La vigésima quinta vez que sentí odio hacia Katniss Everdeen, fue cuando me di cuenta de que seguía lastimando a la gente que siempre le había apoyado.

La verdad, después de nuestra charla, no sé qué pasó con ella. Con toda la adrenalina, corrí a lanzarme a brazos de mi hermano. No podía creerlo. Sentía alegría. Genuinamente y en su máxima expresión. Calidez en el corazón, como no hacía en demasiado tiempo. Cada maldita cosa que me atormentara desapareció en ese momento. Mi corazón y el de él latían desesperados.

Me había cargado, y nos quedamos así por más tiempo del que yo creo. Sé que fue un largo tiempo, pero lo sentí como un segundo. No quería que ese momento no terminara nunca.

Lágrimas salían de ambos, pero a la vez, sonreíamos.

"¿Me puedes decir en qué momento pasaste a estar casi más alta que yo?" Susurró, y yo solté una risita. Me dio un beso en la mejilla, a la vez que yo lo volví a abrazar. Simplemente no podía creer que estaba conmigo.

Esta vez fue él el que nos separó, y nos sentamos en la cama. Yo sé que sonreía, y estaba impresionada de eso. Como él tiene años sin verme, no sabe lo mucho que sonreír me cuesta. Nunca finjo una sonrisa, y rara vez salen espontáneamente.

"Creo que necesito una explicación" pedí, aunque tenía algo de miedo. Él suspiró.

"Estaba aterrado." Le costó decir. Creo, no era capaz de verme a los ojos, miraba el suelo y su pie se movía desesperado. "No quería ser voluntario, no en ese momento. Quería por lo menos un año más de entrenamiento. No sé si supiste, pero en teoría, yo me ofrecí a ofrecerme."

Negué con la cabeza. Él sólo nos lo dijo a la hora de la cena, papá sólo le respondió "está bien". Cato se tensó, pero yo, tontamente, me había emocionado.

Creo que el que eso me parezca estúpido es una señal.

"Me habían... amenazado. Los de dieciocho." No pudo seguir hablando. Se le cortó la voz, yo supe que le dolía. Le apreté el hombro, dudando en si eso estaba bien. Suspiró varias veces, y como siempre hacemos, puso la frente en alto a pesar de cualquier cosa. "Yo, estaba saliendo con alguien."

De primera instancia, me pareció lo más normal de la vida. Muchos salimos entre nosotros en la Academia aunque eso en teoría estaba prohibido, porque nunca sabes con quién te tocaría ir a los Juegos. Aunque el que Joseph se pusiera así, tenía que haber sido motivo suficiente para que me hubiese dado cuenta de que no era cualquier cosa.

"Ese alguien, era un chico." Susurró, demasiado bajito. Temeroso. Jugaba con sus dedos nervioso.

Le golpeé en el hombro que le había estado sujetando.

"Eso a mí no me importa." Le sonreí. "Jamás me ha importado. A quien ames no te define. Por si ni sabías, la tía Enobaria tuvo dos años y no nos dijo nada hasta que estuvo a punto de irse al Vasallaje."

Pareció quitarle un peso de encima.

"Bueno, uno de los chicos de dieciocho me encontró besando al individuo. Y ese mismo, sería el voluntario de ese año. Al otro día, me acorraló contra una pared y me dijo que él no quería ir a los Juegos. Me dijo que le diría a todos que me gustaban los hombres. Pero que antes de esparcir el rumor, le diría personalmente a papá."

Ahogué un grito. El sólo hecho de imaginarme aquello me puso a temblar. Papá es la persona más cerrada y más agresiva que llegué a conocer, eso no hubiera resultado nada bien.

Pero para eso está la familia. Estoy segura de que los tres hubiéramos huido antes de que papá pudiera hacerle algo, a casa de una de las tías, con el abuelo o por nuestra cuenta. Lo que sea antes de permitir que papá lo lastimara por algo tan genuino como aquello.

"Me dijo que si no quería eso, fuera el voluntario. Que estaba en la Academia por presión de sus padres. Pero yo no quería, Ares, yo no quería. Iba a hacerlo, ya todo el Distrito sabía que habría otro Stone en la Arena. Pero no pude. Salí corriendo. Agentes de la Paz fueron tras de mí. Y los maté. Me dije a mí mismo que era el momento de usar todo lo que sabía. Estaba en los límites del Distrito, a uno lo estrellé contra la barrera y al otro le rompí el cuello. Pero no sabía qué hacer. Me puse el traje de uno y llevo años fingiendo ser uno de ellos. Incluso, en teoría, tengo esposa e hijos y sólo les he visto una vez, jamás me quité el casco ni el traje por 'nuevas políticas' y me fui lo más rápido que pude."

Solté una carcajada y él también.

"Vi a Cato y Clove, antes de sus Juegos. Me las ingenié para entrar a su piso y les confesé todo. Él me dijo cómo habían estado las cosas, también que me necesitabas. Le prometí que volvería al Distrito, y me despedí de ellos. Busqué un intercambio desesperado para ir por lo menos a visitarte y decirte que estaba bien. Sólo conseguí un día y muy lejos de casa. Estaba buscando cómo iba a ir a verte, cuando te vi siendo acosada por un tipo. Supe que era mi única oportunidad de hacer algo por ti y lo golpeé. Lo encarcelé mas no supe cuánto tiempo lo dejaron ahí, eso no me correspondía." Recordaba eso perfectamente, también que me había parecido muy extraño. Le di otro beso en la mejilla porque no quería interrumpirlo. "Obviamente no lo estoy justificando porque es una atrocidad, pero, condenada, qué cuerpo te cargabas."

"¿En pasado?" Pregunté con una ceja arriba, en broma, pero él se lo tomó en serio.

"No, no, no. No me malentiendas. Ahora has perdido... ¿musculatura? Pero sigues con tu micro cintura, y..."

"Joseph, estoy bromeando. Sé que tengo mucho sin hacer ejercicio. Y más voy a perder mi figura. Pero ese es otro tema."

Me miró raro, trataba de descifrar mis palabras. Duró un rato. Después dijo por sí solo: "Voy a ser tío."

"Claramente."

"Debe ser difícil. Supe lo de James."

"Lo es."

Salió un sollozo de mí y no pude evitarlo, me puse a llorar como loca por él. No me lo había permitido. O estaba sedada o no estaba sola. No le había llorado a James. No le había llorado a ese hombre tan importante en mi vida.

Como lo hubiese hecho hace años, Joseph estuvo para mí. Me abrazó y nunca se quejó de que llorara o algo parecido.

Le pregunté qué rayos haría sin él, y me dijo que dar lo mejor de mí. Me quedé callada por un buen rato, pues, yo no sentía que hubiera algo bueno restante en mí. Me dijo que ya no solo podía pensar en mí, que el bebé estaba por encima de todo a partir de ya.

Pero esa Ares, ya lo he dicho, era muy tonta y no podía dejar de pensar en sí misma y su propio dolor.

Quizá en eso Katniss y yo éramos muy parecidas. Quizá, la odiaba porque era un reflejo de muchas cosas mías. Y yo me odiaba a mí misma también.

Me calmé tiempo después, y decidimos salir. Fuimos por comida y Enobaria nos alcanzó ahí.

Maldita sea, tenía demasiado sin sentarme a comer con mi familia.

Esa noche iba al compartimiento con toda la intención de dormir. Joseph se quedaría con nosotras y yo no podía estar más contenta.

Pero no podía. No sé si era otro ataque de pánico o eran las hormonas, pero tenía mucho calor y salí en la noche. Necesitaba aire. Ni Enobaria ni Joseph se dieron cuenta de que había salido. Caminé por todo el pasillo de compartimientos. Estaba oscuro porque supuestamente ya había sido el 'toque de queda', pero no era imposible ver. La verdad es que en ese momento, me sentí un poco libre. O quizá era que estaba quebrando las reglas como no lo hacía hace tiempo. Sólo sabía que no tenía ganas de volver al compartimiento.

Caminé demasiado. Terminé nuevamente en donde solemos comer, y como si él me cazara, Gale Hawthorne estaba ahí. Solo, y mirando a la nada. Claramente, notó mi presencia. Se giró y creo que me sonrió. Ignorarlo me parecía muy extremista, principalmente, porque en realidad él nunca me había hecho nada, y yo siempre lo había alejado. Así que me senté con él.

"¿Tampoco puedes dormir?" Me preguntó, y yo solo asentí con la cabeza. "Han sido días muy raros, ¿no lo crees?"

"Ni que lo digas." Bufé. "Es como si la vida como la conociera se ha ido al carajo."

"Entiendo cómo te sientes. Así me sentí cuando mi padre murió."

Me quedé callada. En lo último que quería pensar era en muertes de familiares, si bien no podía ignorarlas, ya había pasado por muchas. Estaban ahí y siempre estarían ahí, pero quería enfocarme en lo que venía.

El no decirle nada, causó que me contara sobre la explosión de la mina en el Distrito Doce. Me habló de cómo murió su padre y muchos otros hombres, incluído el padre de Katniss. Cómo empezó a trabajar desde entonces.

Y yo no podía decirle nada, no había experimentado algo similar. La vida en el Distrito Dos es muy diferente, y no es por nada, pero se podría decir que yo nací y viví en cuna de oro además. Hija de vencedores. La considerada pobreza del Distrito Dos, además de ser una porción muy pequeña del Distrito, era la riqueza en el Doce.

Me cuestionó sobre eso, y le respondí aunque no sabía mucho de los trabajos de mi Distrito. Sabía que había muchos comercios en el Centro. No tenía idea de cómo se formaban los médicos y sus etcéteras, mientras que él me contó que en el Doce era un conocimiento que se iba transmitiendo. No lo sé, también me preguntó sobre la escuela, y yo no iba a la escuela. En el Dos entras al jardín de infantes a los tres años, y si lo deseas, a la Academia. Generalmente, nos dividían en dos grupos y teníamos horarios diferentes. A los seis años, si deseas seguir en la Academia, es el último año que lo compartes con la escuela. A ese punto ya sabes leer y te enseñan a escribir y cosas básicas de conocimiento general y de la historia de Panem.

No me quejo, fui muy feliz en esos tiempos. Amaba sentirme poderosa desde niña.

Hablamos de todo y nada. Y después sacó el tema: me preguntó por qué creía que Katniss prefería a Peeta sobre él. No estaba segura de qué responderle, además de que solo había tenido un novio en toda mi vida y por ende no conocía lo que era el rechazo, no encontraba una razón concreta. El chico Mellark no parecía ser más que una cara bonita que había sido magullada por el Capitolio.

Mientras que Gale era un hombre ya, uno fuerte y que sabía lo que era el trabajo duro. Dar la cara por los suyos. Defender a su familia y luchar por un futuro. También había cuidado de Katniss y su familia como si fuera la suya propia. Mientras que Peeta históricamente no había hecho nada por ella antes de los Juegos.

"No lo sé." Le respondí. "Quizá porque él le da lástima. Y Katniss nunca se había encontrado con alguien que diera más lástima que ella."

Abrió los ojos enormemente después de mis palabras y asintió con la cabeza. También le dije que si quería que ella dejara de usarlo, tenía que sacarla de su vida aunque le doliera. Que el dolor sería extremo antes de terminar.

Esa frase la tenía en mi cabeza desde niña. Empezó en la Academia, cuando el dolor en el cuerpo era exagerado antes de terminar con los ejercicios. Siguió con Brandon, quien tocó fondo antes de acabar con su vida. Después James, quien en los ojos, a través de la pantalla, en sus Juegos, veía cómo se iba apagando. Después los tres tributos profesionales lo traicionaron e intentaron apuñalarlo por la espalda, los mató a los tres y se proclamó Vencedor. Ahora, yo sentía que no me había sentido tan mal en toda mi vida, y tenía esperanza en que eso significase que algo bueno venía para mí.

Mucha esperanza.

Gale me pidió un abrazo y se lo di.