Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


[24]


Bríd Óg Ní Máille (Bridget O`Malley)

Oh, Bridget O`Malley, dejaste mi corazón estremecido
de desesperanza y desolación, quiero que lo sepas.
Maravillado de admiración por tu rostro sereno,
tu belleza me perseguirá dondequiera que vaya.

La Luna blanca sobre el pálido Sol,
y las estrellas de plata sobre el árbol herido,
son fríos comparados don mi amada, pero ella es más pura.
Contemplo la Luna fría.

Hasta las estrellas se hunden en el tibio mar,
y los ojos brillantes de mi amada nunca se posan sobre mí.


—¿Acaso murió alguien y estás velándolo? ¿No ves que hace un día hermoso? —esa misma tarde, Menma entró en la biblioteca y apartó las pesadas cortinas verdes. Un rayo del sol vespertino cayó sobre la cara sombría de su hermano, que estaba sentado junto al fuego.

Menma sonrió.

—Vine a que me enseñes irlandés. Anoche descubrí que podría resultarme necesario.

—¿De qué estás hablando?

—No te imaginas lo que me sucedió anoche en Lord y Taylor... —Menma le relató lo sucedido en pocos minutos. Al terminar, sonrió otra vez.

—¿Y dónde están ahora la muchacha y la criatura? —Preguntó Naruto, como si la sonrisa de Menma no fuese respuesta suficiente.

—Está abajo, con los criados. Le prometí un empleo cuando estuviese recuperada. Supuse que no te molestaría.

—No, no me molesta. —Naruto, ceñudo, vio el vaso vacío y se sirvió—. Me resulta irónico que hayas tomado a una muchacha en problemas bajo tu protección, pues eres del tipo de hombre que suele meterlas en problemas. —Levantó el vaso—. ¿Un trago?

Menma rehusó.

—Naruto, tendrías que ver a esta criatura. Es especial. Es hermosa.

—Estoy seguro de que lo es.

—Ven a verla, y a conocer a Tanahi. Podrías hablarle en su propia lengua: eso la consolará. Sé que está asustada, aunque te aseguro que es una muchacha valiente.

—Cuando termine de beber, bajaré.

Menma observó a su hermano. Hacía dos días que Naruto no se afeitaba, y la camisa arrugada había perdido el almidón hacía rato. Desde la época de la calle Mott no recordaba haber visto a su hermano tan desaliñado.

—Tienes un aspecto espantoso. —Comentó.

—¿Te parece? —Dijo Naruto bebiendo whisky.

—Esto es por lo que yo hice la otra noche, ¿verdad? Te aseguro, Naruto, que Hinata y yo no...

—No importa. —Refunfuñó—. Vete, Menma. No estoy de humor para discutir ese tema.

—¿Qué sucedió?

Naruto guardó silencio.

—Cuéntame.

Naruto bebió un gran trago de ese licor ardiente y se tornó más sombrío aún.

—Sé que tiene que ver con Hinata...

Naruto dijo, marcando las palabras:

—No tendrías que haber estado la otra noche en el dormitorio de mi esposa. Interferiste en nuestro matrimonio y las consecuencias podrían ser graves.

—Según lo entiendo yo, creo que salvé tu matrimonio.

Naruto lo miró. Su expresión manifestaba que, de no haber sido por el vínculo fraterno, la conversación se hubiese tornado violenta.

—Es verdad. —Insistió Menma —. Al fin lo consumaste, ¿no es así? Y ya era tiempo de que lo hicieras.

Las palabras de Naruto fueron lentas y amenazantes.

—Lo consumé porque me impulsó tu estúpido comportamiento, y ahora tengo que mentir para obtener la anulación.

Estupefacto, Menma calló.

En la mandíbula de Naruto se contrajo un músculo, en señal de agitación.

—Nunca quise que este matrimonio perdurase. Nunca quise involucrarme de esta forma. Lo que menos deseo es una esposa de la alta sociedad.

—Ya estás involucrado de modo que, ¿por qué arrojar el matrimonio por la borda?

Naruto exhaló un hondo suspiro.

—Menma, ¿qué harías tú si hubieses decidido vengarte de un grupo de personas y, al hacerlo, hubieses lastimado a alguien por completo inocente? ¿Qué harías?

—Pediría perdón... Ofrecería una reparación... —Examinó la figura hosca de su hermano, prestando especial atención al vaso de whisky que tenía en la mano— ... Me sentiría culpable.

Naruto cerró los ojos, como si se le oprimiese el corazón.

—Descubrí que era cierto: Hinata pensaba asistir al debut de Karin.

—Lo sabía. —Menma meneó la cabeza—. ¿Y qué se lo impidió?

—Pasó tal como ella me lo dijo. El tío le prohibió venir, la encerró en el dormitorio. —Bebió otro trago de whisky—. Todo este tiempo consideré a mi esposa como la encarnación del demonio: la imagen del prejuicio, la opresión y la injusticia, y la castigué por ello. Y sin embargo, al final ella fue la única que se atrevió, la única valiente que los desafió y quiso concurrir al debut de Karin.

—Y si ahora sabes que es una mujer maravillosa, ¿por qué insistes en obtener la anulación? ¿Acaso piensas darle unas palmaditas en la cabeza y decirle: "Lo siento, me equivoqué", y crees que eso lo resolverá todo?

Enfadado, Naruto alzó la voz.

—¿Qué otra cosa puedo hacer? ¿Puedo acaso volver a traicionarla atándola a mí, obligada a quedarse junto a un hombre que odia?

—Tu esposa no te odia. —Respondió Menma en tono sereno.

—Pues eso fue lo que me dijo. —Insistió Naruto.— Me dijo que quería un marido mejor que yo.

—Entonces, lo que alivie tu culpa al mismo tiempo te destrozará el corazón, ¿no es cierto?

Naruto le dirigió una mirada asesina.

Menma suspiró y volvió a agitar la cabeza.

—Urdiste tantos planes y al final, quedaste atrapado en tu propia trampa.

—Y sin embargo, me libraré, no tengas miedo. —Replicó Naruto.

Menma esbozó una sonrisa amarga.

—Parece justicia poética: te enamoraste de tu propia esposa, la única mujer que nunca podrás poseer.

Naruto se levantó y se sirvió otro whisky. Uno doble.

Dos horas más tarde, Naruto seguía bebiendo y también, de pésimo humor. Le había pedido. a Whirtaker que mandase un mensaje a Newport para que alistasen al Colleen, pensando que una larga travesía podría serenarlo; luego se volvió taciturno y se encerró en la sala. Volvió a beber y tocó "Bridget O'Malley" en el piano Como si alguna de esas cosas pudiese aliviarle la melancolía.

A las cuatro en punto, Whirtaker golpeó a la puerta de la sala y entró con una bandeja de oro. Naruto gruñó:

—Déjame en paz. — El mayordomo no le hizo caso. Se acercó al amo y le tendió la bandeja.

A Naruto le bastó echar un vistazo a la tarjeta para saber de quién era.

—¿Está él aquí? —Preguntó a Whittaker: la cólera ocupó el lugar de la melancolía.

—Sí, señor. Creo que esta vez usted querrá hablarle. Le envió una nota a la señora Uzumaki. —Con la mano enguantada de blanco, el mayordomo dio vuelta la tarjeta de Kiba. Había escrito: "Quiero verte".

Naruto se puso de pie, controlado pese a lo mucho que había bebido.

—Hazlo pasar aquí.

—Muy bien, señor. —Dijo Whittaker.

El mayordomo condujo rápidamente a Kiba Inuzuka a la sala y salió, cerrando la puerta.

Al quedarse solo con el antiguo pretendiente de su esposa, Naruto lo observó como a un rival en el campo de juego.

—¿Acaso Hinata no está en casa? Uzumaki, discúlpeme la falta de cortesía, pero vine a visitarla a ella, no a usted. — Kiba apretó los labios, en clara demostración de sorpresa y disgusto.

Con calma, Naruto bebió un sorbo de whisky, la cólera bullía en su interior como el vapor en una locomotora.

—Inuzuka, ¿qué derecho se arroga de visitar a mi esposa como si fuese una joven soltera que acaba de salir de los brazos de la madre?

Kiba hizo una mueca.

—Bienvenido a la sociedad, Uzumaki. Creo que en Nueva York no ocurre como en Irlanda, donde una chica se casa con un irlandés, queda atrapada con una docena de hijos y nunca se vuelve a oír hablar de ella.

—Inuzuka, usted nunca tendrá a mi esposa.

—¿No? — Kiba alzó una ceja oscura —. Mei Astor no piensa lo mismo. De hecho, oí rumores de que se avecina una anulación.

Naruto habló con serenidad.

—¿De dónde saca que sea posible una anulación?

El odio brilló en los fríos ojos de Kiba como astillas de cristal.

—El matrimonio de usted con Hinata no es otra cosa que una farsa. Cualquiera puede darse cuenta. La misma Hinata lo admite.

Naruto le dirigió una sonrisa maliciosa.

—Soy el marido de Hinata ante los ojos de Dios y ante la ley. Lo que suceda o no en la cámara nupcial es asunto que sólo nos concierne a nosotros. Pásele el mensaje a esa bruja de la calle Treinta y Cuatro.

Furioso, Kiba se aferró de la mínima brizna.

—Si no es posible la anulación, se podrá obtener el divorcio... Sacaré a Hinata de este embrollo, y no me importa lo que haya que hacer o decir.

—¿Y por qué se preocupa tanto por mi esposa? — Le espetó Naruto —. ¿Acaso no hay otras jovencitas entre los Cuatrocientos a las cuales dedicar sus instintos corruptores?

El tono de Kiba destiló veneno.

—Mei Astor y yo nos consideramos misioneros. Hinata es una muchacha de buena cuna, una joya que no tendría que desperdiciar su vida con un tipo como usted. Tenemos el deber de rescatarla de su sucio dinero y de sus sucias manos irlandesas.

Naruto dejó el vaso sobre el piano con un golpe.

—Vaya y dígale a su promotora que Hinata Uzumaki es una causa perdida. He puesto mis "sucias manos irlandesas" sobre ella y no pienso sacarlas.

—Hinata no lo ama. Sólo quiere algo de usted y, cuando lo consiga, le aseguro que lo dejará. Después de todo, es una muchacha decente.

Naruto sintió ese último comentario como un golpe. Mas se recuperó con rapidez.

—¿Quiere decir que ninguna muchacha decente se casaría conmigo? —Hizo una pausa para que Kiba se debatiese. Y luego, lanzó la estocada—. Déjeme decirle algo, viejo. Quizás Hinata tenga algunas quejas con respecto a mí. Pero le aseguro que hay un lugar donde no tiene quejas: y ese lugar es el dormitorio.

El control de Kiba se quebró. Se acercó a Naruto, y con todo el impulso, le asestó un puñetazo. Naruto lo esquivó, bien entrenado desde la época en que andaba por la calle, y luego envió a Kiba de un golpe hasta la cómoda Luis xv.

La nariz de Kiba comenzó a sangrar y el joven miró aturdido alrededor. Ésa fue la señal para que Naruto llamase a los criados. Los hombres de librea verde y negra llegaron y cargaron a Kiba con toda discreción en el coche, mientras el patrón les daba precisas instrucciones con respecto al sitio donde tenían que llevarlo.

Al terminar el paseo por el parque y despedirse del duque, Hinata subió al dormitorio a cambiarse para la cena. Todavía no había visto al esposo y, cuanto más tiempo transcurría, más aumentaba el temor de enfrentarse con él. Llegó a la recámara sin novedades. Natsu aún no había llegado y Hinata se alegró de estar sola unos momentos para prepararse para la noche, pues sabía que sería difícil.

Arrojó sobre la cama los guantes de cuero sin mirar, entonces le llamó la atención la tarjeta sobre el cubrecama de satén que parecía haber sido arrojada con enfado. La tomó con mano temblorosa y vio que era de Kiba. Miró el reverso y palideció al leer el mensaje manuscrito.

Cruzando las palabras de Kiba: "Quiero verte", escrito con trazo firme, audaz y autoritario, decía: "¿Debo decirte las palabras de Bridget O`Malley?"

La tarjeta cayó sobre la cama.

Naruto había vuelto a demostrar que estaba celoso: la ironía de la situación le provocó a Hinata deseos de llorar. En otro tiempo creyó que era indispensable que un hombre estuviese enamorado para sentir celos, ahora sabía que también se podían sentir celos por una posesión. No era necesario que hubiese amor. La otra noche había sido una prueba de ello. Quizá Naruto no la quisiera; de cualquier modo mientras Hinata fuese de su propiedad sería capaz de matar antes que permitir que otro la poseyera.

Rozó el borde dorado de la tarjeta. Naruto era un hombre astuto, pero la joven comenzaba a comprender sus manipulaciones. Algo quería decir con esas palabras sobre la tarjeta de Kiba y sin duda sería su modo de lastimarla.

—¿Señora Uzumaki?

Hinata miró hacia atrás y vio a Natsu con una especie de bulto envuelto en franela entre los brazos y una enorme sonrisa.

—Oh, señora Uzumaki, quería mostrársela. Tanahi me dejó traer a la niñita. ¿Vio alguna vez una criatura más adorable?

Hinata se acercó. Envuelta en la mantilla rosada, había una niña recién nacida. Las facciones de la criatura eran perfectas, la cabecita sombreada por una pelusa negra.

—¡Oh! — Murmuró Hinata, y rozó la diminuta barbilla.

La niña hizo un gesto y las dos mujeres rieron.

Natsu se la tendió.

—¿Le gustaría tenerla, señora Uzumaki? Nunca tuvimos un niñito para cuidar, ¿no es cierto? Me pregunto si alguna vez Tokuma y yo... ¡Bueno, basta de quejas! Tenga a la criatura. Sabía que le gustaría.

Hinata se sonrojó de excitación. Casi no podía recordar la última vez que había tenido un niñito en brazos. Cuando sostuvo a la niña, tan tibia, suave y frágil, el corazón se le oprimió de amor y de deseos de protegerla.

—¿Cuándo llegó? No recuerdo que ninguna de las criadas estuviese por tener un hijo — Dijo.

—El señor Menma encontró a la muchacha. La madre, Tanahi O'Roarke, quedó encerrada con él en un ascensor. El señor Menma hizo de partero.

—¡No puedo creerlo!

—Oh, es cierto, señora Uzumaki. Y el señor Menma está enloquecido con la criatura, ¡no se imagina...! No sabe qué más hacer por ella... o por la madre. La trajo aquí y le prometió empleo para cuando se recupere.

—Siempre supe que Menma tenía buen corazón. Lo vi en sus ojos. Tiene una mirada cálida y afectuosa.

—Sí, señora Uzumaki. —Natsu acarició la cabecita oscura de la niña—. Bueno, será mejor que lleve a la criatura de vuelta abajo.

—Iré contigo. Me encantaría conocer a la madre. Y quiero tenerla un poco más. —Hinata sonrió a la niñita—. ¿Cómo se llama?

—Siobhan. — Musitó Natsu.

—Qué bello nombre. Bueno, pequeña Shivhan, vamos a llevarte de vuelta con tu mamá.

Natsu abrió la puerta que daba a las habitaciones de los criados y bajaron la escalera.

A través de un laberinto de corredores y de varias habitaciones de la servidumbre, llegaron al cuarto de la flamante madre y oyeron una voz vibrante que salía de allí.

—En pocos días, cuando estés más fuerte, podrás levantarte. Hasta entonces, mientras el médico no te dé permiso, te quedarás acostada.

Hinata y Natsu entraron en la habitación en el mismo momento en que Menma alzaba a una joven con camisón blanco de algodón y la apoyaba con delicadeza sobre la cama.

—Tendría que estar trabajando. —Dijo la muchacha, el rostro pálido luego del alumbramiento, mirando con aire cauteloso alrededor: era evidente que desconfiaba de su buena suerte.

—No, Menma tiene razón. — Intervino Hinata —. No puedes pensar siquiera en trabajar mientras tengas que cuidar a tu preciosa hijita. —sonrió al bulto que llevaba en los brazos. Shivhan se había quedado dormida.

Tanahi contempló a Hinata con expresión reverente. Por el atuendo, era obvio que se trataba de la señora de la casa. Al parecer, Tanahi no podía creer que se preocupase por una insignificancia como ella.

Menma las presentó diciendo:

—Eso le decía yo, Hinata. Esta cabeza dura no quiere quedarse en cama. —miró a Tanahi, y la muchacha arriesgó una mirada en respuesta: "de inmediato".

Hinata detectó el lazo intangible que había entre los dos. Si no conociera a Menma, podría jurar que estaba bastante impresionado con la muchacha a la que había salvado de una vida penosa en las calles. Y le pareció que la mirada tímida y sonriente de Tanahi desbordaba de adoración por el héroe. Y quizá de algo más.

Menma hizo un gesto hacia Hinata.

—Señora Uzumaki, debo decir que te ves bien con un niño en los brazos. Naruto debería verte.

Hinata palideció y, al mismo tiempo, se sonrojó... si eso fuese posible. El comentario de Menma la asustó. La posibilidad de un hijo estaba fuera del reino de la relación con Naruto y sin embargo, considerando lo ocurrido aquella noche, era una perspectiva más real de lo que Hinata se atrevía a imaginar.

La niña la salvó de tener que responder. Shivhan, sobresaltada, se despertó llorando y Hinata volvió la atención a la niñita. La meció.

—Creo que es la hora de cenar. —Dijo en voz suave.

Tanahi le tendió los brazos para tomarla; antes de que Hinata pudiese dársela se oyó en el pasillo una voz que hablaba en irlandés.

Ahí estaba Naruto, con un bastón nuevo de madera de endrino irlandés. Acababa de bañarse. Aún tenía el cabello húmedo, alisado hacia atrás con aceite de Macassar, recién afeitado, con un chaleco de color escarlata y un cuello blanco nuevo.

Otra vez le dijo algo a Tanahi en gaélico.

La muchacha se puso nerviosa y volvió la mirada asustada hacia Menma.

Naruto rió.

—¿Tienes que asustarla? Acaba de dar a luz. —Hinata no supo de dónde había sacado el valor para decirlo, más aún al encontrarse con la mirada de Naruto en la que se reflejaba toda la pasión, la culpa y la furia que habían derramado uno sobre otro la noche pasada.

Contempló el cuadro de la esposa con la criatura en brazos. Por las facciones de Naruto pasó una expresión aprobatoria, luego de preocupación, y al fin, de cólera... en ese orden.

—Sólo le pregunté a la muchacha si era una princesa celta. Así parece, a juzgar por la corte que reunió aquí.

Hinata comprendió que había estado bebiendo. No parecía ebrio aunque en los ojos del hombre se veía cierto brillo poco común.

Percibiendo la tensión, la niñita comenzó a llorar. Hinata la meció. Se acercó a la madre y le dijo:

—Debe de tener hambre. Natsu, ¿puedes quedarte con Tanahi, por si necesita algo? Yo me llevaré de aquí a los hombres para que pueda amamantar a Shivhan.

—Sí, señora Uzumaki.

—Caballeros, —Dijo con aire solemne —, ¿Vamos arriba, por favor?

Naruto no dijo una palabra, pero Menma, respondió:

—Tengo unos asuntos que atender en la ciudad. —Miró a Naruto —. Hermano mío, es toda tuya. — Saludó, dirigió a Tanahi una mirada afectuosa y salió de la pequeña habitación.

Tanahi trató de calmar a Shivhan, esperando que la dejaran para amamantar a la pequeña.

Al ver que Naruto holgazaneaba, Hinata se enfadó. Le dirigió una mirada colérica y salió de la habitación.

—Espera. —La detuvo en el corredor. La sujetó del brazo mientras una de las criadas hacía una reverencia y se alejaba, nerviosa por la presencia del amo en la zona donde estaban las habitaciones de la servidumbre.

—¡Qué! —Siseó Hinata, liberando el brazo.

—Tenemos que hablar.

—Estás borracho. Por otra parte, ¿no es un poco tarde? ¿Qué es lo que tenemos que hablar? — Lanzó una carcajada amarga, sin poder reprimír el dolor—. Oh, claro, supongo que ya es el momento de orquestar la "Gran Mentira" para obtener la anulación, pues ahora Karin está enamorada del duque.

—¿Karin volvió a ver al duque?

—Qué coincidencia. Lo vimos en el parque, imagínate.

Los ojos azules se encendieron de ira.

—Muy bien. Que Karin lo vea. Ya te lo dije, llegado el momento, sabré cómo manejarlo.

—Como siempre, tienes todo bajo control. De modo que, si me disculpas...

—No. —Le apretó el brazo; la voz del hombre se tornó suave—: Tenemos que hablar.

Hinata forcejeó.

—Imagino que esto te asombrará, señor Uzumaki; yo no quiero hablar contigo.

—Bueno, pero tienes que hablar conmigo. ¿Prefieres que sea aquí, en el pasillo de la servidumbre, o arriba, en la intimidad de la sala?

—Es evidente que estuviste bebiendo. No converso con borrachos. No tenemos nada de qué hablar.

Naruto la acercó hacia sí, y Hinata percibió el olor del whisky. El deseo por él la atravesó como una flecha: la sedujo la mezcla del aroma del whisky y el perfume del jabón.

—Dices que no tenemos nada de qué hablar, yo creo que te equivocas. —Replicó el hombre en tono áspero, tratando de parecer más razonable de lo que le permitía su presente estado—. Comencemos por tu condición física...

Hinata se puso tensa, las mejillas ardiendo de enfado y turbación.

Naruto añadió:

—No se me escapó el simbolismo de la pequeña Siobhan en tus brazos. ¿Tal vez estés esperando a tener a nuestra propia criatura dentro de nueve meses?

Las palabras de Naruto la hirieron como el filo de una navaja. Se burlaba de la relación y del acto de amor. Para su esposo, la idea de tener un hijo no representaba más que un inconveniente. Hinata dejó escapar la furia.

—Ah, y eso destruiría tus planes, ¿no es así? — El hombre trató de interrumpirla, pero no pudo atravesar la tempestad de la indignación de Hinata. La joven prosiguió—: Ya te imagino, cargado con un niño Knickerbocker. ¡Qué desagradable! No me asombra que estés aterrrado. ¿Quieres que vaya a ver a madame Restell, que me haga un aborto?

—Si vas a ver a esa mujer, te mataré.

Hinata no dudó de que estaba dispuesto a hacerlo.

De súbito, la inundó una furia tan absoluta que sintió deseos de pegarle hasta caer agotada. Ese hombre era la causa de todos sus problemas, y aun se atrevía a darle indicaciones, salvo en lo referente a ayudar a Karin: eso era más de lo que podía soportar. Volvió a forcejear para evitar una escena. Naruto no la soltó. Tironeó una y otra vez hasta que su propia cólera se desbordó.

Perdiendo el control, lo abofeteó una vez, y otra y otra... mientras Naruto se limitaba a mirarla con expresión dura y desapasionada.

—¿Terminaste? — Preguntó, cuando Hinata comenzó a llorar.

—Te odio. —Susurró la joven a través de las lágrimas: ya no le importaba que el mundo entero la oyese—. Estoy impaciente por obtener la anulación.

—Quizá la anulación no sea posible.

—¿Por qué? — Exclamó la mujer, enloquecida de ira y de dolor. Quería amar a ese hombre y todo lo que Naruto hacía la llevaba a despreciarlo. Jugaba con ella como el gato con el ratón. Cambiaba constantemente las reglas hasta que Hinata ya no podía soportar la tensión emocional.

—¿Acaso la criatura que tenías en los brazos no te explica la razón?

—Yo no tendré un hijo tuyo.

Naruto rió entre dientes.

—¿No? ¿Y cómo lo sabes? ¿Acaso ese útero tuyo tan puro rechazaría al hijo de un sujeto como yo? Es una pena; podría suceder que no tuvieras alternativa. — La atrajo con violencia hacia sí—. Y sácate de la cabeza las ideas de esa sociedad sofisticada de la que provienes. Me enteraré si estás embarazada, aunque tenga que revisar tu ropa sucia e interrogar todos los días a tu doncella.

—Eres un hombre rudo.

—Es cierto. Soy un hombre rudo. Un réprobo en tu mundo civilizado. No lo olvides.

—¿Acaso podría olvidarlo? —Replicó Hinata, tironeando desesperada del brazo para soltarse—. Me lo recuerdas a cada paso. No me extraña que no puedas pagar para ser aceptado. No importa cuánto dinero poseas: nada puede dulcificar tu hipocresía y tus prejuicios. Has cultivado esas cualidades con todo esmero. ¡Eso no tendría que asombrar a nadie, pues tú mismo has sido víctima de esas tendencias!

—Yo no soy una víctima. —Refunfuñó.

—¿No? —Dijo Hinata, mirándolo con audacia en los ojos—. Creo que eso es lo que eres. Eres una víctima de la sociedad, Naruto Uzumaki, y supones que eso te da el derecho divino de herir a cualquiera que se cruce en tu camino. Sin embargo, eres una víctima de tus propios pensamientos retorcidos, y por esa razón, lo serás siempre.

—Nadie podría desear a una mujer como tú. Eres como el diamante, Hinata, bella pero fría. Es una pena que no te gusten los diamantes, porque van bien contigo. —Disgustado, sacudió la cabeza y la miró—. Este matrimonio es una maldición, lo fue desde un principio.

—¡Sí, es una maldición, y estoy impaciente por escapar de ella! —exclamó la joven.

—En ese caso, no vuelvas a cruzarte en mi camino. —La amenazó—. Si juegas a tentarme, como la otra noche, estarás de nuevo en mi cama y, si esta vez no concebimos un hijo, puedes apostar a que la próxima vez no serás tan afortunada.

—¡Aunque tenga un hijo contigo, te dejaré! ¡Y tú eres católico, de modo que tienes más motivos que yo para temer al divorcio! —Lo miró con fijeza, y el fantasma de una sonrisa triunfal jugueteó en sus labios.

Naruto se cruzó de brazos y aceptó el desafío.

—No comprendes, á mbúimín. Es imposible que te divorcies de mí. Nuestros votos nupciales nos ligaron hasta que la muerte nos separe. Aunque huyas, seguirás siendo mi esposa. Y a menos que obtengamos la anulación, serás mi esposa hasta que exhales tu último aliento y te enfríes en tu sepulcro.

Hinata lo miró, sacudida por el significado de esas palabras. Si estaba embarazada y la anulación resultaba imposible, aunque se fuera de la casa de Naruto Uzumaki no sería libre de casarse, de tener otros hijos que los de él, de estar con otro hombre que no fuese él. ¿Y cómo era posible que concibieran hijos, cómo podría soportar las caricias más íntimas, si Naruto la miraba sólo con cólera y odio?

Con una palidez mortal, Hinata se dio la vuelta y se alejó, tratando de absorber este nuevo aspecto angustioso de la situación.

"¡Qué ironía! —Pensó—, al fin, mi sueño se convirtió en realidad".

Sabía quién era el hombre de los sueños. En lugar de salvarla, la cara de Naruto Uzumaki sería la última que vería antes de hundirse en el mar de su riqueza.

.

.

Continuará...