Explosión
La camioneta entró en el puerto de Fontvieille, montones de hoteles glamorosos detrás de ellos y barcos de lujo al frente. Las luces a lo largo del puerto estaban oscuras, sin embargo, la única consideración a las muchas ventanas del hotel que tendrían una visión del estacionamiento. Dado que Sango apenas podía ver y ella estaba aquí abajo, el manto de oscuridad sería suficiente para ocultar lo que sea que se llevaría a cabo en los próximos minutos de cualquier espectador a gran altura.
Miroku la miró desde su lugar en el asiento del pasajero. Él no dijo nada, pero su cara lo decía todo. Sango se obligó a sonreír. Miroku no debería gastar nada de su energía preocupándose por ella. Él, Inuyasha, y Kagome tenían suficiente para hacer frente tratando de pasar la noche con vida. Y una vez más, ella estaría aislada a salvo mientras esto estaba sucediendo. Sango estaba tan harto de ser la persona por quien sus seres queridos luchaban, en lugar de enfrentar el peligro por sí misma. Si ella pudiese haber cambiado de lugar con Miroku, Kagome, o Inuyasha, ella lo habría hecho en un santiamén. Pero, por supuesto, ninguno de ellos se lo permitiría.
Eso va a cambiar, Sango se prometió a sí misma. Ella conocía el mundo con el que estaba comprometiéndose, por lo que iba a aprender la mejor manera de vivir en él. Eso significaba endurecerse, pero ella estaba preparada. De hecho, aunque ella no le había dicho a Miroku, no estaba descartando convertirse en un yokai algún día. Beber la sangre de Miroku de forma regular sería su periodo de prueba. Ella no era la misma persona que había sido antes, dispuesta a esperar al margen. O en el sótano.
Pero primero todos ellos tenían que sobrevivir esta noche.
Sango miró a Kagome. Su amiga parecía aturdida, no es que Sango la culpase. Todas sus esperanzas de victoria dependía de una capacidad que Kagome no sabía cómo funcionaba totalmente. Inuyasha y Miroku confiaban en que cuando llegase el momento, ella estaría a la altura de ello. Sango temía y envidiaba a Kagome por esa impresionante responsabilidad. ¿Cuándo Sango había sido siquiera la persona confiable para ponerlo todo en la línea por aquellos que dependen de ella?
- Muy bien. Hagamos esto. - dijo Miroku en voz baja.
Oliver, el conductor humano para este acontecimiento, se quedó al volante, manteniendo la camioneta en marcha, pero Sango, Miroku, Kagome, Inuyasha, y Nathaniel salieron. Sango miró a su alrededor, sin detectar a los otros yokais que ella sabía que estaban allí. La gente de Web. Estaban ocultos probablemente detrás de cada sombra. El punto en la palma de Sango picaba a pesar de que la pequeña herida sanó después de que Miroku frotase su sangre sobre ella. Nada era visible en el exterior, pero dentro de su palma estaba una minúscula cápsula transmisora. Nathaniel tenía una implantada en el mismo lugar, también. Sólo en caso de que nos separemos, así Inuno puede rastrearte, había dicho Miroku.
Sango sabía la razón más severa detrás del transmisor, a pesar de que Miroku no lo dijo. En caso de que Web gane y el resto de nosotros estemos muertos. Web no la mataría a ella o a Nathaniel, eran demasiado valiosos. Pero ella y Nathaniel eran los únicos que Web pretendía que sobrevivieran esta noche. Ella pensó que vomitaría. La cara de Miroku se liberó de toda expresión cuando él tomó su brazo en una mano y el de Nathaniel en la otra. Su pariente no había hablado en absoluto, ya sea en el viaje en avión a Mónaco o el viaje en coche hasta el puerto. Sango sabía que Nathaniel había sido informado de su papel esta noche, pero ella se preguntaba por su silencio. ¿Tenía miedo de ser capturado de nuevo por Web? Ella sin duda lo estaría, si fuera él, aunque lo que ella se proponía para Nathaniel era mucho peor que eso...
Sango se recordó que no tenía nada que ver con Nathaniel haciendo el trato con Raum, en primer lugar, pero la racionalización se sentía vacío. Ella echó un vistazo a los tatuajes que cubrían las marcas en su piel. Si solo hubiera otra manera de eliminarlas. Su atención se rompió lejos de eso cuando Web apareció en el extremo de un muelle. Debía de haber estado allí todo el tiempo, que era donde Miroku había estado caminando, pero no fue hasta que ella estuvo en el muelle se fijó en él. El alborotado cabello rubio de Web era visible en la oscuridad, pero esos espeluznantes ojos cobalto estaban todavía demasiado en la sombra para que ella los viera.
- Buenas noches - gritó Web, como si se tratara de una visita social. Luego habló en su teléfono.
- ¿Estamos bien, Vick? - Sango no oyó la respuesta, pero cuando la postura casual de Web se relajó aún más, ella pudo adivinar cuál fue. Sí, sólo los seis de ellos habían venido a Mónaco, tal y como acordaron, lo cual debe ser lo que los espías de Web le transmitieron.
- ¿No confías en mí? - Preguntó Miroku, un toque de diversión en su tono. Sango no sabía cómo Miroku podía sonar tan fríamente inafectado. Ella estaba casi temblando por las circunstancias, y ella era la persona más segura en el muelle aparte de Nathaniel.
- Sólo siendo cautos. Fuiste un poco grosero en nuestro último encuentro. - respondió Web a la ligera.
- Estoy seguro de que habrías actuado de la misma manera, si fueras yo - Miroku se echó a reír ante eso, dejando ir el brazo de Sango.
- Muy cierto. - Ahora Sango estaba lo suficientemente cerca para ver el brillo en los ojos de Web.
Ella lo había conocido, por supuesto, pero al ver los ojos de Web parpadear detrás de ellos con falsa indiferencia recalcaba que se trataba de una trampa. Web no tenía ninguna intención de dejar que Miroku, Inuyasha, o Kagome salieran caminando este muelle. Su corazón empezó a latir más rápido. ¿Que si esto no funcionaba?
- Ves que he traído a la chica - dijo Miroku, sin apartar la vista de Web.
- Ahora, muéstrame el cuchillo. - Web sacó un delgado estuche negro de su chaqueta, similar a un estuche de joyas para un brazalete. Sango parpadeó. ¿Era realmente el cuchillo así de pequeño? Web abrió la caja, revelando una hoja pálida que era de la misma sustancia color crema desde la punta afilada hasta el grueso mango grabado. Hueso de demonio.
- Deslízalo. Y entonces te enviaré a la chica. - ordenó Miroku. Web no discutió, lo que puso a Sango aún más nerviosa. Ellos debían estar realmente rodeados para que él se sintiera tan seguro. Él cerró la caja y luego la deslizó a lo largo del muelle, mirándolos con una sonrisa brillante.
- Este es. - Nathaniel fue y lo recogió, tomando el cuchillo y sosteniéndolo a la luz de la luna. Asintió.
- Y ahora la chica - dijo Web sedosamente.
Sango echó una última mirada a Miroku antes de que ella caminara hacia adelante, lentamente. Los ojos de Web se deslizaron sobre ella de una manera que se sentía como pasos en su tumba. Oferta con el paquete. Venta de sangre. Sus planes para ella harían su vida un infierno, si él tenía éxito esta noche. Sango estaba casi al alcance de Web, cuando la sonrisa se deslizó de su rostro. Un siseo salió de él y sus ojos se volvieron verdes.
- ¿Qué es esto? - rechinó Web. Su mano se levantó lentamente de su lado como siendo jalada por un gran peso. Detrás de ella, Sango oyó a Kagome gruñir. Ella miró hacia atrás, viendo las manos de Kagome extendidas hacia afuera y verde ardiendo de sus ojos.
- Inuno envía sus saludos - gruñó Kagome.
- ¡Corre! - espetó Miroku hacia Sango, sacando varios cuchillos de sus mangas.
Gritos surgieron de la oscuridad, y el aparente puerto vacío de pronto estuvo inundado de movimiento. Sango agarró el brazo de Nathaniel y corrieron por el muelle, casi chocando con un yokai que apareció como salido de la nada. Cuando el yokai fue a agarrarla, sin embargo, su alcance se desaceleró, como si estuviera moviéndose bajo el agua. Antes de que pudiera tocarla, Inuyasha cortó un cuchillo de plata a través de su corazón.
- Váyanse - ordenó Inuyasha.
Varios yokais más trataron de detenerla, pero estaban balanceándose casi como borrachos, como si hubieran perdido la coordinación de sus miembros. Ella y Nathaniel lograron evadir sus brazos agarrantes y siguieron su camino, hacia el estacionamiento y la camioneta.
- Rápido - gritó Kagome, su voz sonaba tensa.
- No puedo sostenerlos mucho más tiempo. - Oliver apareció, corriendo hacia ellos, acuchillando y cortando en tajos con espantosa eficacia a cada yokai que se encontraba. Con sus movimientos reducidos a los de un débil humano y Oliver excitado por la sangre de yokai, la gente de Web estaba casi indefensa.
- De prisa - dijo Oliver. Los tres corrieron hacia el estacionamiento, saltando a la camioneta y saliendo a la carrera antes de que Sango contuviese el aliento.
Web luchaba por sacar un cuchillo mientras Miroku se acercaba, pero él no podría mover las manos a su chaqueta a tiempo. Por Cristo, ella lo hizo, Miroku pensó. Kagome no había absorbido el poder de Inuno para inmovilizar a personas, o ella no había tenido tiempo para aprender a manejarlo igual que su creador lo hacía, pero ella había ganado lo suficiente de beber la sangre de Inuno para reducir a Web y a sus hombres a más lento que la velocidad humana. Por suerte, había logrado desviarlo lejos de él, Inuyasha, Nathaniel, Alten, y Sango, lo que había sido su mayor preocupación. Si ninguno de ellos podía moverse, el poder sería inútil. Sin embargo, con solo la gente de Web afectada, no importa cuántos de ellos hubiesen, no tenían ninguna posibilidad.
Casi había sentido pena matarlos cuando estaban tan entorpecidos, a excepción de lo que ellos habían pretendido con Sango. Miroku miró a los ojos de Web mientras sostenía su cuchillo hacia el pecho del otro yokai. Y sonrió.
- Nunca la usarás - dijo Miroku antes de embestir el cuchillo en el pecho de Web. Ningún chaleco obstaculizó su camino, ya que este se hundió hasta la empuñadura. Web realmente había esperado que su trampa fuese suficiente.
- No - susurró Web.
Miroku ignoró eso. Con dos duras sacudidas, torció el cuchillo, fragmentando el corazón de Web. Cuando lo sacó, Web estaba sin vida sobre el muelle, su piel empezando a arrugarse en la forma en que todos los yokais hacían una vez que experimentaban la muerte verdadera. Kagome estaba de rodillas, sus manos extendidas hacia fuera, las ondas del poder prestado de Inuno emanando de ella para lanzar una red alrededor del puerto. Su brillante mirada verde encontró la de Miroku.
- Date prisa. No puedo sostenerlos mucho tiempo más - dijo ella.
Miroku miró detrás de ella, viendo a Oliver, Sango, y Nathaniel saltar a la camioneta. Él alivio lo atravesó. Oliver los llevaría fuera de la ciudad, donde Inuno e Koga esperaban en las afueras. Sango estaría a salvo. Miroku se unió a Inuyasha para moverse letalmente a través de la gente de Web, reduciéndolos con precisas y rápidas cuchilladas de su estaca. Él no tuvo piedad. Cada yokai de Web era una amenaza para Sango, si Web había revelado lo que había en su sangre. Las palabras de Nathaniel resonaron en su mente. No sabes lo que sucede normalmente cuando alguien se lanza sobre mí mientras estoy dormido... Incluso los guardias, que tenían prohibido probarme, constantemente escamoteaban sorbos. Eso es lo que estos yokais habrían hecho con Sango. Todos ellos merecían morir por ello.
Con un fuerte grito, el poder de Kagome sobre los yokais se rompió. Rugidos de ira atravesaron el puerto cuando los hombres restantes de Web se defendieron con toda la velocidad y poder de su patrimonio yokai. Las manos de Miroku se apretaron sobre sus cuchillos mientras él lanzaba su propio rugido de rabia a la noche.
No le importaba si ellos eran aún más numerosos, él no iba a correr. Que traten de derribarlo. No dejaría de luchar hasta que todos ellos estuviesen muertos. Oliver conducía a una velocidad que normalmente habría asustado a Sango, pero ella no dijo nada. Los Maestros yokais podían ir a más de cien kilómetros por hora. Algunos podían volar tan rápido… o más rápido. Oliver tenía razón para clavar el pedal a fondo del acelerador.
- Creo que él lo mató… ¡Creo que el hijo de puta esta finalmente muerto! - murmuró Nathaniel. Una sonrisa iluminó su rostro, lo que lo hizo lucir desgarradoramente joven, a pesar de que Sango sabía que él tenía que ser décadas mayor que ella.
- Estoy segura de que él mató a Web - dijo ella, recordando la expresión en el rostro de Miroku cuando se había acercado al otro yokai. Sango reprimió un escalofrío. Si alguna vez veía esa mirada en el rostro de alguien, ella sabría que la muerte estaba cerca.
- He odiado a los yokais por más de setenta años, pero amo a algunos de ellos esta noche. - dijo Nathaniel. Su voz tenía una satisfacción salvaje que vibraba.
- Espero que él los mate a todos. Cada último hijo de puta que quede. - Sango no dijo nada estúpido como, ¿Fue realmente tan malo cuando Web te tuvo? Por supuesto que lo fue. Si nada más, por lo menos Nathaniel podría sentirse vengado esta noche.
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué hiciste ese trato con Raum? - Pero ella no pudo evitar preguntar una cosa.
- No deberías hablar con él. Miroku dijo que no quería que lo hicieras. - Oliver le dio una mirada de censura en el espejo retrovisor.
- ¿Qué has dicho? - Nathaniel la miró, su rostro palideciendo.
- ¿Por qué hiciste ese trato? - Repitió Sango, haciendo caso omiso de lo que Oliver dijo sobre no hablar con él.
- Sabes su nombre. Nunca le dije a nadie el nombre del demonio. ¿Cómo sabes su nombre? - Nathaniel todavía la miraba como si de alguna manera le hubiesen brotado cuernos y una cola. Su boca se abrió y cerró varias veces antes de que se las arreglase para hablar.
- No hables con ella - Oliver casi gruñó desde el asiento delantero.
Sango respiró profundo, encontrándose con la sorprendida mirada avellana de Nathaniel. Mientras ella lo miraba, casi podía ver el conocimiento formándose en sus ojos. Podía casi sentir el horror emanando de él mientras él construía la respuesta a su pregunta.
- Él te envió detrás de mí - susurró Nathaniel.
- Es por eso que tu novio me robó de Web. No es para ayudarte a controlar el poder en tus marcas, sino para regresarme a él. - El sonido que salió de la garganta de Nathaniel la perseguiría. Fue un cruce entre un sollozo y la risa más desesperada que Sango alguna vez había oído.
- Yo debería haber sabido - dijo Nathaniel, todavía haciendo esa terrible carcajada de lamento.
- Nunca me dejan a tu alrededor, lo que me pareció extraño, ya que se suponía que debía estar ahí para ayudarte. Entonces nunca me pidieron que te dijera acerca de los trucos que había aprendido para detener el cambio, además para mantener los más bajos deseos bajo control. Hay meditaciones, ciertas hierbas que maceras juntas para beber... pero nada de eso importa ahora, ¿verdad? - Oliver bajó la velocidad lo suficiente como para lanzar una mirada lacerante sobre Nathaniel.
- No hables con ella de nuevo - dijo él.
- ¡Basta! Déjalo hablar. - Exclamó Sango.
- Miroku no… - intento de nuevo.
- Sé que Miroku no quiere que hable con él… Pero incluso los presos condenados logran tener sus últimas palabras. - Sango lo interrumpió.
- Nunca respondiste a mi pregunta. ¿Por qué lo hiciste? ¿Tienes alguna idea de lo que tu decisión terminó costándome? Raum asesinó a no sé cuántos miembros de mi familia buscándote. Amenazó con matar a los pocos que quedaron y me marcó para obligarme a encontrarte. Tú tienes derecho a hablar, pero yo tengo derecho a saber por qué. - Luego dio a Nathaniel una mirada fija.
- Yo no tengo una buena razón. Yo era un campesino extremadamente pobre en los mil ochocientos sesenta que se topó con lo oculto después de que un enfebrecido sacerdote se quedase en mi casa. Mientras él estaba delirando, habló acerca de los demonios. Eso no me asustó, me fascinó. Yo siempre había soñado con ser más de lo que era, y el sacerdote sin darse cuenta me dio las herramientas para hacerlo. Cuando se mejoró, lo engañé haciéndole creer que quería ayudar a su obra, pero realmente buscaba aprender a invocar y atrapar a un demonio en su lugar. - Nathaniel hizo una pausa y suspiró.
- Yo tenía diecinueve años. Era joven, estúpido y arrogante. Después de que invoqué a Raum y negocié larga vida y poder, lo envié de vuelta de donde vino. Pensé que nadie se vería perjudicado. Pero luego me di cuenta que no podía controlar los efectos de sus marcas. Yo quería ser poderoso, pero yo no quería cambiar a los monstruos de mis pesadillas. Encontré al sacerdote que había engañado y le pedí ayuda. Juntos aprendimos a controlar los factores desencadenantes de la transformación y la forma de controlar en lo que cambiaba, cuando eso todavía no era suficiente. Cuando murió, dejó instrucciones para que otros sacerdotes me ayudasen. Fue uno de ellos que me habló de yokais, y cómo un yokai de monólogo podría ser capaz de silenciar mis marcas en el caso de que Raum alguna vez regresase. Conseguí los tatuajes y pensé... que quizás sería capaz de vivir una vida semi-normal entonces. Pero el yokai que me llevó a los de monólogos sabía que mi sangre era diferente. Y después de que conseguí los tatuajes, me vendió a Web. – su voz se quebró en la última frase.
- Negociaste tu alma con un demonio. Mereces lo que has alcanzado. - dijo Oliver sin piedad.
- ¡Sé que me lo merezco! - Gritó Nathaniel.
- No sabes cuántas veces he deseado que pudiese hacer retroceder el reloj así nunca hiciese esa oferta, pero la hice. A lo largo de los últimos setenta años con Web, a través de cada horrible y degradante cosa que me hicieron, lo único que me mantuvo cuerdo fue saber que siempre podría ser peor. - Su voz se rompió con dolor.
- Y ahora lo será, y sé que no es más de lo que merezco, pero eso no me hace tener menos miedo. - Sango pensó en sus primos y tías asesinados, sus padres, y las clamorosas amenazas de Raum de que él mataría al resto de su familia si ella no regresaba al hombre sentado en el asiento al lado de ella. Entonces pensó en la sonrisa valiente de Randy antes de ir salir por la puerta del sótano, y la culpa y la cobardía que la había llenado desde entonces.
- Si pudieras tener cualquier cosa que quisieras, ¿Qué sería? - Preguntó en voz baja a Nathaniel.
- Eso es fácil. - Su voz era un chirrido.
- Quiero vivir sin miedo ni ser usado o avergonzado. Quiero una segunda oportunidad. - Sango cerró los ojos brevemente. Cuando los abrió, supo lo que tenía que hacer.
- Oliver, detente por un segundo - dijo ella.
- No voy a dejar que él se vaya, no importa lo que digas. - Él le dio una mirada deliberada.
- Ya lo sé. - contestó Sango.
- Sólo quiero que te detengas por un momento. Te lo prometo, no voy a pedirte que lo dejes ir. - Oliver le dirigió una mirada cautelosa, pero aparcó a un lado.
- No te preocupes. No podría escaparme, aunque quisiera… y créeme, quiero. Pero Miroku debe de haberme hecho algo cuando me puso en trance. No puedo hacerme incluso agarrar la manija de la puerta para abrirla. - Nathaniel dejó escapar un gruñido cansado.
- Bien. Parece bastante seguro aquí por el momento, ¿qué quieres? - dijo Oliver brevemente, mirando a su alrededor antes de estacionar el auto. Se encontró con la mirada de Sango en el espejo retrovisor.
- Lo siento. - Sango respiró hondo.
Y entonces ella sacó el arma que Miroku había dejado para ella en el asiento de atrás y estrelló la culata de la misma contra la cabeza de Oliver. Miroku merodeó por los muelles, en busca de algo más de la gente de Web. El olor de la muerte flotaba en el aire, afilado con el aroma más severo de la sangre de no-muerto. Miroku lo saboreó. Era el olor de la seguridad de Sango. La lucha había sido brutal, pero ahora la mayoría de la gente de Web estaba muerta. Unos pocos habían logrado escaparse por completo. Kagome e Inuyasha estaban ocupados apilando los cuerpos en uno de los barcos más grandes, donde una explosión les daría una versión moderna de un funeral Vikingo.
En opinión de Miroku, eso era más digno de lo que merecían, pero no podían dejarlos a la intemperie para que los humanos encontraran. Las llamas quemarían cualquier evidencia paranormal en su sangre, dejando sólo un extraño alijo de cadáveres carbonizados con diferentes edades en el barco para ser encontrado, sin rastros sobrenaturales dejados atrás. En cuanto a los monitores de Web en los muelles... ellos habían sido encontrados y destruidos.
Inuyasha ya tenía una mirada roja hacia unos pocos humanos para que olvidaran la masacre con la que se habían tropezado. Cuando la policía no se presentó, Miroku sospechó que Web les había advertido antes que estuvieran a distancia de los muelles. Web no habría hecho de Mónaco su hogar sin tener influencia en las autoridades locales humanas. Miroku sintió una sombría satisfacción cuando una búsqueda del puerto y los terrenos circundantes de los hoteles no presentó ningún otro yokai. En cuanto a los pocos que escaparon, él los encontraría. No tenían Maestro de su línea para protegerlos ahora. No les tomaría mucho tiempo para rastrearlos, sobre todo, no con la recompensa que pretendía poner sobre ellos— de preferencia entregados muertos en lugar de no-muertos.
- ¡Miroku! - Su cabeza se sacudió alrededor al reconocer la voz de Oliver, el miedo deslizándose por su espalda.
No se suponía que él debía estar aquí. Se suponía que debía llevar a Sango y Nathaniel a Inuno y permanecer con ellos hasta que Miroku se uniera a ellos más tarde. Miroku voló en la dirección de la voz de Oliver, viendo que el otro hombre acababa de llegar a los muelles. A pie.
- ¿Dónde está Sango? - Preguntó él, bajando del cielo para agarrar a Oliver. ¿Por qué ella no está contigo?
- Ella me noqueó - dijo Oliver con voz ronca.
- Ella había estado hablando con Nathaniel, y entonces ella solo me aporreó. Ni siquiera la vi levantar el arma, fue tan rápido. Cuando volví en mí, ella se había ido. La busqué, pero no encontré la camioneta. No sé cuánto tiempo estuve fuera... - Miroku echó hacia atrás su cabeza y rugió de dolor. Sólo había una razón para que Sango hubiera hecho tal cosa. ¡Ella estaba yendo tras el demonio ella sola!
- No creo que esto vaya a funcionar - murmuró Nathaniel. Sango le lanzó una mirada aplacadora. La palma de su mano seguía ardiendo donde había removido el transmisor después de descargar el cuerpo inconsciente de Oliver en la orilla de la carretera. Ese golpe en la cabeza no tardaría mucho en sanar, con la sangre de yokai que él había bebido antes. Ella había removido el transmisor de Nathaniel también.
- Recuerdas cual es la alternativa, ¿verdad? Si te gusta tu alma, y quieres mantenerla un tiempo más, dejarás de decir que esto no va a funcionar y empezarás a aportar ideas para que funcione. - No podía pasar por todo esto sólo para que Inuno los rastreara y la detuviera.
- Raum es un demonio antiguo y poderoso. No eres más que una humana. ¿Cómo crees que puedes llevar a cabo una pelea con Raum lo suficiente para apuñalarlo en los ojos? Llama a tu novio. Él tiene una mejor oportunidad de derrotar a Raum – gruño Nathaniel.
- Si hago eso, puedo igual dispararte con esta arma. Sería más misericordioso. – le apunto de manera sarcástica a la cabeza,
- Podrías dispararme todo lo que quieras, ¡eso no me va a matar! Si fuera tan fácil para mí morir, yo no estaría aquí. He intentado por todos los medios matarme en los últimos años. Colgándome. Disparándome. Apuñalándome. Saltando de un acantilado. Explotándome a mí mismo. Incluso tuve a alguien cortándome la cabeza… - dijo Nathaniel fríamente.
- No. No sobreviviste a todo eso. - exclamó Sango.
- No entiendes lo que estas marcas son, ¿verdad? Si ellos me hubiesen dejado hablar contigo antes, podría haberte dicho. Ellas son extensiones del poder de Raum. Todo su poder, incluyendo su poder regenerador. Así como nada más que un cuchillo de hueso puede matar a un demonio, nada más que un cuchillo de hueso puede matar a alguien marcado por un demonio. Me tomó un tiempo darme cuenta de eso, pero para entonces, Thomas me convenció de no usar el cuchillo en mí. - Nathaniel le dirigió una mirada cansada y hastiada.
- ¿Quién es Thomas? – pregunto Sango curiosa.
- Fue. Thomas fue el sacerdote al que engañé que más tarde me ayudó. – explico con aire nostálgico.
- Realmente no sobreviviste a tu cabeza consiguiendo ser cortada, ¿verdad? - Sango lanzó otra mirada hacia él, mientras ella conducía.
- ¿Ya sabes cómo a los yokais les vuelve a crecer un miembro de inmediato después de que este es cortado? - Nathaniel hizo un gesto de corte a través de su garganta.
- Nueva cabeza, el mismo aspecto, en una hora. Hizo a la persona que me decapitó cagarse antes de que se desmayara. - Sango recordó a Raum burlándose de ella el día en que la había marcado de que ahora ella estaba más allá de la muerte mortal. Ella no se dio cuenta de cuanto más allá él había querido decir.
- Pero yo sangré cuando Web me apuñaló. Miroku tuvo que curarme. – exclamo con las palabras atoradas en la garganta.
- Por supuesto que sangraste. Pero él no tenía que curarte. Habrías curado muy pronto por tu cuenta. Podría haber tomado un día. No has estado marcada por tanto tiempo, dijiste. Cuanto más tiempo tienes la esencia de demonio en ti, más rápido vas a sanar. - Todo esto era tan difícil de asimilar… y aterrador. Si ella tenía éxito, ella estaría marcada para el resto de su vida... y esa vida podría durar más de lo que incluso podría concebir. O podría ser que terminara antes de la salida del sol.
- Necesitamos a Miroku si vas a tratar de matar a Raum - dijo Nathaniel por décima vez.
- ¿No lo entiendes? Miroku no arriesgara mi vida por tu alma. Él te ofrecerá a Raum en un santiamén. No puedo involucrarlo. - Sango chasqueó una respuesta sin apartar la vista de la carretera.
- ¿Por qué haces esto por mí? ¿Encargándote de un demonio cuando sólo podrías entregarme y volver a tu vida? - Nathaniel se quedó en silencio durante un buen rato.
Ella dejó escapar un largo suspiro. Porque ella no podría vivir consigo misma si ella lo entregaba al demonio, a sabiendas de lo que sucedería. Debido a que ella se había hecho a la idea de que no era la misma persona que se había quedado abajo en el sótano, aquella fatídica Víspera de Año Nuevo. Era el momento para que ella tuviera una postura firme. De hacer frente a los monstruos, en vez de dejar que los demás lucharan contra ellos por ella.
- ¿Dijiste que querías una segunda oportunidad? Bueno, Nathaniel, yo también. – desvió su vista al frente, ya no podía dudar más.
Sango estaba de pie bajo el muelle, la arena terminando en olas a unos metros detrás de ella. La camioneta ya se había hundido bajo las aguas oscuras, llenándose rápidamente con todas las ventanas y puertas abiertas. Sango levantó el arma, apuntando a Nathaniel. Nunca había disparado a nadie antes en su vida, pero eso estaba a punto de cambiar.
- ¿Estás seguro de que esto es necesario? - Nathaniel dejó escapar un suspiro de impaciencia.
- Estás decidida a luchar contra Raum por tu cuenta, por lo que necesitarás el elemento sorpresa. Si lo convocas y yo estoy aquí tranquilamente esperando mi destino, él sospechara. Pierdes el elemento sorpresa… y Sango, incluso con el elemento sorpresa, y cambiando en lo que pienses que es lo suficientemente fuerte como para vencer a un demonio, tus posibilidades no son tan buenas. – se rasco la cabeza con pesimismo.
- Que buen un orador motivacional eres. - Ella ya estaba nerviosa por enfrentar y luchar contra el demonio. Escuchar la percepción de él de sus probabilidades no estaba ayudando.
- Deberías llamar a Miroku. - Nathaniel le dirigió una mirada dura.
- Tienes un gran deseo de morir. Por última vez, no voy a llamar a Miroku. Punto. - murmuró.
Sango no le dijo a Nathaniel la otra razón por la que ella estaba manteniendo a Miroku fuera de esto, aparte del hecho de que él no le permitiría hacerlo en lo absoluto. Raum muy seguramente tenía un hacha para moler a Miroku después de lo de las bombas de sal. Si Miroku se aparecía en cualquier lugar cerca del demonio, Sango no tenía ninguna duda de que Raum trataría de matarlo. Con su inaudita capacidad de soportar lesiones, tenía más oportunidades que Miroku. Y estaría condenada si diera un paso atrás una vez más y dejara que el hombre que amaba peleara… y muriera por ella.
- Así que si Raum sabe que estas balas no te matarán, ¿Cuál es el punto en que te dispare? – pregunto cruzándose de brazos.
- Porque si estoy lo suficientemente herido, no puedo cambiar. No habrías sido capaz de cambiar ese día después de que apuñalaron, pero Miroku te curó. Es por eso que Web me mantenía drenando sangre todo el tiempo, además de para venderla, por supuesto. Sabía que de lo contrario me convertiría en algo capaz de acabar con él. Si Raum me ve herido, incapaz de cambiar, va a estar malditamente más inclinado a pensar que no le estás traicionando. - Sus palmas sudaban, haciendo que el arma se sintiera resbaladiza en su agarre.
- ¿Dónde, ah, lo quieres? – pregunto, jamás le había disparado a nadie.
- Si es en el hombro, no se verá lo suficientemente convincente. En el corazón podría matarme si Raum me quita las marcas de inmediato una vez que llegue... y lo necesitamos que elimine las marcas, por cierto. Esa es tu mejor oportunidad para atacar, cuando se concentré en tirar su poder de mí de nuevo hacia él. Apunta al centro. Tomará bastante tiempo para sanar por lo que Raum no sospechara, pero debería sanar lo suficiente como para no matarme cuando sea humano otra vez. – reflexiono Nathaniel, era perturbador ya que parecía que decidía donde poner un cuadro.
- Pero si le doy a un órgano importante y todavía no has sanado lo suficiente cuando te conviertas en humano otra vez, podría matarte. Creo que sólo debería disparate en la pierna o algo así. - Nathaniel agitó la mano.
- Mira, no tenemos mucho tiempo. Tu novio, probablemente, está recorriendo la zona buscándote, así que si quieres mantenerlo fuera de esto, necesitas apuntar a mi estómago y dispararme ahora. Si acabo muerto por una herida de bala, sigue siendo un destino mucho mejor que lo que Raum tiene en mente para mí y para ti... - Sango dio un paso adelante, centró su atención en el costado de Nathaniel alrededor del nivel del ombligo, y luego apretó el gatillo. Él se tambaleó hacia atrás, sosteniendo su costado, rojo derramándose a través de sus dedos.
- Hijo de puta - jadeó.
- Lo siento - dijo Sango inútilmente.
- Está bien… Ahora, oculta el cuchillo de hueso de demonio en la arena a tus pies. Entonces todo lo que tienes que hacer es rebanar los tatuajes de tus antebrazos. Una vez que el hechizo de protección esté alterado, Raum lo sabrá. Vendrá corriendo, créeme. - La voz de Nathaniel estaba ronca por el dolor.
Sango trató de estabilizar sus nervios, y luego se recordó a sí misma que enojarse sólo ayudaría en este caso. ¿Qué provocaba la transformación? Hambre, nervios, dolor, estrés y calentura. Tenía cuatro de las cinco cubiertas. Debería ser suficiente para impulsar su cambio. Por supuesto, Nathaniel pensó que no había nada que Sango pudiera imaginar lo suficientemente fuerte u horrible para derrotar al demonio. Bueno, Nathaniel no había estado allí esa noche en la Víspera de Año Nuevo. Ella había visto una de las criaturas que había matado a docenas de poderosos yokais, onis, y a su marido. Había llegado al sótano y mutilado a la madre de Kagome. Sólo el hechizo que había creado tal abominación siendo rotos segundos más tarde, y una gran cantidad de sangre de yokai, había salvado a Sonomi. Raum no tenía ni idea del tipo de horror que Sango tenía acechando en sus pesadillas, pero estaba a punto de mostrárselo.
- Estoy lista - dijo, lanzando su teléfono celular sobre la arena, pero enterrando el cuchillo de demonio a pocos centímetros de sus pies.
Entonces tomó uno de los cuchillos de plata que le había robado a Oliver y cortó hacia abajo en su antebrazo, cuidando de eliminar únicamente la piel y no dañar los tendones. O las arterias. Quemaba y latía como un terrible incendio, haciéndola comenzar a sudar y morder un gemido. Casi listo. Casi...
- Maldito Dios, eso duele - susurró cuando hubo terminado.
- Cuidado. No maldigas a Dios ahora. Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. - La voz de Nathaniel sombríamente divertida.
Sango le dio la fugaz caricatura de una sonrisa, pero luego pasó la hoja hacia abajo en el otro brazo antes que perdiera el valor. Dolió tanto como el primero, y era más difícil, con la sangre rodando por la hoja y sus dedos temblando de dolor. Cuando llegó al final del grabado cerca de su muñeca, estaba jadeando, sus uñas comenzando a curvarse en las garras horribles que ahora se dio cuenta habían sido siempre las del monstruo de sus pesadillas. El mismo en el que tenía la intención de transformarse en poco tiempo. El cuchillo cayó de sus dedos y Sango dobló sus brazos, sosteniéndolos contra su pecho para detener el sangrado. Cuando ella miró a Nathaniel, alguien se puso en su línea de visión.
- Pues hola, Sango - ronroneó Raum.
Continuara…
