Los apresurados pasos de Severus resonaban por los pasillos del castillo rompiendo el silencio que reinaba en ellos. Era tal su ímpetu al caminar que el sonido resultante se asemejaba al fuerte tronar previo a la tormenta. Mientras se aproximaba a las dependencias de la enfermería su mano derecha se aferraba al libro que minutos antes había sacado de la biblioteca, como si en él se encontrase el mayor descubrimiento que haría en su vida.
Por fin divisó a Dumbledore a las puertas del lugar, el anciano parecía inmerso en sus propios pensamientos.
— ¿Se encuentra bien? — Preguntó Snape tratando que su voz sonase relajada a pesar de su precipitada carrera.
Sabía que por su semblante preocupado el director entendería que su pregunta se refería al estado en el que se encontraba Granger. Dumbledore pareció despertar de sus ensoñaciones al escuchar la profunda voz de Severus y se giró hacia éste. El pecho del profesor se expandía y contraía debajo de su levita negra dejando al descubierto la premura con la que había ido a su encuentro tras recibir la llamada. Fue en ese preciso instante en el que el director tomó consciencia de que probablemente esa urgencia no guardase relación alguna con él. Aunque le costaba admitirlo cada vez quedaba más claro que Severus tenía un verdadero interés por la joven Gryffindor.
— Sí, está bien — Confirmó el anciano sin apartar la vista de la suplicante mirada de su amigo.
El alivio de Severus al escuchar eso era palpable, su gesto se relajó y por fin pudo volver a pensar con calma. Todavía no entendía en qué momento esa joven se había convertido en su principal preocupación.
— ¿Ha descubierto que le está pasando a la señorita Granger? — Preguntó Dumbledore mirando el libro que portaba Snape.
— Todavía no pero lo haré — Su afirmación dejaba ver cuánto confiaba en sí mismo.
— Perfecto, espero que pueda resolverlo pronto — Pidió Dumbledore sabiendo que en todos los sentidos el tiempo jugaba en su contra — Por cierto, ¿donde se encuentra McGonagall?
La tardanza de Minerva extrañaba al anciano, conocía a esa mujer desde hacía décadas y jamás había llegado tarde a una cita.
— Se halla descansando, ha sido una larga noche — Explicó Severus.
— Me sorprende que usted siga igual de fresco que ayer, tengo por seguro que no ha dormido en absoluto — Señaló el director.
— Mi caso es diferente, digamos que estoy acostumbrado a las vigilias de la noche — Confesó Snape sin importarle lo que eso revelase sobre él.
Dumbledore asintió sin sorprenderse por sus palabras. Ya sabía que era un hombre torturado por la culpa, por dicha culpa había ganado su lealtad y por ella llevaba años utilizándolo en su beneficio.
Tras la pequeña conversación y sin demorar más el asunto ambos hombres entraron en la enfermería para descubrir en qué estado se encontraba Hermione.
— Bien, ¿podría explicarme los síntomas que ha sufrido durante estos meses? — Preguntó la señora Pomfrey mientras con una pluma encantada tomaba nota de las respuestas de la joven.
— Buenos días Madame — Saludó Dumbledore al llegar hasta ellas interrumpiendo el cuestionario médico de la enfermera.
— ¡Buenos días! — Saludó feliz la mujer.
Poppy aguardaba la visita del director desde que la niña despertó. Había estado eludiendo las preguntas que Hermione le formulaba sobre su extraño desvanecimiento, ahora que Albus estaba allí podría darle él mismo las respuestas que la chica deseaba.
Por su parte Severus le dedicó una fugaz mirada a la muchacha pero ésta parecía ignorarlo. Sin querer darle importancia a ese hecho centró su atención en cada movimiento que efectuaba el anciano. Éste tomó asiento en una silla cercana a la cama que ocupaba Granger mientras Snape permanecía al otro lado, junto a la señora Pomfrey.
— ¿Cómo se encuentra señorita? — Preguntó Albus con verdadero interés.
— Mejor — Respondió ella con un leve sonrojo en sus mejillas — Siento haber ocasionado tantas molestias.
De manera involuntaria Snape sonrió de medio lado al escuchar eso, hasta en esa situación Granger resultaba excesivamente correcta. La joven se percató del gesto de su profesor, no comprendía cuál era el motivo de su sonrisa así que no pudo evitar desconfiar de ese hombre, ¿podría tener algo que ver con lo que le estaba pasando?
— Por favor Madame, siga con el cuestionario — Pidió Dumbledore ansioso por escuchar de la propia Hermione qué le había sucedido durante esas semanas.
La enfermera puso su atención de nuevo en la paciente.
— Dígame sus síntomas — Pidió Poppy volviendo a hechizar su pluma.
— Falta de sueño y de apetito — Comenzó a decir la joven mientras entrecruzaba sus dedos, evitando mirar directamente a los adultos presentes pues no podía evitar sentirse intimidada por ellos.
— ¿Qué más? — Solicitó la mujer mientras la pluma comenzaba a escribir las declaraciones que Hermione hacía.
— ¿Dificultad para controlar las emociones? — Preguntó Granger sintiéndose terriblemente avergonzada al recordar su reciente falta de autodominio.
Una breve risa escapó de los labios de Severus tras escuchar eso. Los tres lo miraron extrañados pues en raras ocasiones habían oído reír abiertamente a ese hombre.
— ¿Tiene algo que decir profesor? — Preguntó Dumbledore tratando de ocultar su sorpresa.
Snape negó con la cabeza volviendo otra vez a su acostumbrada seriedad.
— Prosiga señorita Granger — Pidió el director.
— Bueno, algo nuevo es que ha aumentado mi dominio de la magia no verbal, ¿eso puede considerarse un síntoma? — Apuntó la joven recordando la forma en la que se batió en duelo con Malfoy.
— Pudiera ser... ¿Cómo cree que ha sucedido?— Solicitó Dumbledore.
— Ya lo conté, no sé como ejecuté los hechizos durante el duelo — Hermione apretó los puños tratando de guardar la calma, la frustración comenzaba a adueñarse de ella - Yo sólo... lo desee.
Albus suspiró cansado, todavía no tenían una explicación para eso.
— Además, he sufrido de intensos dolores de cabeza. Sobre todo cuando estoy en clase o rodeada de grandes multitudes — Confesó Hermione — Primero noto un dolor punzante y después mis sentimientos y emociones se descontrolan. Jamás había experimentado algo similar.
Dumbledore y Snape intercambiaron una mirada al escuchar eso.
— Puede que exista una explicación para ello — Comentó el director con cierta inquietud — ¿Conoce la Legeremancia?
Hermione se sorprendió al escuchar esa palabra.
— Por supuesto, pero es... magia oscura — Comentó la joven sabiendo que en Hogwarts estaba prohibida dicha práctica.
— Vivimos en tiempos oscuros — Las palabras de Dumbledore sonaron como un augurio funesto — Y esa oscuridad no tardará en alcanzarnos.
Snape se removió incomodo al escuchar al anciano, sólo ellos sabían cuanta verdad había en sus declaraciones.
— ¿Cree que esas molestias pueden ser causadas por alguien que esté usando legeremancia contra Hermione? — La pregunta salió de la boca de Poppy con total incredulidad, sabía que sólo los magos más poderosos dominaban tal práctica.
— Es muy probable que alguna persona se haya dedicado a entrar en su mente — Explicó el director a la enfermera sabiendo gracias a Snape que estaba en lo cierto — Más ahora que es de dominio público las nuevas habilidades que está desarrollando la joven Granger.
— Pero eso significa que en el colegio hay... — La mujer se interrumpió a mitad de la frase tomando conciencia de que ni siquiera en Hogwarts estaban a salvo de "El que no debe ser nombrado". Esa revelación solo podía significar que debía de haber un mortífago morando entre ellos.
— Es muy probable... pero no debemos desconfiar de nuestros amigos — Dumbledore volvió a mirar a la chica - Sé que se ha apartado de ellos pero creo que los necesitará para enfrentarse a lo que le está pasando.
— Yo... — Hermione no sabía cómo justificar su distanciamiento con Harry, a decir verdad se sentía culpable por como lo había tratado.
Sin darse cuenta sus ojos comenzaron a humedecerse mostrando a los presentes lo vulnerable que la muchacha era en esos momentos.
— Tranquilícese señorita, confío que en breve pondrá solución a ello — Le consoló el sabio anciano.
Hermione parpadeó un par de veces tratando de detener las lágrimas que asomaban a sus ojos. Al ver esto Snape tragó saliva sintiéndose impotente por no poder consolarla a pesar de cuanto lo necesitaba la muchacha. Por primera vez se veía reflejado en ella. La situación actual de Granger no difería demasiado de lo que él había experimentado en sus años como estudiante. Soledad, incomprensión y desprecio, esos sentimientos habían marcado su paso como alumno de Hogwarts.
— Cuando se recupere vamos a poner fin a esos molestos dolores de cabeza — Comenzó a decir Dumbledore intentando animarla — El profesor Snape le impartirá clases particulares de Oclumancia.
Al escuchar eso Severus arqueó una ceja debido a la sorpresa. El director no le había comentado nada sobre esas clases a pesar de que hacía tan solo unos minutos que habían conversado a solas.
— ¿Oclumancia? — Preguntó con sorpresa la joven aun con los ojos vidriosos.
Hermione conocía tal práctica pero al ser también un arte oscuro de la magia no se impartía en Hogwarts.
— Consiste en cerrar la mente contra la Legeremancia — Explicó de manera automática Severus.
— Sé lo que es — Respondió Granger puntualizando cada una de las palabras mirando directamente a su profesor, insinuándole que no la tratara como si fuera tonta.
— Es una de las maneras que tenemos de protegerla — Comentó el director al ver la hostilidad que mostraba la muchacha.
— Tal vez la señorita tiene algún problema con el hecho de que sea yo quien le imparta dichas clases — Señaló Severus sin amedrentarse por la forma airada con la que la chica le miraba.
— No, no es así — Respondió Hermione sin poder evitar ruborizarse.
Pensar en volver a estar a solas con ese hombre la hacía estremecerse y no sólo por el temor que podía causarle. Desde su último encuentro, y a pesar de que no había pasado nada que pudiese reprocharle a Snape, ambos se habían estado evitando. Como si existiese un acuerdo tácito para no volver a repetir un momento tan íntimo.
La hora dispuesta para el desayuno se aproximaba así que Dumbledore se incorporó de su asiento pues en breve debía de presidir en el Gran Comedor.
— El profesor Snape es un gran maestro, si sigue sus indicaciones tengo por seguro que pronto dominará ese arte — Sentenció el director sin darle opción a réplica a la estudiante — Recuerde que sólo queremos ayudarla.
Dicho esto Dumbledore y la enfermera se alejaron juntos del camastro de Hermione. Desde lejos Snape vio como parecían hablar sobre las notas que Pomfrey había tomado durante el cuestionario. Por el gesto de la mujer supuso que ésta estaba en desacuerdo con lo que el anciano le decía.
— ¿Qué está leyendo? — Preguntó Hermione con curiosidad al ver el libro que Severus tenía entre sus manos.
Snape volvió a mirar a la joven, por fin podían hablar a solas.
— Maldiciones de linaje — Confesó el hombre con total sinceridad — Creo que se halla bajo el influjo de una de ellas.
Esa revelación dejó sin habla a Hermione. Había pasado semanas investigando las líneas genealógicas de las familias mágicas sin encontrar un nexo de unión que la emparentase con ninguna de ellas. En su interior deseaba que sus recientes poderes guardasen relación con algún antepasado mágico de renombre, pero ahora estaba descubriendo que tal vez todo se debía a una maldición. La inquietud se reflejaba en su rostro a pesar de que ya no miraba a su profesor, tenía la vista fija en sus manos entrelazadas mientras procesaba la información que ese hombre le acababa de dar.
Severus notó el cambio en la joven, parecía que volvía a encerrarse en sí misma. Sin saber que decir para reconfortarla sacó su varita del bolsillo.
— Camellia Mathotiana Alba — Conjuró mientras dibujaba pequeños círculos con la punta de su varita.
Hermione notó como de entre sus manos nacía una flor obligándola a separar sus dedos hasta que ésta quedó expuesta ante sus ojos. No conocía dicha flor pero por el nombre del hechizo adivinó que debía tratarse de una camelia. La blancura de sus perfectos pétalos la maravilló, jamás había visto algo tan puro y hermoso.
Como todo lo que hacia Snape la elección de la flor no había sido al azar o tan sólo por su belleza, la camelia blanca guardaba un significado especial aunque dudaba de que la joven lo conociese.
— Confío en su pronta recuperación — Dijo Severus tan correcto como de costumbre — Tenemos mucho por hacer.
Sin esperar a que Hermione le diese una respuesta abandonó el lugar con diligencia dejando sola a la muchacha.
"Gracias" — Dijo para sí misma mientras acariciaba los aterciopelados pétalos de la flor.
De nuevo una muestra de afecto de quien nunca se lo hubiese imaginado. Snape parecía darle una de cal y otra de arena con su trato. Pero ese amable gesto y la exótica flor debían de tener un significado especial. Como si de un acertijo se tratase decidió averiguar los mensajes ocultos que la camelia escondía.
