Otabek acariciaba el largo cabello desordenado de Yuri, le gustaba lo sedoso que era a pesar de que fuera salvaje y le gustaba mucho más cuando el chico lo dejaba suelto y resbalaba con gracia por su espalda y hombros.

Había tanta paz en la habitación que creyó su acompañante estaba dormido, pero no importaba. Era una costumbre que tendía a hacer, acariciar el cabello y el rostro de las personas que quería era como expresar su aprecio de una forma que en lo verbal le costaba porque no era muy dado a las palabras.

Dios, se sentía tan bien estar así.

La cama de Yuri siempre había sido un lugar muy cómodo. No era tan pequeña, pero tampoco tan grande y sus cuerpos debían amoldarse para descansar después de tener sexo. Las sábanas revueltas y el brazo de Yuri rodeando su torso.

Era tan tranquilo estar así. Le hacía cariño en el corazón.

— Podría dejarlo — dijo de pronto, percatándose de que Yuri no estaba durmiendo puesto elevó sus brillantes ojos verdes, que reposaban sobre su pecho, y lo miró.

— ¿Qué cosa?

— Dejar de ser cazador.

— ¿Qué? — preguntó asombrado el brujo.

Se reincorporó y un par de hebras rubias se deslizaron por sus hombros desnudos.

Otabek lo había meditado un par de veces, pero ahora la idea le estaba haciendo demasiado eco. No es que no pudiera ser cazador de brujas, es que simplemente ya no quería serlo.

— Puedo trabajar en otra cosa.

— P-Pero dijiste que los trabajos en el pueblo están saturados, cómo podrás con tus hermanas y... ¿estás seguro?

— Me gusta que no me falte el dinero, pero ya no quiero seguir en este trabajo. Cuatro años arriesgando el pellejo es suficiente y, no sé, quiero aprovechar mejor el tiempo.

No quería perder tardes siguiendo rastros, o días completos siendo sanado por algún daño o maldición. No quería pasar días sin ver a sus hermanas o semanas sin poder visitar a Yuri. No quería sentirse culpable cada vez que veía a una bruja siendo juzgada en la hoguera e imaginar que alguna vez él pudo haber llevado a Yuri allí. Además, nada le aseguraba que por muy buen cazador que fuera llegaría siempre a casa, algún día podía simplemente ya no llegar y dejaría solos a los que le importaba y esa preocupación era algo que desde el año pasado no podía sacarse de la cabeza. Simplemente ya no quería ese trabajo.

El rubio se mostró muy sorprendido, al parecer no supo qué decir y simplemente se quedó mirándolo. Pero, de pronto, pareció pensar en algo y se acomodó ansioso sobre su pecho.

— Ven a vivir conmigo.

Altin no pudo evitar soltar una risa suave.

— Tienes ideas muy locas. — dijo mientras lo atrapaba por la cintura y Yuri cruzaba una pierna sobre su cadera, el chico se acomodó mejor sobre su pecho y continuó.

— No, escucha. Ven a vivir conmigo. Tú, conmigo, tus hermanas, tú, yo, Potya... tus hermanas, tú y yo, tú, conmigo, tú y yo juntos...

Otabek le tapó la boca, Yuri mordió de forma juguetona uno de sus dedos.

— Suficiente, Yura, creo que nos repetiste muchas veces, ya entendí.

Yuri también se rio y sus ojos se hicieron dos líneas color esmeralda.

Otabek suspiró con una sonrisa. Oh, cómo le gustaba ese chico.

— Vengan conmigo y Potya. — insistió recostando su cabeza en su pecho — no tendrán que preocuparse por el dinero, ni por el qué dirán del pueblo, puedo enseñarle a tus hermanas a leer runas antiguas y a tejer, también algo de matemática y el arte de las pociones. Y tú y yo estaríamos más tiempo juntos, me ayudarías con la comida, con el cultivo en las temporadas, a bañar a Potya y a cortar los leños, cuidaríamos juntos a tus hermanas, no estarás tan ocupado, nos apoyaremos mutuamente, las tardes serían muy tranquilas y cálidas... y tendríamos mucho sexo en diferentes posiciones.

Ambos no pudieron aguantar la risa con eso último.

Yuri había ido muy bien encaminado hasta que dijo eso, había cortado todo el hilo romántico y hogareño.

No obstante, su carita emocionada apretaba el corazón de Otabek. Sus mejillas rosadas y sus ojos soñadores hicieron que terminara por inclinarse y pegar sus labios.

No prometía nada, pero...

— Lo pensaré, Yura.

Y el brujo no pudo ser más feliz.


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