Capítulo XXII

Rin había arribado varios minutos antes de que comenzaran las terapias. Se había "asociado" al padre de su amado abogado para estar cerca de él y de esta forma tratar de conseguir su tan anhelado deseo, si, aún no se había dado por vencida en lograr su oscuro propósito.

—Has venido incontables veces para cuidarme y te estoy muy agradecido. Pero dime por favor que lograste comunicarte con mi Kagome— Suplicó al verla pasar por la puerta, cosa rara en él, pero la desesperación y el anhelo de estar con la mujer que amaba era mas fuerte que su orgullo.

—No, lo siento... Intenté por todos los medios de conseguir su número de teléfono en Estados Unidos y lamentablemente me fue imposible...— Mintió mientras sonreía mentalmente.

El rostro de Sesshomaru se ensombreció debido a lo que le dijera la castaña. Y un sentimiento de mandar todo al diablo se estaba apoderando de su ser. Estaba recluido en ese hospital desde hacía varios meses, y lo tenían incomunicado, y ya estaba harto de todo eso.

Volviendo a su tarea, trató de mover las piernas en vano, mientras la enfermera le ayudaba a sostenerse de las barras. Le era difícil hacerlo, y eso le frustraba en demasía.

—Vamos, Señor Taisho, usted puede lograrlo...— Le alentó aquella mujer de ojos verdes.

—¿Ha venido tu madre el día de hoy?— Cuestiono Rin tratando de restarle importancia al asunto.

—Si, pero siempre que trato de preguntarle por ella, cambia el tema...— Le dijo en un tono entristecido y no dejó de causarle cierta molestia a la joven.

En ese momento Inu No Taisho hizo acto de presencia. Ver a su hijo en ese estado tan lamentable, le ocasionaba hasta cierto punto alegría. Lo vio, más delgado y ojeroso, pero no le importaba en lo más mínimo.

Compartió una sonrisa de complicidad con su "futura nuera".

—Sesshomaru— Al escucharle decir su nombre posó sus ojos ambarinos sobre su progenitor y una rabia inundó su ser. No olvidaba que menospreciaba a Kagome y el verlo allí no le hacía ningún bien.

—¿Que quieres?— Cuestionó tratando de contener su enojo.

—Vaya, aún no me perdonas... ¿Cierto?— No contestó, esos eran asuntos familiares que no discutiría enfrente de cuatro desconocidos y Rin.

Guardaron silencio en lo que concluían los ejercicios, después de eso Rin lo condujo por los grandes pasillos hablando de cosas triviales que carecían de sentido para él. Su padre también les estaba acompañando.

—Bien Sesshomaru, estaré en la sala de espera. Sé que tienen mucho que hablar, con permiso...—

Inu No cerró la puerta, y se giró a ver a su hijo que reposaba en aquella silla de ruedas.

—Es una joven muy bella...— Hizo notar pero no recibió respuesta por parte de su vástago, y entonces se quedaron ahí sin mediar palabra alguna, Sesshomaru no deseaba charlar con él y al Taisho poco le importaba.

—¿Que quieres? Sabes que desde aquella velada en la que maltrataste a mi novia, dejamos de ser padre e hijo...—

—Ah, esa mujer...— La forma en la que se expresó de Kagome le dio muy mala espina.

—¿Que es lo que pretendes?—

—Yo nada...—Soltó con burla.

—A mi no me engañas, te conozco. Te advierto que si intentas hacerle algo malo, te las verás conmigo. No permitiré que le causes más angustia...— Amenazó al sujeto que tenía enfrente.

—No me hagas reír, ¿que puede hacer un inválido como tú? ¡Eras mi orgullo! ¿Y ahora, donde ha quedado ese gran potentado? Te quedarás así, sin poder caminar y tu Kagome se irá con el primero que le ofrezca algo mejor que hacerse cargo de un enfermo— Le soltó sin tocarse el corazón. —Deberías quedarte con Rin, ella te cuida y te protege... Bueno, creo que mi visita está demás...— Volteó hacia el acceso del cuarto y en la entrada ya estaban Inuyasha, Kikyo con su bebé de tres meses y su ex esposa.

Inuyasha le miraba con curiosidad junto a Irasue, habían escuchado lo último de la conversación pero solo eso.

—Padre, ¿mi madre está contigo?— Le interrogó el peliplata menor.

—No, está en casa de tus abuelos— Hizo saber. —Bien, debo retirarme— Dicho esto cargo a su nieto y le proporcionó un pequeño beso en la frente para inmediatamente después regresarlo a los brazos de su progenitora.

—Espera Inu No, necesito hablar contigo... Ahora vuelvo hijo, con permiso— Le dijo cerrando la puerta tras de sí. Siguió al prominente abogado y en el estacionamiento decidió encararlo.

—Sé lo que hiciste con ella, eres un degenerado... ¿Como te atreviste a tanto?— Le acusó.

—Esa zorra, ¿que querías? Es una mujer joven, deseable...— Le dijo con una sonrisa cínica.

—¿Porqué? ¿Ni siquiera porque lleva al hijo de Sesshomaru en el vientre pudiste contenerte? Eres un maldito—

—¿Que te importa?— Inmediatamente le soltó una bofetada e incluso la restregó contra el auto mientras le retorcía el brazo y la tomaba con fuerza de la barbilla. —Esa mujer será mía, y tú e Izayoi dormirán en mi cama, cuando yo así lo demandé, ustedes me pertenecen— La trató de intimidar pero no le duro mucho el gusto.

—¡¿Que mierda te pasa?!— Inuyasha había escuchado todo, sabía perfectamente que su padre era muy voluble y violento, por lo que decidió seguirles.

—Hijo—

—¡Suéltala! Y vete de aquí, pues no podré contenerme, padre...—

—¡No te atrevas a decirle a tu madre lo que has escuchado!—

—Entonces lárgate, no deseo verte por el momento.— El hombre se subió presuroso a su vehículo y se alejó de allí, sin decir ninguna palabra.

—¿Está bien señora? — Cuestionó Inuyasha tendiéndole la mano a mujer quien estaba un poco llorosa.

—Si, estaré bien... Regresemos con mi hijo, necesito saber cómo está. Por favor no le digas nada de esto, de por si ya es difícil que esté en esta situación... Por favor...— Suplicó mientras continuaban caminando.

—No se preocupe, mi hermano no se enterará—

—Muchas gracias—

—Es tan lindo el pequeño Akira...— Dijo la mujer de ojos castaños haciéndole mimos al bebé.

—Es idéntico a su padre— Kikyo observó a detalle a Rin.

—Si, en verdad que eres hermoso—

—¿Se puede saber porque estás aquí?—

—No tardaste en cuestionar el porqué de mi presencia en este lugar. Creo que has roto un récord, hermana...— Aseveró con burla y cinismo.

—¿Que te ha pasado? ¡Tu no eras así!— Le hizo saber escandalizada.

—Kikyo, el tiempo y las circunstancias cambian la perspectiva que tenías de las cosas, también afecta a tu forma de ser. Como podrás darte cuenta ya no soy una chiquilla ingenua, tengo el destino del hombre que amo en mis manos...— Bajó un poco la voz pues aún estaban en la sala de espera del hospital, mientras Inuyasha e Irasue charlaban con Sesshomaru.

—Solo te advierto una cosa, Rin, si juegas con fuego corres el riesgo de quemarte, piénsalo muy bien...— Entonces guardó silencio pues Inuyasha venía hacia donde estaban ellas.

—No te atrevas a destruir lo que he podido lograr...— Masculló entre dientes.

—Tú ya lo has destruido— Respondió la morena y se alejó para recibir a su esposo.

—Hola bebé— Dijo el ambarino mientras alzaba en los brazos a su pequeño hijo.

—¿Como está tu hermano?— Cuestionó su mujer.

—Bien, solo ayude a la señora Takahashi a bañarlo. Estaba muy molesto, pero creo que estará mejor en unos cuantos días... ¿Nos vamos?—

—Adiós hermana, cuñado...—

—Gusto en verte Rin, y gracias por cuidar a Sesshomaru— Soltó el peliplata y aunque Kikyo no se despidió, al hombre no le pareció nada extraño.

—Veo que no estás del todo bien— Acertó a decir mientras cepillaba el largo cabello de su hijo.

—No...—

—¿A que se debe? ¿No estás feliz con Rin?— Cuestionó con interés.

—No soy feliz, madre. Sin Kagome, esto no es vivir. Es como si me faltara la mitad de mi ser. Por favor dime dónde está, ¿porqué siempre que intento hablar de ella, me cambias el tema? Ya ha pasado más de un año desde el accidente... Y aunque no confío en Rin, ella ha intentado, al menos, de conseguir sus datos en Estados Unidos. Contrario a ti, madre, ¿acaso mi padre te ha prohibido hablarme de ella?— Irasue se detuvo un momento, creía que eso ya estaba resuelto.

—Kagome está en el país, no en América...—

—¿Que dices? ¿Ella está aquí? ¿Y porqué no ha venido a verme?— Cuestionó demandando una respuesta inmediata.

—Rin me preguntó por sus datos, no hace mucho y me aseguró que querías hablar con Kagome para decirle que tú te quedarías con ella, fue por eso que yo traté de no inmiscuirme en el asunto... A pesar de que me preguntabas y yo solo atinaba a decirte que estaba bien, nunca me imaginé que—

—¿De que me estás hablando?— Cuestionó.

—A...—

—¿Que?—

—Rin me aseguró que la amabas y que querías romper tu compromiso con Kag...—

—Mientes, jamás...—

—Es verdad, eres mi hijo y ante todo eso, tu felicidad es lo más importante para mi. Pero esta mujer nos engañó a ambos. Tanto tiempo y por nuestra falta de comunicación... ¡Ay Dios mío!— La voz de su madre sonaba quebrantada por la angustia.

—¡Quiero salir de este confinamiento!— Crujió los dientes mientras apretaba los puños con fuerza.

—Hijo, espera...—

—¡Rin! ¡Rin!— Gritó mientras intentaba levantarse de la silla de ruedas. Su voz sonó tan fuerte que la joven castaña hizo acto de presencia en cuestión de segundos.

—¿Ocurre algo?— Indagó un tanto preocupada y con lentitud cerró la puerta. Curiosa, miró a Irasue y después a Sesshomaru, ambos platinados la observaban con reprobación.

—¿No es verdad que te di el número del teléfono de mi nuera? ¡Me dijiste que ayudarías mi hijo a comunicarse con ella!— La mujer estaba furiosa mientras le recriminaba su proceder.

—Y-yo lo intente... De verdad...— Dijo a modo de disculpa pero sus planes se fueron a pique en ese instante. Se maldecía, pero sabía que la verdad pronto saldría a la luz. Creyó que ganaría tiempo, que volvería a tener el corazón de Sesshomaru en unos cuantos meses, pero se equivocó y de que forma.

—¡Me mentiste!— Acusó el peliplata.

—¡Sí! ¿Es que no entiendes que te quiero? ¿Que te necesito?— Levantó la voz para hacerse oír y confiaba que de este modo tan infantil, Sesshomaru entendiera su suplicio.

—¡Ya basta! ¿Acaso estás loca?—

—¡Si! ¡Loca por tí! Debimos estar juntos, siempre, pero te decidiste por esa mocosa y ahora va a tener un hijo tuyo...—

—¡¿Que dices?!— No creía lo que escuchaba, Rin entonces bajo los brazos derrotada.

—Si, Kagome tendrá un bebé, y yo... Fui yo quien contacto a su padrastro...— El Taisho abrió los ojos desmesuradamente al oírle decir esas palabras tan terribles.

—No, no puedo creerlo...— Se llevó un puño a la frente, para de esta forma comprender lo que dijera la joven que estaba a escasos centímetros de él.

Rin había sido capaz de dañar a la mujer que amaba. ¿Que había sido de esa actriz, cariñosa, amable e inocente?

—¡Lárgate!— Ante la demanda de Sesshomaru, Rin contuvo el llanto y decidió alejarse de allí. Sin mirar atrás caminó con estoicismo rumbo a su auto. La distancia recorrida se le hizo eterna y aunque durante su caminata lanzó hondos suspiros no permitió que sus sentimientos afloraran de ninguna manera. Al llegar al vehículo subió y cerró la puerta con fuerza, entonces dejo que las lágrimas fluyeran sin control.

Llegada a su casa observó aquella caja, sabía lo que contenía, pero ya no había remedio. Era doloroso, y tenía conocimiento de sobra que era su culpa y se odiaba.

Tanto tiempo amó a ese hombre y él solamente se había burlado de su afecto. Casi suplicó como una condenada, a que la eligiera como su esposa y la madre de sus hijos, pero no. Él deseaba esa familia que ahora iba a buscar, y comenzó a sentir un agujero dentro de su corazón, que nada podía llenar. Recordó a su papá, cuando su madre le abandonó, no pudo soportarlo más y una noche decidió acabar con su sufrimiento.

¿Y si lo hiciera ella ahora? ¿Tendría el valor de tomar el arma y acabar con su vida?

—Ya no importa nada— Susurró, mientras cogía aquel paquete entre sus manos, para con cuidado sacar la pistola con la cual su progenitor se había quitado la vida hacía más veinticinco años.