Disclaimer:
La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.
House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.
La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.
Advertencias:
Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.
La Casa de los Cuervos
Capítulo 22
Una Oportunidad para el Escándalo
Fría, fría agua me rodea ahora
Y todo lo que tengo es tu mano.
No había sido un buen mes, Sakura pensó, mientras permanecía tendida en su futón y jugaba con los dos rollos muy diferentes sobre su cabeza. Todavía estaba aquí, para empezar, y para el momento ya se le estaban terminando las ideas.
Al principio cuando había descubierto lo de los viajes mensuales a Amegakure que algunos sirvientes ocasionalmente hacían para gastarse sus sueldos, había creído que era su oportunidad. Kaoru iba a ir –todo lo que necesitaba era unirse bajo la pretensión de querer gastar lo poco que había acumulado hasta el momento, y una vez que estuviera en Ame desaparecer en un callejón para nunca jamás ser vista de nuevo.
Este plan, sin embargo, había sido aplastado sin más luego de que Yui escuchara que Sakura estaba planeando ir al viaje. No mucho después de eso, Aki se había acercado a ella apologéticamente para explicarle que la familia Zuru había decidido que no podría ir a este viaje; estaban preocupados de que usara la oportunidad para huir. Tenían razón, por supuesto, pero por las razones equivocadas, y Sakura había sido dejado atrás para mucho contento de Yui.
Pero la oportunidad de contactar a Konoha todavía estaba ahí, así que en la mañana mientras Kaoru se preparaba para irse, Sakura le había preguntado si podía enviar una carta por ella mientras estaba en Ame.
—Seguro, pero necesitaré tres ryo. —Kaoru dijo amargamente.
—¿Para enviar una carta? —Sakura preguntó. —Es un poquito caro.
—Es caro porque es una molestia enviarlas. —Kaoru suspiró. —Primero tienen que abrir la carta, luego tienen que leerla, y si la envías fuera tienes que explicarles con íntimo detalle a quien estás contactando y por qué, y si quieres enviarla a un país enemigo como el País del Fuego puedes olvidarlo; sólo me arrestarían; ¡Tres ryo, por favor!
Sakura tomó de nuevo la carta y la arrojó en la estufa de la cocina.
Después de una semana sin tener noticias se había rendido y simplemente intentó empacar y caminar. La primera vez que había intentado esto, falló miserablemente cuando Pakkun se apareció.
—No seas tonta, Sakura. —Le advirtió.
Pero él era apenas más grande que un conejo, y ella continuó dejándolo atrás sin decir una palabra e internándose en el bosque. No más de diez segundos después, Bull se apareció. Él era un perro no muy diferente a Pakkun en apariencia, salvo por el hecho de que él era treinta veces su tamaño. Él más que cuidadosamente pero con firmeza había tomado su manga con los dientes y le arrastró de vuelta al pórtico fuera de su dormitorio y ambos perros se sentaron ahí y esperaron hasta que ella regresó al interior.
La segunda ocasión que intentó la misma táctica, ella le hizo una petición a una de las cocineras: una galleta muy especial; y mientras le explicaba la receta a la mujer, el rostro de la cocinera se volvió más incrédulo y un poquito verde. Pero era bien conocido que las mujeres embarazadas tenían antojos raros, así que había accedido y cocinado algunas galletas de mantequilla, aderezadas con la grasa de conejos locales.
Sakura se las había dado a Pakkun, espolvoreadas con una fuerte dosis de somníferos de Lady Zuru, y le dijo a él que eran sus galletas sabor a gato. Él los había comido contento, aparentemente satisfecho de que fueran aliados de nuevo.
En el momento en que se quedó dormido, Sakura una vez más caminó hacia el bosque con su mochila. Pero sólo llegó a trescientos metros lejos del Feudo antes de que se diera cuenta de su error… cuando dos miembros del clan Hatake la alcanzaron.
—¿Por qué esta ratoncita está huyendo? —Un hombre moreno preguntó, parándose frente a ella. —Esa es una mochila enorme para una ratoncita.
—Ah, es la preñada. —Otro dijo, probablemente no reconociéndola personalmente, llegando sólo a reconocer su grado.
—¿Huh? —Dijo el otro.
—Ya sabes. Es la putita del heredero.
—Oh, sí. Probablemente está huyendo porque saben que la van a matar una vez que nazca. Pobrecita; ¿Qué deberíamos hacer con ella?
Los dos hombres de cabello negro se vieron el uno al otro. —Supongo que nadie sabe que está aquí.
—Nadie la va a extrañar al menos hasta la mañana.
—No sería nuestra culpa si no regresa.
—¿Importará si se muere antes?
Sakura había inhalado con mucha fuerza y retrocedió, sabiendo que no podría correr y defenderse contra dos shinobi en este feudo, pero estaba segura que igual se moriría intentándolo. Pero mientras retrocedía, chocó directamente contra el pecho de un tercer hombre. Girándose con rapidez, se dio cuenta de su pálido cabello y sus ojos todavía más claros.
—Dejen de perder el tiempo. —Les dijo a los otros dos con la voz plana y autoritaria. —Llévenla a la casa.
Sin importar si este hombre le había salvado o no la vida o si los otros dos hombres simplemente le estaban tomando el pelo, Sakura no creía que no pudiera arriesgarse a irse de nuevo. Tenía que acostumbrarse al hecho de que la condición en la que estaba le dejaba extremadamente vulnerable. Quizás algunos meses atrás ella hubiera sido capaz de arremeter contra los tres hombres sin un momento de miedo o titubeo, pero justo en ese momento ella estaba bajo su merced.
No más galletas de perro adulteradas.
Su último recurso, parecía, estaba ahora apretado en su mano y venía en la forma de un rollo –el que Sasuke le había dado. Él había dejado el Feudo dos días luego de que hubiera llegado, con dinero en su bolsillo y ansioso por dejar huellas antes de que Karasu u otro descubriera alguna inconsistencia en la información que les había dado. Pero antes de que él se fuera le había llamado a su habitación una vez más y presionado el redondo tubo de papel en su mano.
—No ayudará a Konoha. —Dijo. —Pero si en algún momento tu vida peligra y necesitas ayuda, usa este rollo. Contiene un jutsu de invocación que será activado en el momento en que lo abres. Sin importar donde esté, me llevará ante ti.
Sakura lo había echado en su bolsillo junto con el rollo de Kakashi, y ahora estaba tendida, preguntándose en cuál de los dos hombres confiaría más si venía una situación en la que necesitara ayuda. ¿Llamaría a un infame traidor de su aldea que comía posavasos y confundía la leche con el té? ¿O ella confiaría en el no-tan-conocido sin embargo igual-de-traidor que desafortunadamente le había preñado?
Era claro que no podía confiar en ninguno. Y sin embargo, Kakashi nunca le había herido físicamente. Si en algún momento estaba desesperada y tenía que poner su vida en las manos de alguien más, tenía que admitir que todavía serían las de Kakashi. Pero si confiaba en él, quizá nunca sería libre hasta que fuera demasiado tarde.
Así que por ahora, estaba reluctante a hacer un movimiento. La falta de noticias comunes de Konoha al menos le tranquilizaba. Si el título de Hokage había cambiado de manos, estaba segura de que la noticia llegaría a este lugar en corto tiempo, así que al menos lo tomaba como que Kakashi había fallado en suceder a Tsunade. Estaba agradecida por eso, pero entre más tiempo él no estuviera ahí, más se preocupaba ella. Él estaba por ahí, probablemente saboteando misiones y planeando la caída de la Aldea desde dentro, reuniendo información ultra secreta sobre la posición y estrategias de las tropas desplegadas.
Ella miró el rollo que él le había dado y se preguntó que contenía, ¿Sería un rollo de invocación como el de Sasuke? Si lo abriera, ¿Kakashi aparecería frente a ella? ¿Podría sacarlo de Konoha por medio segundo y alejar al espía de su trabajo? ¿Tal vez lo invocaría cuando estuviera en medio de su ducha?
Era tentador abrirlo y ver qué sucedería, pero Sakura sabía que no se atrevía por completo. Sin importar si era un jutsu de invocación o algo más, sólo funcionaría una vez, y ella no quería gastarlo en algo como un intento de molestar a Kakashi.
La alarma del reloj sonó a un lado del dormitorio y Sakura lo miró por encima. Su descanso se había terminado, y necesitaba regresar al trabajo. Sakura se levantó cuidadosamente, definitivamente comenzando a extrañar la falta de gracia que una vez había tenido. Cada día era más difícil el ignorar la presencia de esta cosa dentro de ella cuando repentinamente estaba descubriendo que la flexibilidad innata que siempre había tenido estaba desapareciendo, y ahora no podía dormir en ciertas posiciones, o doblarse de cierta forma, e incluso se esforzaba un poquito al levantarse cuando se sentaba muy adentro del sillón de la sala cuando estaba 'a la espera'.
Su busto quizá se hubiera expandido, pero el efecto estaba de alguna forma perdido ahora que su vientre estaba extendiéndose todavía más. El yukata que estaba usando había sido muy bueno para esconder el peso, pero ahora se había vuelto lo suficientemente incómodo como para cambiar el obi por un fajín más holgado. Su condición era ahora la primera cosa que notaban cuando se la encontraban. Mientras antes posaban primero los ojos sobre su rostro y luego se deslizaban a su vientre, ahora los ojos se movían primero a su vientre. ¿Quién podría culparlos? Usualmente era la primera parte de ella que entraba en una habitación.
Sakura se movió con facilidad hacia el sótano para checar su agenda como estaba escrito en el pizarrón, sólo en caso de que hubiera algún cambio. Cuando corrió el dedo siguiendo su nombre ella se dio cuenta de que era una fortuna que lo hubiera hecho –su siguiente deber que había sido ordenar la habitación de las gemelas, había sido borrado y reemplazado con "Lavar los onsen".
Con un débil grado de irritación, Sakura cruzó los jardines hacia el onsen. Ella odiaba lavar el lugar. Siempre estaba lleno de vapor y sudor, y a veces hombres desnudos. La náusea de Sakura quizás hubiera disminuido en las últimas semanas, pero el fuerte olor y el aire caliente y húmedo dentro del onsen siempre le hacían sentir enferma y con la cabeza ligera. Uno de esos días ella colapsaría dentro de una de las pozas y ese sería su fin.
Cuando entró en el edificio, checó en búsqueda de zapatos y no encontró ninguno. Eso usualmente significaba que nadie estaba dentro y que era libre de lavar y usar cloro como quisiera. Sakura tomó un cubo y un cepillo del armario de escobas, y se movió hacia los vestidores buscando toallas usadas. Siempre había al menos una docena. Ella las levantó y apiló una por una, suspirando cada vez que se agachaba.
Mientras levantaba su sexta toalla fue que un débil ruido le hizo detenerse en su trabajo. Ella se giró hacia las puertas corredizas que daban entrada al onsen, jurando que lo que había escuchado sonaba como una débil voz del otro lado. Entonces divisó el montón de ropa en la banca junto a la puerta, y los dos pares de zapatos metidos abajo. De un hombre y de una mujer.
Oh, que atrevidos. Pensó sarcásticamente mientras caminaba de puntitas hacia las puertas del onsen y escuchaba a consciencia. Sí, definitivamente eran bajos gemidos los que escuchó; de un hombre al parecer, y los sollozos cortos y jadeantes siguiéndoles eran femeninos.
¿A quién podría chantajear y atormentar? Se preguntó. La jerarquía del personal en este lugar era un mundo despiadado… descubrir los escándalos de otros y levantarlos sobre sus cabezas era una maravillosa manera de elevar tu estatus –o sólo obligar a alguien para que cubriera tus turnos por un rato. Sabiendo esto, Sakura silenciosamente empujó la puerta para echar un vistazo.
Al principio, ella no estaba segura de qué estaba viendo. Demasiadas piernas y brazos pálidos enredados sobre una de las alfombrillas junto al baño del onsen. Un destello de rosa hizo a Sakura fruncir el ceño. ¿Esa era… esa era Yui?
Con Toshio por supuesto.
Instantáneamente Sakura se arrepintió de abrir la puerta. Ahora sí se sentía con náuseas, como si el vómito de la mañana finalmente hubiera regresado dispuesto a cobrar venganza. También se vio forzada a darse cuenta que mientras ella ya había tenido sexo (algo que no podía esconder ahora a nadie ni siquiera si carecían de los increíbles poderes de deducción de Ino) ella nunca lo había visto. El porno, había descubierto cuatro meses atrás, no era muy apegado a la vida real. Y mientras veía los cuerpos jadeantes de dos personas que despreciaba absolutamente, también se dio cuenta que todo se veía más que estúpido y ridículo.
Repentinamente la cabeza de Yui se levantó, como si sintiera que estaba siendo observada, y en el momento en que su mirada encontró la de Sakura una horrible sonrisa presumida se extendió sobre su sonrojado rostro.
Ahora Sakura sabía quién había modificado su agenda en el sótano. Yui había querido que ella viniera aquí, y quería que viera esto. Pero, ¿Por qué? ¿Creía que a Sakura le importaba una mierda Toshio? En teoría se suponía que ella estaba cargando con el hijo de este hombre, pero incluso si eso fuera cierto, Sakura dudaba que alguien fuera tan ciego como pensar por un seguro que ella él le importaba. Si ella esperaba poner celosa a Sakura, había fallado miserablemente. Si su plan había sido asegurarse de que Sakura perdiera el apetito, bueno, quizás ahí había tenido mucho éxito.
Con un siseo de disgusto, Sakura se alejó de las puertas, dejando caer su cepillo y el balde mientras se iba. Este no era su trabajo, no iba a perder aquí el tiempo. Parecía que su trabajo real de ordenar la habitación de las gemelas había sido dejado de lado, y además de arrebatar diez años de su vida con esta treta, ¿Tal vez Yui esperaba meterla en problemas? En ese caso tenía que apresurarse.
Pero mientras Sakura se apresuraba a través de los jardines, ella no podía ignorar el ardor que comenzó a lo largo de su cadera. Puso una mano contra el área afectada, bien consciente de que la única cosa bajo su ropa era un diminuto tatuaje que le había dejado él. Después de un momento, la incomodidad se desvaneció, dejando a Sakura preguntándose qué demonios significaba.
Por supuesto, tenía una muy buena idea… una que no le gustaba para nada.
Un par de sirvientas gritaron y buscaron un escondite en el momento en que Kakashi salió abruptamente de una esquina. Suponía que no podía culparlas, ya que no proveía una imagen muy reconfortante a primera vista –no con la cojera y la sangre seca manchando su cabello. Probablemente él se veía como si estuviera buscando su siguiente victima… y en cierta forma, lo estaba haciendo.
Sin golpear o anunciar su presencia, Kakashi jaló la puerta del despacho de Karasu y atravesó las habitaciones unidas, sin importarle que estaba dejando huellas ligeramente sangrientas de sus zapatos sobre el inmaculado piso. El hombre que buscaba estaba estirado sobre el pórtico, observando el soleado lago mientras fumaba de una larga pipa. Mientras Kakashi se acercaba, tuvo que aguantarse las ganas de patearlo en los riñones.
Karasu ni siquiera tenía que abrir los ojos. —¿Qué estás haciendo aquí? —Dijo arrastrando las palabras. —¿No deberías estar ocupado en Konoha siendo Hokage?
—Te moviste tras mis espaldas. —Kakashi gruñó. —¡Ordenaste un golpe contra la Hokage sin decirme!
—Los regalos son más divertidos cuando son sorpresa. De cualquier forma, hubiera sido mejor si no tuvieras conocimiento. No quiero que la gente lo relacione contigo. —Karasu se tendió sobre su espalda. —Pero el hecho de que estás aquí y que no he escuchado nada sobre la muerte de esa mujer significa que alguien lo ha jodido.
—Sable está muerta. —Kakashi le dijo con frialdad. —Tu plan falló.
—¿Viniste hasta aquí para decirme? Dedicación. Eso me gusta. —Karasu se sentó y sopló una nubecita de humo hacia él. —Pero ¿Por qué estás herido? ¿No te descubrieron, o sí?
—Parece que el País de la Lluvia hizo un pacto con el País de la Tierra. Hay ninjas de Iwa posicionados a lo largo de la frontera entre el Fuego y la Lluvia. Me tropecé con una tropa entera y no parecieron reaccionar bien ante el uniforme de Konoha. —Kakashi cambió su peso hacia su tobillo no herido.
—¿Les explicaste que estabas con el Sindicato?
—Por supuesto que no. los maté a todos. —Replicó, frotándose la costra de sangre en su ceja. No era suya.
—Bien, es bueno que no dejaras testigos que quizá te hubieran reconocido. Preferiría que Iwa fuera tan ignorante de nuestra identidad como Konoha. —Karasu murmuró pensativamente. —Aunque, intenta no matar tanta gente de Iwa. Están de nuestro lado, sabes.
—Creo que te preocupas más por los soldados de Iwa que por Sable. —Kakashi dijo cortante.
—Si ella fue lo suficientemente descuidada como para terminar muerta, que así sea. De cualquier forma era parte de los miembros de las ramas bajas. —El sonido de un trueno hizo al líder de clan levantar la mirada. —Oh. El sol todavía está brillando y está a punto de llover. Amo este lugar.
Kakashi se giró, incapaz de soportar su presencia más tiempo.
—¿Cuánto tiempo planeas quedarte, Kakashi? —Karasu gritó.
Lo mejor era no mencionar que había conseguido baja temporal de parte de Konoha por el bien de una chica embarazada. En lugar de eso, él dijo: —Konoha ha enviado a su jounin más apto en una misión para descubrir y destruir el corazón del Sindicato, el cuál serías tú, Karasu.
—Recordaré dormir con un ojo abierto. —Karasu se río. —Entonces, quédate el tiempo que quieras. Al menos Reika estará complacida.
—Seguro. —Replicó con la voz plana y entonces dejó al hombre para que disfrutara su lluvia soleada. Justo ahora Kakashi tenía cosas más importantes que atender. Cosas que habían estado en su mente desde el momento en que había dejado este lugar y le habían aterrorizado cada hora consciente y de sueño desde entonces.
Sakura bostezó cuando las gotas gordas de lluvia golpearon contra las tejas sobre la veranda. Normalmente entraría, pero las lluvias en el País de la Lluvia siempre venían acompañadas con el aumento del calor, ya que la humedad se ponía peor y con frecuencia el único alivio podía ser encontrado en la esquina más profunda y oscura del sótano. Por ahora, Sakura estaba contenta con sentarse en los pisos de madera del pórtico y observar la lluvia empapar el suelo a unos metros lejos. Estaba demasiado cansada para moverse. Después de acomodar los juguetes de las gemelas en sus cajas y hacer sus camas, regresó a su habitación para su merecido descanso; entre más tiempo permaneciera de pie, más le comenzaba a doler la espalda.
Kaoru se internó en la habitación detrás de ella, viéndose inusualmente sonrosada y alegre, incluso para ella. —Adoro el olor de la lluvia. —Dijo sinceramente, moviéndose para sentarse sobre su futón. —Te recuerda que el mundo está vivo.
Pero Sakura estaba comenzando a extrañar Konoha, con sus largas semanas de luz de sol rotas por las intermitentes lluvias que no te dejaban sintiéndote como un cerdo sudoroso luego de que pararan. Sakura se refrescó el rostro con la mano. —¿Por qué estás tan feliz? —Preguntó con la voz plana.
—Oh, nada, nada. —Kaoru dijo alegre, y entonces comenzó a canturrear.
Sakura le frunció el ceño. O Toshio había muerto (lo que sería una pena, ya que le hubieran arrebatado el honor a Sakura de asesinarlo), o tal vez Kaoru había recibido unas vacaciones sorpresa con un enorme bono extra. Sakura sinceramente lo dudaba también, pero quizás era ese tiempo del año. La canción que Kaoru estaba cantando era una versión ligeramente fuera de tono de una melodía tradicional de un festival de invierno. No que el invierno existiera aquí, pensó. Allá en Konoha probablemente estaban experimentando frío y quizás un poquito de nieve, pero aquí, era casi tan cálido como cuando había llegado.
—Cómo sea, ¿Dónde has estado? —Sakura le preguntó. —Tu descanso terminó hace horas.
—¿Hm? Oh. Estaba ayudando a preparar una de las habitaciones de invitados en el piso superior. —Kaoru canturreó en voz baja. —Él está de vuelta, sabes.
—¿Quién? —Sakura frunció el ceño.
—El hombre que me salvó aquella vez en la biblioteca. —Respondió con un débil sonrojo. Sakura esperaba que fuera porque el evento era una fuente de humillación de la que no pudiera hablar con facilidad, y no por lo que dijo después. —Hatake Kakashi, creo que ese era su nombre. Sabes, el lindo.
Si Sakura hubiera sido una chica más supersticiosa, hubiera hecho una señal contra el diablo en ese momento. En lugar de eso se le quedó viendo a Kaoru como si la otra chica hubiera dicho algo extremadamente estúpido. —¿Regresó? —Repitió infeliz, incluso si ya lo sospechaba desde el momento en que sintió la marca en su trasero comenzar a arder. —¿No te… No te gusta, verdad, Kaoru? —Preguntó con cierta esperanza.
—Oh, no, no. Cielos, no. —La otra chica negó con una enorme sonrisa de vergüenza y un sonrojo todavía más profundo.
Traducción: Oh, sí, sí. DIOS, SÍ.
Sakura observó a su amiga con silenciosa pena; ¿Cómo podría explicarle que ese hombre no era tan noble como al principio aparentaba? ¿Qué diría Kaoru si Sakura le informara que Kakashi era un traidor que había-? No, eso no funcionaría. Kaoru ya sabía que Kakashi estaba de infiltrado en Konoha y sin duda alguna lo aprobaría si ella, como todos aquí, consideraba que Konoha era el enemigo. Para Kaoru, las acciones de Kakashi eran probablemente heroicas y valientes.
Bueno, realmente necesitaba desalentar a la chica, siempre podría decirle la verdad sobre quién era el padre del bebé. Y si todavía tenía la ilusión de que quedaba algo que valiera en este hombre, Sakura siempre podría describir cómo el bebé había sido concebido. Quizás entonces ese terrible monje célibe que había pasado algunos días aquí ya no parecería tan mala opción como amante.
Por ahora, Sakura sólo podía observar el creciente enamoramiento en la chica con desespero –y ciertamente era un enamoramiento. Sakura tenía suficiente experiencia personal para reconocer un enamoramiento cuando veía uno. Era la sensación de felicidad que tenías sólo por pensar en esa persona, o verlo del otro lado de una habitación. Era la motivación para trenzarte el cabello un poquito más derecho, o cepillarte los dientes un poquito más a consciencia, o depilarte las piernas cada día, y siempre usar ropa interior que combinara, incluso si sabías que esa persona no lo iba a saber. Era la sensación de estar sentada en un pórtico bebiendo sake con tu superior y darte cuenta que cada vez que él te veía por más tiempo del necesario, tu corazón se hinchaba.
Sin embargo, todo esto era en el pasado, al menos para Sakura.
—Tengo hambre. —Repentinamente declaró. —Voy a conseguir algo para comer.
—Oh- ¡Sólo dime que quieres y lo conseguiré para ti! —Kaoru dijo con ganas, poniéndose de pie. —No hay necesidad de que te agotes.
Este era un beneficio de estar embarazada: si estabas esperando, alguien con toda seguridad se ofrecería a conseguirte todo lo que quisieras. Se le antojaban unos dumplings de carne justo ahora, y todo lo que tenía que hacer era decirle a Kaoru y ella echaría a correr. Pero Sakura se sentía demasiado inquieta como para estar aquí sentada y esperar por su comida. Kakashi estaba de regreso y su ventana a una oportunidad para escapar (esa con la que había batallado tanto para abrir desde que se había ido) sería cerrada a consciencia. Su instinto era mantener el perfil bajo y seguirse moviendo para evitar que la detectara –cualquier otra cosa se sentía como ociosidad.
Pero, de nuevo, su espalda estaba doliendo.
—De verdad quisiera algunos dumplings de carne justo ahora, Kaoru. —Dijo con cierto tono de pena. —Si no te molesta…
—¡Para nada! —Kaoru, ansiosa por ayudarle, corrió hacia la puerta. —Espera justo aquí- regresaré antes de que lo sepas.
Mientras la otra chica cerraba la puerta exuberantemente mientras salía, Sakura se giró hacia el paisaje lluvioso. El instinto de seguirse moviendo pudo haber sido frustrado por el hecho de que se sentía como un trozo de masa, pero quizá era lo mejor, desde un punto de vista más lógico, que ella permaneciera escondida aquí en una de las muchas habitaciones del ala de los sirvientes. Aquí era silencioso, salvo por el sonido de la lluvia golpeando las hojas del bosque de bambú, pero había sido silenciado por los otros ruidos de las aves y los insectos. Si ella cerraba los ojos, era sencillo imaginar que estaba perfectamente a solas aquí.
La piel en la cadera de Sakura ardió de nuevo. Medio ausente se frotó el adolorido punto, intentando ignorar la aprehensiva sensación que acompañaba lo que sentía. Era como cuando estaba en casa, feliz y contenta hasta el momento en que el teléfono sonaba, y repentinamente todo lo que sentía era hielo corriendo a través de sus venas ante el pensamiento de que quizás eran los cobradores. La vida era grandiosa hasta que tus preocupaciones sentían la necesidad de recordarte su existencia.
La puerta del dormitorio se abrió. Ella sonrió, esperando por el delicioso olor de dumplings calientes envolviéndola… pero nunca vino, y por el silencio de la persona que ahora estaba de pie en la habitación detrás de ella, probablemente no era Kaoru. Aki hubiera anunciado también su presencia. Yui hubiera entrado haciendo ruido innecesario, chocando cosas contra el suelo de una manera pasiva-agresiva.
Inmediatamente Sakura comenzó a tensarse. Sin darse la vuelta, ella comenzó a buscar el cuchillo dentro de su manga.
Él reconoció instantáneamente lo que ella estaba haciendo. —Soy sólo yo.
¿Sólo tú? ¿Se suponía que eso la tenía que hacer sentir mejor?
Sin embargo, no importaba que tan tentador fuera blandir su cuchillo y amenazarle con sacarle el ojo con él, seguía siendo un jounin. Con su agilidad en estos momentos siendo baja, no tenía una oportunidad de hacer tal amenaza sin importar que tan convincente fuera. Pero también, pensó, mientras lo veía hoscamente por encima del hombro, Kakashi no se veía como el pináculo de la buena forma. Una mirada a él le dijo que estaba herido: su peso favorecía una pierna mientras la otra estaba torcida y manchada en sangre. Había más sangre corriendo a través de su cabello y sobre su hombro, pero dudaba que fuera de él, ya que la tela de su chaleco de Konoha estaba como si nada. Ver ese chaleco sobre él le hizo querer escupir. Era todo una farsa. Toda la lealtad y dedicación eran una mentira y justo ahora la única cosa que quería hacer era ir contra él –cortarle el chaleco y cortar la banda protectora- cortar ese cinturón de utilidades y destrozar todas las armas y rollos que pertenecían a Konoha. Y si él sintió la necesidad de grabarle su nombre en el trasero, entonces ella ahora grabaría la palabra 'MENTIROSO' en su rostro, a ver cuántas ganas le quedaban de mostrarse en Konoha después de eso.
—Creí sentir que un dolor en el trasero volvía. —Replicó límpidamente. —¿Qué estás haciendo aquí? Creí que estarías ocupado intentando usurpar el lugar de Hokage y destruyendo mi aldea.
—Regresé por ti. —Le dijo simplemente.
Ella retiró la mirada con disgusto. Indudablemente le estaba diciendo la verdad y ella le creía con facilidad, sin embargo, de alguna forma hubiera preferido que él no se hubiera atrevido a pensar en ella y no se hubiera molestado en visitarla. Eso haría las cosas perfectamente blancas y negras para ella, pero en lugar de eso, él tenía el atrevimiento de mostrarse preocupado por ella mientas seguía haciendo de su vida un infierno.
—Haz lo que quieras. No me importa. —Le dijo con frialdad. —No puedo detenerte, obviamente. Pero no gastes tu tiempo preocupándote por mí, estoy segura de que tienes muchos jugosos secretos de la aldea que entregarle a Karasu.
—No vine aquí a vender secretos. —Dijo, avanzando hacia ella. Ella escuchó su cojera. —Y pasé el título de Hokage para poder regresar y protegerte. Eres mi responsabilidad, Sakura. No te voy a abandonar.
Sakura no dijo nada, porque deseaba muchísimo que él la abandonara y al mismo tiempo que pudiera darse la vuelta y abrazarlo como a un amigo. Ella se apretó el labio inferior con la uña de su pulgar, intentando distraerse de cualquier posible demostración de emoción con el pequeño y agudo dolor.
—Sakura, levántate. Déjame verte.
—Puedes verme bien desde ahí. —Le dijo.
—Si necesitas ayuda para levantarte-
—Oh, jódete, ¡No soy invalida! —Le interrumpió, y sólo para probarlo se puso en pie con toda la velocidad y gracia que podía, que eran muy pocas. El resultado no fue veloz o grácil, pero al menos tuvo éxito en no verse como un insecto sobre su espalda. Ella giró su rostro hacia Kakashi, desafiante, e inmediatamente se arrepintió.
La mirada de él se movió directamente hacia su vientre y casi retrocedió de manera visible. —Estás… estás más grande de lo que esperaba. —Consiguió decir.
Ahora fue Sakura la que retrocedió, mientras intentaba darse la vuelta, avergonzada de ser vista con tal shock. Sí, estaba gorda, y sólo iba a ponerse todavía peor, y sí, era un horror que hubiera conseguido hacer que un endurecido jounin quedara como un idiota con los ojos y la mandíbula bien abiertos. Sabía eso. Él no tenía que demostrarlo.
—¿Es eso… normal? —Preguntó titubeante.
—¡No lo sé! —Explotó, preocupada y bien consciente de su apariencia mientras le daba la espalda por completo.
—Kurenai no era ni por asomo así de enorme a los cuatro meses. —Apuntó él, innecesariamente, en la opinión de Sakura.
—¿Y? Las mujeres somos diferentes, ¿No? —Dijo, aunque sabía que sonaba más esperanzada que asertiva.
—¿Quizá son gemelos? —Sugirió con tal devastadora calma que Sakura sintió una capa de pánico cubrir su cuerpo de la cabeza a los pies.
—No seas estúpido, no son gemelos. —Siseó. ¿Estaba intentando asustarla? Gemelos era la última cosa que quería contemplar justo ahora cuando el mero pensamiento de un solo niño estaba probando ser demasiado para ella. —Y deberías salir de aquí antes de que una de las chicas regrese. Kaoru regresará en cualquier minuto con mis dumplings.
—¿Qué tienen que ver los dumplings con esto? —Preguntó, perplejo.
—Todo el mundo tiene sus antojos. —Dijo con un encogimiento de hombros. —Yo tengo los míos.
Él pareció entender a qué se refería. —Lo siento… debería haber estado contigo desde el principio. Se supone que soy yo quien debería estar consiguiéndote dumplings, ¿Huh?
—¿No lo entiendes, verdad? No quiero que te involucres conmigo o este embarazo. Quiero estar tan lejos de ti como sea posible. Quiero jamás volver a ver tu rostro y sería feliz si este niño nace y crece sin saber tu nombre. —La lluvia estaba comenzando a caer afuera, en extraña sincronía con los turbulentos sentimientos surgiendo dentro de ella. —Si quieres protegerme, adelante, pero puedes hacerlo desde una distancia. Si te preocuparas por mí aunque sea un poco, me dejarías en paz.
Su mano le tocó el hombro y Sakura se encontró girándose como si él le estuviera tocando con un cable pelado. Ella intentó dirigirle una mirada venenosa, pero la expresión en su rostro le dijo que no necesitaba hacerlo.
—¿Crees que eres la única atemorizada? —Susurró con dureza. —También es mi bebé, sabes.
Cuando él no era el que estaba cargando a la maldita cosa, ni sintiendo todas las náuseas, ni la incomodidad ni el dolor y la necesidad de ir a orinar cinco veces en la noche, Sakura encontraba difícil imaginar cómo era que él tenía el mismo derecho que ella de proclamar su paternidad. Sin embargo, no se le pasaba por al alto el hecho de que había tomado dos personas cometer este glorioso error y quizá Kakashi sentía un poco de la misma preocupación que ella. Seguro, no tenía que preocuparse sobre su figura, las estrías ni del dolor del parto, pero era posible que convertirse en padre era un shock tremendo, tal como era convertirse en madre.
Y que dios le ayudara, ella era demasiado suave. Miró su rostro hundido y vio el familiar estrés de una mente que se desmoronaba escrito en su ojo, y lentamente se encontró cediendo. Tanto que cuando él movió la mano para posarla sobre la prominente curva de su vientre, ella no hizo nada. Se sentía raro. Había dejado a otras personas tocarle así –principalmente a las otras chicas y de vez en cuando a otras mujeres del personal que preguntaban si podían hacerlo. Kaoru en particular creía que frotar la barriga de Sakura era una fuente de buena suerte y lo hacía cada mañana con gran entusiasmo. Pero hasta el momento, ningún hombre le había tocado así, y como el hombre que le había metido en este problema en primer lugar, le dejaba con sentimientos extremadamente encontrados. Incluso si uno de los hemisferios de su cerebro le decía que empujara su mano y le golpeara, el otro, y posiblemente el más dominante, se sentía curiosamente feliz.
Había algo extrañamente correcto acerca de su mano contra su vientre. Que él quisiera tocarle calmaba esa parte de ella que había estado aterrorizada desde el momento en que se dio cuenta que tendría que decirle que iba a ser padre. ¿Esto era lo que hacían las parejas reales, verdad?
Pero Kakashi era quien tenía que arruinarlo. —Quítate el yukata. —Repentinamente dijo.
—¿Qué? ¡No! —Gritó, tomando un repentino paso hacia atrás para salir de su alcance. —¡Siempre supe que eras un pervertido, pero esto te supera!
—Sólo quiero tocarte-
—¡Tócate tú! —Le interrumpió.
—Por favor, Sakura. —Le rogó. —Este embarazo vino casi de la nada para mí… es difícil comprender exactamente todo lo que significa cuando tú eres la única que lo experimenta.
Sakura se movió alrededor de él, manteniendo su distancia. —Eres más que invitado a tener mi dolor de espalda. —Dijo cortante. —De buen agrado te daría todas mis 'experiencias'.
—No me siento como parte de esto. —Le explicó. —Así que, por favor… sólo quiero verte. Quiero comprenderlo.
—¿Qué hay que entender? Sabes todo lo de las aves y las abejas, y puedes verme bien con mi ropa puesta. —Apuntó.
Él se pasó la mano a través de su cabello endurecido por la sangre. —Quiero verte a ti, no al vestido.
—Para asegurarte de que no estoy usando una almohada debajo, ¿No?
—Hablando metafóricamente, esa parece una forma adecuada de ponerlo…
Sakura se detuvo y consideró lo que decía, aunque sabía que no debía. Una estúpida noche cuatro meses atrás no le garantizaban el derecho de hacerla desvestirse para él, y ya que ella no tenía intención alguna de permitir que este hombre fuera el padre de este niño (mucho menos ser ella misma su madre) había poco sentido en incluirle.
Y aun así podía ver que era importante para él.
Y aun así… él era un traidor.
Sakura se giró hacia la pared y comenzó a deshacer el nudo de su fajín. —De acuerdo. —Dijo imperturbable. —Pero sólo por sesenta segundos, y no vas a tocar o mirar otra cosa. Esto es todo lo que vas a conseguir, y tienes que prometerme que me dejarás en paz después de esto. Tienes que prometer que también dejarás en paz al bebé. Sólo porque tú me hiciste esto no significa que vas a ser padre.
—No puedo prometerte dejarte en paz. —Le dijo detrás de ella. —Pero daré mi mayor esfuerzo mientras las circunstancias me lo permitan.
El fajín cayó al piso y Sakura se quedó de pie de manera incómoda por un momento, apretando las solapas de su yukata juntas. —Y si te ríes de mí-
—No me reiré. —Su voz era perfectamente seria.
Sakura todavía titubeó. Ella siempre había sido insegura sobre su cuerpo, y tener una hinchada calabaza como vientre no hacía mucho para alejar esos miedos. ¿Y si Kakashi no la encontraba atractiva? ¿Por qué le debería importar eso? Tenía que imaginar que esto era como ser examinada por un doctor; un encuentro impersonal en el que Kakashi no estaba interesado en su cuerpo más allá de los detalles técnicos. Con suerte su nivel de atractivo sería totalmente irrelevante para él justo ahora.
Ella se giró lentamente y cruzó los brazos protectoramente sobre sus pechos. Estaba usando un bra, por supuesto, pero era uno de Kaoru y la chica tenía cariño por las copas de gasa transparente. Sus pantaletas al menos eran un poquito más modesta, aunque eran enormes, grises y probablemente contribuían en nada a su puntaje de atractivo.
Kakashi se aproximó a ella cuidadosamente, sospechando inteligentemente que si pisaba mal ella actuaría violentamente contra él. A ella no le gustaba su cojera. Él claramente estaba mal herido, y en lugar de estar aquí molestándola debería estar buscando ayuda. Al menos ella no podía ofrecérsela, incluso si lo deseara. Pero todos sus pensamientos sobre su pierna se desvanecieron cuando él levantó la mano y apartó las solapas de su vestido.
Incapaz de atestiguar su reacción, Sakura giró la cabeza y se quedó viendo con decisión las puertas shoji. Bambú. Hojas. Charcos en el piso. Vapor elevándose de los techos de los otros edificios. La larga y tibia mano de Kakashi tocando su redondo vientre. Sakura apretó los ojos y comenzó a contar al sesenta. Él no tendría ni siquiera un segundo más de lo que ya habían acordado.
—¿Todavía tienes náuseas? —Preguntó, pasando los dedos ligeramente sobre la tensa carne.
Ella respondió mecánicamente. —Están pasando. —Quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho-
—¿Estás comiendo lo suficiente?
—Sí. —Veintiuno, veintidós, veintitrés…
Sus preguntas eran educadas y superficiales, ayudando a formar la ilusión de que esto en verdad era un encuentro impersonal con un doctor, pero la forma en que su mano le tocaba le estaba haciendo difícil mantener el conteo de segundos. Piel de gallina se le formó en los brazos y ella se abrazó con un poquito más de fuerza, intentando ignorar el hecho de que su toque no era nada parecido al de un médico, y más cercano al de un amante. Le recordaba claramente la noche cuando él había sido su amante, aunque brevemente, y cuando él le había tocado como si ella fuera lo más precioso en el mundo.
Exploradores dedos siguieron la línea descendiente desde su ombligo, casi hasta sus pantaletas. Músculos sensibles se movieron en respuesta, e inmediatamente Sakura intentó retroceder. —De acuerdo, eso es suficiente. —Dijo, incluso si estaba bastante segura de que le había robado al menos veinte segundos. Era un sentido de auto conservación; si permitía que él le siguiera tocando, corría el riesgo de comenzar a disfrutarlo.
Kakashi suspiró y volvió los dedos un puño bajo su mandíbula mientras Sakura comenzaba a cerrarse el yukata.
Y fue así exactamente como Aki y Yui les encontraron.
En su defensa, Sakura no había escuchado su acercamiento por culpa del sordo fluir de la sangre en sus orejas. Por otro lado, Kakashi hubiera notado que ellas venían, y la razón de por qué no había hecho movimiento alguno para advertirle se volvió aparente segundos después de que las chicas abrieran la puerta y entraran.
Nadie se movió. Las manos de Sakura se congelaron en el proceso de cerrarse las solapas de su yukata, aunque su estado de desnudez era obvio ya que su fajín estaba todavía a sus pies. Kakashi vio con aparente desinterés a las dos impresionadas y calladas chicas en el marco de la puerta, una de las cuales era Aki, luciendo particularmente horrorizada, mientras la otra era Yui, cuyo rostro estaba apretado en típica indignación ante el atrevimiento de Sakura de estar en su campo de visión. Y sin embargo había un pequeño destello de satisfacción en la expresión de la segunda chica, y Sakura fue obligada a recordar que el escándalo era una forma de cambio entre el personal. Sakura ya sabía que esto lo sabrían todos en cuestión de horas.
—L-lo siento, no sabíamos que estaban ocupados. —Aki murmuró, mientras ella y Yui salían con rapidez de la habitación.
Sakura levantó la mano e intentó que regresaran para explicarles ¡Esto no era lo que parecía! Justo ahora probablemente ya habían asumido que ella y Kakashi estaban en algo pervertido, pero en la realidad él sólo había querido sentir su vientre desnudo… y la razón tenía gran significado para él ya que él era el padre.
Naturalmente, las explicaciones de Sakura murieron en su garganta. La verdad era peor que la suposición, y se quedó viendo la puerta cerrada, sintiéndose pálida y mareada y repentinamente demasiado fría.
—Eso tendría que funcionar. —Kakashi murmuró, girando un hombro rígido. Él comenzó a avanzar hacia el pórtico y se paró en la tierra húmeda del exterior.
—¿Qué se supone que significa eso? —Preguntó, apretando con fuerza su yukata. —¿Tú… tú planeaste que eso sucediera? ¿Me hiciste desvestirme para que cualquiera que entrara se hiciera conclusiones? ¡¿Por qué demonios hiciste eso?!
Él la miró por encima de su hombre, su rostro indescifrable e inescrutable. —Verás por qué. —Dijo planamente.
Él cruzó a través del pasto, desapareciendo de la vista detrás de una esquina de la casa, y por largo rato Sakura sólo se quedó viendo tontamente. ¿No había comprendido lo importante que era que no estuvieran vinculados de manera notable?
¿Fue su demostración de interés en su bebé un mero acto para hacer que se desvistiera? ¿Esa preocupación era tan falsa como el resto de él?
La puerta detrás de ella se abrió de golpe y Kaoru entró. —¡Dumplings! —Dijo alegremente. —¡Recién sacados de la cocina y todavía calientes! Oh, dios, ¿Por qué estás medio desnuda?
Sakura se sentó en su futón y se metió un dumpling tras otro. Incluso si sentía que un millón de diminutas agujas estaban picándole los pulmones y le estaban haciendo difícil respirar para contener su deseo de llorar, su apetito no pudo ser erradicado. Y cuando terminó el último dumpling en su plato, se tendió y decidió que estaba demasiado cansada para hacer su última tarea del día, pero al menos Kaoru estaba ahí para decir que cubriría a Sakura en la cocina, así que por el resto de la tarde Sakura se quedó acostada en la habitación, durmiendo y despertando.
Sólo despertó apropiadamente cuando Aki, Yui y Kaoru regresaron como un grupo para dormir. Y mientras que antes Kaoru había estado burbujeantemente alegre sólo unas horas atrás, ahora estaba tan callada e indiferente como las otras dos. Las tres chicas parecían ir de puntitas alrededor de Sakura, casi literalmente, mientras se cambiaban de ropa y hacían sus camas, y era obvio por qué. El chisme de que había sido atrapada en una situación comprometedora con la oveja negra Hatake probablemente ya había cruzado el feudo completo para esos momentos, mientras Sakura ni siquiera había dejado la escena del crimen.
Kaoru parpadeaba sus oscuros ojos hacia ella con preocupación, Aki le veía con pena, y Yui todavía se veía muy contenta con la situación. Nadie le dirigió la palabra. Era posible que no supieran por completo lo que había sucedido o qué debían decir.
Todo eso cambió, sin embargo, a las diez y media cuando alguien vino a golpear la puerta.
—¡Entra! —Yui gritó, claramente todavía la reina del dormitorio, incluso si había perdido su rango oficial ante Aki.
Un joven abrió con cuidado la puerta, pero no entró, manteniendo sus ojos firmemente puestos en el techo. Sakura lo reconoció como uno de los sirvientes que todavía estaba en espera para esta noche. —Lamento molestarlas. —Dijo. —Pero uno de los invitados ha solicitado la presencia de una sirvienta llamada Sakura.
Todas las chicas miraron expectantes a Sakura, quien sintió un nuevo tipo de miedo comenzar a envolverla. —¿Qué invitado? —Dijo con la voz plana.
—Hatake Kakashi, señorita. Él quiere verla en su habitación.
Aki vio la pálida y congelada cara de Sakura y se giró hacia el sirviente. —Dile que no se siente bien. Si necesita algo, alguien más puede hacerlo.
—Él parece bastante seguro de que quiere a ella. —El joven respondió titubeante. Probablemente no quería regresar con el peligroso invitado y explicarle que no podía satisfacer sus deseos, y por la mirada en su rostro, quizás él mismo arrastraría a Sakura si intentaba protestar.
—No. Está bien. —Sakura le dijo pesadamente a Aki. —Iré.
Pero la chica torció el gesto. —Realmente no creo que eso sea una buena-
—No me va a dejar en paz. Tengo que ver qué quiere. —Dijo, poniéndose las sandalias y apretándose con un poco más de fuerza el fajín. Ignorando las miradas aprensivas de las otras sirvientas, Sakura siguió al sirviente fuera de la habitación.
Siguiente Capítulo: El Acuerdo.
Hooo~
Realmente tengo pocos comentarios sobre este capítulo. Pero, Kakashi finalmente ha regresado y tiene un plan entre manos, al menos podemos suponerlo ya que no le ha importado que lo vieran con Sakura. Y ella todavía tiene cierto punto débil por él, al menos como para ceder a sus peticiones.
Yo no sé si era lo que esperaban para este capítulo, no al menos luego de lo que vimos sucedió en su primera vez...
En fin, muchachos, muchas gracias por su paciencia. Algunos ya leyeron en face que tengo mucho trabajo y esa es la razón para los atrasos y por la que no he podido responder a los comentarios. Sinceramente será algo que se repita en el futuro, pero les agradezco a los que continúan aquí apoyando la traducción, entendiendo mi situación y dejando sus comentarios. Desearía poder dedicarle más tiempo a esta historia porque es mi favorita, pero no está en mi poder cuando tengo que dedicarle tiempo a otras áreas de mi vida.
Dicho esto, me pondré hoy mismo a responder los que tengo pendientes.
Isabel: Lo sé, la posición de Kakashi no mejora una vez que hemos leído lo que realmente sucedió en Jonan. Recuerdo que cuando lo leí me di cuenta de que SilverShine hizo un giro que no nos esperábamos, Kakashi canon es representado como alguien con fallas justificadas por la pérdida, alguien sacrificado, pero finalmente es humano, dada la oportunidad, ¿Sería posible que tomara la ruta de proteger a su familia a costa de todo lo demás, incluso como para sacrificar a una persona amada? Respecto a Karasu, ciertamente es posible que ya sepa de Sakura, pero eso implicaría que sabe que Kakashi la está protegiendo ¿Y no haría algún movimiento de ser así? Supongo que tendrás que esperar para saberlo :D
¡Y eso es todo!
Por favor, esperen por el siguiente capítulo!
