.

.

"Quería que supieras que tú me importas".

.

.

—¡Stop, ven aquí! ¡Eso que has dicho..., eso no está bien!

Satoshi tenía contado con los dedos todas las veces que había visto a Serena echar chispas por el enfado. Era hasta gracioso verla así; por lo menos a él no le parecía para nada intimidante (hasta cierto punto), tal vez por eso a la niña del regaño parecía importarle poco.

—Oh.¿Me escuchaste? No dije nada malo, le dije lindo. A mí me gustaría que me lo dijeran cuando alguien me conoce. -la niña tenía cara de no entender nada.

—Escuché tu frase completa. No hagas eso, deberías disculparte. No lo conoces y es mayor que tú.

—Bieeen...-La carita confundida cambió a una fastidiada- Señor, ¿le molesté?

Satoshi amplió la mirada con una sonrisa de sorpresa-incomodidad-risa cuando la menor se dirigió a él, la misma que lo recibió al llegar, la misma a la que Serena miraba con unos ojos de ¿Por qué eres tan difícil?

—No me molesta.

Serena levantó el rostro con timidez. Sin embargo, se calmó cuando no sintió en la voz de su invitado algún rastro de fastidio.

—¿No le molestó? ¡Lo ves, Serena! -la niña le clavó sus profundos ojos azules.-Estamos bien. Sólo estaba jugando.

—No me molestó. -repitió- Pero...uhm..., niña, cuando dijiste que te gustaría que te digan que "estás bonita" en la primera impresión, no es tan...ehm..., -Satoshi lució su mejor mueca de no saber cómo continuar. -M-Mira, hay algunos camioneros y obreros que dicen esas cosas y están muy lejos de ser amables.

—¿Usted es así?

—No. No te asustes.

—Satoshi no es así. -Serena escondió una risa encantadora con su palma al imaginarlo.

—Qué. ¿De qué te ríes?

—Imaginé que-

—¿Entonces, te llamas Satoshi?-interrumpió la menor, incómoda por ser dejada de lado.

—Sí, me llamo Satoshi. Soy investigador y entrenador de Kanto. Tambien fui profesor en Alola y tenía una alumna igual a tí.

—¿Ah, sí? -le curvó una ceja- ¿Y qué pasó?

—La desaprobé. Me caía muy mal.

La niña frunció el ceño y se fue cerrando la puerta de un golpe, mascullando algo que Satoshi prefirió ignorar y Serena no logró escuchar por andar pensando en lo que dijo el hombre a su lado.

—¿De verdad hiciste eso? -se la escuchaba bastante crédula.

—¿¡Qué!? ¡No! ¿Me crees capaz?

— N-No..., claro que no. Pero sonaste muy real.

— Entonces mentí muy bien. Quería que se vaya, nos interrumpe.

Satoshi dejó de mirarla y se sentó en un pequeño sofá de cuero de la estancia, estirando los brazos con pereza. Serena tambien se sentó otra vez a su lado, sintiéndose un poco impotente por la incómoda impresión.

—Perdónala, tiene un carácter muy fuerte y cuando algo se le mete a la cabeza yo no...

—Déjala. No quiero hablar de ella. -Satoshi se acomodó tranquilo en su sitio, dedicándole una sonrisa amigable que le hizo sonreír y olvidar lo anterior. —Como me decías, ¿tu trabajo es en la tienda y también aquí en la oficina?

—¡De todo un poco! La limpieza, el orden, las cuentas y algunos diseños. Con ellas y los pokemon puedo manejarlo un poco mejor.

—Tienes mucho trabajo. ¿Qué pasó con tus amigas?

—Todas tenemos trabajos y metas distintas. -explicó con calma- Pero nos seguimos viendo de vez en cuando, cuando no están de viaje. Miette abrió una pasteleria, Shauna se dedica a Pokévison y Nene promociona cosméticos. Empezamos por el mismo camino pero tomamos distintas direcciones.

—Pero no se alejan mucho.

—Te mandan saludos siempre que me ven, dan por hecho que nos vemos o comunicamos.

—No es taaan cierto pero tampoco es mentira. Podrían venir de vez en cuando.

—Creo que lo miras como algo agotador, pero a mí me gusta y soñaba con tener algo así.

—¿Soñabas? ¿Este era tu nuevo sueño?

—No. ¡Es mucho mejor! En realidad mi nuevo sueño es ser-

Serena cortó su frase y giró la cabeza rápidamente hacia la puerta cuando escuchó a un Pikachu chillar enojado y a las niñas gritando. Al entrenador se le prendió la señal de alarma y se fue corriendo con Serena a la tienda, sólo para ver cómo la chica anterior estaba despeinada -con las marcas que le quedan a uno en la piel después de un chispazo- y gritándole a su compañera mientras Pikachu se disculpaba con otras dos. Satoshi revisó a su pokemon antes de tomar a la niña enojada por los hombros para que lo mirara.

—¡Tranquila! ¿Qué te pasa?

—¡Yo no hice nada y me lanzó una descarga!

—¡Yo fui! -una de las niñas levantó con temor la mano- ¡Lo siento, le abrazé muy fuerte y no me di cuenta que le hacía daño! ¡Me aparté cuando empezó a soltar chispas y te cayó a tí! ¡Lo siento!

—¡Qué mentirosa!

—¡Cálmate! ¡Fue un accidente!

—¡Pero-!

—¡Escúchame! -Satoshi no levantaba la voz, pero era lo suficientemente dura para callar a alguien.

—¡Pero-!

—Si gritas no voy a escucharte.

Serena tomó al pokemon en brazos para envolverlo en caricias y averiguar si algo le dolía. Pikachu se demoró un poco en dejar de sentirse mal por su reacción tan natural al dolor, pero su entrenador le regaló un pequeño guiño que, combinado con las suaves manos de la mujer, terminaron por calmarlo. Serena esperaba ver a Satoshi aburrido despues de regañar a varias niñas chillonas, pero en lugar de eso, lo notaba bastante animado, como si no hubiera regañado a nadie. Él se acercó a ella y rascó la cabeza del pokemon en sus brazos, adivinando sus sentimientos.

—Tranquilo, amigo. Yo les avisé. Debió dolerte mucho.

—Eres increíble. -Serena ya no pudo retener esa palabra. Satoshi sintió un ligero rubor de vergüenza.

—Aprendí muchas cosas con los niños. Los viajes no se comparan a la escuela, pero ahí al menos te dicen lo que pasará; en un viaje pasa y no estabas enterado de nada.

—Siento que has vivido mucho más que yo. Yo no puedo controlarlas a todas a la vez cuando se alteran, tú lo hiciste muy rápido y sin gritar ni enojarte.

—Tendrás que aprender.

—Sí, espero aprender de todo.

Serena le devolvió al pokemon y se disculpó con un movimiento de cabeza para poder retirarse cuando sonó la campanilla de la puerta de entrada.

—Espera, Serena, tengo que ir al Centro Pokemon, quiero hacer una llamada. ¿A qué hora se van las niñas?

—Cierro a las cinco y media, pero ellas se van antes del almuerzo. Entrenan sus rutinas conmigo a las seis.

—Te llamaré.


Satoshi estaba disfrutando el día soleado porque la iluminación y clima fresco de la tienda eran un poco pesados para su gusto. Pero ninguno de esos detalles desvió su atención del verdadero detalle que había notado y lo tenía reflexivo desde las diez y media de la mañana. El repentino monólogo de Serena con el vestido que estaba diseñando, el tono medio ilusionado-medio preocupado y preguntando por la universidad, lo había visto en bastantes caras durante mucho tiempo. Al parecer estaba detrás de una nueva meta, pero una que la acompañaría por el resto de su vida. Era natural en ella dudar algo y arrepentirse luego, le preocupaba que hiciera lo mismo ahora.

No habían pasado muchas horas desde que llegó, pero ya tenía una decisión en su cabeza.

Aunque la desplazó para llamar primero a su casa. Tenía tiempo para hablar con su madre y contarle los dos pequeños incidentes desde que llegó. A decir verdad, estaba disfrutando mucho su visita, incluso si Serena pensara que no. Estaba seguro de que su mamá le iba a dar toda la razón del mundo cuando le dijera lo que estaba pensando, un poco de ánimos le caía muy bien ahora.

Se rió bastante cuando Delia le pidió que le comprara un par de pendientes blancos para apoyar la causa. ¡Ah! Te los iba a llevar de regalo, pero si quieres usar tu dinero, no me opongo. ¡Ja! Mentiroso. Y sí que le dijo que apoyaba su decisión, pero que no sea rudo con ella y respetara su espacio personal para evitar influenciarla. Que uno no piensa cuando te tienen embobado, mírame a mí, me casé a los dieciocho.

Donde sí sufrió fue con la llamada siguiente. Todo lo que tuvo de divertido con Delia, lo tuvo de pesado con el profesor de Alola. A diferencia de ella, no le veía el sentido a su manera de pensar.

—Satoshi... ¿otra vez? No me das buenos motivos para darte permiso.

—La investigación está bastante avanzada como para dejarla en manos de los más chicos. Hace falta terminar unos detalles de la pokedex con ayuda de las batallas, ellos saben cómo hacerlo, los llamaron por eso.

—No confío en ellos, no saben usarlas para las batallas. Ya han roto una y sabes lo caras que son.

—Deles una Rotom Dex, es mejor si recién inician. Si dependen de mi todo el tiempo no van a llegar a ningún lado.

—¡No me das buenas razones!

—Usted sabe porqué vine.

—Con mucha más razón no voy a darte permiso. Me dijiste dos días y sólo dos días te van a cubrir. ¿Te parece que puedo aparecerme y decir: "Chicos, Satoshi no vendrá todavía, así que les haré trabajar el doble hasta que decida volver". ¿Te parece?

—Es que de verdad necesito quedarme.

—¡Por favor, hijo! ¿Sabes a cuántos entrenadores se rechazaron sólo para tenerte con nosotros? ¿Crees que tu caso es especial? Ni siquiera es tu novia, así que no te daré permiso.

—¿Entonces no?

—No. Pídeme todos los permisos que quieras cuando estés a punto de casarte o a punto de ser padre.

El hombre mayor sabía que Satoshi frunció el ceño a propósito para hacerle creer que consideraba esas opciones.

—¡No pongas esa cara tan seria! -la idea le provocó cierto escalofríos- ¡Ni en broma! Los permisos se dan cuando estas enfermo o tu esposa dará a luz. Tú no tienes nada de eso, ¡y ni se te ocurra tenerlo ahora! De aquí a veinte años puedes pensarlo.

Satoshi soltó la risa, era lo mismo que le decía la profesora Burnet. —Lo sé, lo sé. A los cuarenta. ¿Entonces no me da permiso?

—Sabes que te estimo mucho y te daría todo lo que necesites sin pensármelo dos veces -el profesor usó ese tono paternal que aparecía para explicar cosas importantes.- Pero ahora no, tienes que ser responsable. Tienes un trabajo que no debes abandonar.

—Quiero ser responsable, pero tambien quiero quedarme con Serena un tiempo. No se debe llegar a la vida de una persona, convertirse en alguien importante y luego irse y venir siempre que quieres e ignorar lo que no te conviene, eso es jugar con alguien.

Suspiró. Satoshi era muy testarudo cuando quería algo. Sabía que en su mente creía tener buenas razones para abandonar su trabajo y sus responsabilidades, pero para él no significaba nada. Pero tambien trató de entenderlo, además, con tanto tiempo en su casa era un hijo el que le pedía un favor. Era difícil decirle que no. Volvió a suspirar, pero para rendirse. Se aclaró la garganta y cruzó los dedos para apoyar su mentón en ellos.

—Tú ganas, Satoshi. Pero no sonrías todavía, tienes que hablar con Gary Oak. Él es que te recomendó y el que inició todo el trabajo contigo. Si quieres dejarlo todo, él tiene que saberlo. Yo no te doy permiso y no tiene caso que hables con el profesor Oak. Pero respetaré tu decisión aunque no estoy de acuerdo con tu forma de pensar, te están pagando. Se responsable y..., y llama de vez en cuando...Te extrañamos.

Satoshi agitó la pierna cuando le colgaron la llamada. No estaba feliz. No le importó cuando la persona a su lado se sobresaltó al verlo golpear su cabeza contra la mesa.

—¡Gary! ¡Por qué no lo llamé antes! ¡Por qué ahora y así? ¡Ni siquiera para avisarle cómo iba el trabajo!

Marcó el número del laboratorio de Kanto mientras rabiaba para no gritar. Hizo falta un solo sonido de la video-llamada siendo realizada para empezar a tamborilear los dedos en la mesa mientras sentía que el rostro entero le quemaba. Empezaba a sentir el corazón querer salir por su boca. Carraspeó con nervios al verlo. Ahí estaba.

—Hola, Gary.

—¡Satoshi! -el de cabellos castaños lo miró fijamente, sin esconder su sorpresa- Me sorprende que me llames. ¿Le ocurrió algo al proyecto de Hoenn?

—No, en realidad no.

—Excelente. ¿Buenas noticias, entonces?

—Tampoco.

—¿Qué? No me asustes, dijiste que todo estaba bien cuando te fuiste. Dime, ¿cuando regresas? Tenemos avistamientos de pokemon inusuales en las Islas Remolino, necesito que vayas.

—Justo de eso quería hablarte. !Mátenme!

Fue horrible. Lo presentía, lo esperaba y le pasó. Gary no tomó bien que lo abandonara, pero en cuanto le contó su motivo, el chico castaño giró su silla cuando una carcajada le estremecío el cuerpo. No solo le obligó a contarle todo para "considerar si es tan importante como dices", sino que había sido duro a propósito. Lo insultó unas dos veces y volvió a reírse en su cara otras tres. Hasta su pokemon lo estaba viendo con pena ajena. Satoshi quería matarlo, iba a matarlo, pero el alma le regresó al cuerpo cuando Gary le dio el permiso que quería.

Se había divertido a costa suya, algo debía ganar.

—Eres un caso, Satoshi.

—Cállate. Y gracias.

—¿Te das cuenta que todo ese dramita estúpido se arreglaba en un día?

—Ahora que lo pienso, sí.

—Me gustaría darte vacaciones por incapacidad mental. Quién diría que mi mano derecha y jefe de todo los entrenadores de mis investigaciones ande por ahí sin saber decirle "mu" a una mujer.

—Te escuché hasta "Mi mano derecha".

—¡Es que eso eres! O eras. Pero no me cambies el tema. ¿La veré alguna vez?

—Espero que no.

—Jo...veamos...-Gary jaló una portátil a su lado y empezó a teclear con rapidez. Apretó con fuerza el "enter" para darle más dramatismo al asunto. - Aquí esta, ya la encontré. Wikidex, enséñame... ¿¡EX REINA!? Y tú estás feo. ¿Te enseñaron a hacer brujería en Alola?

—¿Estas intentando ser gracioso o ser sincero?

—Gracioso, sincero, ambas, lo que más te fastidie. Estoy molesto. Y no me mires con esa cara, puedo cambiar de opinión si quiero.

—No lo harías. -Satoshi prefirió no arriesgarse.

—Sólo no me vengas llorando después. Tendré que buscar tu reemplazo, me dejas sin muchas opciones. Te estaba pagando, sólo confío en tí para esto.

—¡Puedo enviarte por mensaje el número de una entrenadora muy buena que conozco!

—Me parece bien. Pero atrasas mi trabajo. ¿En serio quieres dejarme en la nada? Pensé que eras más responsable. Si regresas, no volveré a contratarte, no sería justo para el nuevo entrenador. Nuestro trato era por cinco años.

—Ya sé que ahora te parezco un tremendo estúpido pero no quiero cambiar de opinión.

—Sí, me pareces. Pero vete, no quiero que después me reclames. Si todo te sale mal, ya no es culpa mía.

Satoshi abrió la boca apenas para responder, pero el joven detrás de la pantalla levantó una mano y le mostró su palma para callarlo.

—Déjalo. Puedes irte. Te enviaré tu paga como si hubieras trabajado hasta fin de año. Te haré el favor.

—Te lo devolveré.

Gary cogió un teléfono cercano para ponerse el auricular y le dedicó una última mirada antes de terminar la video-llamada. —Espero.

El sonido insistente de su móvil vibrando sobre la mesa hizo que Satoshi por fin le prestara atención. Tenía varios mensajes perdidos, pero uno en cuestión era "más importante" como para leerlo primero.

"Te estuve esperando para almorzar juntos.

Regresaré en una hora a la tienda. ¿Nos vemos ahí?

Cerraré temprano para salir contigo."

Satoshi inclinó la cabeza por la confusión cuando notó que el reloj del Centro marcaba ambas agujas en el número dos. El mensaje de Serena lo leyó una hora después de su llegada, por lo que ya debía estar en la tienda. Las llamadas se habían extendido más de lo previsto. Pero no importaba, tenía lo que quería.

"Tuve que arreglar unas cosas del trabajo,

Acabo de terminar. Voy a almorzar primero"

—Vamos a almorzar, amigo. Perdón, ya debes estar hambriento.


—¿¡Por qué esta porquería no sonó!?

Uno de los más grandes problemas que aquejan a la humanidad es la necesidad de dormir después de comer. Satoshi lo comenzó a experimentar hace un par de años y hasta le gustaba la idea de poder descansar después de comer. El problema no era dormir, el problema no era despertar, el problema no es problema, pero sí que el problema era quedarse dormido tres horas y posiblemente iban a ser cuatro si Pikachu no lo hubiese despertado golpeándole en la mejilla varias veces. Por un momento dudó si era hoy o mañana, pero ver su reloj digital en la mesita nocturna de su hotel y notar el p.m. al lado de los números le devolvió a la realidad de una chica de ojos azules esperándolo y se levantó como un loco. Quería llamarle para decirle que había regresado a su hotel para darse un baño, pero no, a la porquería de reloj se le ocurrió no sonar porque la maldita configuración la hizo mal y él, en sus "cincos minutos y me voy", se durmió. Pikachu prendió la luz del cuarto, pero la volvió a apagar y saltó directo al hombro de su entrenador cuando salió corriendo del baño para abandonar la habitación.

Llegó a duras penas para ver a la distancia la figura de la chica con su Sylveon, asegurando tranquilamente la entrada principal de la tienda. Serena giró con rapidez cuando escuchó a un auto frenar con violencia frente a ella. Estuvo a punto de echarse a correr cuando Satoshi la llamó saliendo taxi.

—¡No te asustes, soy yo! Guarde el cambio.

—Eres tú... -Serena y Sylveon se calmaron. El pokemon bajó los lazos en señal de no atacar. -Satoshi, ¿qué te pasó? Luces muy... agitado.

—¡Estoy bien!-soltó un útimo jadeo antes de enderezar la espalda.- ¿Acabas de cerrar?

—No. Acabo de regresar del entrenamiento con las chicas. Entré para sacar unas cosas y me encontraste cerrando.

—Me quedé dormido. -soltó así, sin vergüenza, porque no le servía de nada avergonzarse.

Serena sonrió delicadamente. —Yo tambien quisiera dormir un poco. ¿Acabas de despertar?

—Sí. -Satoshi se peinaba con los dedos.- No configuré bien la alarma.

El pokemon hada miró a su compañero eléctrico con un gesto de "no haber remedio".

—Supongo que estuvo bien y a la vez no, no llamarte. El viaje hasta aquí es agotador. No quería insistirte.

—¿Te dejé esperando?

—Apenas nada, descuida. Creo que mis horas agitadas comienzan a partir de las tres. No te perdiste de nada.

Satoshi agradeció a todo lo que se le pudiera agradecer. Y si una nueva religión se iba a inventar a un santo, pues a ese tambien. Mucho nunca es poco.

—Son las seis y media. ¿Quieres ir a comer algo? Yo invito.

Serena curvó los labios con decepción. —Ya cené con ellas. Pero puedo acompañarte, un café bien cargado me vendría bien. Es muy temprano para sentir sueño.

Satoshi aceptó la idea sin decir nada más


El café al que fueron estaba lleno y la gente alrededor parecía reconocerla y cuchichear una rato cuando los miraban. Él decidió ignorar todo eso, le importaba más su compañera y que su pokemon comiera. Se sentaron en un rincón junto a la pared, cerca a un florero alargado y un ventanal. Serena dedicó unos minutos a impregnarse del ambiente, mirar las demás mesas llenas. Intentaba ocultar lo nerviosamente feliz que estaba. El día había sido agotador y esa manera de cerrarlo era una pequeña recompensa. Se pidió su café y cuando llegó, apoyó los codos en la mesa para llevarse la taza cerca a su rostro, disfrutando del aroma.

Gracias por acompañarme, Serena.

—Es un placer. —contestó con sinceridad, esperando a que llege la cena de su amigo y las bayas del pokemon para poder disfrutar el café. Afortunadamente no esperaron mucho. Pikachu se acomodó bajo la mesa cuando descubrió que cerca había un par de Pichus comiendo sin vergüenza alguna galletas que cayeron al piso. Satoshi no le dijo nada cuando lo vio alejarse, ni siquiera cuando la conversación con su amiga empezaba a alargarse y el pokemon seguía si volver.

—Valla, eso no lo imaginaba... Satoshi, ¿puedo hacerte una pregunta?

Serena tenía los ojos cerrados, todavía con la taza en su rostro.

—Claro.-le respondió con un tono amable.

—Bueno, en realidad tengo muchas.

—Entonces comienza con las fáciles.

—Fáciles...-Serena murmuró y movió la taza en pequeños círculos- Bien..., esta no es fácil, pero, ¿alguna vez has pensado en lo que harás durante toda tu vida?

Satoshi la miró un segundo antes de regresar a su plato y terminar, quería de una buena vez el postre.

—¿Toda mi vida? No. Tengo mis metas, no creas que no, pero de ahí a saber qué pasará con mi vida..., hay muchos caminos que debo recorrer; yo trato de vivir un día a la vez. Somos jóvenes todavía.

—Pero si tuvieras que elegir ¿qué pedirías?

Llegaron los duraznos con crema. Primer bocado, primer silencio.—Muchas cosas como para decirlas.

—Me pregunto cuántas personas cambian de idea durante sus viajes.

Segundo bocado, segundo silencio.—Tengo un amigo que salió de su pueblo como entrenador, pero terminó convirtiéndose en investigador, igual que su abuelo. Tambien tengo otro amigo que quería ser criador, pero se convirtió en doctor.

—Les pasó lo mismo que a mí.-Serena tenía en los ojos un tímido brillo que crecía tembloroso. -Entonces no estaba equivocada. Me asustaba que otra vez esté dejando algo a medias.

—¿Estás segura que quieres ser modista? Eres buena en otras cosas.

—Pero he descubierto que me gusta más que esas otras cosas.

Tercer bocado y segundo sorbo. Otro silencio corto.

—¿Te gustaría viajar para siempre, Satoshi? ¿Tener un propio gimnasio?

—Viajar para siempre suena bien, pero no es realista, al menos no si andas sin rumbo fijo. A veces quisiera tener un gimnasio, pero al perder tres veces seguidas te quitan la licencia y quedas en la nada si no tienes un trabajo estable. Prefiero entrenar bastante tiempo antes de intentarlo. Es una de mis opciones. Sé lo que quiero, pero no hay nada en la universidad o en alguna escuela que me lo ofrezca.

—Ya veo. ¿A cuantas regiones piensas ir?

—Mientras pueda hacerlo. Me gusta sentir que estoy en otro ambiente.

—Alola fue la única región en la que estuviste muchos años.

—Tenía buenos motivos para quedarme. Pero no lo suficientemente buenos como para quedarme para siempre.

Serena lo miró con una expresión sorprendida—¿Eso quiere decir que si encuentras un buen motivo para quedarte en una región, lo harías?

Octavo bocado. Otro silencio corto.

—Sí. -Satoshi estaba bastante seguro de eso- Pero tendría que ser el mejor motivo. Hasta que no lo encuentre, seguiré viajando.

—Entonces yo sí encontré el mío. -el café disminuyó hasta la mitad de la taza- Ya no tengo necesidad de volver a viajar para buscar o perseguir algo. Supongo que me quedaré por siempre en Kalos.

—Pero todavía puede pasarte muchas cosas.

—Solo quisiera sentir que tengo un lugar al que pertenezco y sentirme segura ahí.

Satoshi guardó silencio. El tono romántico de Serena le hizo pensar en lo mismo. ¿Tenía él un lugar al que pudiera regresar durante toda su vida? Claro, su casa en Kanto, junto a su madre. Pero el día que ella se vaya, ¿qué pasaría? La única razón por la que volvía, era por ella. Si viviera su madre en otra región, no tendría motivos para estar en Kanto. Quizás, Serena tambien pensaba en eso constantemente.

—¿Qué haras después? -Satoshi ahora tenía sus preguntas.

—¡Estoy siendo muy ambiciosa!-un tierno orgullo decoró su voz- Quiero dedicarme a mi trabajo hasta que logre mi propia línea. Demoraré, pero ya he comenzado. Por eso quiero estudiar, pero me preocupa que tenga que cerrar la tienda algunos días.

—¿Algo más?

—Uhm.- Serena colocó el dedo índice bajo su mentón mientras pensaba- Quisiera viajar, pero como turista. Hay tantas regiones a las que no he ido. Ni siquiera visité Alola completamente. Ya nada de aventuras, solo disfrutar la vista. Tal vez visite a todos mis amigos en las regiones a donde he ido. También quiero inscribirme en algún concurso.

—Es una buena lista. -Satoshi sonrió con amabilidad.

—¿Te parece? Puede ser buena idea tener otra tienda en otra región. También me gustaría criar algunos pokemon, nunca lo he hecho, pero tengo que conseguirme un Ditto. ¿Podríamos intercambiar? Y quisiera comprarme una parcela de manzanas para visitar cada verano. Un auto propio color rojo. Y sobre eso, tambien me gustaría mucho si yo-

Satoshi pudo notar que Serena cerró los ojos y ocultó su rostro con la taza, callándose justo a tiempo.

Bajó la cucharita de postres y apoyo los codos sobre la mesa. Serena trató de respirar al verlo acercarse.

—¿Qué ibas a decir? -le sonrió con cierta malicia.

—Nada. Eso es todo lo que estoy planeando. -Serena giró el rostro con indiferencia y bebió el inexistente café.

—¿Segura?

—Sí.

—Mentira.

—Pikachu está lamiendo una botella de ketchup.

—¿Por qué no me quieres decir?

—¿Eso es normal?

—Muy normal. ¿Qué decías?

—No iba a decir nada más. El florero alargado tiene un color pésimo.

—Y mientes pésimo.

Serena se aclaró la garganta, ya no sabía si el calor en su rostro era por el café que se tomó o la vergüenza.

—Esas cosas no se insiten, Satoshi.

—No estás planeando la muerte de alguien, ¿o sí?

—Puede ser, puede ser. Justo en estos momentos...

—Prometo que no me reiré, o algo que te moleste.

La mujer posó sus ojos tímidos en él. Titubeó, incapaz de articular con normalidad. Sentía invadida su intimidad.

—¿Por qué quieres saber todo lo que estoy planeando? Eso es algo...

—Perdón, creo que me pasé.

—No es así. Es solo que...- Serena apartó la taza, la miró unos segundos antes de contestar. Tenía una variedad de sentimientos encontrados. —Es solo que tendré tantas cosas para mí... quisiera compartir todo eso. Por eso pensé que me gustaría casarme. -Lo dijo con suavidad. Recordar la boda de su amiga le provocaba suspirar en su mente.- Tal vez tener una familia. Hacer lo que hacen las familias, ya sabes: tener una casa, un hijo, un auto, viajar con ellos, comprar muchas cosas, jugar con ellos. Eso.

Golpeó levemente la taza con la punta de sus dedos.

—Pero es muy raro que me dure ese deseo. No se puede evitar que todos se vayan y no quiero ser ama de casa si voy a estar sola toda mi vida. Me desanima. Prefiero trabajar.

—O tal vez no. -Satoshi se había concentrado bastante bien en el asunto. -En la universidad están los hombres que estudian para no irse nunca de viaje. Son buenas opciones. Si tienes buena suerte, uno será bueno contigo.

—Sí. creo que tienes razón. -Serena volvió a sonreír ilusionada- Con un poco de suerte podría casarme con un abogado.

Satoshi ladeó una sonrisa. —¿Por qué con un abogado?

— Aria se casó con el abogado de Yashio y la veo muy feliz.

— Y ya que estamos hablando de esto: ¿cuántos hijos?

Serena mantuvo un "mhh" durante varios segundos. —Uno me parece bien.

—¿Dos te parece mucho?

—Máximo tres, supongo.

—Cuatro, en Kanto el tres es de mala suerte.

—¿Eh? Pero no voy a vivir en Kanto.

—Nunca digas nunca.

Satoshi sintió que la imaginación ya no le llegaba hasta ahí. Esperaba que ella tuviera las preguntas justas para terminar lo poco que quedaba en su plato de postre.

—¿Y tú con quien te casarías?

—No me importa mucho a lo que se dedique. -se sinceró.

Serena en cambio sí tenía un poco más de imaginación. Se llevó un mechón de pelo hacia atrás para cambiar el tema.— Siempre me ha dado curiosidad los cambios de horario que tienes y no pareces abatido. Y ya viene mañana. Otra vez a decirte adiós.

—No, porque no me iré — Satoshi le soltó su gran noticia con un pequeño guiño amistoso.

Serena levantó la vista de su taza sin café. La flamita de la vela la hacía ver más linda de lo normal.

—Ya lo sé —dijo con una sonrisa y dejándolo mudo.- Estas muy tranquilo hoy. Normalmente estas inquieto un día antes del viaje. Como si ya estuvieras en la región.

Satoshi quedó hecho puré con su razonamiento.—Otra vez me dejas sin palabras.

—Supongo que es bueno.—respondió apenada y volviendo a su taza.—¿Cuanto tiempo?

—El que necesites.

La tacita bajó hacia la mesa y ahí se quedó para siempre. —¿Yo? ¿Por qué yo?

—¿Alguna idea?

Serena se quedó mirando el brazalete en la muñeca ajena.

—¿Me darás mi brazalete?

—No. Todavía no me has dicho lo que quiero oír.

—Supongo...que por eso te quedas.

—Es tu turno de pensar un poco. -Satoshi tenía una sonrisa de estar ganando y eso la hizo sentir nerviosa.

—Está bien. Te tengo unos días más conmigo hasta descubrirlo.

—Tómate tu tiempo.

—Tu lo haz dicho.


Proxima parte: en unas horas :)