Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 23

El Acuerdo


Desperdicia todo tu tiempo esperando por esa segunda oportunidad,

Por el momento que hará que todo valga la pena.


Otra columna de humo pasó su oreja, arrastrada por la débil brisa de la noche. No había mucho que ver aquí afuera en el balcón, sólo un oscuro cielo y unas colinas todavía más oscuras y a la distancia apenas podía ver las luces parpadeantes de los rascacielos de la parte industrial de Amegakure, pero incluso a esta distancia podía ver la densa capa de smog rojo elevándose de ellos.

Kakashi tomó otra bocanada de su cigarrillo y tomó una copa de shochu. Ya iba a la mitad de la botella y había fallado en levantar su humor. Pero tampoco era como si el alcohol pudiera hacer mucho por los problemas que Kakashi estaba enfrentando ahora. Con un suave suspiro, se pasó el pulgar por la ceja, intentando alejar el dolor de cabeza que le seguía a todos lados estos días.

Una ligera mano golpeó su puerta, pero por un momento Kakashi no respondió. Necesitaba tiempo para prepararse antes de inhalar a profundidad y hablar. —Hazla pasar.

Él no se giró cuando la puerta de su dormitorio se abrió y escuchó un débil forcejeo como si una persona estuviera intentando forzar a otra a entrar. La puerta se cerró de nuevo con un satisfactorio golpe y todo se quedó en silencio.

Kakashi apuntó al escalón junto a él. —Siéntate. —Ordenó.

Lentas pisadas se arrastraron en el piso, a través del área de la sala y a través del dormitorio hasta que ella estuvo de pie junto a él, viendo a la noche. Pero ella se rehusó a sentarse. —No nos pueden ver juntos. —Susurró. —Estás loco por-

—Ya nos vieron juntos, y quiero que piensen que estamos juntos. —Kakashi replicó, levantando su copa de shochu antes de llevarla de vuelta a sus labios.

Sakura bajó la mirada para verlo, confundida y muy cautelosa. —¿Por qué? —Preguntó.

—Si somos abiertos respecto a esto, no se verá como si estuviéramos escondiendo algo. Y de esta forma puedo verte. —Replicó, encogiéndose de hombros.

Si Sakura tuviera pelaje, repentinamente hubiera estado erizado por completo. —¡Dijiste que me dejarías en paz! —Siseó.

—Debiste haberte dado cuenta ya que puedo valerme de mentiras y manipulación para conseguir lo que quiero. —Él apuntó de nuevo el escalón junto a él. —Ahora, siéntate.

Ella se le quedó viendo, titubeante, como si estuviera intentando descubrir exactamente el truco que haría a continuación. Evidentemente decidió que era seguro sentarse, o que sería más fácil descubrir que estaba pasando por su cabeza si lo complacía por un rato. Kakashi bebió su shochu agradecido. Sólo la gente débil necesitaba del alcohol para elevar su valentía… pero Kakashi se sentía tan orgulloso de sí mismo que no podía admitir que se sentía un tanto débil justo ahora. Había pasado un estresante mes preocupándose por terminar siendo descubierto, o que Sakura fuera descubierta en su ausencia, y el prospecto de volverse padre, y que Sakura nunca le iba a perdonar por ello… aderezado con la fea pelea que había tenido para hacer su viaje de regreso a este sitio; hombres más débiles ya serían desastres en estos momentos.

Por un rato se quedó callado, su mente era un espacio en blanco de nervios y pensamientos mudos. No tenía prisa de hablar con ella. Quería explicarle todo y excusarse y esperar por un poquito de vindicación, pero sabía que sería como subir una empinada colina hasta llegar a eso, si no es que era completamente imposible, y no tenía prisa de ponerse a discutir. Justo ahora estaba contento de estar sentado en ese austero y molesto silencio, en el que ella le odiaba tanto como él se odiaba a sí mismo.

Tomó la oportunidad para verla mientras estaba intentando estoicamente negar su mera existencia junto a ella. Su tamaño cuando se había girado ahí en la habitación le había sorprendido. No había mentido cuando dijo que Kurenai había sido así de grande cuando tenía seis meses a diferencia de Sakura con sus cuatro. De igual forma, Sakura era una chica más compacta: pequeña estatura, más delgada, caderas estrechas y mucho más joven que Kurenai con su primera niña.

Pero quizá lo que más había descolocado a Kakashi era cuan hermosa estaba. Nunca había creído en ese mito sobre cómo brillaban las embarazadas, y si había alguna verdad en ello, sospechaba que era sólo porque las embarazadas estaban inusualmente felices, o sonrosadas por el volumen extra de sangre, o sólo porque necesitaba tratamiento por envenenamiento por radiación.

Sakura al menos no podía ser acusada de estar feliz. Su rostro era una máscara rígida y estoica, sin embargo todavía conseguía evocar ciento y una emociones. Ella estaba molesta, herida, desconcertada y confusa, y entre más intentara mantener su expresión controlada, más obvio era. Y de cierta forma se sentía culpable por sentir placer en las suaves y pasivas líneas en su rostro. Sus labios estaban especialmente rosados, sus ojos oscuros y claros, y no importaba si la ira o el embarazo era lo que sonrojaban sus mejillas, su complexión natural era lo que otras mujeres buscaban al maquillarse. Algunos hombres se sentirían poco atraídos por la curva de su vientre, pero Kakashi no podía ocultar el ego primitivo que sentía satisfacción al sentir que esta era su obra. Por otro lado, el civilizado superego estaba muy horrorizado y todavía deseaba que pudiera inventar una máquina de tiempo para deshacer todo lo que había hecho.

—Si hubiera sabido por un segundo que habías dejado de tomar tu control natal, nunca hubiera hecho eso. —Dijo él en una voz profunda, a medias para sí mismo.

Los ojos de Sakura se entrecerraron débilmente hacia el horizonte. —¿En verdad quieres hablar sobre eso? —Preguntó con frialdad.

—Lo hecho, hecho está, supongo. —Suspiró, levantando su cigarrillo de nuevo. —¿De qué otra cosa te gustaría hablar? ¿El clima? Siempre es el mismo aquí; ¿Tal vez quieras hablar de poesía? ¿Tejido? ¿Sasuke?

La cabeza de Sakura se levantó de un tirón hacia él, precavida.

Él levantó la ceja en respuesta. —Pakkun me dijo. Escuché que fue una reunión muy conmovedora.

—No es de tu incumbencia. —Le dijo con frialdad. —Él ya no está aquí.

—¿No intentó libertarte entonces?

—Preferí arriesgarme con el hombre que no tiene las agallas para matarme. —Replicó.

Él llevó una mano a su corazón, como si estuviera conmovido, y exhaló otra columna de humo.

—¿Puedes apagar eso? —Preguntó cortante. —Incluso tú deberías saber que es malo para el bebé.

Era justo. Kakashi lo aplastó contra la madera decorativa y arrojó la colilla por encima del barandal. Inmediatamente sintió la pérdida, y fue entonces que supo que tenía otro problema en sus manos con el cual lidiar. Había pasado de ser un fumador casual-ocasional con firme control de sus hábitos a un adicto en menos de cuatro meses. No había duda alguna de por qué Sakura no lo aprobaba, pero era su culpa de cualquier forma y su hábito de fumar posiblemente era la menor de sus fallas ante los ojos de ella en estos momentos.

—Realmente estás cuidando a ese niño, ¿huh? —Murmuró.

—Esta cosa es una molestia, pero eso no significa que seré descuidada. —Dijo, envolviendo los brazos flojamente alrededor de su vientre. —Quién sea que lo críe merece tener un niño sano.

—Entonces lo vas a dar en adopción. —Dijo con la voz plana.

Ella se encogió de hombros. —Por supuesto. Tú mismo lo dijiste: No soy apta para ser madre, así que, ¿Qué opción tengo? Hay muchas mujeres allá afuera que cuidarán bien de él.

Kakashi pensó en su admisión con cuidado. La idea de renunciar a un hijo suyo, uno al que nunca vería de nuevo o del que sabría a futuro, y no conocer su rostro como para reconocerlo si se cruzaban en veinte años… no le sentaba bien. Dudaba que fuera así para Sakura, pero había muy pocas opciones para las personas en su situación, y la última cosa que quería ver era a Sakura entristecida con un niño con el que no pudiera lidiar, él no estaba ni siquiera seguro de que fuera un niño que ella pudiera amar. Su odio hacia él pudo haberse transferido como una apatía hacia su bebé, con términos como 'esta cosa' o el simple 'esto'. Pero también estaba la posibilidad de que Sakura estuviera intentando huir de las cosas que le aterrorizaban. No podía separarse físicamente del niño, así que obviamente estaba intentando distanciarse emocionalmente.

Probablemente eso era lo mejor.

—Deberías ver a un doctor. —Le dijo. —Hay uno en el feudo.

—No estoy enferma. —Puntualizó.

—Lo sé. Pero eso es lo que hacen las mujeres cuando están embarazadas, ¿No? Van a ver a los doctores. —Al menos Kurenai parecía pasar uno que otro día en el hospital cuando estaba esperando a Mirai.

—No lo sé. —Sakura dijo estoicamente. —Nunca antes he estado embarazada.

—Tampoco yo. —Sintió la necesidad de recordarle. —Pero tienes que estar atenta a… complicaciones. Quiero decir, ni siquiera sabías que tenías una incompatibilidad fetal-

—¿Por qué debería? —Preguntó con enojo. —Soy médico general- y me especializo en venenos y antídotos; ¡Obstetricia y ginecología son áreas completamente diferentes de la medicina! ¡Ni siquiera me gusta echar un vistazo ahí abajo, así que si puedo evitarlo-!

—Sólo ve a ver al doctor. —Le interrumpió. —Eso es importante. No podría vivir conmigo mismo si algo te pasa por culpa de este embarazo.

El rostro de Sakura se ensombreció. —No digas cosas como esas. —Gruñó.

—¿Cómo cuáles?

—Como que estás preocupado.

—Estoy preocupado. —Le dijo. —No estaría aquí si no me importara.

—¡Bueno, pues no deberías! —Le interrumpió. —¡Estaría más feliz si no estuvieras! ¿Por qué demonios pediste que viniera, Kakashi? ¿En verdad es para verme? ¿Qué estás tramando?

Estaba demasiado sorprendido por la falta del sufijo que siempre había acompañado a su nombre como para responder con rapidez. En otras circunstancias, eliminar el 'sensei', hubiera parecido un gesto más familiar. Sin embargo, su nombre sonaba mal por la forma en que lo había dicho. Ella no le estaba llamado por su nombre sólo porque era cercana a él, o porque estuviera esperando a su hijo. Le estaba llamando por su nombre porque había perdido demasiado respeto por él como para reconocerlo como su superior.

Sabiendo que estaba tan abajo como podía en sus ojos, respondió honestamente. —Te traje aquí para seducirte y convertirte en mi amante.

Hubo silencio. Entonces Sakura se puso en pie repentinamente y vino un agudo y feo dolor en sus costillas donde ella le pateó. Kakashi gruñó, pero sólo tuvo medio segundo para tomar una de las danzantes mangas del yukata de Sakura antes de que ella pudiera escapar hacia la puerta. —Tal vez te tomaste eso un poquito muy literal. —Le dijo, frotándose el punto adolorido.

—¡Eres un cerdo! —Le gritó.

—Sí, lo sé. —Dijo, tirando con suficiente fuerza como para obligarla a sentarse de nuevo. —Pero este cerdo es tu seguro. Al menos mientras todos crean que tengo un interés especial en ti, aunque sólo dios sepa por qué. ¿Quizás porque me gusta lo accesible y agradable que eres?

Sakura se le quedó viendo molesta.

—Mientras la gente piense que estoy interesado en ti, —Continuó, ignorando su fuerte mirada. —estás a salvo. Nadie va a intentar acabar de nuevo con tu vida, no si piensan que hacerlo me provocará. Así que por el bien de todos, ahora dormimos juntos.

—Todavía tengo pesadillas sobre eso, gracias. —Replicó. —Y mi posición social en esta casa ya es difícil. No necesito que las personas piensen que soy más zorra de lo que originalmente creían.

—Es la única forma en que puedo protegerte. Mejor ser una zorra a la que nadie se atreva a tocar, que una sirvienta virtuosa sobre la que se puede pisar. —Dijo mientras levantaba su botella de shochu para servir otra copa, sólo para encontrar con decepción que ya estaba casi vacía. —Algunas personas estarían agradecidas.

Sakura observó la caída del alcohol con disgusto. —No puedes esperar que esté agradecida. —Dijo en voz baja. —No después de las cosas que has hecho.

Él se limpió la boca y se quedó viendo el fondo de su copa. —Si de algo sirve, lo siento. —Dijo, y había mucha más intensidad dentro de él de lo que sus palabras podían mostrar. Más de lo que él era capaz de expresar con su naturaleza tan taciturna.

—Si lo sientes, ayúdame a salir de aquí. —Sugirió, mirando su perfil más de cerca de lo que él hubiera querido.

—Si te dejo regresar, destruiré todo por lo que he trabajado. —Dijo con pesar. —Tienes que quedarte aquí. Al menos por ahora.

—Entonces puedes meterte tu disculpa en el trasero. —Anunció, y se giró a medias en el escalón del balcón para volver a ignorar su existencia.

Ser ignorado no era tan duro como ser molido a golpes, así que Kakashi decidió aceptar su indiferencia con un vago suspiro de alivio y estiró su rígida y adolorida pierna que él había limpiado y parchado. Ordinariamente le hubiera pedido a Sakura que lo curara, pero sabía que su chakra había sido neutralizado, y sería así hasta el preciso momento en que el infante dejara su cuerpo. Aunque, incluso si ese no hubiera sido el caso, sabía que pedirle que le sanara pese a la actual naturaleza de su relación realmente sería presionar su suerte, si no poner el cuello bajo la guillotina.

Tendría que lidiar con no tener un médico, aunque estaba esforzándose en entender cómo había conseguido llegar hasta aquí sin ninguno a su lado. Primero había tenido a Rin, después él se había resignado a cualquiera que estuviera de turno en el hospital. Luego de que Sakura hubiera dedicado sus talentos a la medicina, una vez más se había acostumbrado a tener su propia doctora –una que estaba muy poco dispuesto a compartir con otros equipos. Siempre había pensando en ella como su médico, mucho antes de que hubiera pensado realmente en ella de cualquier otra manera, tiempo atrás cuando él se sentía posesivo hacia ella por una razón buena y profesional, hasta que se volvió posesivo hacia ella por razones estúpidas relacionadas a la testosterona. Eso había sido cerca del tiempo en que ella comenzó a salir en serio tres años atrás, y él se había encontrado profundamente incapaz de sentirse feliz por ella.

Y ahora, sin ninguna intención, había conseguido poseerla de una forma en que ningún otro hombre haría. Había tomado su virginidad. Le había embarazado. Después había marcado su nombre en su trasero. No era de adivinar por qué ella le odiaba tanto.

En retrospectiva, lo último había sido de mal gusto. Pero estaba dispuesto a remover esa etiqueta de chakra con el tiempo, si encontraba la manera de hacerla entender por qué tenía que quedarse en este lugar… o cuando ella alcanzara un tamaño en el que escapar fuera físicamente imposible. Considerando que ella estaba comenzando a mecerse un poco al caminar, no tendría que esperar mucho.

Sakura repentinamente resolló con frustración junto a él. —¿Cuánto tiempo tengo que quedarme aquí? —Demandó, claramente sufriendo de su compañía.

Él pensó en un tiempo razonable en su cabeza. —Tal vez dos horas.

—¿Por qué necesitarías de dos horas? —Preguntó, dándole una mirada mordaz.

—Bueno… una hora sería para seducirte y domar a la bestia, —Le explicó, sabiendo que posiblemente necesitaría un año o más para domarla en la realidad. —Entonces, necesitamos una hora o más para el evento principal.

Ella ahora parecía incrédula. —¿Una hora? —Dijo con voz plana.

—Sí. —Dijo, poniéndose incómodo. —Una hora.

—Debes estar bromeando. —Le dijo muy en serio. —Te tomó noventa segundos quitarme la virginidad.

Kakashi se dejó caer sobre su espalda como si fuera una piedra, sus manos cubriendo su rostro. Esto era suficiente para su pobre ego masculino, y esta mujer –esta harpía- era implacable. —Vete. —Croó. —Vete y azota a otro pobre bastardo con esa horrible boca tuya.

Había un aire de satisfacción en Sakura mientras se levantaba y salía de sus aposentos. No iba a darle ni una pizca de la confianza o cariño que una vez él había tenido de ella. Tenía mucho respecto propio como para no pelear contra él hasta que se terminara, y dudaba que en algún momento recuperaran su amistad.

Extrañaba lo que una vez tuvieron. Ahora, medio confuso, todo lo que podía preguntar era adónde se había ido su Sakura. Esa que le tejía feos accesorios de invierno. La que le había dado chocolates en San Valentín con un débil sonrojo que contradecía sus palabras cuando le dijo que le había dado los mismos chocolates a cada tipo que conocía. La Sakura que se sentaba junto a su cama de hospital siempre que era ingresado y que le regañaba con ternura y repetidamente, incluso mientras cortaba su comida y le sonreía con calidez, y le ayudaba a lavarse las axilas. Extrañaba el ritmo con el que seguía su sentido del humor. Cómo siempre entendía sus bromas y le seguía el juego, incluso cuando dejaban a otras personas confundidas. Extrañaba cuán bonita era cuando estaba borracha, y que cuando se entregaba a la tentación de tocarla, ella se lo permitiera, incluso si la mayoría del tiempo no entendiera que él no estaba bromeando.

Había sido su compañera en más formas que sólo siendo su médico personal, o su subordinada favorita con mayor intuición. Si lo que ellos tenían no hubiera sido importante o especial, nunca hubiera progresado al punto en que lo hizo. Incluso si esos noventa segundos cuatro meses atrás habían resultado por puro instinto, nunca hubieran sido posibles si ella no se sintiera de la misma manera. Y sin embargo, antes de que ella descubriera su armario lleno de esqueletos, y antes de que pudiera incluso saber de su embarazo, él le había enajenado. Él esperaba por el momento en que pudieran hacer las paces, pero su propia historia finalmente lo había atrapado, y en todo lo que había tenido éxito fue en alejar a Sakura.

Quizás algunas relaciones no estaban destinadas a ser.


Sakura tuvo que inhalar profundamente antes de entrar a su dormitorio de nuevo, esperando que todas las chicas se hubieran ido a dormir en su ausencia para así no poder ser sujeta a su frialdad. Pero esto resultó ser un sueño inútil cuando abrió la puerta y tres chicas repentinamente se sentaron en sus camas.

—¿Sakura? —Susurró la silueta que lucía como Kaoru. —Te fuiste por casi media hora; ¿Qué sucedió?

—¿Qué quería Kakashi? —La sombra de Aki preguntó.

La forma de Yui se dejó caer de vuelta en su cama, como si no le interesara. —Es muy obvio lo que él quería, Aki. —Dijo. —Aunque él la regresó horriblemente rápido.

—No es lo que piensan. —Sakura les dijo con dureza. —Sólo hablamos.

El silencio que siguió fue más que incrédulo. Era demasiado pedir que le creyeran, especialmente después de lo que Aki y Yui habían atestiguado antes. Sin duda le habrían dicho a Kaoru ahora lo que había pasado, y aunque Sakura había intentado advertir a la pobre chica sobre enamorarse de tal forma por un hombre que no lo valía, parecía que era un poquito tarde.

—¿Por qué Sakura? —Kaoru susurró. —Él podría tener a cualquiera de nosotras; ¿Por qué escoger a la que tiene cuatro meses de embarazo?

—Escuché del resto del clan que él es muy pervertido. —Aki dijo con repulsión. —Quizás tiene algún fetiche extraño con las embarazadas.

—Tiene que tener un fetiche para ir por ella. —Yui gruñó.

—Él dijo que le gusté por lo accesible y agradable que soy. —Sakura dijo, esperando calmarlas.

Kaoru se le quedó viendo. —Fetiche. —Dijo.

—Definitivamente un pervertido. —Aki aceptó.

—¡Oh, ustedes…! —Sakura levantó las manos. —Voy a la cama. Ninguna de ustedes me hable.

Ella se movió a tientas hacia su futón en la oscuridad, pero parecía que ni Kaoru ni Aki habían puesto atención sobre su decreto de 'no me hablen'. —¿Qué está pasando, Sakura? —Aki susurró hacia ella. —¿Está intentando convertirte en su amante o algo?

—Intentando. —Sakura bufó. —Pero no tengo intención alguna de complacerlo.

—Quizás alguien debería hablar con la mano derecha del Amo Zuru sobre esto. —Kaoru dijo con ansiedad. —Los invitados no deberían acosar al personal; ¿Tal vez Zuru pueda hacer algo para detenerlo?

—A Zuru no le importa lo que nos pase. —Aki apuntó. —Y mientras ellos estén aquí, el clan Hatake puede hacer lo que quiera. No hay manera en que Zuru se enfrente contra Hatake Kakashi.

—¿Qué hay de Karasu? —Kaoru sugirió.

—Supongo… —Aki murmuró. —Él es muy controlador sobre Kakashi. Si sospecha que va hacia la misma dirección que el Colmillo Blanco, hará que se detenga.

—¿La misma dirección que el Colmillo Blanco? —Sakura repitió, confundida.

—Caer por… externas.

Pero Sakura sólo sacudió la cabeza. —No. No le digas a Karasu; no quiero armar un escándalo, y puedo controlarlo.

Ella acomodó a cabeza en su almohada, señalando que era el fin de la charla, y como era típico encontró poco difícil el dormir. Incluso cuando su mente estaba llena de ansiedades, ningún poder en el mundo podría detenerla una vez que su cabeza encontrara su almohada.

Durmió muy profundamente como para recordar en qué había soñado, pero la mañana siguiente Sakura despertó con las imágenes de su sueño todavía vividas y frescas en su mente. Kakashi había estado en él, con su uniforme de jounin. En sus brazos sostenía un bulto de mantas del cual salían dos bracitos diminutos, pero sin moverse él parecía alejarse cada vez más y más de ella, y todo lo que podía escuchar era a él diciendo: "No eres apta para ser madre. Apenas puedes cuidarte a ti misma."

Cuando Sakura abrió los ojos, se sentó con una extraña sensación de intranquilidad. Había sido sólo un sueño, pero el sentimiento de pérdida se había sentido demasiado real.

Pero como era usual hubo poco tiempo para pensar en algo una vez que un nuevo día comenzaba. Tenía que lavarse y vestirse para encaminarse hacia el comedor para devorar una cantidad de comida que haría que el jardinero más enorme y fortachón viera con envidia. Luego tenía que llevarle el desayuno a las gemelas a las que les gustaba su comida preparada de una manera particular con la que pudieran ser capaces de arrojarla a las espaldas de las sirvientas si un soldadito de huevo estaba fuera de lugar. Afortunadamente hoy era un día agradable y las niñas no le dieron problema, incluso si habían comenzado a referirse a ella como "La Gorda".

No era tan malo si lo pensaba. Kaoru era "La Tonta", porque no podía leerles, Aki era "La Blancucha" por su pálida piel y su tendencia de ponerse todavía más pálida si se enfrentaba a las gemelas. El apodo de Yui era "La Divertida", aunque no era por algo en el carácter de Yui. Las gemelas la llamaban así porque gracias a su arrogancia, vanidad y naturaleza orgullosa era el objetivo perfecto para sus bromas, y sus reacciones siempre conseguían satisfacerlas.

Después de las gemelas, tenía el resto de la mañana para ella misma. Normalmente usaría el tiempo para levantar las piernas y relajarse, pero la noche anterior Kakashi había hecho un comentario muy válido que ella no había considerado. Incluso si odiaba admitirlo, él tenía razón. A sus cuatro meses de embarazo, necesitaba ver al doctor en algún momento, y había un límite en cuánto podía seguir pretendiendo que su condición no existía.

Con tres horas que gastar, caminó cerca de la orilla del lago hacia donde sabía que estaba la casa del doctor, algo lejos del centro del feudo. La última vez que había estado ahí, Himiko estaba ahí muriendo, en una de las habitaciones al fondo. Sin importar si había sido el cuidado del doctor o las limitadas habilidades sanadoras de Sakura lo que la habían salvado, esa mujer había sobrevivido la noche. Sospechaba que al menos tendría que ser un doctor civil competente que probablemente tenía algo de experiencia sobre las mujeres y el embarazo.

Cuando ella golpeó su puerta él abrió con el mismo aire de aburrimiento que recordaba. Él la miró una sola vez, y sin una sola palabra le indicó que sabía quién era ella. —Estaba preguntándome cuándo vendrías. —Dijo él, retrocediendo para dejarla entrar.

Sakura no visitaba con frecuencia a los médicos; la única razón por la que lo haría era porque algo estaba fuera de su área. La ginecología era una de esas. Allá en Konoha regularmente iba con una doctora para su control natal… una mujer que más que felizmente le había dicho a Sakura que los efectos de sus inyecciones durarían al menos un año antes de que se detuvieran, y que Sakura no tendría que preocuparse por protección en varios meses. Cuando Sakura regresara, iba a estrangular a esa mujer con fuerza.

Como era de esperarse tan pronto entró Sakura en el dominio de otro médico, sintió un aguijonazo de intranquilidad. Su confianza en su propio conocimiento y habilidades le dejaban con una sensación de vulnerabilidad en el que quizá se estaba dejando en las manos menos calificadas de otra persona. El doctor la hizo sentarse en una silla en lo que parecía ser su oficina y una vez más le miró desde una distancia.

—¿Cómo te sientes?

¿Dónde comenzaba? —Cansada, a veces me siendo muy mareada, hambrienta, y siempre necesito ir al baño. A veces tengo dolor en mi espalda y pelvis. —Ella inhaló. —¿Eso es normal?

—Yo diría que sí. —Dijo tan casualmente que ella se vio obligada a creerle. —¿Cuánto tiempo tienes?

Ahora esta era una pregunta trampa. Por su propio bien lo mejor era ser honesta, pero al mismo tiempo, no podía admitir estar embarazada antes de llegar aquí. Eso crearía un enorme hoyo en su historia sobre que Toshio había sido el único Hatake con el que había estado.

Pero dudaba que este doctor supiera cuándo había llegado. —Cuatro meses. —Dijo confiada.

Él le miró. —Hm.

¿No le había creído? —¿Hay algún problema? —Preguntó titubeante.

—Sí. —Dijo sin titubear, haciendo que su corazón se detuviera.

¿Él lo sabía? ¿Sabía que no había posibilidad de que Toshio fuera el padre? —¿Q-Qué? —Sakura preguntó.

—Estás grande para tener cuatro meses, eso es todo. —Le dijo.

Sakura se reclinó un poco con una rápida inhalación. —No son… ¿No son gemelos, o sí? —Susurró en un tono que sugería que quizás habría algún daño si él decía 'sí'.

—Eres una chica pequeña, eso es todo. No eres muy alta, eres delgada, tus caderas son estrechas. Quizá tengas un parto difícil.

El prospecto del dolor no la preocupaba. —Pero ¿No son gemelos, verdad?

—No puedo saberlo desde aquí.

—¡Entonces venga y chéquelo! —Demandó.

El doctor dio un suspiro desanimado –en serio, Tsunade nunca dejaría que uno de sus médicos anduviera con esa actitud tan pesada- y levantó un estetoscopio hacia sus orejas. Sakura le dio silencioso permiso mientras se aflojaba el fajín y la yukata lo suficiente como para que él presionara el frío extremo contra la firme y redonda curva de su vientre.

Ella esperó mientras él escuchaba. Todo lo que ella podía escuchar era su propio latido.

—Sólo es uno. —El doctor dijo eventualmente. —No son gemelos.

Sakura finalmente pudo respirar con facilidad. Podía patear a Kakashi por poner esa horrible idea en su cabeza. —¿Y está sano? —Preguntó.

—Hay un pequeño latido fuerte, pero me gustaría hacer un sonograma para estar seguro. (*)

—¿Tiene un aparato?

—Principalmente para el corazón del Amo Zuru… pero puedo usarla contigo también, por supuesto.

Esto hizo a Sakura titubear. Sabía todo sobre sonogramas, e incluso había hecho algunos en el hospital. Conocía el procedimiento estándar para las mujeres embarazadas que tendrían ultrasonidos. Sin embargo parecía demasiado. Era diferente cuando estaba dentro de ella, creciendo cada semana de manera lenta, haciendo su presencia conocida sólo por los incómodos síntomas y su hinchado vientre. Pero ¿Ver dentro de ella y verlo en una pantalla…?

—Preferiría no hacerlo. —Sakura dijo cuidadosamente.

—No es peligroso. —El doctor le aseguró, malinterpretando su preocupación. —Es perfectamente seguro.

—Lo sé, pero…

—Es la única forma en que puedo asegurarme de que tú y tu bebé estén saludables; ¿No es esa la razón por la que viniste aquí? —Preguntó. —¿No quieres estar segura?

Era razonable. No podía ser negligente solo por sus propios miedos. —De acuerdo. —Sakura le dijo cansada. —¿Dónde me quiere?

La máquina de ultrasonido estaba en otra habitación. Sakura subió en la camilla cubierta con papel con algo de miedo, una vez más teniendo que descubrirse para exponer su estómago.

Esta era otra 'primera vez' que estaba resultado muy diferente a lo que Sakura había imaginado. Durante el primer ultrasonido de su primer embarazo, ella siempre había esperado estar en la cálida familiaridad el hospital de Konoha con su esposo a su lado y un amigable doctor haciéndolo. Nunca en un millón de años hubiera pensado que estaría a miles de kilómetros lejos de su hogar en una misión sin nadie más que un doctor extremadamente torpe arrojándole un gel muy frío en el vientre.

La pantalla estaba colocada junto a Sakura. Si giraba la cabeza podía ver, pero en el momento en que el transductor conectó con su piel ella reiteró la mirada, fijándola en la puerta del cuarto de examinación.

El gel se aplastó y la sonda presionó con fuerza contra ella. El doctor presionó algunas teclas con una mano, y luego se detuvo. —Ahí está.

El corazón de Sakura latió con fuerza, pero no se pudo obligar a ver.

—Por su tamaño, diría que tiene casi dieciocho semanas exactamente. Ahí está la cabeza… el cuerpo. También hay un latido; ¿Te gustaría escucharlo?

Antes de que pudiera rehusarse, un distorsionado ruido en patrón llenó la habitación. Sakura casi saltó, y por primera vez sus ojos se movieron hacia el monitor con shock. Ese era el latido de su corazón. Iba muy rápido. Y en la pantalla había un bulto con formas en blanco, negro y grises, pero como médico rápidamente identificó qué estaba viendo.

Una de las piernas pateó y Sakura inmediatamente pensó en ella misma. Apartó la mirada una vez más para ver la repisa de botellas y pociones, pero era demasiado tarde. La imagen estaba impresa en su mente. Este era su hijo.

—Yo lo encuentro muy saludable. —El doctor dijo, apagando el sonido del rápido latido. —Se mueve un poco; ¿Quieres saber el sexo?

—¿Puede saberlo? —Sakura susurró.

—Seguro.

Que este bebe fuera un niño o una niña podría conducir a problemas muy diferentes en su futuro. Una niña no sería de interés para el clan Zuru, mientras que un niño sería percibido como una seria amenaza y una que valía la pena destruir. Tenía que planear sus pasos con muchísimo cuidado, pero si era honesta consigo misma… esperaba que fuera una niña. No por la familia Zuru, sino porque siempre había querido una niña.

Pero eso parecía irrelevante ahora. No se quedaría con el bebe, sin importar cual fuera su género.

—No. —Sakura dijo suavemente. —No quiero saberlo.

El doctor asintió y comenzó a apagar el equipo. Él le pasó algunos pañuelos a Sakura para que se limpiara, y mientras ella se vestía él dijo, casualmente: —Probablemente tienes muchos problemas con ese hombre como su padre.

Él se refería a Toshio por supuesto, aunque sus palabras igualmente podrían aplicar.

—Si sabes lo que es bueno para ti. —Dijo lentamente, dándole una mirada penetrante. —Te irás de aquí antes de que nazca.

Las manos de Sakura se detuvieron en su fajín. Sus ojos encontraron los de ella y ella supo exactamente qué estaba intentando decirle.

Su vida estaba en peligro, porque el bebé era un niño.


Kakashi no tocó su comida ni bebida esa tarde. No era para ofender a sus invitados, después de todo la presencia de su familia en este lugar era una afrenta al Amo y a Lady Zuru. Una vez más los dos dueños del feudo estaban sentados en silencio al final de la mesa como si fueran los únicos invitados en la habitación, y echando un vistazo, la tranquilidad de sus familiares parecía exudar un aire de propiedad.

Él suponía, que de cierta forma, luego de todo lo que el Clan Hatake había hecho por esta familia y el feudo, se podría decir que eran dueños por mera deuda. Los miembros del clan platicaban, se reían y comían en vastas cantidades, y había algunas caras amargas entre ellos. Aparte de la suya. Y la de Reika, quien estaba sentada a su izquierda viéndose absolutamente molesta desde que él le había echado de su habitación con varios insultos desagradables. Y tal vez la de Karasu, quien estaba sentado a su derecha, con una expresión más o menos controlada desde que Kakashi había llegado.

Si Kakashi fuera a adivinar qué era lo que estaba molestando a su primo, diría que finalmente se había enterado de que Kakashi había llamado en la noche a una de las sirvientas para entretenerse.

Él estuvo un poco más seguro de su teoría cuando la puerta se abrió y Sakura entró con otra sirvienta para ayudarla a volver a llenar los vasos de bebidas. Sus ojos se encontraron los de él una sola vez mientras ella se movía alrededor de la mesa baja, ofreciendo rellenar cualquier vaso medio vacío que veía. Como era usual había un aire de infelicidad alrededor de ella, e incluso si jamás se había visto tan hermosa e impecable, sus ojos estaban apagados y casi vidriados.

Karasu se inclinó hacia él. —No sabía que te gustaban las gordas.

Kakashi se encogió de hombros.

—Es de mala educación meterse con el personal de nuestros honorables anfitriones. —Continuó. —¿Y si tengo que castigarte?

—Entonces castigame. —Kakashi respondió.

Karasu suspiró y rodó los hombros. —Podría simplemente matarla.

—No te pongas celoso. —Kakashi le dijo. —Yo haré lo que quiera, cuando quiera. Tanto como quiera.

Karasu bufó. —Hablando de celos, mira a tu izquierda.

Kakashi lo hizo, y se encontró con la venenosa mirada de Reika. Él rápidamente retiró la mirada. Ciertamente se había tomado personal que tan pronto como la había expulsado de su lecho se había metido con una sirvienta. Su sangre pura y arrogancia verían esto como un tremendo insulto. Ser dejada por una sirvienta común era el más grande golpe que le había dado.

Una vez más Karasu se río. —Supongo que es bonita, aceptaré eso. Pero esto es demasiado… escoger a una sirvienta sobre la que ya había mencionado preocupaciones. No estoy seguro de que está libre de sospechas.

—Entonces lo descubriré yo mismo, ¿No? —Kakashi apuntó oscuramente.

—¿Este es algún extraño método de interrogación? —Karasu preguntó con sospecha.

—¿Por qué no? Es bonita.

—¿Y te das cuenta que está embarazada de esa pequeña mierda de por ahí? Su hijo es uno de los nuestros. —Karasu apuntó.

—Lo sé. —Kakashi dijo. De hecho el niño sería más 'pura sangre' Hatake que el propio Karasu.

—No te metas demasiado en el drama. —Su líder advirtió. —Probablemente terminará muerta en algunos meses.

—Si el niño es uno de los nuestros, ¿No deberíamos estar protegiéndola? —Kakashi le preguntó casualmente.

Karasu pareció sopesar la idea, pero la eliminó con una sacudida de su cabeza. —El engendro de Toshio es parte de las ramas bajas. De abajo, y con sangre diluida. Un hijo de él y una sirvienta común no es de nuestro interés. Déjalos que lo críen como un sirviente. Y si quieren matarlo, será desagradable pero no deberíamos intervenir demasiado en sus asuntos si no queremos perder su patrocinio. —Él se detuvo y se inclinó hacia Kakashi. —Tú, por otro lado…

—¿Yo? —Kakashi repitió con la voz plana.

—¿Cuándo vas a empezar a moverte? No te estás haciendo más joven, y hemos hablado de esto antes. La mejor forma de ser aceptado de vuelta en el clan por los otros es si tienes algunos mocosos con alguna chica respetable; ¿Por qué no mueves el culo y pones uno en Reika? Está muriéndose porque suceda. Pero no, estás demasiado ocupado intentando meterte en un cubículo que ya está lleno.

Él había escuchado que describieran a Sakura como un montón de cosas en el pasado: como palillo con algodón de azúcar, un malvavisco esquizofrénico, y el más ardiente coño de las oficinas administrativas (él golpearía a cualquiera que usara ese en su presencia). Pero nunca había escuchado que la describieran como un 'cubículo lleno'. Sakura estaba arrodillada directamente contra la pared opuesta. Juzgando por el rosa en sus mejillas había escuchado cada palabra.

—A su tiempo. —Kakashi dijo indiferente.

Karasu suspiró. —Es que a veces no te entiendo. —Dijo él. —Necesitas concentrarte menos en tu verga y más en tu deber; ¿Conoces la formación de las tropas de Konoha?

—De memoria.

—Mañana. Hay un emisario de Iwa que se presentará y le dirás todas las posiciones y estrategias de los hombres de Konoha. Iwa estará internándose en el País del Fuego para final del mes y con suerte la información que le des será para dar un golpe crucial.

—Sí. Con suerte. —Kakashi respondió, intentando inyectar algo de sentimiento a las palabras que se sentían duras y vacías en su pecho.

La mano de Karasu le golpeó el hombro. —Entonces finalmente podrás regresar a casa. —Dijo, sonriendo.

Kakashi recordó esa sonrisa mientras se movía en su habitación esa noche. Era una sonrisa que prometía tanto, todas las cosas que había querido casi toda su vida: hermanos, hermanas –algo que recordara a una familia para llenar el agujero que su padre había creado en él. Siempre estaban los compañeros, los conocidos, e incluso los amigos ocasionales que eran muy cercanos a ser familia, pero nunca eran lo mismo.

Y Karasu sabía esto, y dejaba colgar la promesa de una familia frente a su nariz desde el día en que se habían conocido.


Distraídamente, Kakashi bajó una palanca que estaba en la pared. No provocó sonido alguno pero en algún lugar dentro de la casa una campana estaba sonando en los cuarteles de los sirvientes. Aquí en una de las habitaciones de invitados del piso superior estaba casi tan insolado del resto de la casa, y tomó varios minutos antes de que un sirviente masculino golpeara su puerta.

Insolado. La historia de su vida.

—Una de las sirvientas. —Kakashi dijo al hombre de pie que escuchaba atento ante su puerta. —Su nombre es Sakura. Tráela.

—Sí, Hatake-sama. —El sirviente hizo una reverencia y se movió para buscarla.

Kakashi caminó de nuevo alrededor de sus aposentos. Si caminaba a través de la habitación hacia el balcón, solo se detendría algunos segundos para quedarse viendo al paisaje antes de girarse y caminar de nuevo hacia la pequeña sala de estar en el dormitorio. Los minutos pasaron, y pasó un rato antes de que sintiera a Sakura aproximarse. Si hubiera pasado más tiempo hubiera tenido que ir por ella él mismo.

Para cuando ella abrió la puerta él había conseguido entretenerse en una silla frente a una pequeña televisión que estaba muda. Una mirada a ella y él casi se arrepintió de haberla sacado de la cama, pero incluso si se veía cansada y despeinada, todavía tenía la energía de mirarle con molestia.

—Ponte cómoda. —Le dijo.

Ella pareció interpretar esto como quedarse de pie incómodamente en el umbral. —¿Cuánto tiempo tengo que quedarme esta noche? —Le preguntó enojada.

—Depende del tipo de impresión que quieras darle a la gente. —Respondió. —Quédate cinco minutos y hazles pensar que te estoy usando como un pañuelo sucio, o si quieres darles la impresión de que tenemos un acuerdo algo digno entonces te tendrás que quedar una hora o más.

Sakura pensó en esto, entonces con rapidez se giró para irse.

—Te vas a quedar una hora. —Dijo secamente antes de que pudiera llegar a la agarradera. —Siéntate. Te ves como el infierno.

Ella le dirigió una mirada malévola, dejándole saber que no quería más que hacer todo lo opuesto de su 'sugerencia', y sólo fue gracias a un magnifico control en su temperamento que ella pudo girarse y se movió para sentarse contra la pared opuesta. Se sentó cuidadosamente, ambas manos descansando en sus rodillas con las mangas cubriendo su vientre. Pero era difícil descifrar su lenguaje corporal cuando se le quedaba viendo con tal ira penetrante. Kakashi encontró difícil el retirar la mirada, y tenía la sensación de que esto era lo que probablemente sentían las mariposas cuando el alfiler descendía sobre ellas para atraparlas por siempre contra una pared de terciopelo.

No era ni fácil ni placentero ser despreciado por Haruno Sakura. Él nunca había apreciado completamente cuan terrorífica podía ser cuando todo lo que había conocido era a esta encantadora jovencita de cabello rosa que nunca antes había tenido razón alguna para odiarle o desconfiar de él. Hasta que él había actuado detrás de su espalda, le había mentido, y ultimadamente le había aprisionado.

—¿Te gustaría una bebida? —Le preguntó, intentando aligerar el ambiente.

—¿Te gustaría joderte?

Ella no estaba sedienta, aparentemente. Kakashi tamborileó los dedos contra su brazo e intentó ignorar la malevolente atmósfera en la habitación. Él no sabía cómo iba a soportar esto durante una hora. —Fuiste con el doctor. —Mencionó.

Su cabeza se movió ligeramente de costado, aunque su expresión no cambió. —Estás espiándome. —Le acusó.

—No puedo evitar el notar tus movimientos —Dijo. —con esa marca de chakra en tu cuerpo.

—Fui al doctor ¿Y qué? —Preguntó, la hostilidad chorreando de cada poro.

Kakashi se rascó la nuca. —Así que… ¿Qué dijo?

—¿Importa?

—Creo que sí.

—Dijo que voy a tener un monstruo de siete cabezas que está destinado a traer el apocalipsis. —Dijo con la cara seria. —Dije que no era sorprendente, considerando quién es el padre.

—Eso es divertido. —Kakashi murmuró, aunque ninguno de ellos sentía ganas de sonreír. —¿Qué dijo realmente?

—Nada. Todo es normal. Fue una examinación tan mundana que casi lloro del aburrimiento.

—¿Checaste el género? —Preguntó.

Ella torció el gesto. —¿Por qué haría eso? No me importa. A ti tampoco, así que deja de preguntar.

Él se le quedó viendo. —¿No te sientes ni un poquito curiosa? —Presionó. —La apatía no te queda, Sakura.

—¿Qué quieres saber? —Demandó. —Tampoco lo mío es sentirme curiosa, y estaré feliz una vez que esta cosa salga y pueda regresar a mi vida. Eso es todo lo que me importa.

—Entonces, ¿Por qué estás llorando?

La mano de Sakura cruzó rápidamente a través de sus ojos mientras su rostro se enrojecía. Podría bajar la cabeza y quedarse viendo a su regazo, pero no iba a engañarlo. —Cállate. —Murmuró, y por un largo rato se quedaron en silencio. Kakashi convenientemente se había interesado en la costura de sus guantes mientras Sakura discretamente intentó remover algo de su ojo.

—Sólo estoy molesta, —Le dijo al fin con una voz temblorosa. —porque sigo pensando en lo que mi madre diría si estuviera viva. Si ella supiera que me entregué a un traidor, y que fui lo suficientemente estúpida para creerle realmente a mi propio doctor sobre el control natal; estaría tan decepcionada de mí. Su primer nieto no tendría que ser un error. No debería ser tuyo.

—Al menos hay probabilidades de que sea lindo.

—¿Y tú no tienes vergüenza alguna, o sí? —Siseó. —Te escuché hablando con Karasu en el comedor, ¿Le estás dando información directa a Iwa ahora? Esto simplemente se va a poner cada vez mejor, ¿No?

—Iwa no va a conseguir nada útil de mí. —Dijo cortante. —Te lo dije, seguiré protegiendo a Konoha sin importar qué, y preferiría morir antes que apoyar a una aldea que tomó tanto de mí en la última guerra.

—Eso es lo que no entiendo. —Dijo ella, sacudiendo la cabeza. —¿Por qué ayudar al Sindicato cuando están trabajando para la misma gente que mató a tus compañeros de equipo?

—Quizá porque no los estoy ayudando.

Algo en el rostro de Sakura se suavizó con incertidumbre. —Dime que es una equivocación, Sensei. —Dijo suavemente. —Dime que estás aquí para darles información falsa a Karasu e Iwa por petición de Tsunade, es eso, ¿Verdad?

Kakashi suspiró, frotándose la nuca mientras miraba el piso entre sus rodillas. —Si Tsunade supiera sobre todo esto… incluso si pudiera convencerla sobre mi lealtad, ella todavía estaría obligada a desarmar el Sindicato. No venderé a Konoha, pero tampoco nadie puede pedirme vender a mi propia familia.

Su rostro se enfureció de nuevo. —Eres igual que Sasuke. —Dijo ella. —Escogiendo a tu familia por encima de tu aldea, y dispuesto a observar a gente buena marchar hacia su muerte porque la única cosa que importa para ti es la sangre.

—No lo entenderías. —Dijo silenciosamente.

—Lo entiendo bien. —Replicó. —¿Y qué planeas hacer entonces? ¿Sentarte en la cerca y ver a tu familia y a tu aldea hacerse pedazos?

Kakashi se puso en pie. —No dejaré que eso suceda. —Dijo, caminando, todavía viendo al piso porque era demasiado difícil verla a los ojos. —Soy el único en una posición para detener la guerra. Ya he convencido a Karasu de contenerse de hacer cualquier asalto desde hace meses.

El ceño de Sakura se frunció. —¿Cómo?

—Mentiras… más mentiras… inventos, verdades retorcidas, malas indicaciones. —Él pasó las manos sobre su rostro enmascarado. —Le miento a Konoha, le miento a Karasu, le miento a mis amigos. Y te miento a ti. —Suspiró y se inclinó contra la pared. —Todas esas mentiras se amontonaran hasta que no pueda contenerlas, Sakura. Siento que estoy siendo arrastrado en cinco direcciones al mismo tiempo, y uno de estos días voy a romperme.

—Creo que ya lo hiciste. —Remarcó amargamente.

—He traicionado a mi aldea porque he protegido al Sindicato. He traicionado a mi familia porque les he dado números y coordenadas falsas una y otra vez. —Dijo en un tono vacío. —Si se enteran de mi traición, soy hombre muerto, pero ¿Qué más puedo hacer? No quiero verlos morir. Es demasiado irracional.

Kakashi se hundió de nuevo en su silla con una mano curveada encima de su ceja. —No necesito que me perdones por lo que he hecho. Pero por favor entiende… en verdad no sé qué más hacer.

Sakura se le quedó viendo en silencio, su rostro extrañamente en blanco. Sólo el suave golpeteo de la lluvia podía ser escuchado en el dormitorio, acompañado por una oleada caliente y húmeda del bosque tropical. Fue en este silencio que Sakura finalmente habló. —Déjame salir de este lugar. —Dijo calladamente.

Él torció el gesto. —No puedo. —Dijo rotamente. —Si dices una palabra de esto, todo lo que he intentado mantener se va a desbaratar.

—¿No confías en mí? —Le dijo cortante.

—¿Cómo podría? —Se encogió de hombros hacia ella. —Tú tampoco confías en mí.

La mirada en su rostro le hizo saber que tenía razón. Ella no confiaba en él, y ahora él tampoco podía garantizar su lealtad. Si él la dejaba ir, podría contactar con Konoha y decirles todo, y aunque dudaba que sintiera ella placer alguno haciéndolo, no estaba ciego ante el hecho de que esta chica era una kunoichi. Había asesinado gente por menos de lo que él le había hecho.

—No puedo quedarme aquí por siempre. —Le dijo silenciosamente.

—Sólo un poco más. —Dijo débilmente. —Sólo necesito más tiempo.

—Y yo necesito salir de aquí antes de dar a luz. —Dijo ella. —Todo el mundo cree que este bebé es de Toshio y esa es la única razón que mantiene fuera de mi espalda a Karasu. Pero una vez que el bebé haya nacido, la familia Zuru seguramente intentará matarlo.

—No es una amenaza para ellos a menos que sea hombre. —Kakashi apuntó.

Sakura retiró la mirada. —Entonces es una amenaza.

Le tomó varios segundos para que esas palabritas se hundieran en su cerebro, y cuando lo hicieron pesaron el equivalente a una tonelada de ladrillos. La boca de Kakashi se abrió ligeramente. No podía formar un pensamiento coherente, mucho menos una sentencia. Un chico. Su hijo. Él iba a tener un hijo.

Intimidada, la mirada de Sakura esquivó la de él. —¿Qué sucede? —Preguntó ella.

—Estaba esperando una niña. —Admitió.

Su boca se transformó en una línea de molestia. —¿Qué importa? No nos lo vamos a quedar de cualquier forma.

Un hijo que nunca vería. —Lo sé. —Dijo él, su cabeza cayéndose.

—Esa es la razón por la que tengo que irme antes de que nazca. Tengo que ir a Ame o alguna otra aldea. Tengo que encontrar padres aptos para esta cosa. —Dijo, cruzando las manos sobre su vientre.

—Iré contigo cuando llegue el momento. —Dijo.

Los ojos de Sakura se entrecerraron. —¿Para vigilarme? —Adivinó cínicamente.

—Porque no deberías ir sola. —Corrigió. —Quiero ayudarte, Sakura, si me lo permites.

Ella retiró la mirada, asintiendo débilmente. Parecía haber algo en su ojo de nuevo.

En verdad había muy poco que podía hacer por ella ahora, se sentía frustrantemente impotente. Pero con suerte para cuando el embarazo de Sakura llegara a su fin, las cosas cambiarían. Él ya tenía planes moviéndose para cortar lazos entre el Sindicato e Iwa. Eso era todo lo quería. El clan Hatake siempre odiaría Konoha, pero estarían indefensos sin el apoyo de una aldea rival.

Y si eso salía bien, Sakura estaría a salvo, junto con su bebé. Su bebé. Kakashi le miró a través de la habitación donde ella estaba acunando su vientre, quizá sin darse cuenta de cuán protectora lucía. El lazo entre madre e hijo era algo que ni siquiera Sakura podía evitar. Pero para Kakashi… no había error alguno en que él estaba afuera, viendo a algo que nunca sería suyo.

—Te ves cansada. —Le dijo al final. —Puedes regresar a tu habitación si quieres.

Una corriente de alivio pasó por su rostro mientras se ponía de pie. Pero antes de que pudiera llegar a la puerta él asintió. —Regresa mañana a las once. Si no vienes, te traeré yo mismo sin importar donde estés. Así que lo mejor para ti será que no te resistas mucho.

Él echó un vistazo de su rostro y observó que el alivio se transformó en ira. Entonces ella salió de la habitación dando un golpe con la puerta.


Siguiente Capítulo: Inventos, Verdades Retorcidas y Malas Indicaciones.


(*) Sonograma: Un sonograma es un procedimiento que utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para escanear la cavidad del abdomen y la pelvis de una mujer, creando una imagen (sonograma) del producto y la placenta. Las palabras de ultrasonido y sonograma son técnicamente diferentes, pero se utilizan indistintamente y hacen referencia al mismo examen.


¡Hola a todos!

Agradezco mucho su paciencia y apoyo. Mañana igualmente responderé los mensajes (muy lindos, por cierto).

Isabel: Este capítulo da un poco más de perspectiva sobre los aparentes planes de Kakashi, busca protegerla, pero ¿De verdad es por ello? ¿No le mentirá de nuevo sólo por mantener sus planes andando? Lo cierto es que Kakashi se ha dado cuenta que la idea de no tener a Sakura ni al niño en su vida (aunque no sea algo que desee del todo enteramente) no le agrada. Pero, finalmente, la última palabra sobre el niño la tiene Sakura y parece ser que ya tomó una decisión. Te mando un abrazo y gracias por continuar leyendo la traducción~

¡Espero sus comentarios!