Marinette recordaba con algo de vergüenza el accidente ocurrido en la Navidad pasada, como atacó a Santa Claus pensando que había secuestrado a Adrien. ¡Ladybug tenía que dar un buen ejemplo!, no comportarse de ese modo. Hasta Adrien se sorprendió por su actitud, ¡eso fue tan penoso!

Pero... ¿quién dice que uno no puede reparar sus errores? Observó su habitación, vio el tazón que había comprado donde aparecían Ladybug y Chat Noir, parecía ser un simple adorno que se encontraba en su escritorio. Pero... tal vez podría alegrar a alguien más.

Adrien se encontraba en su habitación mientras charlaba con Plagg. Hoy era Navidad y a pesar de que el año pasado escapó debido a la añoranza que sentía por su madre, éste año se sentía del mismo modo, bastante triste. Aún así, decidió no escapar nuevamente. Solo porque había confirmado que su padre sí lo apreciaba y más de lo que alguna vez imagino. Recordaba con una sonrisa como lo había buscado, lo preocupado que estaba.

Adrien se sorprendió al ver como Plagg se escondía con rapidez.

Pero esa sorpresa se esfumó y una nueva apareció. Frente a él se encontraba su Lady, la única y verdadera Ladybug.

—¿Ladybug? —preguntó con sorpresa, levantándose del piano. Ella se veía hermosa, heroica y tan perfecta como solo ella podría verse —, ¿qué haces aquí? —preguntó dejando sus pensamientos de lado, tal vez había una emergencia. Aunque de ser así, ¿por qué lo buscaba a él?

Raro.

—Hola, Adrien —cuando decía su nombre, Adrien no podía evitar sonrojarse. Era como escuchar la voz de un ángel, un sueño —. Solo venía a ver si te encontrabas bien, recordé el accidente del año pasado —explicó ella. Su voz denotaba algo de vergüenza.

Él no pudo evitar reír ante el recuerdo, todo lo que había ocurrido había sido como sacado de un cuento navideño, sobretodo la parte de Santa Clavos.

—Agradezco mucho tu preocupación, pero este año estoy bien —aseguró. Ella asintió, lo miraba fijamente, atento a sus palabras —. Prometo que no me escaparé. Aunque me gustaría que Santa Clavos regresará, su canción era divertida —rió él.

Ladybug asintió.

Y Adrien comenzó a tocar en el piano esa canción mientras la cantaba. "Yo soy Santa Clavos..." "¡infeliz Navidad!"

Ambos estallaron en carcajadas. Era lindo tener recuerdos felices de aquella Navidad tan extraña.

—Casi lo olvido, te traje esto —Ladybug no podía demostrar el sonrojo presente en su rostro, por eso dejo el regalo sobre el piano. Adrien estaba boquiabierto, ¿Ladybug le había traído un regalo? ¿realmente estaba despierto? —. ¡Debo irme, el deber llama! —y antes de enloquecer, Ladybug decidió escapar por la ventana.

Adrien se sonrojó en la soledad de su habitación, todo eso había sido más que increíble.

—Tu rostro es casi tan rojo como el traje de tu amada —se burló Plagg.

Adrien frunció el ceño.

—Tú sí que sabes como matar la magia —se quejó.