La vigésima cuarta vez que odié a Katniss Everdeen, fue cuando quiso 'personalmente' hablar conmigo.

No voy a mentir, no tengo recuerdos de mis primeras cuarenta y ocho horas sin James. O viuda, como decía Johanna.

Estuve sedada dos días enteros. Al despertar, lo hacía llorando y gritando, así que de inmediato me volvían a inyectar. Y yo lo agradecía. Estoy segura de que me hubiera suicidado.

La vez que me desperté y no me volvieron a dormir, Enobaria ya estaba a un lado mío. Me abrazó lo más fuerte que pudo, pero yo estaba débil así que un quejido no tardó en llegar.

Me dedicó una sonrisa melancólica, e inmediatamente después, una lágrima rodó por mi mejilla. Y otra después. Y otra. Y otra. Y otra. Pero no estaba alterada. No tenía fuerza para estarlo. Estaba agotada.

"Eres muy valiente" me dijo, pero no pude responderle de inmediato. De mi garganta no salía nada, estaba seca y además en ese momento me implicaba un gran esfuerzo.

La vi fruncir el ceño, como si me tuviera lástima.

"Él lo fue" es lo que dije en cuanto pude articular palabra.

Asintió con la cabeza. Me tomó la mano. También estaba al borde del llanto.

Miraba atenta alrededor y después me miraba a mí. Parecía tenerme lástima cada vez más. Me apretaba más la mano a cada instante.

"Sigues en pie. No puedo creer lo fuerte que eres." Habló, antes de echarse a llorar silenciosamente.

"Sigo viva, pero eso no significa que sea fuerte. No soy fuerte. Me siento vacía y débil. Debo ser una decepción para el Distrito."

"Si supieras" ella pareció dar un salto y se acercó más a mí. "El Distrito Dos está completamente separado del Capitolio, están con los rebeldes. Todo por ti. Por lo que dijiste."

"Me usaron."

"Como propo, sí. Terminaste de unificar Panem, tesoro."

Era demasiado para mí. La cabeza me daba vueltas. Estaba como en las nubes y no sabía si eso era bueno o malo. Sólo quería que la tía dejara de hablar. Pero parecía que había más. Así que pretendí que nada pasaba hasta donde pude.

Ella sola se reprimió, y dijo que llamaría al médico. Se fue, en minutos volvió con él y este me valoró. Me costó un poco caminar, pero me dejó ir. Enobaria me llevó del brazo a su compartimiento y en el camino quise evitar voltear a ver el que compartí con James.

Me pidió que me sentara, entonces supe que se trataba de algo serio. Sólo quería que me dejaran en paz de una vez por todas. Quería tiempo para asimilar el que James estaba muerto. Muerto por la culpa de Katniss. Muerto. Muerto. Muerto.

"Hay cuestiones... médicas, que debo hablar contigo. Pero creo que es mejor que te de la más fuerte primero, y que no es nada médica. Ares..."

Se le hizo un nudo en la garganta. Ella estaba nerviosa y yo a la expectativa. ¿Qué tan grave era? Estaba comenzando a asustarme.

"En el Capitolio, cuando fueron por mí... cierto Agente de la Paz les facilitó todo el acceso. Él me quitó las esposas. Y cuando puse un pie fuera de la celda, se quitó el casco." Mi mente no dejaba de pensar en que también un Agente de la Paz había cuidado de mí aunque nunca se quiso identificar. ¿Era el mismo? ¿Qué significaba? ¿Quién era? Sólo deseaba que Enobaria hablase. Pero creo que no sabía cómo decirlo. "Era Joseph, Ares. Joseph está vivo y está aquí."

Sentí que el corazón se me detuvo. Sentí mi boca abrirse. Mi hermano estaba vivo. Joseph estaba bien.

"Ahora él está ocupado con su... recibimiento aquí en el Trece. Pero pronto vendrá a verte. Su historia es muy larga, pero dice que él estuvo con todos cuando nos tenían retenidos en el Capitolio haciendo lo posible por nosotros. Ya te contará."

Mi sonrisa estaba de oreja a oreja, increíblemente. ¡Mi hermano estaba vivo!

No podía creerlo. Sentí calidez en mi corazón.

Aunque después se acercó más, otra vez seria. Nerviosa. Suspiré, imaginándome los peores escenarios en mi cabeza. ¿Qué más podía pasar ya?

Suspiró. Miró arriba. Y después me miró como si me quisiera regañar. "Hay otra situación contigo."

Yo no capté en un principio. Ella se me quedaba viendo más o menos a la altura de mi cintura. Con insistencia. Me miró como cuestionándome, pero yo de verdad no captaba lo que pasaba. Miró insistente hasta rendirse.

"Tienes una cosa ahí." Sentenció. Así, tal cual esa palabra. Fue demasiado fría y cortante.

"¿Otra vez?" En realidad, había pensado en voz alta. Pero ya lo había dicho y eso no se puede borrar.

"¿Otra vez? ¿Desde cuándo abres las piernas, niña? Eres una niña. Una maldita niña que va a cuidar otra niña. O niño. O niños. No lo sé. Ares, maldita sea."

Me reí por el hecho de lo mucho que repetía niña. Pero eso la enojó más.

"Cuando fue lo del Capitolio yo estaba embarazada. Por obvias razones lo perdí."

"Osea, terminaron dentro de ti una vez, viste las consecuencias y lo volviste a permitir. ¿No te carbura lo de arriba o qué demonios contigo?"

"En estos días es en lo último que pensaba. Sólo..."

"Como sea, no me importa. ¿Lo vas a tener?"

Mi respuesta fue un sí inmediato. Creo que no le gustó. Me dijo que tenía cosas que hacer, pero que me arrancaría la garganta si me movía del compartimiento. No tenía ganas de pelear si le desobedecía, así que sólo me acosté en la cama.

Miré el techo por no sé cuánto tiempo. Estaba ansiosa por ver a mi hermano. Pero en su lugar, cuando abrieron la puerta, eran Gale y Katniss.

Me incorporé de inmediato, y la rabia empezó a llenarme por dentro. Ella le insistió en que nos dejara solas. Gale me preguntó si me encontraba bien, aunque ni siquiera me dejó contestarle, salió de inmediato. He de decir que me aferraba a la almohada para no matar a Katniss en ese preciso instante. Algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.

Que si James había evitado que eso sucediera, era por algo. Una voz interna me pedía que la escuchara. La parte de mí que quería matarla en un segundo tal vez iba muriendo lentamente desde que mi Distrito se cambió de bando. O era porque esperaba un bebé. No lo sé. O quizá eran secuelas de que recién había despertado.

Ella se sentó al borde de la cama. Podía sentir su miedo. Y en parte, eso me gustaba. Me había vuelto adicta a la sensación de que alguien me mirase para arriba.

Y qué mejor que esta vez fuera ella.

"Lamento lo de tu novio. Pero yo nunca le pedí que hiciera nada por mí."

"Si vamos a hablar de novios, creo que tampoco le pediste al tuyo que te ahorcara. Una lástima que haya pasado por dos Juegos y aún no sepa matar con las manos."

Conseguí lo que quería. Ella se tensó. Tragó saliva, y yo me esforzaba por no reírme.

"Lo decía en serio." Repuso.

"Yo también."

"Ayer estaba hablando con Gale de ti. Y llegué a la conclusión de que..."

"¿Arruinaste mi vida?" Le completé. Y ella asintió temblorosa con la cabeza.

Intenté ignorar el hecho de que Gale Hawthorne hablara de mí con las personas.

Creo que se quedó sin palabras. Y yo tuve un vómito verbal.

"No puedo culparte de mi mamá, ni de mi papá. Ni de Brandon. Pero de todo lo que pasó después, sí que puedo."

"¿Brandon? ¿El que encontraron colgado de su candelabro en su casa?"

"Él. Sí. También era mi hermano."

Ella realmente lucía sorprendida. Aunque desconcertada.

"Maté a Cato."

"Creéme que lo sé." Ahí sí que quería golpearla.

"Pero nada más. ¿O no?"

Fue ahí cuando le conté la historia de dos jóvenes que el destino estableció que no podían estar sin el otro. Le conté la historia de cómo Cato esperaba afuera de la puerta de la Academia todos los días para ver a Clove irse desde que tenía cinco años. De cómo repentinamente gustaba de ir por el pan todos los días desde los seis, y no fue hasta que nuestros padres nos hicieron acompañarle que supimos por qué: se quedaba jugando y hablando con Clove. Le conté cómo había encontrado una amiga en ella, quizá la única. Le conté que desde los ocho años, Cato nos hacía que acompañáramos a Clove a su casa después de la Academia. Le conté cómo felizmente los cuatro hermanos lo hacíamos y después pasábamos por la floristería de mamá, quien cerraba después de que llegáramos y nos íbamos a casa todos juntos, donde papá tenía si a caso diez minutos de llegar, jugábamos con él mientras mamá preparaba la cena. Después le agradecíamos a la vida la oportunidad de poder comer y de hacerlo todos juntos. Le conté cómo unos meses después Clove empezó a visitarnos. Le conté de todas las veces que fui feliz con mis hermanos, ella y James corriendo por los jardines entre las casas de la montaña en donde vivíamos. Le conté de cómo los hermanos de Clove golpearon a Cato por estarla 'corrompiendo'. Cómo se dejaron de hablar por eso y lo mucho que sufrió él. Le conté que la desaparición de mi madre había sido otro golpe duro y Cato estuvo muy mal por mucho tiempo. Le conté cómo se destrozó nuestra familia poco a poco después de ese suceso a causa de papá y su alcoholismo. Le conté cómo años después encontré a Cato y Clove besándose a escondidas. Intenté no contarle de la promera vez que James me besó a mí pero no pude. Le conté del suicidio de Brandon y que yo me había quedado a dormir en su casa esa vez, que fui yo la que lo encontró colgado del candelabro. Que fue ahí cuando entendí por qué me dio todo un discurso antes de arroparme para dormir, y me abrazó como nunca en su vida, también su insistencia en que no me quedara con él esa noche. Le conté cómo sin darme cuenta me había vuelto la mejor en la Academia. Le conté que cuando la Voluntaria para la Edición Número 74 de los Juegos del Hambre se encontró "indispuesta", es decir, embarazada, se hizo un sorteo entre las cinco chicas restante de la clase de las Estrellas. Y que salió un papel blanco, lo que significaba que no habría una voluntaria como tal, sino que se pondría el nombre de las candidatas muchas veces en la urna. Que hacía años que eso no pasaba. Le conté cómo salí electa yo en la Cosecha y que Clove, al ver la cara de Cato y la mía, saltó como Voluntaria. Le conté cómo de pronto ciertos chicos de un Distrito Exterior inventaron todo un romance y eclipsaron a los verdaderos Amantes Trágicos. Le conté de mi rabia e ilusión al creer que podrían volver Cato y Clove juntos. Le conté de Cato llorando viendo cómo Clove se iba apagando a cada segundo, y eso sí que le sorprendió. Le conté del día que Cato murió. De cómo terminé viviendo con mi abuelo, y del día en que Peeta lo mató. De mis días en el Hueso y en el Capitolio.

Le conté absolutamente todo a lujo de detalle. Y nunca me había sentido tan libre.

No tenía idea de mi familia. Cuando dije el nombre de mis padres se sorprendió. Cuando supo que Brutus era el papá de mi madre, también se sorprendió. Cuando supo que somos sobrinos de Enobaria y Sarah Stone también, aunque dice que le debió haber cuadrado desde un principio por los apellidos. Hasta mi abuelo de parte paterna era un Vencedor, aunque no llegué a conocerlo.

"Mi segundo nombre es Maryssa, como mi mamá, por si no me crees. Aunque me gusta que sólo me digan Ares. Es bastante peculiar por sí mismo. Aunque sea nombre masculino." Agregué, después de hablar sobre mi madre.

Hubo un silencio. Y ella parecía como tocada por mis palabras. Entonces lo dije.

"Que tú y tu gente sean de un Distrito exterior no me parecía motivo suficiente para que el país les tuviera lástima. Puedes tener todo lo que quieras. Comida, una buena casa, o lo que sea, pero no tener nada en realidad. Después de la muerte de Cato, cada día siento más que no tengo nada. Tú sí tienes a tu hermana. Tienes a tu mamá. Maldita sea, tienes a tu mamá. Yo no. Creo que ambos están muertos ya."

No me dijo nada. Pero yo no podía dejar de hablar.

Ese día, abiertamente, le dije que la odiaba.

"La verdad es que soñaba con el día en que murieras desde hace mucho tiempo. El día de la Gira de la Victoria en mi Distrito, yo estaba dispuesta a matarte. Y creo que mi familia lo sabía, me estuvieron distrayendo todo el día. Cuando reaccioné, te estabas yendo. Había perdido tiempo con la familia de Clove. Me enojé demasiado. Y juré que no volvería a pasar. Cuando estuve en el Hueso estaba esperando el momento en que estuvieras en el Distrito para matarte. Y mi odio hacia ti me movió para hacer muchas cosas. Porque te odio, Katniss. Desde mejorar aún más en la Academia hasta convertirme en estratega militar para frenar tu revolución. Pero... después, Katniss, reflexioné en que si James creía en esta causa, quizá esto era lo correcto, aunque no quería entenderlo en un principio. Si James dio su vida para que esto siguiera fue por algo. Tenía razón cuando dijo que no era culpa tuya sino de los Juegos. Así que, de momento, estoy reprimiendo mis sentimientos como lo he hecho toda mi vida. Porque James era la persona más buena, más sencilla y más correcta que llegué a conocer. Es lo mínimo que puedo hacer para honrar su memoria, y es lo que quiero que mi hijo aprenda de su padre aunque él directamente no se lo pueda enseñar. Ya no puedo sólo pensar en mí."

Yo no me había dado cuenta de que estaba llorando. Sin sollozar. Ni nada, sólo lágrimas cayendo.

"¿Estás...?" No terminó de preguntar. Yo asentí con la cabeza.

"La verdad es que no quiero nada de ti." Agregué. "Sólo que sepas que te odio, pero te estoy perdonando la vida."

Ella iba a decirme algo, pero no pudo.

Mi hermano Joseph entró por la puerta.