PASADO

LISA TURPIN

Febrero de 1995


Baudelaire puede ambientar muchas tardes. Lisa cierra el libro de poesía y lo vuelve a colocar debajo de los demás. Ese es su pequeño secreto. Que debajo de todo lo que pretende ocultar la chica que todos conocen, se esconde una poetisa, una amante, una persona sensible, o todo al mismo tiempo.

Es fin de semana y, como tal, los alumnos tienen libertad total para hacer lo que mejor les convenga. Como concretamente es domingo, casi todo el mundo se apura intentando acabar las tareas que llevan arrastrando desde el viernes. Otros, como Lisa, deciden que el último día del fin de semana hay que aprovecharlo. Y no, no es para pasar otra tarde con las chicas.

Plancha el uniforme con sus manos. No tiene dinero para más ropa que no sea esa. A duras penas, de hecho, sobrevive fuera del colegio. Poder permitirse los libros de texto es fruto de trabajar como un animal en el orfanato.

Suspira, inmersa en sus cavilaciones.

Al final lo único que importa es que nadie descubra su pasado y su desgraciado presente. Le quedan muchos años allí y no quiere estropearlo. ¿Qué por qué tanta vergüenza? Por adolescente, por ególatra y por todo lo demás.

Se despide de sus amigas —que han decidido quedarse e ir a ver a los chicos para jugar a alguna cosa que tuviera que ver con alcohol y quitarse la ropa—, y recorre el camino para llegar a los exteriores. Pasa por los jardines, se desvía a la izquierda y, más tarde, encuentra el lago. Esa parte lindante con el Bosque Prohibido donde nadie va.

Lisa le tiene cierto cariño al lugar. Es tranquilo, a pesar de estar a la vista de todo el mundo, allí puede encontrar una paz y una intimidad que pocos sitios le proporcionan. Se quita los zapatos y remanga sus pantalones, por último camina hasta meter los pies en el agua congelada.

Un escalofrío recorre su espalda pero no importa.

El viento azota su cara. De nuevo, no importa.

Cierra los ojos y disfruta de su único momento de catarsis.