Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo veinticuatro
Edward
Desvié mi vista con incomodidad cuando la pareja frente a mí no dejaban espacio sin toquetearse e intercambiar saliva con sus exagerados besos.
Miré mi cerveza sin interés no me apetecía beber de ella, así como tampoco era atrayente estar entre el bullicio.
― Edward… ―llamó Jasper por sobre la mesa después de abandonar la boca de su compañera―. Si no estás a gusto no hay problema. Entiendo que no estés de humor.
Rodé los ojos cuando él y Tanya volvieron en lo que estaban.
Aleje la butaca con la firme intención de abandonar el bar cuando unas manos en mis hombros me hicieron detenerme.
― ¿Edward? ―susurró una voz muy conocida en mi oreja, acercándose con gesto de confusión― ¿qué haces aquí?
― No ―negué, poniéndome a su altura―. ¿Qué haces tú aquí?
― Venimos a tomar una copa a este exclusivo y fino pub ―alardeó con una sonrisa coqueta―. Parece que te incomoda.
― No me refiero a lo obvio, Kate. Hablo del hecho de que estés en la ciudad. ¿Por qué estás aquí?
― Porque decidimos mudarnos a esta paradisíaca ciudad, no me digas qué había que pedirte permiso ―intervino Rosalie con ese tono de perra que ya detestaba, se colocó delante de Kate―. Te advierto —tocó con su dedo mi pecho— que no te acerques a Kate porque ella viene acompañada de un chico guapo.
— No tengo ningún interés en estar cerca —mascullé.
Rose sujetó la mano de su prima y la llevó fuera de mi vista.
― Hasta que al fin conocí a Kate ―ironizó Jasper.
— Mmh... —murmuró Tanya— espero que ésa chica no quiera provocar más problemas entre Bella y tú.
Hice una mueca al escuchar las conjeturas. Eso no lo iba a tolerar.
― Nos vemos.
Me despedí de ambos saliendo al estacionamiento.
― Edward…, ¡espera! ―la voz de Kate me provocó irritabilidad, me detuve dejando que llegase frente a mí―. No es verdad lo que dijo Rose, no estoy saliendo con nadie. ¿Por qué te vas? Pensé que podíamos charlar un poco, yo…
― No sé qué pretendes en estar aquí. Solo te advierto, no permitiré que te acerques a Isabella.
― Emmett me dijo que no estabas con ella.
¿Emmett?, ¿qué tenía que ver ése?
― ¿Conoces a Emmett? ¿Dónde?
Kate arrugó la frente y se cruzó de brazos.
― Es el novio de Rose, ahora vivo con ellos ―confesó en voz baja―. Es muy embarazoso compartir con una pareja tan fogosa. Por eso te quiero pedir asilo en tu apartamento, será por un par de días, Edward.
― ¡¿Rose vive con Emmett?!
― Sí. Aunque han tenido algunos problemas por culpa de tu ex. Deberías decirle que deje de buscar a Emmett ya que Rose está furiosa. Él todo el tiempo está buscándola porque ella se lo pide.
― Eso no es verdad.
Kate se encogió de hombros.
— Claro que sí. Tengo entendido que ella le está pidiendo ayuda para lidiar con su empresa.
— Emmett es el menos indicado para siquiera dar su opinión.
― Pues lo buscó a él. Entonces, ¿puedo vivir contigo? Te prometo que será por unos días.
― No, no puedo ofrecerte un lugar porque el apartamento no es mío. ―Respondí a lo que ella sujetó mi brazo antes de que subiera a mi coche.
― Vamos a vernos cualquier otro día, Edward. Como en los viejos tiempos, ¿si?
Deslice mis dedos por mi desastroso pelo.
― Lo siento. No estoy interesado en continuar una amistad, ni nada parecido. Buena suerte, Kate.
-0-
Era pasada la medianoche cuando toqué el timbre del apartamento de Isabella. Había una necesidad profunda dentro de mí por cuidar de ella. Sobre todo por disculparme.
― ¿Qué haces aquí? ―inquirió Seth cuando me vio bajo el umbral, puse la caja de pizza en sus manos y me hice un espacio para ingresar a la estancia. Isabella y Bree estaban en el sofá mirando televisión.
― Buenas noches… ―saludé antes de inclinarme ante mi mujer tendiendo en su regazo un enorme ramo de rosas. Ésta observó las flores rojas para después acercarlas a su nariz e inspirar su olor con una sonrisa, irguió su rostro hacia mí con una mueca que no supe descifrar―. Necesito que hablemos.
― ¿De qué? ―preguntó titubeante, no pasé por alto su voz llena de enfado—. Pensé que a estás horas estarías bailando con alguna chica.
Alcé mis cejas y la observé.
― Primero que nada me quiero disculpar por mi comportamiento de esta mañana. Sé que no tengo derecho a intervenir en tu vida.
Ella asintió.
― Segundo; me gustaría hablar contigo a solas. Y tercero: no tengo el menor interés de salir a bailar con ninguna chica.
El entrecejo de Isabella se relajó. Se veía tierna siendo celosa.
― Hermano, puedes venir algún otro día ―pidió Bree―. En este momento estamos mirando una película y vamos en la mejor parte.
Achiqué los ojos en dirección a mi hermana, ganándome una inocente sonrisa de ella.
― Aunque por mí no hay problema si hablan ―se levantó en busca de la pizza que Seth degustaba en el comedor.
― Quieres ir a mi habitación ―ofreció Isabella cuando se puso de pie, caminó a la cocina y colocó las flores en un jarrón.
Rasque mi cabeza y negué.
― ¿Prefieres hablar aquí? ―indagó ella cuando miró que no me movía.
― Vamos a la playa, me gustaría caminar en la arena.
Isabella aceptó no muy convencida. Adentró en su habitación y al cabo de algunos minutos había cambiado su pijama por un vestido corto de estampado floral.
Nos mantuvimos a una distancia prudencial mientras bajamos juntos a la parte trasera del edificio. Si bien no parecíamos una pareja tampoco luciamos como dos perfectos desconocidos.
―¿Y? ―apremió― ¿cuál es la urgencia?
― Hoy miré a Kate ―Isabella se detuvo por completo y se concentró en el tranquilo oleaje―. Nos encontramos en el pub por casualidad. Quise ser el primero en decírtelo porque no quiero que haya malos entendidos. Por eso tenía la necesidad de que lo supieras por mí. No deseo volver a ocultar nada.
― ¿A qué vino?
Suspiré, acercándome a ella.
― Llegó a vivir a la ciudad junto a su prima Rosalie. Ella es la pareja de Emmett.
Su mirada oscura se fijó en mí. Estaba tan sorprendida como yo.
― Oh… no cabe duda que el mundo es un pañuelo.
― También mencionó que Emmett te ha estado rondando. No deberías acercarte mucho a él. Rosalie es muy intensa y no me gustaría que tuvieses algún problema por ello.
― Crees que no me sé defender.
― No es eso. Simplemente estoy tratando de protegerte. Esa mujer es agresiva, Isabella. Ella está criada de una forma ruda y tú estás embarazada, ahora eres frágil.
― No le tengo miedo.
― Podrías alejarte de Emmett… ―pedí, entrelazando nuestros dedos― por mi propia paz mental.
― ¿Era todo?
Negué, soltando una de sus manos.
― Quiero hacer algo ―saqué del bolsillo de mi pantalón nuestras alianzas matrimoniales y las apreté en mi puño―. Estás de acuerdo en deshacernos de esto.
Ella observó perpleja cuando lancé los tres anillos al mar. Miré cómo acarició su vientre hinchado y sollozó.
― Oye ―llamé su atención tomando su mentón, ella continuaba llorando en silencio―. ¿Qué pasa? Pensé que era una buena idea. Quiero un comienzo diferente para los dos y sé que conservando esos anillos que ni siquiera fueron elegidos por nosotros no se podría llegar a ello. Es tiempo de soltar, Isabella. Debemos dejar ir todo lo que nos dañó.
— Eso quiere decir que...
Acune su rostro y limpie algunas lágrimas con la punta de mis dedos.
— Qué es tiempo de empezar de nuevo, Isabella. Juntos. Esta separación es absurda porque los dos fuimos víctimas y aunque sé que soy culpable por no haberte dicho la verdad —besé su frente— te amo.
— Dime algo, Edward —meditó por algunos segundos, parecía concentrarse en lo que fuera a decir—. ¿Alguna vez te acostaste con Kate cuando nosotros…?
— Isabella…, yo… —detuve mi respuesta, no podía mentirle— ocurrió cuando aún no estaba enamorado de ti.
Pude identificar la desilusión en su mirada.
— Pero, éramos novios, ¿no?
Asentí avergonzado.
Isabella soltó mis manos y las llevó al vientre donde ahora permanecía nuestra hija.
Sabía que se había decepcionado nuevamente de mí, solo que no podía mentir y ella lanzó la pregunta obteniendo una respuesta sincera.
Me acosté con Kate siendo que en ese momento mis sentimientos pertenecían solo a ella porque aún estaba enamorado. Ahora de nada valía arrepentirme porque eso no iba a cambiar nada.
— Lo siento mucho.
Isabella mordió su labio haciendo un asentimiento.
— Yo también lo siento. Siento que nuestra única relación debe ser por ella —frotó su palma en su barriga— nos toca ser solo padres, Edward. Entiéndelo.
Su sonrisa forzada, no disfrazaba por completo su desilusión.
— Quizá tienes razón. Tal vez no te merezco y debo dejarte. Permitir que rehagas tu vida, pero sé que no voy a poder cumplir ese deseo. —Tomé su rostro y junte nuestros labios en un beso fugaz, me permití descansar mi frente en la de ella dejando que su hermoso vientre estuviera de por medio—. Prometo hacerme un lado, me mantendré alejado de ti estos meses restantes para la llegada de nuestra bebé. Ese será el plazo, Isabella.
— ¿El plazo de qué? —indagó curiosa.
— Para saber si quieres pasar tu vida junto a mí.
— ¿Qué pasará si no acepto?
— Aunque me duela voy aceptar tu decisión.
— Y las consultas prenatales que faltan, ¿no estarás conmigo?
— Podemos seguir viéndonos en el consultorio —mis dedos acariciaron con suma lentitud su mejilla—. Hago esto porque estoy tratando de darte espacio. Quiero que sanes a tu tiempo, que los dos nos permitamos sanar, Isabella.
— Acepto, Edward.
Su respuesta inmediata me daba una pizca de esperanza.
.
.
Los días posteriores me concentré en mi trabajo como innovador financiero trayendo nuevas propuestas para la empresa donde ahora brindaba mis ideas. Aunque no se comparaba con la corporación era gratificante poder prestar mis servicios a empresas medianas que valoraban al cien por ciento lo que hacía.
Traté de ser fiel a la promesa que le había hecho a Isabella y después de dos meses me mantuve al margen de todo lo relacionado con ella, mas no con su embarazo. Siempre trataba de cumplir a la petición cada antojo no importaba la rareza y lo mal apetitoso que fuera su aspecto. Ella siempre me daba una enorme sonrisa cuando la sorprendía con cada deseo, sobre todo cuando su paladar le pedía degustar cada postre tiramisú.
Aun cuando podíamos mantenernos unidos por nuestra bebé decidí dar su espacio para que ella lidiara con la Corporación, sabía por medio de Jasper que Isabella estaba sacando con esfuerzo a la empresa, me sentía orgulloso y un tanto presumido que lo estuviera haciendo bien. Aunque Jasper no me lo dijese podría adivinar que él tenía mucho que ver, le estimaba y no la dejaría nunca sola. Esto me daba un poco de calma porque así ella no tendría que aceptar las propuestas que Newton continuaba haciéndole. Ese imbécil no perdía oportunidad para molestarle. Y el otro era Emmett entre los dos me estaban sacando de quicio y dudaba poder soportarlo por más tiempo.
Mi hermana decidió quedarse junto a Isabella. Esto me daba acceso a saber cómo se sentía en casa. Por el momento Bree mencionaba que todo estaba yendo bien. Tanya se había unido a ellas y por las tardes pasaban buenos momentos juntas, también me dejó saber que Rosalie y Kate nunca se habían acercado a ella, pero el que sí lo hacía y duraba hasta las horas de la noche era Emmett que no solo se conformaba en acecharla en la oficina, sino también en su casa.
Otra persona que osaba en perseguir, era Kate. Ella lo hacía conmigo y francamente había agotado mi paciencia una vez que la tuve que sacar del apartamento, era demasiado agobiante su presencia. Para Kate un no, no parecía ser suficiente.
.
.
Cuando Isabella entró en la recta final del embarazo ya habíamos superado nuestro distanciamiento. Aprendimos a interactuar por el bien de nuestra hija. Hablábamos estrictamente sobre cualquier tema relacionado con ella. También llegó el momento de elegir su nombre, decidiendo llamarla Carlie.
Estos días me mantuve al pendiente de cualquier cambio que sucediese por órdenes estrictas del obstetra y por mi tranquilidad.
Por eso cuando Isabella envió un mensaje que necesitaba verme con urgencia no dudé en buscarla sin importar que estuviese bajo las sábanas o qué fuese un lunes por la noche.
Mi boca se abrió de más cuando la puerta se abrió mostrando a una Isabella vestida en un camisón azul, demasiado revelador.
Tragué saliva e hice mi mayor esfuerzo por mover mis ojos de sus hinchados y apetitosos senos.
— ¿Dónde están todos? —aclaré mi garganta y miré en todos lados.
— Los chicos llevaron a Jenks al cine —dijo Isabella con una sonrisa—. No te imaginas lo difícil que fue sacar a Jenks de aquí. Últimamente está muy preocupado por mí.
— ¿Te has sentido mal?
— Bastante cansada, solo que hoy…—mordió su labio y acarició su espalda baja con delicadeza— he tenido molestias en mi espalda hasta mi vientre.
— ¿Desde cuándo?
— En la mañana empezó todo. También noté que mi barriga endurece con cada contracción.
Me asusté al escuchar que tenía contracciones.
— ¿Por qué no me dijiste antes? Isabella, el obstetra dijo que…
Me silencio llevándome de la mano hasta la sala de estar donde me obligó a tomar asiento y me hizo poner mis palmas en su vientre.
Su estómago estaba rígido y ella parecía sentir dolor porque tenía sus ojos cerrados mientras aguantaba la respiración.
— Es una contracción —susurró— cada vez son más progresivas e intensas.
Me puse en pie inmediatamente, no quería entrar en pánico. Llevé mis dedos a mi pelo y tiré un poco de este.
— Debemos ir al hospital —sugerí con el mejor tono pausado que tenía.
Movió su cabeza de un lado a otro.
— Le hablé a Sue. Me sugirió esperar hasta que las contracciones sean sucesivas. Ella me dijo que caminar ayudaría. Por eso decidí hablarte, ¿quieres caminar conmigo?
— Sí. Dime, ¿qué más hacer?, no sé cómo ayudarte.
Isabella sonrió con sus mejillas en un rosa profundo.
— Solo mantén la calma, Edward.
Le brindé una sonrisa tranquilizadora; aunque por dentro quería tomarla en brazos y llevarla al hospital. Estaba aterrado.
Bajamos a la playa. Caminamos descalzos en la arena, charlando de lo que sería nuestra nueva aventura. No teníamos una idea de cómo lo haríamos, solo nos prometimos poner nuestro mejor esfuerzo.
— Hace rato cuando abriste la puerta. Pensé que querías seducirme.
— ¿En serio? —su risa fue contagiosa. No supimos en qué momento nuestras manos se habían entrelazado, tal vez ambos necesitábamos nuestro toque—. ¿Por qué?
— Me recibes en camisón. Estando sola en tu casa, ¿qué más quieres que piense?
— Había tomado una ducha —aclaró.
— Por un momento imaginé que te ibas a lanzar sobre mí, como en los viejos tiempos.
El manotazo fue directo a mis costillas acompañado de una risotada.
— No soy tan… así.
— Claro que lo eres, y a mí me gusta. Siempre me gustó que me dejaras agotado con tu intensidad.
— Edward, no puedes decirme eso, haces que me dé un poco de pena —soltó mi mano y cubrió su rostro.
Me aproximé, envolviendo mis brazos en ella.
Suspiré, cuando sus manos también me abrazaron.
— Te extraño y creo que llegó la hora de tener una respuesta.
— Lo sé —asintió, con su rostro escondido en mi pecho.
Mi euforia fue aplastada por los quejidos de dolor de Isabella. Sabíamos que estaba lista para ingresar al hospital.
-0-
No solté su mano en cada contracción, ni cuando me maldijo por haberme atrevido a embarazarla. Limpié su frente quitando la sudoración que se acumuló por todo su esfuerzo, ella estaba agotada y aguantaba paciente cada dolor mientras pujaba en cada intento para expulsar a nuestra Carlie.
Se aferró a mi mano con la poca fuerza que le quedaba, su rostro se enrojeció al máximo y volvió a pujar lo suficiente para que un chillido hermosamente escandaloso llenara la habitación.
El mundo pudo haber colapsado y nosotros solo mirábamos con profunda emoción a nuestra pequeña hija.
Besé la frente de mi mujer y le agradecí con todo mi corazón por su valentía.
Isabella sonrió con sus ojos llorosos cuando el diminuto cuerpo rosado de Carlie fue puesto sobre su pecho.
Una de mis manos tocó con sumo cuidado la mejilla caliente de mi hija a la vez que Isabella apretaba mi mano que se aferraba a la de ella.
— Sí quiero, Edward —comentó, con una mirada cansada, pero llena de felicidad—. Quiero que te quedes con nosotras.
Y con esa confesión no pude hacer otra cosa que llorar de felicidad.
Había mucho camino qué seguir y muchos obstáculos qué superar.
Lo verdaderamente importante es que lo haríamos juntos.
Como pareja.
Una disculpa por no actualizar la semana pasada. Espero en este capítulo compensar un poco la espera. Estaré curiosa por leer sus opiniones. Tengan un buen inicio de semana.
Gracias siempre por sus comentarios: MsMonik: qué gusto saber de ti. Liz: llegó un poco tarde el capítulo, espero andes por aquí, Lidia: mmh, no creo que Jasper siga interesado en Bella, nydiac10: gracias a ti por leer y comentar, Antonella Masen: trato de hacerlo cada lunes. sandy56: a ti por comentar, Lily, torrespera172: un poco celoso,si, gracias por comentar, Diannita Robles: qué te pareció el capítulo de hoy y saludos hasta Monterrey, Lizdayanna: gracias a ti por siempre comentar. Vanina Iliana: me tomé muy en serio tus palabras y me dispuse a estar con los míos, gracias. Ana: gracias a ti, betsabegrecia: es bueno que me digan cuando algo no les parece, te agradezco. bellaforever: gracias por comentar, Jimena: gracias, Yoliki:muchas gracias por estar, Veronica: en sí ese era mi objetivo, que pensarán que Tanya era alguna otra, twifanlight07: qué te pareció este capítulo? Vanesa: en está versión Tanya aparecerá más. marieisahale: muchas gracias por estar en cada capítulo, Ime Salinas: ¿dónde se fue mrs puff, eh? Nere: muchísimas gracias por comentar, Lili Cullen-Swan: espero que este capítulo también te guste. Rocio: Saludos y gracias por tus comentarios, almacullenmasen: supo que hizo mal y fue a disculparse con Bella.
¡Gracias totales por leer!
