Milady,

Hoy es sábado, así que he tenido la oportunidad de descansar un poco. Realmente me hacía falta.

Espero que M. haya podido dormir hasta tarde. Últimamente parece muy cansada, incluso se ha dormido en clase alguna vez. Creo que no está descansando lo suficiente.

Hace un rato he estado hablando con K. por teléfono y me ha contado que han salido juntas esta tarde a tomar un zumo. Al parecer es algo que hacían de vez en cuando antes de que las dos empezaran a salir conmigo y con Lk. respectivamente, y echaban de menos una tarde de chicas. K. me ha contado que M. ha intentado convencerla para que vuelva conmigo porque está segura de que estamos hechos el uno para el otro. Al parecer tiene algo que ver con un comentario que hizo André, el heladero, hace ya algún tiempo.

–Es muy tierno por su parte que se preocupe tanto por nosotros –concluyó K.–, pero espero que tengas claro que yo no tengo intención de repetir.

–Lo sé, K. –respondí–. Y sé por qué decidiste dejarme, y lo entiendo perfectamente. Me lo merecía.

La oí suspirar al otro lado del teléfono.

–Espero que algún día encuentres a alguien por quien te merezca la pena luchar –dijo al fin–. Y que seas capaz de reconocerla cuando la tengas delante.

–Lo siento –volví a repetir, y en cuanto lo dije que me quedé con la sensación de que lo de K. no era un reproche en realidad, sino una insinuación que yo no terminaba de captar. O quizá fueran todo imaginaciones mías.

Me ha contado N. que Jk. ya ha hecho las paces con M. también, y que A. y las otras chicas fueron a verla esta mañana para intentar animarla.

Pero sigo pensando que se quedan en la parte superficial del problema. No digo que el fin de su relación con Lk. no les haya dolido a ambos, solo que sigo creyendo... que en el caso de M. hay algo todavía más profundo que ninguno de nosotros ha logrado alcanzar.

Pienso, sin embargo, que puede que Cat Noir tenga alguna posibilidad de llegar hasta ella. Por eso esta noche, después de hablar con K., me transformé y fui a hacerle una visita a M.

La encontré en el balcón, asomaba a la barandilla, con una manta sobre los hombros. Se volvió para mirarme y me sonrió.

–Buenas noches, Cat Noir –saludó–. Llegas justo a tiempo.

–¿Me esperabas? –pregunté, sorprendido.

–Sabía que vendrías –asintió ella, y señaló la mesita.

Había un termo, dos tazas y un plato lleno de croissants. Parpadeé.

–¿Esto lo has preparado... por mí?

–Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que te he hecho trabajar últimamente –respondió M. con un guiño y una sonrisa.

Puede que me ruborizara un poco. Pero solo un poco.

–Pero no era... no era necesario –murmuré–. Es mi trabajo protegerte... proteger a la gente, quiero decir. Así en general.

–Aun así, pienso que no está de más que "la gente", así en general, te agradezca el esfuerzo de vez en cuando.

No supe qué decir. Volví a echar un vistazo al plato de croissants y, para mi vergüenza, me sonaron las tripas.

M. soltó una risita.

–Parece que tienes hambre –comentó–. Sírvete, por favor. Es demasiada comida para mí sola.

Antes de atacar los croissants, sin embargo, serví el contenido del termo en ambas tazas. Era chocolate caliente. Le ofrecí la primera taza a M. antes de empezar a merendar. Cuando ya iba por mi segundo croissant, sin embargo, me di cuenta de que ella no había comido nada. Se limitaba a dar pequeños sorbos de su taza de chocolate como si sus pensamientos estuviesen muy lejos de allí.

Dejé en el plato lo que quedaba del croissant y la miré con preocupación.

–¿Te encuentras bien?

Ella volvió a la realidad.

–¿Cómo...? Sí, sí, solo... me he distraído un momento.

Hice una pausa, pensando en cómo iba a plantear todo lo que quería preguntarle. Parecía que hoy estaba más relajada que otras veces, pero no quería dar un paso en falso y estropearlo todo. Me aclaré la garganta.

–La chica que fue akumatizada ayer –empecé– dijo que le habías roto el corazón a su hermano. ¿Era... era tu novio?

M. desvió la mirada. Pareció dudar un momento, pero por fin respondió:

–Sí, pero... no ha salido bien.

–Lo siento mucho, M. Espero... espero que lo que dije el otro día no haya influido en... quiero decir... –me detuve porque no sabía cómo plantearlo sin parecer presuntuoso.

Ella alzó la cabeza para mirarme.

–Sé lo que quieres decir. Sí y no, en realidad. Me refiero a que... lo que estuvimos hablando... me hizo reflexionar sobre mi propia situación con Lk..., pero tú no tienes la culpa. Era una conclusión a la que tenía que llegar por mí misma tarde o temprano.

Bajé la cabeza.

–Aún así, lo siento. No debería haberte cargado con mis problemas, porque bastante tienes ya con los tuyos y...

–Todo está bien, Cat Noir.

–...y últimamente no puedo quitarme de encima la sensación de que estropeo todo lo que todo.

–Eso no es verdad.

Levanté la mirada. M. se había colocado a mi lado y me sonreía.

–Tú no has estropeado nada, al contrario. Siempre estás ahí para salvarme cuando lo necesito.

–Para eso están los héroes –repetí, sonriendo también.

–Y los amigos –añadió ella, y sentí un agradable cosquilleo por dentro.

La amistad de M. es muy importante para mí, y me costó mucho ganármela porque no empezamos con buen pie cuando nos conocimos. Por eso me hace feliz saber que soy importante para ella, con o sin máscara.

Eso me dio valor para plantearle lo que llevaba tanto tiempo queriendo decirle:

–M., sé que estás atravesando una mala época...

Volvió a ponerse a la defensiva de inmediato.

–No quiero hablar de eso, Cat Noir.

–Lo sé –respondí, tratando de tranquilizarla–. Y no te voy a presionar. Solo quería que supieras... que me preocupa la posibilidad de que Lepidóptero se aproveche de ello.

Ella suspiró y desvió la mirada.

–Ya lo ha intentado –confesó tras un instante de silencio–. He visto akumas a mi alrededor alguna vez. Por suerte no han conseguido alcanzarme, pero...

Inspiré hondo.

–¿Cómo has conseguido librarte de ellos? –pregunté, tratando de no sonar demasiado alarmado.

Se encogió de hombros.

–En clase a veces hacemos sesiones de relajación para aprender a mantener la calma en esas situaciones –respondió–. También practico meditación con mi madre. Si respiras hondo e intentas pensar en cosas bonitas... y dejas que el miedo, el enfado o la tristeza se vayan desvaneciendo... el akuma simplemente se marcha.

La contemplé con admiración.

–Eres mucho más fuerte de lo que piensas, M. –le dije–. Yo no sería capaz de hacer eso.

Pretendía ser un cumplido pero, de nuevo, algo de lo que dije pareció asustarla, porque me miró con los ojos muy abiertos.

–¡Claro que podrías! –exclamó–. Solo tienes que poner la mente en blanco... no, no, en blanco no, olvida esa palabra... Mejor... vaciar tu mente... y respirar hondo y... relajarte, y así tal vez el akuma...

–M...

–Sé que es difícil –prosiguió ella sin escucharme–, que hay veces que no ves la luz al final del túnel... y sientes ganas de rendirte... y cada vez cuesta más esfuerzo porque estás más y más cansada, y te sientes sola y te da miedo el futuro, pero...

La sujeté por los brazos, tratando de calmarla.

–Todo saldrá bien, ¿vale? –le dije con dulzura–. Lepidóptero nunca ha llegado a akumatizarme, y tampoco lo conseguirá contigo, te lo prometo. Haré todo lo posible por impedirlo.

Parecía muy asustada, pero mis últimas palabras la hicieron reaccionar. Me miró sorprendida.

–¿Por eso vienes a verme por las noches? ¿Por los akumas?

–En parte. –Le sonreí–. Sé que no puedo hacer nada para que te sientas mejor, pero si al menos puedo mantenerte a salvo de los akumas...

–Pero... pero... no puedes hacer eso –balbuceó ella–. Quiero decir, que tendrías que estar cerca de mí a todas horas, y por otro lado hay muchas más personas en París. No puedes velar por todos nosotros.

–Ya lo sé. Por eso me gustaría poder velar por ti.

Se apartó de mí bruscamente y me dio la espalda. Puede que M. aún sienta algo por mí, puede que todavía le duela el rechazo y por eso quizá no debería decirle estas cosas, pero necesito que sepa que puede contar conmigo pase lo que pase.

–Es algo personal –proseguí–. Desde la tarde en que nos conocimos, ¿te acuerdas?

En realidad nos conocimos el primer día de curso, pero ella no lo sabe. Para M., la primera vez que habló con Cat Noir fue cuando tuvimos que enfrentarnos juntos a Evilustrator, el villano que estaba enamorado de ella.

–Te dije que te protegería, ¿recuerdas? –continué–. Que conmigo a tu lado no tenías nada que temer. Y sé que a lo mejor no hice un gran trabajo contra Evilustrator –reconocí, un tanto avergonzado–, pero desde entonces he aprendido un montón, y ahora soy un héroe curtido en mil batallas.

Cuando alcé la mirada hacia ella, descubrí que me sonreía con cariño.

–Claro que sí –dijo; alzó la mano para acariciarme la mejilla–. Eres el mejor de los héroes.

–La mejor es Ladybug –respondí. Para que veas que te soy leal siempre, en cualquier circunstancia. Incluso cuando una chica tan increíble como M. me dice cosas tan bonitas que podría ponerme a ronronear.

Ella sonrió y me miró con ternura. Aún no había retirado la mano de mi mejilla, y yo no quería que lo hiciera. A pesar de que esta última semana he pasado mucho tiempo con ella, tengo la sensación de que está cada vez más lejos de mí.

–El segundo mejor, pues –concedió.

–¿Puedo... puedo seguir viniendo, entonces? –me atreví a preguntar.

M. apartó la mano y dio un paso atrás, y una sombra de miedo atravesó su mirada.

–Es peligroso –dijo.

–¿Peligroso? –repetí sin entender.

M. inspiró hondo.

–Sé que hasta ahora no hemos sido muy prudentes –explicó–. Mi padre te invitó a almorzar y tú dijiste que sí, y te presentaste en la puerta de mi casa con una rosa en la mano, y cualquiera podría haberte visto...

–Pero... pero... –balbuceé–, yo solo pretendía ser cortés, y aclarar las cosas, y nunca fue mi intención...

–Lo sé –cortó ella–, pero para cualquiera que te hubiese visto habría parecido otra cosa, incluso mi padre pensó... –Tragó saliva–. Lo que quiero decir es que como superhéroe no puedes tener preferencias, ¿sabes? Y si vienes a verme a menudo, Lepidóptero podría descubrir que... que...

"Que eres importante para mí", comprendí.

–...que tú y yo somos amigos, y podría utilizar esa información contra ti.

–Entiendo –murmuré–. Te convertiría en objetivo de Lepidóptero y te pondría en peligro.

No había pensado en ello, la verdad. No importa cuánto intente arreglar las cosas, siempre hay algo que paso por alto y lo estropeo todo.

Bajé la cabeza y agaché las orejas con tristeza. M. me miró, indecisa, mordiéndose el labio inferior.

–Quizá... –murmuró entonces–. Quizá, si vinieses por la noche, cuando no hay luz, y sin que nadie te viera...

La miré esperanzado.

–¿Podría... venir a visitarte?

Ella respiró hondo un par de veces.

–Es una muy mala idea –murmuró–. Quiero decir que deberías... por seguridad... mantenerte alejado de mí... o sea, no solo de mí, sino de cualquier otra persona que... pueda convertirse en un objetivo para Lepidóptero, pero... –Tragó saliva–. Es una muy mala idea –repitió, sacudiendo la cabeza.

Ocultó la cara entre las manos, temblando. Me acerqué a ella en silencio.

–Pero tú si que quieres que venga, ¿verdad? –le pregunté en voz baja.

Tras un instante de duda, y aún cubriéndose la cara con las manos, M. asintió en silencio. Le pasé un brazo por los hombros y me devolvió el abrazo al instante, como si estuviese deseándolo.

–Entonces vendré –le aseguré–. Por la noche, para que nadie me vea. Será nuestro secreto.

Sonrió débilmente.

–Por fin un secreto que no me importa guardar –murmuró.

Y tengo la sensación de estar haciendo algo bueno y malo al mismo tiempo, milady. Creo que es bueno que vaya a verla porque de veras quiero ayudarla y protegerla, y ahora Lk. no está a su lado para ofrecerle un hombro sobre el que llorar. Pero también pienso que es malo porque M. tiene razón, puede que la ponga en peligro. Sin ir más lejos Alya Césaire, la encargada del Ladyblog, ha sido víctima de Lepidóptero y sus villanos en más de una ocasión porque ha colaborado muchas veces con nosotros. Y a Chloé Bourgeois la akumatizó cuando era Queen Bee porque conocía su verdadera identidad y pudo utilizar a sus padres para presionarla.

Pero tendré muchísimo cuidado, lo prometo. Nadie debe saber hasta qué punto M. es especial para mí.

Siempre tuyo

Cat Noir


NOTA: He pescado una gripe :S, así que es probable que durante un tiempo no pueda actualizar todos los días. O puede que sean capítulos más cortos. Veré qué puedo hacer.