Renuncia de derechos: Todo lo que reconozcan es de otras personas (Horikoshi–sensei, Rowling y uno que otro más). El resto del desvarío es mío, así que me reservo su uso como me dé la gana.
Advertencia: esto es un crossover; por lo tanto, las diferencias con el canon de las obras base van a ser muchas (algunas sonarán absurdas, otras no tanto, pero ahí estarán), así que no se aceptarán comentarios malintencionados al respecto.
Dedicatoria: a TanitbenNajash, creadora de la Tabla de Invierno en la cual participa el presente fanfic. Y también a "Volver a Hogwarts", porque sin sus actividades de 2019 (en específico, una con "Quidditch a través de los Tiempos"), la historia origen de esto (aún sin publicar) no habría nacido.
Veinte – Amistad.
Marzo.
Reuniendo toda su fuerza de voluntad, Chihiro no buscó enfrentar a Shinken.
Como bien dijera Ingenium, la prioridad era asegurarse de que las posibles víctimas del tráfico de singularidades fueran rescatadas. Sabía que los criminales detrás de tal atrocidad se estaban centrando en niños, sobre todo aquellos a los que pocos echarían de menos (los huérfanos, los callejeros), por lo que se preparó para cualquier cosa que pudiera encontrarse.
No fue gran sorpresa hallar aquellas jaulas y a los niños dentro de ellas, encadenados y heridos. No se permitió dejarse llevar por la ira, para poder sacarlos a todos de allí con ayuda de Tenshi.
Algunos de los pequeños, los menos maltratados, reconocieron a la Heroína del Cielo (como conocían a Tenshi), sobre todo por su vistoso traje blanco y negro. La razón de incluirla en esa misión, además de su versátil singularidad, fue su conocida afinidad con los infantes.
—Vamos, pequeños. Si pueden, pónganse de pie.
Algunos obedecieron en el acto y otros se veían angustiados por quedarse sentados, pero dos de los que se habían parado, los ayudaron a moverse con muchísimo cuidado.
—Por favor, un paso atrás —avisó Chihiro, al colocar las yemas de los dedos derechos sobre el cerrojo electrónico de la primera jaula—, y salgan en cuanto esté abierto.
A continuación surgieron sus chispas, introduciéndose en el cerrojo y causándole un cortocircuito que lo hizo humear y apagarse. Eso fue suficiente para abrir la puerta, pero al mismo tiempo, algunas luces rojas parpadearon por encima de sus cabezas.
—¿Por qué no me sorprende? —masculló Chihiro, empujando la puerta y haciéndose a un lado—. ¡Vamos, vamos! ¡Afuera!
Poco a poco, los niños que podían hacerlo comenzaron a caminar y los mismos que ayudaran antes a mover a los más débiles, hicieron un esfuerzo por levantar a otros dos de los más pequeños.
—Con su permiso —Tenshi alzó la varita con un gesto elegante y la agitó con suavidad.
Al segundo siguiente, los que no lograban andar, estaban flotando levemente y pese a la situación, lucieron encantados, con frágiles sonrisas en el rostro.
Chihiro no podía evitar el sonreír con cierta esperanza. Si estos chiquillos no habían sido dañados por una vivencia tan horrible, seguramente saldrían adelante.
Así, con suma cautela, ambas heroínas fueron guiando a los pequeños lejos de allí. Abrieron otras dos jaulas, las únicas que vieron ocupadas, para enseguida hallar una puerta, que según los planos estudiados días atrás, daba a un costado de aquel edificio. Tenshi la señaló y movió una mano en alto, jugueteando con los dedos por un segundo, a lo que Chihiro asintió y alzó una de sus propias manos, con lo cual las chispas se elevaron desde sus dedos, formando un brillante arco hasta la puerta, que no tardó en arrojar humo desde donde estaba la cerradura, antes de abrirse con un chasquido que sobresaltó un poco a los niños.
Tenshi fue al frente, dirigiendo con la varita a los niños que hiciera flotar antes, por lo que Chihiro asumió la retaguardia, con los sentidos alertas. Empuñó la varita en un momento dado, preparada para cualquier cosa, pero por fortuna, los ruidos que provenían del lado opuesto a donde ella estaba, le indicó que sus compañeros estaban haciendo un buen trabajo.
—Listo —anunció Tenshi desde el exterior.
Chihiro asintió y salió también, encontrándose en una especie de callejuela, estrecha y vacía. Respiró hondo, revisó distraídamente el reloj de pulsera en su muñeca izquierda y dio un rápido vistazo a su alrededor, antes de asentir.
—Pequeños, necesito que nos tomemos todos de las manos, ¿sí? —pidió Tenshi con voz dulce, a lo cual los niños no tardaron en obedecer—. Ahora, por favor, todos piensen en que quieren quedarse conmigo y con Chihiro, ¿de acuerdo? Eso me ayudará a moverlos a un sitio seguro.
Casi todas las cabecitas asintieron y Chihiro, para su sorpresa, terminó dándole las manos a los dos que ayudaran antes a sus compañeros de infortunio. En todo el rato que llevaba mirándolos, se había dado cuenta de que intercambiaban miradas a menudo y se hacían gestos, estableciendo una comunicación sincera y silenciosa. Eso le parecía una fuerte amistad y, tomando en cuenta la difícil situación que habían vivido, le gustaría saber cómo había nacido.
Después, se concentró en lo que Tenshi le pidiera al inicio de la misión; eso era, en dejarse llevar a donde ella decidiera, antes de sentir que el viento los envolvía a todos en un acogedor capullo.
Pronto, ya no había gente en esa callejuela y Chihiro habría pagado una fortuna por ver las caras de los villanos cuando supieran habían frustrado sus planes.
—&—
Bienvenidos al día 20, espero que les gustara.
¡Ya casi termina la Tabla de Invierno, gente! Solo por eso Chihiro no sufrió mucho, sino que consiguió el objetivo principal de la misión. En este universo (y quizá también en el original de BnHA), las singularidades pueden ser vistas como objetos de valor por algunos seres crueles, a los mismos que les resulta más fácil hacer sus negocios turbios con niños. Por eso precisamente Ingenium insistía tanto en que las víctimas eran prioridad… bueno, por eso y porque no quería a su novia enfrentando a quien tanto la hiciera sufrir antes, porque quizá no acabaría bien.
Pues bien, los niños fueron liberados y llevados lejos de allí gracias a Tenshi, heroína que, como quizá ya notaron, posee una singularidad relacionada con el viento. Ella tiene buena mano con los niños (por más de una razón), lo cual siempre ayuda en esas circunstancias, ¿no creen? Y no sé, me dan ganas de sacar niños otra vez, antes de terminar la tabla, pero ya se verá.
Cuídense mucho y nos leemos en la siguiente palabra: Familia.
