Yuuri tomó su teléfono y lo observó un rato, estaba nervioso ya que no sabía lo que su novio le diría, pero debía ser valiente y aceptar cualquier cosa ya que él se había equivocado y debía aceptar su culpa. Phichit lo observaba con el rostro impaciente ¿Cuánto podía tomarle a su amigo marcar un número? Le quitó el teléfono de las manos y marcó hasta que después del primer tono escuchó un "¿Hola?", parecía que alguien estaba desesperado, esperando aquella llamada. Le extendió el celular a Yuuri riéndose por la cara de pánico que había puesto su amigo, solo debían hablar y listo, no era tan difícil.

Yuuri tomó el teléfono y habló con voz temblorosa— Yuri —no sabía cómo empezar a conversar— soy yo.

Al otro lado de la línea el rubio se había puesto nervioso también, por lo que en vez de esperar para contestar como su cerebro le dictaba, simplemente apretó para que la llamada conectara y habló de inmediato. Se rio al escuchar a su omega— Ya sé que eres tú, idiota. Sale en mi pantalla —al parecer la tensión se estaba borrando entre ellos al hacer una pequeña broma, ambos querían solucionar esto lo antes posible por lo que si se relajaban sería más fácil.

Yuuri sintió ganas de llorar al escuchar que su novio le hablaba con normalidad— sé que soy idiota —respondió al borde del llanto el cual podía distinguirse en su voz y que era aún más perceptible para el rubio quien ya lo conocía bien— por eso… lo siento.

A Yuri se le humedecieron los ojos, pero los cerró para evitar llorar. Otabek solo lo miró y decidió salir de la habitación ya que ese era un momento privado entre ellos aunque estuvieran a través del teléfono.

Phichit hizo lo mismo con su amigo, se fue a preparar algo para que el japonés comiera ya que imaginaba que ahora tendría más apetito ¿Cómo sería darle tanto poder a una persona como para que pueda romperte en un segundo y al siguiente repararte como si nada hubiese sucedido? Le gustaría entenderlo, porque en su relación al parecer él solo terminaba cada vez más roto y era otra persona la que venía a arreglarlo. Debía pensar mejor las cosas al parecer.

¿Qué harás mañana? —omitió sus disculpas, él también se había equivocado, pero no diría nada al respecto. Yuuri lo conocía bien y entendió que estaban dando el tema por pasado.

Tengo que ir a una de las sesiones —respondió sincero— ¿Quieres acompañarme? —la voz le tembló un poco, lo necesitaba junto a él, después de todo lo amaba.

¿A qué hora paso por ti? —cedería, debía hacerlo ya que tenía que confiar en su pareja o esto no funcionaría nunca.

El japonés se puso feliz y le dio todos los detalles al rubio de cómo eran los tratamientos a la vez que le decía a qué hora debían salir de casa para llegar puntuales al lugar, Yuri de vez en cuando hacía una que otra pregunta inmiscuyéndose poco a poco en lo que era importante para el azabache. Lo apoyaría y no cometería el mismo error dos veces, si Nikiforov no le había refregado en la cara que tenía a Yuuri comiendo de su mano, significaba que en realidad solo hablaban y que no había nada entre ellos. Si analizaba la situación lógicamente, alejándose solo lograría dejar a su novio en manos de ese alfa, debía hacer lo contrario y acercarse más para que este no necesitara hablar con el platinado ya que lo tendría a él.

La conversación terminó con un rubio regañando a su omega por no estarse alimentando como era debido, al parecer su novio tendía a no comer cuando se sentía triste y eso solo lo preocupaba el doble— adiós, Yuratchka —ese nombre sonó tan tierno en los labios de su novio que se sonrojó.

Adiós… Yuu, te amo —cortó la llamada inmediatamente después de lo último, él no era de decir frases cursis y esas cosas, pero recordarle que lo amaba no lo mataría.

Por su parte el japonés estaba feliz, se prometió a sí mismo no ocultarle cosas de nuevo a su novio, se las diría aunque esté no estuviera de acuerdo o se enojara, pero por lo menos sabría que era lo que él estaba haciendo.

Comió lo que Phichit le preparó, no hablaron mucho del asunto ya que el moreno se conformaba con verlo feliz, así que todo estaba bien.

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Yuri llegó puntual a buscar a su omega quien se lanzó a sus brazos al verlo, no habían sido muchos días de su pequeño distanciamiento, pero lo habían sentido como eternos al necesitarse tanto. El rubio no se había dado cuenta de en que proporciones extrañaba a Yuuri hasta que sintió sus suaves labios, extrañaba tanto ese pequeño gesto que tomó al azabache desde la nuca para profundizar aquel acto y poder saborear su boca por completo.

El japonés estaba nervioso y se aferró a la camiseta del chico frente a él como si no quisiera que se alejara nunca, correspondió el beso con la misma intensidad jugando con la lengua contraria, recordando ese sabor que tanto le gustaba y sintiendo el aroma dulce de ambos mezclarse a la perfección. Al separarse ambos sonrieron como idiotas, al rubio solo le duro un segundo la mueca en el rostro y al japonés todo el camino hasta la clínica.

Se mantuvieron abrazados en todo momento y conversando de cosas sin importancia, además de preguntar por la familia del contrario, después de todo ya se habían acostumbrado a ir a la casa del otro y a compartir con los familiares de su pareja.

El doctor llamó a Yuuri y este no soltó la mano del rubio al entrar a la consulta, sorprendiendo un poco al médico al no verlo venir con el beta moreno— este es mi novio —le mencionó feliz— es de quien le había contado.

El doctor examinó con la mirada al chico dándose cuenta que era otro omega, a él no le importaba aquello, pero debía admitir que era extraña una relación así, aunque si se podía dar en casos especiales. El de bata blanca procedió a explicarle al rubio que en las últimas dos sesiones Yuuri necesitaría más apoyo ya que serian un poco más fuertes y podría presentar malestares, así que le pidió por favor estar al pendiente de su pareja.

Yo me haré cargo —respondió de inmediato y Yuuri se sintió feliz.

Le inyectaron al japonés el medicamento de siempre y le recetaron las pastillas que debería tomar hasta la siguiente sesión, lo revisaron observando si había algún progreso y le tomaron muestras de sangre y orina, las cuales estarían listas al día siguiente.

Por lo visto el tratamiento está funcionando, esperemos que al terminar todo esté en orden —agradecieron al doctor y salieron de su consulta.

Yuri entendió varias cosas ese día y una de ellas era que si hubiese apoyado a su pareja desde el principio, nada malo hubiese pasado entre ellos, porque Yuuri se hubiese sentido apoyado al igual que ahora. Se notaba un aura distinta en el omega azabache, no como cuando le ocultaba aquel secreto.

Yuu —el aludido detuvo su caminar para ver esos verdes ojos que tanto amaba— quiero… —tomó aire ya que esto lo ponía un poco nervioso, una vez ofreciendo aquello no podría retractarse— quiero que nos quedemos fuera esta noche —se sonrojo al decirlo y desvió la mirada— quiero… ya sabes…

El japonés enrojeció también, entendiendo las palabras de su pareja— ¿Me dejarás tocarte? —Yuri asintió con la cabeza y se abrazó a sí mismo— prometo que no avanzaremos más de lo que tú sientas correcto.

Solo vamos, antes de que me arrepienta.

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No fue mucho lo que hicieron, primero llamaron a sus respectivas familias y después fueron a un hotel cualquiera, después de todo ninguno estaba en su celo así que no necesitaban un lugar especial para hacer lo que querían.

Llegaron a la habitación y sin siquiera encender las luces comenzaron a besarse, el rubio sentía la necesidad de tener a Yuuri entre sus brazos, si bien no era un alfa poco a poco nacía en él un instinto posesivo. Mordió su cuello para dejar una marca, Yuuri se dejó hacer mientras se arriesgaba a colar sus manos por debajo de la camiseta de su omega, sintiendo como este se estremecía a su tacto. El japonés pensó que lo incomodaba y sacó sus manos de ese lugar— no te detengas —le dijo con seguridad— quiero sentirte también.

Sus respiraciones se agitaron, entre besos y caricias, cayeron en la cama de golpe, rebotando en el colchón y riendo al instante. Yuuri se subió sobre el cuerpo de su novio y comenzó a darle besitos cortos en los labios para de a poco irlos alargando hasta que llegó el momento en que no separaron sus labios más que para tomar aire. El japonés volvió a colar sus manos bajo la camiseta del rubio, acariciando suavemente su abdomen para luego llegar a su pecho, atreviéndose a rosar los pezones del contrario con la yema de los dedos.

Tras la última acción lo escuchó suspirar así que levantó la mirada y pudo verlo sonrojado, con el antebrazo sobre los ojos y la boca abierta para poder respirar mejor ya que por la nariz se le dificultaba, sonrió satisfecho y levantó más la prenda, lo hizo con lentitud para poder detenerse si este se lo pedía, pero aquello no sucedió. Yuuri acercó su rostro hacia aquellos botones que comenzaban a erguirse y pasó su lengua por el derecho, escuchó un pequeño gemido escapar de los labios de Yuri y se sintió más valiente para continuar. Comenzó a chupar despacio aquel lugar mientras se deleitaba con los sonidos de placer que daba el chico bajo él, hizo lo mismo con el otro pezón hasta que ambos estuvieron completamente duros.

Yuuri fue yendo más rápido, armando un camino de besos húmedos hasta llegar al borde del pantalón del otro, logrando que este se estremeciera aún más y el corazón de ambos latiera sumamente rápido. No sabía si debería continuar con aquello ya que podía incomodar a Yuri, necesitaba su permiso, pero no sabía cómo pedirlo.

Yura… Yuratchka… —lo llamó con su voz ronca y el aludido se descubrió el rostro mostrando sus verdes ojos llorosos y oscurecidos por el placer.

Solo hazlo —dijo en tono suplicante mientras con su mano izquierda retorcía la sabana bajo él.

Yuuri accedió a su petición y desabrocho el pantalón del otro, el ruso levantó las caderas dejando que su novio le bajara los pantalones junto a la ropa interior. El japonés no se los sacó por completo, para que no se sintiera tan expuesto, se sorprendió al ver que su novio estaba duro por completo.

Tomó el miembro del rubio en su mano y comenzó a masturbarlo lento y tortuoso, como siempre esperando a ver que el otro aceptara sus acciones para no asustarlo, se atrevió a mas al escucharlo pedir por ello así que aumentó el ritmo. Salió un poco de líquido pre-seminal del miembro de Yuri y el japonés no pudo resistirse a inclinarse y pasar su lengua por la punta para saborear aquello que se veía tan delicioso para él. Yuuri levantó la mirada encontrándose con los ojos verdes del contrario y se relamió los labios, Yuri solo pudo sonrojarse aún más de lo que estaba y tiro su cabeza hacia atrás volviendo a cubrirse los ojos con el antebrazo. El azabache tomó eso como luz verde y se metió de una sola vez y completamente aquella erección. Subía y bajaba su cabeza al mismo tiempo que movía su lengua y veía el cuerpo de su novio retorcerse de placer a la vez que gemía más y más fuerte.

Supo que su omega iba a llegar a su orgasmo cuando este puso ambas manos sobre su cabello azabache y comenzó a marcar el ritmo que quería. Yuuri obedeció y a los pocos segundos sintió como el otro se corría dentro de su boca gimiendo su nombre. Se sintió feliz de haber logrado aquello y escuchar como lo nombraba.

Se levantó y fue directo a besar a Yuri el cual pudo sentir claramente su propio sabor en la boca ajena— asqueroso —dijo poniendo una cara rara para después sonreír.

Yuuri no le pediría más a su novio, sabía que para él aquello había sido un gran paso, estaban progresando a pesar de los problemas y eso lo hacía feliz, así que se acomodó junto a su omega y esperó a que este se durmiera para aliviarse el solo en el baño luego, no presionaría a Yuri más de lo debido.

Superarían cualquier obstáculo que se les pusiera, porque estaban hechos el uno para el otro, Yuuri podía sentirlo.