EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XX
-Albert. – Dijo Candy acercándose al par de rubios abrazándolos a ambos mientras ellos la cobijaban junto a su regazo.
-Hijos. – Dijo Albert. – Yo lo siento. – Trató de hablar.
-No es el momento tío. – Dijo Anthony. – No te preocupes, también nosotros debemos hablar contigo, pero primero venimos a ver a esta paciente. – Dijo volteando a ver a Dorothy.
-Joven Anthony, yo me siento de maravilla y más ahora que ustedes están aquí y juntos. – Dijo feliz.
-Dorothy, ahora eres mi tía, y no me gusta que me digas joven Anthony, soy Anthony nada más. – Dijo amablemente y Dorothy se sintió apenada.
-Está bien Anthony. – Dijo más tranquila.
-Dorothy ¿Te sientes mejor? – preguntó Candy acercándose a ella y tomándola de las manos.
-Mucho mejor Candy. – Dijo tranquilamente correspondiendo a su sonrisa.
-Yo los voy a dejar un momento, para que puedan revisar a mi esposa. – Dijo Albert.
-¿Tu esposa? – Preguntó Candy asombrada y gustosa de escuchar aquel comentario.
-Pronto lo será pequeña. – Le dijo guiñándole un ojo y despidiéndose con la mano, mientras se dirigió a la salida de la habitación.
-¡Eso es maravilloso! – Dijo Candy emocionada al ver a Dorothy a los ojos y ver lo emocionada que también se encontraba. -¡Vas a ser mi mamá! – Le dijo entre risas, mientras Dorothy ponía cara de asombro, pero aceptando que era verdad. Anthony se reía por ver al par de jóvenes platicar con tanta familiaridad, le gustaba ver a su pecosa acompañada, muy diferente a saberla sola en el departamento, sabía que era feliz pero aun así le afligía tener que dejarla casi todo el día sola a causa de sus estudios.
-Bien Dorothy, vamos a revisarte.
-Los ha mandado el Sr. Simmons ¿Verdad? – Preguntó ante el asombro de Anthony, asintiendo ambos. – Lo sabía.
-Dorothy… - Dijo Candy.
-Tranquila Candy, yo he aceptado hablar con él de eso hablábamos Albert y yo. – Candy la miró más tranquila. – He aceptado hablar con él, creo que ya es tiempo de que lo haga.
-¿Estás segura Dorothy?
-Sí, Candy él es mi padre y debo darle la oportunidad de hablar. David ya habló con él, más sin embargo no se ha animado a decírmelo, como que está un poco aturdido aún con todo esto.
A pesar de que Dorothy decía estar bien, Anthony procedió a hacer la revisión de rutina para estar más tranquilo y poder dar un diagnóstico favorecedor a todo lo que sucedía.
-Efectivamente Dorothy. – Dijo Anthony. – Estás mucho mejor, me alegro por ello.
-Lo ve joven Anthony. – Dijo feliz Dorothy, pero sintiendo la mirada de desaprobación de Anthony. – Quiero decir Anthony. – Dijo tímidamente mientras él y Candy reían tranquilamente, le iba a costar hablarles a los Andrew con tanta familiaridad, en cambio con Candy era como si hablara con una hermana.
-Bien Dorothy, entonces será cuestión de que decidas cuándo quieres hablar con tu padre.
-Dorothy ¡Que emoción! ¡Conocerás a tu padre! –Dijo Candy muy emocionada.
-Lo sé Candy. – Dijo Dorothy simplemente, también sentía emoción pero a la vez sentía miedo y nervios de hacerlo.
-¿Cuándo quieres hablar con él?
-Tengo que preguntarle a Albert.
-Puedes hacerlo cuando tú elijas Dorothy, esa es tú decisión únicamente. – Dijo Anthony seguro de que ella estaba bien e infundiéndole confianza para que se animara a tomar sus propias decisiones.
Anthony bajaba con Candy de la mano iban hablando sobre el cambio de la vida de Dorothy, y les emocionada por fin verla tan feliz, ellos la estimaban y al saber que sufría por el patriarca los había hecho infelices por ella también.
-Amor, voy a hablar con Albert, creo que ya llegó el momento de hacerlo. – Le dijo seguro.
-Lo sé amor ¿Quieres que te acompañe?
-Preferiría hablar primero con él y después puedes entrar conmigo ¿Qué te parece?
-Está bien. – Le dijo sonriente y segura de que su esposo sabría llevar la conversación por un buen camino.
Se dirigió al despacho con pasos firmes y seguros, no había resentimiento de su parte y sabía que tampoco por parte de su tío, pero aun así debían aclarar ciertas cosas.
-¿Puedo pasar tío William? – Preguntó tocando la puerta del despacho al mismo tiempo.
-Adelante. – Dijo simplemente animándolo con una sonrisa. – Toma asiento Anthony por favor. – Le dijo advirtiendo Anthony que quería tomar la palabra él primero.
-Antes de que comiences tío, quiero hablar yo primero si no te importa. – Dijo seguro.
-En absoluto. – Dijo Albert. – Te escucho.
-Tío quiero que sepas que amo a Candy por sobre todas las cosas y que en todos estos años, nunca le falté ni una sola vez, ni siquiera con el pensamiento. – Albert iba a decir algo, pero Anthony no se lo permitió. – El saber que ella vivía devolvió a mi vida las ganas de salir adelante. Y al tenerla a mi lado despertó en mí sentimientos y necesidades nuevas que nunca había experimentado. – Albert lo comprendió fácilmente, pero se sentía incómodo ante tal revelación. – Es verdad que no supe controlarlos y esto ocasionó que faltara a mi palabra como caballero, pero puedo asegurarte que nunca había hecho esto con ninguna mujer, si bien no me arrepiento de ello, no me siento orgulloso por haberte ofendido en tu honor. Cuando me acusaste de ser el padre del hijo de Daniela, yo no sabía qué me iba a convertir en padre y aun así defendí mi amor por Candy con todo mi corazón, juré por mi madre que nada ni nadie volvería a separarme de ella y mucho menos por otra mentira.
-Anthony yo también quiero disculparme por ello. – Dijo Albert apenado.
-Déjame continuar, por favor tío. Sé que tú no me conoces, sé qué hace tiempo dejamos de tener una relación fraterna y que las dudas de uno hacia otro son normales, sin embargo al saber tu situación con Dorothy yo te defendí ante todos. Más que la mentira en la que te involucraron, me dolió la duda que tuviste hacia mí. Pero después de analizar la situación todos estos días he comprendido que estabas en todo tu derecho de dudar de mí, yo para ti, solo soy un desconocido, el cual tienes que conocer para darte cuenta de que soy un hombre fiel, sincero y honesto, con principios.
-Anthony…
-Tío, quiero que me disculpes por haberme casado cono Candy sin tu consentimiento, espero que entiendas que si lo hice de ese modo fue para proteger su honra, ella no merece sufrir más, merece ser feliz. – Decía haciendo una breve pausa para continuar diciendo lo que su corazón sentía. – Un día yo te pedí permiso para cortejarla, me diste tu permiso para comprometerme con ella y ahora necesito tu permiso para casarme con ella. Sé que ya estamos casados, pero el tener tu permiso es muy importante para mí y también para ella.
-Gracias Anthony, gracias porque a pesar de cómo te traté aún puedo contar con tu respeto. – Decía Albert conmovido por las palabras de su sobrino. – Yo también quiero disculparme por haber siquiera dudado de ti, no tengo palabras para excusarme, solo te pido mil disculpas. – Decía exponiendo sus sentimientos.
Ambos rubios se dieron un brazo con mucho cariño, Albert estaba muy emocionado y una lágrima recorrió su rostro.
-Vamos tío, esto es motivo para festejar.
-Tienes razón Anthony ¡Hay que festejar!
Organizaron una cena, en donde invitaron al Señor Simmons, a su hijo y a las novias de los Cornwell, todo en un ambiente agradable y familiar.
Candy estaba feliz de que por fin hubieran hablado Anthony y Albert, los dos hombres más importantes en su vida.
Anthony la estrechaba en brazos mientras aspiraba su delicado aroma.
-¡Eres hermosa! – Le decía con amor.
-Lo sé. –Le contestaba coqueta Candy.
-¿Lo sabes? – Preguntaba coqueto siguiéndole el juego, Candy reía y corría un poco dejándose alcanzar rápidamente para terminar en la cama haciéndole cosquillas, lo hacía con sumo cuidado para no dañar a su bebé. Candy lo veía enamorada, se le hacía maravilloso estar con alguien como él, creía que no se merecía a un ser tan perfecto y no solo se refería a lo físico, sino a su nobleza, había pedido disculpas a su tío a pesar de haber sido ofendido primero y eso no lo hacía cualquiera. Su risa cesó de pronto y sus ojos lo miraron distinto, la chispa de la risa cambio por la de deseo acariciándole el rostro.
-¡Te amo! – Le dijo al oído haciendo que la piel de Anthony se erizara por completo.
-Lo sé mi vida, y yo te amo a ti. – Le dijo cerca de sus labios, atrapándolos en un tierno y apasionado beso, incrementando poco a poco las caricia que demostraban lo mucho que se amaban y deseaban. No tenían tiempo de culminar su acto de amor, los esperaban para la cena, pero si podían demostrarse lo mucho que se necesitaban y después de la cena él volvería a disfrutar de su amada.
-Te necesito. – Decía Candy seductoramente.
-Y yo te necesito a ti. – Decía deslizando sus manos por todo su cuerpo, trazando un camino que tenían grabado, más no por eso era menos satisfactorio. Se rindieron ante la necesidad de uno por el otro, cuando Candy decidió abrazarlo por la cintura incrementando el fuego en el rubio, demostrándole una vez más lo que era capaz de hacer con un simple movimiento de su parte.
-Creo que llegaremos tarde a la cena. – Le dijo mientras comenzaba a deshacerse de la estorbosa ropa, disfrutando cada acción que lo llevaba al delirio. Candy se dejaba desnudar lentamente, iniciando ella el mismo trabajo con él, disfrutando su cuerpo al tacto con su piel, era tan firme y suave, simplemente con tocarlo directamente encendía e incrementaba la necesidad por él. Por fin habían terminado la tarea de descubrir sus cuerpos y Anthony se deleitaba una vez más con los atributos físicos de su esposa. La amaba y amaba cada una de sus expresiones cuando le hacía el amor. Candy cerraba sus ojos llenándose de sensaciones provocadas por los labios de su amado, quien la recorría por completo marcándola una vez más como de su propiedad. Candy ansiaba ya que se uniera a ella acercando su intimidad a él, para que entendiera que estaba lista para recibirlo. Anthony besaba su vientre con dulzura y amor hablándole cosas bonitas a ese pequeño fruto de su amor. Cualquiera diría que le solicitaba permiso para invadir su morada, Candy lo jalaba hacia ella besándolo tiernamente para que se colocara en posición sobre ella, preparando el camino para iniciar su baile favorito. Anthony se dejaba querer y por fin ella lo recibía dentro moviendo su cuerpo que reflejaba el éxtasis en el cual se encontraba, pronto el vaivén de sus cuerpos comenzaron el movimiento erótico disfrutándose mutuamente. Candy se aferraba al cuerpo de Anthony y Anthony se aferraba al de ella, terminando ambos en un sinfín de sensaciones, abandonándose a esa maravillosa culminación de placer que ambos recién había descubierto y los tenía atrapados uno en el otro.
A pesar de la tranquilidad en la que habían caído sus cuerpos, se arreglaron rápidamente para poder bajar a la dichosa cena, disculpándose ante todos por la tardanza, diciendo Candy que se sentía cansada por el viaje, todos la entendieron, menos los Cornwell que solo con verlos a ambos las miradas que intercambiaban, sabían perfectamente el motivo de su retraso, definitivamente es par los conocía muy bien, eran tan transparentes en su forma de ser que eran obvios ante sus ojos. Ambos primos fueron discretos ante tal descubrimiento, ya quisieran estar ambos en los zapatos del rubio y poder así tranquilizar sus ansias que iban en aumento.
El señor Simmons seguía impresionado con Dorothy, el parecido de aquella muchacha era impresionante con el de su madre, le parecía estar viendo en vivo aquel retrato que se alojaba en las paredes de su mansión. Era como volver a verla en vida y eso le alegraba el alma.
-Dorothy. – Decía emocionado. – buenas noches. – Besaba su mano caballerosamente, sintiendo sus ojos humedecerse.
-Buenas noches, Señor Simmons. – Contestaba con una reverencia, a pesar de haber sido una dama de compañía tenía el comportamiento de una noble, lo había aprendido muy bien ahí con los Andrew y de su madre, que nunca supo por qué pero siempre los instruía a ambos en su comportamiento, ahora todo tenía sentido.
-Adelante. – Dijo Albert dejando al señor Simmons con las ganas de abrazar a Dorothy y continuar con la charla, pero esa noche no era la indicada, ya habría tiempo para ello. –Pasemos al comedor. – Dijo el anfitrión. Ya sentados cada uno en sus respectivos lugares, Albert levantó la copa explicando los diferentes motivos para realizar dicha cena, anunciando a todos que había arreglado sus diferencias con Anthony y que uno de los festejos era celebrar la boda de ambos rubios, poniendo la mansión de Chicago a su entera disposición para que vivieran más cómodamente.
-Por Candy y por Anthony.
-¡Salud! – Dijeron al unísono, todos.
Brindaron por las próximas bodas en puerta, la de Allistear y la de Archivald con las señoritas Patricia O'Brian y Annie Britter, quienes se sonrojaron porque no esperaban semejante celebración, ellas estaban felices de por fin realizar su sueño y convertirse en la Sra. Cornwell.
-Por Allistear y Patricia.
-Por Archivald y Annie.
-¡Salud!
En eso Anthony tomó la palabra ante el asombro de todos, ya que solo el patriarca podía ceder la palabra.
-Familia hemos brindado por las futuras bodas de mis primos, hemos brindado por la felicidad de mi princesa y la mía, pero aún falta algo por qué brindar. – Todos comprendieron a lo que se refería Anthony. – Quiero brindar por la boda más próxima, creo yo. – Dijo mirando a su tío, quien lo miró sonriente e ilusionado. – Quiero brindar por la boda del patriarca de los Andrew, por William Albert Andrew y Dorothy Simmons. – Dijo simplemente Anthony al ver la emoción del señor Simmons por recuperar a su hija. El señor Simmons fue el primero en decir salud emocionado, seguido de David, el cual ya había aceptado por fin el apellido.
-¡Salud!
Dorothy respondía tímidamente agradeciendo la gentiliza de su nuevo sobrino. El señor Simmons aprovechó para decir unas palabras solicitando antes el permiso del patriarca, quien lo autorizó a hacerlo.
-Dorothy, William, quiero que ambos sepan que estoy completamente a sus órdenes para todo lo que necesiten, cuentan con todo mi apoyo y comprensión. – Dijo refiriéndose a la situación que se enfrentaban ya que Dorothy estaba embarazada y la boda tenía que realizarse lo más pronto posible.
-Dorothy, sé que aún no hablamos de lo nuestro, sé que aún soy un completo desconocido pero quiero ofrecerte no solo mi apellido, sino también quiero que todos los gastos de la boda corran por mi cuenta, como debe de ser.
-Señor Simmons. – Dijo Dorothy. – Yo le agradezco su ofrecimiento, pero aún no hemos hablado de…
-Lo sé Dorothy y no es mi intención presionarte, solo te informo que desde hace unas semanas llevas al igual que David mi apellido, con eso no quiere decir que quiero comprar tu amor, o siquiera un poco de tu cariño, únicamente quiero decir que te estoy otorgando lo que por derecho te corresponde. – No era el momento de hablar de ello, sin embargo le había ganado la emoción a Harold y lo había dicho ante todos, total eran familia.
-Dorothy, me gustaría que al unir tu vida con William, lo hicieras con mi apellido y poder cumplir con la unión de ambas familias como debió haber sido desde un principio. – Dijo volteando a ver a la Sra. Elroy ante el asombro de todos, comprendiendo que el viejo Harold se refería a la unión de ellos dos. – Te lo pido por favor. – Dijo humildemente, ante la mirada de súplica de David y la mirada de Elroy que ya había hablado con ella para convencerá de ello, diciéndole que lo hiciera por el bien de William y para no rendir homenaje a un hombre que trató de hacerle daño de pequeña.
-Está bien señor Simmons. –Dijo Dorothy. – Acepto su apellido, pero aún tenemos que hablar. – Harold asintió gustoso.
-Cuando tú quieras hija. – Dijo amorosamente , mientras los demás brindaban.
-¡Por el tío Albert y Dorothy! – Dijo Stear emocionado.
-¡Salud! – Dijeron todos felices.
La cena terminó muy animada, quedando la fecha de la boda para principios del próximo mes o lo que era igual dos semanas más y la siguiente semana se anunciaría el compromiso en Chicago, los compromisos de los Cornwell y del patriarca aunque ya estaba la fecha de la boda fijada.
Candy y Anthony se retiraban a su habitación aunque el embarazo aún no era notorio le impedía poder desvelarse con la familia, le ganaba el sueño y las náuseas nocturnas, pero esta vez pudo aguantarlas para dormir plácidamente.
-Buenas noches. – Dijeron a todos los presentes mientras se tomaban ambos de la mano cariñosamente.
-Buenas noches. – Respondieron todos, comenzando a pensar en retirarse cada uno a sus respectivos hogares.
Archie y Stear acompañaron a sus prometidas a la mansión Britter quienes ya eran esperadas por los padres de Annie. Se despidieron tímidamente ya que la sombra del señor Britter se reflejaba en el gran ventanal cual halcón cazando a su presa.
Los Cornwell regresaron rápidamente a la mansión de las rosas entre bromas que se hacían ellos mismos, alertando a los demás asistentes a la cena quienes aún estaban entretenidos en la plática.
-Archivald, Allistear. – Dijo Elroy al escuchar las voces de sus sobrinos. – La próxima semana estarán presentes sus padres para hacer por fin púbico el compromiso. – Ambos chicos se miraron cómplices asintiendo entre sí.
-Tía abuela. – Habló Stear. – Si me lo permite usted, estén o no nuestros padres presentes, nos gustaría anunciar y establecer una fecha definitiva para la boda, ya que debido a los compromisos de ellos, esto se ha retrasado y me parece sería una descortesía por parte de los Andrew para los señores O'Brian y Britter. – Dijo seguro ante el asombro de la tía Elroy, Stear estaba más que apurado a que se celebrara su boda, sino corría el riesgo de que Patricia se retirara a vivir a La Florida con su familia para entrar a estudiar, cosa que él no se oponía, pero no quería que por culpa de la inconstancia de sus padres la boda se tuviera que alargar más tiempo, no quería que Patty se fuera de Chicago.
-Yo estoy de acuerdo con Stear. – Dijo Archie.
-Me parece niños que… - Comenzó Elroy.
-Yo estoy de acuerdo con ustedes muchachos. – Dijo Albert. – Aunque Samantha y Arnoldo no estén presentes yo hablaré directamente con el señor Britter y el señor O'Brian. – La tía abuela lo miró un poco confundida, pero aceptó con un solo gesto de su rostro, dando la aprobación que los muchachos querían.
Tanto Archie como Stear se retiraron a sus habitaciones felices de lo acordado, ellos querían a sus padres, pero ya estaban acostumbrados a no verlos, y no por eso se iban a detener en seguir adelante con su vida.
Anthony veía emocionado como su dulce Candy se preparaba para dormir, y como se recostaba delicadamente en la cama acariciando su vientre.
-¿Eres feliz? –Le preguntó enamorado.
-Soy la más feliz del mundo Anthony. – Le dijo enamorada. Anthony colocó su mano delicadamente sobre su vientre y la miró dulcemente a los ojos.
-Te amo… los amo… - Le dijo en un susurro acercándose a su cuerpo y aferrándola a él, mientras Candy se recostaba en su pecho.
Candy se giraba dando la espalda a Anthony repegando su cuerpo en el de su amado, uniendo sus caderas en la pelvis de él sintiéndose Anthony tranquilo y emocionado por ese gesto tan sensual de su esposa, esa era la manera de ella de acurrucarse a él para dormir abrazados, juntando su cuerpo al de él y él abrazándola por la cintura sin apretarla demasiado solo lo suficiente para mantenerla a su lado. Se acercó a su oído y le susurró nuevamente.
-Te amo. – Candy sintió los vellos de su piel erizarse ante esas palabras que aunque las escuchara una y mil veces siempre provocaban la misma reacción en ella.
-Yo te amo más. – Le decía enamorada y acentuando su apego a su cuerpo, ante la sonrisa que aparecía en el rostro de Anthony.
-Descansa princesa.
-Buenas noches amor.
-Buenas noches mis amores. - Dijo besándola por última vez esa noche antes de dormir profundamente.
Anthony sabía que viajar tanto no era bueno para Candy, así que le había sugerido si quería pasar más días en Lakewood, para que descansara un poco más pero ella se había negado diciendo que se sentía bien para emprender el viaje. Esta vez se había también colado la tía abuela quien tenía que arreglar la fiesta de compromiso y a pesar de que Dorothy vivía en Lakewood la celebración sería en la mansión de Chicago, era necesario que fueran alistando todo en la mansión, ya que por los negocios de Albert ahí sería donde vivirían.
Albert y Anthony hablaron sobre la posibilidad de que se mudaran a la mansión así tanto Dorothy, como la tía abuela y la misma Candy no se sentirían tan solas, sin embargo Candy no estaba muy convencida, le gustaba vivir en ese pequeño departamento y tener la privacidad que ambos disfrutaban.
-¿Estás segura Candy? – Preguntó Albert.
-No te preocupes Albert, los visitaremos seguido. – Dijo Candy mientras Anthony aún no muy convencido aceptaba la decisión de su esposa, no era por los lujos y comodidades, sino por que Candy no estuviera tanto tiempo sola en el departamento y más estando embarazada era algo que a él le inquietaba bastante.
-Está bien por el momento no insistiré. – dijo Albert, quien tenía la idea de convencerla pronto.
La semana pasó rápido y todo estaba listo para la gran gala de los Andrew en donde anunciarían ante la sociedad el compromiso del patriarca con una elegante joven pelirroja de ascendencia americana. Nadie estaba enterado bien quien era esa joven, solo sabían que era muy bella y elegante.
Los padres de los Cornwell llegaron a último momento, pretextando que los había retrasado el viaje en barco.
-¡Vaya! – Los recriminó Elroy al verlos. -¡Hasta que por fin llegan!
-¡Tía Elroy! –Dijo Samantha Cornwell emocionada de verla. - ¿Cómo está usted tía? – Dijo feliz.
-Molesta, muy molesta contigo y con Arnoldo. – Dijo con su voz ceremoniosa.
-Tía abuela no se enoje, que se va a poner fea. –Le dijo Arnoldo con el humor tan parecido al de Stear, ya que eran muy parecidos ambos.
-¡Mi tía nunca será fea! – Decía Samantha con su voz y elegante porte, era igual a Archie zalameros ambos con la tía, sabían que con solo un poco bastaba para que los perdonara.
-Ya basta de tanta zalamería de su parte ¿Les parece correcto llegar al compromiso de sus hijos a última hora? – Ambos Cornwell la miraban sorprendidos, nunca los había retado de esa forma y menos después de alabarla. – Sus hijos querían hacer esto estuvieran presentes o no, y yo estoy de acuerdo con ello.
-Tía perdone usted. – Decía Samantha realmente apenada.
-No Samantha, Allistear y Archivald son los que deberían perdonarlos, ellos ya no son unos niños, ya crecieron y se hicieron hombres lejos de ustedes, espero que sepan perdonarlos. – Les dijo más decepcionada que molesta, dejando a ambos Cornwell con un sabor de boca amargo, callados y pensativos, su egoísmo, su indepencia o sus negocios y sus ganas de conocer el mundo habían hecho que dejaran a sus hijos sin su cariño y protección por muchos años y era hora de pagar factura.
La mansión de Chicago se iluminaba majestuosamente para anunciar por todo lo alto el mayor acontecimiento del año, el patriarca de los Andrew el que estuvo muchos años escondido se casaría por fin y revelaría su rostro ante la sociedad, así también se anunciaría el compromiso de los Cornwell, dos de los solteros más codiciados del país, ambos chicos guapos, carismáticos y sobre todo unos verdaderos caballeros.
Elroy había puesto a Samantha y Arnoldo Cornwell a cumplir con el protocolo de recibir a los invitados, sabiendo perfectamente que ninguno era partícipe de eso, pero aun así aceptaron hacerlo por sus hijos y por el regaño que habían obtenido.
Tanto Patty como Annie se habían arreglado en la mansión al igual que Candy, quedando todas hermosas.
La tía Elroy con su vestido largo y sus joyas y para sorpresa de todos había sido maquillada, acompañó un rato a sus sobrinos para recibir a los invitados más importantes. Harold llegaba junto a David, ambos muy elegantes, decidiendo Elroy retirarse en su compañía al momento de saludarla y besar su mano caballerosamente.
David acaparaba las miradas entre las jóvenes que lo miraban asombradas por su galanura y porte, era un muchacho muy guapo y el nombre de David Simmons se hacía famoso entre las jóvenes ricas y casaderas que esperaban a su príncipe azul de cuento de hadas.
A pesar de que estaban advertidos los Leagan llegaron a hacer acto de presencia, llegando Neal junto a Sara y el Sr. Leagan.
-Sara. – Dijo Sam con cara de pocos amigos.
-Samantha. – Dijo de la misma forma Sara, ninguna de las dos mujeres se toleraba y era un hecho que todos lo sabían, pero la tía abuela abogó como siempre por ellos para que fueran invitados.
Neal buscaba entre los presentes a cierta chica rubia de ojos verdes, pero no lo la veía por ningún lado, nadie sabía aún que Anthony y Candy se habían casado y Neal tenía la esperanza de convencerla de bailar con él.
Eliza por su parte iba del brazo de Michael quien observaba detenidamente el interior de la mansión, como buscando a alguien, no lo podía negar el enterarse de que Anthony estaba vivo la tenía nerviosa y con ansias de volver a verlo. Iba del brazo de su esposo, altiva y soberbia como siempre, pero ahora era una mujer casada, sin embargo la emoción de ver al rubio no la abandonaba. Michael por su parte observaba los nervios de su esposa causándole cierto malestar.
-¿Qué te sucede Eliza?
-¿A mí? Nada ¿Por qué lo preguntas?
-Desde que te dijo tu mamá que tu primo vivía, estás muy ansiosa ¿Acaso no has podido olvidarlo? – Esa pregunta la dejó estática, ella se había encaprichado con Michael, y había pensado que le había ganado a la huérfana de Ponny por fin con un hombre, sintiéndose siempre rechazada por Anthony y después por Terry, pero al haberse enterado que su antiguo amor vivía la hacía dudar si realmente había ganado. Tenía cariño por su esposo, era alto, apuesto, fornido y un prestigiado médico militar de renombre, era asediado por las doctoras, enfermeras y militares que estaban a su alrededor, sin embargo esa sensación y necesidad de volver a ver al rubio Andrew no la dejaba estar.
-¿Qué dices querido? Anthony fue importante para mí y lo quise mucho, pero hoy solo quiero verlo. – Mintió sobre sus sentimientos, aún le provocaba algo ese viejo amor y ahora que era una señora con experiencia pensaba como sería Anthony en la intimidad, era una duda que le había surgido al saberlo vivo y al ella haber experimentado los placeres carnales junto a su esposo, que si bien la satisfacía bastante, sus encuentros no eran muy frecuentes debido a las obligaciones que como médico tenía, le hacían surgir en su mente la posibilidad de llegar más lejos con su querido primo.
Continuara…
Bueno hermosas hasta aquí el capítulo para que no se aburran jajajaja, espero les haya gustado y que se preparen para la fiesta que viene ya que estará interesante, no se angustien todo tranquilo, pero no podía dejar la tía abuela de incluir a sus parientes, sino que diría la sociedad, tenemos que admitir que aunque Elroy ha cambiado bastante aún se siente muy comprometida con lo que pensará la sociedad, ya sabemos que algunos hábitos son imposibles de quitar.
Bueno espero que lo hayan disfrutado, cuídense mucho y les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes. Gracias por leer.
Saludos!
P.D. Diana escápate otro ratito para que leas los capítulos jajaja
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los utilizo un poco para entretenerme y dar rienda suelta a mi imaginación, es sin fines de lucro y no apto para menores de edad.
