-Chapitre vingt trois-
Una semana después…
Un hada, de cabello rubio y estatura pequeña, se encontraba tomando una taza de té. Al lado del hada, se encontraba un albino, el cual solo la miraba embobado –como siempre-. Ban solo pensaba en la suerte de haberse encontrado en su camino a Elaine, la amaba con locura, y, hasta participaba en los locos planes de su amada.
Si, Ban siempre la seguía y nunca dudaba en protegerla, -algo que le encomendó seriamente el rey de las hadas-.
—Amor, estaba pensando…
— ¿En qué?
"¿Estará tramando algo, ahora?"
—Tal vez. Es, más bien como una corazonada—Hablaba la rubia, mientras le daba un sorbo a su té.
—Bueno, entonces, ¿qué sucede en esa cabecita tuya?
Los hombros de Elaine comienzan a temblar levemente, para pasar a temblores más fuertes. Mientras tanto, Ban solo la observa, preocupado.
— ¿Sucede alg-
El hada suelta una risita, seguida de otra y otra más fuerte. Simplemente, su esposo no la entendía.
—Si creen, que no me he dado cuenta, ¡han de estar muy equivocados! —Luego, voltea bruscamente su rostro hacia el albino, asustándolo —Esos dos…No he podido saber nada ¡Nada! Y mi Hermano, ¡no me deja leer su corazón y me frustra! Yo solo quiero saber cómo va su relación ¿Acaso es malo que una hermana se preocupe por el bienestar sentimental de su hermano mayor?
—N-no cre- —Estaba diciendo Ban, cuando fue interrumpido.
—No, claro que no. Y además, no he tenido oportunidad de hablar mucho con Diane. Se pasa mucho tiempo con King, y creo que me siento con el derecho de también pasar tiempo con mi amiga.
—Ya, Elaine, vamos, no pongas esa cara. Ya tendrás tu oportunidad de hablar con ellos.
Elaine simplemente infló sus mejillas cual niña pequeña. Y, es que simplemente no lo concebía. Aunque, eso le daba algunas esperanzas de cómo iba fluyendo la relación de King y Diane. No pudo evitar que una pequeña sonrisa, ya más tranquila, se formara en su boca.
— ¿Sabes? Es mejor así, mejor no irrumpirlos…No aún.
"Pero ya se las verán conmigo"
Ese último pensamiento pasó por la mente de Elaine. Ya estaba más tranquila y con un plan en marcha, por supuesto.
King y Diane se encontraban detrás de unos pilares. Ambos tratando de no reírse tan fuerte por lo que pasaba en ese preciso momento:
— ¡Su majestad! ¿Dónde podrá estar? ¿Rey Harlequin? ¿Señorita Diane?
A pocos metros de donde estaban ellos, varias hadas los estaban buscando sin cansancio. Necesitaban arreglar algunas cosas con su rey, independientemente si Diane estaba o no acompañándolo.
Ya era de saberse, en todo el bosque, sobre la relación que mantenían ambos. Desde aquel día en la habitación de King, ambos comenzaron a pasar más tiempo juntos. Diane, a veces llegaba a pasar la noche abrazada a King, mientras dormían plácidamente o viceversa. Se hacían bromas o, había ocasiones en las que Harlequin salía del Árbol sagrado con Diane en brazos y volaban juntos por el resplandeciente cielo.
Algunas hadas los veían con diversión, aunque otras no. Aún estaba aquella diferencia en el pueblo: Sobre la opinión de que una humana viviera en el bosque. Más, King se había hecho cargo de eso, nadie, absolutamente nadie, podía insultar a la princesa Diane y si lo hacían… Pobre del que se atreviera a aquello.
Que pudo volverse un rey un poco más estricto, si, y King lo admitía, pero todo con tal de que Su princesa no fuera dañada. Además, quería hacerles entender a las hadas, que no todos los humanos tenían el corazón podrido.
Y bueno, ahí estaban, detrás de una pared de ladrillos escondiéndose de los demás, como niños chiquitos.
Ambos intercambiaron una mirada. Últimamente tenían ese tipo de "poder" entre ellos. Solo ellos podían entenderse sin decirse ni una palabra.
— Harlequin…
—Dime, princesa.
—Ven—Diane lo tomó de la mano, se cercioró de que no hubiera nadie y tras esto, se fue corriendo con King a su lado. Éste la miraba confundido.
"¿Qué estará pensando hacer ahora?"
— ¿A dónde me llevas? ¿Sabes? Puedo volar, y creo que- —Fue interrumpido rápidamente por Diane.
—No. Ahora yo quiero llevarte a mi ritmo. Sé paciente, ¿sí?
No podía decir nada contra esa carita que le estaban regalando. Diane se veía tan adorable así, con sus hermosos ojos amatista, que King simplemente asintió, sin más réplicas.
Siguieron caminando por un caminito de tierra con algunas plantas, dándole un toque agradable al ambiente.
Se alejaron un poco del Árbol Sagrado. No se podía percibir la presencia de nadie a donde iban. Y el rey hada, cada vez estaba más confuso. Se sentía tentado a leer el corazón de Diane, pero no quería arruinar la sorpresa.
Llegaron, finalmente, a un parte del bosque, la cual estaba llena de enredaderas por donde se mirara. Lo peculiar de éstas, es que tenían cierto brillo -gracias a las gotas de lluvia-, el cual las hacía ver hermosas y más, cuando se fijaron en que portaban pequeñísimas florecitas rojas alrededor de la enredadera.
Diane estaba orgullosa de su labor. Eso era lo que quería lograr: Ver a King con los ojos brillantes de emoción ante este paisaje. Pero eso solo era la primer parte.
— ¿Esto era lo que querías enseñarme?
—Mmm… No, aún hay más, esta es la primer fase. La siguiente vine detrás de estas cortinas. Pero dime, ¿Te gusta?
Diane solo estaba expectante ante lo que diría el hada.
—Me encanta. En verdad que no había estado por aquí en mucho tiempo.
"Tal parece que tu trabajo te absorbe mucho, mi rey". Pensaba Diane viéndolo comprensiva.
—Qué bueno que te gustó. Ahora, vamos —Diane tomó su mano y, posteriormente, entraron por aquella "puerta".
Harleqin se sentía maravillado. Tenía tanto tiempo que no venía para ese lado del bosque que se olvidó por completo la belleza que resguardaba éste.
Era implemente maravilloso. Un enorme lago brillando a la luz del sol, el cual estaba rodeado de plantas de distintos colores, mientras bailaban al son del viento. La brisa del viento golpeaba sus rostros y movía sus cabellos con lentitud.
Era implemente hermoso lo que veía.
— ¿Y, como es que encontraste este sitio, Diane? Tengo curiosidad.
—Ah, bueno… —La chica suelta una risita nerviosa y un sonrojo enorme se apoderó de sus mejillas. A King, ese gesto se le hizo tierno y, e parte, divertido. Pero, necesitaba saber cómo es que su princesa había encontrado aquel lugar, practicante escondido.
Los únicos que sabían de aquel sitio, eran Elaine, Helbram y el mismo rey, y…Oh, ahora entendía todo.
—Yo… Un día, me encontré a Helbram. Platicamos un rato, mientras tú estabas ocupado y pues, me dio esta idea. Me pareció divertido porque pareciera ser que no te tomas muchos descansos y siempre estas como estresado. Y, tomé la decisión de traerte hasta aquí. Helbram me ayudó a encontrarlo y me aprendí el camino. Pero luego dijo algo que no entendí muy bien…
—Oh, y ¿Qué te dijo?
"Más le vale que nada indebido"
—Que no quería sobrinos tan pronto. Después se fue volando por ahí riéndose ¿Qué habrá querido decir?
—Ese Hebram… N-no es nada Diane, no le… No le hagas caso, ¿sí?
A este punto el rostro de Harlequin estaba completamente rojo y parecía avergonzado.
Diane simplemente no entendía nada.
— ¿Sucede algo, Harlequin? —Diane tocó el brazo del hada, provocando un saltito del susto de su parte.
—N-no, no es nada. Sígueme diciendo, ¿sí?
"Voy a matarlo"
—Oh, pues ¿No te parece tranquilo este lugar? Es bueno, que de vez en cuando te tomes un descanso, ¿no?
—P-por supuesto. Tienes razón.
—Entonces, ven aquí—Y Diane le regaló una enorme sonrisa, para adelantarse y caminar delante de él, hasta casi la orilla del lago.
Harlequin quedó unos momentos paralizado, en su sitio, cegado por la belleza de su amada.
— ¡Harlequin! ¿Qué estás esperando? ¡Ven!
—Ah, sí ¡Ya voy!
Al llegar hasta ella, pudo observar como lo rayos del sol hacían brillar su castaña melena. Y King no pudo resistirlo más.
Agarró a Diane de la cintura, y con la otra mano libre sujeto su mejilla delicadamente. Diane estaba embelesada por lo que sus ojos veían.
Y, ambos sucumbieron a un beso bajo los finos rayos del sol y la fresca brisa del bosque.
A lo lejos, se podía observar a un hada de alas rosadas viendo a la distancia. Parecía que quería llorar, ya que sus ojos poco a poco se estaban llenando de lágrimas y comenzaba a sorber su nariz.
—Elaine, pero no llores.
Ban, se acerca con cuidado a su esposa para acunarla entre sus brazos. En parte aquello se le hacía adorable y un tanto gracioso, pero no podía decir nada si no quería desatar la furia de la rubia.
—Crecen tan rápido.
Ban simplemente estaba pensando en las mil y un posibilidades para molestar a ambos y más que nada a su cuñado.
Oh, sí.
