DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
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¡Hoooola de nuevo!
Esta semana he hecho los deberes y he puesto mis dedos y mi mente a trabajar para que no tuvieseis que esperar mucho para tener la segunda parte de la cita.
No estaba planeado así pero me ha parecido interesante volver a meternos en la mente de Edward… Además me ha parecido un bonito detalle para agradeceros todo lo que habéis esperado las últimas semanas y las palabras tan bonitas que habéis tenido conmigo. Llevo muchos años por estos lares y sé que no siempre las lectoras tienen paciencia cuando las escritoras se retrasan en las publicaciones. Vosotras lo habéis hecho y os lo agradezco muchísimo.
Sin más, os dejo con vuestro chico!
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CIEGO
EPOV
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-¿Y qué es eso que tanto quieres saber? Te concedo ese deseo. – Al fin tenía al alcance de mi mano lo que tanto ansiaba.
Bella había preguntado mucho durante toda la tarde pero no me había dado ni una pista sobre qué estaba pasando por su cabeza.
Estaba más nervioso de lo que aparentaba. Bella y sus tendencias escapistas me ponían nervioso.
De hecho, no estaba seguro de nada, sólo de que lo que Bella me producía era felicidad. Que cuando ella estaba delante de mi estaba tranquilo y cuando la perdía de vista contaba las horas para volver a verla. Y, definitivamente, ahora que sabía lo que era dormir abrazado a ella o cómo se sentían sus labios sobre los míos no tenía ninguna intención de dejarla ir.
Así que tenía muy claro cuál era mi deseo.
-Está bien…- le dije sabiendo que no iba a dejarla evadir mi pregunta esta vez. Al fin y al cabo ella misma me había concedido este deseo. – Si es así, dime cuanto tengo que esperar. – le pregunté sabiendo que si no la apretaba un poco volvería a huir.
-¿Esperar? – preguntó Bella con cara de confusión.
La miraba y me asombraba de lo perfecta que era.
¿Cómo nunca me había dado cuenta?
Bella siempre había sido una chica bonita, incluso en su adolescencia cuando llevaba esos horribles aparatos en los dientes, pero ahora estaba reluciente.
O, quizás, solo era yo que me había quitado la venda y ahora la veía con otros ojos.
-Sí – le dije una vez volví a la realidad sabiendo perfectamente que había llegado el momento. Era ahora o nunca. – Para escuchar de tus dulces labios que te estás enamorando de mí tanto como yo de ti. –
No valía la pena continuar callando algo que tenía demasiado claro ya.
Si quería que Bella fuera sincera conmigo le debía esta declaración.
Bella tenía miedo que estuviera jugando con ella, seguramente eso era lo que provocaba sus recelos, más de los que habitualmente ya tenía cuando se trataba de confiar en la gente. Si quería saber que pasaba por la mente y el corazón de Bella necesitaba que se sintiera segura a mi lado.
-Yo… - Bella cerró sus ojos respirando hondo.
Le dejé su tiempo. Si necesitaba tiempo podía dárselo pero no le iba a permitir que negara lo que nuestros besos habían gritado hace un rato. Eso no podía ser fingido.
Bella se mordió el labio nerviosa.
Sabía que la estaba presionando pero no podía aguantar más tiempo en este limbo en el que estábamos atrapados y, definitivamente, no quería tener que esconderme ni limitarme a acariciarla inocentemente. Quería sentirla cerca de mí, sostener su mano cuando quisiera y besarla cada segundo que estuviéramos juntos.
Cogió aire dejándome helado por lo que pudiera venir. Era imposible que después del beso que me había dado no me quisiera de ninguna manera.
-Yo no me puedo enamorar de ti – dijo Bella nerviosa dejándome helado. ¿Otra vez pretendía huir? – Porque… - continuó enrollando sus manos en la servilleta. –
-Bella me estás confundiendo. – intenté reconducir esta conversación que iba por un camino que me daba miedo.
Bella era experta en escurrir el bulto y lo último que quería era darle una vía de escape.
-Edward… - dijo nerviosa intentando separarse de mí pero no la dejé. La necesitaba cerca.
-Di lo que tengas que decir Bella… Pero no me ocultes nada. No vuelvas a encerrarte. No conmigo, por favor. Sea lo que sea, sé sincera. – le pedí.
-Siempre he estado enamorada de ti, Edward. Desde que era una adolescente… Todos estos años… Así que no es algo que pueda hacer de nuevo o… dejar de hacerlo. Créeme que lo he intentado – confesó para mi sorpresa. Estaba preparado para su huída pero no para esto.
¿Cómo había sucedido tal cosa? ¿Bella siempre había estado enamorada de mí y yo nunca me había dado cuenta?
¿Cómo había estado tan ciego para no darme cuenta nunca? Eso era lo que ocultaba tras todas las peleas e indiferencia. ¿Era eso?
A Bella le había costado mucho aprender a confiar en la gente cuando Charlie la adoptó. Había necesitado muchos años de terapia para poder abrirse. La relación conmigo siempre había sido diferente y yo nunca noté nada. Primero pensé que era por la diferencia de edad y después simplemente lo expliqué por nuestras propias diferencias. Como dirían en las series de televisión diferencias irreconciliables.
¡Qué ciego había estado!
-¿Has intentando dejar de quererme? – pregunté lo que más me preocupaba de todo lo que había dicho. Lo último que quería era que lo consiguiera. No conocía a nadie más terco que Bella. Era capaz de conseguirlo.
Bella rodó los ojos divertida ante mi pregunta.
Daniel nos trajo el postre y la apetitosa tarta de manzana casera que Bella había pedido se llevó toda su atención. Algo que no me hacía mucha gracia. En estos momentos necesitaba a Bella centrada en nuestra conversación.
Me estiré lo suficiente hasta que llegué a su silla y tiré con fuerza de ella arrastrando a Bella a mi lado.
-¡Edward!- gritó Bella indignada mientras agarraba fuertemente su plato de postre dispuesta a salvarlo hasta de un ataque nuclear.
-Bella…. – suspiré calmándola mientras nos acomodábamos cerca. – Hablemos un poco de lo que acabas de decir – insistí. No tenía ningún interés en abandonar el restaurante sin dejar cristalinamente clara la situación entre nosotros. – Te prometo que si te portas bien te daré una gran sorpresa después. Te gustará. – intenté negociar con ella tentando a mi suerte.
-¡Edward eso es chantaje! – se indignó llevando, con gesto dramático, un buen bocado de tarta a su boca.
-No vamos a ningún lado hasta que acabemos esta conversación. – le advertí. Teniendo en cuenta que no tenía medio de transporte para volver a nuestro apartamento no creo que pudiera hacer mucho más que concedernos esta charla. –
-Edward eres demasiado mandón. – se quejó caprichosamente.
Me acerqué un poco más a ella, hasta que su particular olor a fresias me inundó haciéndome sentir vivo.
Solo quería estar lo suficientemente cerca para poder tocarla. Su piel se erizaba cuando nuestras pieles hacían contacto. Me ayudaba a entenderla mucho más de lo que lo hacían sus palabras
-Lo que quieras Bella, pero tú y yo vamos a hablar. No quiero más silencios entre nosotros. – insistí. – Ahora dime que es eso que siempre has estado enamorada de mí. – retomé nuestra conversación dónde la habíamos dejado.
-También me podrías explicar como tú nunca te distes ni cuenta, Edward Cullen… - se defendió atacando, orgullosa.
Estaba preciosa cuando levantaba su barbilla defendiéndose del mundo. Una pequeña soldado.
-Bella…. ¿Estás desviando el tema? Porque estamos yendo en círculos desde hace un buen rato. – le recordé.
-¿Quieres escuchar de nuevo que siempre he estado enamorada de ti? ¿Es eso, verdad? Pues sí – volvió a pronunciar esas palabras y sonreí, no por orgullo sino de felicidad.
-¿Nunca sentiste ganas de decírmelo o de intentar algo? – pregunté interesado en qué había pasado por su mente durante todos estos años.
-Al principio creía que era algo así como un capricho de adolescente. Tú eras mayor y ya estabas pensando en la universidad y yo solo una niña…. Y después vivías en la otra punta del país y cada vez que venías pues… - me dijo escondiendo su rostro entre sus manos avergonzada.
-No te escondas. El único idiota aquí soy yo que nunca noté nada– confesé.
Había sido un imbécil al no pensar que detrás de la timidez de Bella o de sus continuas peleas se escondía una incapacidad de relacionarse conmigo.
Cuando sacó su cabecita de entre sus finas manos la volví a atrapar en un beso. Había estado demasiado tiempo sin probar sus labios que después del postre sabían levemente a canela.
Bella suspiró sorprendida por mi arrebato pero rápidamente llevó sus manos a mi pelo acercándome más a ella. Bella era suave como una pluma y toda su piel se erizaba cada vez que la tocaba.
Su piel erizada, su respiración entrecortada cada vez que me acercaba a ella, el brillo en su mirada cuando ponía sus mechones rebeldes detrás de su oreja o me estiraba a su lado cara a cara habían sido las cosas que me habían mantenido seguro en el convencimiento que detrás de su coraza había algo latiendo por mí.
¡Grandioso imbécil había sido!
-Bella estamos en público. – le recordé. Aunque no la dejé separarse de mí ni un milímetro cuando nuestros labios se despegaron.
-¡Ves! Me vuelves loca. – me acusó escondiendo su cara en mi hombro. Aproveché para dejar un beso en su cabeza. Nunca podría renunciar a esto.
-¿Era eso a lo que te referías la otra noche? – pregunté acordándome de sus palabras cuando llegó a casa.
No le había dado importancia en ese momento debido a su estado pero ahora todas nuestras peleas o todas las conversaciones a medias con mi hermana se agolpaban en mi mente haciéndome ver lo idiota que había sido todos estos años.
-¡Ay, por favor no me lo recuerdes! – exclamó mientras el sonrojo cubría su rostro completamente haciéndome reír.
-Es por eso que Aro te ofreció trabajo, ¿Verdad? Para protegerte de lo que sientes por mí. – le aseguré uniendo todas las piezas del rompecabezas que había sido nuestra vida las últimas horas.
-Sí. - admitió Bella.
Me separé de ella. Necesitaba ver esos dos pozos marrones que parecían abrirse ante mí como si los viese por primera vez.
-Siempre se ha tratado de ti, de una manera u otra, Edward. Incluso cuando lo que más necesitaba era alejarme – declaró nerviosa.
Sostuve su perfecto rostro entre mis manos como si fuera el tesoro más preciado que nunca me había encontrado.
-Qué idiota he sido – declaré seguro por enésima vez pero esta vez fue ella quien no me dejó continuar para besarme.
El primero que me regalaba voluntariamente. Era dulce. No había prisa en sus labios, solo amor y algo de miedo.
Bella se separó antes de lo que hubiera deseado con una sonrisa en sus labios.
-Dejemos de pensar quien ha sido más idiota de los dos. No sé quién se llevaría el premio. –dijo Bella dándome un poco de tregua.
-Está bien. – acordé sabiendo que no serviría de nada anclarnos en un pasado que no podíamos cambiar. - ¿Has acabado? – pregunté al ver que le quedaban poco más que migas de su tarta mientras señalaba a Daniel para que preparara lo que le había pedido hace unas horas por teléfono.
Me había costado varias horas de mi noche y muchas gestiones a primera hora de la mañana para tenerlo todo listo, pero sin duda había valido la pena. Mi mente se puso en marcha viendo a Bella dormir y no paré hasta que todo tuvo forma en mi organizada mente. Esta mañana tuve que salir pronto del apartamento para poder hacer las llamadas y los trámites necesarios para que todo fuera perfecto esta noche sin que Bella se enterara. Y, por supuesto, para que la reunión con el imbécil de Marcus fuera también a la perfección para que no nos retrasara ni una hora o mi plan no podría llevarse a cabo.
-Todo preparado señor Cullen. – confirmó Daniel entregándome las llaves del coche que había alquilado y otras que supongo eran las de la habitación que ocuparíamos esta noche.
Me había costado bastante encontrar este lugar pero una vez lo hice supe que era perfecto para lo que quería.
Bella adoraba todo aquello que volvía a lo tradicional y la esencia de cualquier hogar y el restaurante de Daniel era, sin duda, una muestra de ello. Además, tenía la opción de reservar una de las dos habitaciones de las que disponía el alojamiento. A Bella le iba a gustar tanto que dudaba que mañana quisiera irse.
Pero antes de descubrirle la perfecta habitación teníamos que ir a un lugar.
Me levanté para cederle mi mano.
-¿Señorita Swan me acompaña a un lugar?- le pregunté sabiendo que tanta intriga la iba a volver loca.
A Bella nunca le habían gustado demasiado las sorpresas y en casa todos lo habíamos respetado. Nunca hubieron fiestas de cumpleaños sorpresa ni nada por el estilo. Pero hoy estaba dispuesto a sorprenderla.
-Edward, ¿qué haces? – preguntó con el rubor subiendo por sus mejillas.
-Solo sígueme. – le recordé tomado su mano para levantarla de la silla.
-Eso llevo haciendo toda la tarde por si no te has dado cuenta. – murmuró sin oponerse demasiado.
Estaba acostumbrado a esta Bella. Llevaba toda la vida combatiendo sus reclamos, aunque sin duda el que vinieran acompañados del toque de su mano y de su sonrisa era toda una novedad que pensaba disfrutar y explotar al máximo.
Cuando llegamos al coche que había alquilado me adelanté para abrirle la puerta.
-Todo un caballero… - me dijo con una chispa en sus ojos marrones. –
-Pero puedes abrir tus propias puertas, lo sé. – me adelanté dejándola con la palabra en el aire. –
Bella me sacó la lengua falsamente molesta por mi interrupción.
-Idiota. – se defendió sin saber todo lo que me provocaba cuando se ponía así.
-Preciosa. – le dije desviando mi mirada a sus labios acercándome un poco más a ella justo antes de lanzarme para besarla como no había hecho hasta ahora.
Sentía tanta necesidad por ella y ya no tenía que reprimirme más.
Nuestros labios parecían estar luchando para ganar una guerra, igual que nuestras lenguas. Sentí las manos de Bella anclarse en mi espalda, clavando sus dedos en mi piel. Nuestro contacto me quemó por dentro y no pude evitar apretar mi agarre en su cintura acabando con el espacio entre nosotros.
Noté como Bella se separaba de mí. Levantó su cara y me miró con fuego en su mirada.
-Shhh… - dijo poniendo un dedo sobre mis labios. – Seguimos estando en público Edward. – me recriminó en un tono que no sonaba precisamente molesto. – ¡Vas a conseguir que nos detengan! – acabó escondiendo su cara en mi pecho.
- Eso sí sería algo interesante. – bromeé besando el tope de su cabeza.
No me acostumbraba a tenerla así.
Para mí.
Apoyándose en mí.
Escondiéndose en mí.
Conmigo, en definitiva.
-No sé para que te doy ideas. – me recriminó dándome un débil manotazo en el pecho mientras me miraba divertida.
Estaba comenzando a hacerme adicto a sus ojos marrones. Era increíble cómo podía transmitir tanto con ellos.
-Por muy interesante que suene, créeme, lo tendremos que dejar para otra ocasión. – acabé con un rápido beso en sus labios. – Ahora sube al coche. – Le ordené dándole la vuelta para ayudarla a entrar.
Aun no había arrancado cuando Bella volvió a tomar la palabra.
-Vaya, y yo que esperaba que una flamante limusina con chofer nos esperara en la puerta. – bromeó mientras cruzaba los pies sobre el asiento.
-¿Qué clase de ideas tienes de mi? – le pregunté sin poder evitar mi risa.
-La que aparentas o al menos la que aparentabas cuando estabas con Jessica o todas tus otras chicas. – explicó llamando mi atención por su elección de palabras.
-¿Todas mis otras chicas? Te lo vuelvo a repetir ¿qué clase de idea tienes sobre mí? – volví a cuestionarle sin perder el humor.
-Supongo que la que tú has enseñado estos años y la que yo he querido ver. – respondió sincera resumiendo el gran problema de nuestra relación.
Nunca habíamos sabido cómo llegar al otro y además nos habíamos fiado demasiado de nuestras suposiciones, las cuales, la mayoría de las veces, estaban basadas en otras falsas suposiciones. Creando una cadena absurda que nos había llevado al lugar al que estábamos antes de la muerte de Charlie.
Era extraño como un acontecimiento tan trágico había hecho que ambos derrumbáramos nuestros muros y consiguiéramos vernos como éramos realmente.
Bella comenzó a trastear todo lo que estaba a su alcance hasta que encontró una emisora de radio que le gustaba.
-¿Dónde vamos? – preguntó finalmente.
-Tendrás que esperar para descubrirlo. – le recordé igual que había hecho durante toda la noche. Bella respondió, también, de la misma forma que llevaba haciéndolo durante horas. Me miró acusadoramente con un mohín en su perfecta boca. – Te gustará. – afirmé sin rendirme a sus encantos aguantando las ganas que tenía de morder sus perfectos labios.
-No pienses que no voy tomarme la revancha, Cullen. – me dijo con una sonrisa que delataba que estaba maquinando alguna cosa en esa peligrosa cabeza que tenía.
Conduje tranquilamente comentando con Bella lo que nos llamaba la atención de nuestro alrededor. Estaba tentado de continuar conduciendo sin rumbo para no romper la magia que nos había envuelto. Era tan revelador verla tranquila hablando sin medir sus palabras con una sonrisa tranquila en su cara.
Aparqué sin decirle nada. Bella solo necesitó alzar la vista para descubrir cuál era el siguiente paso de nuestra noche.
-La noria que te dijo Arthur. – anunció divertida y algo emocionada. Me gustaba ser el responsable de esas emociones y no las que tradicionalmente le había causado.
-¿Te atreverás a subir? – la reté aunque Bella no necesitaba ninguna incitación para ser valiente.
-La pregunta es si tú serás capaz de hacerlo antes que yo. – me dijo con un brillo diabólico en sus ojos antes de salir corriendo del coche.
Solté una carcajada antes de ir detrás de ella intentando no dejarme nada en el coche.
Algo me decía que era la primera de muchas veces. Yo corriendo detrás de Bella.
La alcancé cuando ya estaba haciendo cola para comprar las entradas.
-¿Qué haces? – pregunté poniéndome a su lado sin entrar en el lugar destinado a esperar.
-Esperar para comprar las entradas. – me informó como si fuera la cosa más simple del mundo.
-Aja… Te preguntó de nuevo… ¿Qué haces? – le dije enseñándole dos pases que tenía guardados en el bolsillo.
Bella abrió sus grandes ojos sorprendida.
-¿Es que lo tienes absolutamente todo planeado? – preguntó incrédula mientras se agachaba para salir de la fila.
-Te tengo. – le dije atrayéndola a mí. – Y sí, no he dejado nada al azar. Solo tienes que confiar en mí y dejarte llevar. – le recordé lo mismo que le había dicho esta tarde al comenzar nuestra aventura.
Bella cabeceó tímidamente.
-Vamos. – me dijo animada empujándome como si fuéramos a perdernos la diversión si nos quedábamos parados mucho más tiempo. Sin duda lo de la noria había sido todo un acierto. Debería acordarme de enviarle algún regalo a Arthur y Neal por su sabio consejo.
-Tienes algo especial esta noche. – le dije apartando un mechón de su pelo mientras esperábamos nuestro turno para subir a la noria.
-¿No serás tú que me miras con buenos ojos? – me dijo Bella divertida meciéndose en mis brazos cariñosamente.
-Siempre te he mirado con buenos ojos. – le rebatí abrazándola desde su espalda apoyando mi cabeza en sus hombros.
-Eres un mentiroso, Cullen. – contestó con una carcajada. Me gustaba tanto la manera que tenía de llamarme Cullen cada vez que algo la indignaba que podría pasarme todo el día tomándole el pelo.
-O tú demasiado dura conmigo. – le contesté por el simple hecho de notar como su pecho rebotaba contra el mío por su risa.
-¡Tú mismo has admitido que no te habías dado ni cuenta que he estado colada por ti toda la vida! – me contestó ojiplática dándose la vuelta para encararme.
La cogí con firmeza por la cintura notando como se tensionaba y dejaba de respirar por unos segundos avanzando unos pasos juntos.
-Debemos llegar a un acuerdo sobre este tema. – negocié con ella volviendo a captar su atención. –
-¿Así? – respondió divertida.
- Sí… No es justo que hurgues en la herida de mi ceguera cada vez que tengas ocasión. – me defendí ante la mujer que me había robado el sentido.
-¿Estás intentando comprar mi silencio? – continuó con su particular disfrute.
-¿Tiene precio? – Pregunté de nuevo mientras observaba como se mordía el labio pensativa.
No tenía ni idea de lo mucho que me provocaba ese gesto y la suerte que tenía de que estuviéramos en público porque si no no habría nada que me detuviera hasta hacerla mía.
-No, pero estoy segura que alguna cosa se me ocurrirá… Puedo llegar a ser muy creativa. – me dijo mientras pasaba sus manos por mi espalda y se alzaba ligeramente para tentar a mis labios rozándolos pero sin acabar de acortar el espacio para besarnos.
Lo había hecho antes y sin duda sabía lo que hacía.
Volverme loco.
-¡Nos toca! – exclamó justo antes de llegar a mis labios separándose para avanzar hasta la cabina de la noria.
Era bastante grande y recreaba a la de las antiguas norias y no las que se hacían hoy en día que eran acristaladas y completamente cerradas. Esta era de madera pintada de azul con unos barrotes de hierro.
-No creas que no me doy cuenta de lo que haces. – murmuré frustrado mientras seguía los pasos de Bella.
Subimos rápidamente porque la gran noria no paraba de dar vueltas.
Me acomodé junto a Bella. Bastante cerca de ella, de hecho, ni tan siquiera pasaba el aire entre nosotros. Era lo bueno de estar en un lugar como este. Podía aprovechar para tenerla cerca y solo para mí sin preocuparme de nada ni nadie más. Especialmente de sus tendencias escapistas que me mantenían siempre en tensión.
Puse mi brazo alrededor de sus hombros y eso fue lo único que necesito Bella para acomodarse en mi pecho. Era como un imán. Cada vez que estaba cerca de mí, su cabeza acababa reposando en el mismo lugar.
-Te estás perdiendo las vistas. – le recordé cuando vi que tenía los ojos cerrados mientras se aferraba fuertemente a mí. - ¿Tienes miedo? – pregunté por pura vanidad porque la sonrisa en su rostro me indicaba que no sentía precisamente miedo.
-No. – respondió levantando su cabeza pero en vez de separarse se apoyó en mi hombro nuevamente. -Es precioso. Se puede ver todas las luces de la ciudad desde aquí. – admiró y esta vez sí se movió hasta un lateral para ver sin ningún barrote de por medio.
-Cuidado. – la prevení cogiendo su brazo.
-Siempre me he preguntado con cuantas personas te tuviste que pelear durante el mes que estuve fuera para que Swan's no se desmoronara. – me dijo de repente girándose hacia mí con una mirada curiosa.
-Con más de uno. – le respondí ganándome una mirada de advertencia al ver que no le contestaba con claridad. – Y de dos también. – le concedí pero no fue suficiente para ella.
-Edward… - me advirtió.
-No quiero hablar de eso. Fueron días difíciles para todos. – admití finalmente. – Hice lo que tenía que hacer, ojala no lo tuviera que haber hecho. – acabé y está vez fui yo quien tiró de ella para buscar su abrazo.
Su olor a fresias me calmaba devolviéndome la paz que los recuerdos de ese mes se llevaba.
-Gracias. – me dijo Bella cogiendo mi cara mirándome fijamente. – Sin ti a mi lado todo hubiera sido más complicado de lo que lo ha sido. Gracias - confesó dándome un suave beso.
Joder cuanto tiempo llevaba esperando oír estas palabras de la boca de Bella.
– Sin ti no habría conseguido superar la muerte de Charlie ni hacer de su empresa mi hogar. – añadió volviéndome a besar inocentemente.
Bella iba a acabar conmigo.
– Sin tu cabezonería yo estaría aun huyendo de esto. Gracias por regalarnos esta noche. Por regalarnos esta oportunidad. – Acabó lanzándose contra mi cuerpo para besarme con la misma fuerza que habían tenido sus palabras.
Nos acercamos tanto que era imposible decir dónde comenzaba un cuerpo y acababa el otro. Nuestras manos se movían nerviosos por los cuerpos, reconociéndonos por primera vez. Nuestras lenguas volvían a luchar una batalla pasional que lograba encenderme como pocas mujeres lo habían conseguido.
No pude evitar alzarla sobre mí. No pensaba con claridad y las vistas me importaban más bien poco. Prefería deleitarme con el placer que me regalaba Bella.
-Edward – gimió Bella mi nombre mientras se movía demasiado sugerentemente para mantener esto dentro de la dignidad de la vida pública.
-¡BUSCAROS UNA HABITACIÓN! – un gritó desde otra de las cabinas nos interrumpió.
-Deberíamos parar si no queremos ir a la cárcel finalmente. – nos recordé intentando volver a recuperar la cordura que nos había abandonado a ambos.
-Llévame al hotel Edward. – me suplicó con su voz entrecortada. Tan afectada como lo estaba yo.
-Será un placer… será un placer… - le dije haciéndola reír al notar lo mucho que me había afectado su arrebato. – A ver cómo me bajo de aquí. – susurré mientras se bajaba de encima de mi recuperando la compostura.
Bella no respondió solo soltó una estrepitosa carcajada.
Disfrutamos en silencio de lo que quedaba de trayecto. Esta vez decidí centrarme en las vistas para devolver mi cuerpo a su estado natural. Finalmente decidimos dar una vuelta por los puestos ambulantes que había alrededor de la noria antes de volver a nuestro hotel.
Nunca había sido muy observador ni le había dado la importancia que le dan otras personas a gestos aparentemente insignificantes como ir cogidos de la mano o el compartir silenciosas conversaciones con una sola mirada y ahora me descubría acariciando los dedos de Bella entre los míos casi con devoción o buscando esos ojos marrones que parecían chillar todo lo que antes habían callado.
Volvimos al hotel entre caricias y bromas.
Era tarde cuando llegamos así que entramos con la copia de la llave que me había dado Daniel intentando mantener silencio pero al parecer Bella tenía otras cosas en mente.
-Bella vas a despertar a todo el mundo y si no te estás quieta tendrás que explicarle tú a Daniel y su mujer qué estamos haciendo desnudos en medio del pasillo cuando nos pillen porque te aseguro que como sigas tocándome así no vas a dar otro paso más con ese vestido puesto. – le advertí. Bella se apiadó de mi dejando sus manos quietas.
Solo había un par de habitaciones así que fue sencillo encontrar la nuestra. Sentí un ligero empujón de Bella en cuanto abrí la puerta.
Lo observaba todo emoción.
-Es… es… lo más perfecto que he visto nunca. – dijo tan emocionada como lo había estado al ver el salón en el que habíamos cenado en la planta baja.
-Sabía que te gustaría. – dije un poco aliviado por la reacción que había tenido Bella durante toda la noche.
La habitación era pequeña pero tenía tanto encanto que, igual que el resto del lugar, parecía sacado de una novela de época.
Estaba pintada en colores cálidos y predominaban los muebles impecablemente tallados de madera oscura. Había un pequeño sofá en la zona que quedaba entre la entrada y la cama acompañada de una pequeña mesita con un ramo de flores naturales.
-¿Son para mí? – preguntó en cuanto las divisó.
-¿Tú qué crees? – le respondí guiñándole un ojo.
-Creo que eres un romántico y que no me creo que me esté pasando todo esto. – Me dijo oliendo el ramo de rosas que había encargado para ella.
-Pues va siendo hora que te lo creas porque no planeo marcharme de tu lado. – le dije acercándome a ella para atraerla de nuevo a mis brazos.
-¿Eres real? – me preguntó tocando mi cara. – He soñado tantas veces con esto que juro que llevo toda la noche pellizcándome cuando no me ves para asegurarme que mi mente no está jugando conmigo. – me explicó insegura.
Nos miramos en silencio durante unos intensos segundos.
Sostuve su perfecto rostro entre mis manos como si fuera el tesoro más preciado que nunca me había encontrado.
-No es un sueño. Pienso demostrarte cada día que esto es muy real. Que soy muy real. Que lo que hay entre nosotros es muy real. – declaré seguro pero Bella no me dejó continuar se lanzó para volver a besarme.
-Edward – gimió Bella mi nombre acercándose a mí antes de volver a devorar mi boca.
La cogí en brazos dejándome llevar por toda la pasión que llevaba aguantando durante toda la noche para dejarla estirada encima del sofá. La tumbé lentamente para no dañarla y me separé para poder observar a la diosa que el mundo había puesto en mi camino hace tantos años y hasta ahora no había reparado en ella.
-Eres perfecta Bella… - las palabras salieron de mi boca sin ni siquiera filtrarlas. Como salen las verdades más absolutas.
Mis labios besaron su cuello. No sabía que tenía pero no podía dejarlo atrás. Su vena cruzaba este delicado punto de su anatomía dejándome sentir su latido desbocado cada vez que me acercaba a ella.
Mis manos se colaron finalmente por los tirantes de su vestido que llevaban tentándome toda la noche. Miré a Bella buscando su aprobación. Ella cabeceó mordiéndose su tentador labio segundos antes de que comenzara a bajar el vestido para dejar al descubierto la piel de sus hombros.
Inhalé su aroma sabiendo que ya no había manera de curarme de su adicción.
No pude continuar con mi labor porque el teléfono de Bella comenzó a sonar estrepitosamente rompiendo nuestra intimidad.
-¡Mierda! – escuché quejarse a Bella que, al parecer, sentía exactamente lo mismo que yo.
Bella me empujó para salir de debajo de mí obligándome a moverme. Sinceramente si no llega a ser porque me pilló desprevenido no me hubiera movido ni un milímetro. El mundo se podía caer que no existía nada más importante en este preciso instante para mí que Bella.
-Es Alice – anunció Bella antes de responder a la llamada yéndose hasta la ventana que quedaba al lado de la cama.
Era una cama grande con doseles de madera, a juego con el resto de los muebles, y unas telas blancas prácticamente trasparentes a conjunto con las sabanas.
La escuchaba hablar con mi hermana mientras se tocaba el pelo nerviosa e intentaba volver a poner el vestido en su sitio.
Eso era algo que no iba a ocurrir.
Me acerqué silenciosamente por detrás aprovechando su distracción para abrazarla por su cintura y pegarla a mí apoyando mi cabeza en su hombro.
Mi chica se limitaba a hacer pequeños ruiditos para dejarle saber a mi hermana que seguía al otro lado de la línea pero algo le debía haber ocurrido a Alice porque la escuchaba hablar a más velocidad de lo normal en ella.
Volví a entretenerme con su piel al descubierto, haciendo que Bella girara levemente su cabeza para mirarme mal… La estaba poniendo nerviosa y lo estaba disfrutando. Ella lo había hecho conmigo y ahora le tocaba pagar el precio.
-Que fuerte Alice… No me lo puedo creer. – dijo Bella intentando sonar convincente pero no lo estaba consiguiendo. No sé porque le había respondido la llamada a mi hermana, sinceramente.
Dejé suaves besos en su cuello y tiré del lóbulo de su oreja notando como su respiración se cortó momentáneamente. Bella se giró sin apartarse de mis brazos pero quedando cara a cara.
Me hizo un gesto bastante divertido para que parara pero era una pena que sus oscuros ojos, los cuales ya no eran un misterio para mí, gritaran todo lo contrario.
Le robé el teléfono que sostenía sin prestarle atención a lo que le decía a mi hermana. Estaba seguro que era tan importante como lo que nosotros teníamos entre manos. Alice sobreviviría sin entretener a Bella a la una de la madrugada.
Decidí tomar cartas en el asunto.
-Hola Alice – saludé a mi hermana parando de golpe su verborrea. –
-¿Edward? – comenzó a decir cuando se recuperó de la sorpresa del cambio de interlocutor.
-Adiós Alice. Te quiero mucho pero tenemos cosas importantes que hacer. Besos. Nos vemos.– le corté colgando la llamada para espanto de Bella.
-¡Me va a matar! – se lamentó Bella con cara de espanto haciéndome reír.
-Yo te protegeré – le dije apagando su teléfono lanzándolo encima del sofá para poder centrar toda mi atención en ella. –
-Será complicado porque tú caerás primero – respondió divertida sin apartarse de mí.
Estaba en el paraíso.
Era todo lo que necesitaba. Ella y su risa.
-Entonces disfrutemos de nuestras últimas horas juntos – declaré justo antes de volver a atraerla para besarla.
Bella se colgó de mi cuello para acercarme más a ella, aproveché para alzarla y dejarla sentada en la cama que tenía detrás de ella.
Volví a colar mis manos a través del vestido que desde que la había visto con él puesto había despertado mis instintos más básicos.
-Bella deberíamos parar – dije separándome de sus labios pero no de su piel que no podía dejar de besar.
-Estoy segura que lo que deberíamos hacer es continuar– refutó con un hilo de voz.
-Es nuestra primera cita… – intentaba enumerar algo coherente pero la realidad era que lo único que me importaba era Bella y lo bien que nos estábamos sintiéndonos ahora mismo.
-Edward cállate – me ordenó cogiendo mi cara entre sus pequeñas manos para lanzarse a mis labios.
Me aferré a su boca luchando por ganar una batalla perdida. Bella había tomado el mando de la situación y no iba a dar un paso atrás.
Nunca en la vida había estado tan deseoso de perder.
-Edward – gimió Bella cuando estuve encima de ella aun con nuestras ropas puesta.
-¿Estás segura? – le pregunté sin separarme mucho de ella. Era como un imán del que no podía separarme.
-¿Lo de Jessica ha terminado definitivamente, verdad? – preguntó de nuevo insegura.
-Sí. No existe nadie más que tú en mi vida. – le aseguré.
-Entonces déjame besarte de una vez o me harás arrepentirme– susurró tirando de mí con una pícara sonrisa en su cara.
Nos fuimos desvistiendo con falsa tranquilidad. Estaba saboreando el momento, sin ninguna duda, pero deseaba fundirme en ella.
Saber que éramos uno.
Calmar la necesidad que tenía por ella.
Finalmente pude deshacerme dichoso vestido para comprobar que Bella no llevaba ropa interior debajo.
Bella era una caja de sorpresa e iba a ser mi perdición.
El otro día casi me da un ataque al corazón cuando vi la ropa interior que llevaba puesta para ir a una reunión de escritores snobs y ahora directamente decidía no llevar nada que cubriera su piel.
-Veo que no le gusta pasar calor, Señorita Swan –bromeé mientras dejaba un camino de besos desde su suculento cuello hasta sus firmes pechos.
-Ajaaaa – murmuró Bella mientras intentaba sacar mis pantalones.
-Sin ropa interior…. Interesante de saber – dije mientras me libraba de su agarre para continuar con mi particular camino de besos hasta alcanzar sus zapatos.
Me deshice de ellos juntos con la última pieza de lencería de Bella. Delante de mí tenía una diosa. Me libré de mi propia ropa para estar igualado a mi preciosa mujer.
Vi como contenía la respiración cuando volví al calor de sus brazos lentamente.
-Tengo la sensación de estar soñando – confesó haciéndose eco de mis pensamientos.
-Somos dos preciosa – respondí y Bella me regaló la más perfecta sonrisa.
Había sido un auténtico idiota por no darme cuenta de lo que tenía delante y no saberla valorar lo suficiente. Había sido un idiota por no quererla como ella había hecho conmigo siempre. Si me hubiera esforzado en estar a su lado como lo había hecho desde la muerte de Charlie esto hubiera pasado mucho antes… porque si de algo estaba seguro es que era imposible descubrir a Bella y no caer rendido a sus pies para toda la eternidad.
Nuestras bocas volvieron a encontrarse danzando en un beso ardiente que se mezclaba con nuestras caricias en nuestros cuerpos desnudos. Ya no había barreras ni nada que ocultar entre nosotros dos.
Solo Edward y Bella.
Piel a piel.
Finalmente.
-Edward… - gimió entrecortadamente Bella debido a que mis traviesas manos estaban haciendo en su interior – ¿Preservativos? – preguntó con esfuerzo mientras su respiración se entrecortaba justo antes de que su orgasmo la alcanzara.
Sin separarme de ella estiré mi brazo para buscar mi cartera dónde siempre guardaba un preservativo. Nunca me había sentido tan triunfante como cuando finamente palpé el papel de aluminio.
-Permíteme – me dijo Bella mientras robaba de mi mano el condón aprovechando la ocasión para girar las tornas y dejarme bajo su cuerpo.
Sentir su tacto entre mis dedos mientras tomaba el preservativo con esa mirada traviesa me encendió. Esa imagen tan desconocida de Bella era de lo más erótico que me había encontrado en esta vida. Bella había vuelto mi mundo al revés. No sabía cómo pero con ella todo era diferente.
Bella cubrió mi glande antes de sentarse a horcajadas sobre mí y deslizarse lentamente haciendo que quedáramos perfectamente unidos.
-Joder Edward – blasfemó mientras mordía mi hombro. Adoraba verla así tanto como me encendía.– Si no fuera tan cursi diría que estamos hecho el uno para el otro – bromeó aunque su voz seguía afectada por el momento. –
-Bella siéntenos – dije moviéndome ligeramente haciéndola gemir – Estamos hechos el uno para el otro y que se queme el mundo si te dejo marchar de mi lado a partir de hoy – sentencié antes de darle la vuelta para atraparla entre el colchón y mi cuerpo para poder jugar con ella un poco.
Nos acoplamos rápidamente, moviéndonos, jugando con nuestro placer hasta que alcanzamos la cima.
Había tenido muchos orgasmos a lo largo de mi vida adulta pero era imposible recordar alguno en el que hubiera sentido la misma conexión con la otra persona como con Bella. Estaba completamente perdido en y por ella.
Nos estiramos abrazados desnudos en la cama, recuperando la respiración.
Cuando mi mano descendió por la espalda de Bella para acariciarla igual que había hecho con su pelo se escurrió sutilmente de mis brazos.
-¿Estás bien? – pregunté extrañado por su repentino movimiento.
-Nunca he estado mejor – sonrió dulcemente mientras se acercaba a besarme nuevamente. – Aunque me has dejado agotada.
Tenía cara de cansada. Feliz, pero cansada.
-Ven aquí preciosa – le dije volviendo a colocar en mi pecho.
En el que ya era su lugar.
-Descansa, yo me ocuparé de velar tus sueños – le prometí dejando un beso en el tope de su cabeza.
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[**]
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NA:
Bueno, bueno, bueno… Este capítulo me ha quedado un poco (muy) largo pero espero haya valido la pena. ¿Os ha gustado? No estaba muy segura de incluir su primera noche tan pronto pero sinceramente mientras iba escribiendo, teniendo en cuenta el tonteo que iban creando, no me ha parecido una locura. Se necesitaban demasiado.
Creo que han hablado de muchos temas, sin duda queda alguno coleando aun.
¿Qué pensáis? Muchas celebrabais que finalmente estaban juntos… Sin duda lo están, en Nueva York, veremos cómo es la vuelta a la realidad y a Seattle…
PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: Seguiré intentando subir lo más pronto posible. Pero no os puedo asegurar una fecha. No dudéis que siempre intento ir lo más rápido posible.
Nos leemos en el próximo,
Muchísimos saludos ;)
