Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Invierno

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La tierra tiembla violentamente debajo del pie de todos. Los cuerpos de los fallecidos se agitan como si fueran muñecos de trapo, los ojos de todos están sobre Viktor que es un demonio azul alzando sus dos manos como el titiritero a punto de dar su mejor espectáculo. El cielo se parte en un trueno que ilumina el campo de batalla donde parece que no cabe un solo cadáver más pero la Muerte en su suprema sabiduría siempre sabe donde puede enterrar otra estaca y los shinobi la besan de frente y sin miedo. Para Viktor no hay temblores en sus acciones aunque ya no le quede un solo gramo de chakra, y es que tiene dos motivos enormes para volver a casa y esos dos motivos seguramente le están dando problemas a Phichit-san.

—¡Ataquénlo! —ordena alguien desde el otro lado de la línea enemiga, y Viktor pasa su mano por una de sus heridas abiertas para empaparla de sangre así poder hacer el contrato e invocar a su última arma. Pero las kunais explosivas se acercan vertiginosamente hacia el shinobi y no sabe si le dará el tiempo suficiente de hacer la invocación.

—¡Sensei! —grita Isabella aterrada mientras que se sostiene el brazo que se le ha dislocado y cae de bruces al segundo siguiente, Mila la había estado sosteniendo pero ahora aparece a lado de Viktor mientras que hace sello de manos a toda velocidad para inflar sus pulmones.

Arte ninja: Aliento de dragón.

Mila con sus palmas unidas escupe desde su boca roja e hinchada por la pelea cuerpo a cuerpo de hacía unos minutos atrás una lengua de fuego poderosa, caliente, impactante, que irradia una luz cegadora en medio de la noche, la lluvia que cae sobre ellos no es impedimento para que queme todas las kunais que han dirigido en contra de Viktor, estás explotan sobre sus cabezas pero apenas los dañan.

Yuri debe de estar cercano a ellos porque puede escuchar los chirridos del estilo rayo del rubio no muy lejos de su posición.

—Arte de invocación: Idaina ryū —anuncía Viktor y en una espesa nube de humo que brota de la tierra la cabeza de un dragón enorme color azul brillante. Mila siente las plantas de sus pies frío y manda chakra hasta ellos para sostenerse porque rápidamente Viktor y ella empiezan a elevarse. Están sobre la cabeza de aquella colosal bestia que alza todo su poder hacia el cielo. La chica se debe sostener de una de las escamas de hielo del enorme animal mientras éste emerge de forma súbita proliferando un alarido que ensordece a todos en el campo de batalla.

Yuri que lleva una enzarzada pelea de ninjutsu contra unos seis ninjas se distrae sólo dos segundos mirando el imponente dragón, la invocación de Viktor Nikiforov, sólo un monstruo es capaz de invocar a otro y aunque él ha intentado de sellar el contrato con la familia de los dragones siempre es rechazado, su chakra no es compatible para invocar a ninguno de los cinco grandes dragones shinobis, después de Katsuki Yuuri, quizás el nombre de Viktor Nikiforov es el más temido en todo el mundo ninja. Una kunai casi le rebana el cuello y es porque se mueve dos segundos antes que logra decir que está con vida. Vuelve a su pelea y le sorprende que los ANBU no hayan llegado, no hay refuerzos y las energías de ese escuadron está diesmando, obviamente no dejarán de luchar ni retrocederán, pero el punto en cada pelea es sacar a los invasores y establecer un anillo de seguridad.

Hace cinco años Konoha evitó el plan de la Daimyo del País de los Vegetales, pero hace tres la frágil estabilidad de la alianza ninja se rompió gracias a un golpe de estado por parte del pequeño país de los Pájaros y otro en el país del Arroz, ahora se revela el país de la Nieve y las potencias shinobi se han dividido en dos grandes frentes: El que apoya a la independencia total de los países y los que se niegan a dejar en total plenitud a estos pequeños países, porque si esos pequeños países se alían entre sí, unen sus fuerzas, podrían dar cara a cualquier nación y no requerirían el apoyo de los países más grandes, sin embargo, eso también sería sinónimo de la emancipación por completo. El temor y desinformación ha vuelto a llevar al mundo a la guerra y Konoha ha vuelto a estar del lado de los más vulnerables.

El frente Insurgente, como se le conoce, consta del gran país del Fuego donde se encuentra Konoha y cinco pequeños países: el país de los Vegetales, el país de la Cascada, el país de los Pájaros, el país del Arroz y el país de la Nieve. El intento del Hokage por explicarle la situación de Chihoko a los otros líderes de las aldeas fue infructuoso, y en lugar de eso, la ejecución Chihoko y encarcelamiento prematuro de Katsuki Yuuri, se tomó como una confronta e intentó de invasión a un pequeño país "aliado".

El gran país de la Arena, el país de la Nube, el país de la Roca y el país del Agua conformaban el frente Aliado, estos protegía, en un supuesto acto de buena fe, a países más pequeños como el de la Lluvia, el del Sonido, el del Cristal y el de los Tulipanes, sin embargo los dos últimos habían desaparecido hacía apenas en un año al quedar devastados en medio de ataques extraordinariamente grandes.

—Samui —Viktor empalma sus manos una contra otra, el dragón responde con un estruendoso alarido, abriendo el hocico en su totalidad, mostrando los colmillos y exhalando una feroz capa de nube que se propaga nublando aún más el cielo cerrado, el dragón sobrevuela el campo de batalla y los enemigos no pueden nada más que pensar en una estrategia rápida y estar preparados para el ataque pero es demasiado tarde cuando se les ocurre algo porque Viktor ha hecho sellos con sus manos—. ¡Arte Ninja: Lluvia espectral! —de haber tenido el cabello largo como hace años quizás se hubiera agitado y alborotado en el momento en que alza sus manos al cielo para después bajarlas de forma veloz, las nubes que ha formado el aliento del dragón se desprenden en gotas que mientras caen con mayor fuerza se van perfilando hasta convertirse en afilados picos de hielo que masacran a unos cuanto, otros logran protegerse usando ninjutsus tipo tierra, pero Viktor monta el dragón como si fuera un dócil corsel y recorre el campo de batalla, el dragón despedaza con sus garras y bocanadas furiosas de hielo a todo ser que se le atraviesa.

Mila está detrás de él usando su chakra medicinal para curar la enorme herida que tiene en la espalda su maestro, pero se debe sostener también o caerá ante la velocidad que el dragón a alcanzado.

—Baja —ordena Viktor, y Mila nota a lo que se refiere, la pelirroja salta desde su posición haciendo sellos con su manos para estirar uno de sus brazos.

Arte especial ninja: Manipulación de seda.

La seda roja que usa logra golpear al ninja que intenta huir, y éste la rasga con una kunai, pero Mila no desiste y sigue atacando, manipulando la seda con la misma facilidad con que Yuuri lo hiciera. Viktor la ve de reojo y sonríe de medio lado, para seguir limpiando el campo de batalla, de ganar esa batalla y recuperar el puente Noche azul, habrán tenido una importante victoria y podrán volver a la aldea porque hace un mes que no han regresado y ya está exhausto, está cansado y quiere ver a sus hijos.

Viktor Nikiforov no permite que el pensamiento de su familia lo distraiga y se centra en lo que importa en ese instante, que es recuperar ese jodido puente y acabar con todos. Sus ojos se inyectan de sangre al ver al líder de la misión enemiga, y relame los labios saboreando la victoria.

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—¡Umi-chan! ¡Deja a Ren-chan! —grita Phichit mientras que corre de un lado a otro con las pequeñas mochilas donde guarda la comida de los gemelos. Escucha el de la sala jarrón romperse y es tiempo de ponerse duro, ama a ese par, pero es el tercer jarrón que rompen en ese mes y las flores siempre son las que salen lastimadas. Asoma su cabeza morena por el filo del umbral de la cocina y un zapato se le estampa en la cara, los dos niños ríen totalmente divertidos por la cara de su tío Phichit y corren escaleras arribas buscando esconder su fechoría.

El moreno suspira, debería reprenderlos pero las risas infantiles le matan la intensión totalmente, eso y el olor a quemado que el omelette de huevo que está impregnando la cocina de la pequeña familia Nikiforov-Katsuki, los niños volverán a comer omelette quemado. Se lo merecen por traviesos, sin embargo no tiene corazón de enviarlos con semejante bento a la escuela e inicia desde el principio la preparación, la ventaja de que ese par de diablillos se despierten dos horas antes de lo necesario es que cuando pasan ese tipo de incidentes a él le da tiempo de zurcir los errores, hasta adelantar un poco el quehacer y su propio trabajo, porque ahora es profesor titular de la academia, y tiene más responsabilidades pero no puede permitir que esos niños sigan haciéndose cargo de sí mismos.

Los encontró solos dando vueltas por la aldea dos semanas después de que Viktor-san se fuera al frente en una misión de recuperación y defensa. Usualmente Yakov y Lilia Felstman se harían cargo de los pequeños, sin embargo están en época de guerra y Lilia ha salido al frente dirigiendo al equipo médico mientras que Yakov está viviendo en el centro de mando por cualquier cosa que se requiera, la guerra es celosa y demandante y no permite distracción de ningún tipo pues ante el menor flaqueo las fichas se pueden volver en contra.

—¿Qué hacen aquí? —cuestionó Phichit al par que les miraba con ojos grandes, ese par de ojos azules se debatían entre la sorpresa y la tranquilidad. Los niños, al conocer al sensei se aferraron a sus piernas.

Después se enteró por boca de los menores que Maria Nikiforov, una de las tías de Viktor Nikiforov, había ido a la casa para llevarse a Umi, dejando de lado a Ren.

—Pero Umi-chan no puede estar sin Ren-chan —explicó el primero mientras sostenía fuertemente de la mano a su hermano y el contrario le observaba con ojos grandes y curioso. Phichit tenía un hermano menor, y era la luz de sus ojos, también tenía una hermana mayor y la admiraba demasiado, y estaban sus papás y sus tíos, entendía lo especial e importante que era Umi para Ren y viceversa siendo gemelos y perteneciendo a un núcleo familiar reducido. No quiso reflexionar mucho sobre los motivos de Maria-san de llevarse a Umi, porque no quería pensar mal de una señora distinguida de la aldea dueña de varios locales comerciales, no quería pensar que prefería a Umi sobre Ren porque justamente el primero había mostrado de pronto poseer, de alguna manera, el kekkei genkai de la manipulación del hielo.

Phichit era alguien demasiado sencillo y resuelto y odiaba mal pensar de las personas, sin embargo, su propio kekkei genkai le hacía saber más o menos cuáles eran las intenciones oculta del resto de las personas y el día en que Maria se acercó para llevarse a los niños, sus sospechas más profundas se hicieron ciertas. Ella no quería a los niños, y si lo hacía, sólo era uno de ellos y por razones egoístas y desagradables.

¿Por qué Umi sí y Ren no? Porque sólo Umi poseía kekkei genkai, y Ren, Ren era muy listo, su conocimiento sobre el mundo y fuerza eran superior a la de cualquier niño de su edad, aún así, no poseía ese algo que una vieja avara como Maria anhelaba y presuntamente daba prestigio. Porque siempre era más impresionante decir: El heredero de la casa Nikiforov posee un kekkei genaki, al decir: Es el hijo bastardo del amante gay de la cabeza actual, aunque Viktor no se considerara líder de aquel apellido.

—¡Ren-chan! ¡Umi-chan! —los llama preparando los huevos y empezando, el arroz está en los trastes junto con las salchichas en forma de flor y los pequeños vegetales cortados en forma de estrellas. No quiere pensar más en esa desagradable mujer. Quien le da la espalda a un niño merece sufrir, y no le desea el mal a Maria, pero tampoco le desea nada bueno.

Los pasos de los niños vuelven a resonar por las escaleras de madera y las risas vuelven con ellos, ahora corretean alrededor de la mesa y se empujan para quedar a lado de tío Phichit. Los ojos oscuros del moreno observan a esas dos maravillosas criaturas. Son dos gotas de agua, dos copos de nieve, dos pétalos de una flor de dos pétalos, el principio y el final perfecto. Entiende porque Viktor está enamorado de sus hijos y no hay espacio para nadie más que para ellos tres en esa casona. A Phichit le parece que el mundo recobra un poco más de brillo cada vez que ambos sonríen, la vida tiene sentido cuando sus voces llenan los espacios vacíos que hay en su cuerpo y se imagina que debe ser lo mismo para Viktor. Recuerda el dolor que sintió cuando se enteró sobre la ejecución a un sellado permanente de Yuuri, su mejor amigo y aún siente escozor en su cuerpo, no quiere imaginar la agonía que seguramente sintió en el momento de ser sellado, pero ahí están sus hijos, están esas dos estrellas que cada día crecen un poquito más.

—¿Están listos? —cuestiona recargándose de sus rodillas y los niños afirman con energía.

Ren abre la boca y Umi tira de sus mejillas para mostrar ambos sus dientes, están lavados.

—¿Y la ropa? ¿Traen ropa limpia? —pregunta el moreno y Umi se abre el pantalón para fijarse si realmente está usando calzoncillos, Ren se asoma a ver a su hermano y agita su cabeza de forma acelerada para reafirmar que los dos llevan ropa limpia—. Vale, deben tener mucho cuidado ¿vale?

—Sí —dice Ren. Y Umi tímidamente revisa lo que está preparando Phichit, el maestro al darse cuenta decide coger una pequeña calabaza cortada en forma de estrella para meterla en la boca del menor que ríe mientras la mastica apresurado. Ren le sonríe más grande a Phichit.

—Vayan por su abrigo —ordena y los niños vuelven a correr, Ren se queda un poco rezagado, regresa hasta donde Phichit para cogerle la mano y apretar esta suavemente, cierra sus ojos y vuelve a correr hacia donde su hermano huyó. Phichit pudo sentir el agradecimiento del niño, desde que le contó sobre su propio kekkei genkai se da cuenta que Ren procura hacer contacto con él para que sienta la intensidad de sus emociones.

A Phichit le gustaba trabajar con niños precisamente por ese detalle, los niños y sus emociones eran siempre puras, no había sentimientos negativos en ellos y eso es precioso. Esa felicidad es la que él como shinobi tiene la obligación de cuidar, quiere preservarla para que al crecer esa generación traiga la paz que ellos no han logrado establecer.

—Phichit —Ren va de un lado cogido de su mano. Umi va varios pasos por delante de ellos deteniéndose cada tanto para ver las flores que hay al paso de la vereda. El moreno puede notar los estragos de los tres primeros años de la guerra. La gente en Konoha asume la guerra como un estado permanente y procuran hacer su vida en torno en esa condición. Yakov ha envejecido de golpe diez años y todos los que pueden asisten a la guerra sin embargo los niños, maestros y ciertos doctores se quedan en la aldea, son los únicos que no asisten a guerra pues Yakov tiene dos nietos demasiado jóvenes para verlos morir. No quiere ser esa clase de nación que derrama a sangre de los niños.

—¿Hmp? —Phichit alza la mirada apartándola de un listón negro que cuelga sobre el pórtico de una casa, esa escena se repite por toda la aldea. Ninguna muerte es justificada pero si es durante la guerra se tiene la sensación de orgullo y esperanza por parte de los padres, hermanos y la aldea en general. Pero los niños, los niños no entienden eso y todos los pequeños que se congregan corriendo alrededor de la academia shinobi son huérfanos potenciales.

—¿Podemos comer katsudon a la hora de la salida? —cuestiona Ren con calma.

La verdad es que no tiene dinero para llevar a los gemelos a comer Katsudon, fácil sería ir con el hokage pero quiere evitar malos entendidos además que no cualquiera puede acercarse al centro de comando, y prefiere abstenerse de acercarse a la familia Nikiforov por razones obvias. ¿Preguntarle a los niños si Viktor les dejó dinero? Sería también obvio pero... ¿con qué cara le pregunta eso a niños de cinco casi seis años?

—¡Otabek-sensei! —chilla Umi mientras corre al encuentro del shinobi que se detiene al escuchar la infantil voz del niño. Va saliendo de la academia con un pergamino y parece que el gesto se le suaviza al ver a los gemelos. Ren suelta a Phichit también para acercarse a el moreno. La mano libre de Altin se traslada de la cabeza oscura de Ren y luego a la de Umi, ambos niños sonríen enorme pues Otabek junto con Yuri y Phichit les gustan mucho, son sus senseis preferidos, pero más Phichit que es su tío.

—Nikiforov-kun, Nikiforov-kun —saluda y después alza la mirada al moreno—. Phichit, tengo noticias —tira el pergamino y Phichit lo recibe desenvolviendo el mismo para leerlo. Ren y Umi están sobre Otabek que ya carga a uno en sus hombros y al otro entre sus brazos, los niños pelean, ríen y juguetean sobre el moreno que tranquilamente los deja ser.

Phichit lee con calma y suspira aliviado.

—Ren, Umi, su padre estará de regreso en unos días —anuncia el moreno, los niños detienen su jugueteo y chillan emocionados. Viktor y su escuadrón han logrado ganar la batalla y ahora pueden volver a casa después de varias semanas.

Otabek a lado de Phichit observan a los niños corretear en el patio de la academia por la ventana del salón de clases que da al exterior, el moreno toma té que Phichit le preparó y éste lo acompaña con uno igual.

—Me recuerdan a Yuuri —masculla con voz tranquila Otabek.

—Sobre todo Umi —informa Phichit con una sonrisa suave coincidiendo con él—. Ren es más como Viktor cuando estaba joven y quería patearle el trasero a todos —él se ríe pero Otabek solo suspira puesto que Altin siempre fue el objetivo de las amenazas y el constante acoso de Viktor, el acoso feo, el acoso violento, con Yuuri, Viktor siempre aplicaba un acoso distinto, uno más intenso e íntimo.

—Sin embargo es Umi el que posee el kekkei genkai de Viktor y el hokage —comenta Otabek.

Phichit afirma con un movimiento de cabeza.

—En el informe detallaron que Yuuri alteró el ADN y el ARN mezclando el suyo con el de Viktor —murmura Phichit solo los shinobis sabían esa información, sobre todo aquellos que tenían o tendrían contacto con los niños, él como profesor de la academia ninja se le permitió la lectura del informe y Otabek, junto con otros puñados de jounins, debe de vigilar a los niños, pues a pesar de que parecen niños normales, no dejan de haber nacido del vientre de donde nacieron aquellas terribles bestias y hasta el propio Yakov tiene miedo que algo de esa naturaleza se haya contagiado en su desarrollo, la vigilancia se aumentó desde que Umi demostró que podía usar el kekkei genkai de Viktor.

—El ADN de Viktor y Yuuri en conjunto por algún motivo es fuerte y logró que los niños sobrevivieran... —agrega Otabek—. Aún así su naturaleza, su procedencia y su existencia son un misterio para nosotros... Yuuri hizo ahí un gran trabajo.

—Ni siquiera Minako fue capaz de resolver cómo lo hizo, sobre todo porque en ningún archivo se encontró prueba de que Chihoko-dono y Yuuri hubieran sostenido relaciones sexuales.

Otabek suspira y alza la mirada hacia el cielo.

—El poder de dar la vida, y dar la muerte. Yuuri suena como una clase de dios.

Phichit mira a Otabek recargándose del marco de la ventana, torciendo los labios.

—Aún sigo creyendo que de esa historia no está todo contado —deja la taza de lado—. Y que en realidad Yuuri fue sellado por temor a ese poder que desarrollo.

—Escuché que alguien asume que Yuuri pudo haber logrado desarrollar un kekkei touta —cuenta Altin dejando también la taza de lado, ganándose la mirada de sorpresa de Phichit—. Pero es imposible saberlo, no existe registro alguno que nos pueda dejar saber la verdad.

—No me sorprendería que se hayan destruido esos registros, Otabek-kun —Chulanont. El contrario mira con acusación, casi ofendido, a su compañero de equipo y éste niega—. Sé que no puedes hablar de las misiones, pero... también soy ninja, Otabek-kun, y se sabe que muchas de las evidencias en el País de los Vegetales hace cinco años desaparecieron... el registro de muchas familias que curiosamente tenían kekkei genkai, incluyendo el de la familia Sakurakouji incluso cuando el abuelo de Yuuri fue ejecutado por alta traición.

—Aunque sepas o supongas eso, es peligroso que lo digas tan abiertamente, Phichit.

—Lo sé pero... nosotros estamos aquí sumidos en la miseria por la guerra mientras que Yuuri está congelado en algún rincón del mundo —suspira sólo para volver su mirada al patio.

Ren y Umi ya no están ahí, el moreno saca su cabeza buscando a los pequeños, los encuentra debajo del marco encogidos, alzan la mirada para encontrarse con la mirada de su sensei. Phichit les sonríe y los niños le regresan la sonrisa.

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—Nikiforov al cuadrado, al cuadrado significa dos veces, repetido —dice un niño detrás de Umi, éste hace fila, delante está Ren. Ninguno de los Nikiforov gira su mirada. Están acostumbrados y papá les pide que no se metan en problemas, Ren y Umi son niños buenos y obedecen a su padre—. Papá se dice que fueron encontrados en la basura, y que Viktor-sama los acogió por lastima.

Los otros niños se ríen.

Ren aprieta su pequeño puño y Umi le acaricia el hombro para relajar a su hermano, el mayor siente el frío tacto de su hermano y ve de reojo la escarcha que Umi le ha dejado en la ropa. Suspira sacudiendo esta fría escarcha porque si se derrite le mojará la ropa.

—Oye, Nikiforov... Papá dice que son unos fenómenos... que se ve mal matar niños... pero apenas crezcan más, los van a colgar —masculla otro más y Umi se encoge asustado, la imagen de shinobis de Konoha colgados es quizás la más presente que tienen los niños de la misma aldea después de que ninjas del país de la Roca se lograran infiltrar y decorar la puerta principal de la villa con los cuerpos de cinco shinobis, había sido un golpe duro para Konoha, uno que había logrado menguar la moral entre las filas militares y las familias. Después de ese punto la seguridad se había redoblado y no se había repetido nada similar sin embargo, la moda entre los menores de amenazarse con "amanecer colgados" era atroz, y recurrente.

Ren suspira, y aunque Umi sigue temblando asustado, ambos siguen ignorando. A los niños les molesta ese aire estoico y distante de los dos Nikiforov, la fila avanza y Phichit Chulanont que está a cargo de esa actividad en el horario de clases está vigilando a los niños que practican su lanzamiento de kunai.

—No, no... Umi es un fenómeno y Ren es un raro, ellos vienen del mismo lugar de donde vino ese monstruo... ese tal Yuu- —Ren estrella fuertemente su pie contra la entrepierna del niño que había estado hablando, éste chilla cayendo de espaldas apretándose los testículos que los siente entumecidos mandando espasmos de dolor por todo su cuerpo, Ren saca una kunai de su porta-armas que lleva atado a su rodilla, pero Phichit lo detiene antes de que el menor cometa un homicidio.

El nombre de Katsuki Yuuri ha quedado olvidado en apariencia, pero es la referencia moderna más clara sobre lo que es la traición. Nadie quiere ser como él. Es el ejemplo de lo que no se debe de ser como shinobi. Su vida era el patrón de un traidor, un desertor, y por ende, una escoria.

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Los niños trabajan en silencio en el comedor, después de aquel incidente los niños fueron llevados hasta la dirección de la academia donde Ren se vio obligado a pedir una disculpa a sus compañeros, y tuvo que aguantar la furia de la madre del niño atacado. Lo que más dolió fueron los comentarios sin escrúpulos de los adultos: "Es obvio que no le harán nada porque son los nietos del hokage", "Ah... pobre Nikiforov-sama a cargo de esas dos parias", "¿Otra vez esos gemelos?".

Umi le mira y busca apretar la mano de su hermano, Ren le regresa el apretón. Phichit los observa en silencio desde la cocina donde termina de hacer la cena, está a punto de servirla cuando la puerta se abre. La cabeza de los tres se alza de sus deberes y se giran hacia la entrada de la residencia Nikiforov. Phichit reacciona tarde cuando los niños ya están corriendo a los brazos de su padre. Viktor está hincado para recibir a sus hijos. Los niños lloran alegres y Viktor hunde su rostro entre el espacio de los cuerpos de sus pequeños hijos. El padre de esas dos criaturas aspira fuertemente y el dulce aroma de sus pequeños le recuerdan al de Yuuri. Se siente en casa, se siente tranquilo. La sangre de sus manos se limpian y se justifica todas esas vidas que ha arrebatado al frente porque tiene dos motivos poderosos. Abre sus ojos y se encuentra con Phichit parado a varios metros de ellos, le sonríe con amabilidad y calma, incluso una pisca de felicidad, y Viktor le regresa el gesto. El cansancio y fatiga desaparece brevemente.

Duran abrazado varios segundos antes de que el mayor se aleje mirando a sus hijos. Han pasado tantas semanas y siente que han pasado años. Les acaricia el rostro secándole las lagrimas a Umi y le presiona la nariz a Ren que ríe feliz soportando las ganas de llorar.

—¿Se han portado bien? —cuestiona con voz ronca y fatigada. Los niños no notan el gesto agotado ni las ojeras de cansancio extenuante en el rostro de su padre, sólo saben que su padre está ahí, que está con ellos, está vivo.

Sin embargo las alarmas de Viktor se disparan casi de inmediato cuando ninguno de los dos responden si se han portado bien, es un detalle insustancial pero para Viktor que es sumamente observador con sus pequeños es importante, y hasta ese momento reacciona ante la presencia de Phichit.

—Dejen esto en la habitación —pide Viktor besando la cabeza de Umi dejando su bolso de armas y pergaminos en sus manos. A Ren le da su banda de shinobi de Konoha y sus guantes que tienen un fuerte olor que al niño le hace arrugar a su nariz no le gusta ni lo reconoce pero igual los lleva con asco hacia la habitación.

Viktor los ve irse con tranquilidad, gira su mirada a Phichit, la sonrisa de Phichit se borra y le tira a la cara a Viktor la toalla con la que se secaba las manos.

—¿Qué planea al dejar a Ren y a Umi solos? —se queja acercándose. Viktor gruñe en voz baja pero apenado desvía la mirada.

—No pensé que la misión tardaría tanto tiempo, pensé que sería cinco días o una semana... —se excuso Viktor caminando al interior de su casa quitándose el chaleco y las vendas que llevaba en sus antebrazos para extraer los pergaminos que llevaba ahí pegados, eran pergaminos de invocación de armas y los usaba en casos extremos cuando no le quedaban más recursos.

—Un día o un mes, es lo mismo, Viktor-san —Phichit lo sigue enfurruñado.

El mayor suspira avergonzado que aprieta los labios.

—Lo-

—Viktor, su abuela estuvo aquí, se llevó a Umi y dejó a Ren —inquiere el moreno con el rostro grave, pero el rostro de Viktor al girarse fue aún peor.

—¿Estuvo aquí? ¿Hizo qué y... —maldijo Nikiforov golpeando la pared, Phichit salta en su lugar jadeando apretando sus manos.

—Viktor-san... hay algo... peor —farfulla inquieto Chulanont ante la mirada de Viktor que son dos llamas azules intensas—. Ren-chan amenazó a uno de sus compañeros con una kunai... otra falta más y puede ser expulsado...

Nikiforov suspira dejándose caer contra el sillón, oculta su rostro entre sus manos. Phichit se acerca para darle unas palmadas el hombro.

—Guisé comida para dos días más... —comenta con una sonrisa suave—, los niños están bañados y estaban repasando sus clases —inquiere con tranquilidad, Viktor le regala una mirada que no puede explicar el moreno—. Descanse, Viktor-san, y después hablamos si gusta...

—Muchas gracias, Phichit —infiere Viktor mirándolo ponerse de pie, Phichit niega mientras se quita el mandil que lleva puesto.

—Lo hago por los hijos de Yuu-chan, lo hago por usted que fue importante para nuestro Yuuri —dice sincero el moreno mientras camina para recoger su mochila y colgarla al hombro. Antes de salir se detuvo en la mesita de madera pegada a la pared donde había un jarrón con flores azules, barras de incienso y la fotografía de un hombre de cabello oscuro, tímida mirada avellana y una sonrisa nerviosa. Phichit enciende una de esas barras y el olor a jazmín inunda la casa, aroma que atrae a los gemelos corriendo con sus pijamas azul y blanca. Encuentran a su sensei que con sus manos unidas rezan en nombre del hombre de la fotografía. Ellos hacen lo mismo para acompañar a su maestro y despiden a éste en el pórtico de la casa.

Phichit Chulanont se va inquieto de la casa de la familia Nikiforov, pero él no puede inmiscuirse más, no sin que Viktor no pidiera ayuda. Al fin y al cabo, él era el padre de esos niños.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).