N/A: ¡Hola! No sé si habrá alguien en esta plataforma que siga leyéndome, espero que sí. Después de un largo tiempo... os recomiendo releer la historia para poder llevar bien el hilo. Disculpad por la tardanza, pero intentaré que el próximo capítulo no tarde tanto :) Por favor leed la nota del final del capítulo porque es importante.


Capítulo XXIII - Buenos días, Granger

Theodore observó por la ventana el jardín de la Mansión Malfoy.

Cuando era pequeño, y él y sus padres iban a cenar con Lucius y su familia por Navidad, solía maravillarlo lo hermoso que se veía con nieve encima. Pero en cierta forma, ahora que lo veía, había perdido todo el esplendor con el que solía recordarlo. El césped se veía oscuro y seco, las flores marchitas, y apenas quedaban resquicios de lo que un momento fueron arbustos con figuras podadas.

No mentiría, podía imaginarse la rabia que apoderaría a Lucius Malfoy si viera lo arruinado que había quedado el jardín del que tanto solía presumir.

Había un silencio casi sepulcral en la mansión, a excepción de los pájaros que volaban alrededor del tejado cantando.

Algo había cambiado dentro de Theodore Nott, eso era más que evidente.

Siempre había sido algo pedante, no por algo era un Nott y encima, Slytherin, pero ahora parecía carecer de sentimientos. Y él hubiera deseado que fuera así.

Le dolía, pensar en ella dolía.

Tal vez desde el exterior, la gente podría pensar que su relación con Daphne, sus sentimientos, eran la típica relación adolescente de secundaria, pero no.

Daphne había sido cercana a él desde siempre. Desde que eran pequeños niños de 11 años, cuando él todavía tenía aspecto de chico enfermizo y no mucha gente quería acercarse a él. Siempre habían estado juntos. Daphne fue su primer beso. Y Daphne podía pecar de muchas cosas, pero a sus ojos era la perfección personificada.

Theodore le quebró la nariz al primer chico que le rompió el corazón a la rubia en tercer año. Daphne se encargó de espantar a las chicas cuando Theo pegó el estirón y de repente se volvió apuesto en cuarto curso. Y desde quinto, habían iniciado una relación de tiras y aflojas donde lentamente Theodore se había enamorado (o se había dado cuenta de que lo estaba) hasta las trancas.

Daphne había sido la única persona con la que había podido abrirse sobre la muerte de su madre, el pilar que lo había mantenido de pie cuando pensaba que se derrumbaría.

Después de la batalla en Hogwarts, cuando no la tenía cerca, es cuando se dio cuenta que definitivamente era el amor de su vida, y que, haría cualquier cosa por y con ella.

Y dentro de eso entraba matar a alguien, o hasta traicionar a sus mejores amigos.

En su momento lo había carcomido por dentro lo que le estaba haciendo a Malfoy y Zabini, pero no, ya no.

Él nunca habría permitido que le pasara algo al señor Greengrass, pero claro, por culpa de Draco no había podido explicarse y Theo sabía que significaba su padre para ella.

Pensar que había perdido al amor de su vida por culpa de Malfoy y compañía lo llenaba de rabia. Una rabia determinadora que lo hacía infrenable.

Quería ver la vida de Draco apagarse en sus ojos, pero sobretodo, quería de vuelta a Daphne. Bajo cualquier costo.


— Buenos días, Granger — los ojos gélidos de Lucius Malfoy parecían atravesar a Hermione, como si fuera capaz de leerle la mente y saber que se cruzaba por su cabeza. Se sintió algo intimidada, pero trató de ocultar sus emociones dentro de lo que cabía y dejó caer una barrera dentro de su mente.

— Buenos días, señor Malfoy — respondió cortesmente —. ¿Necesita algo?

— En realidad, me gustaría hablar con mi hijo... Aunque no sabía que no estaba solo — Hermione notó sus mejillas calentarse. Se había olvidado completamente que estaban en la habitación de Draco, tal vez tendría que haberlo despertado —. Mi esposa ya está esperándolo en el comedor, ¿está despierto? — el señor Malfoy intentó observar por encima del hombro de Hermione, pero no había demasiada iluminación en la habitación.

La joven pensó como a Lucius se le revolvería el estómago al pensar que su único hijo mantenía una relación, o algo parecido, con una hija de muggles.

— Está durmiendo, pero si quiere puedo despertarlo y decirle que baje.

— Que no tarde mucho — aquella frase parecía más bien una orden, a la cuál Hermione se limitó a cerrar la puerta nuevamente a la vez que Lucius se dirigía hacía las escaleras. Resultaba casi cómico que pese a que carecía del poder que una vez tuvo, el patriarca de los Malfoy continuaba expresándose como si fuera el rey del mundo.

Se giró y observó a Draco que dormía, y parecía mucho más relajado que hace unas pocas horas. No pudo evitar sonreír, aunque se sintió boba, y caminó por lentitud por la habitación, hasta acostarse a su lado, mirándolo con más detenimiento.

Acarició el mechón de pelo que caía por encima de su frente, contorneó con una leve caricia el perfil de su nariz, y el mentón, donde una pelusilla dorada comenzaba a aparecer, diciéndole que ya era hora de afeitarse.

Le hubiera gustado quedarse así para siempre. Porque aunque fuera tenían mil problemas y batallas, ahí dentro, encerrados en aquella habitación casi oscuras sobre la cama de dosel, todo parecía perfecto y en calma.

Se deslizó en la cama hasta estar encima de él, y dejó un beso en su nariz. Hermione nunca había sido demasiado afectuosa, pero con Draco sentía la necesidad de sostenerlo.

— Draco... — lo llamó. La tomó por sorpresa cuando este, somnoliento, la envolvió en sus brazos y rodó en la cama hasta estar él encima suya.

— Shhh... Vamos a dormir un poquito más, Hermione...

— Tu padre quiere hablar contigo — susurró Hermione contra su cuello. Draco pareció reaccionar y abrió los ojos lentamente, y aún con los párpados caídos, su mirada le recordó a la de su padre; tan intensa que parecía capaz de traspasar.

— ¿Cómo?

— Él y tu madre están esperándote en el comedor.

Draco la liberó y acto seguido, recogió su ropa de los pies de la cama.

— ¿Has hablado con él? ¿Qué te ha dicho? —inquirió el rubio mientras se abrochaba la hebilla del cinturón.

— Nada, que te esperaban... — Hermione lo observó abrocharse la camisa con rapidez y después dirigirse hacía la puerta como un huracán. No habían pasado ni dos segundos, cuando el rubio volvió sobre sus pies y avanzó hacía ella como un rayo. La besó por un instante y después sonrió.

—Buenos días, Granger —dijo, como en dejà vú para Hermione, y continuó con su camino como quién lleva el alma al diablo.


Cuando Draco llegó al comedor de la casa de los Black, titubeó unos pocos segundos en el gran arco que daba la entrada a este, y observó a sus padres.

Su padre ya no era ni un cuarto del hombre que había solido ser. Si bien, conservaba ese porte elegante y altanero que lo caracterizaba —años de enseñanza a mano dura habían hecho efecto—, ahora transmitía una vibra nerviosa a su alrededor. Había adelgazado considerablemente, unas marcadas hendiduras acompañaban a sus ojos, inyectados en sangre, y sus ojos reflejaban a un hombre ya cansado.

Su madre sin embargo no parecía tan afectada, al menos de forma que fuera visible. Si bien también estaba más delgada de lo que debería, y el pálido de su piel era más notorio, no parecía tan rota como su marido. Draco pensó, rebuscando en su imaginación, que probablemente Lucius había tomado todas las torturas por su mujer.

El padre de Draco daba vueltas nerviosas por la habitación, mientras que su mujer observaba con tranquilidad una fotografía que colgaba de la pared.

Draco carraspeó mientras hacía presencia, llamando la atención de ambos. Durante un instante miró la fotografía, y se sorprendió de que no le hubiera prestado atención antes. Se trataba de una foto, mágica, por supuesto, de su madre y sus tías, Andrómeda y Bellatrix. No debían tener más de 9 o 10 años. Las tres estaban vestidas con el mismo vestido y posaban rectas, Narcisa sentada en una silla, y sus dos hermanas de pie apoyadas en el respaldo.

Andrómeda y Bellatrix se cogían fuertemente de la mano, sonrientes, y Narcisa se giraba a mirarlas con diversión.

— Hijo — su madre le sonrió cálidamente, aproximándose hasta él, pero su gesto no llegaba realmente a sus ojos. Parecía más bien una mujer cansada.

— Padre, madre... — dijo Draco en respuesta. Ambos se habían acercado y lo sostenían, como si tuvieran miedo de que en cualquier momento se fuera a desvanecer.

Siendo sincero, Draco no había echado de menos a sus padres en aquel mes de separación. Es decir, tras tantos años estudiando en Hogwarts, donde podía pasar varios meses sin verlos, se acostumbraba a su ausencia. Sin embargo, siempre permanecían en contacto. Y el no saber que había sido de ellos, ni como estaban, lo había mancillado lentamente. Aunque todavía no sabía a ciencia cierta que habían vivido, solo tenerlos delante y verlos a salvo, lo aliviaba profundamente.

Este había sido su verdadero reencuentro.

— Vamos a sentarnos a hablar — dijo Narcisa, y lo guió a la mesa. Se sentaron al lado, y Lucius optó por sentarse en la esquina, a un par de sillas de distancia. Movía la pierna con nerviosismo y parecía no poder estarse quieto.

Permanecieron unos minutos en silencio, en los que su madre hacía el intento de reconfortarlo sosteniéndole la mano encima de la mesa. ¿Pero reconfortarlo de qué? Draco se sintió como cuando tenía cinco años y sus padres le dijeron que el gato de la familia, Dobrik, ya no iba a volver.

— Bien, creo que es mejor que vayamos al grano, hijo... A decir verdad, no creo que se trate del momento de adecuado de hundir el dedo en la yaga, o sentarnos a debatir sobre lo ocurrido recientemente, porque para eso ya habrá tiempo, y no es ahora — Lucius parecía incapaz de mirarlo, y mantenía la vista fija en sus dos manos, que se encontraban juntas y cerradas encima de la mesa. Lucía tan abatido como sonaba. Draco tenía preguntas, sobre qué había ocurrido con ellos, pero captaba lo que le pedían: estaban demasiado agotados, mentalmente, para hacer frente a la realidad. Y no solo de ese último mes, sino de ese último año —. Madre y yo hemos decidido que es el momento de abandonar Gran Bretaña.

Draco no se sorprendió, ni se sintió extrañado. Narcisa comenzó a explicarse:

— Tu padre y yo nos apareceremos en Portugal, y desde allí cogeremos un ferry hasta Estados Unidos. Por suerte tenemos dinero en libras, en varios bancos alrededor del mundo. Esta guerra nos ha superado, creemos que ya es tiempo de dejarlo — y después vino lo que Draco esperaba —. Y nos gustaría que vinieras con nosotros.

No.

Los observó. Le devolvían la mirada, como temerosos y expectantes, esperando su respuesta.

No podía irse. Pensó como sería.

En realidad, sería condenadamente fácil. Simplemente abandonaría atrás todos los problemas, no tendría que preocuparse más por la guerra, Nott, o planear estrategias para debilitar a los mortífagos.

¿Pero y Hermione? No podía dejarla. Simplemente no podía. Y mucho menos en aquellas circunstancias, donde peligraba tanto su vida. Si él permanecía con ella, por lo menos podía asegurarse de protegerla y acompañarla en esta guerra. Tampoco podía dejar a Blaise. Y mucho menos quería que los mortífagos siguieran avanzando terreno y dominasen el Ministerio.

Sentía en parte la gran responsabilidad de arreglar toda esa mierda que los cubría hasta el cuello, y aunque sabía que no podría hacerlo completamente él solo, por lo menos aportar su granito de arena.

— No puedo — masculló, apartando la mirada de sus padres.

Lucius y Narcisa estarían bien.


Thomas Greengrass, o Tom, como lo llamaban los amigos y familia, no había salido demasiado de la cama desde que había llegado a la casa de los Black.

Muchos años siquiera de que la Primera Guerra Mágica empezara, había tenido una disputa con Alban Nott por un tema de dinero, dónde una inversión fallida había dejado casi en la ruina a la familia Nott, la cuál necesitó ayuda de los Malfoy y los Bulstrode para salir adelante. Alban exigía que le devolviera su dinero, pero realmente, no era algo a lo cual tuviera derecho, por lo que Tom se negó. Él no tenía la culpa de que el proyecto fracasara, y no daría esa gran cantidad de galeones de su propio bolsillo.

Se batieron a duelo y ambos terminaron en San Mungo.

Desde entonces había pasado demasiado tiempo, casi sin que el señor Greengrass se diera cuenta, pero el rencor continuaba. Cuando los mortífagos surgieron y ambos se encontraron, llegaron a un acuerdo silencioso donde simplemente eran ajenos a la existencia del otro. Y continuó así, pese a sus tensiones, al menos hasta el fin de la Batalla de Hogwarts.

Tras la caída de su señor, Thomas había desistido. Había querido abandonar a los mortífagos meses atrás, al ver que podía poner en peligro a sus hijas, pero temía demasiado al Señor Tenebroso. Su mujer los había abandonado haría más de un año, cuando Dumbledore fue asesinado y Thomas se había negado a abandonar Gran Bretaña. Camille Greengrass era una bastarda traidora, pero por lo menos tenía a sus queridas Astoria y Daphne.

Sin embargo, ahora... Su bella Tori ya no estaba. Y él ni siquiera sabía a ciencia exacta que había sido del cuerpo de su pobre niña, si había sido enterrada como lo merecía. No había sido capaz de ver por última vez a su bonita muñeca, a su hija pequeña. Sentía ganas de terminar él mismo con la vida de Alban.

Observó disimuladamente a Daphne, que miraba distraída por la ventana, mientras él fingía estar dormido. Por lo menos la tenía a ella. Su hija no se había separado de él apenas. Lo había ayudado a asearse, se aseguraba que comiera y que estuviese bien atendido, y había pasado todo el día anterior hablando con él, contándole cosas para distraerlo, y cuando no, acariciándole la mano para que durmiera.

Realmente las torturas de Nott y Yaxley, que habían sido continúas y sin cansancio, lo habían molido físicamente, pero mentalmente todo era peor.

Notó como Daphne se levantaba y cerró los ojos.

Ojalá hubiera enviado a sus hijas con Camille a Bulgaria, cuando tuvo el momento.


N/A: Vale vale, este capítulo no ha sido taaan revelador, y más bien es como la segunda parte del anterior (era mucho más corto y le faltaban escenas), pero en el siguiente ya tendremos más Dramione, avance de la trama con los Nott, profundización de otros personajes, y volveremos a ver a Harry y Ginny. Así, como adelanto. He querido cortarlo aquí porque pasa las 2000 palabras y no quería que fuera tan largo.

Probablemente actualice la semana que viene o en unos días, depende como esté de tiempo (falta corregir el capítulo siguiente), pero intentaré hacerlo antes de Año Nuevo. No os asustéis cuando lo publique, porque, de momento, sin editar, es bastante largo.

¡Ah, felices fiestas! Espero que lo estéis pasando genial. ¿Habéis comido mucho? ¿Os han traído lo que queríais?

Tengo ganas de terminar ya este fic que me persigue desde 2016. Le tengo cariño, pero quiero terminarlo de una vez por todas. Así que yo creo que para Marzo de 2020 ya estará terminado, porque ya le he dado cierre a casi todas las tramas e incluso he (intentado) empezado a escribir el epílogo. Ay, qué se me saltan las lágrimas.

En fin, no olvidéis dejar algún review sobre qué opináis, y seguidme si queréis así estáis al tanto de cuando actualice y de las nuevas cosas que suba.

Bueno, muchos besitos,

MayaMaximoff.