Capítulo 25: Sangre de unicornio
Flashback: 27 de marzo de 1977, sábado por la tarde en la Sala de Trofeos. Sexto Curso.
-Tal vez no debimos agrandarle la cabeza al idiota de Bertram Aubrey.- Sirius resopló aburrido para quitarse el largo flequillo oscuro de los ojos y dedicó una desdeñosa mirada a Filch, que los observaba lleno de felicidad y regocijo mientras el mismo Sirius y James se encargaban de pulir uno a uno, y sin magia, todos los antiguos premios de la Sala de Trofeos del tercer piso.
-Te equivocas querido Padfoot- le corrigió el chico de gafas sin dedicarle mucho entusiasmo a quitarle una mancha particularmente pegajosa a una de las copas de las casa había ganado Ravenclaw hacía casi 50 años- lo que no debimos es hacerlo delante de testigos.
Sirius sonrió, y afirmó con la cabeza.
-Es evidente- murmuró a la vez que la puerta de la sala se abría con un chirrido siniestro, interrumpiendo su cabeceo.
-¡Vaya! ¡Y aquí está la otra pequeña gamberra que va a pagar cara su desfachatez!- Filch se frotó las manos con avidez, y sacó la lengua para humedecer sus agrietados labios mientras James y Sirius observaban asombrados como Yasmine Ailahn Roberts entraba en la Sala de Trofeos con cara de pocos amigos.
-¿Qué tengo que hacer?- le preguntó la joven al conserje secamente.
-¡Ve con ellos! ¡Quiero todos los trofeos relucientes antes de la cena!- casi chilló extasiado el hombre.
Yasmine reparó por primera vez en Sirius y James, que aún la miraban anonadados, y se dirigió con paso firme hacia ellos. La chica llevaba una falda vaquera larga y ajustada y una blusa que sería de un blanco inmaculado si no fuese por las pequeñas gotitas de sangre que adornaban la pechera de la misma. Se cubrió con la chaqueta de punto negro que llevaba puesta la zona en cuestión cuando llegó al lado de los merodeadores, y les dedicó una lánguida mirada, primero a ellos, y después a todas las vitrinas repletas de objetos que había en la enorme habitación.
-¿Sin magia?- preguntó entonces depositando sus ojos castaños en los sucios trapos que los jóvenes llevaban en la mano. James asintió y le dedicó una amplia sonrisa. Yasmine era una de las mejores amigas de su querida Lily y tenía que causarle una buena impresión, sin saber que ella ya tenía una impresión bastante formada de los merodeadores y en general no era para nada buena. La chica convocó un paño de la nada y se acercó a la vitrina que ellos estaban limpiando, tomando un amplio plato dorado con una insignia y una dedicatoria grabada que no se molestó ni en leer. Sirius la observaba intrigado. Lo poco que había hablado con Yasmine durante aquel curso era para meterse con ella cuando salía a defender a su amiga de James, y de haberla visto por ahí con Anaïs Martin, una ravenclaw con la que el chico de ojos grises se llevaba muy bien desde que habían entrado a Hogwarts.
-¿Y tú que has hecho?- preguntó Sirius mirándola de soslayo, sin saber como iba a reaccionar la joven dado el mal humor con el que había llegado. La chica no lo miró, y tardó un rato en contestar, pero al final se encogió de hombros y dijo simplemente:
-Le partí las narices a Avery por emplear demasiadas veces la expresión sangre sucia en una sola frase.
Tanto Sirius como James ahogaron gritos de asombro y dejaron de limpiar los trofeos, mirándola con los ojos como platos.
-¿Con qué hechizo?- preguntó James tras superar la sorpresa inicial. Yasmine lo miró cansinamente y les mostró los nudillos de su mano derecha, enrojecidos e hinchados. -Se llama "Gancho de derecha incantatem"- dijo divertida por la reacción de los dos chicos.
-¿Le pegaste?- Sirius no cabía en sí de asombro.
-Tendría que haberlo hechizado- respondió ella tras asentir con la cabeza- al menos no tendría la mano así ahora.
-Espera, ven aquí- el chico de ojos grises dejó de limpiar y se acercó a ella decidido, tomándole la mano derecha. Ambos notaron como si una corriente eléctrica pasara de uno a otro dándoles calambre, pero ninguno apartó su mano.
- Episkey- susurró Sirius, mirando a los ojos de Yasmine mientras apuntaba con la varita a sus nudillos. De momento, estos volvieron a su tamaño y color original, completamente curados.
-Gracias- susurró ella, retirando la mano de la de Sirius, pero no la mirada.
-Y te mereces que te invitemos a una cerveza de mantequilla nada más que por haberle roto las narices al capullo de Avery, ¡Sin magia!- James interrumpió el fugaz y extrañamente íntimo momento que estaban viviendo para devolverlos a la realidad de su castigo.
-¡Mucho hablar y maquinar pero poco limpiar!- graznó Filch desde la puerta de la Sala. Los tres chicos volvieron a su tarea en silencio, y al cabo de un rato James suspiró aburrido, como hacía cada medio minuto desde que había empezado la tarde de castigo.
-Menudo asco de cumpleaños- murmuró entre dientes. Yasmine lo escuchó y le lanzó una mirada comprensiva.
-Oh, James, ¡felicidades!- se apresuró a felicitarlo ella- ya queda menos, bueno, un poco menos- rectificó tras ver las miradas incrédulas de los chicos, que a su vez observaron las hileras de vitrinas llenas de trofeos que aún les quedaban.
Siguieron limpiando un rato, y de nuevo James interrumpió el denso y pesado silencio que los rodeaba para dirigirse a Yasmine.
-¿Sabes qué Yas?- preguntó de repente con un tono peligrosamente zalamero- ahora que lo pienso sé cual podría ser tu regalo de cumpleaños para mí- la chica lo miró con la misma cara de curiosidad y suspicacia que Sirius, y su silencio lo instó a hablar- podrías contarme el truco para conquistar a mi amada, Lily Evans- dijo poniéndole ojitos de cervatillo inocente.
Yasmine soltó una carcajada que silenció rápidamente dirigiendo una mirada de culpabilidad a Filch, que a esas alturas pensaba que colgarlos de los pulgares durante toda la tarde hubiese sido un castigo mucho más eficaz que limpiar ningún ridículo trofeo.
-¿Sabes como podrías conquistar a Lily, James?- y el tono de ella se pareció sospechosamente al que él mismo había empleado- dejando de montar numeritos sin sentido como el de agrandarle la cabeza a Aubrey que protagonizasteis ayer- y dicho esto, se volvió hacia la siguiente vitrina y siguió limpiando trofeos sin añadir nada más al respecto.
…
Sirius no recordaba mucho más de aquella tarde, aparte de que entre los tres se las apañaron para engañar a Filch y acabaron usando magia para acabar antes la limpieza, y que Yasmine le prometió a James que cuando la invitasen a la cerveza de mantequilla que le debían por pegarle a Avery en las narices le contaría lo que quisiera sobre Lily. Y por supuesto, que partir de esa misma tarde, nunca la volvió a ver igual que antes. Los meses siguientes los recordaba con un cariño especial, con la sensación de que su estómago quería salir volando de su cuerpo cada vez que la veía, algo que era la primera vez que experimentaba por una chica. Excursiones a Hogsmeade, clases en común, algún que otro descanso, siempre con la compañía de Anaïs y sin que Lily estuviera de por medio, ya que tenía de él la misma mala opinión que de James, y quería proteger a su amiga. Lo que Lily no podía ni intuir es que para Sirius, Yasmine no sería jamás como las demás, y que nunca se arrepentiría suficiente de aquella noche de celebración clandestina en Hogsmeade tras ganar la copa de Quidditch de ese año, noche de la cual no recordaba nada. De lo que sí se acordaba, porque lo tenía a fuego grabado en su mente, era de la cara de decepción y tristeza que se le quedó a la joven de pelo castaño cuando al día siguiente fue a visitarlo a su habitación para decirle algo muy importante y encontró a Anaïs casi desnuda en su cama. Por más que él intentó explicarse, Yasmine se cerró en banda y sus amigas en torno a ella, y su apenas intento de inicio de relación pasó a la historia.
Por más que trataba de auto convencerse de que era solo una chica como cualquier otra, fácilmente reemplazable, tras las siguientes citas que sucedieron a la gryffindor, entendió que no podía estar más equivocado. Y allí estaba ella, con su larga cabellera castaña cayéndole en cascadas por la espalda, mientras devoraba ávidamente un libro de…
-¿Medicina muggle?- Sirius, asombrado, formuló en voz alta la pregunta sin darse cuenta, haciendo que tanto Lily, como James y como Yasmine lo mirasen sorprendidos y la bibliotecaria carraspeara brutalmente con enfado.
-Estoy culturizándome- se defendió Yasmine en un susurro sin dar más explicaciones y volviendo a su lectura. Lily y James le dirigieron miradas de reproche a ambos y siguieron estudiando.
…
-Me muero de hambre-gruñó James aburrido cuando el trozo de cielo que se dejaba ver a través de las vidrieras de la biblioteca ya estaba tintado de índigo, y una diversa gama de naranjas y rosas.
-Aún me quedan diez páginas, tendrás que esperar- le espetó Lily sin sacar la cabeza de su tomo de Aritmancia.
-Maldito Remus- se quejó el chico de gafas bostezando con cansancio.
-Y maldita Estelle- añadió Yasmine cerrando su libro de medicina muggle- yo si tengo hambre. ¿Vamos?- le preguntó a un Sirius que ya se había levantado de la mesa antes de que la joven hubiese terminado de hablar.
James lanzó una mirada suplicante a Lily, y esta bufó como si pudiera verlo a través del grueso libro.
-Si tu querido y lunático amigo no se dedicara a inventar estúpidas normas por ganar ese estúpido laberinto cada uno podríamos estar en una punta del castillo- Lily esperó para dar rienda suelta a su ira una vez fuera de la biblioteca, puesto que lo último que quería era seguir oyendo los carraspeos insidiosos de la bibliotecaria un minuto más.- si tengo que aguantar un maldito entrenamiento de quidditch más me corto las venas.- añadió desdeñosa.- hoy casi me mata una bludger. Lily se refería al entrenamiento de aquella mañana, en el que a Yasmine se le había escapado una bludger que casi deja a la pelirroja calva, ya que le pasó rozando la cabeza por muy poco mientras estaba en la grada repasando para los EXTASIS.
- No te olvides de que también fue idea de tu querida amiga Estelle-recalcó Sirius defendiendo a Remus.
-A mi no me molesta que esos dos nos mandaran pasar las veinticuatro horas del día juntos durante esta semana- de hecho, James parecía muy feliz ante esa situación, y también por el hecho de que pronto se metería un gran filete con puré de patatas entre pecho y espalda.- y si tu dices que sí, que te molesta, es porque no quieres asumir la realidad de que estamos hechos el uno para el otro- añadió, recordando mucho al James que perseguía a Lily incansablemente en sus orígenes.
- Entonces estarás muy feliz cuando pasemos las veinticuatro horas del día juntos en las clases de la academia de aurores- replicó Lily, y ante la cara de póquer que de repente puso James, volvió a bufar enfadada y aceleró el paso, dejándolos atrás- ¡nunca cambiarás, James Potter!- le gritó ella con rabia a sus espaldas. Él se apresuró a seguirla, puesto que no quería incumplir la norma que Remus y Estelle habían impuesto tras ganar en el laberinto, y dejó solos a Sirius y Yasmine.
-Nunca cambiarán- comentó la chica ignorando las miradas de odio que le dirigían un grupito de chicas de cuarto por atreverse a ir acompañada en público del gran Sirius Black. Aunque aquellas eran solo de grado siete en una escala de diez, durante aquella larga semana con Sirius pegada a sus talones, el falso rumor de que ambos estaban juntos se había extendido como la pólvora por Hogwarts y le había tocado sufrir acosos de diferente magnitud por parte de numerosos grupos femeninos fans del merodeador. Lo único que le gustaba de aquello (aparte de la compañía de Sirius, que había resultado ser más que agradable cuando el animago no trataba de sonsacarle el origen de su extraño comportamiento) era el gesto como de haber chupado un limón muy agrio que tenían en la cara tanto Anaïs como Claudy cada vez que se las cruzaban y estaban juntos. Entonces, ella aprovechaba para pegarse un poco más a Sirius, que parecía encantado de ello, y disfrutaba de lo lindo viéndoles la lividez del rostro e intuyendo el rugido de ira que ambas chicas deseaban soltar a pleno pulmón delante de sus narices.
-No serían James y Lily- respondió Sirius respondiendo con una sonrisa burlona a las miradas de rencor que un grupo de ravens amigos de Henry le lanzaban desde la entrada del Gran Comedor.
-Tienes razón- suspiró ella- mira, allí están Peter y Remus- y sin añadir nada más, se acercó al grupo de gryffindors para disfrutar de una suculenta y merecida cena previa al último partido de quidditch de la temporada.
-¿Otra vez están discutiendo?- Remus señaló fugazmente con el tenedor a James y Lily, enfrascados en una encarnizada discusión sobre la seguridad de la pelirroja al salir de Hogwarts. Volvió a pinchar una patata asada y los observó con los ojos entrecerrados como si pensase que solo ellos dos podían fastidiar su infalible plan de reconciliación.
-Al menos ahora se hablan- contestó Yasmine mareando los guisantes de su plato con el tenedor- y Lily parece de nuevo la Lily normal y no la versión "odio todo lo que me rodea" que era hace una semana.
El grupo guardó silencio mientras observaban como la pelirroja daba por terminada la conversación tirándole un plato de comida a James a la cabeza que el merodeador esquivó por muy poco. Estelle tuvo que esquivar también el plato, ya que justo en ese momento pasaba por detrás de ellos y lanzó una mirada de hastío a la pareja, para después dirigirse al resto del grupo. Se sentó al lado de Remus, quizás demasiado cerca para todo el espacio que tenían, y sonrió de oreja a oreja.
-Conseguí acabar la poción contra venenos poco comunes del examen de recuperación de Slughorn- sus amigos la felicitaron con entusiasmo y Remus le dio un suave apretón en la mano que ambos tenían oculta debajo de la mesa, haciendo que ella se ruborizase de momento y que los demás rieran disimuladamente y mirasen hacia otro lado. Lo de aquellos dos, después de la noche del laberinto, era prácticamente un secreto a voces. Y no, aún no habían conseguido concluir el ansiado beso: una vez les interrumpió el estruendoso chillido de Peter mientras unos libros con colmillos hechizados por Lily le perseguían por toda la Sala Común (la pelirroja se excusó diciendo que el chico mascaba chicle demasiado fuerte y le estaba molestando el ruido). En otra ocasión, mientras Estelle estaba en la grada en uno de los entrenamientos del equipo de quidditch de Gryffindor y Remus se acercó a saludarla cariñosamente, fue una bludger de Yasmine la que los interrumpió, y que la chica castaña había dirigido a Sirius por meterse con ella y había acabado persiguiendo al licántropo en lugar de a su víctima inicial. Y hasta Dumbledore los había sorprendido mientras estaban en uno de los bancos de los jardines de Hogwarts durante un descanso, en los escasos paseos que el director del colegio daba por allí últimamente. De ese modo, ambos habían decidido que el ansiado beso llegaría en el momento oportuno, y no iban buscarlo, sino a encontrarlo, con lo cual se habían relajado bastante y se conformaban con manifestar el creciente sentimiento que surgía entre ellos con gestos más sutiles. Ninguno dos sabía que el otro llevaba una semana usando agua fría en sus duchas más a menudo de lo normal.
-Tienes que comer algo, Yasmine, mañana hay partido y tienes que coger fuerzas- Sirius compuso un severo gesto de padre preocupado y miró ceñudo a la chica de ojos castaños, y no le hizo el menor de los casos.
-No tengo hambre.
-¿Quieres que te de la comida yo?- preguntó el joven ahora con una seductora ceja alzada. Yasmine ahogó una carcajada irónica.
-Si quieres que te vomite encima.- contestó ella encogiéndose de hombros.
-Que encantadora- Sirius compuso una elegante mueca de asco acompañada de una sonrisa divertida.
-Siempre lo soy- replicó la chica sacándole la lengua. Después se levantó y se desperezó mientras bostezaba- me voy a dormir.- ese era el único momento del día en el que Sirius y ella podían separarse, según las normas impuestas por Estelle y Remus, pero él se levantó con ella y se dispuso a acompañarla.
-Yo también estoy cansado- se excusó. Guiñó un ojo pícaro y los demás pusieron la mirada en blanco. Esos dos eran otros a los que se les veía el plumero a leguas y eran tan cabezotas que no estaban dispuestos a admitirlo por nada del mundo. El camino lo hicieron en silencio, solo se cruzaron con unos pocos alumnos rezagados y Sirius tiró de Yasmine a tiempo en uno de los pasillos para tomar un atajo y esquivar a Peeves, que estaba lanzando bombas fétidas a diestro y siniestro a cualquiera que se encontraba a su paso. Yasmine rió aliviada y apenas susurró un "por muy poco" cuando sin darse cuenta habían llegado al pasillo del retrato de la Dama Gorda, que estaba completamente vacío.
Una vez que atravesaran en cuadro, cada uno se iría a su dormitorio hasta el día siguiente, como cada noche desde el domingo después del laberinto. Y como cada noche, Sirius mudó el semblante y la apresó contra la pared, apretando su cuerpo contra el de la joven. Yasmine ahogó un suspiro de placer y eliminó por completo el diminuto espacio que quedaba entre sus labios y los del animago, y ambos se fundieron en un beso tan apasionado como el primero que se habían dado la primera noche que se habían quedado solos en aquel mismo lugar. Yasmine se perdía en el aroma del cuello de la camisa del chico y él se embriagaba con el dulce olor a vainilla y almendra de ella, y como siempre, cuando estaban a punto de olvidar que estaban en mitad de un pasillo vacío del abarrotado castillo, ella los interrumpía.
-Ejem ejem- la Dama Gorda los observaba como si aquello ya hubiese pasado de ser una broma muy pesada a una de muy mal gusto- me da igual lo que hagáis siempre y cuando no me deis el espectáculo, es la última vez que os lo repito si no queréis que se lo diga a la jefa de la casa- y esta vez parecía hablar en serio, puesto que había puesto un pie ya casi en el cuadro más cercano.
-¡Espera, espera!- Sirius se separó perezosamente de Yasmine, que suspiraba igual que cada noche después aquellos lapsus en los que se paraba el tiempo- no volverá a pasar.- prometió el animago poniendo su mejor cara de niño bueno. La Dama Gorda parpadeó un par de veces y evaluó la sinceridad del chico, después dijo con voz muy aguda y con gran desdén:
-¿La contraseña?
-Gryffindor campeón- fue Yasmine la que contestó con cansancio, precediendo a Sirius en su entrada a la Sala Común. El chico lanzó un beso de agradecimiento a la mujer del cuadro, y ella sonrió coqueta justo en el momento en el que él ya no podía verlo. Entraron en silencio y vieron a unos cuantos chicos de quinto estudiando en las mesas. Yasmine se dirigió al hueco que la llevaba al cuarto de las chicas, intentando mirar lo menos posible a Sirius, ya que si no no sabría responder de sus actos aunque hubiese testigos delante. Su corazón seguía desbocado, pero ahora la tristeza que la embargaba cada noche en sus despedidas hacia mella en él.
-¿No quieres venir conmigo?- oyó preguntar a Sirius, pero su voz ya sonaba muy lejana.
-Sabes que no es buena idea- respondió ella sin darse la vuelta pero parándose en seco. Él se acercó por detrás y le agarró la cintura con suavidad pero con contundencia, haciendo que ella reprimiese otro suspiro de placer, y acercando sus labios al oído de ella mientras vigilaba que el resto de presentes no les prestase demasiada atención.
- Sé que sentimos lo mismo- aquella afirmación terminó de derribar sus defensas y antes de que Sirius pudiera añadir nada más, se desasió lo más suavemente que pudo del agarre y se perdió por el pasadizo, dejando al merodeador solo y maldiciendo sus ganas de seguir lo que habían dejado atrás, en el pasillo.
…
A muchos kilómetros de allí, en una casita abandonada cerca de la costa del sur de Inglaterra, el viento azotaba los tablones que cubrían las pequeñas ventanas de la vivienda con violencia mientras en el interior brillaba un débil luz blanquecina. Sin embargo, dentro, no se escuchaba ni el más leve murmullo de viento y mucho menos el repiqueteo de las maderas contra los enjutos cristales. Voldemort sujetaba en sus manos un guardapelo de oro con una S inscrita en su portada, y jugaba con él dándole vueltas en sus largos y blanquecinos dedos mientras miraba con expresión pensativa el objeto que había pertenecido a su antepasado, Salazar Slytherin.
-¿Qué sabemos sobre la chica? ¿Lo hará?- su voz fue un agudo susurro lleno de impaciencia, e hizo estremecer a dos de las figuras encapuchadas que lo acompañaban en estancia. La única que no tembló fue la primera en hablar.
-Por el bien que le trae, lo hará- constató la voz pausada de Severus Snape, intentando mantener la calma que sus compañeros no conservaban ante el tono de su amo.
-No me fío de los cachorritos de Dumbledore- gruñó la voz chillona de Bellatrix Lestrange- los tiene muy bien amaestrados.
-También los tiene muy bien curtidos en ese estúpido arte del amor que tanto le gusta. El… amor de esa joven por sus seres queridos será su propia perdición.- la risa de Voldemort fue fría y cruel, como si le hiciese mucha gracia pensar que ese sentimiento que tanto le gustaba a Dumbledore valiese para algo. Después se volvió hacia las dos figuras más altas y los señaló con un dedo blanco y alargado- Vosotros, seréis los encargados de que si ella decide tomar el estúpido riesgo de buscar ayuda, y mi plan b falla, venga igualmente a mi, con Potter… usando la fuerza que sea necesaria- Severus asintió quedamente y un poco más tarde, tras un estremecimiento, lo hizo el rostro encapuchado de Regulus. Ninguno de los dos estaba al tanto de cual era el plan B de su amo, pero sabían por descontado que jamás les sería revelado, y en ese mismo instante fueron conscientes de lo suicida que era el plan de Yasmine… el señor tenebroso siempre lo tenía todo bajo control.
-¿Tan importante es ese Potter… mi señor?- la voz de Bellatrix sonó aduladora y suave, aunque no pudo enmascarar la curiosidad que sentía por el interés que su amo mostraba por el joven gryffindor.
-Su sangre…- susurró casi más para él que para sus vasallos, y alzó la mano apretando el guardapelo, en un gesto protector instintivo- nacido en el valle de Godric, tras un largo linaje de magos pertenecientes a Gryffindor, si no es él, al menos valdrá para lo que necesito hacer- y, tal vez pensando que había hablado demasiado, guardó el guardapelo en uno de los bolsillos de su negra túnica y se volvió violentamente hacia sus mortífagos- ¡volved a Hogwarts!- bramó con ira- ¡todo debe salir perfecto! Queda muy poco tiempo.
No necesitaron oír nada más, las tres figuras se arrodillaron levemente y con un rápido chasquido se desaparecieron de la triste y enjuta cabaña, dejando solo a Voldemor con sus cavilaciones… y es que qué mejor asesinato que el del león más antiguo de Gryffindor, para crear el Horrocrux que ahora estaba guardado en su bolsillo y que pertenecía también a su antepasado, el fundador de la casa rival por excelencia, Slytherin…
…
El viento silbaba con fuerza dañándoles los oídos, a pesar de las gruesas orejeras que llevaban puestas, y los miembros del equipo de Gryffindor apenas podían oír las órdenes que James, su capitán, no paraba de gritarles. Tampoco ayudaba que las violentas ráfagas de aire los desestabilizasen de sus escobas continuamente, y que los golpeadores estuvieran teniendo serios problemas a la hora de blandir con fuerza sus bates para alejar a las bludgers de sus compañeros y orientarlas en la dirección correcta. Ni siquiera eran capaces de oír los comentarios que Jordan emitía (no estaban seguros de que nadie pudiese oírlos realmente) por lo que no podían intuir siquiera que era lo que hacían los miembros del otro equipo, que parecían disfrutar de un vuelo mucho más estable que los rojidorados. Yasmine se retiró la larga trenza en la que se había recogido el pelo de la cara y haciéndole una seña a Peter, el otro bateador, le indicó que ella protegería a su hermana y a James, que estaban más cerca, y que él se encargase de Remus y Sirius. Lanzó con fuerza una bludger a uno de los cazadores de Hufflepuff y bufó con cansancio cuando vio como el viento la desplazaba de vuelta hacia los jugadores de su equipo, de modo que decidió que lo único inteligente que podría hacer dadas las circunstancias era proteger a sus compañeros de los continuos ataques. Estaba siendo un partido lento, largo, y además infructuoso. Los tres cazadores de gryffindor habían conseguido poner por delante el marcador, pero les parecía que habían pasado siglos desde el inicio del partido cuando tan solo iban 40-10 a favor de Gryffindor, y el único tanto que Hufflepuff había marcado se debía a que justo y cuando Martha se lanzaba contra la quaffle para evitar que entrase por el aro principal, el viento cambió su posición bruscamente de sitio dando lugar al primer tanto de la casa de los tejones. Al menos eso era lo que parecía a simple vista, pero al cabo de un rato, lo cierto es que los jugadores de gryffindor comenzaron a volar de una forma bastante diferente a la gracilidad y agilidad a la que tenían acostumbrada a su afición.
-¡No es el viento!- bramó James enfurecido a Sirius y Remus, acercándose a ellos. Vieron como en el otro extremo del campo, Yasmine iba a golpear una bludger, y en el último momento su escoba describía un extraño giro que para un ojo que no fuese experto en el arte del vuelo, habría pasado por un golpe de viento mal afortunado. La joven perdió la bludger, que casi la hubiese golpeado si Peter no hubiese corrido en su ayuda, y lanzó una significativa mirada a los tres chicos.- ¡nos están hechizando!- rugió con rabia el chico de gafas intentando adivinar frenéticamente de donde podía venir el sortilegio.
Michelle tenía órdenes expresas de no atrapar la dorada snitch hasta que el marcador no fuese por encima de 100 puntos a favor de Gryffindor, de modo que se encargaba de intentar mantenerla controlada y despistar a la buscadora de Hufflepuff, una chica de tercero que se llamaba Hestia Jones, y que sabía que a Gryffindor no le convenía ganar antes tiempo, por lo que no prestaba demasiada atención a las fintas de la rubia buscadora de la casa de los leones a sabiendas de que podían ser pistas falsas. Eso, sumado a que las bludgers no paraban de perseguirla y a los extraños giros que hacía su escoba y que no tenían nada que ver con el viento, hacían bastante complicada la tarea que James le había encomendado. Pero James no era el único que había percibido los movimientos erráticos de las escobas de Gryffindor. Lily se encogía de ira y preocupación en su asiento mientras intentaba buscar con la mirada a los causantes de aquella locura. No tenía ni idea de Quidditch, pero sabía que si el viento soplaba en una dirección, no era muy normal que sus compañeros giraran bruscamente hacia otra con cara de no saber que había pasado.
-¿Qué está pasando?- Estelle se llevó una mano a la boca horrorizada mientras veía como Remus era golpeado con una bludger perfectamente redirigida por uno de los golpeadores del equipo contrario. El joven de ojos dorados, justo y cuando iba a esquivarla ágilmente, había girado misteriosamente dirigiéndose de lleno hacía el recorrido de la violenta pelota, y James apenas había podido sujetarlo con suerte para que no se precipitara al vacío. Por fin, Lily contuvo un rugido y agarró a Estelle de la manga de la blusa.
-¡Allí!- señaló a una de las gradas que había enfrente del campo- ¡y allí!- señaló también a la de al lado.- Mulciber, Avery… no sé si habrá alguien más, tenemos que impedir que continúen con esto.- Estelle entrecerró sus ojos azul cielo aguzando la vista y pudo ver a los dos slytherins que Lily había nombrado con la mirada pasando de uno a otro de sus compañeros, recitando un maleficio en voz baja.- yo me encargo de Avery- Lily se levantó a la velocidad del rayo, y Estelle la imitó, sin dejar de observar angustiada como las escobas de sus amigos hacían movimientos cada vez más raros.
-¡ O están gastándonos una broma pesada, o estos chicos están siendo maldecidos!- se oyó bromear a Jordan entre el rugido del viento, y por el tono de su voz parecía inclinarse más hacia la segunda opción- ¡40-20 para Gryffindor! ¡Martha falla otro tanto por culpa del viento!- añadió entre esperanzado por el tanto de su equipo y confuso porque los miembros del equipo de gryffindor no se caracterizaban precisamente por volar tan mal.
Las gradas de Slytherin y Ravenclaw rugían de felicidad, al igual que las Hufflepuff, aunque todos parecían bastante sorprendidos con el espectáculo que estaba dando el equipo de la casa de los leones. Las gradas teñidas de rojo y dorado estaban estupefactas y en silencio. Lily corrió a toda prisa para llegar hasta al lugar donde se encontraba Avery, y se plantó delante suya sin ninguna ceremonia, alzó la varita y obstruyó la visión del campo de juego justo y cuando éste casi hacía caer a una abrumada Michelle de la escoba.
-¡Sucia serpiente, detente o te juro que …!- el chico se levantó con brusquedad de la silla y se encaró a la joven.
-¿Qué me harás asquerosa sangre sucia?- gritó agarrándola del cuelo. Los alumnos que los rodeaban, ahogaron grititos de susto, pero no se movieron, puesto que la mayoría eran de su casa y estaban de parte del chico. La joven golpeó con rudeza el brazo del chico desasiéndose, y apuntó con su varita a su cuello.
-Seré yo quien te maldiga- gruñó la pelirroja, y del extremo de su varita comenzaron a salir chispas rojas que quemaron la solapa de la túnica de Avery. El chico gruñó con ira y volvió a levantarle la mano a la gryffindor, pero antes de que llegara a golpearla, dos chasquidos resonaron de repente y Avery salió volando, estampándose contra los asientos de los alumnos que había detrás suya. Lily se volvió blanca como la cera y se encontró a un Severus Snape lívido, y jadeante, con los pequeños ojos negros y penetrantes fijos en ella. Fue solo una fracción de segundo, en el que los ojos verdes de ella intentaron enviarle una gratitud y un cariño que parecía enterrado hacía mucho tiempo, y que Snape pareció recibir con tristeza. Después, bajo la atónita mirada de los slytherin, el joven de pelo grasiento se dio la vuelta con una mueca de desdén y desapareció de allí. Lily jadeó como si acabase de realizar un arduo ejercicio y al darse la vuelta para marcharse, el mundo se detuvo: en la grada de al lado, Estelle dibujaba un arco perfecto elevada en el aire, quedando suspendida durante unas décimas de segundo, antes de comenzar a caer a una velocidad extrañamente lenta hacia el verde terreno del campo de quidditch. Todo el estadio contuvo el aliento mientras la pelirroja caía al vacío hasta que…
…
Retrocediendo en el tiempo unos minutos, Estelle había conseguido llegar con relativa rapidez a la grada donde Mulciber recitaba extraños conjuros para desestabilizar las escobas de los gryffindor.
-¡Basta! – gritó resoplando por el esfuerzo de la carrera e interponiéndose entre el slytherin y el campo como Lily había hecho con Avery. Mulciber alzó las cejas con sorpresa pero rápidamente se llevó las manos al bolsillo de la túnica y sacó su varita, apuntando al pecho de la pelirroja, que no había conseguido sacar aún la suya del bolsillo del pantalón cuando un humo negro comenzó a envolverla, para después golpearla con fuerza y lanzarla dos metros a sus espaldas, donde ya no había suelo firme. Dibujó un extraño arco en el aire, y comenzó a precipitarse al vacío sin remedio alguno. Ya cerraba los ojos pensando en el dolor que sentiría cuando se golpease contra el suelo cuando algo tiró de ella, agarrándola fuertemente de la cintura y sujetándola con firmeza. Remus había aparecido a su lado rápidamente, y esquivando una bludger, consiguió asir a la chica y subirla a la escoba.
-¡Agárrate bien!- le gritó Remus, que se dio la vuelta siguiendo a la bludger por el sitio que habían venido.
-¡Remus!¡¿Qué haces?!- pero el chico ya había localizado a Yasmine, con el semblante atípicamente pálido, y ella a él, de modo que cuando estuvieron a poca distancia, la castaña le lanzó el bate al licántropo, que sin dudarlo un segundo, golpeó la bludger con fuerza contra Mulciber, quien, desprevenido y jactándose de su hazaña, había dado espalda al campo, de modo que la pelota lo golpeó y lo estampó contra el muro de la grada, dejándolo inconsciente y tumbándolo boca abajo.
-¡ESTO ES INAHUDITO!- bramó la pequeña Ada Millow llegando con su escoba a la altura de Remus, que aún cargaba a Estelle- ¡MALDITO COBARDE!- gritó señalando la espalda de Mulciber, que aún no se había recuperado del golpe- ¡ATACAR ASÍ A UNA NIÑA INDEFENSA! SEÑOR LUPIN, BAJE A LA SEÑORITA SIMONS A TIERRA FIRME Y VUELVA A SUBIR AHORA MISMO, EL PARTIDO DEBE CONTINUAR- gritó con severidad. Remus obedeció a la profesora y bajó a Estelle al suelo del campo, cubierto de hierba verde brillante. Ella se apeó rápidamente de la escoba y le cogió la cara con ambas manos.
-Remus, ve ahí arriba y gana este maldito partido- y sin añadir nada más, lo besó fugazmente en los labios y salió corriendo de allí. El licántropo vaciló unos segundos, en los que anonadado, se acarició la zona donde Estelle le había besado, y dio una fuerte patada en el suelo, elevándose con una energía más que renovada. Por su parte, James había localizado a Lily en la grada de los slytherins y no había dudado un segundo en volar hacia ella.
-¡Todo arreglado!- oyó que le gritaba la pelirroja- ¡Vamos James, tenéis que ganar!- le apremió ella. El chico de gafas giró sobre sí mismo, con la cara iluminada por los ánimos de su pelirroja favorita, y se dispuso a obedecer raudo y veloz su orden.
El resto del partido, fue coser y cantar. Bien porque las escobas de los gryffindor ya no hacían movimientos extraños, o tal vez por los ánimos revividos de sus jugadores debido a la rabia que les había embargado el hecho de que los slytherins estuvieran haciendo trampas para que perdiesen, de hecho el final del encuentro se pareció bastante a su último y exitoso enfrentamiento contra la casa de las serpientes.
Hasta Michelle, que ya no perdió de vista la snitch ni un minuto, dio un margen de 200 puntos de ventaja al equipo antes de atrapar majestuosamente la pequeña pelota dorada tras un triple giro mortal en el aire, que hizo que acabara derrapando con la escoba en el suelo pero derrochando alegría por todos los poros de su piel.
-¡CAMPEONES! ¡SOMOS CAMPEONES!- vociferó James aterrizando junto a la hermana de Yasmine y abrazándola efusivamente. Abrazo al que de momento se unió el resto equipo, y entre todos alzaron a la chica de pelo rubio oscuro y rizado en volandas y se dirigieron como si fueran un solo ser al vestuario dando saltos de alegría.
-¡GANAMOS! ¡GANAMOS!- chillaron Estelle y hasta Lily henchidas de orgullo y felicidad mientras se apresuraban a bajar al campo para encontrarse con sus compañeros.
…
Cuando Yasmine regresó a la Sala Común de Gryffindor a última hora de la tarde, con un par de botellas de whisky de fuego en la mano, los vítores fueron aún más estruendosos que nada más empezar la fiesta después del partido. La copa dorada con el año y el nombre de la casa, y de los jugadores que habían conseguido aquella hazaña inscrito en su pie, seguía flotando en mitad de la estancia gracias a un potente hechizo que James había hecho al llegar. La joven de pelo castaño empezó a repartir el whisky en la boca de todo el que se le acercaba, siendo cuidadosa de guardar lo suficiente para sus amigos. Se acercó al grupo, en el que Remus, Sirius y James cantaban alegremente una canción que se iban inventando sobre la marcha sobre los defectos de los jugadores de otras casas (siendo especialmente sangrantes con los slytherin y con Adrien Wilkinson), y tal era la euforia generalizada que ni siquiera a Lily parecía molestarle que lo hicieran. De hecho, la pelirroja presumía de una sonrisa floja que para nada era usual en ella.
-¡Tú has bebido!- chilló Yasmine llevándose una mano a la boca de la sorpresa. Estelle soltó un intento de carcajada y después no paró de reír en un rato mientras observaba a sus amigas. De vez en cuando la oían murmurar: "y encima han expulsado a Mulciber, día redondo" y reía aún más fuerte.
-Sólo ha sido una cerveza de mantequilla- la tranquilizó Lily con los ojos verdes brillantes.
-Vaya, yo que a ti te había traído una botellita de hidromiel sin alcohol para que brindaras con nosotros- Yasmine no pudo evitar alegrarse por la falta de inhibición de Lily esa noche, ya que le facilitaría mucho poder llevar a cabo su plan, pero una parte de ella se sentía terriblemente culpable y preocupada por el hecho de que tal vez la bebida no sentase bien a la siempre serena Lily.
-¡No seas abuela y dame un poco de eso!- Lily hizo un gesto de impaciencia y Yasmine, titubeante, le dio un trago de whisky de fuego a la pelirroja, que lo engulló como si fuese agua.
-¡Yo también quiero!- Estelle no podía parar de reír y apenas se le veían los ojos, que tenía achinados. Yasmine repitió la misma operación que con Lily sintiéndose incluso peor. James quiso acompañar a Lily y Estelle y de momento Remus y Peter se unieron, pero cuando llegó el turno de Sirius, éste lo rechazó y le lanzó una mirada que la atravesó de parte a parte.
-Tú y yo tenemos que hablar- y sin más preámbulos, la agarró de una muñeca, y la arrastró hasta el hueco que llevaba al pasadizo de la habitación de los chicos. De allí tuvo que echar sin muchos miramientos al bateador Peter y a la guardiana Martha Valec, que parecían muy acaramelados, pero no se lo tomaron a mal porque le cogieron una de la botellas de whisky a Yasmine y siguieron repartiéndola por los alumnos que quedaban en la Sala Común.
Sirius ni siquiera habló, la agarró con fuerza de la nuca con una mano y de la cintura con la otra y la ferocidad con la que la había mirado segundos antes se transformó en un torrente de pasión salvaje que redirigió a la muchacha en forma de beso interminable. A Yasmine le pareció que habían pasado horas hasta que el chico se separó de ella, jadeando de placer.
-Ven conmigo- casi suplicó Sirius mordiéndole el cuello, e intentando arrastrarla escaleras arriba. Yasmine se quedó parada, sin saber que hacer, pero su estatismo fue interpretado por el merodeador de otra manera- no ahora, no solo para esto- aclaró pensando que la joven creía que era tan solo un calentón repentino.- quiero que estemos juntos, juntos de verdad- dijo con un hilo de voz que no era para nada propio de él, habitualmente burlón y siempre seguro de si mismo.
Yasmine alzó una mirada castaña vidriosa, y le sorprendió ver como las pálidas mejillas del chico adquirían un rubor rosado. Sirius Black estaba desnudándose emocionalmente ante ella, y ella solo podía pensar en como hacerle beber un trago del whisky de fuego. Parpadeó un par de veces para quitar la humedad de sus ojos, y dejó que su parte racional expulsara a sus sentimientos de su cerebro de una vez por todas. Convenciéndose de que lo hacía por el propio bien del joven de ojos grises, alzó la botella de whisky de fuego ante ellos y se aproximó seductoramente al chico, que la observaba con avidez.
- Entonces hay que celebrarlo- ronroneó ella alzando la botella hacia la boca de Sirius. Éste, pletórico, se dejó hacer, y bebió con ganas el trago que Yasmine le ofrecía. Ella dejó caer la botella vacía y de un ágil salto se encaramó al animago, que la recogió con fuerza y siguió el camino hacia su habitación, sin dejar de besarla por todas partes.
Minutos después, Yasmine estaba sentada a horcajadas sobre el merodeador, que se había quedado repentinamente dormido sobre su cama, y recogió su jersey a toda prisa de la otra punta de la habitación, donde había acabado relegado tras el ímpetu inicial.
-¡Accio capa de invisibilidad de James!- susurró la chica, que no podía dejar de temblar con lágrimas en los ojos. De momento, la capa acudió a sus manos y ella sintió el fluido material resbalar por sus dedos. Lanzando una última mirada de disculpa y arrepentimiento al chico, que ahora yacía en su cama dormido, con el semblante en paz y relajado, se echó la capa por encima y bajó a la Sala Común.
Allí, muy pocos quedaban en pie, la mayoría de sus compañeros dormían plácidamente ajenos a cualquier peligro. Vio a Estelle y Remus dormidos en el sofá con Peter en medio (al parecer interrumpiendo otro intento de beso de la pareja) y a Lily apaciblemente acurrucada en el regazo de James, probablemente el alcohol al que no estaba acostumbrada había hecho que olvidase momentáneamente su enfado con el chico de gafas. Sintiéndose más miserable que nunca, y oculta de miradas indiscretas bajo la capa, atravesó el retrato de la dama Gorda y se dirigió rauda y veloz a los terrenos de Hogwarts, hacia las lindes del bosque prohibido, donde sin duda hacía ya rato que la esperaban Snape y Regulus.
-Llegas tarde- le espetó secamente Snape cuando ella se hizo visible delante de sus narices.
-Parece que ha estado ocupada- se burló Regulus con la mirada fija en la mancha que Yasmine lucía en el cuello.- ella enrojeció, pero estaba tan nerviosa que no respondió a la provocación del chico.
-¿Cuánto tiempo tenemos?- preguntó a Snape con la voz entrecortada.
-Estarán profundamente dormidos hasta el amanecer- informó el chico de nariz ganchuda, que había sido el que había elaborado el filtro con el que Yasmine había dormido a sus amigos, y a casi toda la casa Gryffindor al completo- y no se acordarán de nada de lo que sucedió antes- añadió ante la preocupada mirada de la chica.
Ella suspiró sin saber si sentirse bien o mal. En otras circunstancias, que Sirius no se acordase de su declaración de intenciones hubiese sido una tortura, pero hasta que todo aquello terminase, parecía ser la opción más razonable, y puesto que sus fuerzas para combatir sus sentimientos por el merodeador habían flaqueado terriblemente durante aquella semana, sabía que olvidar lo que acababa de suceder en el pasillo de los chicos era lo mejor que podía pasarle a los dos. El hecho de que los EXTASIS, y por tanto la noche de graduación en la que disfrutarían de una terrible luna nueva estuviesen cada vez más cerca, hacía que su mente solo quisiera disfrutar de aquello a lo que estaba destinada a renunciar, y solo Merlín sabía lo mucho que le había costado darle el whisky a Sirius en lugar de abandonarse con él aquella noche. Sacudió la cabeza para despejarse y se dirigió a Regulus.
-¿Lo tienes?- le preguntó con nerviosismo. El chico asintió brevemente y con una tenue sonrisa sacó un estuche plateado del bolsillo de su túnica. Lo abrió a la luz de la luna, y enseñó a sus acompañantes un instrumento cilíndrico alargado, con una larga aguja de metal lista para ser enganchada a él en uno de los extremos. Yasmine lo observó admirada. Llevaba una semana viéndolas en dibujos en los libros de medicina muggle, incluso había ido a hurtadillas, en una de las veces que Sirius se duchaba tras el entrenamiento de quidditch, a preguntarle a la profesora que impartía la asignatura de Estudios Muggles como se utilizaban, pero verla ahí, a escasos centímetros, brillando en la oscuridad, la hizo plantearse si todo aquello no era más que una locura y si sabría hacerla funcionar correctamente.
-Debemos marcharnos ya, mientras antes acabemos esto mejor- Snape parecía tan fascinado como ella, pero sus ojos también emitían un desprecio y un asco por el origen no mágico del objeto que Yasmine estaba muy lejos de sentir, puesto que aquel pequeño instrumento podría salvarla de manchar su alma para siempre.
Los tres jóvenes se internaron en el bosque, caminando entre las sombras, buscando con avidez cualquier signo de que un unicornio vagase por las cercanías del colegio. Yasmine había visto muchos a lo largo de aquellos siete años, y Ada le había enseñado los lugares en los que solían salir a pacer por las noches, de modo que encomendándose a sus conocimientos y a su suerte, siguieron a la joven que cada vez se internaba más y más en las profundidades del bosque. Apenas llevaban andando una hora cuando se toparon con un claro en el que había una charca oscura, rodeada de las pequeñas flores blancas con las que una vez (y le parecía que habían pasado siglos), ella misma había calmado el dolor de las heridas de Sirius tras su enfrentamiento con el licántropo en el que Remus se transformaba. Allí, en mitad del claro, había un precioso ejemplar adulto de unicornio que bebía agua de la charca. Su piel blanca refulgía en mitad de la oscuridad, y su cuerno en espiral se alzaba majestuoso sobre su plateada frente, con la base oculta por pelos de la crin. Sin darse cuenta, sus pasos la habían dirigido como hechizados hasta el unicornio. El animal no se movió, y la miró con unos ojos grandes y redondos, negros y penetrantes. Regulus se acercó para darle la jeringuilla ya montada, y ella la tomó con manos temblorosas.
-Bonito…- susurró la joven con los ojos anegados en lágrimas. El unicornio se acercó un paso a ella, pero su mirada era seria e impasible, y parecía casi percibir el dolor de muchacha. Vio un movimiento tras ella, y antes de que pudiese reaccionar, la voz grave de Snape rompió el mágico silencio del claro.
-¡Petrificus totalus!- y un rayo de luz blanco alcanzó al unicornio, que, inmóvil, cayó de lado al suelo.
-¡Tenías que haber esperado!- chilló asustada Yasmine acercándose al animal inmóvil que yacía en el suelo. Parecía tan inerte y rígido como un caballito de madera.
-¿Pensabas pedirle por favor que te dejara sacarle su sangre?- le replicó con ira e impaciencia el moreno aproximándose a Yasmine para ayudarla.- estamos perdiendo un tiempo muy valioso- Regulus llegó tras él, estaba más blanco de lo habitual.
-Vamos, es hora de hacerlo- la animó mientras veía como la jeringuilla temblaba en la mano de Yasmine. Ella suspiró profundamente, intentando serenarse, después, como había leído en libros que describían las partes anatómicas de los unicornios, se dirigió al cuello de la criatura, y notó un pulso fuerte y sincrónico, tranquilo. Miró un segundo a los ojos desorbitados del animal, y, con un gran esfuerzo, atravesó su resplandeciente piel a escasos milímetros del lugar donde se apreciaba ese pálpito. De momento, retiró el émbolo de la jeringuilla y ésta comenzó a llenarse de un líquido espeso, de color plata, que dibujaba remolinos de diferentes tonos irisados dentro de la jeringuilla. Cuando la jeringuilla estuvo llena, la retiró y apretó con el pulgar justo en el lugar del pinchazo, como tantas veces había leído. Snape parecía fascinado y extrañado, dado que para él hubiese sido impensable obtener aquella sangre sin sacrificar al animal, pero, sin decir nada, volcó el contenido de jeringuilla dentro de un frasco de cristal y lo guardó de momento en su túnica.
-El final se acerca- comentó lúgubremente. Se levantó, y cuando vio que los otros dos jóvenes lo imitaban, deshizo el hechizo de inmovilidad que afectaba al unicornio, de modo que éste, recuperado, relinchó con fuerza y salió corriendo estruendosamente de aquel claro.
Yasmine no pudo evitar llorar, viendo como el animal se alejaba despavorido, y ni siquiera la mano tranquilizadora que Regulus le pasó por el hombro pudo consolar ni un poco todo el mal del que ella había sido responsable durante aquel largo sábado de finales de mayo.
