Entró por la chimenea, las llamas verdes desvaneciéndose lentamente a su espalda. El aroma familiar a hogar lo invadió casi de inmediato, haciéndolo sentir menos cansado y mucho más reconfortado y aunque sus deseos de subir a la habitación y acostarse junto a su precioso Omega eran realmente fuertes, después de un día de mierda en el trabajo, aún tenía cosas importantes que hacer.

Se deshizo de la túnica, dejándola sobre uno de los sillones de manera descuidada. Con un poco de magia no verbal y sin varita, las luces en la habitación se prendieron, iluminando muy suavemente mientras él sacaba su varita de su bolsillo. Caminó por la sala de estar, hacia el pasillo que daba a la puerta principal y salió de la casa, hacia el jardín delantero donde se detuvo. Miró a la izquierda y luego a la derecha, la casa más próxima estaba a algunos metros lejos de allí pero nunca estaba de más asegurarse de que ningún muggle lo vería hacer magia.

Tomó aire, concentrándose en la magia que fluía por su cuerpo, estaba cansado y no se sentía con ganas de seguir gastando energía haciendo magia pero era necesario, él era el Alfa después de todo y era su deber proteger a su Omega y a sus cachorros así que, aún con el cuerpo pesado por el día tan largo, empuñó su varita, apuntándola hacía su casa.

Conjuró un encantamiento de color púrpura que impediría a cualquier muggle percatarse de lo que sucedía mientras reforzaba las protecciones de la casa. Con un movimiento de varita más y algunas palabras susurradas en latín, la casa comenzó a brillar en dorado, un brillo palpitante e intenso que iluminó todo el terreno. Harry agitó la varita una vez más, revelando algunos hilos que se enredaban alrededor de la casa y que Harry hizo mucho más largos, más gruesos y más entrelazados entre sí.

Y fue entonces que se percató.

Muy en el fondo, entre la maraña de hilos enredados, notó que algunos de ellos estaban rotos. Alguien había intentado traspasar sus protecciones, sin éxito, pero lo había intentado de todas formas.

Harry chasqueó la lengua con frustración y apretó la mandíbula con fuerza mientras redoblaba sus esfuerzos por hacer sus protecciones más fuertes, más resistentes, impenetrables. No podía darse el lujo de dejar a Draco tan desprotegido, no cuando pasaba la mayor parte del tiempo en casa completamente solo. Si alguien lograba traspasar sus barreras y algo le sucedía a su Omega, entonces Harry sería el único culpable.

Por supuesto, él sabía quién era la única persona capaz de intentar algo tan descarado como irrumpir en su casa y claro, se encontraba trabajando para atrapar al bastardo antes de que todo empeorara y Draco estuviera en verdadero peligro pero cada vez era más difícil. Con el caso del tráfico de Omegas prácticamente cerrado y sólo unos cuantos miembros de la banda criminal de "nivel bajo" aún en libertad, el ministerio no había creído conveniente seguir gastando esfuerzos en atraparlos aunque aún les seguían el rastro aurores menos capacitados que Harry.

Potter había intentado apelar esto, pero el ministro Fudge era necio y estúpido y aún seguía siendo el superior de su padre por lo que, aunque hubiera insistido mucho, no se le asignó la tarea de ir tras Krum porque, en palabras del ministro: «no hay necesidad de que vayas tú mismo tras él, sé que estás preocupado por tu Omega pero dudo mucho que el pobre diablo se atreva a ir tras él, no cuando sabe que se le busca como un criminal. El señor Malfoy estará bien, tendremos a algunos aurores tras su rastro y a ti se te asignarán tareas realmente importantes.

Una mierda.

El último haz de luz brilló con más fuerza que el resto y luego todo volvió a la calma y a la oscuridad de la noche. No estaba seguro de qué hora era ni cuánto tiempo le había tomado terminar con el refuerzo de las protecciones, pero si sumaba el tiempo que le había tomado terminar su turno en el ministerio y el tiempo que le tomó aplicar sus encantamientos de protección, entonces estaba casi seguro de que pasaba de la media noche.

Lo único que quería era dormir.

Entró de nuevo a la casa, apagando todas las luces e iluminando su camino únicamente con un suave lumos que le permitía saber por dónde iba. Subió las escaleras y pasó frente a la habitación de invitados antes de detenerse en el cuarto destinado a su o sus cachorros. Las paredes estaban pintadas de un suave color arena y las ventanas se encontraban cubiertas con pesadas cortinas de color blanco que apenas y filtraban un poco de la luz de luna en el exterior. Estaba prácticamente vacía, apenas amueblada con una cuna a medio montar, un cambiador para bebé y un armario, todos de madera pintada de blanco.

Harry suspiró, sintiendo el peso de la paternidad sobre sus hombros. Era cierto que ansiaba tener a su cachorro en brazos, lo anhelaba como pocas cosas en la vida había anhelado, pero también era cierto que se sentía aterrado; ser padre no sería una tarea fácil, tendría en sus manos la responsabilidad de cuidar y proteger de una pequeña criatura que no podría hacerlo con sus propias manos, tendría la obligación de educarlo, de hacerlo feliz, de darle una vida digna y libre de preocupaciones. Y sabía que a Draco le preocupaban las mismas cosas aunque no dijera nada en absoluto, porque ambos estaban conscientes de la situación y de Viktor Krum, pero aun con eso deseaban ser felices y tener juntos lo que jamás imaginaron que era lo que más deseaban: una hermosa familia feliz.

Con un suspiro, Harry cerró la puerta de madera blanca, suavemente, evitando a toda costa hacer cualquier ruido que pudiera despertar a su Omega. Últimamente no parecía que Draco estuviera descansando demasiado, se le veía agotado y un poco ojeroso, el bebé pesaba cada vez más y había comenzado a moverse y el Omega lucía tan enamorado de él como incómodo y aun así era tan independiente que solía golpear a Harry cuando quería hacer algo gentil como cargarlo escaleras arriba hacia la habitación.

Tenían todo para vivir una etapa perfectamente hermosa, eran una pareja unida que se adoraba, el sexo, aunque era cada vez más difícil practicarlo no era imposible. Se comprendían, tenían un cachorro en camino y les iba perfectamente bien económicamente y aun así, Krum lograba alterar esa atmósfera hasta volverla tensa y llena de incertidumbre, como si un día simplemente pudiera aparecer y hacerle algo a Draco que le hiciera perder al bebé, o como si pudiera simplemente llegar y robarse al cachorro en venganza. El sólo pensar en eso les robaba noches de sueño y transformó esa etapa maravillosa en terror puro.

Sin embargo, Harry y Draco se esforzaban por seguir adelante.

Harry abrió con mucho cuidado la puerta de la habitación. La silueta de Draco era apenas visible a la luz de su encantamiento de iluminación, recostado sobre su costado izquierdo con sus caderas anchas y su abultada barriguita de cinco meses. Seguía siendo el precioso ángel que siempre había sido pero ahora, ante los ojos de su Alfa, era incluso más hermoso y perfecto. Su piel parecía brillar con luz propia, sus facciones parecían menos afiladas por el peso ganado durante el embarazo y junto con el sonrojo, todo en conjunto, lo hacían lucir realmente hermoso y adorable, pero Harry sabía que no debía subestimarlo, Draco siempre había lucido como un ángel, cuando en realidad era todo lo contrario.

Se adentró en la habitación, deshaciéndose de su camisa a medio camino, desabotonándola lentamente por el cansancio del día, por el estrés que últimamente no le abandonaba. Abrió uno de los cajones de la cómoda para sacar su pijama, Draco se removió un poco entre las sábanas y Harry detuvo sus movimientos sólo por un segundo para asegurarse de no despertarlo, lo que por supuesto fue en vano.

—¿Qué hora es? —le preguntó el rubio con voz adormilada.

—Bastante tarde —le respondió cansado. Ambos susurraban.

—¿Acabas de llegar?

—Estaba en medio de una investigación, un asalto que terminó en asesinato. Lo siento.

—No te disculpes conmigo, trabajo es trabajo, supongo.

Harry asintió en silencio mientras su esposo se enderezaba sobre el colchón con algo de dificultad. Lo vio batallar con las sábanas y con su propio cuerpo, rostro cansado y músculos tensos. Aparentemente ninguno de los dos lo estaba pasando muy bien. Tal vez pediría vacaciones para finales del último trimestre de Draco y así pasar más tiempo juntos y con el bebé. Todo había sido verdaderamente rápido: su enamoramiento, el secuestro, la terapia, la luna de miel y luego el bebé; no habían tenido demasiado tiempo para acurrucarse y apreciarse, pero Harry se encargaría de que sucediera.

—Hey, no tienes que levantarte —le dijo acercándose a la cama con la camisa desabrochada sobre sus hombros, empujando al Omega suavemente para recostarlo de nuevo.

—Pensé que querrías cenar algo. Puedo hacer un sándwich. Creo.

Harry le regaló una sonrisa ligera.

—No es necesario, mi asistente trajo algo para mí antes de marcharse a su casa.

—Ah... el Omega ese —dijo claramente celoso mientras se recostaba nuevamente en la cama—. ¿Por qué no contrataste un Beta?

—Él necesita el trabajo, tiene trillizos y su Alfa murió en una misión, era auror novato.

Harry se sentó a su lado y besó suavemente su frente. Como el niño mimado que era, Draco solía ser muy celoso con todo lo que le pertenecía y eso lo incluía a él. El embarazo parecía haber incrementado la inseguridad, Draco no lo dejaba marchar sin antes restregarse contra él para marcarlo, lo que en definitiva encantaba a Harry, sus esencias mezclándose y demostrándole al mundo que estaban juntos.

—¿Por qué tienes que ser tan malditamente bueno con todos? —le reprochó en un susurro en medio de la noche y Harry sonrió—. Si no lo fueras, podrías dejar tu trabajo y simplemente quedarte en casa, conmigo. Sabes que la fortuna Malfoy es suficiente para manteneros a nosotros y a cinco generaciones más.

—Me gusta mi trabajo, me gusta ayudar a la gente.

—Lo sé, Harry, pero es que te extraño tanto.

Draco pasó sus pálidas manos por su pecho firme y cubierto ligeramente de vello. Harry se estremeció por su tacto frío y deseó con todo su corazón hacerlo suyo, olvidándose repentinamente del cansancio. Pero estaba asustado, asustado de que cualquier movimiento brusco lastimara al cachorro o al Omega. Él no quería hacerles daño, él quería protegerlos y amarlos para siempre.

Las manos de Draco subieron por su rostro, acariciándolo y haciéndolo cerrar los ojos de gusto. Escuchó a Draco suspirar, como si el simple contacto con él fuera un gran alivio. Y tal vez lo era.

—Eres realmente hermoso, Harry Potter —le dijo en un susurro amoroso antes de llevar sus manos hasta su rebelde cabellera y acercarlo para un beso.

El contacto de sus labios fue el remedio para todos sus males, de repente, el mundo entero dejó de existir para Harry, sólo existía esa habitación, dónde sólo estaban ellos dos, nada, ni nadie más. Los labios de Draco eran frescos como la menta y dulces como la tarta de melaza y había pasado tanto tiempo, demasiado tiempo desde la última vez que se habían tocado tan íntimamente que sentía que su cerebro se derretiría. Era como estar en el cielo, tener a Draco de esa manera era como estar en el paraíso.

Con manos fuertes y firmes sujetó a Draco por las caderas, subiéndose en él con cuidado de no aplastar al cachorro. Acarició su piel suavemente, apartando gentilmente el pijama del medio. Ante el contacto, la piel del Omega se erizó y comenzó a calentarse, como una fiebre que sube rápidamente, sensual e irresistible. Harry profundizó el beso entre ellos, usando su lengua para explorar la boca de su esposo de manera minuciosa y tan ardiente que ninguno de los dos pudo evitar que pequeños jadeos escaparan de sus gargantas.

Las manos de Draco se aferraron a su espalda —sus dedos enterrándose suavemente en su piel— por debajo de la camisa que se encontraba casi fuera del camino. Harry separó sus labios, sólo para arremeter en un ataque de besos húmedos sobre la garganta de su Omega, saboreándole, devorando cada centímetro de piel que se interponía en su camino. Draco era irresistiblemente delicioso. Pasó la lengua suavemente por su manzana de Adán y luego mordió sus clavículas, deteniéndose más tiempo allí del que Draco generalmente le permitía, no le gustaba que le dejara marcas moradas, pero en esa ocasión parecía dispuesto a dejarlo pasar.

Draco acariciaba su espalda y sus brazos, aparentemente deleitándose en lo fuerte de su cuerpo y en lo suave de su alma. Con cuidado, Harry desabrochó cada botón del pijama del rubio, dejando al descubierto sus pectorales un poco hinchados y su pancita abultada y perfecta. Por un momento Draco lució bastante avergonzado, probablemente porque estaba acostumbrado a ser admirado con un cuerpo firme, duro y fuerte, digno de un súper modelo o una escultura hecha a mano por un ángel, pero en el momento en que Harry lo besó, todas sus dudas se esfumaron de su expresión acongojada.

Harry lo desvistió lentamente, y Draco se dejó hacer, un brillo maravilloso en sus ojos que hizo que Harry se perdiera en ellos, con el tiempo deteniéndose. Una vez que ambos se encontraron completamente desnudos sobre la cama, los besos continuaron, cada vez más intensos, cada vez más húmedos, las feromonas revoloteando por toda la habitación, excitándolos sobremanera.

—Déjame ir arriba —pidió el rubio.

—No tienes que tener el control sobre todo, Draco.

El beso se volvió más intenso mientras la mano de Harry se deslizaba entre sus cuerpos, acariciando la piel de su amante y su barriguita hasta llegar a su miembro, el pene de Draco estaba completamente erecto y húmedo, al igual que el espacio entre sus nalgas estaba perfectamente listo para ser penetrado. El pene de Harry dio un respingo ante la sensación de tener el miembro del rubio entre sus manos, era como si se masturbara a sí mismo mientras lo tocaba a él, probablemente cosa del vínculo que la marca en la nuca del Omega había formado.

La respiración de Draco se volvió cada vez más pesada, sus gemidos roncos y sensuales mientras Harry lo admiraba con hambre en la mirada, endureciéndose cada vez más por la vista, sintiendo su propio pene golpear contra su abdomen de lo erecto que estaba.

—Vas a volverme loco —le dijo el Omega, su voz apenas un susurro lleno de placer que atravesó la noche como un relámpago. Como la marca en su frente.

Incapaz de resistirse más al deseo, el joven auror se posicionó entre las piernas de su amante, extendiendo sus muslos delicadamente y levantando sus caderas para colocar debajo de él una de las tantas almohadas en la cama, dejando al descubierto el agujero húmedo, dilatado y enrojecido del Omega, completamente listo para recibirlo y aun con eso, Harry tuvo la cordura suficiente para decir:

—Si te lastimo... si los lastimo, por favor, dímelo y me detendré.

—No seas aguafiestas, héroe, sólo fóllame.

Draco le dedicó una de sus sonrisas arrogantes marca Malfoy y Harry perdió la cabeza por completo. Separando sus piernas y manteniéndolas lo más arriba que el embarazo les permitía, alineó su pene en su entrada y lo embistió lento pero fírmemente. El cuerpo de Draco se estremeció debajo de él y soltando una maldición de placer arqueó su espalda suavemente, dejando que Harry fuera cada vez más y más profundo. Draco era apretado, aterciopelado y caliente.

—Muévete —ordenó el rubio. Era obvio que no cedería a Harry por completo el control.

Pero con semejante orden, el joven auror no pudo ni replicar.

Salió de su cuerpo casi por completo sólo para enterrarse en él firme y fuertemente una vez más, arrancando de la dulce y ácida boca de su Omega jadeos eróticos. Las caderas de Harry se balanceaban expertamente, manteniendo el ritmo perfecto para que ambos se hundieran en el placer; afuera y adentro, fuerte, fuerte, más, más. Era tan delicioso que no podía detenerse, quería estar dentro de él por siempre, llenarlo de él, saciarlo de él y darle los mejores orgasmos de su vida.

Por supuesto, el ritmo suave y amoroso no pudo mantenerse por demasiado tiempo, el agujero de Draco se contraía deliciosamente alrededor de la polla de Harry, haciéndole perder la cabeza y volviéndolo un animal salvaje. Draco no parecía estarse quejando en absoluto, envolvía sus tobillos alrededor de la cadera de su Alfa con fuerza y brusquedad, en busca de más contacto, de más placer, de más, más. Sus cuerpos sudorosos, sus voces roncas y sus respiraciones pesadas mientras se volvían uno sólo.

—Más rápido, ve más rápido —ordenó el Omega entre jadeos y Harry obedeció—. Joder, sí.

El sonido de sus cuerpos chocando era lo único que se escuchaba en medio de la noche —además de los gruñidos y jadeos— una y otra y otra vez, cada vez más rápido, conforme el orgasmo estaba a punto de llegar. La cama temblaba violentamente, algunos objetos flotaban a su alrededor, su magia desbordada por el placer y algunas palabra sucias eran susurradas en medio de besos violentos y llenos de hambre. Así de intensa era una relación Alfa/Omega y Harry no podía creer que en algún momento de su vida había creído que todo era basura.

Harry se corrió en su interior, en su aterciopelado interior, duro, fuerte, demasiado; su semilla inundándolo todo hasta desbordarse en el exterior. Draco se corrió con fuerza, sobre su propio abdomen, espeso y blanco, sus respiraciones aceleradas y profundas, sus corazones latiendo rápidamente y la relajación post coito invadiéndoles por completo.

Harry arrojó sobre ambos un encantamiento de limpieza.

—Fue genial —declaró Harry acurrucándose detrás de su Omega, acariciando su barriga.

—Por supuesto que lo fue, lo hiciste conmigo.

—Idiota.

Draco sonrió con los ojos cerrados. Harry se acomodó mejor sobre el colchón, cubriéndolos con las sábanas usando algo de magia sin varita, dispuesto a dormir después de tan increíble sesión de sexo no planeado. Apenas había cerrado los ojos cuando el estómago de Draco gruñó.

—El bebé tiene hambre —declaró, sin vergüenza.

Harry sonrió con cariño, besando la cabeza de su esposo y acariciando al bebé.

—¿Y de qué tiene hambre?

—Sándwich de mantequilla de maní y mermelada de frambuesa.

—Esa es una petición razonable, mejor que los peinillos con mostaza.

—Sabían horribles.

—Pero te los comiste todos.

—Tenía hambre de eso.

Harry soltó una carcajada.

—Te prepararé uno.

—No tenemos mermelada.

—Iré a la tienda de veinticuatro horas que está cerca.

—Es muy tarde y debes estar cansado.

—Nunca estoy cansado para ti, Draco. Deja que te consienta.

—Siempre lo permito.

—Y por eso eres un mocoso malcriado.

Draco se giró para encararlo con una sonrisa orgullosa antes de depositar un suave beso en sus labios.

—Lo soy.

—Sinvergüenza.

Divertido, Harry se levantó de la cama y sacó del armario una camisa sencilla y unos jeans desgastados con los cuales salir rápidamente. Draco le miró con una sonrisa juguetona en los labios, mirando descaradamente su pene y su cuerpo fibroso, haciendo que Harry se sonrojara y se vistiera rápidamente por vergüenza. Jamás se acostumbraría a ser adorado de esa manera por el rubio.

Cuando estuvo completamente vestido y abrigado, salió y caminó hasta el límite de las protecciones que abarcaban el jardín. El frío viento de la madrugada lo golpeó en el rostro, haciéndolo estremecer antes de aplicar un encantamiento de calefacción sobre su cuerpo, ajustar su abrigo alrededor de él y aparecerse en el callejón más cercano de la tienda de conveniencia abierta veinticuatro horas. El cansancio comenzaba a pasarle factura pero se forzó a sí mismo a caminar y conseguir la mermelada para el sándwich de su Omega.

La puerta automática se abrió de par en par, las luces del interior le cegaron por un momento, por el contraste con el exterior en penumbra. El chico de la caja le sonrió, reconociéndolo casi de inmediato y Harry le respondió el gesto con una sonrisa cansada.

—Buenas noches, Harry. ¿En qué puedo ayudarte el día de hoy?

—Frank, buenas noches, sólo llevaré un frasco de mermelada orgánica.

—Por supuesto, están en el tercer pasillo a la izquierda. Los antojos a media noche se han prolongado demasiado, ¿no? Tienes una chica bastante caprichosa.

Harry caminó hacia el tercer pasillo, mirando algunos paquetes de galletas y tomando una caja de oreo antes de tomar un frasco de mantequilla de maní, mermelada y una bolsa de pan blanco. Draco le había dicho que sólo hacía falta la mermelada pero estaba seguro de que el Omega se acabaría el paquete de pan y todo lo demás rápidamente así que no estaba de más comprar un poco.

—Oh, lo es, demasiado caprichosa y mimada. Su familia es rica, sus padres jamás le negaron nada.

—Las chicas son de por sí complicadas, embrazadas la cosa debe ser peor. Por eso prefiero salir con hombres. Tal vez podrías intentarlo.

—¿Estás coqueteando conmigo? ¿Un hombre casado y con un bebé en camino? —preguntó Harry con diversión, recordando que los muggles no tenían idea sobre los Alfa, Beta y Omega.

—Bueno, eso ha matado completamente la atracción que sentía por ti.

Harry soltó una carcajada, dejando los productos sobre la mesa, mientras Frank los pasaba por el lector de código de barras.

—Eres un buen marido.

—Me lo dicen a menudo.

—Ella es muy afortunada, déjame conocerla alguna vez. Debe ser una rubia despampanante.

—Rubia de ojos grises, de hecho, un cuerpo de muerte.

—Joder amigo, basta o querré hacerme hetero y te la robaré.

—Sobre mi cadáver, Frank, sobre mi cadáver.

Ambos se despidieron con una sonrisa amigable una vez que la cuenta estuvo lista. Harry tomó la bolsa de plástico con su compra y salió del local. Frank y él se conocían desde hacía algunas semanas, cuando los antojos de Draco a media noche habían aparecido y no podía dormir sin complacerlos. Era un buen tipo, muy agradable, era una lástima que no pudiera decirle que en realidad, no había una chica en su vida, pero habían cosas que los muggles simplemente no debían saber.

Caminó de vuelta al callejón, dispuesto a llegar a casa lo antes posible. Se apareció frente a ella, sus manos ocupadas buscando espacio libre para encontrar las llaves en su bolsillo. Equilibrando la bolsa con sus productos, Harry logró liberar su mano izquierda y, con torpeza, encontrar las llaves que se encontraban dentro de su abrigo. Harry dejó la bolsa de plástico en el suelo, mientras abría el enrejado principal del jardín.

Fue ahí que lo vio.

Rápidamente desenfundó su varita, su cuerpo tensándose y en alerta. Por un momento, había creído ver una sombra moverse hacia su espalda, muy sigilosa y silenciosa, pero Harry era un auror entrenado y la había visto sin duda. Había alguien merodeando fuera de su casa.

Con ojos de halcón inspeccionó cada rincón en la calle, sin mover un sólo músculo. Escuchó una ramita partirse a un par de metros de allí pero Harry no se movió, si era quién él creía que era, el tipo era astuto y buscaría cualquier distracción para atacar. Un arbusto de la vecina del frente se movió y Harry se puso en guardia, su corazón latiendo con fuerza.

Sólo era un gato.

Suspiró, seguro de que la silueta detrás de él no había sido sólo cosa de su paranoia. Había podido sentir que le miraban y le vigilaban, pero aun con eso, dio media vuelta para abrir la puerta y adentrarse en la seguridad de su propiedad protegida por una severa cantidad de encantamientos.

El ruido de una aparición se hizo presente a sus espaldas. Alguien se había marchado.

Suspiró cansado, cansado de jugar al gato y al ratón con ese bastardo, que le arruinara la vida, que hubiera intentado deshabilitar sus protecciones sólo unas horas antes de llegar, que tuviera el descaro de acechar afuera de su casa como si él fuese un idiota incompetente al que no debía tomar en serio, como si no tuviera la capacidad de proteger a su propia familia y eso le ponía furioso, porque en el fondo, sabía que si había sido un inútil, que no había atrapado a Krum cuando le habían dado la oportunidad, que sólo había podido caer en sus provocaciones como un novato idiota.

No estaba seguro de poder seguir soportando la presión el estrés. Pero debía, por el bien de su familia.

Se adentró en la cocina aún con la adrenalina en el cuerpo; debía mantener las apariencias para no preocupar a Draco, para protegerlo, así que simplemente se dedicó a preparar un par de sándwiches para su Omega antes de servir una taza con leche y subirlo todo en una bandeja que flotaba delante de él. Como si nada hubiera pasado.

Cuando entró, Draco, se removía entre las sábanas con un gesto de dolor en su rostro. Realmente parecía estar sufriendo.

—Bien, los resultados están listos —dijo la medimaga entrando al consultorio con aire profesional.

Harry se encontraba sentado junto a Draco, estrujándose las manos con nerviosismo. Después de que la noche anterior encontrara a su Omega empapado en sudor y sufriendo dolores en el abdomen, había querido llevarlo de inmediato a urgencias, pero Draco había insistido en que todo estaba bien y que podían ir juntos a consulta después de que terminara su turno en el trabajo. Harry no había dormido nada bien y no había podido trabajar eficientemente en absoluto, demasiado preocupado por su esposo como para pensar en nada más.

Cuando su turno terminó, había salido prácticamente corriendo hasta su casa, donde Draco lo había recibido sentado frente a la chimenea. Por supuesto, su gesto había sido indiferente pero Harry lo conocía demasiado bien y el vínculo que compartían le dejaba saber que no se encontraba tan tranquilo como aparentaba.

—¿Encontró algo? ¿Algo malo? —preguntó el moreno con aprensión.

La medimaga le regaló una sonrisa complaciente.

—El bebé está creciendo completamente sano y fuerte, el dolor que sintió fue probablemente causado por el cambio de posición del feto que se acomodó dentro del útero. Dígame señor Malfoy ¿hizo algo de trabajo físico antes de que comenzaran los dolores?

Harry sintió su rostro enrojecer furiosamente de vergüenza. Draco en cambio, respondió con facilidad.

—Estábamos teniendo sexo.

—Claro, eso pudo haber causado el movimiento del bebé, pero no hay nada de qué preocuparse.

—¿Está segura? —preguntó Harry intentando concentrarse en su cachorro y no en el embarazoso momento en que su marido había ventilado cosas sobre su vida privada.

El bebé está perfectamente bien —respondió la mujer tajantemente. A Harry le parecía que había algo más detrás de esas palabras pero Draco habló antes de que pudiera preguntar.

—Lo ves, te dije que no pasaba nada —luego se dirigió a la doctora—. Es un Alfa paranoico.

—Bueno, ahora que sabe que no hay nada de qué preocuparse podrá descansar tranquilo, señor Potter. Además, tengo buenas noticias. Ya sabemos el sexo del bebé.

Cualquier inseguridad que Harry hubiera sentido antes se evaporó y fue reemplazada con la infinita felicidad que sólo un hijo podía causar. En su mente no existía nada más aparte de su esposo y su bebé y la euforia que saber su sexo le traía.

—Oh, pero Harry y yo no queremos saberlo —dijo Draco entonces, con indiferencia.

—¿¡Qué!? —exclamó Harry con incredulidad, hasta que Draco soltó una sonora carcajada. Lo estaba molestando. Harry bufó—. Por supuesto que queremos saber.

Draco lo tomó de la mano, apretándola con cariño antes de intercambiar una sonrisa.

—Bueno, entonces espero que estén felices de saber que su cachorro va a ser un precioso macho. Por supuesto, el género secundario lo descubriremos cuando cumpla diecisiete.

Harry sintió sus ojos llenarse de lágrimas antes de tomar a Draco con suavidad y besarlo, esperando que en ese gesto pudiera transmitirle el agradecimiento que sentía con él por haberle brindado tanta felicidad.

Tendrían que empezar a pensar en nombres.

Saben que me he dado cuenta de que entre más fluff escribo, menos comentarios suyos recibo, ¿qué está pasando? :( JAJAJA no es cierto, sólo se me hace curioso por que siempre me recriminan por el angst y cuando les doy fluff parece que tampoco les gusta.

Cómo sea, muchas gracias a todos los que han llegado hasta aquí realmente se los agradezco. Quisiera comunicarles que, después de pensarlo seriamente, he llegado a la conclusión de que a este fanfic le quedan sólo dos capítulos más. Últimamente no me siento bien emocionalmente y toda la seguridad que sentía al escribir esta historia se ha evaporado y aunque me he sentido tentada a tomarme un descanso sin terminar esta historia, pues no lo he hecho por que también soy lectora y sé lo que se siente que te dejen una historia que te gusta a medias. Así que sí, dos capítulos más, espero poder terminarlos en esta semana sin que sean una basura.

Nuevamente gracias por leer. Ya saben, pueden comentar si les gustaría un nombre para el cachorro o si les gustaría que fuera un personaje del canon como James o Scorpius.

Nos leemos en el siguiente capítulo.