corrió hacia ella y se agachó a su lado, sacando del bolsillo de su túnica una rana de chocolate que tendió a la joven. Estelle cogió el dulce y dio un largo suspiro, lo miró con los ojos brillantes. Seguía estando tan pálida como un muerto pero había cierto matiz de determinación que era la primera vez que asomaba por sus facciones.
-Nunca había conseguido materializar un patronus- dijo antes de comerse la rana pensativa.
-Nunca te habías enfrentado a un dementor- respondió Remus con sencillez, comiéndose él otra rana de chocolate.
-No es eso- respondió ella tranquilamente. Remus la miró interrogante, con una ceja alzada- algún día te contaré en qué he pensado para conseguirlo- recuperó entonces matiz alegre con el que siempre solía hablar, y se levantó con cierta dificultad- ahora tenemos que coger esa copa.- y dejando a Remus alucinando, comenzó a caminar hacia el pedestal- ¿vienes?- se volvió al merodeador, que se había quedado plantado en el sitio, pero de inmediato se levantó para seguirla. Si hubiese tenido que crear un patronus en ese mismo momento, habría podido vencer a todos los dementores que vigilaban Azkaban.
…
Lily se preguntó en que organización benéfica James, Sirius y Remus habían decidido adoptar a Peter, y le era imposible entender como aquel chico bajito, regordete, y cobarde había llegado a formar parte de la casa de los valientes (tendría que decirle a Dumbledore que el sombrero no era infalible) y mucho menos como podía haber llegado al séptimo curso de Hogwarts, pensamiento que sus dos amigas habían compartido alguna vez en voz alta delante de la propia Lily, que las había tildado de exageradas (craso error).
El chico se había pasado todo el camino desde que salieron de la charca de los kappas implorándole que le realizara un escudo protector como el que había visto hacerle a Estelle, y de poco había servido que le explicara que eso la debilitaría durante el camino y le impediría realizar cualquier otro hechizo que fuera más útil que proteger su gordo trasero. Al final se conformó cuando la pelirroja le prometió que ante cualquier peligro que apareciese sería el primero al que mandaría su escudo, sin tener ninguna intención de cumplirlo realmente. James se mesaba algo incómodo el pelo de la coronilla mientras reía a modo de disculpa y lanzaba a Peter miradas de advertencia para que se controlase.
Y entonces empezó la diversión. Primero fue una tentácula venenosa oculta entre la hiedra de las paredes del laberinto (casi pierden a Peter, que si no fuera por James y Lily habría sido absorbido por la planta de momento). Después fue un suelo que se deshacía bajo sus pies (James y Lily casi tienen que tirar de Peter y llevarlo en volandas para evitarle caer al vacío). Y ya cuando llegaron al punto en el que tenían que esquivar decenas de maldiciones que les llegaban de frente sin tregua, Lily decidió que o le hacía el famoso escudo a Peter mientras James contrarrestaba las maldiciones, o lo perderían definitivamente. Mientras la pelirroja ampliaba el hechizo de modo que los cubriese a los tres James lanzaba potentes hechizos aturdidores que viajaban como si fuera una onda expansiva eliminando a sus enemigos. Lily sintió una fuerte punzada de admiración mientras observaba como el chico desplegaba su poder de aquella forma, y le dieron unas ganas inmensas de hacerle el amor salvajemente en mitad de aquel mismo pasillo, importándole un pimiento las maldiciones y que Peter estuviera delante. Por suerte, pudo controlarse sin que la expresión de su rostro manifestase demasiado éxtasis cuando James se giró para comprobar que Peter y ella estaban bien.
Al final, tras un rato de caminata en tranquilidad, llegaron a una ampliación del pasillo, transformado en un terreno arenoso, y al final de éste podían ver claramente un pedestal con una copa dorada encima.
-¡Bien! Casi estamos- James se giró satisfecho a Lily, y de la emoción, la cogió de la cintura y le estampó un entusiasta beso en los labios. Lily sintió un cosquilleo familiar en el estómago, que llevaba días sin sentir y echaba tanto de menos que le dolía, pero se separó rápidamente y alzó un dedo amenazante.
-No vuelvas a hacer eso- y casi se le parte el alma al ver la cara de cervatillo desvalido que James le puso. ¿Por qué tenía que ser tan malditamente adorable?
-Bueno, vámonos, ya hemos pasado demasiado tiempo aquí dentro- Peter casi echó a correr hacia la copa con avidez, pero no pudo llegar muy lejos porque de repente, una mano salió de debajo de la tierra y lo agarró del tobillo, haciéndolo tropezar y caer estrepitosamente.
Lily consiguió ahogar un grito cuando vio como docenas de manos empezaban a salir de debajo de la tierra, seguidas de cabezas, torsos y extremidades de personas desconocidas, que andaban hacia ellos como si fueran muertos vivientes.
-¡Son inferi!- el tono de James no manifestaba el miedo real que debía tener, parecía incluso estar esperándolo.- ya casi estamos ahí, princesa.- y lanzándole un seductor guiño a una ya perjudicada Lily, se puso delante de ella y comenzó a lanzar reductos y bombardas a diestro y siniestro. Lily lo imitó, y vio como a su lado, James casi disfrutaba de lo que hacía. Por su parte, Peter se debatía como podía con el inferi que lo había agarrado, y ya tenía un feo corte en la espinilla que sangraba profusamente cuando, con bastante puntería, consiguió clavarle su varita en el ojo al muerto viviente, que gritó de forma espeluznante.
-¡Reducto!- gritó con voz chillona, y la cabeza del muerto viviente saltó en miles de pedazos. El chico no cabía en si de gozo, y hubiera seguido celebrándolo solo si James no lo hubiera agarrado para correr hacia la copa, mientras Lily se encargaba del último inferi que quedaba. Y estaban tan tan cerca de coger el recipiente dorado, los tres a la vez, cuando el mismo desapareció delante de sus narices, y se les quedó la sonrisa helada en el rostro.
-¡NO!- James estampó con furia el puño en el pedestal, ahora vacío, mientras los tres gryffindor notaban como algo tiraba de ellos a nivel del ombligo y desaparecían de allí.
…
Y la misma cara de pasmo se les quedó a Yasmine y a Sirius cuando, a apenas un centímetro de tocar la copa, ésta se volatilizó. Se miraron boquiabiertos, con los ojos abiertos como platos, y, sintiendo el mismo tirón que sus amigos, desaparecieron de donde estaban.
…
Y sí, Remus y Estelle agarraron con fuerza cada uno una de las asas de la copa, y esta, los trasladó directamente a la sala de los menesteres, que ya había recuperado su aspecto habitual. Allí los esperaban con cara de pocos amigos Lily, James, Sirius, Yasmine y Peter.
-¡Hola chicos!- saludó Estelle alegremente con los ojos achinados de la alegría. Los demás respondieron con menos entusiasmo.
-¡Ganamos!- gritó de repente Remus, y abrazó a su pelirroja compañera con alegría, levantándola del suelo y dando vueltas sobre ellos mismos.
-Sería un detalle que dejaseis las celebraciones para luego-masculló Sirius con rencor.
-¡Voy a morir desangrado!- gritó Peter agarrándose la pantorrilla, que ya no sangraba tanto como al principio.
-No vas a morir desangrado, pero como sigas quejándote te llevaremos a un hospital muggle a que te hagan una transfusión en vez de ir con madame Pomfrey, y te clavarán muchas agujas y te meterán sangre de otra persona- le espetó con crueldad Lily, que quería vengarse de Peter por haberles hecho perder tiempo durante todo el camino del laberinto. A ella tampoco le había gustado perder.
-¿Una qué? ¿Una transfixión?- preguntó de repente Yasmine muy interesada en el concepto que Lily acaba de explicar.- ¿sangre de otra persona?- esta vez la cara fue de asco.
-Sí, cuando los muggles pierden sangre, como no tienen pociones restauradoras de ella, utilizan sangre de otra persona para meterla en el cuerpo del que lo necesita, y que se recupere.- decidió no meterse en temas de grupos sanguíneos por miedo a que la cabeza de su amiga explotase de tanta información compleja.
-¿Desangran a una persona para salvar a otra?- Yasmine estaba alucinando.
-¡No!- Lily no pudo evitar reír ante la pregunta- hay gente que dona una porción de su sangre para poder transfundírsela al que lo necesita.- llegados a ese punto, Yasmine las cejas alzadas de la impresión y parecía cada vez más interesada en ese aspecto de la medicina muggle.
-De modo que el donante no muere- quiso asegurarse ella.
-¡No! Claro que no.
-¿Y como le sacan la sangre al donante?- para Yasmine aquello era cada vez más interesante.
-¿Se puede saber por qué demonios quieres saber como se hace eso?- Sirius materializó en palabras lo que los demás estaban pensando. Yasmine lo fulminó con la mirada.
-No te importa- replicó ella de mal humor. Sirius puso los ojos en blanco, y le sacó la lengua a la chica, que le respondió con un gesto obsceno del dedo medio.
Mientras tanto, Remus y Estelle cuchicheaban entre ellos muy divertidos y entretenidos, hasta que por fin tras unos segundos se dirigieron muy ufanos a sus amigos.
-Pues bien, esto es lo que queremos que hagáis durante una semana completa- Remus se frotó las manos satisfecho, y se dispuso a contarles lo que Estelle y él habían decidido hacer con ellos.
