Bueno, y mientras el trasero se me congela por el frío, corregí este capítulo para que lo disfruten. Si tienen tanto frío como yo, deberían leerlo acompañados de una taza de chocolate caliente, aunque cualquier bebida caliente sirve. Sin más, los dejo con el nuevo capítulo. Allons-y!

18
Las excepciones

Por doceava vez en el día, Lisa contactó con su "colega" para hablar de las cosas en las pesadillas de Lucy, sin embargo, era la doceava vez que Chelsea no respondía, y la pequeña científica estaba a punto de arrancarse los cabellos con las manos por pura ansiedad. No estaba de humor para aguantar la mierda de aquella estúpida pelirroja, así que marcó de nuevo. Esta vez, Chelsea respondió con una mueca de molestia.

— ¿Encontraste algo? —le preguntó Chelsea.

—Esperaba hacerte esa pregunta —respondió Lisa.

La pelirroja se rio entre dientes al escuchar la respuesta.

—Oye, la que tiene una hermana con sueños extraños no soy yo —le dijo en tono serio—. Averigua algo más y no me molestes hasta que me encuentres información útil.

— ¡¿Qué tipo de información útil?! —gritó la pequeña— ¡Te dije todo lo que sé!

—No puedo creer que siendo una niña puedas ser tan egocéntrica —la regañaba su interlocutora—. Tú no eres la afectada, ahora mueve tu pequeño culo y pregúntale detalles de sus sueños o de lo que el doctor le dijo en las consultas, ¡todo sirve!

Lisa enfureció bastante, cosa evidente para la chica detrás de la pantalla, quien solo se limitó a sacar su celular y cambiar la canción que sonaba por sus audífonos de diadema.

—Te dije lo que hablé con el doctor Smith, no hay nada más, y no quiero llegar y preguntarle a Lucy cómo son sus pesadillas si ni siquiera hablo con ella en casi todo el día.

Chelsea mostró de nuevo su sonrisa burlona.

—Que esto sea una lección —dijo levantando su índice—. Deja de ser tan antisocial y habla con tu familia, para que te evites penas como estas. Ahora, niña, tengo mejores cosas que hacer.

— ¡Espera! Antes de que cuelgues, ¿qué opina tu amiguito de todo esto?

—Lo mismo que yo, Lisa, y en serio, tenemos otras cosas que resolver antes de darle prioridad a tu caso.

—Viven en el pueblo más aburrido del mundo, ¿qué tantos deberes pueden tener?

—A esa actitud de mierda me refiero —dijo de nuevo la mayor—. Mejórala, averigua algo y llámanos después. Mientras tanto, deja de joder.

La conexión terminó y Lisa miró de nuevo su pizarra. Sin perder más tiempo decidió salir de su habitación e ir a la de Lucy; antes de golpear la puerta se tranquilizó y, apretando los puños y conteniendo un grito de puro enojo, respiró con tranquilidad.

—Oye, Lucy, ¿podemos hablar? —preguntó al golpear la puerta.

— ¿Sobre qué?

El enojo pasó a ser espanto al escuchar la voz de su hermana mayor detrás de ella; sin decir nada, Lisa la agarró por el brazo y la llevó hasta su habitación. Al entrar, la gótica se quedó sin palabras al mirar la pizarra y los apuntes de su hermanita. No supo ni cómo reaccionar.

—Traté de ayudar, en serio lo hice —explicaba Lisa—. Hice lo que pude para inhibir tu mente, quitarte las pesadillas, pero fracasé. Pensé que tenía una razón médica.

—Así es —dijo Lucy.

—La mayoría de los casos, sí, pero eres la excepción —le explicó encajándole el índice en el pecho—. Lamento si te remuevo una fibra sensible, pero debo preguntar, ¿qué ves en tus sueños?

Lucy se sentó y se quedó sin decir nada por algunos segundos. En la mente de ambas pasaban cientos de posibilidades, pero al final, la mayor decidió hacer una pregunta.

— ¿Qué objeto tiene esto? Dijiste que fue un fracaso.

—No, no, no —Lisa cerró la puerta con fuerza y señaló el pizarrón—. Lo que ves aquí, no tiene sentido. No para mí, y no es un fracaso hasta hallar la razón de tus pesadillas. Te pregunto esto, porque si no es factor médico ni psicológico…

—Entonces no tiene sentido.

—Tus cortadas —le señaló los brazos—. Y varias cosas que hablé con el novio de Luan.

— ¿Hablaste con el doctor Smith?

—A estas alturas ya no importa, Lucy —entonces señaló su computadora—. He hablado con gente que trabaja más con los asuntos paranormales, se interesaron en tu caso, pero necesitan un punto de partida, ahora dime, ¿qué viste en tus sueños?

La idea de que alguien ajeno se enterara de su malestar no le resultaba del todo reconfortante. Lo que menos quería, era terminar como conejillo de indias o la burla de un montón de extraños. Lo dudó muchísimo antes de hablar, pero Lisa tuvo que calmarla.

—Son profesionales, puedo asegurártelo, saben de su trabajo —y llevándose las manos a los ojos en un gesto de exasperación—. Escucha, si me atreví a contactarlos, a sabiendas de que me desagrada en lo que trabajan, creo que pueden ayudarte.

—Bueno, supongo que puedo decirte, aunque pensé que el doctor ya lo habría hecho.

—Entonces necesito reafirmar datos, quizá el doctor me mintió, ¿captas?

Duda razonable. Lucy no le vio el problema. El doctor no le habló de las cosas en sus sueños.

—Siempre son cosas distintas, desde los escenarios hasta las cosas que me encuentro. La noche que me sucedieron los cortes, soñé una iglesia y una mujer rezando.

—Hasta aquí lo entiendo —interrumpió Lisa—. Siempre es un escenario distinto, pero ¿hay alguna constante? ¿Un símbolo, ambientación, palabras?

Lucy contestó sin mucho pensarlo.

—Un árbol con cuervos, y una estrella que da mucho frío. El frío siempre está presente, aunque…

— ¿Aunque qué?

—Esto cambió cuando soñé con un incendio… y cuando vi un payaso entre sueños.

Lisa se sintió ridícula al escucharlo, pero ahora no tenía otra alternativa.

—Me quedaré con el árbol y la estrella —dijo al fin— ¿Recuerdas algo más? ¿Algo que se repitiera?

—Bueno, siempre puedo sacar algo de mi sueño, ya sea porque me lo entregan o porque yo misma lo tomo; pero puedo traer cosas, ¿quieres verlas?

—Depende, ¿hay un patrón en ellas?

—No, todo es distinto.

Se quedaron calladas durante otros pocos segundos, hasta que Lisa resopló rendida. No supo cómo tomar lo dicho por su hermana, pero esperaba sirviera de algo. Apuntó tres nuevas cosas en la pizarra.

Un árbol con cuervos
Una estrella fría
Objetos extraídos del sueño

—Creo que con esto tengo suficiente.

— ¿Estás segura?

Lisa asintió sin mirarla.

—Puedes retirarte.

Lucy se marchaba, pero estando en la puerta, volteó para decirle algo.

—Gracias.

— ¿De qué? Todavía no hago nada.

—Sí, todavía no.

Lisa no supo a lo que se refería, pero no hizo caso, solo fue a contactar de nuevo con Chelsea. Mientras tanto, Lucy vio sin mucho agrado que Lincoln y Ronnie Anne estaban charlando abajo. Con gran agilidad, corrió al baño sin que se dieran cuenta y se mantuvo a la espera de que subieran. Cuando los vio encerrándose en la habitación de Lincoln, sus ojos y sus puños se cerraron con rabia y tristeza.

Una cena familiar no debía representar muchos problemas, pero Sam seguía teniendo las lágrimas contenidas al saber lo intolerante de su padre con respecto a su bisexualidad; el coscorrón dado a Luna por aquellos años fue poco, porque luego vinieron palabras ofensivas y el desinterés, aunque ella estaba en un país de Europa. Se vio con algo de pesar en el espejo de su baño, por fuera podía escuchar a Luna reírse de cosas que veía en su celular, y pensaba: ¿por qué le gusto?

Lo que el espejo le devolvía, era la mirada cansada de una joven que, desde el punto de vista de su padre, era una golfa y una cerda. Luna Loud, sin embargo, podía ver a una mujer hermosa y talentosa, la chica de sus sueños con quien podía estar después de tanto tiempo. Al menos, eso quería creer Sam. Y ella misma se vendía y compraba esa idea. Así pues, puso su mejor sonrisa y salió del baño solo envuelta con su toalla, captando la atención de Luna en pocos segundos. Sam sonrió al verla.

— ¿Qué? —dijo con total calma.

—Oh, nada, nada —dijo Luna volviendo la vista a su celular.

Aunque la castaña quitó la mirada, Sam recuperó su ánimo al sentirse deseada por Luna. Buscando su ropa interior, fue tomada por sorpresa cuando los brazos de Luna la agarraron por el vientre bajo y empezaba a llenarla de besos en la mejilla. Al principio, Sam se mostró interesada, pero conforme Luna la besaba, supo que las cosas tomarían un rumbo distinto, y le encantó. Aquellos besos se volvieron más intensos, duraderos, deliciosos. En el fondo de su aliento percibió una mezcla agradable entre tabaco y chocolate, fue como volver a tener un cigarro en los labios, igual de adictivo, ¿cuántas noches deseó poder sentirla? Ahora tenían casa propia, y durante las semanas que llevaban viviendo juntas solo aumentaron su deseo; cada mordida al final de cada beso, cada jadeo para recuperar aliento, cada vez que su lengua se rozaba con la de la otra. Todo les recordaba cuánto tiempo se mantuvieron deseándose. Se habían dejado de ver, pero nunca dejaron de pensar en este momento.

Poniendo las cosas en balance, Sam le quitó la camisa con la calavera de Guns N Roses y descubrió un seductor sostén con encaje de color negro, pudiendo ver su pecho salpicado de pecas que abarcaban hasta sus hombros, luego fue delineando su cuerpo con las manos, siendo detenida por Luna cuando se posaron sobre su cintura con toda la intención de bajarle la falda. Sujetándola, fue de nuevo a besarla, metiendo su lengua y revolviéndola con la de Sam mientras luchaba con toda su voluntad para no retirarle la toalla; en su lugar, solo fue pasando hasta el cuello, enervándose con la fragancia del champú mientras los mechones rubios, húmedos y esponjosos le cosquilleaban la mejilla.

Avanzando hasta la cama de Sam, ella se dejó caer y Luna se posicionó encima de ella, rodeándole con sus piernas mientras la tomaba por las mejillas y volvía a besarla de lengua, alternándose entre leves mordidas y sonoros besos en los labios que se volvían cada vez más húmedos, mientras la idea de estar a punto de hacer el amor estaba comenzando a excitar a Sam; quien se dejaba hacer a la vez que acariciaba el abdomen frío de Luna, yendo hasta sus nalgas y apretándolas un poco. Sin dejarse contener demasiado, Luna le permitió meter las manos por debajo, pudiendo sentir cómo ella jugueteaba con su tanga, deslizando las yemas de sus dedos por debajo, levantándola, ciñéndola entre sus nalgas y estirando juguetona hasta lograr bajarlos un poco.

Sabiendo las intenciones de Sam, fue ella quien juntó sus piernas y la rubia la rodeó con las suyas, sabiendo que la toalla no tapaba nada. Se retiraron durante unos pocos segundos, entonces, Luna se retiró la tanga con una sonrisa traviesa que le salió al ver el sonrojo de su novia. Sonriéndose, cada una fue acariciando sus senos por encima de las prendas que les cubrían; Sam se llevó una grata sorpresa al descubrir que el sostén de su pecosa novia se abría por el frente. Ella lo abrió mientras Luna le quitaba la toalla. Antes de que la rubia hiciera cualquier movimiento, Luna se llevó un dedo a la boca, lamiéndolo, y luego acarició un pezón de Sam con lentitud, transformando su sonrisa en un gesto de excitación puro.

La castaña comenzó a enervarse escuchando los jadeos lentos y bajos de Sam cuando se metió ese pezón a la boca, jugando con él en su lengua como si se tratara de un caramelo pequeño y suave, mientras con su mano libre apretaba el otro, amasándolo conforme sus inquietas manos lo permitían al estar tan ansiosa de llegar a aquel postre en sus piernas. Besando en medio de sus pechos avanzó hacia el otro, cambiando la rutina, con la excepción de que su mano fue bajando cada vez más, hasta meter la mano por debajo de la toalla que seguía cubriendo la entrepierna de Sam, deslizando sus dedos ágilmente hasta pasar lentamente el dedo medio por la vulva de su compañera, quien estaba empezando a humedecerse con cada caricia.

Luna se bajó la falda, quedándose desnuda también, y después de tirarla al lado de la cama, ambas aprovecharon para reacomodarse en la cama. Acostadas una junto a la otra, ninguna escatimó las caricias al cuerpo de la otra, sintiendo sus manos hormigueando y su corazón latiendo tan rápido como si fuera la primera vez de ambas. Le dieron un aire más romántico a la habitación al apagar la luz, dejando que la lámpara de lava alumbrara todo, al menos durante el momento que durara su encuentro, y juzgando lo excitadas y ansiosas que ambas estaban, quizá no fuera demasiado. Una vez más, tomando el control fue Luna quien descendió por el pálido y seductor cuerpo de Sam, poniendo especial atención en el piercing que ella llevaba en el ombligo hasta lentamente bajar hasta su pelvis y, en un largo y húmedo beso depositado en la intimidad de Sam, comenzó a darle sexo oral.

Introduciendo su dedo medio, lengüeteando ligeramente el clítoris, besándola mientras saboreaba su húmeda vulva, la hizo ir lentamente a las estrellas; Sam cerró los ojos apretando las sábanas con las manos, mordiendo sus labios mientras aguantaba un gemido y moviendo su espalda ante las descargas de placer que Luna le producía con cada lamida, cada vez que hundía y sacaba sus dedos, cada vez que su lengua se introducía un poco dentro de su vagina. La rubia comenzó a manosearse los pechos, mientras que su mano libre fue a parar a la cabeza de Luna para darse el tiempo de acariciarle el cabello, de apretarle ligeramente el lóbulo y pegarla más a su intimidad. Ya no hubo nada que callara su voz al gemir el nombre de Luna, quien le estaba dando el mejor sexo oral que había recibido hasta la fecha. Dios, tenía que compensárselo con creces.

— ¡Oh, Dios! ¡Luna! —gemía la rubia extasiada—. Sigue, más rápido, amor.

Antes de que Luna la hiciera explotar en un orgasmo tuvo que apartarse, dejándola con un gesto de extrañeza que se calmó cuando Sam se acomodó sobre sus rodillas para besarla de lengua. Sam se acomodó detrás de ella con un fino movimiento solo comparable al de un gato al asecho para besarla detrás de su oído mientras le pasaba las manos por debajo de las axilas, yendo a sus pechos para acariciarlos, estimularlos mientras le besaba los hombros a un beso por cada peca. Fue turno de la rubia para mostrar su talento y no escatimó en apretarle las nalgas con algo de fuerza, haciéndola ponerse en hombros y codos sobre el colchón, y deleitarla con una vista panorámica de su perfecto trasero. La vulva de Luna estaba húmeda, sus labios hinchados y palpitantes. Sam abrió la boca y mordió, succionó en la nalga de Luna para hacerle un chupetón, haciendo que un gemido escapara de su boca al introducirle dos dedos que se deslizaron con tanta facilidad que no dudó en empezar a masturbarla con rapidez. Apretando la mandíbula, aumentando su respiración, Luna comenzó a gemir su nombre y aquello fue todo lo que Sam había deseado por tanto tiempo. Sam comenzó a masturbarse también con su mano libre, gimiendo junto a ella.

— ¡Así, amor! ¡Más! —pedía la castaña.

Sin dejar de moverse dentro de Luna, Sam fue llevándola hacia adelante y movía sus dedos con tal agilidad que la hizo torcerse del placer y sujetar las cobijas como ella lo estaba haciendo cuando Luna la tenía a su merced. En menos de un segundo hizo cambio de manos para comenzar a estimularla con la que se satisfacía y viceversa; logró encontrar el punto más sensible de Luna, consiguiendo que apoyara la cabeza en el colchón y levantara más sus nalgas, haciéndola casi gritar su nombre con aquel juego de dedos y manos que le estaba haciendo contorsionarse del puro éxtasis. Y por mucho que obedecía al ir más rápido, se detuvo cuando Luna estaba a punto de alcanzar su orgasmo.

—Sam… —dijo Luna luego de recomponerse.

— ¿Ajá, cielo? —preguntó juguetonamente.

—Eres una chica muy mala.

—No digas eso, quiero que nos veamos, ¿tú no?

Sam la tomó por la cintura y la hizo darse vuelta mientras la acostaba junto con ella, pasando una de las piernas de Luna hacia su hombro y deslizando la suya por debajo. Sabiendo lo que venía, Luna se acomodó sobre sus codos y en menos de un segundo las dos comenzaron a rozar sus genitales con lentitud, disfrutando de aquel tacto tan suave y erótico mientras gemían y jadeaban. Las dos estaban tomando el control, deslizándose la una con la otra y mirándose conforme avanzaban juntas hacia aquel paraíso entre sus piernas. Dentro de muy poco, el placer fue demasiado para aguantarlo y por fin, juntas llegaron al orgasmo y lo dejaron salir hasta quedarse sin voz.

Una vez recompuestas, Sam fue hasta la cabecera junto a Luna y se besaron brevemente en los labios, sonriéndose complacidas y ansiosas por volver a hacerlo, pero debían esperar un rato. Las piernas todavía les temblaban y, acostándose sobre el pecho de Luna, Sam se dio cuenta de cuán rápido iba su corazón. Al escuchar ese suave ritmo, lo único que pudo preguntarse fue cuánto duraría este dulce sueño. Pero, al voltear a verla y mirar aquella sonrisa tan angelical, decidió que quería una vida completa con aquella chica. Al fin se tenían una a la otra y nada cambiaría eso. Nada.

Luan estaba acomodándose su ropa mientras John hablaba por teléfono. Habían terminado de cambiar las cosas de un local a otro, y antes de tirar el viejo diván, habían tenido sexo ahí. Según ella, fue una gran despedida, y realmente venía bien ahora porque un psicólogo usando diván a estas alturas resultaba demasiado estúpido y hasta gracioso. En todo caso, John se aproximó y se sentó junto a ella para abrazarla, cosa a la cual no puso objeción.

—Bueno, está todo listo —dijo acariciando su hombro—. Me iré a Florida la semana entrante, y regresaré… bueno, ya sabes.

—Jaja, te lo mereces —Luan lo besó de forma juguetona en la mejilla—. Además, hace tiempo que no te ves con Joel, ¿no?

—Pero no es raro que…

El doctor se contuvo, cohibido por decir lo siguiente. Luan lo adivinaba, era como ver un libro en blanco y le gustaba la idea.

— ¿Raro porque siendo nuestra primera navidad como pareja, la pasemos separados?

—No es necesario que vaya.

—Lo es, debes despejarte —aseguró Luan—. Ya tendremos todo el año entrante, ¿no?

Luego de besarse por otros cuantos segundos, pusieron rumbo hacia el restaurante de comida china favorito de Smith. En el camino, el doctor podía notar las miradas de algunas personas sobre ellos, y le resultaba un poco incómodo, aunque a Luan parecía importarle un carajo, pues sujetaba su mano con delicadeza y fuerza, sonriendo y sin titubear, ¿había algo de ella que no lo impresionara? Yendo de la mano con una jovencita que bien podría ser su nieta. Claro, se veía mal, pero si estaban a gusto, ¿acaso importaba? En la tremenda marea de gente por todos lados, metidos en sus propios asuntos, ellos eran poco más que fantasmas. Un rostro que verían durante algunos segundos y después se olvidarían.

— ¿Pensaste lo de tu hija? —preguntó Luan.

—No hay nada por pensar, pero no la voy a examinar, ya sabes.

—Creo que estás siendo un poco duro.

—No amigos, no familiares. Hacer ese tipo de favores solo trae problemas.

— ¿Y cómo me explicas a mí?

Smith sonrió.

—Eres la excepción.

—Déjame ver eso de nuevo —exigió Ronnie Anne.

— ¡No, demonios! —protestaba Lincoln.

En pocos segundos el chico estaba con el pecho al aire, y las terribles quemaduras volvieron a impresionar a la morena, quien solo podía frotarse los labios con horrible zozobra.

—No entiendo cómo pudo pasar esto —fue su veredicto.

—Yo tampoco, pero… diablos.

Fuera de la habitación bien podrían estar sus hermanas. Lucy, en especial, le recordaba que la palabra grabada con fuego en su cuerpo era su perfecta descripción. Todo su jueguito se estaba desmoronando y no estaba seguro de cómo continuar.

—Comienzo a creer que es un tipo de señal —dijo Lincoln.

—No seas tonto, ¿señal de qué?

—He estado haciendo muchas cosas mal, Ronnie Anne. Yo no creía… o más bien no quiero creer en las cosas que se me ponen en frente, pero ya no puedo ignorarlas más.

—Oye, comienzas a asustarme, ¿de qué hablas? Y por favor, deja de dar tantos rodeos.

Lincoln comenzó a hiperventilar, no podía con todo lo que se agolpó en su mente y su pecho justo en ese momento. Las palabras empezarían a brotar y no habría modo de calmarlo. Por mucho que quería mentalizarse en los problemas que se acarrearía junto a Lucy, sin mencionar que su relación con Ronnie Anne se iría a la mierda, esta vez para siempre.

—Yo he estado enga…

— ¡Lincoln! ¡Lincoln!

En ese momento entró Lucy sin previo aviso, llorando y aferrándose a su pecho. La mirada de Ronnie Anne se alternó entre los dos, notando el abrazo conciliador que este le daba a la pequeña pálida.

— ¿Q-qué pasa, Lucy?

—Perdón —decía ella en voz baja, casi susurrando—. Ya no te molestaría con pesadillas, pero esta fue… fue…

Ella dejó de hablar para empezar a llorar en silencio, haciéndolo notar solo con las sacudidas producidas por sus gimoteos. La mirada de Ronnie Anne se topó con la de Lincoln y, por si no fuera suficiente ya el sentimiento de culpa, la morena le sonrió como si entendiera lo que estaba sucediendo. Sin embargo, Lincoln conocía muy bien la tristeza y pánico de Lucy para saber lo que estaba sucediendo. Lo peor es que lo estaba permitiendo.

— ¿Estás bien? —preguntó.

Lucy no respondió, solo balbuceaba mientras lloraba.

—Quizá debamos hablar en otro momento —dijo Ronnie—. Te veré después, cuando todo se tranquilice. Si quieres más tarde, no estaré ocupada.

—Ah, eh, yo —balbuceaba el albino.

—Je, tonto —le dijo ella al acercarse a besarlo.

Durante un breve segundo ocurrió algo que le rompió el corazón a Lucy, y fue saber que estaba en medio de ellos dos, mientras se besaban. Los segundos que Ronnie estuvo ahí, haciendo lo que ella pocas veces tenía la oportunidad de hacer, fueron eternos en ese momento, donde peleaba por no retirarla de su hermano. Entonces, lo que comenzó un llanto fingido comenzó a volverse verdadero.

—Nos vemos luego, Linky —le dijo al abrir la puerta—. Te amo.

Tras aquellas palabras, los dos hermanos Loud se quedaron abrazados conteniendo la terrible opresión de sus pechos dentro de ellos, porque de otro modo, los dos harían algo que terminaría de joder su relación como familia; algo que Lucy esperaba y que no impidió, fue que Lincoln la dejara ahí, para alcanzar a Ronnie Anne.

—Espera —le pidió Lincoln cuando iba a media escalera—. Al menos déjame llevarte a la puerta, ¿sí?

Entretanto, Lucy se quedó sentada en la cama de su hermano sin decir nada.

—Está bien, ella me contó las cosas que han estado sucediendo —dijo Ronnie tras ponerse el casco y encender la moto.

Lincoln sintió un horrible vuelco en el estómago al oírla.

— ¿En serio? ¿Qué fue lo que dijo?

Suspirando y volviendo a apagar la moto, Ronnie decidió sacarse la espina.

—No te mentiré, Linc. En algún momento se me pasó por la cabeza que me estuvieras engañando con otra chica, pero después pensé que solo son tonterías mías, ya sabes, por lo que pasó con Lori y con Bobby.

—Oh.

—Como sea, vendré por ti más tarde, ¿sí? Vamos a comer algo y me cuentas lo que le pasa a tu atormentada alma de ñoño —se burló tras lanzarle un beso y volver a encender la moto para marcharse—. No te preocupes, solo no me ocultes nada. Prometo ayudarte en lo que sea, ¿va? Te veré después. Y por favor, ve con un doctor o con… no sé, una bruja para que te diga qué es todo lo escrito en tu pecho.

Sintiéndose todavía peor que antes, Lincoln la miró marcharse junto con la posibilidad de obtener un poco de redención. Después subió de nuevo a su habitación y, muy contrario a lo esperado, ahí seguía Lucy, sentada con sus manos juntas y las piernas cruzadas. Cuando estaba cerca para verla bien, vio cómo el maquillaje se le corrió por las lágrimas.

—Ya deja de fingir —le pidió él, con un tono más fuerte de lo normal.

—Comencé fingiendo, pero esto —dijo señalando sus lágrimas—, esto es real, Lincoln.

— ¿Por qué hiciste todo eso?

—Porque estabas a punto de arruinarlo.

En ese momento, la frustración de Lincoln hizo erupción y se quitó la camisa después de cerrar la puerta con algo de fuerza. Lucy abrió la boca al ver la palabra cicatrizada en su pecho.

— ¡¿Arruinarlo?! ¡YA ESTAMOS ARRUINADOS! —le gritó—. Mira bien esta cosa, Lucy, ¡mírala! Lo que sea que te suceda, está entrando en mi cabeza y está sacando a relucir todo lo malo que estoy haciendo, ¿te das cuenta de lo que me escribió?

—Lo sé, yo tengo las mías —dijo mostrándole las cruces en sus muñecas—. Sé que esto no puede seguir así más tiempo, pero al decirle la verdad a Ronnie Anne, no solo arruinarás todo con ella, sino con nuestra familia. Por favor, quiero que comprendas que interrumpí tu conversación con Ronnie Anne porque… ella es algo seguro. Yo no.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Digo que eres mi hermano y no importa lo mucho que te ame, esto se terminará en algún momento. Nada de esto habrá pasado y Ronnie Anne estará para ti.

Lincoln agachó la cabeza y le dio la espalda, no permitiendo que ella se diera cuenta de las lágrimas tanto de impotencia como de tristeza que le asaltaron de repente en aquel arrebato de emociones.

—Lo que hacemos no es correcto —prosiguió ella—, pero jamás me había sentido tan bien antes, y lo sabes mejor que nadie. Me cuesta renunciar a esto.

De un momento a otro, Lucy lo abrazó por la cintura y él correspondió sujetando sus manos, pero sin mostrarle el rostro de nuevo.

—Estoy enamorada de ti —le dijo en voz baja, lo suficiente para que él escuchara.

—Yo también estoy enamorado de ti —dijo de igual modo.

—Entonces…

Sin mediar más palabra, Lincoln por fin volteó y la capturó en un abrazo tan fuerte, sincero y lleno de compasión y desesperación. Una vez más, acortaron la distancia con un beso corto en los labios y por fin dejaron salir el llanto.

Bien, y con esto terminamos el día de hoy. Sigo teniendo frío y siento algo irritada la garganta, pero nada grave. Ya nos estaremos leyendo después, espero que les haya gustado. Hasta la próxima.

Slash.

Trickgl01: Ciertamente Lincoln juega con fuego, pero ya se quemó (literalmente, como dijera Lori) en todo caso, las cosas no pueden ser peores… ¿o sí?

Kennedy: No creo ponerme del lado de nadie, es decir, todos hemos actuado mal en algún momento de nuestra vida. Las cosas, buenas o malas, solo son las consecuencias de nuestros actos. Respecto a los demás personajes, no creo que pueda decir nada, cada uno irá poniendo las cosas en su lugar, a su propio modo.